Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Gatos de Connemara y el pintor Gerard Dillon

Francis Gerard Dillon nació en la calle Lower Clonard del barrio de Falls, Belfast, en abril de 1916, aunque no se sabe qué día. Era el último de los ocho hijos de un veterano del ejército

Retrato del artista de joven

británico que trabajaba para el servicio de correos y de una madre ultracatólica. Abandonó los estudios a los catorce años y empezó a trabajar como aprendiz de pintor de brocha gorda y decorador. A pesar del enorme entusiasmo que demostraba por el dibujo y la pintura, solo estuvo una corta temporada en el Colegio de las Artes de Belfast, donde tal vez no asistió más que a unas pocas clases nocturnas.

Se trasladó a Londres en 1934 y realizó diversos trabajos manuales para sobrevivir y poder seguir pintando, además de visitar galerías y museos.

Cabaña amarilla

Estuvo en Connemara por primera vez en 1939 con George Campbell, otro pintor y escritor irlandés, y fue cuando nació su fascinación por los paisajes y la cultura del Oeste de Irlanda, que le empujaría a volver una y otra vez a esta región. Al estallar la II Guerra Mundial no pudo regresar a Londres y pasó los años bélicos en Dublín, una ciudad neutral, donde conoció a los artistas plásticos y escritores del grupo White Stag. Expuso por primera vez en la Country Shop de Dublín, y en 1943 en las Galerías de Arte Contemporáneo de Dublín, en la Royal Hibernian Academy y en la Exposición Irlandesa de Arte Vivo, antes de volver a Londres en 1945 y participar en exposiciones en el extranjero.

El gato de Connemara

 

Estudio de Suzy

 

Gato durmiendo

Retiró sus cuadros de una Exposición Irlandesa de Arte Vivo en Belfast para protestar por la forma en que el entonces gobierno unionista de Irlanda del Norte había tratado a unos manifestantes a favor de los derechos civiles en 1969.

Gato en silla de enea

 

Gato y pájaro

De regreso a Belfast, dos años después tuvo un infarto y murió en el hospital Adelaide el 14 de junio de 1971 a los 55 años. Está enterrado en una tumba sin distintivos, según su voluntad, en el cementerio Milltown. Se sabe que dijo: “Prefiero estar en una tumba descuidada en Belfast que en una tumba cuidada por un ejército de jardineros en Londres”. Tres hermanos suyos también habían muerto de problemas de corazón en los años sesenta.

Sus obras pueden verse en numerosas colecciones en Irlanda, entre ellas las del Museo del Ulster, la Universidad de la Reina en Belfast, Newtownabbey Borough Council y la Universidad del Ulster. En 2016, año del centenario del nacimiento del pintor, el Museo del Ulster organizó una exposición retrospectiva en la que se incluyeron veinte de sus obras más importantes.

A pesar de vender cuadros en vida, nunca llegó a ser rico, ni mucho menos. Sus intensamente coloridas obras, falsamente ingenuas, recuerdan a Chagall y a Matisse. Describe escenas aparentemente sencillas, acontecimientos diarios de la región de Connemara. Después de sufrir un primer infarto en 1967 y de estar tres semanas ingresado, su pintura cambió de rumbo y se hizo más simbolista, adentrándose en el reino de los sueños, como si presagiara una muerte temprana.

Kelly y La Grise, las gatas de O’Brien

Nos extraña que haya tan poca información en Internet acerca de uno de los pintores contemporáneos más famosos de Irlanda y, desde luego, no hay la menor mención a su relación con los gatos. Sin embargo, Gerard Dillon los pintaba. Añadía gatos a escenas cotidianas, como en el famosísimo cuadro “The Yellow Bungalow” (La cabaña amarilla), en el que se ve a un gato blanco con manchas grises durmiendo plácidamente en primer plano en el cojín azul de la butaca, o en “El gato de Connemara”, donde un gato vuelve a estar en primer término, tumbado en la hierba, mientras alguien se asoma por una puerta. Vuelve a verse a un gato sentado en “Gato en silla de enea” y a otro (¿el mismo que en “La cabaña amarilla”?) en el regazo de una mujer en el cuadro “Niña maravillada”.

Niña maravillada

También incluimos retratos y estudios de gatos, así como los curiosos dibujos “Gato y pájaro” y “Siesta de gato”. Gerard Dillon pintó más de cien obras, de las que diecisiete contienen gatos, una proporción pequeña, es verdad. Pero algo nos dice que los gatos gustaban a este pintor.


