Gatos y Respeto

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Gatos y cementerios

Hay unos cuantos cementerios famosos en el mundo y muchos de ellos tienen una importante población de gatos, por ejemplo La Recoleta de Buenos Aires, los cementerios del Père Lachaise y Montmartre de París, y el Highgate de Londres. También se aventuran en los pequeños cementerios ingleses, japoneses y españoles, aunque no sean tan conocidos como los anteriores. Los cementerios gustan a los gatos sencillamente porque son sitios tranquilos, silenciosos y suelen tener bastantes recovecos donde esconderse.

La Recoleta (Buenos Aires)

La Recoleta

El magnífico cementerio de La Recoleta fue creado en 1822 y abarca más de cinco hectáreas y media en el barrio del mismo nombre. Tiene unas 4.800 tumbas entre las que se reparten sus numerosos gatos. Dos veces al día, siempre a la misma hora, varias voluntarias aparecen con la comida, que consiste en latas y unos veinte kilos de pienso diario, para alimentar a varias colonias, aunque es casi imposible saber realmente cuántos gatos viven en La Recoleta. Algunas mujeres hablan de ochenta, otras de cien. Son colonias controladas y la mayoría de sus miembros están esterilizados, a excepción de los recién abandonados. Al parecer, algunos bonaerenses dejan sus mascotas allí cuando se cansan de ellas. Las cuidadoras aceptan donaciones, pero costean la mayoría de gastos veterinarios y de comida porque “somos amantes de los gatos”.

El Père Lachaise (París)

El Père Lachaise

Cruzamos el océano de un salto para llegar al más famoso de los cementerios parisinos y quizá del mundo, el Père Lachaise, al que acuden unos tres millones y medio de visitantes anualmente. El cementerio ocupa unas diecisiete hectáreas y fue construido en 1803 siguiendo el plano de un jardín al estilo inglés, con avenidas bordeadas de árboles y plantas. Es uno de los pocos que tienen una zona reservada para entierros musulmanes y otra para judíos. Se calcula que habrá unos trescientos gatos y, como siempre, los alimentan almas generosas que aparecen empujando carritos de la compra repletos de comida.

El Père Lachaise

El cementerio está dividido en barrios y cada grupo de voluntarios tiene “su barrio”; a uno le toca entre Chopin y Molière hasta Piaf, por ejemplo, porque no se han molestado en aprenderse el nombre de las calles. Se ubican por los famosos enterrados allí y también por los nombres de algún gato que hizo historia o de uno realmente excepcional por ser enorme, de un color increíble… Algunos voluntarios van a diario, otros, de vez en cuando y también están las asociaciones para la protección de los animales que se dedican a esterilizarlos.

Montmartre

Montmartre (París)

Montmartre

También en París, nos trasladamos al cementerio de Montmartre, inaugurado en enero de 1825. Ocupa unas diez hectáreas, y a pesar de ser menos conocido, su nombre está ligado a los gatos. No sabemos cuánto hace que se instalaron, pero en los años setenta había muchos, muchísimos sin esterilizar y eran la pesadilla de los guardas del camposanto así como de los servicios sanitarios del Ayuntamiento. En 1977, este último decidió organizar una operación de captura y eutanasia, pero unas cien personas del barrio se interpusieron y formaron una asociación que se convertiría en la famosa “Ecole du Chat” (La escuela del gato). Al año de su creación capturó, esterilizó y volvió a soltar al primer gato. La historia sigue hoy en día con 150 voluntarios dedicados a alimentar y a construir refugios para los gatos.

Highgate (Londres)

Highgate

Damos otro salto, este mucho más pequeño, por encima del Canal de la Mancha y llegamos a un cementerio increíble, el Highgate de Londres. Es el cementerio romántico por excelencia, con criptas medio en ruinas, yedra y ajos silvestres creciendo por todas partes. Creado en 1839, contiene unas 53.000 tumbas y criptas, entre ellas las de Karl Marx y George Michael. Ninguna colonia de gatos reside allí, aunque unos pocos pasean por el cementerio. Lo mencionamos aquí por la tumba de Ana Clare Bootle, que falleció mientras dormía a la edad de 31 años en 1985. La lápida que marca su tumba es la estatua de un gato dormido en un cojín en la que puede leerse “The beautiful cat endures” (El hermoso gato perdura), quizá una referencia a la inscripción en una piedra conmemorativa de 3.000 años de antigüedad encontrada en Tebas que reza: “El hermoso gato perdura y perdura”.

El gato Barney

Ya que estamos en Inglaterra, hablaremos de Barney, un gato pelirrojo que vivió 20 años en el cementerio de la iglesia de Saint Sampson, en Guernsey. Sus dueños residían al lado de la iglesia, pero cuando se mudaron unos kilómetros más allá, decidió regresar y se instaló en el camposanto. El sacristán cuidó de él, le hizo un refugio y Barney empezó a recibir a la gente que iba al cementerio. Barney murió el año pasado y el pueblo se puso de acuerdo para que fuera enterrado en el lugar que él había elegido para vivir.

