Gatos y Respeto

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Los gatos de la revista The New Yorker

Jean Jacques Sempé (Noche de gatos)

Hemos reunidos cuarenta y cuatro portadas con imágenes de gatos de la famosa revista The New Yorker, desde la del 10 de octubre de 1951 con una ilustración de William Garrett Price hasta la del 7 de enero de 2020 con una de Adrian Tomine. El primer número costaba 20 centavos, el último, 8,99 dólares.

Ronald Searle

Saul Steinberg (Gato regando plantas)

El semanario fue fundado en 1925 y actualmente se publican cuarenta y siete números anuales, cinco de ellos en periodos de dos semanas. Contiene artículos periodísticos, críticas, ensayos, ficción, poesía y numerosas viñetas. Es famoso por su contenido y por sus portadas, a menudo satíricas y con referencias a temas de actualidad.

Jean-Jacques Sempé (Lujo, tranquilidad y comodidad)

Saul Steinberg (La letra E)

A continuación publicamos una breve reseña de todos los autores de las portadas. En algunos casos hemos encontramos los títulos, en otros ha sido imposible. Tres de ellos ya tienen entradas en este blog y nos limitamos a indicarlo.

Ronald Searle

Saul Steinberg

Adrian Tomine (7 de diciembre de 2020, Vida amorosa), nacido el 31 de mayo de 1974, se dio a conocer por la serie de cómics “Optic Nerve”. En esta portada muestra la creciente búsqueda digitalizada del amor.

Ana Juan (2 de febrero 2004, Buscando calor; 1 de septiembre de 2008, El objeto del deseo), nacida en 1961 en Valencia, colabora con The New Yorker desde 1995 y ha realizado más de veinte portadas. Actualmente reside en Madrid.

Anatol Kovarsky (28 de octubre de 1961, Rostros de gatos), nacido en 1919 en Moscú y fallecido en 2016 en Manhattan, fue un maestro del gag visual sin palabras y realizó unas trescientas viñetas para la revista.

André François (24 de junio de 1974; 29 de junio de 1990, Digital), nacido el 9 de noviembre de 1915 en Hungría y fallecido en París el 11 de abril de 2005, fue un gran amigo y colaborador del artista Ronald Searle. En la primera portada, un gato y un perro juegan al ajedrez, el gato va ganando. La segunda celebra la digitalización de la revista.

Barry Blitt (21 de junio de 2013, Rebaño de gatos), nacido el 30 de abril de 1958 en Côte Saint Luc, Quebec, publicó sus primeros dibujos a los dieciséis años. Trabaja regularmente para The New Yorker y The New York Times. Declara ser alérgicos a los gatos y no poder verlos ni en pintura.

Charles Samuel Addams (3 de noviembre de 1986, Halloween), nacido el 7 de enero de 1912 y fallecido el 29 de septiembre de 1988, es más conocido como Chas Addams y por ser el creador de la inolvidable familia Addams, así como de otros personajes macabros con un sentido del humor muy peculiar.

Charles E. Martin (18 de julio de 1977), nacido en Chelsea, Massachusetts, en 1910, y fallecido el 20 de junio de 1995, fue un artista autodidacta con más de cien portadas en la revista y cientos de viñetas publicadas desde 1938.

Edward Gorey (10 de diciembre de 2018, El lujo del gato) https://gatosyrespeto.org/2014/09/13/las-ilustraciones-de-edward-gorey/  En 1992, el artista envió dos imágenes a la revista a petición de la nueva editora, Tina Brown. Una se publicó el 21 de diciembre de ese mismo año, pero pasaron veintiséis años antes de que apareciera la segunda en una portada, dieciocho años después de su fallecimiento.

Eugène Mihaescu (11 de septiembre de 1989), nacido en Rumanía el 24 de agosto de 1937, dejó su país natal en 1967 y después de pasar unos años en Suiza, se trasladó a Nueva York. Colabora regularmente con el periódico The New York Times y la revista Times. Entre 1972 y 1992 realizó setenta portadas para The New Yorker.

Gahan Allen Wilson (9 de junio de 2003, El tiempo mejora; 23-30 de enero de 2006, La cama del gato), nacido el 18 de febrero de 1930 y fallecido el 21 de noviembre de 2019, era conocido por sus viñetas de terror fantástico. Sus dibujos e historias de ficción fueron publicados regularmente por Playboy y The New Yorker durante cincuenta años.

Gürbüz Doğan Ekşioğlu https://gatosyrespeto.org/2020/11/26/los-gatos-del-pintor-surrealista-gurbuz-dogan-eksioglu/. No creemos que haya dibujado más de siete portadas para The New Yorker, pero en cuatro de ellas el gato es el protagonista absoluto.

Ian Woodward Falconer (30 de octubre de 2006, Halloween), nacido el 25 de agosto de 1959, escribe e ilustra libros infantiles, además de diseñar decorados y vestuarios para teatro. Ha creado unas treinta portadas para la revista y otras publicaciones.

Ivan Brunetti (16 de septiembre de 2019, La primera cita), nacido el 3 de octubre de 1967, reside en Chicago y ha realizado varias portadas para The New Yorker. Es conocido por sus detalladísimas viñetas llenas de buen humor. Reconoce sentirse fascinado por Charles Schulz, el creador de Peanuts.

Jean-Jacques Sempé (8 de diciembre de 1980; 12 de septiembre de 1983; 24 de noviembre de 1997, Lujo, tranquilidad y comodidad; 8 y 15 de agosto de 2005, Noche de gatos), nacido en Burdeos el 17 de agosto de 1932, es el artista que ha dibujado más portadas para la revista, más de cien.

Mark Ulriksen (12 de enero de 2009, Vivir por todo lo alto), nacido en 1957, ha realizado más de cincuenta portadas para The New Yorker desde 1993, cuando Tina Brown decidió modernizar la imagen de la revista.

Peter de Sève (5 de octubre de 2015, Siesta), nacido en 1958 en Queens, Nueva York, es autor de numerosas portadas de la revista y ha creado un sinfín de personajes para películas como “Bichos: Una aventura en miniatura”, “Buscando a Nemo”, “Robots”, las cuatro entregas de “Ice Age” (Scrat) y el personaje principal de “Hop”, entre otras.

Ronald Searle (https://gatosyrespeto.org/2019/09/05/los-gatos-del-vinetista-satirico-ronald-searle/) Hemos encontrado nueve portadas con gatos del dibujante, la primera de 1969 y la última de 1991, pero eso no significa que dejara de publicar en la revista. Es el artista que hizo más portadas de gatos.

Saul Steinberg (https://gatosyrespeto.org/2019/11/14/dos-gatos-hedda-sterne-sigrid-spaeth-y-el-dibujante-saul-steinberg/) Sus portadas, viñetas e ilustraciones ocuparon las páginas de la revista durante nada menos que seis décadas. Hemos encontrado cinco portadas del artista.

Tomer Hanuka (20 de marzo de 2017, Despertar primaveral), nacido en 1974 en Israel, se trasladó a Nueva York a los veintidós años y estudió en la Escuela de Artes Visuales. Fue galardonado con el Premio Hugo a la Mejor Historia Gráfica.

William Garrett Price (10 de noviembre de 1951, ¿Qué hacer con una cama de gatitos?), nacido el 21 de noviembre de 1896 y fallecido el 8 de abril de 1979, colaboró durante más de cincuenta años con The New Yorker. Realizó más de cien portadas, dos de ellas en 1925, año de la fundación de la revista, así como cientos de viñetas.

William Steig, nacido el 14 de noviembre de 1907 y fallecido el 3 de octubre de 2003, tiene tres portadas con gatos entre las muchas que dibujó para The New Yorker desde 1930. Además de sarcásticas viñetas para adultos, escribió y dibujo maravillosos libros infantiles. Fue el creador de Shrek, escrito e ilustrado en 1990.

Probablemente haya más portadas de gatos, pero no las hemos encontrado. Entre los veinte artistas que dibujaron gatos para la revista, solo hay una mujer, la española Ana Juan.

William Steig

Ronald Searle


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Los cien gatos de Fumio Asakura

En honor a Fumio Asakura

Un enorme gato “de la suerte” de madera apareció en Oito (Japón), una de las ciudades sede del Mundial de Rugby, en 2019. La escultura, de diez metros de largo y llamada “Gato Fukunyan de la suerte gigante tumbado”, se creó originalmente en honor al escultor Fumio Asakura, nacido en la prefectura de Oito en 1883 y autor de numerosas obras representando a gatos. Varios estudiantes de la Universidad de la ciudad se encargaron de realizar la estatua.