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Una gata llamada Sloopy y Rod Mckuen

El cantante y poeta estadounidense Rod McKuen adoraba a los gatos y dedicó un largo poema a una gata llamada Sloopy. En una entrevista realizada el 30 de diciembre de 1969 en el “Mike Douglas Show”, el presentador le preguntó por el poema y Rod McKuen contestó que, en realidad, era la combinación de dos gatos, un macho llamado A Marvellous Cat y una hembra totalmente sorda con un ojo amarillo y otro azul llamada Sloopy. Añadió que lo pasaba realmente mal en Nueva York y que en el poema introdujo el término “vaquero de medianoche”, el mismo que unos años después  daría título a la famosa película. El poema, de una desgarradora sinceridad, se publicó en 1967.

 

Rod McKuen nació el 29 de abril de 1933 en Oakland, California. Se escapó de casa a los 11 años cansado de los abusos físicos y sexuales por parte de su padrastro alcohólico y otros miembros de su familia. Consiguió sobrevivir trabajando en ranchos, en el ferrocarril, de leñador, vaquero de rodeo, especialista de cine y pinchadiscos en la radio. En todos estos años, nunca dejó de mandar dinero a su madre.

A pesar de sus pocos estudios siempre escribió un diario. En 1951 consiguió trabajo como columnista y escritor propagandístico durante la Guerra de Corea. Afincado en San Francisco, leía su poesía en bares con Jack Kerouac y Allen Ginsberg. En 1960 decidió irse a Francia, donde conoció a Jacques Brel. Gracias a sus traducciones y adaptaciones, el cantante belga se hizo popular en Estados Unidos. En 1978, cuando se enteró de su muerte, dijo: “Como amigos y colaboradores musicales viajamos, hicimos giras y escribimos – juntos y por separado – acerca de los acontecimientos de nuestras vidas como si fueran canciones, y quizá lo fueran.

Cuando me avisaron de que Jacques había muerto, me encerré en mi habitación y bebí durante una semana. Él no habría estado de acuerdo con este tipo de autocompasión, pero solo era capaz de poner nuestras canciones (nuestros hijos) una y otra vez, y pensar en nuestra vida conjunta inacabada”.

Curiosamente, Rod McKuen nunca recibió el beneplácito de la crítica, que siempre se dedicó a menospreciarle. Sin embargo, escribió más de 1.500 canciones, vendió más de cien millones de discos y unos sesenta millones de libros de poemas, según Associated Press; artistas de la fama de Barbra Streisand, Perry Como, Petula Clark, The Boston Pops, Chet Baker, Johnny Cash, Andy Williams, la Filarmónica de Londres y Frank Sinatra versionaron sus temas; ganó dos Grammy y un Pulitzer; escribió la música para numerosas películas, y fue nominado a dos Oscar por “Los mejores años de Miss Broadie” y “A Boy Named Charlie Brown”, ambas estrenadas en 1969. Pero siempre se le tachó de “dulzón”, “kitsch”, “sensiblero” y “sentimentalista”. Incluso en las necrológicas, la crítica volvió a decir que sus poemas eran fáciles, superficiales e irrelevantes, y eso después de haber ganado los premios Walt Whitman  y Carl Sandberg de Poesía.

Dejó de actuar en público en 1981, presa de una depresión contra la que luchó durante diez años. En 2001 volvió a publicar un libro con 160 poemas, “A Safe Place to Land”. Vivía en el sur de California con su hermano Edward y cuatro gatos en una amplia casa de estilo español edificada en 1928 que contenía una de las colecciones privadas de discos más grandes del mundo. Falleció a los 82 años, el 29 de enero de 2015, de parada respiratoria consecuencia de una neumonía.

Siempre rehusó identificarse como gay, bisexual o heterosexual: “No puedo imaginarme escogiendo un solo sexo, me parece muy limitador. Sinceramente, no tengo preferencias”. Participó activamente en el movimiento LGBT y ya en los años cincuenta era un importante miembro de la Mattachine Society de San Francisco, una de las primeras organizaciones que luchó por los derechos LGBT. Dio numerosos conciertos para recaudar fondos a favor de organizaciones LGBT y de la investigación contra el sida.

Para acabar, citaremos una frase suya acerca de los gatos: “Los gatos lo tienen todo: admiración, dormir cuanto quieran y compañía solo cuando les apetece”. En las fotos incluidas en esta entrada, podemos ver que los gatos acompañaron al cantante a lo largo de su vida.


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Muchos gatos y Agnès Varda

Agnes Varda y Zgougou de mayor

Los gatos de Agnès Varda son muchos y de todo tipo. Sabemos que Zgougou ocupó un lugar importante en su vida, pero se cruzó con muchos más. Por ejemplo, en su primera película, rodada en 1954, “La Pointe courte”, los gatos entran y salen de los planos, van y vienen a su antojo durante la filmación en el pequeño pueblo no lejos de Sète, en el mediterráneo francés, donde había vivido de adolescente.