Cementerio General (Valencia)

Cementerio General (Valencia)

De Inglaterra a España, y concretamente al Cementerio General de Valencia, fundado extramuros de la ciudad en 1807, donde habitan unos 300 gatos, alimentados y cuidados por voluntarios, una decena de jubilados y parados. En 2016 solicitaron reunirse con el Ayuntamiento para conseguir una ayuda, aunque fuese mínima. Isabel Esteve, profesora jubilada de Historia, cuenta que hace 20 años, cuando comenzaron este trabajo, apenas había unos 80 felinos, pero por la falta de control y porque algunas personas abandonan a camadas enteras en el cementerio, se ha convertido en la mayor colonia de la ciudad.

Cementerio de los Poetas (Roma)

Estamos seguros de que existen muchos más cementerios, grandes y pequeños, famosos o no, que albergan colonias de gatos. Parece ser que también hay un santuario felino en el famoso Cementerio “Acatólico” o de los Poetas en Roma, pero no hemos podido encontrar nada definitivo.

Cementerio de los Poetas

Tampoco es sorprendente que el cementerio de Yanaka, en Tokio (https://gatosyrespeto.org/2014/10/07/yanaka-un-barrio-de-gatos-en-tokio/), esté lleno de gatos, ya que el barrio es conocido, entre otras cosas, por sus felinos.

Cementerio de Yanaka

Yanaka

No podemos dejar de mencionar el cementerio de Charleston, Carolina del Sur, en el que supuestamente se ven fantasmas además de gatos.

Charleston (EE UU)

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Gatos siameses, sintetizadores y Wendy Carlos

En 1968, Wendy Carlos reconstruyó electrónicamente en un sintetizador Moog los seis Conciertos de Brandenburgo de Johann Sebastian Bach, dando lugar al famosísimo álbum platino “Switched-On Bach”, ganador de tres premios Grammy. El mundo descubrió que los sintetizadores eran instrumentos musicales y no solo extrañas máquinas con las que unos investigadores sacaban curiosos sonidos en estudios.

Wendy Carlos nació el 14 de noviembre de 1939 en el seno de una familia de clase trabajadora en Pawtucket, Rhode Island. Su madre tocaba el piano; un tío, el trombón, y otro, la trompeta y la batería. Empezó a estudiar piano a los seis años y compuso su primera pieza a los diez. A los catorce ganó una beca por haber construido un ordenador casero.

Nago

Se licenció en Música y Física en la Universidad Brown en 1962. Mientras trabajaba como editora en Gotham Recording, se hizo amiga de Robert Moog, el inventor del sintetizador del mismo nombre, y acabo siendo una de sus primeras clientas, además de influenciarle, ayudarle a refinar sus aparatos y convencerle de que cambiara los teclados para conseguir mayor sensibilidad.

Pandora y la impresora

 

En 1971 compuso y grabó varios temas para la banda sonora de la película “La naranja mecánica”, de Stanley Kubrick, como su reinterpretación de la “Sinfonía fantástica” de Berlioz usada en la escena del principio. Volvió a colaborar con el realizador en la música de “El resplandor”. Walt Disney le encargó varios temas para la primera entrega de “Tron” en los que incorporó una orquesta y un coro, así como varios sintetizadores analógicos y digitales.

Pica jugando

Uno de sus álbumes más influyentes es “Digital Moonscapes”, donde exploró por primera vez la posibilidad de trabajar con una orquesta digital, además de experimentar con el órgano del Royal Albert Hall. El disco está inspirado en las principales lunas del sistema solar, y añadiremos que Wendy Carlos es una consumada fotógrafa de eclipses de sol.

Pica

 

Subi a los 18 años

Además de una precursora de la música electrónica, por algo la llaman “la madrina de los sintetizadores”, también es una apasionada de los gatos siameses. Sus primeros gatos fueron Nago, su madre Pica y su primo Subi, el mayor de los tres. Creó una maravillosa web (http://www.wendycarlos.com/photos2.html#critters) en la que dedica secciones a sus gatos, sus perros y, claro está, a todos sus sintetizadores. Describe con mucha emoción la muerte de Pica a los quince años, y de Nago, que se fue demasiado joven. Sin embargo, Subi (Subito) vivió hasta los veinte años. Después de Nago llegó Pandy (Pandora), una siamesa Chocolate Point como Pica, muy inteligente, despierta e interesada en todo, y al poco, Charly, que ya tenía cinco meses y no era muy listo. Pero eso tiene una explicación: Charly, un siamés de marcas perfectas, había sido comprado por una pareja que no tenía ni idea de gatos y les pareció demasiado activo. Cuando llegó al loft de Wendy, tenía mucho miedo y no dejaba que nadie le tocara.

Subi

Como se ve en las fotos, los gatos pueden pasearse por el estudio de Wendy Carlos, tumbarse en cualquier aparato y, por lo que dice, interrumpirla cuando quieren para pedir caricias. En una de las fotos, probablemente realizada a finales de los setenta, está delante de un sintetizador de doble teclado y se ve un loro encima de uno de los monitores. La última entrada en la web es de 2008, Charly acababa de cumplir diez años. Desde entonces no ha vuelto a publicar noticias de Pandy y de Charly.

