Gatos y Respeto

Por unos gatos felices


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Los gatos de Pierre-Auguste Renoir

Joven dormida con gato (detalle)

Auguste Renoir, como se le conoce, es uno de los pintores de mayor influencia en la historia del arte moderno.

Renoir a los 34 años

Se estima que en su larga y fructífera carrera, desde principios de 1860 hasta poco tiempo antes de su muerte en 1919, pintó unos 4.000 cuadros. Entre esa enorme cantidad, en solo ocho introdujo a un gato, y de estos ocho, solo dos representan a gatos sin seres humanos. Es verdad que no solía pintar animales, aunque en muchas de sus obras hay perros y es fácil encontrar varias con caballos.

Chico desnudo con gato (1868)

 

Gato durmiendo (1862)

Pero no nos quejemos, porque los ocho cuadros con gatos que dejó Renoir son absolutamente magníficos. Fueron pintados en un periodo que abarca algo más de veinte años, desde “Gato durmiendo” en 1862, hasta “Julie Manet con gatito” en 1887. En todos ellos, si observamos la expresión de los gatos, solo podemos concluir que había gatos en casa del pintor. Alguien que no haya vivido con uno o varios de ellos no puede reproducir la expresión de placer del gato en brazos de Julie Manet, o su posición en “Joven desnudo con gato”, con las uñas de la pata izquierda ligeramente sacadas, no para arañar, sino para mullir el brazo del joven y demostrar su satisfacción. O la gata de pie, apoyada en el tiesto, olfateando las flores…

El pintor en Cagnes-sur-Mer (1917)

 

Geranios y gatos (1881)

Renoir nació el 25 de febrero de 1841 en Limoges, el gran centro de la porcelana francesa. Su padre era un modesto sastre, y la familia emigró a París en 1844 para mejorar su condición. De pequeño ya dibujaba bien, pero cantaba mejor, por lo que tuvo como profesor al compositor Charles Gounod. Pero la precariedad económica de su familia le obligó a abandonar las clases de canto y el colegio a los trece años para trabajar como aprendiz en una fábrica de porcelana.

El dueño se dio cuenta del talento del joven y le animó a seguir clases de dibujo para que pudiera ingresar en la Escuela de Bellas Artes. En 1858, las fábricas de porcelana pasaron del proceso manual al mecánico y Renoir tuvo que buscarse otro empleo.

Geranios y gatos (detalle)

 

Joven con gato

Cosechó su primer éxito en el Salón de París de 1868 con el lienzo “Lise con una sombrilla”. Unos años después, harto de sentirse despreciado por el jurado del Salón anual, se unió a Claude Monet, Alfred Sisley, Camille Pissarro y otros para organizar la primera exposición impresionista en abril de 1874, a la que contribuyó con seis obras.

En la segunda exposición impresionista solo incluyó retratos con la esperanza de conseguir encargos, y volvió a exponer varios cuadros al año siguiente. Sin embargo, a partir de ese año regresó al Salón y consiguió convertirse en un pintor de éxito desde 1879, a los 38 años. En 1881 viajó a Argelia; poco después, a Madrid para admirar las obras de Diego Velázquez, y luego a Italia para contemplar los cuadros de Ticiano y de Rafael. El 15 de enero de 1882 conoció al compositor Richard Wagner en Palermo, Sicilia, y le hizo un retrato en exactamente 35 minutos.

Joven dormida con gato (1880)

 

Julie Manet con gatito (1887)

 

Julie Manet con gatito (detalle)

Se casó en 1890 con Aline Victorine Charigot, una modista veinte años más joven que él, con la que ya tenía un hijo, Pierre, nacido en 1885, que se convertiría en actor de cine y de teatro. Luego nació Jean en 1894, el famoso cineasta, y Claude en 1901, un conocido ceramista.

Pero lo que quizá no se sepa tanto es que el pintor padeció de artritis reumatoide durante los últimos veinte años de su vida, lo que nunca le impidió seguir pintando a pesar del sufrimiento físico que le causaba. Una vez dijo que el arte debía ser bonito, e insistió: “Sí, bonito. La vida ya es bastante desagradable, ¿por qué no ver el lado más luminoso de vez en cuando?” Hizo prueba de una tremenda fuerza de voluntad para vencer una enfermedad que empeora progresivamente y nunca se consideró como una persona discapacitada.

Maternidad (La Sra. Renoir y Pierre)

 

Mujer con gato (1875)

Por las cartas enviadas a familiares y amigos, fue posible determinar que la artritis empezó a afectarle en 1892, cuando tenía cincuenta años, y que alcanzó su nivel más destructivo en 1903. Götz Adriani, un respetado historiador, cree que a medida que sus dedos se deformaban, “su mirada se centraba más en la espléndida intensidad del color” y que “los dedos deformes pasaban con una creciente ligereza por el lienzo, creando un fino tejido de estructuras de colores en tonos transparentes y delicados”. Lo que sí está claro es que su naturaleza optimista llena todas sus obras, incluso en momentos de enorme dolor físico. El gran pintor Pierre Bonnard (https://gatosyrespeto.org/2015/06/27/gatos-al-oleo-de-pierre-bonnard/) dijo de él: “Trabajaba desde el interior de su naturaleza y tenía la capacidad de ver un modelo o una luz en apariencia sin atractivo y comunicarles el recuerdo de momentos apasionantes”.

