Gatos y Respeto

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Gatos, Olivia de Havilland y Hollywood

Los gatos siameses estuvieron muy de moda en los años cuarenta y cincuenta, y muchos conocidos actores de la era dorada de Hollywood se apasionaron por ellos. Hace poco, el 3 de julio, Olivia de Havilland cumplió 103 años. No sabemos si la actriz que dio vida a Melanie en la película “Lo que el viento se llevó” sigue teniendo gatos, pero no nos extrañaría que así fuera.

Por las fotos que hemos podido encontrar, se ve claramente que a Olivia de Havilland le gustaban los gatos. Se sabe que viajaba con algunos de sus siameses, pero hasta hemos llegado a plantearnos si no los llevaba con ella a los rodajes. Hay una foto de la Agencia Getty en la que acaricia a un gato que no tiene nada de siamés en el plató de “La heredera”, y volvemos a verla con este mismo gato en una foto en color que no está tomada durante un rodaje.

En el rodaje de “La heredera” (1949)

A los 18 años, Olivia de Havilland tuvo que sustituir a la actriz que debía interpretar a Hermia en la obra “El sueño de una noche de verano”, dirigida por Max Reinhardt en el Hollywood Bowl. Su actuación asombró a todos y cuando el director supo que dirigiría la versión cinematográfica, le ofreció el papel. La joven rehusó en principio, decidida a seguir estudiando para ser profesora de literatura inglesa, pero acabó por dejarse convencer y firmó un contrato con Warner Brothers por 200 dólares semanales.

Con la gata Catherine, llamada así por el personaje de “La heredera”

Un año después, el estudio produjo “El capitán Blood”, una película de capa y espada que iba a protagonizar un actor desconocido llamado Errol Flynn y la tampoco muy conocida Olivia de Havilland. Hoy en día diríamos que la química entre los dos fue inmediata y traspasó la gran pantalla. Al parecer, “ambos tenían un atractivo clásico, voces cultivadas y daban la sensación de ser aristócratas”. Esta primera película marcó el tono de las siguientes: diálogos rápidos y ligeros llenos de pullas sin consecuencias, así como un respetuoso coqueteo mutuo.

Olivia, Errol y un gato desconocido

El New York Times y Variety alabaron la interpretación de Olivia de Havilland. La película, nominada a cuatro Oscar, fue un éxito popular y dio pie a siete colaboraciones adicionales entre los dos actores. A pesar de sus numerosas apariciones como pareja en la pantalla, nunca lo fueron en la vida real. Errol Flynn reconoció que se enamoró de la joven de 19 años y, de hecho, acabó por declararse el 12 de marzo de 1937, durante el baile de coronación del rey Jorge VI en el hotel Ambassador de Los Ángeles, pero la actriz contestó que debía divorciarse de su esposa, de la que ya estaba separado.

Errol Flynn y Bes Mudi

Parte de la atracción mutua entre los dos también podían ser los gatos. Errol Flynn tenía un maravilloso siamés llamado Bes Mudi, un gato con pie marinero, como puede verse en las fotos. Se lo había regalado Ward Hamilton, un famoso maquillador de cine, y no se trataba de un gato cualquiera, procedía de una famosa estirpe. Su madre era la premiadísima Mei Ling, su abuela era la no menos famosa Ah Fui y su padre era Prince Chan, doble campeón internacional. A todas luces, un siamés a la altura del estrellato de su humano.

Errol Flyn y Bes Mudi

Unos meses después, en septiembre, Jack L. Warner quiso que Olivia de Havilland interpretara a Lady Marianne en “Robin de los bosques” con Errol Flynn en el papel protagonista. El éxito de la película convirtió a la actriz en una auténtica estrella, pero su fama no se vio reflejada en los siguientes papeles que le dio el estudio. Empezaba a hartarse de hacer de ingenua y añoraba roles más dramáticos.

Errol Flynn con su padre y Bes Mudi a bordo del Zaca

En noviembre de 1938, el productor David O’Selznick se empeñó en que la actriz interpretara el papel de Melanie en “Lo que el viento se llevó”, pero Jack Warner no quería prestarla. Sin embargo, Olivia consiguió convencerle y encarnó el personaje que le valdría su primera nominación al Oscar a la Mejor Actriz de Reparto. En los diez años siguientes fue nominada a un total de cinco estatuillas, de las que se llevó dos a la Mejor Actriz por “Vida íntima de Julia Norris” (1946) y “La heredera” (1949), por la que también fue galardonada con el Globo de Oro.

En 1943 finalizó el contrato que la ataba a Warner Brothers; sin embargo, el estudio añadió otros seis meses por una operación de apendicitis a la que se había sometido y otro momento en que no había podido trabajar. El 23 de agosto, Olivia de Havilland presentó una querella ante la Corte Suprema de California. Aunque en noviembre ganó el juicio, la apelación presentada por el estudio hizo que la sentencia definitiva no se dictara hasta casi un año después. La querella le costó 13.000 dólares de la época (el equivalente a 190.000 dólares actuales), pero a cambio obtuvo el respeto y la admiración de sus compañeros, su hermana Joan Fontaine entre ellos, que comentó: “Hollywood debe mucho a Olivia”. Había conseguido reducir el férreo poder que los estudios ejercían sobre los actores. Eso sí, entró en la lista negra y tardó dos años en volver a rodar.

Joan Fontaine

Y hablando de Joan Fontaine,  parece que también tenía gatos siameses. Además, en una de sus películas, “Las brujas”, un gato gris interpretaba un papel de cierta importancia.

Joan Fontaine en “Las brujas” (1966)

Joan Fontaine

En marzo de 1946, Olivia de Havilland se casó con Marcus Goodrich. Cuando tuvo a Benjamin, su primer hijo, en 1949, se apartó un tiempo del cine para estar con el bebé. Rechazó el papel de Blanche Dubois en “Un tranvía llamado deseo”. Un año después, la familia se trasladó a Nueva York, donde interpretó a Julieta en “Romeo y Julieta” y posteriormente, en 1952, el papel protagonista en “Candida”, de George Bernard Shaw, que llegó a las 345 representaciones. Ese año se divorció de su marido.

