Gatos y Respeto

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Gatos curiosos y la autora Angela Carter

La escritora británica Angela Carter decía que escribió su primera novela a los seis años, “Bill and Tom Go to Pussy Market” (Bill y Tom van al mercado gatuno), que según ella “estaba llena de realismo social: gatos yendo a sus ocupaciones diarias”. De niña, su favorito se llamaba Charlie, un gato bastante maleducado que se hacía pis en los zapatos de su madre.

Angela Carter con un gato

Pasaron los años y adoptó a un gato “de orejas color lavanda y ojos verdes helecho” con su primer marido. Vivió dos años en Tokio y la acompañó una tricolor. De vuelta a Londres, Cocker y Ponce se quedaban en el jardín cuando soltaba a Adelaide y Chubbeleigh (dos pájaros) por el salón. En una entrevista explicó: “Me llevo bien con los gatos porque algunas de mis antepasadas fueron brujas”.

Angela Carter escribió dos libros infantiles dedicados a gatos. El primero, “Comic and Curious Cats”, es una especie de abecedario. Por ejemplo, en la letra I dice: “Me gusta mi gato con I porque es Ingenioso, Ingenuo y se Insinúa. Se llama Iñigo, vive en Inverurie y come calamares Incesantemente. Claro que en inglés calamar es “Inkfish” y también empieza por I, pero no hemos encontrado ningún habitante de los mares que empezara por I en español. El libro está ilustrado por Martin Leman, a quien dedicaremos una entrada muy pronto.

El segundo libro infantil, “Sea-Cat and Dragon King” (Gato Marino y Rey Dragón), cuenta cómo Gato Marino lleva fabulosos trajes incrustados de piedras preciosas que le hace su madre. Sin embargo, el Rey Dragón vive en la más absoluta soledad debido a su tremenda fealdad. En cuanto ve a Gato Marino, quiere su traje, pero Gato es listo y sabe que su madre puede transformar las lágrimas de rubíes de Dragón en el traje más maravilloso para el pobre Rey.

El libro más famoso de Angela Carter es “The Bloody Chamber and Other Stories” (La cámara sangrienta y otros cuentos), publicado en Inglaterra en 1979 y en España en 1991, una antología de diez cuentos de hadas reimaginados por la escritora. Entre estos se encuentra “El gato con botas”, pero no tiene nada que ver con el cuento de Perrault del que hablábamos la semana pasada (https://gatosyrespeto.org/2019/11/21/el-gato-con-botas/) Tres años antes había aceptado un encargo para traducir los cuentos de Perrault al inglés, de ahí nació la idea de dar la vuelta a los cuentos de hadas.

En esta versión, Gato ya tiene botas cuando conoce a un joven tan descarado como él. Ambos viven en Bérgamo y hablan italiano, aunque Gato también habla francés porque “solo se puede ronronear en francés”. Los dos son tramposos, mujeriegos o “gatariegos”, y sobreviven a base de trampas y engaños hasta que el amo se enamora perdidamente de una joven a la que ven pasar en compañía de su vieja criada. Gato no puede creerse que su amo ya no esté interesado en otras mujeres y piensa que la única solución es conseguir que la joven se entregue a él. Eso le curará seguro.

Descubre que la joven está casada con un hombre de avanzada edad y que tiene una gata, Atigrada. Se hace amigo de Atigrada. Esta acepta ayudarle y entrega una carta a su ama. El joven le canta una serenata a su amada, pero hay mucho bullicio en la plaza y no le oye. Gato escala la fachada para avisarla y baja mediante un peligroso triple salto mortal.

El triple salto mortal

Otro triple salto mortal

Deciden que se presentarán como “cazarratas” una vez que Atigrada haya esparcido ratas medio muertas por la casa. La vieja criada, aterrada, les hace pasar y la doncella la convence para que la deje a solas con los “cazarratas” en su dormitorio. Los dos jóvenes hacen el amor apasionadamente mientras Gato simula cazar. Cuando entra la vieja y pregunta por qué está deshecha la cama, el joven le dice que Gato ha librado una terrible batalla con una rata enorme.

Pero el encuentro no cura a su amo. Atigrada le cuenta a Gato que el viejo marido tiene dinero de sobra para mantenerlos a todos y que el pobre podría caerse por las escaleras una buena mañana. Y así es. La criada avisa a un médico y el amo de Gato se hace pasar por doctor. Atigrada no se ha andado con chiquitas, el Sr. Pantaleone se ha roto el cuello. Los dos jóvenes aprovechan para hacer el amor en el suelo (el anciano esposo está en la cama). Ella hereda la fortuna de su difunto marido y se casan. Gato se resigna a dejar atrás sus días de soltero, convive con Atigrada y tienen tres preciosos gatitos.

A primera vista, las versiones de Angela Carter no se parecen a los cuentos originales. Pero basta con fijarse un poco para darse cuenta de que las versiones actuales de los cuentos infantiles tradicionales han sido totalmente edulcoradas si las comparamos a las que se contaban hace sesenta años. Los cuentos de hadas eran mucho más oscuros, sorprendentes y mágicos que los de ahora.

Comic and Curious Cats (contraportada)

Angela Carter nació el 7 de mayo de 1940 y fue la niña mimada de sus padres. En el instituto, sus profesores la animaron para estudiar en Oxford, pero cuando su madre se iba a mudar allí para estar con ella, cambió de idea y prefirió casarse para huir del amor agobiante de su progenitora. Paul Carter, su marido, la introdujo en el mundo de los cuentos. A los 22 años, Angela se matriculó en la Universidad de Bristol, se especializó en Estudios Medievales, y descubrió a Freud y el surrealismo.

