Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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“Yo + gato” y “Gato sin mí”, de Wanda Wulz

Wanda con gato desconocido

En 1932, la fotógrafa Wanda Wulz superpuso dos imágenes, la suya y la de su gata blanca y negra Mucincina. El resultado fue una increíble fotografía que tituló “Yo + gato” en la que ambas se funden hasta formar una auténtica “cat woman” como no se había visto nunca ni ha vuelto a verse. Creemos que para tener esta idea, Wanda Wulz debía amar profundamente a los gatos.

Yo + gato

También incluimos dos retratos, de la fotógrafa y de la gata, titulados “Autorretrato” y “Gato sin mí”, con los que consiguió un resultado final que requería un gran conocimiento técnico.

Gato sin mí

 

Autorretrato

Nació en Trieste en 1903 – la ciudad pertenecía entonces al Imperio austrohúngaro -, hija de Carlo y nieta de Giuseppe, dos famosos retratistas de la época cuyo estudio había sido fundado en 1883.

Con Plunci

 

Anna Maria Baldussi con el gato Pippo

Nada más nacer, Wanda se convirtió en el objetivo de la cámara de su padre, y un par de años después, con la llegada de su hermana Marion, las dos fueron las modelos favoritas de la familia. Su relación con la fotografía fue algo innato, primero delante de la cámara y luego, en cuanto tuvieron edad suficiente, detrás de la cámara y revelando.

Las hermanas Wulz

 

Pippo en palangana

A la muerte de su padre Carlo en 1928, las dos hermanas se hicieron cargo del estudio y siguieron con la tradición familiar: retratos, paisajes y encargos de fábricas y empresas instaladas en la entonces boyante ciudad. A pesar de que Marion se inclinaba más por la pintura, como lo demuestran las acuarelas y óleos suyos que se han conservado, no tuvo inconveniente en echar una mano a su hermana, sobre todo en lo que mejor se le daba: retocar fotografías en el cuarto oscuro.

Pippo jugando (1930)

Wanda fue el único miembro de la familia que intentó buscar un estilo propio. Fascinada por el dinamismo fotográfico de los hermanos Bragaglia, empezó a experimentar con fotomontajes y acabó creando imágenes de gran dinamismo y calidad.

Wanda adolescente con gato, fotografiada por Carlo

En 1932 participó en una exposición de arte futurista en Trieste donde conoció al famoso ideólogo del futurismo y editor Filippo Tommaso Marinetti, que la alentó a seguir experimentando y la ayudó a exponer en otras ciudades. A partir de entonces y hasta finales de los años treinta se dedicó a la fotografía vanguardista mezclando diversas técnicas y obteniendo resultados sorprendentes, convirtiéndose en la única fotógrafa italiana de la época de renombre internacional.

Wanda bebé, fotografiada por su padre

Un poco antes de la II Guerra Mundial abandonó la experimentación para dedicarse únicamente a la fotografía clásica, pero no ha quedado constancia del motivo de esta decisión, sobre todo porque su obra era muy conocida. ¿Pensó que el auge del fascismo en Italia podría acarrearle problemas si seguía en el camino vanguardista? Continuó trabajando con Marion hasta el año 1981, cuando cerraron el estudio y entregaron su enorme archivo fotográfico al Museo Nacional de Fotografía de los hermanos Alinari.

Wanda con Plunci

Wanda y Marion pertenecían a una auténtica dinastía de fotógrafos que desapareció con ellas. Y tenían gatos, como lo demuestran algunas fotografías. Además de Mucincina, cuya foto ha recorrido el mundo, estaban Pippo y Plunci. Pero hay muy poca información documentada acerca de las dos hermanas y de su vida, aparte de generalidades. Se sabe que Wanda nunca se casó y que falleció cuatro años después de que cerraran el estudio. Pero ¿y Marion? Si se casó, no tuvo hijos, ya que todo el legado fotográfico fue donado a los hermanos Alinari.

Sin embargo, la documentación gráfica suple ampliamente la carencia de documentos escritos. Como hemos dicho antes, las dos hermanas fueron fotografiadas por su padre desde su más tierna edad. Carlo documentó regularmente la vida de sus dos guapísimas hijas, empezando con la foto de Wanda en un cesto con el cartel “Paquete de cinco kilos”. Siguió fotografiándolas a medida que crecían, y aquí es donde encontramos la primera foto de Wanda adolescente con un gato blanco y negro. Hemos intentado descubrir si es la gata Mucincina que usó para el famoso retrato “Yo + gato”. Es posible que fotografiara a Mucincina años antes de crear la superposición.

