Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Los tres gatos de la poetisa Elizabeth Bishop

Minnow

Elizabeth Bishop escribió el poema “Lullaby for the Cat” (Nana para el gato) dedicado a Minnow, un precioso gato gris que tuvo siendo adolescente. Dice así:

Minnow, duérmete y sueña,
cierra tus grandes ojos;
alrededor tuyo se preparan acontecimientos,
la mejor de las sorpresas.

Minnow, cariño, no pongas esa cara,
coopera,
ni un solo gatito acabará ahogado
en el Estado marxista.

La Alegría y el Amor tuyos serán,
Minnow, no te sientas abatido.
Días felices están al llegar–
Duerme, y deja que vengan…

Después de Minnow tuvo otro gato blanco y negro muy querido, Tobias, que vivió con ella en Brasil. No solo se sabe por las fotos, sino por una carta que le escribió a su tía el 19 de julio en la que da noticias suyas. Mientras vivía en Río, el gato “desarrolló dos calvicies delante de sendas orejas”. Al parecer, la cocinera estaba muy preocupada por esto, pero solo fue un susto. Al poco, el pelo de Tobias volvió a crecer y la escritora supuso que “se había comido una lagartija venenosa o algo parecido”.

Elizabeth Bishop con Tobias

Viendo las fotos de Tobias en Brasil, no puede negarse que era un gato mimado, cuidado y viajado. Sabemos por Ashley Brown, que visitó a la poetisa en su casa de Samambaia, cerca de Petrópolis, que cuando Tobias ya era mayor, llegó un siamés llamado Susuki, pero no hay fotos suyas.

Con Tobias (1954)

Elizabeth Bishop solo publicó cien poemas durante su vida. Octavio Paz dijo que su poesía es una lección en “la enorme fuerza de la reticencia”. Ganó un Premio Pulitzer, dos becas Guggenheim y un Premio National Book (Premio Nacional del Libro) por sus poemas modernos, pero distantes, carentes de datos biográficos, y cortos. Era una persona reservada y celosa de su vida privada; creía, según sus propias palabras, en “armarios, armarios y más armarios”. Siempre rehuyó la poesía confesional que se puso de moda en los años sesenta e incluso le reprochó a su gran amigo Robert Lowell que usara párrafos de cartas escritas por su exmujer en la colección de poemas “The Dolphin” (El delfín).

Con Minnow en 1938

En 2009 falleció, a los 66 años, Alice Methfessel, la última compañera de Elizabeth Bishop. Al año se encontró “un montón de papeles en un trastero de alquiler”. Sus herederos se encargaron de venderlo todo a la Universidad de Vassar, dando pie a otro libro acerca de la vida privada de la escritora. En 2004 se editó una colección de poemas inéditos con fragmentos y esbozos de otros, algo que probablemente habría horrorizado a la poetisa.

Con Alice Methfessel

Nació en Worcester, Massachusetts, el 8 de febrero de 1911. Su padre murió cuando solo tenía ocho meses y su madre regresó a casa de sus padres en Nueva Escocia, pero cuatro años después ingresó en un hospital psiquiátrico. Sus abuelos paternos, bastante más ricos que los maternos, obtuvieron la custodia de la niña y se la llevaron a Boston. Acabó viviendo con su tía Maud, casada con George Shepherdson, un hombre que abusó de ella siendo niña y que una vez incluso la agarró por el pelo y la colgó en el hueco de la escalera. Tenía otra tía, Grace, con la que siempre se llevó muy bien.

Con Tobias en Brasil

En 1928 ingresó en un internado exclusivo donde estudió Música y publicó algunos poemas en la revista de la escuela. En 1930 fue a estudiar a la Universidad de Vassar, en Nueva York, y conoció a la escritora Marianne Moore, que siempre la animó a escribir. En 1933, un año antes de graduarse, cofundó “Con Spirito”, una revista literaria, con la escritora Mary McCarthy.

La escritora y Tobias

Durante sus años universitarios se relacionó con numerosos intelectuales, hombres y mujeres, entre los que estaba Louise Crane, hija de una familia rica. En 1936, dos años después de la muerte de su madre, aparecieron varios poemas suyos en la antología “Trial Balances”, con una introducción de Marianne Moore. Todo parecía ir bien, pero el 21 de noviembre, Robert Seaver, un joven con el que había salido en la universidad, se pegó un tiro. Dejó una nota de suicidio que le llegó a Elizabeth unos días después por correo en la que decía: “Vete al infierno, Elizabeth”.

Con Louise Crane en 1937

Al alcanzar la mayoría de edad había tenido acceso a la herencia de su padre; no era una fortuna, pero le permitía ser independiente. Louise y Elizabeth decidieron irse a París; recorrieron Francia, España, el norte de África, Italia… A su regreso en 1938 se compraron una casa en Cayo Hueso, Florida, en la que vivieron hasta 1944.

La casa en Cayo Hueso

Su primer libro, “North & South” (Norte y sur), se publicó en agosto de 1946. Después de conseguir una beca Guggenheim 1951 decidió ir a Buenos Aires en barco, pero se detuvo antes en Río de Janeiro y allí conoció a la arquitecta Lota de Macedo Osares. La estancia de 15 días se convirtió en 15 años. Primero vivió en el piso de Lota en Río y luego se mudaron a la casa diseñada por la arquitecta en plena naturaleza. Durante muchos años, la convivencia con Lota fue de lo más estable: terminó su segundo libro de poemas, “A Cold Spring” (Una fría primavera), ganador del Premio Pulitzer en 1956. Pero Lota era temperamental, le obsesionaba su profesión y en 1967, Elizabeth quiso pasar una temporada en Nueva York. Lota no tardó en unirse a ella, pero el día de su llegada se levantó a  medianoche y se tomó doce Valium. Murió una semana después. Elizabeth Bishop escribió: “No hay café que te despierte / No te despertará un café / No hay revolución que te llame la atención / Te hemos aburrido / Es verdad que éramos aburridos”.

Con Lota de Macedo Soares

La casa en Samambaia, Brasil

La vista desde el piso de Río (1955)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1970 se trasladó a Boston para hacerse cargo de la clase de poesía de Robert Lowell en Harvard y conoció a Alice Methfessel, que aún no había cumplido treinta años. Alice fue la compañera y el apoyo de Elizabeth hasta el fallecimiento de esta el 6 de octubre de 1979 de un aneurisma cerebral a los 68 años. Está enterrada en el cementerio Hope de Worcester, Massachusetts.

Paisaje brasileño, de Elizabeth Bishop

Elisabeth Bishop amaba a los gatos, disfrutaba con los viajes, la comida y la buena conversación; no escribió mucho si la comparamos a otros autores, pero lo hacía con una maravillosa sencillez. Sin embargo, es menos conocido que también le gustaba pintar. Y no fue una afición pasajera, empezó a pintar en los años treinta. No disponemos de las fechas de los cuadros que incluimos aquí, pero son una buena muestra de lo que hacía.

Interior con móvil de Alexander Calder (Elizabeth Bishop)

Interior con alargador (Elizabeth Bishop)

Anuncios