Foto para la promoción de “Camino de Santa Fe” (1940)

En 1953, invitada por el Festival de Cannes, conoció a Pierre Galante, uno de los editores de Paris Match. Después de un romance transatlántico, se casaron en 1955 y el año siguiente nació su hija Gisèle Galante. También se divorció de su segundo marido en 1962, pero siguieron compartiendo la misma casa en París durante seis años hasta que él se mudó a un piso al otro lado de la calle.

Rodó numerosas películas en Europa. La última vez que trabajó ante una cámara fue en 1988 para un telefilm a la edad de 72 años. Es la única actriz en vida de la llamada “era dorada” de Hollywood. Desde el año 1960 tiene una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, y en 1998 fue nombrada doctora Honoris Causa por la Universidad de Hertfordshire, Reino Unido.

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Los gatos del Museo del Prado

Cabeza de gato durmiendo (Francisco Domingo Marqués, 1885)

El Prado está entre las grandes pinacotecas del mundo. Expone obras que van desde el siglo XII hasta principios del XX y posee la mejor colección de pintura española del mundo. Fue inaugurado en noviembre de 1819, durante el reinado de Fernando VII, como Museo Real, nombre reemplazado por el de Museo Nacional de Pintura y Escultura, y finalmente por el de Museo Nacional del Prado. Faltan pocos meses para que cumpla 200 años.

Perro y gatos (Ginés Andrés de Aguirre, 1775)

El Museo del Prado abrió sus puertas mostrando 311 pinturas, todas ellas de la escuela española, cuyo número aumentó a 521 en 1821. La división por escuelas era la siguiente: 283 cuadros de la española antigua, 34 de la contemporánea y 195 de la italiana. Estos dos últimos grupos se instalaron, respectivamente, en el vestíbulo y en la primera parte de la galería central, el espacio más importante del museo, el mismo lugar que en 1828 albergaría las escuelas italianas de la Colección Real.

Pelea de gatos en una despensa (Paul de Vos, 1630-40)

Su colección actual está formada por 8.045 lienzos, 9.561 dibujos, 5.973 estampas, 971 esculturas, además de objetos, documentos históricos y mapas. Desde 2018, el museo exhibe unas 1.700 obras. Aunque el primer catálogo constaba de 311 pinturas, el museo ya guardaba 1.510 obras procedentes de los Reales Sitios. Las valiosísimas Colecciones Reales, germen de la actual, comenzaron a tomar forma en el siglo XVI bajo los auspicios del emperador Carlos V y fueron sucesivamente enriquecidas por todos los monarcas que le sucedieron, tanto Austrias como Borbones.

Un gato echado sobre un almohadón (Genaro Rodríguez Olavide, 1876)

El artista con mayor volumen de obras albergadas en el museo es Francisco de Goya, pero tampoco se quedan atrás El Bosco, El Greco, Rubens, Tiziano y Diego Velázquez, entre otros. Se trata de una colección formada esencialmente por unos cuantos reyes aficionados al arte que encargaron obras y protegieron a pintores muy concretos. El fondo procedente de la Colección Real primigenia se ha complementado con aportaciones posteriores que han servido para reforzar el núcleo inicial del museo.

Riña de gatos (Francisco de Goya y Lucientes, 1786)

La gata y el zorro (Frans Snyders, s. XVI-XVII)

Durante largos años, El Prado sufrió una gran falta de espacio, por lo que llegó a ser definido como “La mayor concentración de obras maestras por metro cuadrado del mundo”. Gracias a la ampliación firmada por el arquitecto Rafael Moneo, inaugurada en 2007 y que conectó el museo con el claustro de los Jerónimos, pasó de exhibir 900 obras a 1.350. En 2018 se reabrieron las salas del ático norte, permitiendo exponer otras 350.

Sin labor (Francisco Maura y Montaner, 1890)

Detalle

Una nueva ampliación, la del Salón de los Reinos, a cargo de Norman Foster y Carlos Rubio, permitirá colgar unos 300 cuadros adicionales en 2.500 metros cuadrados. Las obras deberían empezar a final de este año o principio del siguiente.

El Paraíso y los Cuatro Elementos (Denis van Alsloot – Hendrik de Clerck, 1606-1609)

Detalle

El Museo del Prado no siempre gozó de recursos y apoyos suficientes por parte del Estado, sobre todo en el siglo XIX y parte del XX. Las medidas de seguridad en el siglo XIX eran deficientes, la mayoría del personal vivía en el museo y se amontonaba leña para las estufas, lo que provocó la alarma. El periodista Mariano de Cavia, que escribía para “El liberal”, publicó un artículo donde decía que un incendio había arrasado la pinacoteca, lo que provocó un gran revuelo. El artículo era ficticio, pero sirvió de detonante para que se adoptaran medidas adecuadas.

Las flores de mayo (Cayetano Vallcorba y Mexía, 1892)

Detalle

Aunque el Museo del Prado no ha sufrido robos rocambolescos como el Louvre, ha debido enfrentarse a algunos incidentes. El más grave, en 1918, fue el asunto del expolio del Tesoro del Delfín. Un empleado del museo llevaba tiempo robando piezas del Tesoro. Por suerte, la mayoría se recuperó, pero se perdieron once, y otras treinta y cinco estaban muy deterioradas al haberse extraído las piedras preciosas.

La cocinera (Luis Carlos Legrand, 1832-37)

Detalle

En 1861 se sustrajo un pequeño cuadro; en 1897, un boceto de Murillo; en 1906, dos estatuillas romanas y un vaso de alabastro, y en 1909, un cuadrito de “poca importancia”. Gran parte de las mejores obras fueron trasladadas vía Valencia y Cataluña hasta Ginebra durante la Guerra Civil por miedo a que los bombardeos de las tropas franquistas destruyesen el edificio y su contenido.