Fumio Asakura y “Gato con presa”

Fumio Asakura, considerado el padre de la escultura moderna en Japón, es conocido como “el Rodin japonés”. Fue un artista prolijo cuya obra abarcó los periodos Meijii, Taishō y Shōwa. Creció en el pueblecito de Asaji, en Kyushu, la isla situada más al suroeste del archipiélago. Estudió en la Universidad de las Artes de Tokio y se licenció en la Facultad de Escultura en 1907.

1911

Se instaló en un estudio en el barrio de Yanaka (https://gatosyrespeto.org/2014/10/07/yanaka-un-barrio-de-gatos-en-tokio/), famoso por sus gatos y del que volveremos a hablar un poco en esta entrada. Pocos meses después se presentó a los concursos anuales “Bunten” de la Academia Japonesa de las Artes y no tardó en ganar ocho premios en años consecutivos. En esa época eran apreciados sobre todo sus desnudos y las esculturas de personas famosas realizadas por encargo.

Gata y gatitos

Penelope Mason, autora de “History of Japanese Art”, dice acerca del escultor: “Uno de los temas recurrentes en la obra de Asakura eran los felinos, como el gato alzado por el pescuezo, el gato agazapado esperando a la presa, el gato comiéndose a la presa. ‘Gato suspendido’, realizado en 1909, es un ejemplo especialmente bueno de su trabajo. A pesar de la potente tridimensionalidad de la escultura, el aspecto más impresionante es la fidelidad con la que plasma algo que ha observado. Se nota que el gato está incómodo y frustrado al verse alzado en el aire, y aun así solo cabe admirar su elegante y musculoso cuerpo”.

Gato suspendido (1909)

Gato con presa

El escultor se sentía fascinado por la forma en que se mueven los gatos y por el hecho de que a pesar de haber sido “domesticados” hace miles de años, conservan sus instintos más salvajes. Tenía planeado hacer una exposición con cien esculturas de gatos, pero falleció antes de poder realizarla.

Gatitos

Basta con ver sus obras para darse cuenta de que había observado a los gatos muy de cerca. La leyenda dice que, de estudiante en la Universidad, no podía permitirse el lujo de contratar a modelos y se paseaba por las calles dibujando a los gatos que se cruzaban en su camino.

Instalado en Yanaka, en 1936 hizo construir un estudio de hormigón armado en un estilo muy poco japonés, con jardines diseñados por él. De hecho, en el edificio está el jardín de azotea más antiguo de Tokio, en el que los estudiantes de Asakura debían aprender a cultivar plantas como parte de su enseñanza para abrir sus sentidos y familiarizarse con la naturaleza. Parece ser que siempre vivió rodeado de diez a quince gatos. Quizá la gata Tama, con su cascabel, fuera una de ellos.

Gata Tama (1930)

Jardín en la casa de Fumio Asakura

Hoy en día, el estudio es un museo que conserva sesenta obras del artista, de las cuales diez son gatos. Están expuestos en la sala de las orquídeas o “Ran-no Ma”, en el segundo piso, donde el escultor había instalado un invernadero para cultivar orquídeas orientales, una de sus pasiones. Las orquídeas han sido sustituidas por gatos y ahora se llama sala de los gatos.

Casa de Fumio Asakura

Sala de los gatos

Muchas de sus esculturas se perdieron debido a la contribución de metal requerida durante la II Guerra Mundial. Fue galardonado con la Orden de la Cultura en 1948. Falleció en Tokio el 18 de abril de 1964 a los 81 años.

Casi nos atreveríamos a asegurar que el escultor no escogió al azar el barrio de Yanaka para construir su casa y su estudio, sino porque había gatos, muchos en la época. Ahora ya no hay tantos gatos callejeros en el barrio, pero varios negocios en el Ginza de Yanaka (calle comercial) han decidido suplir esta carencia con estatuas de gatos en las tiendas y cafés.

Restaurante Hatsuyena

Tienda Echigoya Honten

Hay un gato encaramado en el tejado de una tienda de vinos. Otro se esconde debajo del alerón de una pequeña cafetería y otros dos montan la guardia delante de una tienda de té. En total son siete gatos totalmente diferentes en cuanto a forma y tamaño instalados en la calle. Buscarlos se ha convertido en un juego para visitantes y turistas.

Tienda Kanekichien

Tienda Kanekichien

El presidente de la Asociación de Comerciantes de Yanaka Ginza se lamenta de que no haya tantos gatos callejeros como antes y recuerda cómo, al caer la tarde, ocupaban unas escaleras llamadas “peldaños de la puesta de sol” para disfrutar de los últimos rayos. Los siete gatos de la calle fueron realizados por estudiantes de escultura.

Café Manmando


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Gatos, por el fotógrafo Steve McCurry

Tailandia

Steve McCurry es uno de los fotógrafos contemporáneos más famosos del momento y quizá uno de los que haya vendido más libros en todo el mundo. El último, titulado sencillamente “Animals”, fue publicado en noviembre de 2019 por Taschen en una edición multilingüe.

El libro explora la compleja relación entre los seres humanos y los animales a través de una serie de fotografías con citas de diversos autores. “Quizá ya tuviera la idea de fotografiar animales y personas cuando era un joven fotógrafo. Mi hermana me regaló mi primer libro de fotos, “Son of a Bitch”, una colección de fotos llenas de humor de perros con sus humanos del gran fotógrafo y amigo Elliott Erwitt” (https://gatosyrespeto.org/2020/11/12/los-gatos-del-fotografo-elliott-erwitt/), dijo Steve McCurry en una entrevista. Según él, los animales son totalmente impredecibles y no hacen caso al fotógrafo, convirtiéndolos en uno de sus temas favoritos.

Italia

Birmania

Steve McCurry, nacido el 23 de abril de 1950 en Filadelfia, se dio a conocer con la fotografía “Niña afgana”, realizada en diciembre de 1984 en un campo de refugiados de Afganistán. National Geographic la nombró “foto más reconocida” en la historia de la revista después de aparecer en la portada del número de junio de 1985. La identidad de la chica fue un misterio durante 17 años, hasta que la revista y el fotógrafo la localizaron en 2002.

El fotógrafo y la niña afgana

Ha fotografiado conflictos como el de Irán e Irak, las guerras civiles de Líbano, Afganistán y Camboya, el alzamiento islámico en Filipinas y la Guerra del Golfo. Ha estado a punto de perder la vida varias veces, como cuando casi se ahogó en India o sobrevivió a un accidente de avión en Yugoslavia.

Afganistán

Italia

De su experiencia en la primera Guerra del Golfo, dice: “Había unos 600 pozos de petróleo ardiendo, animales aterrados y hambrientos cruzando un paisaje sembrado de cuerpos de soldados iraquíes. Me dolió profundamente ver a estos animales abandonados, hasta entonces cuidados y útiles para los seres humanos”. Incluimos la foto que hizo de unos camellos pasando delante de un pozo en llamas.

Kuwait, 1991

Una de sus fotografías predilectas fue hecha en un monasterio budista de Tailandia. Un pequeño gato aguarda con suma paciencia a que el monje acabe sus deberes espirituales. Steve McCurry desea que, algún día, veamos a los animales como seres inteligentes que merecen todo nuestro respeto y afecto. “En la mayoría de casos, la supervivencia y bienestar de los animales domésticos dependen totalmente de nosotros”, dice. “Es nuestro deber protegerlos como a nuestros hijos. Creamos vínculos con los animales, por eso espero que acabemos tratándolos con el cuidado que se merecen”.

Tailandia

Nos recuerda que muchos lugares en el mundo aún dependen de los animales para cultivar la tierra o incluso para el transporte, y que ha llegado el momento de dejar de usar el látigo para hacerlos avanzar, de maltratarlos y de abusar de ellos, como ocurre con los elefantes que los turistas montan en Tailandia o India.

Birmania

En nuestra opinión, las fotos de animales de Steve McCurry son mucho mejores que las de personas, que siempre nos han parecido demasiado perfectas, incluso faltas de calidez. Sin embargo, tratándose de animales, en la mayoría de los casos consigue captar una emoción más profunda, más natural.

Cuba

En 2016, Teju Cole, crítico de fotografía de The New York Times, le acusó de manipular sus fotografías con Photoshop y quitar objetos que sobraban con el fin de obtener una imagen impecable. Poco tiempo después, en una entrevista con PetaPixel, no negó que hiciera cambios de envergadura en sus trabajos, pero se definió a sí mismo como “narrador visual” y no como reportero gráfico.

Francia

Posteriormente incluso dijo que sus imágenes pasaban por las manos de terceros y que estos eran responsables de dichas manipulaciones. Curiosamente, todas las fotos originales en su web que podían compararse a las publicadas en importantes revistas desaparecieron. Acabó reconociendo que había retocado numerosas fotografías y también dijo: “Entiendo que pueda confundir a los que aún me consideran un fotoperiodista”.