Quizá con uno de los gatos de “La Pointe courte”

Nada parecía inclinar a Agnès Varda hacia el cine, pero algo la empujó a rodar “La Pointe courte” con poquísimo dinero, seis millones y medio de la época, o sea 65.000 francos nuevos a partir de 1958 y en euros algo menos de diez mil, cuando una película media en Francia costaba diez veces más.

Pero como dijo la propia Agnès Varda: “Teníamos diez veces menos dinero, pero diez veces más descaro”. Era su primera película, tenía 25 años y no estaba muy segura de sí misma: “Lo había previsto todo, imaginado cada plano, preparado todo con dibujos y fotografías. Los habitantes del pueblo estaban encantados y nos prestaron sus barcas, sus herramientas, a sus hijos y a sus gatos”. Efectivamente, los gatos hicieron de figurantes para la película, como lo demuestran los cuatro fotogramas que incluimos aquí. Casi nos atreveríamos a decir que la fotografía en la que se ve a la realizadora en primer plano y a un gato negro sentado al lado de una escalera corresponde a ese rodaje. Y antes de pasar a otros gatos, mencionaremos que el montador de la película fue Alain Resnais, que pasó meses ante la moviola sin cobrar.

Agnès Varda y Guillaume en Egipto

En 2007, cuando estaba a punto de cumplir 80 años, rodó “Les plages d’Agnès”, un documental autobiográfico en el que escogió como entrevistador a Guillaume-en-Egypte (Guillermo en Egipto), el avatar de su gran amigo Chris Marker (https://gatosyrespeto.org/2014/09/01/guillaume-y-m-chat-los-gatos-de-chris-marker/).

“Las playas de Agnès”

En una entrevista realizada en el Festival de Cine Internacional de Toronto, la realizadora dijo: “Le pedí permiso para que su gato me apoyara y me entrevistara. Aún no ha visto la película, pero casi cada día me manda dibujos de Guillaume por correo electrónico. Es una forma de que Chris esté en la película a través de Guillermo en Egipto”.

Agnès Varda fundó la productora Tamaris Films en 1954 para producir su primera película; la compañía se convirtió en Ciné-Tamaris en 1975 y sigue llamándose así hoy en día. Si teclean el nombre en Internet, descubrirán que el fondo de la página está compuesto por estrellas y el dibujo de un gato atigrado.

Logo de la productora Ciné-Tamaris

Además, como puede verse aquí, el logo de la empresa es un gato. Los títulos de crédito de un documental de Agnès Varda, “Los espigadores y la espigadora”, de 2000, empiezan con la foto de este mismo gato atigrado apoyando las dos patas delanteras en un cartel que reza “Ciné-Tamaris presenta”.

En la exposición “La gran orquesta de los animales”, organizada por la Fundación Cartier en 2006, Agnès Varda realizó “la instalación más modesta de todas” – dicho por ella – titulada “La tumba de Zgougou”.

Agnès Varda y Zgougou

Consistía en la proyección de un corto (ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Di-ydd09qH4&list=PLx79aMV1qzXBJYmaVPzL8evsMYR1F4Wq-&index=2) en una cabaña al fondo del jardín de la Fundación donde se ve cómo se edificó con conchas de colores la sepultura de la gata de la familia Demy-Varda en la isla de Noirmoutier, donde la realizadora tiene una pequeña casa. La gata atigrada, de nombre Zgougou (que significa “piñón” en árabe tunecino), murió en 2005.

Jacques Demy sentado en el gato gigante para “Piel de asno”

 

Jean Marais sentado en el gato gigante para “Piel de asno”

La montadora Sabine Mamou se la había regalado a Jacques Demy, el realizador de “Los paraguas de Cherburgo” y marido de Varda. Se conocieron en 1958 en el Festival de Cine de Tours; tuvieron un hijo, Mathieu, y él adoptó a Rosalie, la hija de Agnès. Jacques falleció en 1990 a los 59 años. Entre 1991 y 1995, Agnès le dedicó una película, “Jacquot de Nantes” y dos documentales, “Les demoiselles ont eu 25 ans” (Las señoritas han cumplido 25 años) y “L’Univers de Jacques Demy” (El universo de Jacques Demy). También realizó un corto muy corto de dos minutos titulado “Hommage à Zgougou (et salut à Sabine Mamou), que pueden ver en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=2cggCfxMEMQ&list=PLx79aMV1qzXBJYmaVPzL8evsMYR1F4Wq- El vídeo está subtitulado, aunque con errores de traducción, pero mejor eso que nada. En este pequeño cortometraje, la realizadora menciona al gato gigante que Jacques Remy hizo construir para “Piel de asno”, rodada en 1970.