Filopómenes descubierto (Pedro Pablo Rubens, hacia 1609)

Detalle

Hace tres años publicamos una entrada acerca de los gatos expuestos en el Museo Metropolitano de Nueva York (https://gatosyrespeto.org/2016/12/29/los-gatos-del-museo-metropolitano-de-nueva-york/). En el museo neoyorquino hay numerosas obras representando a gatos (cuadros, dibujos, objetos, estatuas, etcétera) y además posee una herramienta que permite acceder a todas ellas, el  Meow Met. El Prado no dispone de algo tan sofisticado, pero sí se han catalogado casi todas las pinturas con un gato. Para verlas basta con entrar en https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=gato%20(felis%20silvestris%20catus)&ordenarPor=pm:relevance.

Anciana sentada (atribuido a Antonio Puga, primera mitad s. XVII)

Detalle

Hay pocos cuadros en los que el gato ocupa el lugar protagonista. De hecho, solo hemos encontrado cuatro en las 72 obras catalogadas. Hay muchos gatos en bodegones de los siglos XVI y XVII; siempre están al acecho, dispuestos a robar, rodeados de peces, trozos de carne y otras viandas tentadoras para un gato hambriento.

Pescados y un gato tras la mesa (Alexander van Adrianssen, primera mitad s. XVII)

Jan Brueghel el Viejo incorporaba a menudo en sus composiciones un gato que suele estar debajo o cerca de la mesa. En la pintura que hemos escogido, aparece acompañado de un mono y de un perro con cara de pocos amigos.

El gusto, el tacto y el oído (Jan Brueghel el Viejo, 1620)

Detalle

Cien años antes, El Bosco incluye a gatos en dos paneles del famoso tríptico “El jardín de las delicias”. En el panel izquierdo se trata de un gato con una lagartija en la boca, algo muy normal; pero en el central se ve a dos gatos machos de grandes dimensiones y uno de ellos incluso podría describirse como gato unicornio.

El jardín de las delicias (El Bosco, 1490-1500)

El jardín de las delicias (detalle del panel central)

De Goya hemos incluido dos ejemplos de los muchos que se encuentran en el museo, el famoso “Riña de gatos” y un grabado titulado “Ensayos” de la serie “Los Caprichos”.

Ensayos (Francisco de Goya, 1799)

Ahora solo queda ir al Prado y buscar a todos los gatos que se esconden en este magnífico museo. ¡Feliz aniversario, Museo del Prado!

El jardín de las delicias (detalle del panel izquierdo)


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Gatos, romanticismo y Eugène Delacroix

Eugène Delacroix está considerado uno de los mayores exponentes de la pintura romántica. Se interesó mucho por los animales e iba regularmente al “Jardin des Plantes” (Jardín botánico), donde también estaba instalada “La casa de las fieras”. De hecho, sigue existiendo hoy en día aunque ya no se llama así. El pintor decía: “La mayor felicidad de un hombre que siente la naturaleza es poder restituirla”. Pintó a numerosas fieras, caballos, perros y algunos gatos, pero sobre todo los describió en maravillosos y, a veces, extraños bosquejos.

1843

 

No sabemos si Delacroix tenía gatos, pero es muy probable. En la Francia del siglo XIX, los animales estaban muy bien vistos, no solo entre los artistas, sino también entre la burguesía y la nobleza. Se creó el cementerio de perros a las afueras de París (https://gatosyrespeto.org/2018/05/10/los-gatos-del-cementerio-de-perros/) y el gato era muy apreciado por los románticos por su aura de misterio. Aún no se había excavado el gran templo dedicado a Bastet en Bubastis, pero se sabía que los egipcios veneraban a los gatos, y los egipcios estaban de moda en el XIX. No sería raro que el pintor tuviera uno o más gatos en su casa. Tres defensores de su obra y amigos suyos, el poeta Charles Baudelaire así como los escritores Théophile Gautier y Alexandre Dumas eran grandes amantes de los gatos.

Autorretrato (1837)

El artista como gato (1831)

Eugène Delacroix nació el 26 de abril de 1798 en Charenton-Saint-Maurice, muy cerca de París, cuando sus dos hermanos y su hermana ya eran mayores. Su padre, Charles Delacroix, había sido ministro de Asuntos Exteriores y embajador en Holanda antes de ser nombrado prefecto de Marsella y luego de Burdeos, ciudad en la que murió cuando el joven Eugène solo tenía seis años. Su madre, Victoire Delacroix, era la hija de uno de los más grandes ebanistas de entonces, Jean-François Oeben. Su madre falleció en 1814.

Cabezas de gatos y desnudo

Gatos y leones

Su tío Henri-François Riesner le hizo ingresar, en 1815,  en el conocido taller del pintor Pierre-Narcisse Guérin, pero este no se dio cuenta del talento del joven Delacroix. Por suerte, conoció a Théodore Géricault, que le protegió y animó a seguir pintando. Incluso posó para el célebre cuadro “La balsa de la Medusa”.

Maullando

En el Salón de París de 1822, con solo 24 años, presentó un primer lienzo de grandes dimensiones, “Dante y Virgilio en los infiernos”. La crítica lo apreció y otorgó el calificativo de “romántico”. Pasaba largas horas en el Louvre, inaugurado en 1793, admirando las obras de los clásicos. Con “Escenas de la masacre de Quíos”, pintado en 1824, conquistó definitivamente a la crítica más avanzada, así como a Victor Hugo y Alexandre Dumas, pero los academicistas le acusaron de conmocionar las costumbres y las reglas establecidas.