Wanda y Marion

Hemos incluido algunas imágenes de Marion y Wanda, aunque no estén fotografiadas con gatos, sencillamente porque nos parecen muy bellas.

Pero pasando ya a los documentos gráficos gatunos, hay dos fotos de Wanda con un gato gris llamado Plunci, quizá hechas por Marion. Una foto realizada en los años cincuenta muestra a Ana Maria Baldussi con Pippo en brazos. Pippo también está fotografiado jugando y en una palangana. Está claro que Pippo vivió en casa con las dos hermanas. En otra foto se ve a Wanda con un gato desconocido, pero algo nos dice que quizá no sea ella. No hemos encontrado un fuente fidedigna con referencia a esta foto.

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Buzzer, el gato modelo de Arnold Genthe

Desnudo con el gato Buzzer

Desnudo con el gato Buzzer

Fue descrito como “el gato más fotografiado del mundo” por el periódico The Boston Herald, que llegó a dedicarle toda una página. Se llamaba Buzzer y su dueño, el fotógrafo Arnold Genthe, le hizo famoso. La clientela de Genthe estaba compuesta por pensadores, políticos, escritores, actores de teatro y de cine, y Buzzer no solo se codeó con todos ellos, sino que aparece fotografiado en compañía de una larga lista de actrices y mujeres de la alta sociedad.

El fotógrafo Arnold Genthe

El fotógrafo Arnold Genthe

El gato Buzzer y Ann Murdock

El gato Buzzer y Ann Murdock

El gato Buzzer y Audrey Munson

El gato Buzzer y Audrey Munson

Al parecer hubo cuatro Buzzer en la vida de Arnold Genthe, y en su autobiografía “As I Remember”, el fotógrafo dice: “Buzzer IV, que estuvo conmigo dieciocho años, era un gato grande atigrado de color amarillo, una mezcla de gato chino y persa, y más bien parecía un pequeño tigre. Era altivo, pero nada fiero; pocas veces condescendía a ser amable con extraños”.

Basta con fijarse en Buzzer posando en brazos de mujeres para darse cuenta de que no siempre estaba cómodo, pero era un gato bien educado y aguantaba estoicamente. En otras parece satisfecho. Hay fotos de Buzzer cuando no tiene más de un año, de Buzzer con diferentes expresiones, pero siempre es el mismo Buzzer, de eso no cabe duda.

Arnold Genthe sigue diciendo: “Buzzer ocupó un lugar importante en el estudio, e incluso hoy, años después de su muerte, jóvenes y ancianos le recuerdan con gran afecto. A veces me han acusado de prestar más atención al gato que a la gente. Es posible que disfrutara más con su ronroneo satisfecho que con la charla superficial de una visita inoportuna. No he encontrado otro gato que pudiera ocupar su lugar”.

“Con el paso de los años le hice un sinfín de fotografías, y algunas de estas fotos, sobre todo unas con las actrices Billie Burke, Jane Cowl, Martha Hedman y Marguerite Churchill, fueron publicadas en periódicos dominicales”, añade.

El gato Buzzer y Jocelyn Stebbins

El gato Buzzer y Jocelyn Stebbins

El gato Buzzer y la Srta. Whittaker

El gato Buzzer y la Srta. Whittaker

El gato Buzzer y Natalie Campbell

El gato Buzzer y Natalie Campbell

Marina Kaneti, la comisaria de una exposición de fotografías de Arnold Genthe celebrada en 2014 llamada “Visions of Beauty” (Visiones de belleza) en Washington DC, dice: “Arnold Genthe adoraba a los gatos. También tenía muchas amigas que estaban fascinadas por Buzzer. Retratar a mujeres con su gato significaba algo muy especial para él. Pero Buzzer era mucho más que una pieza de atrezo, era su verdadera musa. Siempre le interesó capturar el movimiento, y supongo que los movimientos y las poses que adoptaba el gato le intrigaban”.

La reflexión de la comisaria está respaldada por estas frases del mismo Arnold Genthe: “Parece ser que a los cuatro años, cuando la niñera me llevó a ver a mi hermano Hugo recién nacido, comenté con gran seriedad: ‘Me gustaría más tener un gatito’. Me gustan los perros, pero los gatos siempre me dicen mucho más, y han sido los sabios y amables compañeros de muchas horas solitarias”.

