Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Gatos de Nueva York vistos por Weegee

Gato con periódico

Weegee era el seudónimo de Usher Fellig, nacido el 12 de junio de 1899 en Zolochov, actualmente en Ucrania, pero entonces parte del Imperio austrohúngaro y de la Galitzia de los Cárpatos. En 1909, cuando tenía diez años, emigró con su madre y hermanos a Nueva York siguiendo a su padre, que se había ido un año antes.

Weegee en 1958

Al llegar a la tierra prometida, sin saber una palabra de inglés, se cambió el nombre por el de Arthur y vivió con su familia en el Lower East Side, ahora un barrio ecléctico, pero entonces el hogar de cientos de inmigrantes alojados en edificios insalubres y en pésimas condiciones.

A los 14 años era un chico tímido, torpe, pobre y sin pulir, aunque inteligente, gracioso, ambicioso y decidido a abrirse camino como fuera. Un fotógrafo callejero le hizo un retrato y quedó fascinado al ver el resultado. Él mismo dijo: “Creo que era un fotógrafo innato con ‘hipo’ en las venas en vez de sangre”. (Antes, el tiosulfato de sodio usado como fijador se llamaba hiposulfito sódico).

Dejó el colegio, empezó a trabajar y acabó en el departamento de revelado del New York Times, donde secaba las fotos antes de que pasaran a ser impresas en papel. Los jóvenes dedicados a este cometido eran llamados “squeegee boys”.

Niña con gato en cuna (Aprox. 1940)

Un poco después pasó al departamento de revelado de la agencia Acme Newspictures, especializada en fotografía de prensa. Cuando sus compañeros se enteraron de que había sido un “squeegee boy”, le llamaron así para burlarse. Con el tiempo descubrieron sus impresionantes habilidades técnicas y se convirtió en Mr. Squeegee.

¿Cómo llegó a Weegee? Nadie lo sabe, pero él se hizo llamar “El famoso Weegee”. Algunos dicen que es una deformación de “ouija”, por una especie de sexto sentido que le permitía estar en el lugar donde se cometía un crimen, se declaraba un incendio o había un atropello para sacar la instantánea que vendería a los periódicos. En realidad, llegaba a tiempo por una razón mucho más prosaica.

No tenía poderes mentales, sencillamente pululaba por las comisarías de Manhattan y cuando los policías le conocieron mejor, le permitieron instalar una radio conectada a las comisarías en su famoso Chevrolet, en el que dormía las noches tranquilas (pocas veces), comía y fumaba. Porque había dos cosas de las que Weegee jamás se separaba, su caja de puros y su máquina de escribir.

Weegee en su Chevrolet (1938)

Guardaba la máquina de escribir en el maletero del coche, con todo el material que necesitaba, alguna cámara de recambio y un taburete donde sentarse. Durante muchos años usó una Graflex Speed Graphic, del tamaño de una caja de zapatos, con negativos de 10 x 12 cm. que debían cambiarse cada vez. Era rápida comparada a otras cámaras de la época, pero solo ofrecía una posibilidad para captar la instantánea. Además de rapidez, tenía otra ventaja: estaba sincronizada a un flash que aportaba una gran nitidez a las fotos hechas de noche.

Firmaba las fotos y solía añadirles un título o una pequeña explicación del incidente, lo que equivalía a una noticia concisa. Por ejemplo, en la foto del 2 de marzo de 1942, el pie reza: “Cuando las llamas se apoderaron del edificio de cinco plantas situado en la calle E. Houston, 372, Manhattan, el policía rescató a dos gatitos en el pasillo. Se los entregó a la Srta. Sally Strumfeld, de la calle Delancey, 218, que prometió cuidar bien de ellos”.

No solo tenía un instinto único para estar en el momento oportuno en el lugar adecuado, también sabía componer las fotos como un cuadro. Quizá no se note tanto en las que incluimos aquí, pero merece la pena buscar otras donde realmente se puede apreciar la calidad artística.

Además de las instantáneas, también preparaba alguna que otra fotografía como la de 1938 con las niñas durmiendo en la escalera de incendios durante una ola de calor. Pero lo interesante de la foto es que la mayor sujeta a un gatito. Si a Weegee no le hubieran gustado los gatos, no se le habría ocurrido pedirle a la niña que fingiera dormir con uno.