Cuando se le diagnosticó la enfermedad, recorrió Europa en busca de tratamientos para aliviar los síntomas y detener su avance. Además de los habituales dolores en las manos, también sufría de un anquilosamiento progresivo en hombros y codos, así como de nódulos en la espalda y brazos. Cuando ya no pudo ponerse en pie, no perdió la movilidad gracias a varias sillas de ruedas diseñadas para cosas específicas. Acabó instalándose en Cagnes-sur-Mer, en la Costa Azul, donde el clima más benigno aliviaba algo su sufrimiento.

Renoir a los 71 años

En 1912 siguió el tratamiento de un famoso médico durante varias semanas y pudo dar varios pasos solo después de más de dos años, pero el esfuerzo necesario era demasiado enorme y dijo: “Requiere toda mi energía, ya no me quedaría para pintar”. Cuando su mano deformada le impidió sujetar el pincel, pidió que se lo colocaran en la mano cerrada previamente vendada con telas muy suaves para que no se formaran llagas. Llegó el momento en que ya no tuvo fuerza para sujetar la paleta con la mano izquierda y se la ponían en la rodilla. Posteriormente, alguien de la casa inventó un mecanismo para fijarla en el brazo de la silla de ruedas.

Se sabe con certeza que Renoir, ya mayor, solía pintar con un gato en las rodillas, probablemente para darle calor, como lo demuestra el pelo de gato mezclado con la pintura en sus últimos cuadros, lo que también sirve para autentificar los lienzos al no estar firmados.

En 1919 fue al Louvre para ver sus cuadros colgados bajo el mismo techo que las obras de los grandes maestros. Falleció en su casa de la Costa Azul el 3 de diciembre de 1919.

 

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El gato de cabeza plana

Se sabe muy poco acerca del gato de cabeza plana (Prionailurus planiceps) y de su comportamiento en libertad. Es uno de los gatos silvestres que se encuentra en mayor peligro. A pesar de estar incluido desde 2008 en la Lista Roja de especies en grave peligro de extinción de la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), se ha estudiado muy poco a este felino en su hábitat natural, limitado a Sumatra, Borneo y la Península de Malasia. Esta falta de conocimiento impide que pueda  saberse exactamente en qué nivel de conservación se encuentra, así como determinar los requerimientos ecológicos para su protección.

Actualmente se cree que puede haber menos de 2.500 individuos adultos debido a los escasos avistamientos de los últimos años. La zona en que habita ocupa unos 80.000 kilómetros cuadrados, y se calcula que puede haber unos cuatro adultos por cada cien kilómetros cuadrados. Tiende a vivir en zonas húmedas actualmente muy amenazadas en todo el sureste asiático. Hay poquísimos en cautividad, menos de diez, todos ellos repartidos en zoológicos malasios y tailandeses, según ISIS (Sistema Internacional de Información de Especies).

El gato de cabeza plana, también llamado cabeciancho, es un felino pequeño que se caracteriza por una marcada depresión craneal que va desde la punta de la nariz hasta el nacimiento del hocico. Generalmente es de cuerpo delgado, con patas cortas y delicadas, y garras retráctiles, aunque unas tres cuartas partes de la garra quedan a la vista. La cabeza es más larga y cilíndrica que la del gato doméstico, y la distancia entre los ojos y las orejas es mayor. Sin embargo, sus dientes son comparativamente muy largos, con los caninos casi tan grandes como los de individuos del doble de su tamaño. La dentadura está adaptada para agarrar presas resbaladizas y posee mandíbulas poderosas, lo que le permite cazar peces incluso con mayor facilidad que el gato pescador (https://gatosyrespeto.org/2015/11/12/el-gato-pescador-una-especie-en-peligro/).

Su pelo es espeso, marrón rojizo en la parte superior de la cabeza y marrón ruano en el resto del cuerpo, con manchas blancas en la tripa. La cara es más clara que el resto del cuerpo, y tiene el hocico y la barbilla blancos. Desde la frente le bajan dos líneas blancas enmarcando el hocico. Los ojos están muy juntos, lo que mejora mucho su visión estereoscópica.

Desde la punta del hocico al nacimiento de la cola, mide entre 41 y 50 centímetros; la cola suele ser corta, de unos 14 centímetros. Pesa de 1,5 a 2,5 kilos.

Como hemos dicho antes, vive en humedales y selvas de tierras bajas, dos hábitats altamente modificados por la ocupación humana. Los pescadores del río Merang, en el sur de Sumatra, zona en la que aún existen selvas tropicales y turberas relativamente intactas, dicen verlos a menudo, pero tienden a confundir el gato de cabeza plana con el gato leopardo. La mayoría de los avistamientos más recientes (2014) han tenido lugar al noreste de Borneo, en las orillas del río Kinabagantan, donde se le ha grabado con cámaras nocturnas, y en la reserva de la selva de Tangkulap, así como en reservas creadas en las inmensas plantaciones de aceite de palma del este de Kalimantan y en la reserva de la selva Pasoh, en la península de Malasia.