Empezó a publicar y en 1969 ganó el Premio Somerset Maugham, que consistía en quinientas libras, y se fue a vivir a Japón sola durante un tiempo para alejarse de las depresiones de su marido. Siempre dijo que sus dos años en Japón la convirtieron en una feminista porque “las jóvenes de Tokio se comportaban como si fueran sus propias muñecas”. Regresó a Londres cuatro años después y siguió escribiendo sin preocuparse mucho por la trama ni el desarrollo de los personajes. Quizá por eso sus mejores obras son historias cortas o cuentos en general bastante truculentos.

Un día, dos años después de volver de Japón, uno de los grifos de la cocina se rompió. Había visto a un albañil trabajando en la casa de enfrente y corrió a pedirle ayuda. Se llamaba Mark Pearce, tenía 19 años entonces, y ella, 34. Mark entró en casa de Angela y nunca se fue. Era muy apuesto, no hablaba mucho; siguió siendo albañil, ella siguió escribiendo. En 1983, a los 43 años, dio a luz a su hijo Alexander.

En una entrevista dijo: “Me asombra ver que en la lista de ‘escritores británicos contemporáneos importantes’ no aparezca una sola mujer, ni siquiera Doris Lessing, la única de todos con auténtica reputación internacional”.

A principios de 1991, poco antes de publicar “Niños sabios”, empezó a sentir dolores en el pecho. Le diagnosticaron un tumor inoperable en el pulmón derecho. Se casó con Mark – no se habían molestado en hacerlo hasta entonces -, y semana tras semana, sentada en su salón, organizó pequeños encuentros para despedirse de sus amigos. Falleció en su casa el 16 de febrero de 1992 a los 51 años.


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El gato con botas

La primera vez que aparece un gato en un cuento para ayudar a un ser humano es en 1550, en una colección de cuentos escritos o recopilados por Giovanni Francesco Straparola en dos volúmenes titulados “Piacevoli notti” (Noches placenteras). Durante cada una de las trece noches del Carnaval de Venecia se contaban historias. La undécima noche, Fiordiana les cuenta a sus compañeros la historia de “Constantino Fortunato”. Una mujer que tenía tres hijos muere y deja al mayor una artesa para amasar el pan, al mediano una tabla para estirar la pasta, y al último, un joven llamado Constantino, su gato. Los dos mayores prestan la artesa y la tabla a los vecinos, que les pagan con comida, pero no la comparten con su hermano menor y le dicen que se la pida al gato.

 

Gustave Doré

En este cuento, el gato es una gata, no lleva botas y en realidad es un hada. Caza a un lebrato y se lo lleva al Rey en nombre de Constantino, al que describe como un joven “virtuoso y hermoso que no tiene parangón”. El Rey da de comer y beber a la gata, y esta lleva parte a su amo. Esto se repite varias veces hasta que la gata convence a Constantino de que se desnude y se meta en el río después de haberse enterado de que el Rey está a punto de pasar. Grita pidiendo socorro en el momento oportuno y le explica al Rey que unos ladrones se han llevado la ropa de su amo. El Rey manda traer ropa, lleva a Constantino a su castillo, y la princesa Elisetta se prende de él. El Rey le concede la mano de su hija y una generosa dote, pero Constantino no tiene castillo donde llevar a su esposa.

El gato ante el Rey

El gato sale corriendo y precede al cortejo nupcial anunciando a todos los que encuentra a su paso que están en grave peligro, pero que si les dicen a los soldados que sirven al señor Constantino, no les harán nada. Y así es, a medida que el cortejo pasa, todos anuncian que trabajan para el señor Constantino.

El gato llega a un castillo donde cuenta lo mismo y la historia se repite. Da la casualidad de que el dueño está de viaje, sufre un terrible accidente y pierde la vida, por lo que Constantino y la gata se apoderan del castillo sin más. Poco después muere el Rey, y Constantino hereda el trono al haberse casado con su hija. Por cierto, hemos olvidado decir que la historia transcurre en Bohemia. Todos aplauden a Fiordiana por contar tan divertida historia.

Una versión en francés se publicó en 1560. Nunca sabremos si Straparola inventó los cuentos de “Piacevoli notti” o si los recopiló, pero nos inclinamos más por la segunda posibilidad. Es probable que pertenecieran a una tradición oral muy antigua y que no solo los recopilara, sino que añadiera algún toque suyo. Con el tiempo, la gata se transformó en gato, llevó botas y el cuento pasó a llamarse “Il gatto con gli stivali” (El gato con botas).

En 1634, Giambattista Basile publicó otro cuento protagonizado por un gato pícaro que habla en una colección titulada “Pentamerone”, que no fue traducida ni publicada en Francia. En este caso, el chico se llama Cagliuso y es un mendigo. Al hacerse rico le promete al gato que cuando fallezca le enterrará en un ataúd de oro como muestra de agradecimiento. A los tres días, el gato decide poner a prueba a su amo y finge estar muerto. Cagliuso le ordena inmediatamente a su mujer que tire al gato por la ventana. Este se alza de un salto, le pregunta si esas son formas de agradecerle todo lo que ha hecho por él y se va sin mirar atrás, dejando al joven que se las arregle solo.

Edición Curmer de 1843

La tercera versión, la que se hizo famosa, pertenece a Charles Perrault (1628-1703),  que fue secretario de Colbert, el consejero más influyente de Luis XIV. La colección de ocho cuentos fue publicada por Barbin en 1697 como “Historias o cuentos de antaño” o “Cuentos de mamá ganso”, y tuvo un éxito rotundo entre la aristocracia al estar los cuentos de hadas muy de moda. Un manuscrito ilustrado ya se había distribuido dos años antes. Es probable que Perrault conociera la versión de Straparola, pero también es posible que el cuento existiera en Francia.

Manuscrito de 1695

Aquí se trata del hijo menor del molinero y de un gato que le deja su padre. Uno de los hermanos mayores hereda el molino y el otro, las mulas. El joven se lamenta, pero el gato le pide que le encargue botas a medida; el joven se asombra al oír al gato hablar y obedece, gastándose el poco dinero que le queda. El gato caza un conejo y se lo ofrece al Rey de parte del marqués de Carabás.