Ni tampoco habría hecho dos fotos en el famoso Sammy’s Bar, en el Bowery. Si quieren saber más acerca de este bar, vean la entrada donde ya incluimos la misma foto y alguna más (https://gatosyrespeto.org/2020/08/13/los-gatos-de-mcsorley-y-el-pintor-john-french-sloan/).

El 24 de noviembre de 1943, la policía desmanteló el Walsh’s Bar and Grill, en la Décima Avenida, por vender alcohol de contrabando. Se lo llevaron todo, la caja registradora, la máquina de cigarrillos, la de discos y ¡el gato!, tal como describió Weegee en los pies de foto.

“Llovieron gatos y perros” (de la expresión inglesa “It’s raining cats and dogs” cuando llueve mucho). Texto: “Se encontró a la gata Mary con cinco gatitos el 7 de julio. Al día siguiente tenía cinco gatitos y dos perritos, todos mamando. En opinión de los vecinos, la gata dio a luz a gatos y a perros, o aquí pasa algo raro”.

Probó con el 16 mm a partir de 1941 y trabajó en Hollywood desde el año 1946 hasta principios de los sesenta como asesor de efectos especiales. Fue el fotofija de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de Stanley Kubrick (1964), y su marcado acento tuvo mucho que ver con el que adoptó Peter Sellers en la película.

En la década de los cincuenta experimentó con las fotografías panorámicas, a través de prismas, y con la distorsión fotográfica. Para esta última técnica, algunos de sus modelos fueron gatos. En los sesenta viajó a Europa e hizo numerosos retratos de desnudos. También protagonizó el seudodocumental de su vida titulado The Imp’probable Mr. Weegee en el que se enamoraba de un maniquí de un escaparate y lo seguía hasta París mientras perseguía y fotografiaba a diferentes mujeres.

Nadie había sabido plasmar el pulso de la enorme urbe, nadie la había mirado como él. Sus instantáneas, efímeras imágenes publicadas en los diarios y condenadas a desaparecer en horas, se convirtieron en el retrato atemporal de las tripas del Nueva York de los años treinta y cuarenta. Weegee falleció el 26 de diciembre de 1968, a los 69 años, en su ciudad.

Autorretrato


Deja un comentario

Gatos, por el fotógrafo Steve McCurry

Tailandia

Steve McCurry es uno de los fotógrafos contemporáneos más famosos del momento y quizá uno de los que haya vendido más libros en todo el mundo. El último, titulado sencillamente “Animals”, fue publicado en noviembre de 2019 por Taschen en una edición multilingüe.

El libro explora la compleja relación entre los seres humanos y los animales a través de una serie de fotografías con citas de diversos autores. “Quizá ya tuviera la idea de fotografiar animales y personas cuando era un joven fotógrafo. Mi hermana me regaló mi primer libro de fotos, “Son of a Bitch”, una colección de fotos llenas de humor de perros con sus humanos del gran fotógrafo y amigo Elliott Erwitt” (https://gatosyrespeto.org/2020/11/12/los-gatos-del-fotografo-elliott-erwitt/), dijo Steve McCurry en una entrevista. Según él, los animales son totalmente impredecibles y no hacen caso al fotógrafo, convirtiéndolos en uno de sus temas favoritos.

Italia

Birmania

Steve McCurry, nacido el 23 de abril de 1950 en Filadelfia, se dio a conocer con la fotografía “Niña afgana”, realizada en diciembre de 1984 en un campo de refugiados de Afganistán. National Geographic la nombró “foto más reconocida” en la historia de la revista después de aparecer en la portada del número de junio de 1985. La identidad de la chica fue un misterio durante 17 años, hasta que la revista y el fotógrafo la localizaron en 2002.

El fotógrafo y la niña afgana

Ha fotografiado conflictos como el de Irán e Irak, las guerras civiles de Líbano, Afganistán y Camboya, el alzamiento islámico en Filipinas y la Guerra del Golfo. Ha estado a punto de perder la vida varias veces, como cuando casi se ahogó en India o sobrevivió a un accidente de avión en Yugoslavia.