Honduras

Galápagos

No sabemos si algunas de las fotos incluidas aquí han pasado por Photoshop; desde luego, no parecen las instantáneas de un reportero. Incluso nos atreveríamos a decir que la fotografía de la mujer tumbada en el suelo en Francia con el gato negro fue muy estudiada. Otras, como la de los tres gatos y el perro, parecen más naturales.

Francia

India

Ha hecho pocas fotos de gatos en comparación a las de perros, ovejas, camellos, etcétera. Quizá porque el gato no se adapta bien a su estilo. Aun así, creemos que merece la pena dedicarle una entrada, a pesar de que no llegue a la altura de su amigo Elliott Erwitt y de muchos otros. Pero es un acérrimo defensor de los animales, lo que le agradecemos.

India


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Gatos en cuadros renacentistas

Leonardo da VInci (Museo Británico, Londres)

Leonardo da Vinci, hablando del gato, escribió que “incluso el espécimen más pequeño es una obra maestra”. A partir del siglo XV, sobre todo en Italia, la visión del gato en la pintura cambia radicalmente y en numerosas ocasiones se le asocia con la Virgen. Da Vinci realizó seis bocetos de la Virgen con el Niño y un gato en brazos entre 1478 y 1481. Lo curioso de estos dibujos es la proximidad del gato a los personajes, no está en el suelo, el Niño Jesús le abraza.

Leonardo da Vinci (Colección particular, Londres)

También hizo un maravilloso estudio comparativo del movimiento de gatos, leonas y dragones. ¿Qué ocurrió en el Renacimiento para que el gato se asociara a temas religiosos o apareciera en retratos como un animal de compañía de las clases altas? Según la teoría de los cuatro humores, el gato “se asociaba al tipo flemático, impredecible y saturnino con el que se identificaban los artistas”, dice Stefano Zuffi, gran conocedor del Renacimiento italiano y autor del libro “Gatos en el arte” (451 Editores, en España).

Leonardo da Vinci ,1513-15 (Biblioteca Real, Windsor)

Empezaremos por Francesco d’Ubertino Verdi, llamado Bacchiacca (Florencia, 1494-1557), conocido por sus espléndidos retratos. Es curioso que hasta 2008, cuando Robert La France publicó un catálogo razonado y puesto al día de la obra del pintor, no se supiera que los cuadros de Bacchiacca también podían ser obra de sus hermanos, Bartolomeo y Antonio, y de los hijos de estos.

Bacchiacca, circa 1525 (Colección particular)

Bacchiacca, 1540-45 (Gemäldegalerie, Berlín)

Siguiendo con los retratos, pasamos a Hans Süss von Kulmbach, nacido alrededor de 1485 y fallecido en Núremberg en 1522. Fue aprendiz del pintor italiano Jacopo de’Barbari, que trabajó en varias cortes alemanas, antes de unirse al taller de Durero. En 1508, Kulmbach pintó un doble retrato sobre madera: en el anverso, un joven, y en el reverso, una joven tejiendo una guirnalda de nomeolvides con un pensativo gato blanco observándola. En este caso, se cree que el gato simboliza el amor respetable y constante.

Hans Süss von Kulmbach, 1508 (Museo Metropolitano de Nueva York)

Ambrosius Benson, nacido entre 1490 y 1500 y fallecido en Brujas en 1550, fue un pintor flamenco posiblemente originario de la región de Milán, Italia, que germanizó su nombre (Ambrosio) y apellido (Bensoni o Benzoni). Se le atribuye este retrato de una mujer desconocida con un gato en el regazo, pintado alrededor de 1540. El gato, de pequeño tamaño, pasa delicadamente la pata entre los dedos de la mano izquierda de la retratada, que lleva una curiosa cadena por debajo del pecho.

Ambrosius Benson, circa 1540 (Colección particular)

Cleophea Krieg von Bellikon, pintada dos años antes (1538) por Hans Asper (1499-1571), que vivió en Zúrich, va ataviada con un complicadísimo traje además de estar cubierta de joyas. El pintor estudió con el gran maestro del Renacimiento del Norte, Hans Holbein, del que había comprado el “Retrato de familia” a su viuda. Al parecer, se inspiró en este cuadro, sustituyendo a los dos niños por un perro y un gato, jugando con la proverbial animosidad entre los dos animales y el apellido “Krieg” (guerra).

Hans Asper, 1538 (Kunsthaus, Zúrich)

Giovanni di Niccolò Luteri (1490-1542), llamado Dosso Dossi por haber nacido en San Giovanni del Dosso, provincia de Mantua, perteneció a la escuela de Ferrara, influenciada sobre todo por la veneciana. El cuadro “Retrato de un joven” fue originalmente atribuido a Domenico Mancini y posteriormente a Dosso Dossi. Pintado entre 1508 y 1510, plasma a un joven – algunos creen que se trata de una exótica joven –  sosteniendo a un perro faldero y a un gato, representando la dualidad del misterioso personaje.

Dosso Dossi, 1508-10 (Museo Ashmolean, Universidad de Oxford)

Volviendo a tierras más septentrionales, debemos incluir a Hans Baldung, apodado Grien o Grün, nacido en Estrasburgo (entonces Alemania) en 1484 o 85 y fallecido en 1545. También fue ilustrador, grabador y diseñador de vidrieras. Discípulo de Durero, se inclinaba por realizar grabados con temas ocultistas, como su “Aquelarre”, una de las primeras imágenes renacentistas en tocar este tema. El cuadro alegórico “La música”, de 1529, contrasta fuertemente con sus grabados. A los pies de la musa Euterpe se encuentra un gato blanco, bien alimentado, de orejas pequeñas.

Hans Baldung (Museo Británico, Londres)

Hans Baldung, 1529 (Alte Pinakotekh, Múnich)

Jan de Beer, nacido alrededor de 1475 y fallecido en 1528, está entre los más importante artistas de los manieristas de Amberes. Fue nombrado maestro del Gremio de San Lucas en 1504 y decano del mismo en 1515. Pintó varias versiones de la “Anunciación”, pero en dos de ellas, muy parecidas, vemos cintas blancas con inscripción flotando cerca del arcángel Gabriel y un gato blanco de orejas pequeñas, similar al descrito antes que acompaña a la musa Euterpe. En el cuadro más conocido  se encuentra a la izquierda del ángel, en el otro, a la derecha. Se estima que los dos fueron pintados en la década de 1520.

Jan de Beer (Colección particular)

Jan de Beer, circa 1520 (Museo Thyssen Bornemisza, Madrid)

Detalle

Siguiendo con este tema, no podemos omitir la famosa “Anunciación de Recanati”, de Lorenzo Lotto (Venecia, hacia 1480 – Loreto, 1556), un pintor enmarcado en la escuela veneciana. A la izquierda está María, sorprendida; a la derecha, el arcángel con la mano alzada hacia Dios padre, que parece señalar a María, y en medio de todo, un gato atigrado de lo más común que prefiere irse no sin antes mirar a Gabriel con suma extrañeza.

Lorenzo Lotto, 1529 (Museo cívico Villa Colloredo Mels, Recanati)

Detalle

El pintor y miniaturista Bartolomeo (di Segonolo) Caporali nació y murió en Perugia (hacia 1420 – hacia 1503). Pertenece al periodo temprano del renacimiento y también tiene varias anunciaciones en su haber, entre ellas está el díptico expuesto en la Galería Nacional de Umbría en el que a la derecha de Gabriel se enfrentan un gato y un perro de idéntico tamaño.

Bartolomeo Caporali (Galería Nacional de Umbría, Perugia)

Detalle

No podemos olvidar a Federico Barocci o Baroccio, de Urbino (1535-1612), al que podría dedicarse una entrada completa por los numerosos dibujos que dedicó a los gatos. Entre sus cuadros más famosos está una “Anunciación” (1582-1584) con una profunda perspectiva en la que se ve lo que el pintor contemplaba desde su ventana. En primer término, en una discreta esquina, un gato gris y blanco duerme encima de la caja de costura de María.

Federico Barocci, 1582-84 (Museo Vaticano, Roma)

Federico Barocci

Unos años antes, en 1575, pintó “La Virgen del gato”, en el que María da el pecho a Jesús, observada por José, mientras San Juan Bautista niño sostiene un jilguero con el que tienta a un gato rubio y blanco, de nuevo en la esquina izquierda.

Federico Barocci, 1575 (National Gallery, Londres)

Federico Barocci

En al espléndida “Anunciación” de Taddeo Zuccaro (1529-1566), natural de Marcas, cerca de Urbino, fechada hacia 1560, vemos a María de pie a la derecha y a su izquierda, al arcángel Gabriel. Exactamente entre los dos hay una silla de madera en la que duerme otro gato gris y blanco.