La compositora no nació llamándose Wendy, sino Walter. A los seis años estaba convencida de que era una niña y no entendía por qué todo el mundo a su alrededor se empeñaba en vestirla y tratarla como a un chico.

Walter Carlos

Al trasladarse a Nueva York en los sesenta, se enteró de que era transgénero y comenzó un tratamiento hormonal a principios de 1968 que fue cambiando su aspecto físico. Siempre que debía aparecer en público, en una actuación en directo o en televisión, se maquillaba, sombreándose las mejillas y la barbilla para aparentar tener barba y se ponía una peluca de hombre. Gracias al enorme éxito de “Switched-On Bach”, pudo someterse a una operación de cambio de sexo en mayo de 1972; sin embargo, durante toda la década de los setenta siguió publicando álbumes bajo el nombre de Walter Carlos.

Trío de gatos

Por fin desveló su secreto en una serie de entrevistas realizadas por Arthur Bell entre diciembre de 1978 y enero de 1979 para el número de mayo de la revista Playboy. En 1985 habló de su transición: “El público demostró una tolerancia asombrosa, o quizá era mera indiferencia… Nunca fue necesario que yo montara semejante farsa. Perdí años de mi vida”.

Publicó su primer álbum en 1968, “Switched-On Bach”, y el decimotercero en 1995, “Tales of Heaven and Hell”, además de cinco recopilaciones, la última en 2005.

 


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El gato Miton y Marie Dormoy

Hace poco publicamos una entrada acerca de Ylla, la fotógrafa de animales (https://gatosyrespeto.org/2017/10/26/los-gatos-de-ylla-la-fotografa-de-animales/), donde mencionábamos un libro dedicado al gato Miton con fotos suyas y prólogo de Paul Léautaud. Miton era el gato de Marie Dormoy, que le dedicó este pequeño libro de 27 páginas, publicado en una tirada de 150 ejemplares numerados por la Editorial Spirales de París en 1948, dos años después de la muerte de su protagonista.

Comiendo hierba en el balcón

 

Cuando la nevera no está bien cerrada

En el prefacio, Léautaud relata cómo Miton llegó a casa de Marie Dormoy con tres meses y fue inmediatamente depositado en el sofá. “Creció como crecen los gatos, descubrió uno a uno todos los detalles de la existencia de un gato y no tardó en hacerse con el piso de su dueña. A fin de cuentas tuvo una vida feliz, si un gato, yo mismo lo reconozco, puede tener una vida feliz después de librado, mediante una operación, de las ocupaciones del amor – y también de sus peligros, es verdad – y de la libertad”.

El libro

 

Encuentra algún resto

Cada verano, cuando Marie Dormoy se iba de vacaciones, Miton era trasladado a la casa de Léautaud, rodeada por dos mil metros cuadrados de jardín agreste lleno de árboles, y poblada por unos veinte o veinticinco congéneres gatunos. Su dueña le prohibía a Léautaud soltarlo en el jardín, por lo que ataba a Miton a un poste con tres o cuatro metros de cuerda que le permitía trepar al árbol más cercano. El escritor cuenta que Miton, un gato burgués, era de lo más sociable con los otros gatos, todos recogidos en la calle. Incluso la mona – Léautaud había recogido a una mona – se llevaba a las mil maravillas con él.

Miton era hijo de una princesa persa carey y de un callejero negro, dueño y señor de los jardines del Trocadero. La gata persa, llamada Hortense, vivía en un hogar rico, pero se escapó y eligió la casa de una portera de la calle Franklin. Devuelta a sus legítimos dueños, volvió a fugarse y a refugiarse en la portería. Efectivamente, la libertad de que disfrutaba en un edificio de nueve pisos, con escaleras, patio y acceso directo a la calle, no era comparable a un piso, por muy amplio y lujoso que fuera. Dio a luz a dos bolas peludas, una gris y otra dorada. La bola dorada era Miton, trasladado en una sombrerera desde la portería al piso de Marie Dormoy.

Esperando que le abran la puerta

A primera hora de la mañana, Miton exigía que se le abriese la puerta del balcón para ir a mordisquear su tiesto de hierba. Daba igual que Marie estuviese dormida, se encargaba de despertarla. A continuación reclamaba el desayuno, pero si primero encontraba el bol de leche de su dueña, no dudaba en hacerlo suyo. Si un armario se quedaba abierto, inspeccionaba el contenido con paciencia y tiraba al suelo lo que le molestaba hasta hacerse un hueco a su gusto.

Haciendo uso de la pata derecha

Marie Dormoy le acostumbró a viajar. Incluso le llevó a Vichy a tomar las aguas, algo muy de moda en aquella época. Parece ser que se hizo famoso entre los bañistas al llegar cada mañana a las fuentes donde también bebía el agua bienhechora. La acompañó cuando huyo de París ante la llegada de los alemanes y regresó a la capital con la firma del armisticio. Miton era amable con los amigos de Marie, pero si esta cambiaba de opinión, Miton se volvía arisco y los ignoraba. Cuánta razón tenía Marie Dormoy al decir: “Divino instinto de los animales, prueba innegable de su afecto”.