Fotografiado en su entorno natural

Es un animal solitario que marca su territorio. Se ha observado que tanto los machos como las hembras en cautividad rocían orina avanzando en una posición agazapada, dejando un rastro en el suelo. Parece que desarrolla su mayor actividad entre las ocho y las once de la mañana, y las seis y las diez de la noche. Se alimenta mayormente de peces, aunque no hace ascos a las ranas ni a los crustáceos, y si no hay nada más a mano, a las ratas y a los polluelos. Se sumerge completamente en el agua y una vez atrapada la presa, suele llevarla a unos dos metros de la orilla, quizá para impedir que vuelva al río si se le escapa.

El periodo de gestación es de unos 55 días. De las tres camadas que han nacido en cautividad, una era de dos gatitos y las otras dos, de uno solo.

Sello de Indonesia

 

Sello de Camboya

El gato de cabeza plana tiene un maullido muy parecido al del gato doméstico y ronronea con facilidad. Dos ejemplares vivieron hasta los 14 años en un zoológico.

Sello de Laos

 

Sello de Malasia

La principal amenaza a la que se enfrentan es la destrucción y degradación que representan los asentamientos, la transformación de la selva en plantaciones, el secado de zonas húmedas, la contaminación, la tala, la caza y la pesca indiscriminadas. La rápida desaparición de los manglares en Asia tropical, la sobrepesca y la expansión de plantaciones de aceite de palma ponen en peligro al gato de cabeza plana, desde luego, pero también las trampas y el envenenamiento para proteger a las aves de corral.

Siempre nos esforzamos en buscar fotografías de gatos en su hábitat natural, pero en este caso, y muy a pesar nuestro, hemos debido conformarnos en la mayoría de los casos con imágenes del gato de cabeza plana en cautividad.


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Los gatos de “L’Atalante”

“L’Atalante” es el único largometraje de Jean Vigo, un realizador francés nacido en París el 26 de abril de 1905 y fallecido el 5 de octubre de 1935, cuyo nombre completo era Jean Bonaventure de Vigo Almereyda, hijo del periodista, anarquista y pacifista Miguel de Almereyda.

Cartel de la película

 

El actor Michel Simon en su casa con sus gatos

Antes de dirigir “L’Atalante”, que sería su última película, había realizado dos cortometrajes documentales, “A propósito de Niza” y “Taris”, así como el famoso corto de ficción “Cero en conducta”, cuya exhibición fue prohibida en Francia por considerarse inmoral. Sin embargo, solo describe la vida en un internado y las duras condiciones a las que están sometidos los alumnos. El productor Jacques-Louis Nounez estaba interesado en rodar un largometraje con Vigo, y después de barajar varias posibilidades, en julio de 1933 le entregó un guion acerca de una gabarra y de las personas que vivían en ella.

En la cama de Juliette

 

Foto de Roger Parry

 

Jean Vigo

El guion no entusiasmó al realizador, pero aceptó hacer la película siempre y cuando pudiera cambiar algunas cosas. Uno de esos cambios fue sustituir el perro del viejo Jules, el segundo de a bordo, por diez gatos callejeros que fue a buscar personalmente a la Sociedad para la Prevención de la Crueldad a Animales. Su padre era un gran amante de los gatos y Jean siempre había vivido en casas llenas de gatos callejeros. Entre las numerosas anécdotas del rodaje, se cuenta que en las escenas en que Jules ponía en marcha el gramófono, los gatos acudían corriendo y rodeaban el aparato. El cineasta aprovechaba para filmarlos escuchando música o incluso durmiendo en la bocina. Se sabe que Michel Simon, que interpretaba a Jules, adoptó al gatito que se ve dentro de la bocina del gramófono.

Jean Vigo

 

Jules y el gatito

 

Juliette, Jules y Jean

La película cuenta la historia de Jean, interpretado por Jean Dasté, el capitán de la barcaza “L’Atalante”, y de su joven esposa Juliette (Dita Parlo), así como de Jules, el segundo de a bordo, y del grumete (Louis Lefebvre). Después de casarse en el pueblo de Juliette, todos van hacia París en la gabarra para entregar un cargamento, pero Jean es un hombre celoso. Un día ve a Juliette charlando con Jules en su cabina y se enfurece. Le promete a Juliette enseñarle la vida nocturna de París, pero en un baile, un vendedor coquetea con ella y Jean vuelve a perder los estribos. Al día siguiente, Juliette decide visitar la ciudad sola. Cuando Jean se entera, ordena largar amarras y abandona a su mujer. Esta regresa, descubre que la barcaza ya no está y se dirige a la estación a comprar un billete de tren para regresar a su pueblo, pero le roban la cartera. Se ve obligada a encontrar trabajo para sobrevivir. Jean se arrepiente de lo que ha hecho y empieza a deprimirse. Jules decide ir a París a buscar a Juliette, la encuentra y regresan a la gabarra, donde la joven pareja se funde en un abrazo apasionado.