Taddeo Zuccaro, circa 1560 (Hospital de Santa Maria Nuova, Florencia)

Detalle

Giulo Pippi, conocido como Giulio Romano (Roma, hacia 1499 – Mantua, 1546), fue alumno de Rafael. Sus innovaciones ayudaron a definir el estilo manierista. Realizó dos cuadros con tres años de diferencia en los que se encuentra lo que parece ser la misma gata. El primero es conocido como “La Virgen de la gata” y el segundo, que no tiene nada de religioso, se titula “Los amantes”. La gata está debajo de la cama a la derecha.

Giulio Romano, 1522-23 (Museo Nacional de Capodimonte, Nápoles)

Detalle

Giulio Romano,1525 (Museo del Hermitage, Moscú)

Pinturicchio era el seudónimo de Bernardino di Betto di Biagio (Perugia, 1454 – Siena, 1513), también llamado “il Sordicchio” por ser sordo. Pintó una serie de ocho frescos para decorar las paredes del palacio de Pandolfo Petrucci, entonces dueño y señor de Siena. Aparte de “Penélope y sus pretendientes”, hay otros dos en la National Gallery de Londres. Una vez más, el gato está en primer término en el centro, dando la espalda al pretendiente principal.

Bernardo Pinturicchio, 1509 (National Gallery, Londres)

Detalle

Domenico Bigordi o Domenico Curradi, más conocido por el apodo de Ghirlandaio, (Florencia, 1448 – 1494) tuvo un destacado taller en esta ciudad en el que entró, entre otros, Miguel Ángel a los trece años. El fresco “La última cena” (1486) se encuentra en el Museo Nacional de San Marco, Florencia. Realizó otros dos frescos sobre el mismo tema en 1476 y 1480, pero en ninguno hay un gato. Aquí vemos a Judas, solo al otro lado de la mesa frente a Cristo y, a su derecha, un gato que nos mira descaradamente.

Domenico Ghirlandaio, 1507 (Museo Nacional de San Marco, Florencia)

Detalle

Acabamos con “La cena de Emaús”, de Jacopo Comin, Tintoretto (Venecia, 1518 – 1594), el más tardío de todos los pintores de esta entrada y un gran representante del manierismo. El cuadro se basa en un relato, incluido en el Evangelio de Lucas (24:13-35), donde se narra la aparición de Jesús resucitado a dos discípulos camino de Emaús. Ninguno le reconoce hasta que divide el pan. En el suelo, otra vez en primer término, un gato que parece interesarse por lo que ocurre en la mesa.

Tintoretto, 1542-43

Detalle

Gatos que duermen en anunciaciones, gatos abrazados por el Niño Jesús, gatos en sagradas familias, gatos en regazos de damas… Sin embargo, solo los hemos encontrado representados por artistas italianos, alemanes y flamencos. Ningún pintor francés, inglés o español renacentista incluyó gatos en sus obras. Para eso debemos esperar al barroco, época en que abundan en el arte de toda Europa.

Federico Barocci


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Millones de gatos y Wanda Gág

“Millones de gatos” (título original “Millions of cats”) fue escrito e ilustrado en 1928 por Wanda Gág. Es uno de los escasos libros ilustrados que ha ganado el premio Newbery Honor (1929) y también el libro de ilustraciones más antiguo en seguir editándose.

Wanda Gág pintando con un gato

Cuenta la historia de una pareja muy muy vieja. La mujer muy muy vieja suspira por tener un gato y el hombre muy muy viejo va en busca de uno. Llega a una colina donde hay decenas, centenares, millones, miles de millones de gatos y no sabe cuál escoger. Cada vez que piensa haber encontrado el gato perfecto, aparece uno todavía más bonito.

Sin saber cuál escoger

Decide llevarlos a su casa. La mujer muy muy vieja, al verle llegar, le pregunta cómo van a alimentar a tantos gatos, un pequeño detalle en el que el hombre no había caído. Se les ocurre que lo mejor será dejar a los gatos decidir entre ellos cuál es el más bonito. Discuten con grandes maullidos, se pelean, el jaleo es tremendo. Asustados, los dos viejos muy muy viejos se meten en casa.

De regreso a casa con millones de gatos

Cuando todo se calma, vuelven a salir y allí no queda ningún gato. Entonces, de detrás de un matorral, aparece un gato delgado, hambriento, con el pelo sin brillo, en el que nadie había reparado porque no es “bonito”. Le llevan a su casa, le dan de comer, y el gato se vuelve hermoso y lustroso, exactamente como imaginaba a su gato la vieja muy muy vieja.

A cual más bonito

Y empezaron a pelear

Wanda Gág nació el 11 de marzo de 1893 en la pequeña ciudad de New Ulm, al sur de Minnesota, en el seno de una familia procedente de Bohemia (actual Chequia), y no habló inglés hasta ir a la escuela. Empezó a dibujar muy pronto y se quedó sorprendida cuando descubrió que sus compañeros no sabían manejar un lápiz.

Su padre falleció de tuberculosis a los 48 años, en mayo de 1908, y antes de morir le dijo: “Was der Papa nicht thun konnt’ muss die Wanda halt fertig machen”; o si prefieren: “Lo que papá no pudo hacer, deberá hacerlo Wanda”. Era la mayor de seis hermanos, cincho chicas y un chico, de los que la menor tenía solo un año. Su madre estaba enferma y no podía ocuparse de la casa.

Gato dormido

A los 15 años, Wanda se convirtió en la cabeza de la familia Gág. No solo consiguió alimentar a todos sus hermanos vendiendo ilustraciones al Minneapolis Journal y dando clases de dibujo, también se empeñó en que fueran al instituto. El seguro de vida de su padre ascendía a 1.200 dólares y lo hizo durar seis años.

La casa de Wanda Gàg en New Ulm, Minnesota

Por suerte, un amigo de su padre ofreció costear los gastos que supondrían sus estudios en la Escuela de Arte de Minneapolis, aunque la venta de ilustraciones le permitía seguir manteniendo a la familia. Su madre falleció dos años después, y en 2017 obtuvo la ansiada beca de la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York y vendió un cuadro al Instituto de Arte de Boston.

Gatos en la ventana

(Detalle)

Pero antes de poder irse a Nueva York, debía ocuparse de su familia. Decidieron vender la casa e instalarse todos en Minneapolis. Las dos hermanas mayores se pusieron a trabajar, la tercera se ocupó de la casa y los otros tres fueron al colegio. Pasaron dos años muy duros antes de que Wanda Gág se fuera.

La casa de la abuela

(Detalle)

En Nueva York se instaló en el Village con su amiga Lucille Lundquist, con la que había estudiado en Minneapolis y de la que incluimos tres cuadros de gatos. Ambas creían en el amor libre y mantenían relaciones con dos compañeros de la Escuela de Arte de Minneapolis que también estaban en Nueva York, Adolph Dern y Arnold Blanch. Lucille acabó casándose con Arnold Blanch y se divorciaron en 1935. Wanda vendía las suficientes ilustraciones para seguir ayudando a sus hermanos.

El gato Orlando (Lucille Lundquist Blanch, 1940)

La gata Miranda (Lucille Lundquist Blanch, 1935-40)

Expuso por primera vez en solitario en la Biblioteca Municipal de Nueva York, donde conoció a Carl Zigrosser, el fundador de la Galería Weyhe, que la apoyó incondicionalmente durante la década de los veinte. La exposición que organizó tres años después en su galería fue un éxito rotundo y Wanda fue declarada “una de las artistas gráficas más prometedoras del momento”.

Con Lucille Lundquist Blanch en una azotea neoyorquina

Por la mañana (Lucille Lundquist Blanch)

En 1927 publicó un artículo en el semanario The Nation titulado “These Modern Women: A Hotbed of Feminists” (Esas mujeres modernas: Caldo de cultivo para las feministas) en el que dejaba muy claras sus ideas. Wanda Gág tenía dos vidas, la de una respetada autora de libros infantiles y la de una mujer ferozmente independiente.

Érase una vez…

Llegó a decir: “A menudo me pregunto qué dirían todas esas personas que poseen tan elevado concepto de mí si supieran que puedo amar a más de un hombre a la vez, que hace años que tengo a tres de ellos en mi horizonte amoroso y que me entrego a extraños ritos esotéricos de amor con mis amantes. Si lo supieran, ¿me considerarían menos buena? Pero soy buena, y en cuanto al sexo, siento que soy pura, limpia, ética, buena del todo”. (Diario, 19 de marzo de 1941).

Wanda y Noopy

En 1923, Nueva York empezó a pesarle y decidió volver a la naturaleza. Añoraba vivir en un pueblo y alquiló una granja en Nueva Jersey para residir gran parte del año. Allí podía dedicarse a pintar sin ser interrumpida, a cuidar un jardín y un huerto. Para entonces, su hermana Thusnelda se había mudado a Nueva York y los demás no tardaron en hacer lo mismo, excepto Stella, que se había casado en Minneapolis. Flavia y Howard – músico en el circuito de clubes de la ciudad – vivieron varios años con Wanda.