Gatos y joven romano

En julio de 1830, el alzamiento del pueblo de París contra la Restauración de los Borbones inspiró a Eugène Delacroix su cuadro más famoso, “La libertad guiando al pueblo”, adquirido por el Estado en el Salón de 1831. Un año después acompañó al emisario del rey Luis-Felipe a Marruecos para tranquilizar al sultán alauí, preocupado por la reciente conquista de Argelia por parte de Francia. El recuerdo del periplo desde Tánger a Mequinez permaneció con él el resto de su vida. Gracias a sus notas, a las acuarelas que realizó durante el viaje y a los objetos que trajo consigo, realizó sesenta y dos pinturas relacionadas con Marruecos.

Gata y pelota de lana

Dedicó gran parte de su vida a concebir grandes murales para edificios civiles y religiosos en París. En 1834 decoró el Salón del Rey en el Palacio Borbón, sede de la Asamblea Nacional. En 1837 se ocupó del plafón de la biblioteca de dicho edificio. A mediados de los años cuarenta realizó el mural de la biblioteca del Palacio del Luxemburgo, sede actual del Senado. A principios de los cincuenta pintó el plafón central de la Galería de Apolo, concebida en el siglo XVII por el pintor Charles Le Brun, pero que había quedado inacabada. La Villa de París le encargó las pinturas del Salón de la Paz del Ayuntamiento, pero desgraciadamente fueron destruidas en el incendio de 1871.

Además de los edificios civiles antes mencionados, pintó una “pietà” en la iglesia Saint-Denis y desde 1840 a 1861 decoró una capilla de la iglesia Saint-Sulpice.

La segunda Exposición Universal organizada en París en 1855 sirvió para dar a conocer a pintores como Jean-Auguste Ingres, Horace Vernet y el propio Eugène Delacroix. Se expusieron treinta cuadros suyos, escogidos por él, reafirmando su posición oficial como uno de los más grandes pintores franceses.

Jugando

Gatos, otros felinos y desnudo

A partir de la década de 1850 se interesó por la fotografía y fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad Heliográfica. En 1954 le encargó al fotógrafo Eugène Durieu una serie de fotografías de modelos masculinos y femeninos con criterios muy particulares: debían ser ligeramente borrosas y absolutamente sobrias, despojadas, para que pudiera volver a utilizarlas en sus cuadros.

Gato y dos leones

En 1857 decidió instalarse en la calle Fürstenberg con el fin de estar más cerca de la iglesia Saint-Sulpice. En esta nueva casa disfrutó de un jardín para él solo que hizo cambiar a su antojo. Jenny Le Guillou, el ama de llaves que empezó a trabajar con él en 1835, le siguió a la nueva residencia. Por fin, en 1861, consiguió acabar las pinturas de Saint-Sulpice, pero ya padecía de tuberculosis. Se refugió en la soledad en los últimos años de su vida.  Murió “agarrado a la mano de Jenny” en su casa el 13 de agosto de 1863 de una crisis de hemoptisis. Sus restos reposan en el cementerio del Père-Lachaise en un sarcófago imitando el modelo de la tumba de Escipión.

Sentado

Legó 50.000 francos, dos relojes y algunos cuadros a Jenny especificando que debía escoger los muebles que más le gustaban. Ella falleció el 13 de noviembre de 1869 y está enterrada al lado del pintor, según la última voluntad del mismo.

Durmiendo

Sus cuadros se vendieron en solo tres días en febrero de 1864 con un éxito inusitado. Los coleccionistas se habían interesado muy poco por su obra mientras vivía, obligándole a aceptar encargos del Estado y de la Iglesia para subsistir, pero cambiaron de idea a su muerte.

Aunque frecuentaba los salones y conoció a grandes escritores, a menudo se refugiaba en el campo, lejos del mundanal ruido. Admiró y fue amigo de Chopin y de Paganini. Baudelaire dijo de Delacroix que “es el pintor más original de los tiempos antiguos y de los tiempos modernos” y en 1963 publicó un libro dedicado a la vida y obra de su amigo.

Con los ojos cerrados


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Los gatos de Grey Gardens

Grey Gardens es una mansión en East Hampton, Long Island, que se hizo famosa en 1977 cuando los hermanos Albert y David Maysles estrenaron el documental que habían rodado en torno a la casa y sus dos habitantes, Big Edie y Little Edie. La revista Entertainment Weekly le otorgó el puesto 33 entre las mejores películas de culto; en 2010 fue seleccionado por la Biblioteca del Congreso para su salvaguarda por ser “cultural, histórica y estéticamente significante”, y en 2014, la revista Sight and Sound realizó una encuesta entre críticos de cine de todo el mundo que lo votaron el noveno mejor documental de la historia.

Montado por Ellen Hovde, Muffie Meyer y Susan Froemke, el documental describe la rutina diaria de Big Edie y Little Edie, madre e hija, que resistieron durante 25 años en lo que había sido una espléndida casa en primera línea de playa con 54 gatos, unos cuantos mapaches, miles de latas vacías de comida para gatos, suelos levantados, sin calefacción, en condiciones realmente inimaginables.

Big Edie en noviembre de 1971 (Foto de Harry Benson)

Pero ¿quiénes eran Big Edie y Litte Edie? La primera se llamaba Edith Edwing Bouvier Beale, y la segunda, Edith Bouvier Beale, era su hija y prima hermana de Jackie Kennedy, posteriormente Jackie Onassis, y de Lee Radziwill. Big Edie se casó con Phelan Beale, un adinerado abogado, con el que tuvo dos hijos y una hija.

Grey Gardens fue diseñada en 1897 y el matrimonio Beale la compró en 1923. El nombre de “Jardines grises” se debe al color de las dunas, los altos muros de cemento que rodean el jardín y la neblina del océano. Todo fue bien hasta que Phelan Beale se divorció de Big Edie en 1934, dejándole la mansión y una pequeña suma mensual para la manutención de los tres hijos. El padre de Big Edie, otro hombre muy rico, la ayudó a mantener la casa durante varios años hasta que se cansó de sus excentricidades y la desheredó en 1942.