El gato Miton murió el 14 de marzo de 1946 a la edad de dieciséis años. Marie Dormoy y Paul Léautaud lo enterraron en el “Parque de los lobos”, la casa que el escritor Chateaubriand compró a las afueras de París cuando Napoleón le prohibió residir en la capital.

El parque donde está enterrado Miton

Pero hablemos de Marie Dormoy, una mujer desconocida que tuvo una gran importancia en las letras francesas. Nació el 3 de noviembre de 1886 y a los 15 años se enamoró del compositor Lucien Michelot, uno de los primeros accionistas de la revista literaria Mercure de France, que le comunicó el amor por la música y la literatura. En 1921, cuando ya tenía 35 años, conoció al arquitecto Auguste Perret y se convirtió en su amante. Empezó a escribir muy buenos artículos sobre arquitectura, y uno de ellos, publicado en 1922 en Mercure de France, propició su encuentro con Paul Léautaud, que acababa de sacar a la luz un extracto del “Journal” (Diario) en la revista. A partir de ese momento, Marie Dormoy consagró su vida a la enorme obra que representaba el “Journal”.

Marie Dormoy y el gato Miton

Obtuvo el Premio Langlois de la Academia Francesa en 1927 por su traducción íntegra de “Cartas de Miguel Ángel”. En 1924, el modisto y mecenas Jacques Doucet la contrató como bibliotecaria de la enorme colección de manuscritos, correspondencia, volúmenes y archivos que coleccionaba, puesto previamente ocupado por André Breton. Unos años después de fallecer Doucet, fue la primera conservadora de la Biblioteca Literaria Jacques Doucet, legada a la Universidad de París, desde 1932 a 1956.

Marie Dormoy y Paul Léautaud

A partir de 1930 trabajó como secretaria del famoso marchante de arte Ambroise Vollard – a quien también le gustaban los gatos – hasta la muerte de este en 1939. La relación amorosa con Léautaud empezó en 1933. Formaban una pareja dispar; Marie era una apasionada de los conciertos y del teatro, le gustaba salir y cenar con amigos, incluso tenía un coche, algo inusitado para una mujer en aquella época, y Léautaud era un solitario que odiaba la sociedad. Pero les unía la enorme admiración que Marie sentía por los escritos del viejo gruñón y probablemente un profundo amor por los gatos.

Pidiendo comida

Marie Dormoy siempre luchó para salvar el manuscrito del “Journal” y en 1935 consiguió convencer al escritor de que le dejara pasar a máquina varias miles de hojas escritas con pluma de ganso en una letra casi ilegible. En 1940, no solo se encargó de poner a salvo los archivos de la Biblioteca Doucet, sino también el “Journal”, en el castillo de Poligny, en Normandía.

Portada del libro

 

Saciando su sed

Por fin, en 1943 convenció a Léautaud para que vendiera el manuscrito del “Journal”, que llevaba 47 años escribiendo. Su relación con él terminó en 1939, pero siguieron siendo grandes amigos y también consiguió que el escritor aceptara publicar el primer tomo de “El diario literario” en Mercure de France en 1954. El segundo apareció en 1955 y el tercero en 1956, dos meses después de la muerte de Léautaud. Convertida en su heredera universal, dedicó más de nueve años a la publicación de los dieciséis tomos restantes.

Marie Dormoy escribió sus “Memorias”, pero aún no han sido publicadas. Falleció el 5 de mayo de 1974 a los 87 años.


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Los gatos del ladrón de flores, Walasse Ting

Walasse Ting nació en Wuxi, cerca de Shanghái, en 1928, con el nombre de Ding Xiongquan. Pintor, escultor, artista gráfico y poeta autodidacta, empezó pintando siendo muy joven. Él mismo decía que había dibujado su primera libélula a los cinco años y vendido su primera acuarela a los 19. En 1946 fue a Hong Kong, donde empezó a darse a conocer como pintor. Decidió cambiarse el nombre por el de Walasse Ting en 1950 porque, según él, sonaba un poco como Matisse, un pintor al que admiraba mucho, y siguiendo la tradición china adoptó un seudónimo poético con el que firmó todas sus obras a partir de ese día, “El ladrón de flores”.

Llegó a París en 1953 y conoció a los miembros fundadores del movimiento vanguardista CoBrA (por Copenhague, Bruselas, Ámsterdam), Karel Appel, Asper Jorn y Pierre Alechinsky. A finales de los años cincuenta, el epicentro del arte occidental se había trasladado a Nueva York, ciudad a la que se mudó en 1958, relacionándose con artistas expresionistas y pop como Sam Francis, Tom Wesselmann, Andy Warhol y Claes Oldenburg. A principios de los sesenta, Ting y Sam Francis tuvieron la idea de publicar una colección de 68 litografías de los pintores más en boga del momento. El libro, titulado “One Cent Life” (La vida a un céntimo), que incluía poemas de Walasse Ting, salió a la venta en 1964 en una tirada de solo dos mil ejemplares, tuvo un tremendo éxito y actualmente está muy cotizado entre los coleccionistas.