Cualquiera que trabaja en un plató siempre dice que lo peor es rodar con animales y niños. Los animales no interpretan, sencillamente son. Es más fácil trabajar con perros, caballos, loros, pero los gatos siempre son complicados. Tienen tendencia a ignorar a la cámara. En esta película, diez gatos se paseaban libremente por la barcaza, apareciendo y desapareciendo en las escenas con total naturalidad; hay pocos planos en la gabarra donde no aparece uno o varios de los gatos de Jules, al que suelen seguir a todas partes. Al principio de la película, Jules y su ayudante intentan arreglar la barcaza para recibir a la nueva esposa de Jean. Jules recoge a un gatito y se lo coloca en los hombros como si fuera lo más normal del mundo; el pobre gatito se agarra como puede y resiste a la fuerza de la gravedad durante toda la escena. En otro momento, cuando Jean está a punto de besar a su esposa en el camarote, tres gatos aparecen de golpe y saltan encima de ellos; obviamente, ningún gato que se respete haría algo semejante, por lo que una o varias personas debieron lanzarlos en el momento oportuno.

Los gatos y el gramófono

Muchos críticos de cine consideran “L’Atalante” como una de las grandes películas de la historia, pero casi ninguno se fija en los gatos, que sin embargo son parte íntegra de las escenas. Sin ellos, “L’Atalante” no sería la misma.

El rodaje duró cuatro meses, más de lo que la Gaumont había calculado, y al pasarse de presupuesto, Jean Vigo tuvo que recurrir a la imaginación para poder acabarla. Se empezó a filmar en noviembre, hacía frío y había mucha humedad. El realizador, cuya salud nunca había sido buena después de que su padre muriera en la cárcel, enfermó y no pudo supervisar el montaje personalmente. La película se estrenó el 25 de abril de 1934 y pocos la defendieron. La Gaumont se apropió de ella, la redujo a 65 minutos y le cambió el título a “La barcaza que pasa”. Jean Vigo murió unos meses después, en octubre, sin saber que no solo esta película, sino también “Cero en conducta” se convertirían en clásicos ineludibles admirados por la crítica y el público.

Los gatos de L’Atalante, presentada en el Festival Internacional de Cine de Viena (Viennale) 2013

François Truffaut dijo: “Tuve la suerte de descubrir las películas de Jean Vigo una tarde de sábado de 1946 en el cine Sèvres-Pathé, gracias al cineclub que dirigía André Bazin y otros colaboradores de La Revue du Cinéma. No había oído hablar de Jean Vigo, pero me inundó una admiración sin límites por una obra que no llega a los 200 minutos de proyección”.

Viennale 2013

En el Festival Internacional de Cine de Viena (Viennale) de 2013 se presentó “Les chats de L’Atalante” (Los gatos de L’Atalante), de Karl Heil, un documental compuesto por 140 dibujos basados en las escenas en que aparecen gatos en la película, todos ellos realizados por Harald V. Uccello. La voz en off es del actor Anton von Lucke y el músico Tobias Giezendanner se ocupó de los arreglos de la música original de Maurice Jaubert y de tocar el bandoneón para la banda sonora.

 


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Gatos y otros animales de la escultora Anne Arnold

Retrato de dos gatos (1969)

Anne Arnold y su marido, el pintor abstracto Ernest Briggs, compraron una casa con un pajar en Montville, a los pies del monte Hogback, en el estado de Maine, donde criaban cerdos, vacas y gallinas, y tenían numerosos perros y gatos. Anne solía fotografiarlos para crear las esculturas llenas de humor e imaginación que empezó a realizar en los años cincuenta usando materiales tan diversos como madera, cerámica, resina, tela, barro y una fibra sintética llamada Dynel.

1982

 

Anne Arnold y Christy (1987)

 

Catálogo de “Escultura de cuatro décadas”

La escultora nació el 2 de mayo de 1925 en Melrose, Massachusetts, ciudad en la que creció con sus dos hermanos. Era una descendiente directa del “infame” Benedict Arnold, un general del Ejército Americano Continental durante la Revolución que acabó pasándose a las filas británicas, por lo que su nombre se convirtió en sinónimo de traidor. También podía hacer remontar su linaje hasta el Mayflower, el famoso barco en el que llegaron los primeros 102 “peregrinos” procedentes de Gran Bretaña a las costas de Nueva Inglaterra.

Charlie (1969)

 

Christy

 

Con Bob Brooks y un gato (2001)

Se licenció en 1946 en la Universidad de New Hampshire y en 1947 obtuvo un máster de la Universidad Estatal de Ohio. Estudió Arte desde 1949 a 1953 en la Art Students League de Nueva York. En 1960 se casó con Ernest Briggs, con el que vivió primero en la calle 23 Oeste y a partir de 1977 en la calle 29 Oeste, los dos pisos en el barrio de Chelsea. Dio clases en el Brooklyn College desde 1971 a 1991. Su marido falleció de cáncer de esófago en 1984. Unos años después empezó a convivir con el fotógrafo Bob Brooks, un buen amigo de la pareja que sería su compañero hasta la muerte de este en septiembre de 2012.