Nacida el 30 de mayo de 1928 en Bruselas y considerada la madre de la Nouvelle Vague, Agnès Varda dijo en una ocasión: “Ya me llamaban la madre de la Nouvelle Vague cuando tenía 30 años”. Fue la fotógrafa oficial del TNP (Teatro Nacional Popular) de Jean Vilar durante una década. Siempre ha reconocido no haber tenido ninguna formación cinematográfica y haber visto muy pocas películas antes de rodar “La Pointe courte”. No se ha dedicado únicamente al largometraje de ficción, su filmografía incluye numerosos cortometrajes y documentales. Entendió muy pronto que la independencia artística dependía de la autonomía financiera.

Fue una de las 343 mujeres que firmaron “El manifiesto de 343” el 5 de abril de 1971 en el que admitían públicamente haber abortado, exponiéndose a ser perseguidas y encarceladas porque entonces esta práctica era ilegal en Francia.

Obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia en 1985 por “Sin techo ni ley” y el César a la Mejor Película Documental por “Les plages d’Agnès” (Las playas de Agnès), además del César Honorífico (2001) y la Palma de Oro Honorífica (2015). Acaba de terminar el rodaje del largometraje documental “Villages, Villages”.

 

 


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Los gatos de Hong Kong

Marcel Heijnen es un fotógrafo amante de los gatos afincado en Hong Kong, ciudad a la que regresó después de una ausencia de 18 años: “Era la primera vez en 40 años que vivía sin la compañía de un gato, así que cuando descubrí a un gato sentado con gran dignidad en el mostrador de una tienda cerca de mi casa, decidí entrar a saludarle y, de paso, le hice unas cuantas fotos”.

Aquí añadiremos que Hong Kong es un lugar muy especial en lo que a gatos se refiere. En la mayoría de ciudades modernas hay leyes estrictas sobre la presencia de animales en tiendas, pero ni en la península ni en las islas de esa región se regula la presencia de los gatos, y campan alegremente en tiendas e incluso en restaurantes. Por eso se le ocurrió a Marcel Heijnen hacer una serie de fotos e incluirlas en el libro “Hong Kong Shop Cats” (Los gatos de las tiendas de Hong Kong), publicado en 2016 por Asia One Publishing. Además, las fotos se expusieron en la Blue Lotus Gallery en abril de ese mismo año.

Parece ser que los habitantes de Hong Kong creen que los gatos traen buena suerte, además de ser muy útiles a la hora de librar a las tiendas y trastiendas de roedores, por lo que forman parte íntegra de las familias dueñas de tiendas y pequeños negocios. Algunos son adoptados desde pequeños, pero otros llegan, se instalan y empiezan a “trabajar”.

Hay zonas con más gatos que otras; por ejemplo, los barrios de Sheung Wan y Sai Ying Pun cuentan con una elevada población felina. Marcel Heijnen explica que, en la mayoría de casos, encontró a sus modelos por casualidad, mientras recorría esas zonas. En una entrevista para el lanzamiento del libro, dijo: “Reconozco las tiendas donde hay gatos. Si viviese en un sitio más cercano a Central, probablemente nunca hubiera descubierto este fenómeno”. Sus amigos, al enterarse del proyecto, también le hablaron de tiendas en sus barrios.

Ahora bien, según el fotógrafo, la dificultad no residía en encontrar a los gatos, sino en fotografiarlos. La inmensa mayoría de felinos residentes en tiendas son amables, simpáticos y no dudan en acercarse al cliente para pedir caricias, pero no es tan fácil como parece sorprenderles “trabajando” o durmiendo la siesta. En palabras de Marcel Heijnen: “No tienen miedo de la gente, y en cuanto sienten que me fijo en ellos, se acercan en busca de atención. Adiós a la foto. Una solución es quedarme en la tienda el tiempo suficiente para que el gato y el dueño ya no se den cuenta de mi presencia; a veces llega un momento mágico, una especie de sincronía entre ellos dos”. Ya se sabe que es imposible conseguir que un gato pose.

El gato Dau Ding y su dueño

El primer gato al que Marcel Heijnen fotografió es Dau Ding, en la calle principal de Sai Ying Pun, con el que tiene una relación especial. Hablando del libro, comenta: “Espero que las personas que lo lean sonrían y descubran algo que no habían visto antes, la relación simbiótica y respetuosa entre humanos y felinos nacida de la necesidad práctica, pero construida sobre el afecto”.

Los gatos de Hong Kong no solo viven en tiendas, trastiendas y pequeños almacenes. Basta con recorrer a pie las zonas rurales de los llamados Nuevos Territorios para ver a gatos en cualquier esquina. También los hay en los mercados y alrededor de los puestos de comida, pero la mayoría de estos no tienen dueño y no se parecen mucho a los afables y bien alimentados gatos retratados por Marcel Heijnen.