Little Edie nació en 1917. Estudió en caros colegios privados, fue presentada en sociedad con una gran fiesta en el hotel Ritz-Carlton de Nueva York y decidió ser modelo, lo que sacó de quicio a su padre. Nunca se casó, aunque se rumoreó que Joe Kennedy Jr., el hermano mayor de John Kennedy, y J. Paul Getty intentaron convencerla. También se decía que su madre conseguía alejar a cualquier pretendiente por miedo a quedarse sola en su vejez.

Big Edie

A partir de 1947 vivió en el hotel Barbizon para Mujeres en Nueva York, intentando abrirse camino en el teatro musical. Al igual que su madre, cantaba muy bien. De hecho, Max Gordon, el exitoso productor de Broadway, le hizo una prueba en 1952, pero Little Edie tuvo que volver a Grey Gardens porque su madre ya no podía mantenerla. Después de ver el documental, cabe preguntarse si su madre no la obligó a regresar cuando se dio cuenta de que su hija tenía, finalmente, la oportunidad de hacer algo por sí misma.

Litlle Edie en la pasarela

Y así, el 29 de julio de 1952, Little Edie volvió a East Hampton para vivir con su madre y los gatos de su madre porque, como ella deja claro en la película, quien realmente amaba a los gatos era Big Edie: “Mi madre no es partidaria de la arena para gatos, prefiere que usen cajas de cartón y papel”. En los 25 años siguiente, hasta la muerte de Big Edie en 1977, apenas salió de Grey Gardens. En 1968, ambas mujeres acudieron a una fiesta en casa de unos vecinos y durante su ausencia robaron varios objetos de valor de la mansión. Fue  una de las últimas veces que Little Edie dejó la casa.

En el documental, Little Edie dice: “Hemos tenido 300 gatos en total, ahora solo hay doce. Es verdad lo que dicen de las solteronas, no necesitan a un hombre si tienen gatos”. Algunos de los nombres de los gatos eran Bigelow, Pinky One, Pinky Two, Tedsy Kennedy, Hipperino, Zeppo, Little Jimmy y Champion.

En octubre de 1971, la policía entró en la ruinosa casa y descubrió que “estaba llena de basura, olía a gato y quebrantaba varias normas municipales”. El departamento de salud del Condado de Suffolk estuvo a punto de desahuciar a madre e hija, pero las hermanas Jacqueline Onassis y Lee Radziwill, para evitar el escándalo, invirtieron 30.000 dólares en sanear la mansión parcialmente y, además, aportaron una cantidad mensual para su tía y prima. El hermano menor de Little Edie, Bouvier Beale, se ocupó de pagar los impuestos atrasados.

 

En un principio, los hermanos Maysles no tenían intención de centrar el documental en Big Edie y Little Edie. Lee Radziwill les había contratado en 1972 para hacer una película sobre la familia Bouvier. Desde el primer momento, se sintieron fascinados por las dos mujeres, sus vidas de reclusas y su extraña relación, pero Lee Radziwill se opuso a la idea. Albert y David Maysles consiguieron fondos para rodar por su cuenta y filmaron más de 70 horas.

Albert y David Maysles

Después de la muerte de Big Edie en 1977 a los 81 años, Little Edie intentó hacer realidad su eterno sueño y actuó ocho veces en el cabaret Reno Sweeney de Manhattan, pero el espectáculo fue una catástrofe. Vivió otros dos años en Grey Gardens con solo cinco gatos, sus favoritos, después de haber conseguido que los otros fueran adoptados después de que falleciera su madre.

Se dio cuenta de que no podía mantener la casa y la vendió por 220.000 dólares a Sally Quinn, la esposa de Ben Bradles, uno de los dueños del Washington Post, con la condición de que la arreglarían y no la derribarían. Cumplieron su promesa, la casa fue reformada y sigue existiendo hoy en día; es más, se vendió de nuevo hace un par de años por quince millones de dólares.

Una vez vendida la casa, Little Edie se mudó a Nueva York con dos gatos y más tarde a Florida, donde murió en el 14 de enero de 2002 a los 84 años, después de llevar cinco años sin la compañía de un solo gato.

Big Edie, Litlle Edie y los cineastas


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Gatos, mujeres, tierra y Sandra Bierman

Abundancia

Sandra Bierman pinta mujeres ampulosas con gatos, muchos gatos. Se abrazan a un gato, a dos, incluso a tres, a gatos de todos los colores, grises, amarillos, azules, verdes.  Hay mujeres jóvenes, mayores, niñas, indias, rubias, da igual, todas las mujeres del mundo llenas de curvas, algo distorsionadas. Son composiciones sensuales, llenas de colorido y vida.

Con gatos

La artista dice que pinta por intuición, nunca usa un modelo o una fotografía, se limita a dar rienda suelta a su imaginación. A menudo empieza con un esbozo que acaba por transformarse en algo totalmente distinto a la primera idea.

Sandra Bierman

Una conversación

Nació en Brooklyn, Nueva York, hija de un inmigrante sueco y de una tejana del campo. El año de su nacimiento es un misterio: hemos encontrado dos fechas distintas, 1938 y 1945. Sus padres se separaron cuando tenía cuatros años, y su madre llevó a sus dos hijas a Oklahoma, donde vivía su abuela.

Contemplación

Pasó gran parte de su infancia en casas de acogida porque su madre sufría de esquizofrenia y no podía cuidar de ella ni de su hermana, pero también vivió temporadas con su abuela, que era en parte india Cherokee, una mujer grande como las de sus cuadros, generosa, cálida y acogedora. La pintora dijo en una entrevista en 1998 que sin su abuela dudaba que hubiera sobrevivido y que muchas de las sensaciones e imágenes de sus cuadros son recuerdos e impresiones del tiempo pasado con ella.