El fotógrafo fue uno de los primeros en usar una cámara lo suficientemente rápida como para capturar momentos y personas en poses más naturales. Cuando hablaba de otros fotógrafos contemporáneos suyos, consideraba su trabajo como “tosco y falso, con todos los indeseables métodos del pasado”. Describió cómo trabajaban los fotógrafos tradicionales de la época: “El modelo-víctima era colocado ante un fondo y ‘posaba’, es decir, se le retorcía en una de las doce poses aceptadas – más o menos teatrales y grotescas – y se le fijaba la cabeza con una abrazadera (reposacabezas) que imposibilitaba cualquier movimiento. A continuación debía mirar a un punto. La foto resultante quizá tuviera algún parecido con el modelo, pero carecía de expresión y de todo mérito artístico”.

Decidió usar una técnica totalmente diferente en la que “descartó cada una de las sagradas reglas de la tradición fotográfica”, inventando un nuevo producto que revolucionó el arte fotográfico. Su innovadora técnica, conocida como “el estilo Genthe”, se convirtió en el distintivo de una prolija carrera que duró tres décadas. La mejor prueba del éxito de este nuevo estilo es la cantidad de personas a las que fotografió, incluso al principio de su carrera. Los registros de su estudio anteriores a 1906 incluyen unos ocho mil clientes, y en 1911 había realizado más de diez mil retratos. Al final de su vida se calcula que había hecho más de cien mil fotos y retratos.

El gato Buzzer

El gato Buzzer

“Estaba empeñado en demostrar que había otro tipo de fotografía, sin poses formales, es más, sin necesidad de posar. Intentaría fotografiar a los modelos sin que se diesen cuenta, sin que supieran que la cámara estaba preparada. Les mostraría fotos que carecerían de uniformidad, en las que se pondría el énfasis en el carácter de la persona en vez de entregar la imagen aburrida de una máscara fotográfica con ropa”, explica en “As I Remember”.

Arnold Genthe nació en Berlín, entonces Prusia, el 8 de enero de 1869, y siguió los pasos de su padre, doctorándose en Filología Clásica en la Universidad de Jena. Viajó en 1895 a San Francisco para trabajar como tutor y decidió quedarse. Fotógrafo autodidacta, empezó a fotografiar el barrio chino y a sus habitantes. Se cree que muchas de esas fotos fueron realizadas con una “cámara oculta” debido a que muy pocos vecinos deseaban ser retratados. Las 200 fotos que quedan hoy en día son las únicas muestras fotográficas del barrio chino de San Francisco antes del terremoto de 1906.

Isadora Duncan, fotografiada por Arnold Genthe

Isadora Duncan, fotografiada por Arnold Genthe

“Volvía al Barrio Chino una y otra vez hasta convertirme en una figura familiar. Muchos días me quedaba horas de pie en una esquina o sentado en un patio miserable donde, inmóvil y sin mostrar interés en nada, esperaba impaciente y alerta a que apareciera un grupo de personajes interesantes”, dice el fotógrafo en su autobiografía.

Unos periódicos locales publicaron algunas de estas fotos a finales de la década de 1890 y decidió abrir un estudio fotográfico que no tardó en ser frecuentado por mujeres de la importancia de Nance O’Neil, Sarah Bernhardt y Nora May French, así como por su amigo el escritor Jack London.

Retrato del gato Buzzer

Retrato del gato Buzzer

En 1911 se trasladó a Nueva York, ciudad en la que permaneció hasta su muerte de un infarto en 1942. Fotografió a políticos como Theodore Roosevelt, Woodrow Wilson y John Rockefeller, y a numerosas bailarinas, Anna Pavlova, Isadora Duncan y Ruth Saint Denis, entre otras. Se dice que sus retratos de Greta Garbo dieron un empujón a la carrera de la actriz.

La gran mayoría de su obra está compuesta por retratos, pero fue un pionero de la fotografía de la danza, y por eso acabaremos con unas palabras de Isadora Duncan, su amiga y amante, y una de sus modelos favoritas (además del gato Buzzer): “Arnold Genthe no solo fue un genio, también un brujo. Dejó la pintura por la fotografía, sus fotos son extrañas, mágicas. Efectivamente, apuntaba la cámara hacia la gente y la fotografiaba, pero nunca eran fotos de los modelos, sino de su imaginación hipnótica. Me hizo muchas fotografías, aunque no son representaciones de mi ser físico, sino representaciones de mi alma, y una de ellas encarna a mi alma”.