En París había sobrevivido a duras penas, pero en Nueva York le fue mucho más fácil vender sus obras. Allí produjo una serie de cuadros abstractos de colores muy brillantes antes de inclinarse por un estilo más figurativo representando sobre todo a mujeres, flores y animales, y dentro de estos últimos especialmente gatos. Gatos con mujeres, gatos solos, gatos de dos en dos y de tres en tres, gatos rodeados de flores, gatos brillantes de todos los colores, gatos expresivos algo rechonchos que a pesar de ser azules, verdes, amarillos o rojos son auténticos gatos. Incluso sin ver la foto del pintor con su gato blanco y negro en brazos, sabríamos que Walasse Ting los amaba profundamente.

Después de vivir veinte años en Nueva York, se instaló en un espacioso estudio de Ámsterdam. A pesar de haberse ido de China mucho tiempo atrás, solía decir que los árboles y canales de la ciudad le recordaban al Lago Oeste de Hangzhou. Acabó viviendo entre Ámsterdam y Nueva York, y viajando bastante a menudo a Tahití, como Gauguin, en busca de los colores que tanto le gustaban.

Expuso en más de sesenta ocasiones en las grandes galerías y museos del mundo entero. Actualmente podemos admirar sus obras en las colecciones permanentes del Guggenheim y del Museo de Arte Moderno de Nueva York, en el Instituto de Arte de Chicago, en la Tate Modern de Londres, el Centro Pompidou de París y el Museo de Arte de Hong Kong.

El Museo Cernuschi de París inauguró una exposición dedicada al “Ladrón de flores” el 7 de octubre de 2016 que cerró sus puertas el 26 de febrero de este año. En 1970, el artista donó ochenta obras al museo; la colección fue restaurada en años recientes y, después de la retrospectiva realizada por el Museo de Taipéi en 2011 compuesta sobre todo por obras de los años 80 y 90, el Museo Cernuschi quiso mostrar el conjunto de la obra del artista. La mitad de los lienzos expuestos procedía de la colección privada del museo y la otra, de colecciones europeas y estadounidenses.

Quizá lo más notable de la obra de Ting Walasse sea la fuerza y la vitalidad que desprenden sus representaciones, que a veces dan la impresión de querer salir del marco. Quienes le conocieron dicen que era un hombre lleno de energía, de alegría y con un gran sentido del humor.

Falleció el 17 de mayo de 2010, en Nueva York, a los ochenta años.

 


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Los gatos blancos y la sordera

Se sabe que muchos gatos blancos son sordos, incluso hemos oído comentar que todos los gatos blancos son sordos.

Podemos empezar diciendo que solo el 5% de toda la población gatuna es realmente blanca, y que la sordera congénita en gatos no blancos es escasísima. Entre el 1 y el 2% de todos los gatos tienen los ojos azules o de dos colores, y de ellos, si tienen los dos ojos azules, entre el 60 y el 80% son sordos; con los ojos de dos colores, entre el 30 y el 40%. Los gatos blancos con ambos ojos verdes representan entre el 3 y el 4% de la población total, y de estos, entre el 10 y el 20% nacen sordos.

Un gato blanco con ambos ojos azules tiene entre tres y cinco veces más probabilidades de ser sordo, y un gato con un solo ojo azul, el doble de probabilidades. Además, los gatos blancos de pelo largo son tres veces más propensos a sufrir una sordera congénita. Añadiremos que en gatos con ojos de dos colores y con sordera unilateral (de un solo oído), esta suele estar asociada con el ojo azul.

Un gato doméstico sordo no tiene grandes problemas, pero no es así para los que viven en la calle al enfrentarse a mayores dificultades para sobrevivir. Aparte de ser sordo, un gato con ambos ojos azules suele padecer fotofobia, por lo que no soporta la luz brillante y su visión en la oscuridad es reducida.

La sordera en gatos blancos puede ser unilateral o bilateral y es consecuencia de una degeneración del aparato auditivo del oído interno. Esta condición se debe al alelo W de un gen pleiotrópico, es decir, responsable de más de un efecto, concretamente del pelo blanco y de los ojos azules. Los gatitos no nacen sordos, pero al cabo de una semana, el oído interno deja de desarrollarse y sufre alteraciones progresivas. La anomalía no aparece en todos los gatos blancos de ojos azules; en muchos casos, el oído sigue desarrollándose normalmente, o solo se ve afectado uno de los dos oídos.

Los gatos sordos están muy pendientes de las vibraciones transmitidas por el suelo o el aire y se fijan en las reacciones de sus congéneres, que le avisarán de un ruido inhabitual. La comunicación entre gatos se basa más en el olfato (olores y feromonas), así como en señales visuales, por ejemplo las marcas de las uñas que han dejado otros y las actitudes corporales, que por lo que oyen. Un gato completamente sordo no tiene problemas a la hora de relacionarse con otros gatos, sean compañeros, adversarios o retoños, pero no ocurre lo mismo con los seres humanos al tratarse de una comunicación mucho más verbal.