Wanda y Noopy

Otro compañero habitual era Earle Humphreys, escritor y librero, con quien se casaría en agosto de 1943 después de una relación de más de veinte años. En 1931 compraron una granja de 78 hectáreas en los montes Musconetcong de Nueva Jersey y construyeron un estudio para Wanda al que nombraron “All Creation” (Todo creación).

Interesados (1935)

En 1945, Wanda Gág escribió en una carta que no era capaz de recorrer una manzana sin jadear y que a menudo tenía fiebre. Al cabo de poco tiempo se le diagnosticó un cáncer de pulmón terminal. Su marido y su hermano decidieron no decírselo y únicamente se lo comunicaron a sus dos grandes amigos, Robert Janssen y Carl Zigrosser. Falleció el 27 de junio de 1946 y sus cenizas fueron esparcidas en la granja. Earle Humphreys murió de un infarto el 16 de mayo de 1950.

Mutzi dormida (1937)

Además de escribir cuentos infantiles, pintar y realizar ilustraciones, tradujo varios cuentos de los hermanos Grimm. También tradujo e ilustró “Blancanieves y los siete enanitos” en un intento de contrarrestar, según sus propias palabras, la versión “trivializada, esterilizada y sentimental” de la película de Walt Disney.

Siesta (1937)

Los que la conocieron dicen que podía ser encantadora, polémica, beligerante e inflexible en sus opiniones feministas. Fue una firme defensora del regreso a la naturaleza y creemos que una gran amante de los gatos.

Estatua de Wanda en New Ulm, Minnesota

Dedicamos esta entrada a Samantha, cuyas raíces están en Minnesota. Feliz 2021.


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Un gato grande: el lince boreal

De las cuatro especies de lince, el euroasiático o boreal (Lynx lynx) es el de mayor tamaño. Los otros tres son el lince rojo (Lynx rufus), el lince ibérico (Lynx pardinus) (https://gatosyrespeto.org/2015/06/02/un-felino-en-grave-peligro-el-lince-iberico/) y el lince canadiense (Lynx canadensis). No se considera una especie en peligro debido sobre todo a la relativa abundancia de la subespecie siberiana, pero no ocurre lo mismo en muchos territorios donde se le caza por su piel y para proteger al ganado, aunque esté rigurosamente prohibido.

Es el tercer depredador en cuanto a tamaño en Europa, después del oso pardo y el lobo gris. Se alimenta únicamente de carne, de la que consume entre uno y dos kilos diarios, y sus presas favoritas son los ungulados, sobre todo los ciervos. Su hábitat son los bosques a altitudes elevadas con matorrales espesos. Suele cazar en el suelo, pero es un gran trepador y un buen nadador capaz de pescar si hace falta.

El lince boreal se encuentra desde el centro al norte de Europa, en Asia hasta el norte de Paquistán, y en Irán habita en las inmediaciones del monte Damavand, así como en India. Fue considerado extinguido en Eslovenia y Croacia desde principios del siglo XX, pero un proyecto de repoblación iniciado en 1973 lo ha reintroducido con éxito en los Alpes eslovenos y en varias partes de Croacia.

Sello Bielorrusia

También en los años setenta se consiguió reintroducir el lince en Suiza y desde los noventa  se ha estabilizado una pequeña población en las montañas Harz de Alemania. Vive en el bosque Bialowieza de Polonia, y se cree que hay más de 2.000 ejemplares en el país en el que es el animal nacional, Rumanía.

Áreas de distribución del lince boreal

En Rusia, la Sociedad Geográfica dedica una importante suma anual a la protección del lince siberiano al haber menguado su población en años recientes debido a la destrucción de su hábitat y a la caza. Aumentan los ejemplares en Noruega y Suecia, a pesar de la enemistad de los ganaderos, así como en Estonia y Finlandia. Fue exterminado en el Reino Unido a finales del siglo XVII; actualmente se estudian programas de reintroducción que servirían para controlar la población de ciervos, tanto en Inglaterra como en Escocia, donde incluso desapareció mucho antes.

Sello Checoslovaquia

Hay linces boreales en zonas occidentales y septentrionales de China, y sobre todo en la meseta tibetana. Se sabe que proliferaban en Japón durante el periodo Jōmon (14.000 a.C-300 a.C.), pero no existen evidencias arqueológicas posteriores.

Sello Mongolia

Desde siempre ha sido considerado un animal huidizo, invisible, misterioso, fantasmal, que dio pie a diversas leyendas. Teofrasto, filósofo botánico griego del siglo V antes de Cristo, habla del Lapis lyncurius en su tratado sobre las piedras. Hasta aproximadamente el año 1500 se creía que el lince cavaba un agujero para orinar y volvía a taparlo. Al cabo de poco tiempo, su orina se convertía en una piedra parecida al ámbar. Teofrasto cree que la mejor piedra es la de un lince macho en libertad.

En el Libro 15, 391-417 de las “Metamorfosis”, de Ovidio, leemos: “India vencida entregó linces a Baco, el de las apiñadas vides, y dicen que todo lo que emite la vejiga del animal se torna piedra y se solidifica al entrar en contacto con el aire”. Ovidio también cuenta que la diosa Deméter (identificada a menudo con Cibeles) ordenó a Triptolemo que recorriera el mundo para enseñar a plantar a los mortales. Este llegó a la corte del Rey Linquo de Escitia, pero el soberano rehusó trasladar las enseñanzas de Triptolemo a su pueblo y, lleno de envidia, intentó matarle. Deméter le convirtió en lince como castigo.

Plinio el Viejo dice que tiene la forma del lobo y las manchas del leopardo, y que se le vio por primera vez en Roma en los juegos de Pompeyo Magno (55 a.C.). Añade que Etiopía produce un gran número de linces y vuelve a hablar de la orina que se solidifica.

Sello Liechtenstein

Ya en el siglo VII, Isidoro de Sevilla dice en sus “Etimologías” que el nombre del lince procede del griego lukos, aunque sus manchas son las de un gatopardo, y que produce una piedra preciosa llamada “agua lince”. En los bestiarios medievales se le describe a veces con cuerpo de pantera y cabeza de perro, y siempre produciendo la famosa Lapis lyncurius.

En muchos países se cree que la vista del lince es sobrenatural, hasta el punto de que ve a través de objetos sólidos, y a menudo posee la facultad de adivinar las verdades ocultas, incluso el don de la clarividencia. Y en muchos idiomas existe la expresión “tener ojos de lince”.

Sello Serbia

Sello Suecia

En 1603, Federico Cesi fundó la “Academia dei Lincei” (Academia Linceana o Academia Nacional de los Linces), una de las sociedades científicas más antiguas del mundo, que contaba con Galileo Galilei entre sus miembros. Debe su nombre a la ilustración de un lince en el libro Magia Naturalis, de Giambattista della Porta, publicado por primera vez en Nápoles en 1558, que dice así en el prólogo: “…con ojos de lince, examinando lo que se manifiesta, y después de observarlo, hacer celoso uso de ello”. Su emblema era un lince enfrentándose al can Cerbero, guardián del inframundo, evocando la idea de que el lince ve las mentiras y descubre la verdad.

Academia Linceana

Esto nos lleva a la constelación del lince, situada en el hemisferio celeste boreal, descubierta a finales del siglo XVII por el astrónomo polaco Johannes Hevelius. No se le dio este nombre por su parecido al animal, sino por su poco brillo y el hecho de necesitar unos ojos de lince para verla a simple vista. La gigante naranja Alpha Lyncis es la estrella más brillante de la constelación.

Constelación del Lince

“El espejo de Urania”, Sidney Hall (Lince y telescopio Herschilii, 1825)

Poco a poco, la población del lince boreal mejora en Europa occidental gracias a programas de protección y de reintroducción. Todavía existen enormes áreas en Europa donde antaño vivía el lince y donde podría hacerlo de nuevo. El lince ayuda a controlar la población de ciervos, con la particularidad de que nunca se come todo el animal al que ha matado, del que se alimentan desde gusanos a águilas y osos. No acostumbra a matar mamíferos pequeños como conejos y liebres.

Sello URSS

Es un animal crepuscular, activo sobre todo entre la puesta de sol y el amanecer, por lo que muchas personas que viven cerca del lince euroasiático ignoran su presencia. Ojalá se consiga reintroducir en otras zonas este fascinante animal rodeado de un aura de misterio. ¡Felices fiestas!