El gato Stubbs y un conejo

 

Exposición 2012

 A mediados de los años cincuenta comenzó a hacer esculturas figurativas de cabezas de amigos y sobre todo de animales en madera e incluso piedra, y posteriormente en los años setenta, esculturas de gran tamaño estirando telas sobre armazones metálicos. En 1960 tuvo su primera exposición en solitario en la Galería Tanager de Nueva York. Entre 1964 y 1988 expuso algunas piezas en la Galería Fischbach, y en 1983, la Universidad de New Hampshire organizó una retrospectiva de su obra. Después del fallecimiento de su marido, Anne Arnold dejó de esculpir y se dedicó a las acuarelas y bocetos a lápiz.

Gato acostado

 

Gato naranja

En 2006, la galería Alexandre ofreció representarla y organizó dos exposiciones en 2012 y 2014. Un crítico, hablando de la exposición de 2012, dijo: “En los cincuenta, cuando el expresionismo abstracto arrojaba su triunfante sombra sobre el arte americano, Anne Arnold creaba inteligentes y humorísticas esculturas de gatos, perros y personas, y siguió haciéndolo durante treinta años. En esta maravillosa exposición donde podemos admirar piezas que van desde finales de los cincuenta a principios de los ochenta, el equilibrio reside en la aparente vivacidad de los animales y el material del que están hechos, madera, barro y bronce. Puede que tarden ustedes un par de segundos en ver que un ensamblaje de bloques de madera pintados de naranja es un gato tumbado de espaldas con las patas al aire. Y este gato totalmente artificial da la impresión de estar vivo, lo que divierte, pero también asombra”.

Gato sentado (1988)

 

Gato tumbado

Otra crítica publicada el 17 de mayo de 2012 en la revista City Arts fue incluso más entusiasta: “Las esculturas de Anne Arnold expuestas en la Alexandre Gallery son magistrales, inteligentes, matizadas y llenas de humor. Cabe preguntarse por qué han transcurrido 24 años desde la última exposición en solitario de la artista”. Y sigue diciendo: “Las personas que no se quedan prendadas instantáneamente de las obras de Anne Arnold deberían preguntarse si están vivas y si no han perdido el sentido del humor”.

León

 

Quijote

Anne Arnold esculpió y pinto muchos animales, cerdos, conejos, camellos, caballos, puercoespines y gatos. Quizá estos últimos no fueran los que más reprodujo, pero sí podemos estar seguros de que los amaba. Basta con ver las fotos incluidas en esta entrada para darse cuenta. Reprodujo a Christy, a la que vemos con ella en 1987, en varias ocasiones. También está la maravillosa foto del gato Stubbs con un conejo, pero probablemente la que más demuestre su afecto por los gatos es una de 2001, realizada en su piso de Nueva York, donde se la ve sentada con un gato en el regazo al lado de su compañero Bob Brooks, ambos rodeados de esculturas de Anne.

La artista falleció de causas naturales pocos meses después de su tercera exposición en solitario, el 20 de junio de 2014 a los 89 años.


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Los gatos de Ylla, la fotógrafa de animales

En palabras del fotógrafo Charles Rado, fundador de la agencia Rapho en París, Ylla fue “una de las fotógrafas de animales más hábiles y entregadas; eran su vida, los amaba a todos”. Y según un artículo de la revista The New Yorker publicado el 14 de febrero de 1942, con ocasión de una exposición en la galería Weyher que incluía 29 fotografías de Ylla, “nunca ha fotografiado a un ser humano”. El artículo también indica que la fotógrafa usaba una Rolleiflex con una velocidad de exposición de 1/100 en interiores y 1/300 en exteriores.

Pero ¿quién fue la mujer que dedicó su vida a fotografiar animales de todo tipo, gatos, perros, ratones, serpientes, pájaros, animales de granja, en la selva? Daba igual mientras fuera un animal.

Retrato de Ylla, por Ergy Landau

Camilla Koffler nació en Viena el 16 de agosto de 1911 de madre serbia y de padre rumano, ambos de nacionalidad húngara. Durante la Primera Guerra Mundial viajó a pie entre Hungría, Rumanía y Yugoslavia, con las joyas de la familia cosidas en el cuello de piel del abrigo de su madre y dinero metido en sus zapatos. En 1919 ingresó en un internado alemán en Budapest, donde permaneció seis años. Se reunió con su madre en Belgrado y estudió escultura con Petar Palavičini en la Academia de Bellas Artes. Al descubrir que Camilla significaba “camello” en serbio, decidió cambiarse el nombre a Ylla. Su interés ya quedó patente realizando un bajorrelieve con animales y por su empeño en encontrar hogares para gatos y perros abandonados.