Afganistán

Italia

De su experiencia en la primera Guerra del Golfo, dice: “Había unos 600 pozos de petróleo ardiendo, animales aterrados y hambrientos cruzando un paisaje sembrado de cuerpos de soldados iraquíes. Me dolió profundamente ver a estos animales abandonados, hasta entonces cuidados y útiles para los seres humanos”. Incluimos la foto que hizo de unos camellos pasando delante de un pozo en llamas.

Kuwait, 1991

Una de sus fotografías predilectas fue hecha en un monasterio budista de Tailandia. Un pequeño gato aguarda con suma paciencia a que el monje acabe sus deberes espirituales. Steve McCurry desea que, algún día, veamos a los animales como seres inteligentes que merecen todo nuestro respeto y afecto. “En la mayoría de casos, la supervivencia y bienestar de los animales domésticos dependen totalmente de nosotros”, dice. “Es nuestro deber protegerlos como a nuestros hijos. Creamos vínculos con los animales, por eso espero que acabemos tratándolos con el cuidado que se merecen”.

Tailandia

Nos recuerda que muchos lugares en el mundo aún dependen de los animales para cultivar la tierra o incluso para el transporte, y que ha llegado el momento de dejar de usar el látigo para hacerlos avanzar, de maltratarlos y de abusar de ellos, como ocurre con los elefantes que los turistas montan en Tailandia o India.

Birmania

En nuestra opinión, las fotos de animales de Steve McCurry son mucho mejores que las de personas, que siempre nos han parecido demasiado perfectas, incluso faltas de calidez. Sin embargo, tratándose de animales, en la mayoría de los casos consigue captar una emoción más profunda, más natural.

Cuba

En 2016, Teju Cole, crítico de fotografía de The New York Times, le acusó de manipular sus fotografías con Photoshop y quitar objetos que sobraban con el fin de obtener una imagen impecable. Poco tiempo después, en una entrevista con PetaPixel, no negó que hiciera cambios de envergadura en sus trabajos, pero se definió a sí mismo como “narrador visual” y no como reportero gráfico.

Francia

Posteriormente incluso dijo que sus imágenes pasaban por las manos de terceros y que estos eran responsables de dichas manipulaciones. Curiosamente, todas las fotos originales en su web que podían compararse a las publicadas en importantes revistas desaparecieron. Acabó reconociendo que había retocado numerosas fotografías y también dijo: “Entiendo que pueda confundir a los que aún me consideran un fotoperiodista”.

Honduras

Galápagos

No sabemos si algunas de las fotos incluidas aquí han pasado por Photoshop; desde luego, no parecen las instantáneas de un reportero. Incluso nos atreveríamos a decir que la fotografía de la mujer tumbada en el suelo en Francia con el gato negro fue muy estudiada. Otras, como la de los tres gatos y el perro, parecen más naturales.

Francia

India

Ha hecho pocas fotos de gatos en comparación a las de perros, ovejas, camellos, etcétera. Quizá porque el gato no se adapta bien a su estilo. Aun así, creemos que merece la pena dedicarle una entrada, a pesar de que no llegue a la altura de su amigo Elliott Erwitt y de muchos otros. Pero es un acérrimo defensor de los animales, lo que le agradecemos.

India


Deja un comentario

Los gatos del fotógrafo Elliott Erwitt

Nueva York (1955)

Elliott Erwitt es un fotógrafo estadounidense nacido el 26 de julio de 1926 en Neuilly-sur-Seine, área metropolitana de París, de padres rusos que le dieron el nombre de Elio. Al poco tiempo, la familia se trasladó a Milán, donde creció y estudió hasta 1939, cuando zarparon a bordo del “Ile de France” con rumbo a Nueva York debido a la amenaza fascista.

Nueva York (1953)

Llegaron a Nueva York cinco días después de que estallara la guerra. El fotógrafo dijo en una ocasión con su típica ironía: “Soy estadounidense gracias a Benito Mussolini”. Después del divorcio de sus progenitores en 1941, se mudó a Los Ángeles con su padre y empezó a interesarse por la fotografía mientras estudiaba en el Instituto de Hollywood. Su padre volvió a irse, esta vez a Nueva Orleáns, para abrir una tienda de antigüedades, y Elliott se quedó solo con apenas 16 años y tuvo que trabajar en una panadería para sobrevivir.