Volviendo a las estadísticas, se sabe que el 40% de gatitos blancos nacidos del apareamiento de dos gatos blancos serán sordos, mientras que la cifra se reducirá al 10% si uno de los progenitores es de otro color. Asimismo, un gatito con ambos padres de ojos azules tiene cinco veces más probabilidades de ser sordo. Aun así, si ambos padres son blancos y con los ojos verdes, el 10% de su progenie será sorda.

Lo curioso es que el alelo W no está relacionado con que el pelo sea largo o corto, pero los gatos blancos de pelo largo tienen más tendencia a ser sordos. La presencia de este gen implica de modo sistemático que el pelo sea blanco, aunque la sordera solo se manifiesta en el 20 o 25% de los gatos. No se sabe a ciencia cierta qué factores modifican la expresión del alelo. Cabe la posibilidad de que un factor medioambiental desencadene el proceso en mayor o menor grado ya que la proporción de gatos blancos difiere según la zona geográfica. También parece que existen factores genéticos capaces de atenuar los efectos del gen W y proteger contra la sordera.

Otra cosa sorprendente es que los gatos de Van, en su mayoría blancos y buenos nadadores, no suelen ser sordos al estar su fenotipo asociado a un gen semidominante llamado “patrón de van”.

 

También están los gatos albinos, que a menudo se confunden con blancos y que tampoco son sordos.

El albinismo, causado por una mutación del gen de la tirosinasa, ocurre en muy pocas ocasiones entre la población felina. Para que un gatito sea realmente albino, ambos padres deben tener el marcador genético albino. El pelo parece blanco, pero los ojos y la piel son diferentes de un gato realmente blanco. Sin embargo, el albinismo parcial es más común de lo que creemos. Así, las típicas marcas de los gatos siameses, burmeses y tonkineses se deben a una herencia genética en parte albina.

La diferencia más importante y más fácil de notar está en los ojos, cuya gama de colores es muy limitada en los albinos por la falta de pigmentación. Los ojos de un gato albino son azules claros, rosados o de un azul rosado, aunque el rosa no puede considerarse un auténtico color. Se debe a los vasos sanguíneos del ojo reflejados por la luz. Lo mismo pasa con la piel; tanto la nariz como el interior de las orejas son de un color mucho más claro de lo habitual.

En muchas ocasiones puede observarse una mancha en la parte superior de la cabeza de los gatitos blancos recién nacidos que desaparecerá a los pocos días. En realidad, este es el verdadero color del gato, que ha sido enmascarado por el gen W al producirse una despigmentación total en el pelaje. En otras palabras, a menos de que un gato blanco sea albino, su color originario no es el blanco.


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Los 19 gatos de Mark Twain

Mark Twain, de verdadero nombre Samuel Langhorne Clemens (30 de noviembre de 1835 – 21 de abril de 1910), fue un hombre peculiar en muchos aspectos y un gran amante de los gatos. Su necesidad de tenerlos al lado era tal que, cuando la familia viajaba, llegaban a pedir gatos “prestados”. En una carta fechada en 1884, el escritor decía: “No hay nada tan valioso en un hogar como un bebé; el hogar de una joven pareja no está completo sin un bebé – un bebé y un gato. Algunas personas desprecian a los gatos y no los consideran esenciales, pero el clan Clemens no comparte esta opinión”.

El Sr. Clemens, según Katy Leary, su criada cuando residían en el 21 de la Quinta Avenida de Nueva York, tenía un gato llamado Bambino. En realidad era el gato de su hija Clara, a la que había hecho compañía mientras estuvo ingresada en una clínica. Cuando por fin Bambino se escapó de su cuarto, no le quedó más remedio que pedirle a su padre que se hiciera cargo de él. El escritor le enseñó a Bambino a apagar una vela que siempre tenía al lado de la cama para encender los puros porque una de las peculiaridades de Mark Twain era pasar gran parte del día en la cama. Parece ser que Bambino esperaba a que inclinara la cabeza dos veces para saltar a la mesilla y apagar la vela con la pata.

Bambino apagando una vela

 

Bambino, foto de Jean Clemens, la hija de Mark Twain

Una noche, Bambino oyó a otros gatos maullar en la parte trasera de la casa y se escapó por la ventana abierta. Todo el mundo le buscó, pero no hubo forma de encontrarle. Al día siguiente, Mark Twain publicó este anuncio en numerosos periódicos: “Un gato perdido – Recompensa de cinco dólares por su entrega a Mark Twain, Quinta Avenida, 21. Grande, de intenso color negro; pelo espeso y aterciopelado; pequeña marca blanca en el pecho, no se distingue bien con luz normal”. Con tal de conocer al autor, una sinfín de personas llamaron a la puerta con un gato negro, pero ninguno era Bambino.