Todas las fotos incluidas en este artículo fueron realizadas por Marcel Heijnen y aparecen en el libro “Hong Kong Shop Cats”, disponible en Amazon.


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Los gatos de Nicolas Tarkhoff, un pintor olvidado

Nicolas Alexandrovich Tarkhoff  nació en Moscú el 2 de enero de 1871 en el seno de una familia de comerciantes acomodados. Mostró tendencias artísticas a una temprana edad; sin embargo, se alistó en la milicia provincial a los 18 años para cumplir el servicio militar.

Oponiéndose a su padre, se presentó al examen de ingreso en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú, pero fue rechazado por tener “un temperamento revolucionario”. En 1897 entró en el estudio del pintor impresionista Konstantin Korovin Alexeivich, donde conoció a Pavel Kuznetsov, Vasily Polenov y Valentin Serov, con los que expondría por primera vez poco después con gran éxito. A pesar de esto, decidió abandonar Moscú y trasladarse a Múnich en 1898. Antes de acabar el año se fue a París, ciudad que ya conocía por haber visitado con anterioridad a su amigo el pintor Nicolas Millioti. Hablaba francés perfectamente gracias a las enseñanzas de la niñera que le había criado.

Gato negro y dalias (1907)

 

Trabajó en el estudio de Jean-Paul Laurens, al que dejó por considerarle demasiado academicista, y de Luc-Olivier Merson. Admiraba profundamente a Vincent Van Gogh, Paul Gauguin, Paul Cézanne y, sobre todo, al simbolista Eugène Carrière.

Sus cuadros no tardaron en seducir a críticos como Apollinaire, Forthuny y Ary-Leblond. Participó regularmente en el Salón de los Independientes; a partir de 1901, en el Salón de la Sociedad de Bellas Artes y en el Salón de Otoño, del que fue miembro desde 1907, en varios salones en Bruselas, Berlín, Venecia y Roma, así como en la Exposición Armory celebrada en Nueva York en 1913. Como miembro del Sindicato de Artistas Rusos expuso regularmente en Moscú y San Petersburgo.

Gatos negros en ventana (1909)

 

En 1904, cuando tenía 33 años, conoció a Yvonne Deltreil y se casaron unos meses después. La joven, que ya tenía un hijo de cinco años, nunca dejó de apoyarle con entusiasmo. Sus dos hijos nacieron casi inmediatamente; Jean en marzo de 1905 y Boris en agosto del año siguiente. A partir de ese momento, sus obras empezaron a ser más figurativas. Dejó de pintar las calles de París y a sus transeúntes, y reprodujo escenas intimistas de su familia y de los gatos con los que convivían. Llegó a decir que prefería con mucho estos cuadros a los de la época anterior.

Mi familia

En mayo de 1906, el famoso galerista Ambroise Vollard (otro amante de los gatos), que exponía las obras de Cézanne, Renoir, Picasso, Matisse, Bonnard y Van Dongen, entre otros, le dedicó una exposición en solitario que tuvo un éxito rotundo. Poco después, Vollard ofreció comprarle toda su producción, pero a un precio muy por debajo del mercado y Nicolas Tarkhoff rehusó, perdiendo así un importante apoyo. Sin embargo, galeristas como Berthe Weill, Eugène Druet o Edouard Devambez le abrieron sus puertas.

En 1909 dejó el piso estudio de la calle Belloni por algo más espacioso y cómodo en Montparnasse. Desde su ventana pintó escenas nocturnas en las que los carruajes cobran vida a la luz de las farolas. Ese mismo año, Marius y Ary Leblond, que eran amigos suyos, le dedicaron varias páginas en el libro “Peintres de races”.

Un año después, la revista rusa Apolo le organizó una gran exposición en solitario en el Séptimo Salón de San Petersburgo. Las obras prestadas por famosos coleccionistas de todo el mundo eran una prueba del enorme éxito internacional que había alcanzado su trabajo.

En 1911 se mudó de París y se instaló en Orsay, un pueblecito a unos treinta kilómetros más al sur, donde compró una casa rodeada de árboles en medio del campo. Al año, nació su hija Hortensia. Pero al alejarse de la capital, empezó poco a poco a perder contacto con los círculos artísticos y tan solo los amigos más íntimos, como Marc Chagall, André Lhote y Maximilien Luce, seguían visitándole. Fue el comienzo de las dificultades económicas.