Se trasladó a París en 1931 para estudiar en la Académie Colarossi, mientras trabajaba como ayudante y retocadora para la gran fotógrafa húngara Ergy Landau, lo que la impulsó a dejar la escultura por la fotografía. Al año siguiente, durante unas vacaciones en una granja de Normandía, hizo fotografías de animales. Ergy Landau, al descubrirlas, se quedó impresionada y le organizó una exposición en la Galería de la Pléiade que fue todo un éxito, animándola a abrir un modesto estudio dedicado a la fotografía de animales.

Landau la introdujo en el entorno artístico de Montparnasse y conoció a Charles Rado, que empezó a hacerle publicidad para que tuviera encargos de editoriales.

Sus fotografías aparecieron en varias ediciones anuales de “Photographie”, en Francia, y de “Lilliput”, en Inglaterra. Publicó dos pequeñas colecciones de fotografías de gatos y perros en 1937, a las que siguió un año después su primer libro de importancia, “Petits et grands” (Pequeños y grandes), editado inmediatamente en Inglaterra y Estados Unidos. Ese mismo año colaboró con el biólogo Julian Huxley en su libro “Animal Language” (Lenguaje animal).

La Segunda Guerra Mundial y la invasión nazi interrumpieron momentáneamente su trabajo. Consiguió un visado para Estados Unidos con la ayuda del periodista Varian Mackey Fry, que logró salvar a numerosos judíos y militantes antinazis desde Marsella. Emigró a Nueva York en 1941; poco tiempo después abrió un estudio y reanudó su colaboración con revistas, zoológicos y editoriales.

Entre 1944 y 1954 publicó diez libros, entre ellos el clásico “Animals”, con un texto de Julian Huxley, titulado en francés “Des bêtes…” y acompañado por un poema de Jacques Prévert. Algunos libros suyos estaban destinados a niños, y dos de ellos, “The Sleepy Lion” (El león dormilón) y “Two Little Bears” (Dos ositos), se convirtieron en clásicos y fueron traducidos a numerosos idiomas.

Por Marie Dormoy, prefacio de Paul Léautaud

En 1948 se publicó “Le chat Miton” (El gato Miton), con texto de Marie Dormoy, una introducción de Paul Léautaud (https://gatosyrespeto.org/2017/09/28/300-gatos-y-paul-leautaud/) y fotos del gato Miton – el gran amor de Marie Dormoy – realizadas por Ylla. Queda pendiente una entrada acerca del libro si conseguimos encontrar bastante información.

Viajó a África por primera vez en 1952, recorriendo Kenia y Uganda durante tres meses para fotografiar animales salvajes en su entorno que formarían parte de su libro “Animals in Africa” (Animales en África), con texto del paleoantropólogo Louis Seymour Bazett Leakey. Hasta entonces había trabajado con animales en zoos, pero al descubrir la emoción de fotografiarlos en su entorno natural, jamás volvió a fotografiar a uno en cautividad.

El director de cine Jean Renoir la convenció para que viajara a la India, por lo que Ylla mandó una copia de “Animales en África” al maharajá de Mysore, que la invitó a presenciar el festival Dasara en 1954. Unos meses después, el maharajá de Bharatpur la invitó a otro festival. El 30 de marzo de 1955, mientas fotografiaba una peligrosa carrera de carros tirados por novillos subida a un todoterreno, se cayó y sufrió una herida mortal.

Las fotografías realizadas en India fueron publicadas en dos libros, “Animals in India” (Animales en la India) y “The Little Lion” (El pequeño león). Además, el interés generado por su trabajo permitió a Charles Rado, antes de fallecer en 1970, realizar otras siete colecciones de fotografías de Ylla.

Hablando de su gran amiga Ylla, Julian Huxley dijo: “Creo que nadie ha fotografiado animales como ella. Era muy especial porque en sus fotos captaba una cualidad esencial de los animales, algo que fotógrafos más ortodoxos tienden a ignorar al esforzarse en obtener una representación más realista y compleja”.

Ylla no tenía familia y legó sus bienes y todo su archivo fotográfico, este último bajo la supervisión de Charles Rado, a Pryor Dodge, que se convertiría en un gran coleccionista, hijo de su mejor amigo, el bailarín y coreógrafo Roger Pryor Dodge.

Su vida inspiró al director y productor Howard Hawks para la película “Hatari!” (1962), interpretada por John Wayne y Elsa Martinelli. El cortometraje “Les pigeons du square” (Las palomas de la placita), de Jean Painlevé, está dedicado a su memoria.


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Los gatos del grafitero C215

El grafitero C215, de verdadero nombre Christian Guémy, centra su arte en retratar a personas mayores, refugiados, mendigos, seres que viven en la calle y suelen ser ignorados. Entre ellos se encuentran los gatos. Probablemente sea

C215, junio de 2015

el artista callejero que más gatos haya pintado hasta la fecha. Los ha reproducido en el mundo entero sin limitarse a fachadas, también decoran buzones, puertas, esquinas recónditas, armarios eléctricos, así como numerosos objetos reciclables.