Dos o tres noches después se oyó a un gato maullar en el jardín del vecino y ahí estaba Bambino. Mark Twain se alegró mucho e inmediatamente volvió a publicar una reseña anunciando que su gato había vuelto, pero la gente siguió acudiendo con gatos durante muchos días.

Hablando de Bambino en una carta a su hija Clara, le decía: “Se ha descubierto que si tu gato rehúsa comer carne y beber leche, y se empeña en hacernos creer que vive gracias a una intervención milagrosa, se debe a que caza ratones en sus ratos libres”.

El Washington Post publicó el 26 de marzo de 1905 un pequeño artículo acerca de la cama de Mark Twain. Parece ser que era una cama enorme en la que había depositados toda una serie de objetos, libros, papel y plumas, ropa, cualquier cosa que pudiera hacerle falta. El periodista añadía que en medio de todo reinaba un gato negro de gran tamaño “con muy mal genio. Gruñe, araña y muerde; cuando se harta de destrozar un manuscrito, araña a Mark Twain, que lo aguanta con maravillosa paciencia”.

Despiertos (Elisha M. Van Aken, 1887)

 

Dormidos (Elisha M. Van Aken, 1887)

En un artículo del 24 de diciembre de 1898 publicado en The Rambler, se decía que “ordenaba a los gatos que ‘subieran’ a la silla y todos lo hacían. Entonces les decía: ‘A dormir’. Y se quedaban dormidos hasta que gritaba: ‘¡Despertad!’, y todos abrían los ojos”.

Mark Twain nació muy poco después de que el cometa Halley apareciera en el cielo, y en 1909 predijo que se iría cuando volviera: “Llegué con el cometa Halley en 1835. Vuelve el año que viene. Sería la mayor decepción de mi vida si no me fuera con él”. Efectivamente, falleció de un infarto el día después del regreso del cometa.

Antes de ser escritor, pilotó un barco de vapor por las traicioneras aguas del Misisipi; fue soldado Confederado dos semanas y al poco viajó a Nevada con su hermano Orion; en Virginia buscó plata, pero acabó trabajando para el periódico Territorial Enterprise; recorrió Europa y Oriente Próximo durante dos años. En 1870 se casó con Olivia Langdon, de familia rica y liberal, gracias a la que conoció a abolicionistas, ateos, activistas a favor de los derechos de la mujer y de la igualdad social, como Harriet Beecher Stowe y el socialista utópico William Dean Howells.

La ciencia le fascinaba y fue muy amigo de Nikola Tesla (https://gatosyrespeto.org/2014/09/17/nikola-tesla-y-su-gato-macak/), con el que pasó mucho tiempo en su laboratorio. Patentó tres inventos y uno tuvo un gran éxito: un álbum compuesto por páginas con un adhesivo seco que solo debía humedecerse para pegar papeles y del que vendió 25.000 ejemplares. Se arruinó en varias ocasiones, pero siempre consiguió salir adelante.

Mark Twain con un amigo (Susan B. Durkee)

Pero su gran amor fueron los gatos, a los que decía apreciar más que a los seres humanos: “Si pudiéramos cruzarnos con los gatos, la raza humana mejoraría, pero el gato se deterioraría”. Se sabe que tuvo diecinueve gatos en toda su vida con nombres nada corrientes, entre los que destacaremos Apollinaris (Apolinar), Beelzebub (Belcebú), Blatherskite (Parlanchín), Buffalo Bill, Satan (Satanás), Sin (Pecado), Sour Mash (Malta agria), Tammamy, Zoroaster (Zoroastro), Soapy Sal (Sal la empalagosa) y Pestilence (Pestilencia). No comprendía que alguien no amase a los gatos y decía: “Cuando un hombre quiere a los gatos, soy su amigo y compañero sin necesidad de presentaciones”.

Fue un acérrimo defensor de los derechos de las mujeres; su discurso “Votos para las mujeres”, en el que pedía que pudieran votar, se hizo muy famoso. Se le considera el mayor humorista que jamás ha nacido en Estados Unidos, y William Faulkner le llamó el padre de la literatura estadounidense.


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La vida privada de una gata y Maya Deren

“The Private Life of a Cat” (La vida privada de una gata) es una película muda que incluso carece de música, una pequeña obra de arte con momentos tiernos y otros cómicos. Los protagonistas son “Él”, un gato totalmente blanco, y “Ella”, una gata atigrada que debió tener un antepasado persa. El documental dura exactamente 22 minutos en los que vemos la relación entre Él y Ella, el nacimiento de cinco gatitos (4 blancos y un atigrado) en primerísimos planos, cómo los cuida Ella y la curiosidad de Él. En un momento dado, Ella decide transportar a los gatitos desde la caja donde nacieron a una chimenea que solo sirve de decoración. Durante la mayoría del traslado, Él lo observa todo desde el sofá, intrigadísimo. Un poco después en la película, aunque debieron pasar unos días, Él enseña a los gatitos a trepar. Como siempre en cualquier camada hay uno o dos más listos que los demás. Ella contempla las lecciones de Él a una cierta distancia, casi podría decirse con satisfacción.