Llegó la I Guerra Mundial y las ventas cayeron dramáticamente. Tanto él como su esposa apoyaron fervientemente la Revolución bolchevique de 1917, lo que le alejó definitivamente de sus amigos rusos. Su situación financiera se hizo más precaria, como él mismo dijo: “… por culpa de las ideas reaccionarias de la gente, debo luchar día a día para sobrevivir. Cada vez me cuesta más vender mis cuadros”. Empezó a participar menos en los salones, pero por suerte, el pintor André Derain, uno de los primeros fauvistas, siguió comprándole algún que otro cuadro. Los años veinte fueron duros, y su hija Hortensia decidió dejar la familia en 1929, lo que para él fue una auténtica tragedia.

Niño con gato (Dibujo)

Falleció el 30 de junio de 1930 a los 59 años en la pobreza más absoluta. Al año siguiente, el Salón de Otoño organizó una retrospectiva de su obra. Fue el último destello de luz antes de que cayera en el olvido durante más de treinta años. La galerista Madeleine Oury, esposa del pintor Marcel-Lenoir (seudónimo de Jules Oury), compró muchas de las obras de Nicolas Tarkhoff y solo así pudo sobrevivir su viuda.

Un gato y dos niños en la ventana (1907)

Por fin, en los sesenta la obra del pintor fue redescubierta por apasionados coleccionistas. Uno de estos, Oscar Ghez, le dedicó una sección completa del Museo del Petit Palais de Ginebra y en 1981 organizó varias exposiciones en Rusia, Francia, España y Estados Unidos. En 2014, la pequeña ciudad de Orsay le rindió un homenaje.

Dos gatos

En realidad, los cuadros en los que Nicolas Tarkhoff incluyó gatos representan una ínfima parte de su producción, y corresponden a un periodo bastante breve de su vida, quizá el más feliz, empezando poco tiempo después del nacimiento de su primer hijo hasta 1911, cuando se trasladó a Orsay. Algunos cuadros de gatos son de su época en el campo, como el de los dos gatos enfrentados con un árbol entre medias, y sin lugar a dudas, el cuadro titulado “La Sra. Tarkoff, su hija, dos calabazas y dos gatos”, donde se nota un cambio de estilo.

La Sra. Tarkhoff, su hija, dos calabazas y dos gatos

Por estas obras deducimos que la familia tuvo por lo menos dos gatos negros, otro negro con pechera blanca, un rubio con manchas blancas y un blanco. Quizá fuera su mujer, Yvonne Deltreil, la que amaba a los gatos.


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El gato Orangey, un premiado actor

Rhubarb – Orangey, el director Arthur Lubin, y sus compañeros de reparto Jan Sterling y Ray Milland

Orangey saltó a la fama en 1951 cuando fue el primer gato en protagonizar una película, concretamente “Rhubard”, dirigida por Arthur Lubin, con Ray Milland, Jan Sterling y Gene Lockhart. El largometraje cuenta la historia de Rhubarb, un gato callejero atigrado de color naranja con mucho carácter al que adopta un millonario dueño de un club de béisbol profesional. Al fallecer, deja todo su dinero y el club al felino.

Gracias al éxito que obtuvo en su primera aparición en la gran pantalla, trabajó en numerosas películas, como la famosa “Desayuno con diamantes” (1961), de Blake Edwards, con Audrey Hepburn y George Peppard, donde interpretó al gato que recoge Holly Golightly. Comparten techo durante un tiempo, pero Holly nunca le da un nombre: “A pesar de ser algo incómodo, no tengo derecho a nombrarle hasta que pertenezca a alguien”.

La actriz dijo una vez que lo peor que jamás había tenido que hacer en una película era echar a Gato del taxi bajo la lluvia: “Fue lo más desagradable que jamás hice como actriz en una película”. No podemos afirmarlo, pero creemos que le gustaban los gatos.

Orangey tuvo el papel de Neutrón en “Regreso a la Tierra” (1955), de Joseph M.  Newman, una película de ciencia-ficción, como puede deducirse por el título. A continuación le vimos en “El increíble hombre menguante” (1957), de Jack Arnold, en la que interpretaba a Butch, el gato de la familia que amenaza al muy menguado protagonista.

Regreso a la Tierra

 

El increíble hombre menguante

Entre 1952 y 1956 interpretó a la gata Minerva en la serie “Our Miss Brooks”, protagonizada por Eve Arden en el papel de una maestra soltera con una gata. A principios de los sesenta apareció en uno de los episodios de “El Show de Dick Van Dyke”, concretamente en “¿Dónde has estado, Fassbinder”, como Mr. Henderson. También fue uno de los animales de Elly en la famosa serie “Los nuevos ricos” (1962) y participó en algunos episodios de “Mi marciano favorito” (1963).

El show de Dick Van Dyke

 

Gigot

Trabajó en otras tres películas, “Gigot” (1962), con el genial Jackie Gleason; “La comedia de los terrores” (1964), de Jacques Tourneur, con Vincent Price y Peter Lorre, en el papel de Cleopatra, y finalmente “El pueblo de los gigantes” (1965), una película malísima donde interpretó a un gato gigante.