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La gata blanca, un cuento de hadas de Madame d’Aulnoy (Parte 2)

Adrienne Ségur

El padre de la princesa era el monarca de seis reinos. Su madre, embarazada de ella, pasó por delante de un vergel con frutales y se le antojó probar la fruta, pero para hacerlo tuvo que prometer a unas hadas que les entregaría a su hija recién nacida. El Rey, al enterarse, se opuso muy contrariado, pero un sinfín de desgracias sufridas por sus súbditos le obligó a respetar la promesa de su esposa. La niña creció en una torre mágica de la que no podía salir con la única compañía de Loro y Perrito, dos animales que poseían el don de la palabra. Un hada llamada Violenta la visitaba cada día subida en un dragón.

Garnier Frères (1850-1880)

Pero un día apareció un príncipe bajo su ventana y ambos se enamoraron. Loro les sirvió de mensajero, el joven le dio su retrato… Sin embargo, las hadas ya planeaban casarla con un “hado”, el Rey Mignonnet (Guapito), aunque su aspecto nada tenía que ver con su nombre, sino todo lo contrario. La joven le rechazó de mala manera y por la noche volvió a lanzar la escalera que había tejido para que subiera el apuesto príncipe.

El rey Mignonnet (Guapito)

En ese momento llegaron las hadas con el dragón, que se tragó al príncipe, y la joven princesa fue transformada en una gata blanca, así como toda la corte y los ciudadanos de uno de los seis reinos de su padre. Del parecido entre el primer y el segundo amor de la gata blanca solo se repite que es asombroso, pero no se da otra explicación. Vuelven juntos ante el Rey, y la Reina Gata Blanca le dice que siga gobernando tan bien como hasta ahora, ella dará un reino a cada uno de los otros dos hermanos porque con cuatro tienen de sobra el príncipe y ella.

Ilustraciones de Frédéric Clément

Un cuento sorprendente que no responde del todo a las reglas a las que estamos acostumbrados actualmente. Para empezar es un cuento largo. Aquí hemos hecho un brevísimo resumen. Madame d’Aulnoy describe con detalle el palacio y su decoración, la torre encantada donde está encerrada la gata blanca, la ropa de la protagonista, de la Corte, de los criados…

Maravillas de papel

Incluso relata minuciosamente una batalla naval entre ratas y gatos. Los gatos tienen todas las de perder en un principio, pero consiguen sobreponerse y ganan. La gata blanca, sabia y precavida, no permite que maten a todas las ratas porque también son necesarias.

La batalla naval según Frédéric Clément

Es un cuento cruel en muchos aspectos. Las hadas quieren quedarse con una niña recién nacida y casarla luego con un ser contrahecho y nada simpático, pero ¿con qué fin? El hechizo solo terminará cuando alguien se atreva a cortar la cabeza y la cola de la Gata Blanca… Cuando se refiere al príncipe que trepa por la escalera hacia su ventana, habla de él como “su esposo”. Y, como en cualquier cuento de hadas que se precie, el tiempo no existe.

Maravillas de papel

El escritor de libros infantiles estadounidense Robert D. San Souci (1946-2014) realizó una versión muy edulcorada del cuento porque debió considerarlo no apto para niños. Pero dado que fue asesor de la factoría Disney, no es de extrañar que quisiera censurarlo.

Los cuentos de Madame D’Aulnoy han seguido publicándose a través de los siglos, ilustrados por mujeres como la catalana Lola Anglada (1892-1984), la primera ilustradora profesional en España, además de autora de varios libros. Afiliada a la UGT durante la Guerra Civil española, fue represaliada posteriormente por el franquismo, quedando truncada su carrera.

Adrienne Ségur (https://gatosyrespeto.org/2020/06/18/gatos-y-cuentos-de-hadas-de-adrienne-segur/) incluyó el cuento de la gata blanca en dos recopilaciones “Érase una vez” y, como no podía ser de otro modo, en “El gato Jeremías y otras historias de gatos”.

Adrienne Ségur

Pero hablemos un poco de la autora. Nacida Marie-Catherine Le Jumet de Barneville en 1650 o 1651, bajo el reinado de Luis XIV, fue obligada a casarse a los quince años con el barón d’Aulnoy, François de la Motte, veinte años mayor que ella, y conocido por su afición a la bebida, las mujeres y el juego. Unos años después, la baronesa tramó un plan con un amante y con otro hombre para que su marido fuera acusado de lesa majestad, crimen castigado con la muerte.

Lola Anglada

Declarado inocente y condenados a muerte los dos hombres que le acusaron, Madame d’Aulnoy consiguió escapar milagrosamente (escondiéndose en una iglesia), pero debió exiliarse primero en Flandes, en 1672,  y luego en Inglaterra, en 1675. Regresó a París en 1677, y un año después partió para España con el pretexto de visitar a su madre, la condesa de Gudanne, a la que Carlos II protegía. Por cierto, la autora escribió “Relatos de un viaje a España”, traducido al castellano por primera vez a finales del XIX, donde se incluyen ideas sorprendentes en cuanto a las costumbres españolas de entonces.

Ideas tan sorprendentes que ha llegado a decirse que nunca estuvo en España… En 1682 realizó otro largo viaje a Inglaterra y en 1685 regresó definitivamente a su país natal con el permiso del Rey Sol por “servicios realizados a la Corte”. En otras palabras, Madame D’Aulnoy era una espía.

Lola Anglada

En París se instaló en el Faubourg Saint-Germain llevando una vida muy discreta, pero abrió un salón literario al que acudían regularmente todas las mujeres intelectualmente brillantes de la época (y no eran pocas). Fue amiga de Charles Marguetel de Saint-Denis, señor de Saint Évremon, político y escritor libertino francés de gran renombre.

Versión de Robert San Souci con ilustraciones de Gennady Spirin

Su marido, con el que no compartía casa desde hacía mucho, falleció el 21 de agosto de 1700 habiéndose gastado su fortuna y parte de la de su esposa. Al parecer, la gran popularidad de los cuentos la ayudaron a mantener a sus cuatro hijas. Su primogénita y su hermano, nacidos ambos en 1667, ella en enero y él en noviembre, murieron siendo muy pequeños. Tuvo dos hijas en los dos años siguientes y, posteriormente, en 1676 y 1677 otras dos de padre desconocido.

Maravillas de papel

Luis XIV ya era muy mayor cuando se publicaron por primera vez los cuentos de la autora. Además, estaba bajo la influencia de la muy austera Madame de Maintenon. Lejos quedaban las diversiones de su juventud, las fiestas, las representaciones teatrales, los conciertos. La religiosidad y la moral marcaron el final del reinado del Rey Sol, y los cuentos de hadas, una diversión mundana practicada en los salones de entonces, sirvieron para aliviar la pesadumbre y recordar con nostalgia las fastuosas fiestas de antaño con decorados dignos del mejor cuento de hadas.

Lola Anglada

Al fin y al cabo, Madame d’Aulnoy se nutría en la misma fuente maravillosa que Luis XIV, cuya predilección por los cuentos se debía a los que oyó a sus nodrizas siendo niño. Algunas fiestas, como “Placeres de la isla encantada”, de las que se conservan informes, demuestran su inclinación por todo lo feérico.

Adrienne Ségur

Fue la séptima mujer admitida en la Academia Galileiana de Ciencias, Letras y Artes de Padua, con los nombres de “La elocuente” y “Clio”, musa de la Historia. Falleció en París el 14 de enero de 1705 a los 54 o 55 años.

Deviant Art


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La gata blanca, un cuento de hadas de Madame d’Aulnoy (Parte 1)

Ruth Anderson

Madame D’Aulnoy acuñó el término “cuento de hadas” (contes de fées) alrededor de 1690 con la publicación de “L’Île de la félicité (La isla de la alegría), el primer cuento de este género en Francia. Después del éxito de “Contes de ma mère l’Oye” (Cuentos de mi madre la oca), de Charles Perrault, la baronesa (o condesa según algunos) publicó en 1697 los cuatro volúmenes de “Cuentos de hadas”, a los que siguieron “Nuevos cuentos o Las hadas de moda” en 1698.

Madame D’Aulnoy

Hoy en día siguen siendo famosos los cuentos de Perrault (El gato con botas https://gatosyrespeto.org/2019/11/21/el-gato-con-botas/, Caperucita, Pulgarcito…), pero Madame d’Aulnoy ha caído en el olvido. Sin embargo, en la primera mitad del siglo XVIII sus relatos fueron reeditados cinco veces, una más que los de Perrault. Es hora de redescubrir sus fantásticos, imaginativos y novelescos cuentos de hadas.

Auténticas obras maestras de la literatura feérica, muchos de sus cuentos nacen de la tradición oral y supo trasladarlos a un género literario destinado a lectores adultos y aristocráticos. La revista “Mercure galant”, fundada en 1672 para informar y publicar poemas e historias cortas, fue una gran defensora de la calidad literaria de los escritos de Madame D’Aulnoy.