Elliott Erwitt

Nueva York (1950)

Después de graduarse en el instituto se matriculó en la Universidad de la Ciudad de Los Ángeles y estudió Fotografía al mismo tiempo que trabajaba en un estudio procesando fotografías “firmadas” de las estrellas. Consiguió ahorrar lo suficiente para comprarse una cámara Rolleiflex. Se subió a un autobús  en 1948 y dejó California “porque no pasaba nada allí” camino de Nueva York. Conoció a fotógrafos de la talla de Edward Steichen, Robert Capa y Roy Stryker cuando solo tenía 20 años.

Exposición felina (Nueva York, 1953)

No tardó en empezar a trabajar como fotógrafo profesional después de que Edward Steichen viera su portafolio, lo que dio pie a un encargo remunerado en Pittsburgh, Pensilvania, por parte de Roy Stryker. Los encargos para revistas siguieron y recorrió Estados Unidos.

Pelea de gatos

Roma (1959)

Llamado a filas en 1951, siguió haciendo fotos, estando destacado en Alemania y Francia, con una Leica de objetivo plegable. Ganó 1.500 dólares en un concurso de la revista Life con la foto “Bed and Boredom” (Cama y aburrimiento), además de una felicitación por escrito del general de su base. De esa época, dijo: “No tenía ideas preconcebidas, me limitaba a llevar una cámara y a hacer fotos”.

Roma (1959)

París (1990)

En 1953, Robert Capa le invitó a que se uniera a Magnum Photos y ha sido miembro de la prestigiosa agencia desde entonces, además de presidirla en tres etapas. Ese mismo año le hizo toda una serie de fotos a su esposa Louise con dos gatitos. Louise estaba embarazada, y unos meses después realizó la famosa “Madre y niño”, en la que vemos a Louise contemplando a Ellen, de solo seis días, también observada por Brutus, probablemente uno de los dos gatitos. La foto fue incluida en la importante exposición “The Family of Man”, organizada por Edwards Steichen dos años después.

La reputación del fotógrafo creció y también la importancia de los encargos. Suyas son las fotos del famoso “debate de la cocina” entre Richard Nixon y Nikita Jrushchov el 24 de julio de 1959. Aunque nunca hemos entendido por qué se llamó “debate” cuando, supuestamente, fue una conversación improvisada…

Fotografió en numerosas ocasiones a John Kennedy antes y durante su presidencia, a un joven y apuestísimo Che Guevara, a una maravillosa Marilyn Monroe en su casa de Nueva York y en el rodaje de “Vidas rebeldes”, con Clark Gable y Montgomery Clift, a Jack Kerouac y a muchísimos otros famosos, actores o políticos.

Mildred Jordan (1950)

Sus retratos, sobre todo los de políticos, desprenden una cierta ironía. “Mis fotos pueden tacharse de políticas”, dijo. “Mi intención es hacer un comentario sobre la comedia humana, y eso es política, ¿verdad? Si alguien me preguntase quién me cae peor, si Johnson o Nixon, me costaría dar una respuesta. Johnson era vulgar, pero acabó siendo un presidente notable, y Nixon carecía de escrúpulos. Pero ¿se ve eso en las fotos? Dígamelo usted”.

Monica Vitti en el rodaje de Alta infedeltà (1964)

Además de su cámara de trabajo, siempre llevaba una Leica M3 con un objetivo de 50 mm cargada con Kodak Tri-X o Ilford HP4 para fotografiar lo que veía en cualquier momento. Hemos dicho “llevaba” porque es muy posible que ahora trabaje con una cámara digital; no hemos encontrado ninguna información al respecto.

Roma (1969)

1990

Y esas fotos, las que hacía y hace en cualquier momento, reflejan un profundo sentido del humor cuando se trata de personas, y una gran sensibilidad con los animales. Hay una que nos conmueve particularmente, realizada en 1955 desde un primer o segundo piso enfocando a una calle que bordea el Panteón de Roma, con una mujer alimentando a unos seis gatos. La hierba crece entre los adoquines.