Los nuevos ricos

 

Mi marciano favorito

En total, catorce años de estrellato. No está nada mal. Orangey pertenecía al conocido domador de animales Frank Inn y fue su primera gran estrella. La segunda fue Higgins, un perro callejero rescatado de la perrera que tuvo un papel protagonista en la serie “Expreso a Petticoat” (1963), y en los largometrajes “Mooch Goes to Hollywood” (1971) y “Benji” (1974). Adoraba a los animales y no soportaba que las perreras sacrificaran animales sanos, por lo que los adoptaba. Si tenían aptitudes interpretativas, se los quedaba; si no, se los regalaba a amigos. Parece ser que en una época llegó a tener hasta mil animales y a gastar unos 400 dólares diarios en alimentarlos.

La comedia de los terrores

 

Our Miss Brooks

Pero volvamos a Orangey, ganador de dos premios Patsy, el equivalente del Oscar para animales, por “Rhubarb” y “Desayuno con diamantes”, las dos grandes películas de su carrera. Sin embargo, se rumorea que Orangey siempre tuvo dobles, aunque Frank Inn jamás quiso reconocerlo. Los gatos no se dejan amaestrar con tanta facilidad como los perros; tampoco imaginamos a un gato dispuesto a repetir la misma toma doce veces… Las malas lenguas dicen que para “Rhubard”, Frank Inn llegó a usar hasta 36 gatos anaranjados diferentes y doce para “Desayuno con diamantes”. Orangey existió, de eso no cabe duda, pero es muy posible que no fuera uno solo. Catorce años bajo los focos son muchos años para un gato; catorce años aguantando el ajetreo que supone un rodaje, las carreras, el ruido y los gritos hasta el famoso “¡Silencio, se rueda!”

Rhubarb

Orangey tenía, además, la reputación de ser un gato difícil. Según dicen, se comportaba modélicamente durante el rodaje, pero en cuanto oía “¡Corten”, podía arañar o morder a su coprotagonista, algo de lo que dudamos. Ningún estudio permitiría que un gato arañase o mordiese a una estrella del calibre de Audrey Hepburn, por ejemplo. Tristemente, cabe la posibilidad de que todos los Orangey estuvieran desungulados, una operación que por fin se ha prohibido en España.

Un ejecutivo de Paramount Studios describió a Orangey como “el gato más malvado del mundo”. Cuentan que aguantaba pacientemente mientras se rodaba, pero que entre toma y toma aprovechaba cualquier despiste para escaparse con la consecuente pérdida de tiempo mientras se le buscaba. Incluso dicen que Frank Inn apostaba perros en las salidas para impedirle que desapareciera. También dudamos que esto ocurriera a menudo; una o dos veces quizá… Pero Orangey era una estrella, y ya se sabe, todas las estrellas se rodean de una leyenda.

El pueblo de los gigantes

Dedicamos esta entrada a todos los gatos que han trabajando y siguen trabajando en el cine para entretenernos. Las leyes de protección animal han mejorado; ahora, al final de todas las películas con animales aparece un cartel garantizando que ninguno ha sido maltratado ni ha sufrido durante el rodaje. Pero basta con pensar en las horas que pasan metidos en un transportín – nos referimos a gatos -, al calor de los focos y a todo lo que supone un rodaje para echarse a temblar.

 


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Los gatos surrealistas de Remedios Varo

Visita inesperada

Remedios Varo nació en Anglès, Girona, en 1908, hija de Rodrigo Varo y Zejalvo, de origen

Remedios Varo

andaluz, y de Ignacia Uranga y Begareche, procedente de Euskadi. Su padre era ingeniero hidráulico y siempre la apoyó cuando, desde muy pequeña, demostró su inclinación por el dibujo. La alentó a pensar por sí misma y a leer lo que le apetecía, a pesar de que su madre, una católica devota, se empeñó en que tuviera la educación habitual de una niña de buena familia en un colegio de monjas. Esto último solo sirvió para que Remedios rechazara la religión tradicional y se entregara más a las ideas universalistas de su padre. A los 15 años, en 1924, ingresó en la Real Academia de San Fernando, en Madrid, donde se licenció al cabo de seis años. No tardó en casarse con un compañero de estudios, Gerardo Lizárraga, y ambos se trasladaron a París.

El gato helecho

Energia cósmica

El matrimonio duró poco y se separaron amistosamente al regresar a Barcelona. Parece ser que, unos años después, Remedios descubrió gracias a un noticiario cinematográfico que él estaba en un campo de refugiados republicanos en el sur de Francia y consiguió sacarle poco antes de que los alemanes entraran en el país. En 1935 conoció a los pintores surrealistas Jean Michel, Oscar Domínguez y Esteban Francés, con los que formó un círculo artístico que inventó el famoso juego “Cadavres exquis”. Remedios también se unió al colectivo los Logicofobistas, muy interesados en el surrealismo, y cuyo objetivo era unir el arte con la metafísica. Expuso con ellos en la Galería Catalonia en 1936.