Edición de 1786

El gato utiliza la misma superchería que en los dos cuentos italianos: unos ladrones se llevan la ropa de su amo mientras este se baña en el lago. El Rey, que pasa por allí con su hija, hace traer una ropa espléndida al marqués y le invita a su castillo. La princesa se enamora del joven.

Versión de Erich Kastner

Aquí la historia cambia ligeramente. El gato se adelanta a la carroza y pide a todos los que encuentra que digan que las tierras pertenecen al marqués de Carabás si no quieren acabar como carne picada. Por fin llega a un castillo habitado por un terrible ogro, famoso por sus poderes de metamorfosis. El ogro alardea delante del gato y le asusta transformándose en león. El gato, fingiendo admiración, le pregunta si también podría convertirse en un ser mucho más pequeño, un ratón, por ejemplo. El vanidoso ogro cae en la trampa y el gato se lo come.

El gato ante el ogro, Gustave Doré

Versión de Gail E. Haley

El Rey, la princesa y el joven llegan al castillo. Viendo la riqueza del supuesto marqués, el soberano no duda en entregarle la mano de su hija. A partir de entonces, el gato disfruta de la vida como un gran señor y solo persigue a ratones para entretenerse.

Eduardo Teixeira Coelho

La historia del hijo menor del molinero y de su gato lleno de recursos no ha dejado de ser versionada desde que se publicó en 1697. El cuento “El gato con botas”, también llamado “Le Maître Chat” (El maestre gato), fue traducido por primera vez por Robert Samber en 1729 al inglés y publicado con las otras siete historias. Desde entonces abundan las traducciones a numerosísimos idiomas. La primera edición española data de 1830. Los hermanos Grimm escribieron una versión en 1812 en la que el ogro es un mago y el gato se convierte en primer ministro cuando su amo asciende al trono.

Versión de los hermanos Grimm

Una colección de cuentos hindúes del siglo V después de Cristo tienen como protagonista a un gato que intenta hacerse rico en el palacio de un rey, pero cuyo futuro no es tan brillante como el del gato con botas.

Maëlle Doliveux

El gato con botas aparece en el tercer acto del ballet “La bella durmiente”, de Piotr Ilich Chaikovski. El 10 de enero de 1948 se estrenó en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona la ópera “El gato con botas” de Xavier Montsalvatge.

En 1922, Walt Disney produjo un corto mudo en blanco y negro acerca del cuento. El famoso guionista y director japonés Hayao Miyazaki lo adaptó a un manga y posteriormente a una película de animación. En 1988, el actor Christopher Walken protagonizó una película donde encarnaba a un gato que se convertía en un ser humano cuando llevaba botas. Y finalmente, dentro de la saga “Shrek”, en 2011 se estrenó “El gato con botas”, pero esta versión no tiene absolutamente nada que ver con el cuento.

Película de 1988


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Dos gatos, Hedda Sterne, Sigrid Spaeth y el dibujante Saul Steinberg

Saul Steinberg dibujó 85 portadas y 642 viñetas para la revista New York Times durante casi sesenta años; la más famosa de dichas portadas es, sin lugar a dudas, la del 29 de marzo de 1976 titulada “View of the World from Ninth Avenue” (Vista del mundo desde la Novena Avenida), una ironía sobre la visión que tienen los neoyorquinos del resto del mundo más allá del río Hudson.

Vista desde la Novena Avenida

Gato en suelo

Pero Saul Steinberg no solo se dedicó a las viñetas, ya era muy famoso antes de la célebre portada. A finales de los años cuarenta empezó a realizar murales de gran tamaño en Europa y Estados Unidos, decoró muebles y objetos, pintó cuadros, realizó collages y esculturas, además de exponer regularmente. Él mismo decía, hablando de su enfoque ecléctico: “No acabo de pertenecer al ámbito del arte, de la viñeta o del dibujo para revista, y el mundo artístico no sabe muy bien dónde colocarme”.

Saul Steinberg con el gato Papoose

1967 (Actualmente en el MoMA)

Nunca dejó de eliminar fronteras para ir un poco más lejos, siempre se negó a hacer una distinción entre el arte “alto” y el arte “bajo”. Para él solo importaba la imaginación y se describía como “un escritor que dibuja”.

Gato elegante con pez

Naturaleza muerta con gato

Nació el 15 de junio de 1914 en Râmnicu-Sarat, un pueblo de Rumanía, hijo de padres descendientes de judíos rusos. En 1932 ingresó en el Instituto Regio Politécnico de Milán y no tardó en darse a conocer por sus dibujos satíricos y a publicar regularmente en dos revistas de humor de la ciudad hasta 1938, cuando una ley prohibió a los judíos trabajar en Italia. En 1936, a los 22 años, conoció a Ada Ongari, una mujer casada y rodeada de un halo de misterio a quien nunca dejó de ver y ayudar económicamente hasta la muerte de esta en 1997.

Saul Steinberg y Ada Ongari (1937-38)

En 1940, calificado como apátrida por Italia, fue internado en un campo de concentración en Tortoreto. Gracias a sus tíos, afincados en Nueva York y Denver, consiguió un visado y zarpó desde Lisboa llegando a la isla Ellis el 1 de julio de 1941. Pero ya se había excedido el cupo anual de emigrantes rumanos y acabó pasando un año en la República Dominicana. Allí no cesó de dibujar para hacer frente a la creciente demanda de sus viñetas por las revistas estadounidenses.

Gato en columna

Por fin, en julio de 1942, llegó a Nueva York, donde siguió vendiendo sus dibujos a través de un agente (que se llevaba el 40% de las ganancias). Coincidió con Costatino Nivola, también rumano y conoció a otros artistas como Alexander Calder (https://gatosyrespeto.org/2019/04/11/gatos-moviles-y-stabiles-de-alexander-calder/) entre ellos. En febrero del año siguiente le presentaron a su compatriota Hedda Sterne y se casaron en 1944, que siguió siendo su confidente y amiga a pesar de su separación paulatina a partir de finales de los cincuenta.