Panteón, Roma (1955)

Roma (1952)

Pero el gran amor de Elliott Erwitt no eran los gatos, sino los perros. Publicó nada menos que cuatro libros de fotos caninas, “Los perros de Elliott Erwitt” (2008), “Woof” (Guau) (2005), “Dogs Dogs” (Perros perros) (1998) y “Son of a Bitch” (Hijo de perra) (1974). Aun así, viendo algunas de las fotos de gatos, como “El gato de Max”, nos parece obvio que también le gustaban mucho.

El gato de Max (1992)

Perros (Nueva York, 1974)

En los años setenta, Elliott Erwitt se interesó por el cine y rodó varios documentales. En los ochenta realizó diecisiete programas cómicos para HBO.

Sudamérica (1972)

En 2009 desarrolló una segunda personalidad, André S. Solidor, cuyas iniciales son ASS (imbécil), cuyo trabajó se expuso en la galería Paul Smith de Londres en 2011. Incluimos dos fotos de André y un resumen de su biografía.

Andre S. Solidor – Homenaje a King-Kong

Andre S. Solidor – Homenaje a Fay Wray

“Nació en 1962 en Grand Citron, distrito de Saint-Laurent-du-Maroni, Guyana francesa, de una madre nativa y un aristócrata francés que huyó al poco de nacer el niño. Demostró sus talentos de dibujante de muy pequeño. A los 14 años fue a Haití a trabajar en una plantación de yuca. Allí le descubrió un fotógrafo de la revista Life que cubría un reportaje sobre la pobreza. André se dio cuenta de que la fotografía era el camino que le alejaría de la miseria e ingresó en el maravilloso mundo del arte”.

Hamburgo (1987)

Elliott Erwitt cumplió 94 años este verano. Sigue trabajando y viviendo en su estudio de Central Park West, Nueva York, desde hace 50 años.

Nueva York


Deja un comentario

Gatos en fotos de Walter Chandoha

Hace unos setenta años, Walter Chandoha volvía a casa después de dar clases en la Universidad de Nueva York una fría noche de invierno cuando vio a un gatito que no podía tener más de cinco semanas temblando en la nieve. Se detuvo, se lo puso en el bolsillo y se lo llevó casa. Así empezó una gran amistad y también una brillante carrera.

En esa época, el fotógrafo vivía con su esposa en un pequeño apartamento en el barrio de Queens. El gatito entró en calor, se recuperó y se comportó como cualquier gato, pero tenía una peculiaridad. Cada noche, aproximadamente a las once, empezaba a correr y a saltar como un loco antes de calmarse al poco rato. Decidieron llamarle “Loco”.

Loco

Loco (1958)

Chandoha y su esposa adoptaron más gatos y sus fotos no tardaron en ser publicadas en varias revistas. “Loco y sus amigos me permitieron hacer fotos que me interesaban”. También hicieron posible que dejara el pequeño piso de Queens y se mudara a una granja de dieciocho hectáreas en Nueva Jersey, donde sigue viviendo hoy en día. Loco también es el responsable de que Walter Chandoha no se dedicase al marketing cuando se graduó y se inclinara por la fotografía.

Sombras

Nació en 1920, tiene 98 años, ha hecho 200.000 fotos desde sus días de estudiante en la Universidad de Nueva York, ha publicado 34 libros, sus fotos han aparecido en más de 300 portadas de revistas y en miles de anuncios, y es “El Fotógrafo de gatos” con mayúsculas de Estados Unidos.

Una de sus fotografías más famosas es “The Mob” (El hampa), de 1963. “Hubo una época en que se usaba a los gatos para promocionar cualquier cosa”, recuerda. “Fotografié para anuncios de compañías que estaban en la lista “500” de Fortune y de empresas que acababan de empezar. Durante un breve periodo, un año quizá, me atrevería a decir que el 90% de las fotos en paquetes y latas de comida para gatos o perros eran mías”.

The Mob

Siempre trabajó desde su casa, al principio en el diminuto piso de Queens y, luego, en un pajar remodelado en la granja de Nueva Jersey. Las sesiones fotográficas eran un asunto de familia, sobre todo por la valiosa ayuda de María, su lamentada esposa. “Sin María no habría podido realizar la mayoría de fotos”, reconoce. Además de ocuparse de toda la parte administrativa, de los contratos, incluso de supervisar el revelado, tenía un don para calmar a los modelos mientras él los fotografiaba con una Hasselblad.