1810

Sus cuentos incluso dejaron el círculo mundano al que pertenecían y fueron reeditados por la Biblioteca Azul, como ocurrió con el cuento que nos sirve de excusa hoy para hablar de esta singular mujer. La colección fue creada a principio del XVII en Troyes por el impresor Nicolas Oudot y estaba compuesta por obras cortas encuadernadas en rústica, impresas en papel de mala calidad y con tapas de color azul grisáceo. Los ejemplares eran baratos y estaban destinados a la clase popular mediante la venta ambulante.

Biblioteca Azul

Pero antes de seguir hablando de la autora, resumiremos el precioso cuento titulado “La gata blanca”. Érase una vez un rey que tenía tres hijos. Temeroso de que el mayor quisiera hacerse con el trono, decide mandar a los tres en busca del perrito más maravilloso del mundo y darles un año para encontrarlo. Entregará su corona al ganador. Los tres emprenden la marcha, pero al cabo de unos días una terrible tormenta sorprende al benjamín en un bosque desconocido. Por suerte, atisba unas luces a lo lejos, se acerca y descubre un magnífico palacio. Llama a la puerta y le abren varias manos sin cuerpo.

Después de asearse y cambiarse de ropa, las manos le guían hacia un comedor donde una pequeña orquesta gatuna toca sus instrumentos. La música no es del gusto del príncipe y se tapa los oídos con las manos. Entonces entra en la sala una pequeña figura espléndidamente vestida cuyo rostro está tapado con un velo negro, flanqueada por dos gatos de luto y seguida por muchos otros llevando jaulas con ratas y ratones. La figura se alza el velo y el príncipe descubre a la gata blanca más bella que jamás pisó y pisará la tierra.

Concierto felino

Con el velo negro

Cenan juntos. En un momento dado, el príncipe (nunca sabemos su nombre) ve que la gata lleva un diminuto retrato atado a la muñeca y pide verlo. Es el de un joven apuestísimo parecido a él como dos gotas de agua. A pesar de sentirse muy intrigado, no se atreve a preguntar por miedo a herir los sentimientos de la bella felina. Después de una representación teatral interpretada por gatos y monos, ambos se retiran a descansar.

La primera cena (Siglo XVIII)

Con el retrato en la muñeca

Al día siguiente, la gata blanca organiza una partida de caza. Ella va montada en un mono y él, en un caballo de madera más rápido que cualquier corcel. Y así transcurre un año sin que el príncipe se dé cuenta. Salen de caza, juegan al ajedrez, algo que se le da muy bien a la gata, pasean, conversan. Esta le recuerda que solo faltan tres días para la cita con su padre. El joven príncipe se desespera, pero la gata le consuela: el caballo de madera recorrerá las quinientas leguas que le separan del palacio de su padre en doce horas y, además, le entrega una bellota que contiene el perro más pequeño que existe.

El caballo de madera según Gustave Staal (1850-1880)

Como era de esperar, el Rey queda maravillado ante las habilidades del minúsculo perrito, pero no le apetece deshacerse de la corona y esta vez se le ocurre mandar a sus tres hijos en busca de una pieza de tela tan ligera y fina que pueda pasar por el ojo de una aguja de bordar. Los tres hermanos se ponen en marcha y el benjamín regresa al castillo de la gata blanca. Al llegar, la encuentra triste y algo desarreglada, pero en cuanto le ve, la gata blanca se alegra y parece revivir.

Y le besó la pata

Transcurre otro año. De nuevo, la gata le avisa con tres días de antelación y le entrega una nuez que no debe romper hasta llegar delante de su padre. Le manda en una carroza tirada por doce caballos blancos como la nieve seguidos por mil guardas gatunos portando las armas de la gata blanca. Cuando el Rey rompe la nuez, aparece una almendra, dentro de la almendra, una avellana, y así hasta un grano de mijo donde está la tela.

Ilustraciones de Vernier

No cabe duda de quién ha ganado, pero el Rey sigue sin estar dispuesto a entregar la corona y les pide una última cosa: dentro de un año deberán volver con la más bella de las princesas. Dará el reino al hijo con la novia más guapa. El joven príncipe regresa al castillo de su querida gata. El tercer año transcurre como los dos anteriores. Cuando ella le avisa de que solo quedan tres días, el príncipe no quiere partir, prefiere su compañía a cualquier reino. La gata blanca le dice que se llevará a la más bella de las princesas, pero para conseguirlo debe cortarle la cabeza y el rabo antes de tirarlos al fuego.

1908

El príncipe, horrorizado, se niega a hacerlo, pero ella acaba convenciéndole porque ha llegado el momento de romper el hechizo. Por fin, él alza la espada con mano temblorosa y obedece. El cuerpo sin vida de la gata blanca se transforma en una joven maravillosa, y en ese momento entra toda la corte de la gata transformada en seres humanos. Esa noche, la gata le cuenta su historia a su amigo. Continuará la semana próxima.


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Los gatos zapotecas del artista Francisco Toledo

El escritor, periodista y gran amante de los gatos Carlos Monsiváis, fallecido hace ya diez años y sobre el que publicamos una pequeña entrada algunos meses después de nacer este blog (https://gatosyrespeto.org/2014/06/19/carlos-monsivais-amor-a-los-gatos/), fue un gran amigo de Francisco Toledo, probablemente el artista más importante de los últimos años en México.

Francisco Toledo y Carlos Monsiváis

Autorretrato con gato

En palabras del propio Monsiváis: “Toledo, dueño de una cultura plástica, es, en su obra, animista, racional, ferozmente sexual, reiterativo, original, autocritico, capaz de una sequedad alucinada y una ternura tímida. Y se asegura de la correspondencia obligada de temas y medios expresivos. En cuadros, gouaches, grabados, cerámica, la fábula es un despliegue de formas y las formas son momentos del relato interminable de Toledo, del peregrinar de una zoología fantástica.”

El gato de Sara

A Francisco Toledo le gustaba pintar animales poco convencionales, monos, murciélagos, iguanas, sapos, insectos y… algunos gatos. Extraños gatos poco tranquilizadores, como los retratos “felinos” que hizo de su gran amigo Monsiváis. En uno, el gato Monsiváis dormita, como si estuviera recostado en un sofá. y en el otro dibuja un círculo en un papel. Y la verdad, se parecen al escritor.

El felino Carlos Monsiváis

Pero hizo algo más para su amigo, le diseñó y fabricó una urna de cerámica, la “Gaturna”, que representa a un gato jugando con una pelota. Las cenizas del escritor reposan en la pequeña sala de lectura del Museo del Estanquillo entre más de tres mil libros. Y así, Carlos Monsiváis, que nunca pudo vivir sin un gato, está eternamente abrazado por uno.

La gaturna

Francisco Toledo nació el 17 de julio de 1940 en Ciudad de México, según él por accidente, en el seno de una familia de origen zapoteca procedente de Juchitán, estado de Oaxaca. De pequeño vivió en el sur del estado de Veracruz, viajando con frecuencia a la tierra de sus padres, donde su tía abuela le introdujo en la historia y las tradiciones de su región.

Las fábulas de Esopo (Grabado)

Dicen que su padre, al ver las habilidades artísticas del niño, le permitió pintar las paredes de la casa familiar. Después de estudiar en Oaxaca se trasladó a Ciudad de México a los 17 años para estudiar en la Escuela de Diseños y Artesanías del Instituto Nacional de Bellas Artes.

En 1960, a los 19 años, obtuvo una beca para estudiar en París. Permaneció allí cinco años y conoció al poeta Octavio Paz y al pintor Rufino Tamayo, también oaxaqueño, que ejerció entonces una fuerte influencia sobre él. Le aconsejó, vendió su obra a conocidos suyos y le ayudó a exponer en espacios importantes de Ciudad de México. Incluimos aquí uno de los escasos cuadros de gatos que pintó Tamayo.

Rufino Tamayo, 1951

También pasó algún tiempo en Nueva York a finales de la década de los setenta y en 1984 volvió a Europa. Vivió sobre todo en París y en Barcelona trabajando en lienzos, litografías y esculturas. En 1987 se instaló en Ciudad de México y cinco años después se trasladó definitivamente a la ciudad de Oaxaca.

Es famoso por su producción artística, pero también por su activismo y constante denuncia social, además de ser un acérrimo defensor del patrimonio cultural de Oaxaca y de la naturaleza. Se opuso diametralmente al cultivo de transgénicos, a la construcción del Centro de Convenciones de Oaxaca en el Fortín, considerado el pulmón de Oaxaca, y a que se inaugurara un McDonald’s frente al zócalo de Oaxaca.