Saul Steinberg y Hedda Sterne (1951)

Gato maestro indicando diagrama de nevera con comida

Con Hedda Sterne creemos que entró el primer gato en la vida de Saul Steinberg. Un callejero de tripa blanca y capa grisácea a rayas llamado Poussin (Polluelo en francés),  lo que nos lleva a pensar que era gato y no gata. Hedda Sterne fue la única mujer dentro del movimiento Expresionista Abstracto al que pertenecían Jackson Pollock o Mark Rothko, hoy en día afamados pintores, pero ella pasó al olvido, y no por falta de talento. De su relación con Saul Steinberg dijo ser “la sufrida y regularmente engañada esposa con unas pocas lunas de miel entre medias”. Sin embargo, tal como le había prometido años antes, le sujetó la mano mientras él expiraba. Hedda falleció en 2011 a los cien años.

Hedda Sterne con Poussin (1954)

Con Poussin en el patio de su casa (1954)

En 1947, Henri Cartier-Bresson fotografió a Saul Steinberg en Vermont con un gatito, y ese mismo año, el artista pintó un mural en el estudio del fotógrafo Gjon Mili (https://gatosyrespeto.org/2016/03/31/el-gato-blackie-y-el-fotografo-gjon-mili/) donde se ve a Blackie – el gato fetiche de Gjon Mili -, en la esquina izquierda inferior.

Saul Steinberg en Vermont, fotografía de Henri-Cartier Bresson, 1947

Blackie, el gato de Gjon Mili, contemplando su retrato (1947)

Tres años después encontramos tres representaciones felinas totalmente diferentes: la famosa silla “gato” de fibra de vidrio diseñada por el matrimonio Eames y pintada por él; “Retratos”, una fotografía publicada en la revista “Flair” de unas banquetas simulando el cuerpo de gatos con las cabezas y las patas pintadas en paredes y suelo, y finalmente, la viñeta publicada en The New Yorker del gato detrás de la pecera.

Silla, fibra de vidrio. Diseño del matrimonio Eames (1950-51)

Retratos (Fotografía publicada en Flair, 1950)

The New Yorker, mayo 1950

Con el tiempo, los gatos redondeados del principio se harían más angulosos, más irónicos e incluso mucho más antropomorfos, como “La esfinge”. El cuerpo seguía siendo el de un gato, pero en muchas viñetas, la cabeza se convertía en geométrica, con facciones humanoides.

Gato Esfinge (1984)

1954

En 1960, Saul Steinberg conoció a Sigrid Spaeth, una joven alemana 22 años menor que él. “Gigi”, como la llamaban todos, prefería llevar faldas largas y el pelo suelto, pero desde el principio, el dibujante quiso vestirla con ropa cara y joyas. Su tormentosa relación duró 35 años durante los que nunca dejaron de discutir en público y en privado. En algún momento, Gigi adoptó a Papoose, un gato negro con una mancha blanca en el pecho. Por las fotos deducimos que probablemente fue en 1976.

Sigrid y Papoose (1978)

Saul Steinberg y Sigrid Spaeth

Sigrid Spaeth emuló la foto de Henri-Cartier Bresson hecha en 1947 con Steinberg tumbado en el suelo. Gigi se suicidó en 1996, tirándose desde el tejado del edificio donde el artista le había alquilado un piso. Sus cenizas están enterradas al pie de un cerezo en el jardín de la casa de campo que Steinberg tenía en Amangasett, al final de Southampton, no lejos de donde reposa el gato Papoose, que incluso perseguía a los zorros.

Saul Steinberg y Papoose (Foto de Sigrid Spaeth, 1977)

Con Papoose

Saul Steinberg fue un viajante infatigable, compulsivo. Recorrió Estados Unidos en coche, voló a diversas capitales latinoamericanas y africanas, e iba a Europa, sobre todo a Francia, regularmente. Vestía como un auténtico dandi, tenía coches caros y el dinero nunca representó un problema porque empezó a ganar millones al poco de su llegada a Nueva York. Jamás perdió un acento peculiar cuando hablaba en inglés que confería un tono oracular a la frase más nimia.

Gato tumbado

En 1999 pasó un mes en el Caribe, concretamente en San Bartolomé, antes de regresar a Nueva York, donde falleció el 12 de mayo de un cáncer pancreático, rodeado de sus amigos, la editora Prudence Crowther, el arquitecto Aldo Buzzi, un viejo amigo de cuando ambos estudiaban en Milán, y Hedda Sterne.

En una carta a Aldo Buzzi (1994)


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El gato Morris, una estrella

El primer gato Morris fue visto por primera vez en 1969 anunciando la comida felina 9Lives y no tardó en hacerse famoso. Había sido rescatado de la calle por la Hinsdale Humane Society, situada en Hinsdale, una localidad a las afueras de Chicago. Ya era un gato adulto y es muy probable que estuviera abandonado.

1972

La agencia publicitaria Leo Burnett se había puesto en contacto con el adiestrador Bob Martwick porque buscaban un gato para promocionar una marca de latas, pero lo querían con aspecto de “macho”. Morris ya llevaba meses en la protectora y Marwick le encontró un día antes de que fueran a sacrificarlo.

Bob Martwick se quedó prendado del tranquilo gato naranja. Tan tranquilo que algunos incluso le tacharon de distante. Al cabo de pocos días se llevó a Morris y a otros gatos para que conocieran al equipo creativo de la agencia en Chicago. Primero presentó a los otros nueve gatos y reservó a Morris para el final. Con el fin de que el impacto fuera mayor, le dejó entrar solo en la sala.