Leyendo

En dicha entrevista cuenta que recuerda su niñez como un continuo cambio de casas y de escuelas, hasta el punto de que dejó de memorizar los nombres de sus compañeros. Eso, añadido a la dislexia que padecía, hizo pensar a varios profesores que sufría un retraso mental. Por suerte, su tía Cleo le hizo pasar unos exámenes y descubrió que su cociente intelectual estaba por encima de lo habitual, lo que le vino muy bien para su baja autoestima.

Promesa dorada

Recuerda que dibujó desde siempre. En los momentos más duros, se iba a un rincón, se escondía y dibujaba. A los doce años obtuvo su primera beca para asistir a clases de acuarela. Al acabar el instituto, logró una beca de cuatro años para el Maryland Institute of Art.

El gato azul

En 1986, siendo segunda vicepresidenta de telecomunicaciones del Chase Manhattan Bank en Nueva York, ella y su marido Arthur Bierman, profesor de física, decidieron dejarlo todo y mudarse al campo en el estado de Nueva York. Llevaba veinte años sin pintar, dedicada a sus hijos y a su trabajo. Dos años después se mudaron a Boulder, Colorado, y siguió pintando.

El gato verde

Hablando de sus obras dice: “Soy consciente de que el estilo, los temas y la composición permanecen constantes, pero cambio de técnica muy a menudo. Me gusta trabajar con lienzos de diferentes texturas y aplicar la pintura de diferente modo. Me aburriría hacer lo mismo todo el tiempo. Para mí, el arte es el camino de la exploración. Lo importante es el camino, no el producto acabado”.

Ensoñación

Prefiere trabajar con pinturas al óleo por su versatilidad, suavidad y el tiempo que necesitan para secarse completamente. Su paleta de colores pasa de los sutiles tonos tierra al impasto más vibrante. Utiliza perspectivas poco habituales, trazos ondulantes, yuxtaponiendo la oscuridad y la luminosidad.

Sigue diciendo: “Siempre me ha gustado la naturaleza. La considero una fuerza femenina y es lo que me gusta pintar. Mis mujeres forman parte de la naturaleza, aportan vida y sanan. La mayor parte de las mujeres que pinto van descalzas porque están cerca de la tierra, ancladas, seguras. Las mujeres grandes comunican esas sensaciones. Me parece que las mujeres están más en armonía con sus sentimientos, son más sensibles y más expresivas que los hombres. (…) Admiro a las mujeres con sustancia. Nadie debe avergonzarse de ser grande. Al contrario, hay que alardear de cada centímetro. Avergonzarse reduce el poder, la fuerza y el carisma; en otras palabras, la grandeza. Si fuera grande, me vestiría con vestidos sueltos llenos de colores. Sería una mujer grande con mucha presencia”.

Tiempos de oro

Gatos en la ventana

Explica que para ella pintar es una necesidad, equivale a un proceso terapéutico. Si pasa unos días sin pintar, se entristece, se enfada con el mundo; en ese caso, su marido Arthur le pide amablemente que vuelva a su taller y pinte. Todos sus sentimientos pasan a sus cuadros, algunos son oscuros, otros muy luminosos. “A veces, al empezar un cuadro, me limito a dibujar círculos. El lienzo me guía, es un proceso espontáneo. Pintar significa la mezcla de lo consciente y lo inconsciente. Trabajo con los espacios o formas entre las líneas: los brazos, las figuras, la fluidez, la simetría. Todo es intuitivo, nada está pensado de antemano”.

Tranquilidad

“Estar en mi taller y pintar se asemeja a una experiencia religiosa. Soy feliz pintando, tan feliz como cuando me sentaba en la rama del enorme roble delante de la casa de mi abuela, contemplaba el prado y me sentía una con la naturaleza, con algo mucho más grande que yo”.

El columpio

Añade que cada vez le atrae más la sencillez, acercarse a lo esencial. Cree estar muy influenciada por los maestros italianos del siglo XVI, el arte mexicano y maya, así como el arte japonés clásico.

Gato gris

Todos los gatos, sean del color que sean, rojos, azules o verdes, son en realidad uno solo. Un gato blanco al que amó profundamente y cuyo recuerdo mantiene vivo en sus obras, como ocurre con la memoria de su abuela.

Gato blanco


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El gato leopardo

El gato leopardo (Prionailurus bengalensis) es un gato pequeño cuya distribución geográfica es la más amplia de todos los felinos. Se le encuentra en zonas boscosas de Indonesia, Filipinas, Borneo, Malasia, Tailandia, Myanmar, Laos, Camboya, China y Taiwán, así como en Corea, India, Paquistán y el Lejano Este ruso, aunque en menor medida. Su hábitat varía mucho e incluye bosques tropicales, de pino y de repoblación, zonas de matorrales, semidesérticas y de cultivo, como caña de azúcar y aceite de palma, siempre que haya agua cerca. Se han avistado especímenes hasta tres mil metros de altitud.

Existen varias subespecies que difieren en el color del pelaje, el tamaño del cuerpo y de los colmillos. Las pruebas arqueológicas han demostrado que el gato leopardo fue el primero en ser domesticado en la China neolítica hace unos 5.000 años en las provincias de Shanxi y Henan. Con el tiempo fue sustituido por descendientes del Felis silvestris lybica procedente de Oriente Próximo.

Es del tamaño de un gato doméstico, aunque las diferencias según las regiones son importantes. Por ejemplo, en Indonesia mide unos 45 centímetros de largo con un rabo de 20 centímetros, mientras que en la región de Amur, entre China y Rusia, alcanza los 70 centímetros. El peso varía entre 4,5 y 7 kilos. Es un poco más alto que el gato doméstico, con unos 40 centímetros desde el hombro. El color también puede variar: tiende al amarillo en el sur y al gris plateado en el norte. El pecho y la parte inferior de la cabeza son blancos. Todos tienen manchas negras repartidas por todo el cuerpo (lomo, espalda, cola, patas y mejillas) y rayas negras que nacen justo encima de los ojos y acaban entre unas orejas pequeñas.