Gato del té, 1973

En 2006 fundó la Editorial Calamus, después de Ediciones Toledo, con el fin de abrir un camino diferente. Coeditó más de veinte libros junto al Instituto Nacional de Bellas Artes y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Hombres con rostro de gato

Impulsó la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO) en 1992, así como el Museo de los Pintores y el Museo del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. En enero de 2015 donó a este último y al IAGO (Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca) alrededor de 125.000 objetos, entre las que se encontraban numerosas obras suyas.

Gato y cafetera

Defendió la restauración del monasterio agustino, convertido en el actual Centro Cultural Santo Domingo, así como la creación de una fábrica de papel a partir de materiales orgánicos en Etla, Oaxaca, en la que trabajan personas de la región.

Se involucró totalmente en el apoyo a las familias de los cuarenta y tres estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidro Burgos”, en el estado de Guerrero, desaparecidos en 2014, y creó la serie “Papalotes a volar”, unos cometas con sus rostros que se expusieron en el Centro Cultural Bella Época del Fondo de Cultura Económica y en otros muchos centros. Pero también dedicó tres “papalotes” a los gatos.

Nos ha sido imposible descubrir si vivía con algún gato, pero hay muchos en su obra, e incluso cuando ilustra el cuento de Pinocho, encuentra la forma de retratarle subido en un gato y fumando. Y en el libro también vemos a un gato enorme con una botella ¿de tequila? debajo de un hada.

Pinocho fumando sentado en un gato

Pinocho y gato

Creo que podemos afirmar que Francisco Toledo debió tener gatos. Casi no puede ser de otro modo.

Francisco Toledo nunca dejó de luchar por el medioambiente y por defender la cultura oaxaqueña; a menudo se comparó su lucha a la de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco,  pero él decía que los tres muralistas “eran gentes de partido, con convicciones, con una ideología y yo, francamente, no tengo ni partido ni convicciones ni ideología”. Añadía que “les tocó un país que se estaba construyendo y a mí me tocó un país que se está destruyendo”. Pero su prestigio como artista y como activista no solo logró que la población en general, sino también parte del sector empresarial, se sensibilizara sobre los hechos que él denunciaba.

Tras el seísmo del 7 de septiembre de 2017, que se sintió en las comunidades del istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, Toledo financió de su bolsillo cuarenta y cinco cocinas comunitarias para los damnificados.

Francisco Toledo

El 5 de septiembre de 2019, a la edad de 79 años, Oaxaca perdió a su mejor y mayor defensor. En el legado del artista constan más de 7.000 obras.


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Los gatos del pintor surrealista Gürbüz Doğan Ekşioğlu

Gürbüz Doğan Ekşioğlu nació el 22 de enero de 1954 en Mesudiye, provincia de Ordu, Turquía. Empezó a dibujar desde muy joven y, de hecho, él mismo dice que descubrir el lápiz y el papel fue una revelación en primaria. Dibujaba en los márgenes de los libros, dibujaba mientras el maestro hablaba, dibujaba a los vecinos, a sus compañeros… Todos le decían que lo hacía muy bien.

Su pasión le llevó a perder el interés por otras materias y a suspender en varias ocasiones. En un pueblo como Mesudiye, de apenas cinco mil habitantes, pintar no se consideraba una profesión durante la infancia del artista; había que ser ingeniero, médico, arquitecto, abogado. Incluso así, su profesor de dibujo en el instituto le animó a presentarse a los exámenes para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de Estambul, ahora Universidad de Marmara.

Gürbüz Doğan Ekşioğlu

Pero no le admitieron y no tuvo más remedio que estudiar Ingeniería Civil durante dos años antes de volver a presentarse y entrar en la Facultad de Artes Gráficas. Participó en diversos concursos a partir del segundo año, y cuando se graduó en 1979 había ganado doce premios, algunos de ellos internacionales, lo que le permitió encontrar trabajó en una conocida agencia de publicidad.

Se casó con Sumru en 1980. A pesar de ganar un buen salario en la agencia, el trabajo no le gustaba. Se presentó a un examen para ser profesor adjunto y lo aprobó. Sin embargo, con el golpe militar del 12 de septiembre de 1980, dejó de cobrar durante seis meses y sobrevivieron gracias al sueldo de maestra de su esposa. En una entrevista realizada por Marcus Graf cuenta que siguió presentándose a concursos de viñetas: “Ganar estaba bien, pero lo mejor era el premio en metálico. Así pudimos comprarnos una lavadora dos años después de casarnos y un lavaplatos a los cuatro”.

Pero todo esto ha quedado atrás. Hoy en día, el trabajo de Gürbüz Doğan Ekşioğlu no solo se conoce en Turquía sino en todo el mundo. Ha ganado setenta y dos concursos, veinticinco internacionales, ha tenido treinta y nueve exposiciones individuales, una en la ciudad de Nueva York, y revistas de la talla de Forbes, The Atlantic Monthly y The New York Times han publicado obras suyas. Además, sus dibujos han sido portada de The New Yorker en siete ocasiones, cuatro con un gato.

¿Y cómo llegó a dibujar una portada para The New Yorker? (Por cierto, en varias portadas de la revista han aparecido gatos, la primera en 1951). En una entrevista que le hizo el periódico Mürekkep Haber el año pasado, Gürbüz Doğan Ekşioğlu dice: “Decidí pintar gatos en 1991 cuando descubrí las ilustraciones de gatos y perros en portadas de The New Yorker”.

Y sigue contando: “Todo el mundo me decía que mi trabajo era universal y que debía ampliar mis horizontes. Encargué un cartel al artista Milton Glaser y aproveché para mandarle algunas fotos de mis obras. No tardo en contestar: ‘Un trabajo excelente’. Así que decidí arriesgarme; fui a Estados Unidos y me presenté en The New Yorker. Les gustó y me propusieron que trabajara con ellos”. Y así fue como apareció el gato en una taza de desayuno en la portada del número del 6 de enero de 1992.

A esta le siguieron el gato con pelota de lana como rabo con las Torres Gemelas de telón de fondo, el 22 de marzo de 1993; otro gato rodeado por un rabo sin fin y numerosos ratones, el 3 de enero de 2005, y el último, el 5 de octubre de 2009, con un gato más allá del borde del precipicio.

Al parecer, Gürbüz Doğan Ekşioğlu tiene cierta fijación por los gatos con cola infinita. No hemos encontrado fechas de esos dibujos que nos permitieran saber si pertenecen a un periodo concreto o si se repiten a través de los años. El artista reconoce que a menudo repite los motivos en los cuarenta años que lleva pintando.

Gürbüz Doğan Ekşioğlu

El diario Mürekkep Haber entrevistó al artista por la exposición “Mis gatos”, celebrada en marzo de 2019 en la galería de arte Şebnem Bahar, en la ciudad de Antalya. El alcalde del municipio, durante la inauguración, dijo: “Es un honor para nosotros dar la bienvenida a un artista como Ekşioğlu, cuyo renombre se debe, entre otras cosas, a sus gatos. En nuestro distrito, la gente ama a los gatos y no paran de pedir al Ayuntamiento que instale más refugios”.

Cartel exposición “Mis gatos”

Antalya es la cuarta ciudad que acoge la exposición, la primera se inauguró en Ankara, en la Galería de Arte Contemporáneo Municipal, y fue idea de su director, İbrahim Karaoğlu. Ambos estaban de acuerdo en realizar una exposición conceptual y barajaron varios temas: pájaros, cielos, noches o gatos. Se inclinaron por reunir los gatos que había realizado el pintor en los últimos treinta años. La editorial de la Universidad Yeditepe también publicó un libro con 95 dibujos de gatos de Ekşioğlu titulado “Mis gatos”.

En otra entrevista, el artista reconoce que sus influencias han sido Brad Holland, André François y Ralph Steadman, tres ilustradores que también incluyen a gatos en sus obras, así como los dibujantes turcos Turhan Selçuk y Ali Ülvi, entre otros. El Bosco y Van Gogh eran dos de sus pintores favoritos durante los años de bachillerato.

Dice no trabajar a partir de un concepto y lo explica con estas palabras: “Nuestro vocabulario diario oscila entre doscientas y trescientas palabras. Mi vocabulario como artista tampoco cambia. Un concepto puede surgir de una manzana, del cielo, de la noche, de un gato, de un café, de un té, de cualquier cosa”.

Ignoramos si Gürbüz Doğan Ekşioğlu tiene gatos, pero algo nos empuja a pensar que comparte su vida con alguno. Ya se sabe que los gatos no solo son muy queridos en Estambul, sino en todo el país, y alguien que pinta gatos tan a menudo debe observarlos de cerca.

Para acabar, volveremos a citar al pintor: “La justicia, la honradez y la independencia son muy importantes para mí. Siempre he estado del lado de los oprimidos. No me gusta el beneficio individual, quiero que sea para todos. Amo a los animales. Tal como entiendo la vida, creo que mejoraría si todos hiciéramos un pequeño gesto para facilitar el camino a los demás”.