1978

Según el adiestrador: “Saltó encima de la mesa y fue directamente hacia el director artístico, el pez gordo de la reunión, le dio un empujón con la cabeza y se sentó delante de él”. Parece ser que el director artístico, cuyo nombre no ha pasado a la historia, dijo: “Hemos encontrado al Clark Gable de los gatos”. Así fue como el primer gato Morris se convirtió en el representante de la marca 9Lives (en los países de habla inglesa, los gatos tienen 9 vidas, dos más que los nuestros). Protagonizó nada menos que 58 anuncios televisivos, y su imagen apareció en una infinidad de tazas, camisetas y otros objetos de merchandising.

1980

El trofeo dorado, al lado del que vemos a Morris, ofrecido por 9Lives al gato del año durante un concurso celebrado en el Beverly Hills Hotel, estaba hecho por la empresa que también fabricaba los premios Emmy, algo que demuestra la importancia de Morris.

Premio Morris a la Mejor Mascota

Jennifer Peterson, que empezó trabajando en los ochenta, tuvo el privilegio de conocer y viajar con el segundo Morris. Recuerda que ella y su equipo volaban en clase turista, mientras que Bob Martwick y Morris iban en primera. Eso sí, Morris siempre dentro de su transportín.

Jennifer Petterson, Morris (tercera generación) y Bob Martwick

“Se veía a un gato naranja por los agujeros del transportín, pero no se nos ocurría llamarle por su nombre porque la gente se habría vuelto loca”, dice la relaciones públicas. Fue una de las poquísimas personas que tuvo el privilegio de coger en brazos al segundo Morris porque Bob Martwick no quería que le tocaran. “Era muy agradable, pero muy estricto”, dice Jennifer Petterson, que también trabajó con otras estrellas, como Beethoven, Lassie y el perrito de la serie “Frasier”.

Calendario 1986

El primer Morris murió en julio de 1978 a los 17 años. El periódico The New York Times le dedicó una necrológica donde se especificaba que “Morris descansa cerca del hogar del Sr. Martwick”. El adiestrador empezó a visitar protectoras para encontrar a un gato que se pareciera lo suficiente a Morris como para sustituirle en los anuncios.

Morris, el autor

Bob Martwick falleció el 29 de agosto de 2001. Había pasado 27 años recorriendo Estados Unidos con dos estrellas felinas, conocidas por sus exigentes gustos en cuanto a comida. Dijo en muchas ocasiones que se consideraba el asistente de Morris y que disfrutaba siéndolo. Tenía otros animales, pero Morris fue el que alcanzó la fama.

Bob Martwick y el primer Morris

Los gatos que han sustituido a los dos primeros Morris proceden de protectoras y desde que empezaron a verse los anuncios, han recibido miles de cartas de fans a las que contestan con una huella de la pata delantera (no sabemos si la derecha o la izquierda). En 1988, el tercer Morris participó en la carrera para ocupar la Casa Blanca con el lema “Morris para presidente”; otro volvió a intentarlo en 2012 y cabe la posibilidad de que el actual gane si lo intenta en 2020.

2019

Todos los Morris han promocionado y promocionan la salud felina a través de acuerdos con diversas protectoras, además de visitar hospitales y colegios. En 2006 se lanzó la campaña “Morris Million Cat Rescue” (Rescate Morris de un millón de gatos), que logró su objetivo al cabo del tercer año: la adopción de un millón de gatos rescatados de protectoras. Gracias a la colaboración con la Asociación Veterinaria de América, de Schaumburg, Illinois, el mes de febrero fue declarado “Mes de la salud del gato”.

1984

El primer Morris trabajó en dos películas en 1973. La primera fue “Shamus, pasión por el peligro”, dirigida por Buzz Kulik, y protagonizada por Burt Reynolds y Dyan Cannon.  Según Mary Daniels, su biógrafa oficial, Morris tuvo que trasladarse a Brooklyn para rodar. En la primera escena en la que aparecía, debía lamer la cara de Shamus después de que a este le pegaran una paliza. Pero Morris prefirió colocarse de un salto en el borde de la bañera donde acaba el detective, lo que no estaba en el guion, pero gustó mucho al director.

Shamus

La segunda película fue “Un largo adiós”, de Robert Altman, con guion de otro gran amante de los gatos, el escritor Raymond Chandler, y protagonizada por Elliot Gould en el papel de Marlowe. Ahora bien, aquí existen discrepancias en cuanto a si realmente Morris participó en esta película. Volvemos nuevamente a su biografía oficial en la que se indica que Morris rechazó el papel por miedo a que le encasillaran al haber rodado otra película de detectives ese mismo año. El gato que salta encima del hombro de Robert Gould podría ser el no menos famoso Orangey (https://gatosyrespeto.org/2017/04/20/el-gato-orangey-un-premiado-actor/).

Un largo adiós

Raymond Chandler y su gato

A pesar de las dudas, hemos querido incluir unos cuantos fotogramas de “Un largo adiós” y sobre todo de la célebre gatera “El porto del gato”. Está claro que el gato de Marlowe sabía leer; más aún, hablaba español, pero su compañero humano flaqueaba bastante en cuanto a sus conocimientos idiomáticos.

 

 

 

 

 

El actual Morris reside en Los Ángeles con su adiestradora y compañera Rose Ordile. Juntos van a los rodajes donde trabajan otros de sus animales. También sabemos que visitó CatCon 2019, la feria felina más importante del mundo, celebrada en Pasadena, California, el pasado mes de junio. Por cierto, CatCon es una acérrima defensora del lema “Adopta, no compres”.

Morris en su casa actual


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Gatos queridos, de Peter Harskamp

El pintor, ceramista y escultor Peter Harskamp nació el 28 de marzo de 1951 en La Haya. Empezó a estudiar Grafismo en la Academia de Bellas Artes de Róterdam en 1968, pero no tardó en descubrir la escultura, la pintura y la cerámica, sumiéndose en las tres disciplinas. Expuso por primera vez en solitario en 1975.