Nació en 1973 en Bondy, un pueblo al noreste de París. Al fallecer su madre cuando solo tenía seis años, le criaron sus abuelos y estudió en un colegio católico. Posteriormente se licenció en Historia, además de obtener un máster en Historia de la Arquitectura y otro en Historia del Arte en la Sorbona. Empezó trabajando como encargado de diseño en una empresa de muebles, antes de ser responsable del departamento de exportación en una compañía textil y acabar en una empresa financiera.

No realizó sus primeras obras hasta 2006, cuando ya había cumplido los 30 años. En el verano de 1989, a los 15 años, hizo algún que otro grafiti, pero enseguida lo dejó al no sentirse parte del movimiento hip-hop.

Alemania

En 2006 se instaló en Vitry-sur-Seine, donde empezó trabajando con la técnica del estarcido y se unió a la asociación M.U.R., acrónimo de Modulable, Urbano y Reactivo, y que significa “pared” en francés. El uso de plantillas le permitía trabajar rápidamente en lugares prohibidos, aunque actualmente, al ser conocido en todo el mundo y hacer algunos trabajos de encargo, también usa esprays.

En octubre de 2014 viajó a La Valeta, Malta, para visitar la concatedral de San Juan y ver el cuadro “La decapitación de San Juan Bautista”, de Caravaggio. Aprovechó para dejar varios ejemplos de arte callejero diseminados por la capital, pero Maltapost, o Correos de Malta, borró los dibujos al cabo de pocos días, lo que fue muy criticado por varias personalidades maltesas, el alcalde Alexei Dingli entre ellas.

Sus obras pueden verse en Nueva Delhi, Londres, Bristol, Estambul, Roma, Barcelona, Ámsterdam, Bristol, Oslo, Sao Paolo, Puerto Príncipe, Fez, Casablanca y otros lugares de Marruecos. Ha expuesto en solitario en museos y galerías de Europa desde 2009, concretamente en la galería Montana de Barcelona en 2012 y más recientemente, en 2015, en el Museo de Artes y Oficios de Montpellier, y del 7 de julio al 16 de septiembre de este año, en el Ayuntamiento del distrito XIII de París.

En abril de 2013 pintó un asombroso mural de 25 metros de altura representando un gato en la fachada lateral de un edificio del bulevar Vincent Auriol de París. El Ayuntamiento del distrito, que ya había encargado obras a famosos artistas callejeros como Shepard Fairey e Inti, entre otros, consideró que había llegado el momento de hablar con C215. En una entrevista dijo: “Decidí hacer un gato sencillo, me gustan las cosas sencillas. Es mi estilo de vida. Quería que el gato se convirtiera en el gato del barrio, que la gente se sintiera feliz al descubrirle saliendo del metro, que le quisieran. Ojalá pronto empiecen a decir: ‘Quedemos donde el gato'”.

 

Pero ¿qué le empujó a escoger un gato para este enorme mural? “Porque el gato simboliza la libertad y todo artista busca la libertad”. Añade que pintar en público, con varios fotógrafos plasmando la “performance”, no le pareció una experiencia de lo más interesante: “El grafiti no es una performance. Personalmente, prefiero ver a gente bailando o tocando música en vez de a alguien pintando una pared”, explica. “Pinto para mí mismo, aunque también para otros. Cuando pinto, no estoy en ninguna parte, no me fijo en lo que pasa a mi alrededor. Por eso prefiero hacer cosas más pequeñas, a escala humana, porque solo necesito centrarme durante unos minutos, y en ese espacio temporal estoy totalmente solo”.

Un mes después, en mayo de 2013, el artista volvió a pintar un gato de grandes dimensiones en la pared lateral de un edificio en Bristol, pero no hemos podido encontrar más información. Viendo el edificio, parece ser un gato más pequeño que el parisino.

En junio de 2014, la galería parisina Itinerrance, que representa a C215, lanzó una invitación a artistas callejeros del mundo entero para que se trasladaran al pueblo tunecino de Erriadh, en la isla de Djerba, para realizar 250 obras originales. El acontecimiento, llamado “Djerbahood”, equivale a un museo de arte callejero concebido de acuerdo con las normas clásicas de un museo en cuanto a luz, escenografía y recorrido. C215 participó con varias obras de las que incluimos dos gatos.

Además de gatos y algún que otro animal, C215 realiza retratos, y uno de sus modelos favoritos es su hija Nina, que empieza a darse a conocer en el mundo del arte callejero.

El 4 de enero de 2016, y mediante la técnica del estarcido, el artista realizó un doble retrato del policía Ahmed Merabet, abatido al enfrentarse a los asaltantes de la revista Charlie Hebdo. Fue un encargo del comandante Stéphane Motel, de la comisaría a la que pertenecía Ahmed Merabet. C215 hizo los dos retratos delante de la familia del policía y de unas cien personas; el primero representa a Ahmed de frente, con gesto solemne, mirando hacia el lugar donde cayó, y en el segundo se le ve de perfil, sonriente, vuelto hacia la calle.