Sello ruso con gato leopardo de Amur

El gato leopardo es un hábil escalador, sobre todo de árboles. También sabe nadar, pero solo lo hace cuando no le queda más remedio. Como todos los gatos, es nocturno y pasa las horas de luz en una guarida bajo raíces de buen tamaño, en el tronco de un árbol o en pequeñas cuevas. Solo sale de día si no hay seres humanos en las proximidades.

Es un animal solitario, excepto durante la estación del celo, que no tiene un periodo concreto en el sur de su hábitat. En la zona más fría, tiende a reproducirse entre marzo y abril para que las crías nazcan durante los meses de más calor. El celo dura de cinco a nueve días y el periodo de gestación, de 65 a 70. Las crías, normalmente de dos a cuatro, abren los ojos diez días después. Empiezan a alimentarse con comida sólida al cabo de unos 28 días, coincidiendo con la aparición de los colmillos permanentes. Si no sobrevive ninguna de las crías, la madre puede volver a ponerse en celo y tener otra camada.

Se expresan como los gatos domésticos y ambos sexos marcan el territorio con orina, dejando heces en puntos expuestos, rascándose la cabeza contra rocas o árboles, y haciéndose las uñas.

Son carnívoros que se alimentan con una gran variedad de presas de pequeño tamaño que incluyen mamíferos, lagartos, anfibios e insectos. En gran parte de las zonas, los pequeños roedores, como ratones, ratas y topos, forman la mayor parte de su dieta, suplementada con hierba, huevos, aves y presas acuáticas. Al contrario de otros gatos, no “juegan” con el animal cazado, limitándose a sujetarlo con las garras hasta que este muere.

En Hong Kong, el gato leopardo es una especie protegida de acuerdo con la “Wild Animals Protection Ordinance Cap 170” (Ordenanza de Protección de Animales Salvajes, Capítulo 170). La población sobrepasa los 50.000 individuos y no está en peligro. En 2002 fue incluido en la lista “Least Concern” (Preocupación menor) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Sin embargo, preocupa su creciente pérdida de hábitat y que se siga cazando en numerosas regiones.

En China se caza al gato leopardo por su piel. Entre 1984 y 1989 se exportaban unas 200.000 pieles cada año. Un estudio realizado en 1989 demostró que los comerciantes tenían unas 800.000 pieles almacenadas. Desde que la Unión Europea prohibió la importación en 1988, Japón se convirtió en el principal comprador. A pesar de que se ha conseguido reducir fuertemente la venta de pieles, se sigue cazando por su carne y para domesticarlo. En muchas regiones se le mata sin más por considerar que es dañino para las aves de corral.

En Myanmar se descubrieron 483 partes corporales de al menos 443 ejemplares en cuatro mercados estudiados entre 1991 y 2006. Tres de estos mercados, situados en la frontera con China y Tailandia, contaban con clientes de diversas nacionalidades. El gato leopardo está protegido legalmente en Myanmar, pero la aplicación de las reglas de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) es totalmente inadecuada.

El gato leopardo de Tsushima, en grave peligro de extinción, está incluido en la Lista Roja Japonesa y dispone de un programa de conservación especial financiado por el gobierno japonés desde 1995.

Gato leopardo de Tsushima

En Estados Unidos, el gato leopardo forma parte de la lista de Especies en Peligro desde 1976, por lo que está prohibido importar, exportar, vender, comprar y transportarlo de un estado a otro sin un permiso. Cualquiera que importe o exporte un gato leopardo sin un permiso de CITES se enfrenta a una importante multa.

Sin embargo, mucha gente se empeña en domesticar al gato leopardo. De hecho, el gato de Bengal, que apareció en concursos de gatos en los años setenta, es un cruce entre el gato leopardo y el doméstico. Un gato de Bengal debe ser de cuarta generación para ser considerado adecuado por los criadores, y los gatos “fundacionales” de las tres primeras generaciones se reservan para la reproducción.

Es muy posible que la pequeña fiera llamada “Bâ-tou” que heredó Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/) fuera un gato leopardo. El diplomático que se la entregó le dijo: “Viene de Chad, pero quizá sea de Asia…” Colette se enamoró profundamente de Bâ-tou, pero muy a pesar suyo tuvo que entregarla al “Jardin des plantes” de París.

Bâ-tou en “Chats de Colette”, Albin Michel, 1950

En Gatos y Respeto creemos que los animales no domésticos deben seguir libres en la naturaleza, que no deben convertirse en juguetes o trofeos vivos de los seres humanos y que intentar acostumbrarlos a una vida doméstica es una enorme falta de respeto hacia ellos.


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Gatos, Catwoman y Eartha Kitt

Eartha Kitt en “Batman” (1966)

Entre 1966 y 1968 se emitieron en Estados Unidos 120 capítulos de la serie “Batman”. Uno de los personajes malvados era Catwoman (Gatubela en Latinoamérica y Gatichica en España). Julie Newmar dio vida al personaje durante las dos primeras temporadas, pero fue sustituida en la tercera y última por Eartha Kitt, la actriz que representa a Catwoman en la imaginación de todos los fans. Le bastaron cinco episodios para conseguirlo, quizá porque era ágil, bella y misteriosa como una gata. No olvidemos que Orson Welles la describió como “la mujer más interesante del mundo”.

Con Mishak y Willow (Londres, 1956)

Eartha Kitt no se limitó a meterse en la piel de Catwoman, también adoraba a los gatos en la vida real y durante muchos años apoyó a la ASPCA (Sociedad Americana para la Prevención de Crueldad hacia los Animales), de la que fue portavoz en junio de 2003 durante la campaña “Adopte a un gato de refugio”. También prestó su nombre al programa de adopción “Kitt for Cat” de la North Shore Animal League (Liga Animal de la Orilla Norte) y visitaba regularmente su sede para obtener fondos.