Sus esculturas iniciales eran de barro, hasta que en 1985 empezó a trabajar con bronce. Un paso natural, dado que los escultores suelen realizar la figura en barro y una vez acabada, hacer un molde, o bien en yeso o en un gel flexible. La ventaja del molde de yeso es que puede conservarse para hacer varias piezas de la misma escultura si se desea.

A pesar de los numerosos gatos incluidos en sus cuadros y esculturas, solo hemos encontrado fotos suyas con perros. Sin embargo, estos no aparecen en ninguna obra. Hay caballos, vacas, búhos y palomas, aunque nada comparable al número de gatos, solos o acompañados de una mujer o un hombre.

El artista con su perro

Los gatos de Peter Harskamp son elegantes, altos de patas y delgados. Cuando los representa en compañía de mujeres, estas los abrazan, dejando entender que existe un gran afecto entre ambos. La proporción de hombres con gatos es menor, pero la unión entre ambos también es patente, como se ve en los cuadros de hombres con un gato en la cabeza.

Los gatos que están solos, sin la compañía de un ser humano, son igual de elegantes, pero tienden a una ligera humanización. Y todos, a pesar de ser sumamente estilizados, adoptan posiciones muy habituales en ellos. Nos da la impresión de que el pintor ha pasado tiempo observándolos y casi nos atreveríamos a decir que, en algún momento, debió convivir con alguno o algunos.

Peter Harskamp ha expuesto en Francia, Alemania, Suiza, Nueva York y, desde 2012, participa cada año en la ART Revolution Taipei, la mayor feria de arte de Asia, que tiene lugar en el Taiwan World Trade Center. En 2005 publicó el libro “Peter Harskamp and the Curbing of Time” (Peter Harskamp y la curvatura del tiempo). En 2016 salió a la venta otro libro, “Peter Harskamp, painter and sculptor” (Peter Harskamp, pintor y escultor). Reside en Bronkhorst, Holanda, con su esposa Mirjam.

El historiador del arte Frans Duister, hablando del pintor, dijo: “Enfoca su trabajo de modo consecuente y barre las supuestas particiones entre lo figurativo y lo abstracto sencillamente porque, para él, estas diferencias no existen en la vida. Sus obras demuestran que dichas fronteras son meramente artificiales”.

Y sigue diciendo: “La sencillez de sus composiciones se basa en la realidad, en el sentimiento universal del ser humano por la belleza, el equilibrio, la libertad y la dulzura. Están motivadas por un mundo al alcance de la mano en el que se introducen las pequeñas fábulas de la vida que tanto significado tienen”.

En la página web de una galería encontramos una descripción de la obra del artista: “A pesar de las diferencias existentes entre el óleo y la escultura de bronce, existen numerosos puntos de contacto entre las dos disciplinas en la obra del artista. La tensión es clara y perceptible, y se traduce mediante la estilización. Más aún, sus obras tienen un carácter de gran intensidad expresiva. En los óleos, los temas se basan en dibujos que escapan de la realidad y se trabajan posteriormente con ricos colores”.

“Tanto los cuadros como las esculturas muestran una desenfadada transformación de la realidad con toques sorprendentes no carentes de humor. Logra una síntesis entre sus obras bidimensionales y tridimensionales. Recrea a hombres y mujeres, y los convierte en seres que se dejan llevar por actividades relajantes, como son la ensoñación y la contemplación, tomando un baño o sencillamente en compañía de un animal. Actividades  que el ser humano moderno solo se permite de forma limitada, pero que ocupan el lugar principal del universo del artista. Y así, sus figuras humanas se convierten en invulnerables porque carecen de objetivo. Su desarmadora ingenuidad hace que no necesiten defenderse de nadie ni de nada. Si estas personas existiesen, conferirían al mundo una apariencia nueva y totalmente diferente”.

“Pinta con realismo estilizado, despojando a los personajes y a su entorno de todo lo superfluo. Su obra irradia belleza, equilibrio, paz y ternura”.


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Kitty City, un libro felino de horas, de Judy Chicago

Las personas que conozcan la obra de Judy Chicago quizá no sepan que en 2005 publicó  “Kitty City”, según ella “su proyecto más modesto”. En el libro habla de todos los gatos con los que convivió, aunque los protagonistas solo son seis, Inka, Milagro, Poppy, Romeo, Trio y Veronica. Al ser un libro de horas, contiene 24 acuarelas correspondientes a cada hora del día describiendo una ocupación felina, además de otras planchas hasta un total de 36.

Los personajes

Judy Chicago, cuyo verdadero nombre es Judith Sylvia Cohen, se dio a conocer mundialmente por la instalación “The Dinner Party” (La cena), un homenaje a los logros de las mujeres, considerada como la primera obra de arte feminista de grandes proporciones. En otoño de 1970, cuando enseñaba en el State College (Universidad estatal) de Fresno, California, fundó el primer programa de arte feminista de Estados Unidos, con quince alumnas, apoyada por la institución. Decidió que la clase tendría lugar fuera del campus para alejarse de “la presencia y, por tanto, de las expectativas de los hombres”. Joyce Aiken tomó las riendas del curso en 1973 hasta que se jubiló en 1992.

3 de la mañana, despertémonos

4 de la mañana, crecer no es tarea fácil

Judy nació en Chicago el 20 de julio de 1939, hija de Arthur y May Cohen. Su padre procedía de un largo linaje de veintitrés rabinos, pero no siguió la tradición familiar al convertirse en un sindicalista que trabajaba de noche en Correos. Su madre, una exbailarina, era secretaria de un médico e inculcó su pasión por las artes a su hija y a su hijo Ben. Arthur Cohen fue investigado durante el Macartismo a principios de los cincuenta por pertenecer al Partico Comunista; su muerte en 1953 traumatizó profundamente a Judy.