La película está firmada por Alexander “Sasha” Hamid, que efectivamente la rodó y se ocupó del montaje final, pero se debe sobre todo a la meticulosa planificación de Maya Deren. Se rodó en 1944 en Nueva York, en el piso donde vivían Maya y Alexander. En los 22 minutos hay poquísimos carteles, aparte del título y de “Él” y “Ella”, podemos leer “Al cabo de dos meses”, “Ella empieza a buscar un lugar para la familia”, “¡Cinco! Ahora la familia necesita comida y descanso”, al que sigue “Al cabo de dos semanas” y finalmente “Un sitio mejor para aprender a andar”. Este es el enlace a la película:  https://www.youtube.com/watch?v=jWQ6Eq_QUfM

Maya Deren, de verdadero nombre Eleanora Derenkowsky, nació en Kiev, Ucrania, el 29 de abril de 1917, hija única de Marie Fiedler y Solomon David Derenkowsky. La familia emigró a Estados Unidos en 1922, y al poco de llegar, el padre acortó el apellido a Deren.

Maya Deren en Siracusa, Nueva York (1926)

Después de estudiar en la Universidad de Siracusa para convalidar su título de psiquiatra, empezó a trabajar en el State Institute for the Feeble-Minded (Instituto Estatal para Débiles Mentales) de Siracusa, estado de Nueva York. Incluimos una foto de Maya a los 9 años con un gato en brazos.

La familia obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1928. Sus padres la mandaron a Ginebra a estudiar en la Escuela Internacional de la Liga de Naciones entre 1930 y 1933. Al regresar a Siracusa, se matriculó en Periodismo y Ciencias Políticas en la universidad, donde conoció a Gregory Bardacke, su primer marido. Se mudaron a Nueva York en 1935 y ambos se involucraron muy activamente en el movimiento socialista. Se divorciaron en 1937 mientras ella realizaba estudios de posgrado.

En 1940 empezó a trabajar como secretaria de la coreógrafa Katherine Dunham, con la que realizó una gira por todo el país. Posteriormente, en 1942, publicó un artículo titulado “La posesión religiosa en la danza” para la revista Educational Dance. Ese mismo año se trasladó a Los Ángeles con su madre. Allí conoció al fotógrafo y director de fotografía Alexander Hackenschmied (conocido en Estados Unidos como Sasha Hammid), que había huido de Checoslovaquia después de la invasión nazi y con quien se casó unos meses después.

Sasha Hammid

Maya Deren siempre quiso escribir y publicaba poemas, ensayos y artículos regularmente. Gracias a su marido descubrió el mundo del cine y no tardó en convertirse en una cineasta vanguardista. Juntos rodaron la experimental “Meshes of the Afternoon”, una película plagada de simbolismos que juega con el presente y el pasado, el espacio, la realidad y la fantasía mientras interpreta un sueño aterrador.

Maya y Sasha

La pareja regresó a Nueva York y Maya siguió experimentando con la imagen. Se la considera una de las personas que más contribuyó al movimiento de cine underground de posguerra. Ante la falta de canales de distribución para sus películas experimentales, decidió alquilar la Provincetown Playhouse, en Greenwich Village, donde proyectó tres de sus películas con un éxito absoluto y llenos totales. Esto la llevó a fundar una empresa de distribución, así como la Creative Film Foundation con el fin de recaudar fondos para cineastas experimentales. En la misma época que rodó la película sobre sus dos gatos, su círculo de amigos incluía a artistas tan influyentes como Marcel Duchamp, André Breton, John Cage y Anaïs Nin.

Maya y Sasha se divorciaron en septiembre de 1947, año en que ella obtuvo una beca Guggenheim para rodar danzas haitianas in situ, algo bastante criticado en su entorno por abandonar el cine de vanguardia y pasarse al documental. Durante los nueve meses de su primera estancia en Haití, se sumergió en los ritmos y rituales del vudú. Regresó en otras tres ocasiones y en total rodó unos seis mil metros de película, pero nunca llegó a montarlos. Escribió un libro sobre sus experiencias en la isla, “Divine Horsemen: The Living Gods of Haiti” (Jinetes divinos: Los dioses vivos de Haití), publicado por Vanguard Press en 1953, considerado uno de los mejores documentos antropológicos sobre este tema.

Rodó once películas experimentales, todas en 16 mm, y solía decir que “ruedo una película con lo que Hollywood se gasta en carmín”. Nunca perdía la ocasión de atacar el monopolio artístico, político y económico que las grandes productoras ejercían sobre el cine.

Teiji Ito y Maya Deren

En 1985, el compositor Teiji Ito, que fue su tercer marido, montó un documental póstumo de 52 minutos con el mismo título que el libro, escogiendo imágenes entre los miles de metros rodados por Maya en Haití.

Maya falleció en 1961, a los 44 años, de un derrame cerebral debido a una malnutrición extrema causada en parte por una larga dependencia a anfetaminas y somníferos recetados por el Dr. Max Jacobson, un médico conocido entre los artistas neoyorquinos que posteriormente fue uno de los doctores del presidente Kennedy.