En la North Shore Animal League (2004)

En 1996, cualquiera que subía a un taxi en Nueva York era recibido con el famoso gruñido gatuno que inventó Eartha Kitt para la serie Batman: “Grrrrrrrrr. Los gatos tienen siete vidas, pero tú solo tienes una. Abróchate el cinturón”. Y en 1999 lanzó el álbum “Purr-fect: Eartha Kitt’s Greatest Hits” con 22 de sus temas más famosos. La expresión “purr-fect”, que Newmar utilizaba en las dos primeras temporadas de la serie, es un juego de palabras con “purr” (ronronear) y “perfect” (perfecto).

La cantante y actriz creía haber nacido el 26 de enero de 1927, hasta que a los 71 años descubrió que su fecha de nacimiento era el 17 de enero de 1926, aunque nunca supo el nombre de su padre al estar tachado en el certificado de nacimiento. Nació en una plantación de Carolina del Sur, y su madre, Annie Mae Keitt, la abandonó en cuanto se casó con un hombre que rechazó a la niña por tener la piel demasiado clara. Fue a parar a casa de una tía donde la maltrataron física y psicológicamente. Al principio de los años treinta del siglo pasado, los mestizos no eran bien vistos por la comunidad negra – se les trataba de “amarillos” – ni por la comunidad blanca.

Cuatro fotos de Gordon Parks (1952)

Su madre falleció cuando Eartha tenía siete años y esta acabó viviendo en Harlem, en casa de otra tía suya llamada Mamie Kitt. Estudió en el Instituto Metropolitan Vocational y en 1943 se unió a la Compañía Katherine Durnham, donde permaneció hasta 1948, año en que decidió probar suerte como cantante de cabaret en Francia obteniendo un éxito fulgurante.

“Batman”, con Cesar Romero como Joker

Orson Welles la descubrió en París y la convenció para regresar a Estados Unidos e interpretar a Elena de Troya en la obra “Dr. Faustus” en 1950.  Entonces empezó una brillante carrera como actriz de teatro, cine, televisión y cantante. En 1952 trabajó en la revista “New Faces of 1952”, estrenada en Broadway y en la que cantaba “Monotonous”. Dos años después, su primer álbum salía al mercado con este tema además de canciones como “C’est si bon” (cantada en francés) y la famosa “Santa Baby”.

Eartha Kitt y Confetti

En la gran pantalla se la vio con Nat King Cole en la película “St. Louis Blues” en 1958 y fue nominada a un Oscar al año siguiente por el papel protagonista de “Anna Lucasta”, con Sammy Davis Jr. Tiene 72 títulos en su haber entre largometrajes, telefilms y series.

Conocida por su tendencia a expresar opiniones de forma directa, no se calló cuando en una comida en la Casa Blanca en enero de 1968, la primera dama le preguntó qué pensaba de la guerra de Vietnam. Eartha Kitt contestó: “Mandan a los mejores de este país a morir o a volver mutilados. No me extraña que los jóvenes se rebelen y fumen porros”. Según el Washington Post, añadió: “No hay hippies porque sí, no se manifiestan porque sí, lo hacen porque se rebelan contra algo. Muchas cosas hieren al pueblo de este país, sobre todo a las madres. Saben que crían hijos – y usted tiene hijos, Sra. Johnson -, crían hijos para mandarlos a la guerra”. Parece ser que la Sra. Johnson acabó llorando.

Las consecuencias fueron muy graves para la carrera de Eartha Kitt. Ningún productor de cine, cadena de televisión o compañía discográfica quiso darle trabajo. La CIA se encargó de montar una campaña difamatoria tachándola de “ninfómana sádica”. En 1975, el famoso periodista de investigación Seymour Hersh publicó en el New York Times un artículo acerca del falso dosier que la CIA había recopilado para poder difamar a la actriz y cantante.

Foto de Carl Van Vechten (1952)

Todo esto coincidió con su divorcio de Bill McDonald, un empresario blanco y veterano de la guerra de Corea adicto a los calmantes. Eartha Kitt decidió irse a Londres con su hija y siguió trabajando en Europa. Se instalaron en Knightsbridge y, posteriormente, en Fulham.

Regresó a Estados Unidos bien entrados los años setenta y volvió a ser aclamada por la crítica y el público en Broadway con el musical “Timbuktu!”, por el que fue nominada a un premio Tony e invitada a la Casa Blanca por Jimmy Carter. En 1984, la canción “Where Is My Man” entró en las listas de éxitos, y por el tema “Back In Business” fue nominada a un Grammy en 1994.

En 2000 volvió a ser nominada a un Tony por su interpretación en el musical “The Wild Party”, con Toni Colette, y fue galardonada con un Emmy por prestar su voz a la serie de animación infantil “El emperador y sus locuras”. Volvió a ganar un Emmy en 2007 por “Kuzco: Un emperador en el cole”.

Fue una acérrima defensora del movimiento LGBT y no se mordía la lengua (como siempre) a la hora de defender el matrimonio gay: “Lo apoyo porque pedimos lo mismo. Si tengo una pareja y me ocurre algo, quiero que mi pareja disfrute de lo que hemos construido juntos. Estamos hablando de derechos civiles, ¿no?” Y hacía una comparación con lo que aguantaron los afroamericanos durante los años del Movimiento de Derechos Civiles: “Nos prohibían pasar por ciertas puertas debido al color, la raza. No podíamos entrar en los restaurantes porque solo eran para anglosajones, ¡qué estupidez! En este país se habla mucho de la ‘libertad para todos’, pero solo es ‘libertad para algunos’”.

Eartha Kitt falleció el 25 de diciembre de 2008 en su casa en Weston, Connecticut.

Nueva York, 2004