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Doce retratos de un gato, de Walker Evans

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El magnífico fotógrafo estadounidense Walter Evans nació en 1903 en Saint Louis, Misuri, y falleció en 1975 en New Haven, El fotógrafo Walker EvansConnecticut. Es uno de los padres de la tradición documental en la fotografía estadounidense y supo plasmar el presente como si ya fuera el pasado. Durante cincuenta años, desde finales de los años veinte hasta principios de los setenta del siglo pasado, se dedicó a retratar Estados Unidos con tremenda precisión y sensibilidad, creando una colección de proporciones enciclopédicas. Sus fotografías de personas, casas de pueblos, iglesias rurales, barberías y cementerios transmiten un profundo respeto por los ciudadanos de a pie y le transformaron en uno de los más notables documentalistas estadounidenses.

12 Portraits of a Cat - Walker Evans (1903-1975)

Desde pequeño hacía fotos de su familia con una pequeña cámara Kodak. Después de trasladarse a Nueva York, empezó a trabajar en librerías y en la Biblioteca Pública de esta ciudad, lo que le permitió dar rienda suelta a su pasión por T. S. Eliot, D. H. Lawrence, James Joyce, E. E. Cummings, Charles Baudelaire y Gustave Flaubert. Después de pasar todo el año 1927 en París, regresó a Nueva York con la intención de ser escritor, pero la fotografía seguía atrayéndole y no tardó en cambiar de idea.

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Sus primeras obras están influenciadas por el modernismo europeo, pero pronto empezó a desarrollar un estilo más realista, más cercano. Trabajó sin cesar durante los años de la Gran Depresión y en 1935 aceptó la oferta del Departamento de Interior para fotografiar a una comunidad de mineros sin trabajo en el oeste de Virginia. Poco después, el Departamento de Agricultura le contrató como “especialista informativo” para fotografiar la vida en pueblecitos y así demostrar que el Gobierno Federal intentaba mejorar la vida de las comunidades rurales durante la Depresión. Eso le permitió recorrer el país y realizar fotografías únicas en compañía de otros grandes, como Dorothea Lange, Arthur Rothstein y Russell Lee, entre otros.

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En 1936 viajó a Alabama con su amigo el escritor James Agee, que debía escribir un artículo sobre los aparceros para la revista Fortune. De este recorrido nació el impresionante libro “Let Us Now Praise Famous Men” (Alabemos ahora a hombres famosos), publicado en 1941, de 500 páginas de texto y fotos en torno a tres familias de granjeros.

Siete retrato de chico y gato

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Entre 1938 y 1941 realizó una notable serie de retratos en el metro de Nueva York que no fueron publicados hasta 1966 en el libro recopilatorio “Many Are Called” (Muchos se llaman). Se trataba de 86 fotografías realizadas con una Contax de 35 mm que llevaba atada al pecho y con el objetivo escondido entre dos botones de su abrigo para que no se viera.

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Desde 1934 a 1965, más de 400 fotografías suyas ilustraron 45 artículos publicados en la revista Fortune, de la que fue editor; asimismo, escribió muchos de los textos que acompañaban a sus fotos. En 1965 fue nombrado profesor de Fotografía en la facultad de Arte de la Universidad de Yale.

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En 1973, debido a su frágil salud, empezó a usar la innovadora Polaroid SX-70 hasta su muerte, acaecida dos años después. Al igual que otros fotógrafos de la época, como por ejemplo Henri Cartier-Bresson, no solía pasar mucho tiempo en el cuarto oscuro y se limitaba a dar algún que otro consejo mediante notas adjuntas a la película.

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Pero quizá os preguntéis por qué hablamos de Walker Evans en nuestro blog. Simplemente porque realizó una serie de fotografías titulada “Doce retratos de un gato” en un corto lapso de tiempo a finales de los años cuarenta o principios de los cincuenta. Ignoramos el nombre del gato, que siempre es el mismo. En todos los retratos, excepto en uno donde es muy joven, tiene la misma edad, probablemente de diez a doce meses. Solo hemos encontrado diez fotos, y es probable que entre estas haya tres que no pertenezcan a la serie; serían la del gatito, una donde está a contraluz en la ventana y la de los niños. La undécima foto es del autor. Miden 5,70 por 7,70 centímetros y son auténticas instantáneas donde el autor capta un momento fugaz de la vida del gato. Y todas ellas, sin excepción, nos parecen maravillosas.

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