En el estudio con su hijo

“No se puede meter prisa a un gato”, explica. “Cualquiera que tenga uno sabe que no es el amo, el gato es el amo, y se pasará el día haciendo lo que le apetezca cuando quiera”. Y sigue diciendo: “Cuando empecé haciendo fotos hace más de setenta años, las cámaras pesaban mucho, eran de metal, incluso de madera. Los negativos eran caros y no podía desperdiciarse el material. Hoy en día es mucho más fácil. Cualquiera puede compartir sus fotos en Internet”.

En octubre de 2015 publicó “Walter Chandoha: The Cat Photographer” y concedió entrevistas a numerosas revistas y periódicos entre las que nos hemos permitido escoger unas cuantas preguntas y respuestas. Entonces solo tenía una gata, Maddie, recogida en un refugio. “Es importante que todos se convenzan de que si quieren un gato, deben adoptarlo”, dice. Dos años después tenía la firme intención de adoptar un segundo gato. “Hemos tenido muchos, muchos gatos, estaba Tom, Friend (Amigo), Minguina, Kome, Spook (Fantasma), Floyd, Precious (Preciosa), y uno de mis favoritos fue Rags (Trapo). Además de los de casa, estaban todos los que vivían en los graneros para mantener a raya a la población de roedores”. Y añade: “Pero mi favorito siempre fue Loco, el responsable de haberme convertido en un fotógrafo de gatos”.

Walter Chandoha con Maddie

Tiene muy claro que prefiere los gatos a los perros cuando se trata de hacer fotografías: “Son más expresivos que los perros, eso es lo primero. Se meten en más líos que cualquier perro y vocalizan de otra forma, ronronean, gruñen y maúllan con cadencias muy diferentes”. Hizo miles de fotos de gatos, pero sigue sorprendiéndose de que siempre aportan algo nuevo, algo único.

Hablando de los artistas que más le gustan, menciona a Théophile Steinlein (https://gatosyrespeto.org/2014/11/25/steinlen-el-dibujante-de-gatos/), que también hizo muchos dibujos de gatos para anuncios; a Tsuguharu Foujita (https://gatosyrespeto.org/2018/06/14/gatos-en-los-autorretratos-de-tsuguharu-foujita/) y al holandés Johannes Vermeer: “No creo que pintara un solo gato, pero también presento al modelo iluminado desde atrás y con sombras, como hacía él”. Finalmente habla de la fotógrafa de animales Ylla (https://gatosyrespeto.org/2017/10/26/los-gatos-de-ylla-la-fotografa-de-animales/): “Puede que subconscientemente me haya inspirado para fotografiar gatos”.

Cree que su foto más divertida es la de un cachorro de perro Weimaraner: “Fue una foto entre un millón gracias a un gatito. Uno de mis hijos entró en el estudio con un gatito en brazos. El perro nunca había visto a un gato, y encima maulló; el perro abrió literalmente los ojos de par en par”.

En cuanto a unos consejos para hacer geniales fotos de gatos, dice: “Ante todo hay que tener paciencia. Apunten siempre lo que su gato hace o no hace en cualquier situación. Estudien sus costumbres, sus preferencias, sus aversiones. Después de más de setenta años haciendo fotos, sigo observándolos. Hay que estar al mismo nivel que el gato para conseguir un contacto visual. No teman hacer ruidos para atraer su atención; a veces, el estudio parecía una granja por todos los gruñidos y cacareos que yo emitía. Siempre deben recompensarles con algo que les guste, un poco de queso, un trozo de buen paté o de atún”. Y para terminar, recomienda usar una cámara Canon DSLR.

A Walter Chandoha le gustan los gatos, desde luego. Además de usar a los suyos como modelos, cuando ninguno respondía a lo que buscaba, recurría a sus amigos y vecinos. Dejó de fotografiar a sus amigos los gatos cuando falleció su esposa María, la mujer que susurraba a los gatos, según él. Desde entonces se ha dedicado sobre todo a hacer maravillosas fotos de huertos y verduras.