Gato hombre

Gato

Ese mismo año conoció al poeta surrealista francés Benjamin Péret, que había ido a Barcelona como delegado del Partido Obrero Internacional. Se enamoraron locamente, como demuestra toda una serie de cartas y los poemas que le dedicó, y ella le acompañó de regreso a París en 1937, lo que le impidió volver a España porque Péret era trotskista. Entró en relación con el círculo de André Breton, gran amigo de Péret, y se codeó con Dora Maar, Max Ernst, Leonora Carrington y Roberto Matta, entre otros. Para sobrevivir, dibujaba viñetas y copiaba cuadros. Comparada a su posterior época mexicana, pintó pocas obras originales, e incluso mucho después dijo: “Iba a las reuniones, hablaban mucho y aprendí muchas cosas. Participé en dos exposiciones, pero no tenía los años ni la seguridad suficientes para enfrentarme a un Paul Eluard, un Benjamin Péret o un André Breton. Estaba boquiabierta ante estas personas tan aventajadas”.

Locura del gato

Con la invasión alemana, Péret fue encarcelado y Amparo con él por ser su mujer, aunque no estaban casados. Ella no estuvo mucho tiempo presa, y en cuanto Péret salió de la cárcel consiguieron los documentos necesarios para huir a México a través del Comité de Rescate de Emergencia dirigido por el estadounidense Varian Fry. El 20 de noviembre de 1941 embarcaron hacia México.

Mimetismo

Mimetismo (detalle)

Para sobrevivir se dedicó a la pintura comercial durante tres años, y tardó otros nueve en exponer. Conoció a Frida Kahlo y a Diego Rivera, pero sobre todo seguía viendo a expatriados europeos, como la pintora inglesa Leonora Carrington y el piloto y aventurero Jean Nicolle. Al regresar Péret a París en 1947 se trasladó a Venezuela, donde vivió dos años. De vuelta a México conoció a Walter Gruen, un austríaco que creyó profundamente en lo que hacía la pintora y le aportó una estabilidad económica y emocional que le dieron alas. Expuso en solitario por primera vez en 1955 en la Galería Diana de Ciudad de México con un éxito inmediato. Participó en el Salón del Arte de la Mujer en 1958, y su representante Juan Martín abrió una galería en 1960 y una segunda en 1962 donde expuso regularmente sus obras. Hablando de México, dijo: “…no me era posible pintar en medio de tanta ansiedad. En este país encontré la tranquilidad que siempre había buscado”.

Paraíso de los gatos

Murió en los brazos de Walter Gruen de un ataque al corazón el 8 de octubre de 1963, a los 54 años. A partir de ese momento, Gruen se dedicó a recomprar tantos cuadros como pudo de Remedios Varo con la ayuda de su tercera esposa, Ana Alexandra. Consiguió reunir 39 cuadros que prestó y posteriormente donó al Museo de Arte Moderno (MAM) de Ciudad de México. La sobrina de la pintora, Beatriz Varo Jiménez, intentó demostrar que legalmente los cuadros eran suyos, ya que Gruen y Varo jamás se casaron – es más, a su muerte se descubrió que jamás se había divorciado de su primer marido -, pero por suerte Walter y Ana Alexandra pudieron probar que eran suyos a través de los certificados de compra.

Revelación o El relojero

Pituso y un zorro

En 1971, el MAM organizó un retrospectiva visitada por más público que cualquier otra, incluso más que las de Diego Rivera y José Clemente Orozco. En 2000, más de cincuenta cuadros suyos se mostraron en el Museo Nacional de las Mujeres en las Artes en Washington DC.

Es verdad que ocho cuadros y dos bocetos de gatos en toda la obra de la pintora no son muchos, lo reconocemos. Pero sí podemos asegurar que a Remedios le gustaban los gatos y que le gustaron siempre porque las fotografías que hemos podido encontrar son de épocas muy diferentes.

En una la vemos vestida con una blusa blanca presentando a un gato atigrado. Por el peinado y el entorno, la foto debió ser tomada en la década de los 30 y nos atrevemos a pensar que en España. Hay otra posterior donde está sentada ante un cuadro sujetando a un gatito negro.

Luego otras dos, en color, con un gato negro adulto, ¿es el mismo gato que el anterior? Y la última, que debió ser publicada en un periódico, con un gato gris de pelo largo. También sabemos que el gato representado con un zorro se llamaba Pituso.