5 de la mañana, el hogar es donde están los gatos

6 de la mañana, alarma gatuna

La artista obtuvo una beca para estudiar en UCLA (Universidad de California Los Ángeles), donde empezó su actividad política. En 1959 se enamoró de Jerry Gerowitz y se casaron dos años después. Él murió en un accidente de tráfico en 1963. A pesar de estar destrozada por la pérdida de su marido, consiguió graduarse con un máster en Bellas Artes en 1964.

7 de la mañana, hora del desayuno

8 de la mañana, limpieza

Al año siguiente expuso en solitario por primera vez en la galería Rolf Nelson de Los Ángeles y en 1968 declinó la invitación para participar en la exposición “California Women in the Arts” (Mujeres californianas en las artes) diciendo: “No exhibiré obras mías en ningún grupo que se defina como Mujeres, Judío o Californiano. Algún día, cuando todos hayamos crecido, no habrá etiquetas”.

10 de la mañana, mantequilla para desayunar

El galerista Rolf Nelson solía llamarla “Judy Chicago” por su marcado acento de esta ciudad. Judy no quería estar conectada al apellido de un hombre por descendencia o matrimonio y quiso adoptar este nombre legalmente. Cuál no fue su sorpresa al descubrir que para obtener el cambio de nombre, debía tener la autorización de su nuevo marido, el escultor Lloyd Hamrol, del que se divorció en 1979.

5 de la tarde, ejercicio

Entre sus obras más importantes destacaremos “The Dinner Party” (La cena), muy mal vista por la crítica, pero aplaudida por la mayoría de las personas que la vieron en seis países diferentes de tres continentes. Consiste en una gran mesa triangular de 14,63 metros por lado con 39 cubiertos, cada uno dedicado a una figura femenina mítica o histórica. A continuación trabajó durante cinco años en “Birth Project” (Proyecto nacimiento), al que siguieron “Power Play” (Situación ventajosa) y “The Holocaust Project” (Proyecto Holocausto), este último en colaboración con su tercer marido, el fotógrafo Donald Woodman, gran amante de los gatos.

7 de la tarde, hora de cenar

10 de la noche, queremos atención

En 1993, la pareja se mudó a una pequeña casa de Alburquerque en la que vivieron tres años mientras Donald remodelaba el viejo “Belen Hotel”, un edificio histórico que habían comprado. Ese mismo año, también empezó a dibujar a los gatos que compartían su hogar.

En “Kitty City”, Judy Chicago cuenta que, de pequeña, no tuvo animales domésticos. Más aún, era alérgica a los gatos con los que se cruzaba en casa de amigos o conocidos. Cuando vivía en Santa Mónica y estudiaba en UCLA, “una diminuta gata negra llegó a mi puerta y me enamoró. Habría hecho cualquier cosa para quedarme con Little Puss, y conseguí superar la alergia. Desde entonces, casi siempre he vivido con gatos”.

Diferencias irreconciliables

Después llegaron Lamont, otro gato negro de pelo corto, y Goldfinger, de largo pelo dorado. A partir de ese momento, los gatos se sucedieron en la vida de Judy; los encontraba, aparecían, se los daban. Recuerda cómo, un día, corriendo por Mulholland Drive (la calle que sale en todas las películas), su compañero rescató a una gatita a la que puso por nombre Mulholland, aunque pronto se abreviaría a Mully. Siete años después, en Santa Fe, conoció y se casó con Donald. En el libro dice: “Mi nuevo marido no solo me robó el corazón, sino también el de Mully. Mientras vivió, durmió en nuestra cama, en la almohada al lado de su cabeza”.

Puede que su gran favorito fuera Sebastian, un gatito negro y blanco que pertenecía a la vecina, pero decidió vivir con Judy. (Nada raro, los gatos tienden a escoger a las personas con las que quieren compartir una casa). Pero Sebastian, llamado así por el personaje de “Retorno a Brideshead”, de Evelyn Waugh, tenía un solo defecto, era un glotón. Cuando por fin se mudaron a Belen, los vecinos fueron a despedirse de Sebastian y descubrieron que todos le daban de comer.

Gatos de cerámica de Judy Chicago

Judy habla de cada uno de sus gatos con amor y humor; los describe físicamente, así como sus costumbres e incluso sus muertes. Cuenta que Donald y ella coincidieron en que seis gatos era el número perfecto porque la casa era grande y podían cuidar de seis gatos sin dificultades. En el epílogo, acaba diciendo que ya no añadirían nuevos miembros a la familia a medida que alguno fuera desapareciendo.

Judy y Pete

Han pasado catorce años desde la publicación de “Kitty City” y Judy Chicago tiene 80 años. Los dos gatos más jóvenes que adoptó en 2001, Pete y Re-Pete, tendrían ahora 19 años, una edad muy respetable. Algo nos dice que Judy y Ronald han seguido adoptando gatos; quizá ya no tengan seis, pero seguramente uno o dos.

Pete


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Dos gatos, Adorno y Flanelle, y Julio Cortázar

Aunque suele atribuirse el nombre de Adorno al gato que se ve en las fotos con Cortázar, en realidad se trata de su gata Flanelle. Puede que el error se deba a que el escritor le dedicara el relato titulado “La entrada en religión de Teodoro W. Adorno” (https://libreriodelaplata.com/la-entrada-en-religion-de-teodoro-w-adorno-de-julio-cortazar/) en la colección “Último round”. En ese relato cuenta cómo conoció a un gato negro, delgado, hambriento, que vivía en un basurero de Saignon, pueblecito del interior de Provenza donde pasaba las vacaciones con su mujer. Le llamó Adorno en honor a Theodor L.W. Adorno, el conocido filósofo alemán.