Casablanca

Hablando de su trabajo, C215 dice: “Al fin y al cabo, detrás de los retratos siempre están la libertad y la dignidad frente a un sistema capitalista que nos aplasta día a día”. Dibuja todas sus plantillas, y cuando trabaja en su estudio de París es raro el día que no añade otras a la colección. Con un estilo único, está entre los grandes artistas grafiteros actuales.


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El gato Jones, Bob Dylan y Franco Matticchio

Gato en Mac

El gato Jones nació en 1985 y Franco Matticchio, su creador, se inspiró en una canción de Bob Dylan, “Ballad of a Thin Man” (Balada de un hombre delgado), del álbum de 1965 “Highway 61 Revisited”. En este tema se habla de un tal Mr. Jones, que hizo correr mucha tinta, pero nadie supo nunca a ciencia cierta quién era. Desde 1985 a 1992, Mr. Jones apareció regularmente en las viñetas de “Linus”, el famoso cómic italiano ahora desaparecido. A principios del verano de 2016, el autor publicó en Italia una recopilación de las numerosas aventuras de Mr. Jones y unas cuantas nuevas bajo el título de “Jones e altri sogni” (Jones y otros sueños).

Franco Matticchio está empeñado en dejar muy claro que Mr. Jones no es un gato. A pesar de llevar un parche en el ojo izquierdo, tampoco es un pirata. Viste camisa, tirantes y pantalón. Le gusta leer el periódico sentado en una confortable butaca delante de la chimenea encendida. Cuando no lee el periódico, suele tener las manos en los bolsillos y adoptar una actitud que va del más resignado asombro a la total decepción. Sale de paseo, dormita en prados, sueña mucho, juega al ajedrez; en otras palabras, lleva una vida de lo más normal, pero el mundo que le rodea parece poblado por criaturas inverosímiles, otros animales antropomorfos como él o mucho más realistas, y objetos con voluntad propia.

El gato Jones, que no es un gato, vive en un universo surrealista donde las almohadas huyen de las camas, el sol sale con estruendo, brotan los estampados de flores de las camisas y ocurren otras muchas cosas alucinantes. Él lo observa todo con gesto de incredulidad: su ojo se abre cada vez más, su boca forma una eterna “o” de asombro, recordándonos el estribillo de la canción de Bob Dylan:

Because something is happening here                       Porque algo pasa aquí,
But you don’t know what it is                                       pero no sabe usted el qué,
Do you, Mister Jones ?                                                  ¿verdad, Mr. Jones?

El padre de Mr. Jones es Franco Matticchio, un dibujante de cómic e ilustrador italiano nacido en Varese, que empezó trabajando en el periódico Corriere della Sera en 1979. Su primera colaboración con la revista Linus fue en 1986 y sus viñetas no tardaron en tener numerosos seguidores. A partir de este momento empezaron a aparecer dibujos suyos con regularidad en revistas como King, Linea d’Ombra y El Grifo. En 1987 publicó el libro “Sensa senso” (Sin sentido) con algunas historietas de Mr. Jones.

Al año siguiente ganó el primer premio de la iniciativa lanzada por la ONU “Cartoonists Against Drug Abuse” (Dibujantes cómicos contra las drogas). Fue el autor del storyboard y de los dibujos de una película publicitaria de animación para la asociación medioambiental Legambiente, ganadora del Premio al Mejor Film Publicitario en el Festival Internacional de Animación de Annecy en 1993. A continuación diseñó la secuencia de animación con el solitario bull terrier al principio del largometraje “El monstruo”, de Roberto Benigni.

Día de tren

The New Yorker le encargó una portada en 1999. Colabora habitualmente con la editorial Giulio Einaudi y en 2011 su obra se expuso en la Biennale de Venecia.

El peso pesa

 

El sueño de Mr. Jones

Mr. Jones quizá sea el más famoso, pero no es el único gato que aparece en las viñetas de Franco Matticchio, como se ve en las que incluimos en esta entrada. Además de gatos, el mundo de Matticchio está poblado por otros animales y personajes, entre ellos un extraño elefante que hace toda suerte de cosas con su trompa o un hombre cuya cabeza es un globo ocular. Todos viven en un mundo con fuertes reminiscencias de Magritte e incluso de Max Ernst donde abundan las pesadillas. Los dibujos del artista son ingeniosos, elegantes, llenos de fantasía, pero también muy sombríos y enigmáticos. El autor inventa personajes tan impredecibles como su entorno y suele colocarlos en situaciones más que inesperadas.

Mr. Jones

 

Gato y cortina lectora

La habilidad de Franco Matticchio radica en saber equilibrar la inquietud y lo escalofriante con el humor. Aunque las aventuras de Mr. Jones y otros no tienen un fin muy definido, el autor estructura la pequeña historia para comunicar emociones en medio de coyunturas imposibles de creer.

Sensa senso y Mr. Jones

Mr. Jones no entiende lo que pasa, se sorprende, pero no se inmuta y sigue viviendo en una realidad aparentemente normal si no fuera porque su almohada tiene tendencia a volar.