En este breve relato, Julio Cortázar habla de un gato negro con corbata blanca que apareció durante tres años en la casa donde vivía los cuatro meses de verano. Al cuarto año no vino, pensó que habría muerto, pero al cabo de unos días, haciendo recados en el pueblo, descubrió a Teodoro hecho un ovillo delante de la puerta de la Señorita Sophie, la sacristana. De ahí el título del relato. Teodoro Adorno, gato filósofo, ni le miró, y creemos que el escritor se sintió ofendido. Pero ¿qué esperaba? ¿Por qué iba a mirarle Teodoro si no podía contar con él todo el año, si solo era un pasatiempo veraniego?

Al no encontrar fotos de Teodoro Adorno, y a pesar de que Cortázar dice haberle fotografiado, incluimos una de un gato negro del pueblo de Saignon.

Gato negro de Saignon

Julio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914 en la Embajada argentina de Bruselas por pura casualidad, “producto del turismo y de la diplomacia”, como él mismo decía. No llegó a Argentina hasta cuatro años después cuando sus padres se instalaron en Banfield, en la zona Sur del Gran Buenos Aires.

Se licenció como profesor en Letras en 1935 y ejerció primero en Bolívar y luego en Chivilcoy. Tres años después publicó con su propio dinero 250 ejemplares de la colección de poemas “Presencia” bajo el seudónimo de Julio Denis. Enseñó Literatura Francesa en Mendoza y más tarde, Literatura Europea en la Universidad de Cuyo, pero renunció al puesto por desacuerdos con el peronismo. Se instaló en París en 1951, a los 37 años, gracias a una beca otorgada por el gobierno francés.

A Julio Cortázar le gustaba mucho el jazz, sobre todo Charlie Parker, y tocaba el clarinete y el piano desde niño. En honor a su ídolo, se compró una trompeta, pero al principio los sonidos destemplados que sacaba del instrumento ahuyentaban a otros seres muy queridos por él, los gatos.

Sus amigos siempre decían que si no estaba pegado a la radio oyendo la retransmisión de un combate de boxeo, otra de sus grandes pasiones, tenía un gato en brazos. Ese amor le venía de la niñez; parece ser que en la casa de Banfield, lo que más abundaba eran los gatos.

Sabemos de dos gatos que ocuparon un sitio especial en la vida del autor, Teodoro Adorno, del que ya hemos hablado, y Flanelle, una gatita con la que vivió muchos años. La llamó Flanelle por la suavidad de su pelaje (significa “franela” en francés) y se cuenta que fue sumamente consentida. Un cuento que alude al profundo amor que sentía por Flanelle es https://www.literatura.us/cortazar/losgatos.html en “Queremos tanto a Glenda”, una colección de relatos publicada en 1980.

Con Osvaldo Soriano, Jorge Enrique Adoum y Alejandra Adoum, París, 1976

Osvaldo Soriano, otro escritor que pasó una larga temporada en París huyendo de la dictadura, cuidaba de Flanelle mientras Julio Cortázar y su segunda esposa, la canadiense Carol Dunlop, viajaban por Europa y Centroamérica. Ya que hemos mencionado al “gordo” Soriano, debemos añadir que también estaba loco por los gatos y que escribió “El negro de París” (https://gatosyrespeto.org/2014/07/31/osvaldo-soriano-y-los-gatos/), un cuento maravilloso.

En 1982, Julio y Carol emprendieron un viaje de 33 días desde París a Marsella en un Vokswagen Combi rojo al que llamaron “Fafner” (como el dragón de la Saga Volsunga o la Tetralogía de Richard Wagner), durmiendo en las áreas de servicio de la autopista, para coescribir “Los autonautas de la cosmopista”. En los agradecimientos, Cortázar dice lo siguiente: “A Luis Tomasello, que no sólo supo crear casi milagrosamente amplios espacios para la estiba de las provisiones y bastimentos en Fafner, sino que además se hizo cargo de nuestra gata Flanelle, evitándole así que tuviera que afrontar las duras condiciones de vida en la autopista, sin hablar del apoyo logístico que aportó al cargamento y arrumaje”.

Fafner

“Los autonautas de la cosmopista” fue lo último que escribió Julio Cortázar. Flanelle murió antes de que regresara a París, y su esposa Carol, el 2 de noviembre de 1982, al poco de volver. Los derechos de autor de las ediciones en español y en francés se donaron íntegramente al movimiento sandinista de Nicaragua.

Los autonautas de la cosmopista

Hasta su muerte el 12 de febrero de 1984, su primera mujer, Aurora Bernárdez, volvió con él y le cuidó durante su enfermedad, convirtiéndose en la única heredera de su obra publicada y de todos sus textos sin publicar. Salvó los miles de libros en español de la biblioteca del autor y los donó a la Biblioteca Nacional de Nicaragua. Entre los textos inéditos, en 2009 se publicó “Papeles inesperados”, con un cuento titulado “Gatos” que nada tiene que ver con gatos ¿o sí? En 2014, el relato fue traducido al alemán.Julio Cortázar fue un traductor de gran prestigio internacional. De hecho, la traducción que hizo de la obra de Edgar Allan Poe se considera la mejor en castellano hasta el momento.

Hablando de los gatos en su infancia, dijo: “No estaba privado de felicidad; la única condición era coincidir de a ratos (el camarada, el tío excéntrico, la vieja loca) con otro que tampoco calzara de lleno en su matrícula, y desde luego que no era fácil; pero pronto descubrí los gatos, en los que podía imaginar mi propia condición, y los libros donde la encontraba de lleno”.

Para acabar mencionaremos un último relato corto, y muy divertido, acerca de gatos y teléfonos, “Cómo se pasa al lado”, del libro “Un tal Lucas”. Aquí está el enlace donde pueden oírlo con la voz del propio Cortázar. http://blog.santillana.com.ec/cuento-como-se-pasa-al-lado-en-la-voz-de-su-autor-julio-cortazar/