Siempre se dice que los gatos ven de noche, pero en realidad no son animales nocturnos como, por ejemplo, el lince ibérico, la pantera nebulosa, el zorro rojo, el murciélago y otros. La mayoría de los felinos son crepusculares, es decir, mantienen una actividad más intensa al anochecer y al amanecer, y también en noches de mucha luna, pero no en noches cerradas.

Gatos en París (Robert Doisneau)

De hecho, los gatos no ven los colores como los seres humanos y les cuesta distinguir detalles a cierta distancia o de muy de cerca. Tanto los gatos como los perros, hablando de colores, detectan sobre todo azules y amarillos porque tienen menos conos oculares que nosotros, pero más bastoncillos, y los gatos aún más que los perros. Un gato ve entre seis y ocho veces mejor que un ser humano cuando hay poca luz. Estos bastoncillos están formados por guanina, una sustancia que actúa como un reflector de luz.

Los seres humanos vemos de maravilla objetos a una distancia de 30 a 60 metros, pero un gato no distingue con nitidez más allá de seis metros. Al tener los ojos más distanciados que los nuestros, su campo de visión es más amplio y ven lo que ocurre lateralmente. Con una visión periférica muy mejorada, localizan presas en una zona más extensa.

A pesar de no ver muy bien de lejos, los gatos poseen una visión excepcional; perciben un mundo diferente al nuestro gracias a su tapetum lucidum, que les permite realizar movimientos esenciales para su supervivencia en la naturaleza. El tapetum lucidum es un tejido que se encuentra detrás de la retina y funciona como un espejo al reflejar la luz que les llega a través de las células receptoras. Por eso, los ojos de los gatos brillan de noche. Además de los gatos y perros, también lo poseen los caballos, los cetáceos, los cocodrilos y los bóvidos, entre otros.

Al reflejar la luz que recibe, da una segunda oportunidad a las células fotoreceptoras para que capturen las partículas de luz incrementando su sensibilidad y reuniendo más información incluso en ambientes con poca luz. Además, el tapetum lucidum aumenta el contraste entre objetos y entorno, haciéndolos más visibles. Al captar contrastes más intensos, el gato detecta movimientos sutiles y detalles que los seres humanos no pueden ver.

Gato y luna (Théophile Steinlein)

Los gatos ubican el más mínimo movimiento y localizan una presa potencial incluso con poca luz. Su increíble habilidad para detectar movimientos se debe a una visión muy especializada, así como a sentidos del olfato y auditivo extremadamente desarrollados.

Tienen una excelente percepción de la profundidad, algo crucial a la hora de saltar sobre una presa. Además, su visión estereoscópica – el campo visual de ambos ojos se superpone – es algo diferente de la nuestra; y calculan con exactitud la distancia y la trayectoria requeridas para capturar la presa. Estas habilidades también hacen posible que pasen totalmente desapercibidos cuando hay poca luz; utilizan las sombras estratégicamente y se acercan al objetivo sin que les vea ni oiga.

Los felinos son cazadores solitarios – no como los cánidos – y necesitan algunas capacidades extra para sobrevivir en la naturaleza. Puede que su adaptación visual a la falta de luz se deba a que la competencia es menor al atardecer y al amanecer. Además, los roedores y los mamíferos pequeños también son más activos durante la noche.

A través de los tiempos, el sentido de la vista de los gatos ha evolucionado y adaptado gracias a cinco importantes mejoras: La luz penetra por las pupilas y, en los felinos, estas son verticales. Se cree que también favorece la caza nocturna, ya que una pupila vertical excluye la luz con mayor eficacia y cambia de tamaño con mucha más rapidez que una redonda. Cuando hay mucha luz, la pupila de un gato es de forma elíptica, pero a medida que oscurece se hace más redonda y acaba llenando casi todo el iris.

Ya hemos hablado del tapetum lucidum y de las ventajas que aporta al aumentar la cantidad de luz que llega a los fotoreceptores (los conos y los bastoncillos), lo que posibilita una visión mejor en ambientes oscuros, aunque reduciendo mucho la nitidez de lo que se ve cuando hay luz.

El campo visual de las personas es de 180 grados, el de los gatos, de 200 grados; como resultado, su visión periférica es mayor tanto de día como de noche, pero – siempre hay un pero – al tener un campo binocular más estrecho que el nuestro, su percepción de la profundidad es peor que la del ser humano de día.

Gato negro de noche (Shoda Koho)

No necesitan parpadear tan a menudo como nosotros para humidificarse los ojos, otra ventaja a la hora de cazar. Sin embargo, se ha observado que los gatos domésticos a menudo entornan un ojo. Se ha llegado a la conclusión de que puede ser una forma de comunicación, incluso de cariño. Ahora bien, un gato también puede entrecerrar un ojo si le duele.

Y la última adaptación es la membrana nictitante, un tercer párpado que se cierra lateralmente, no de arriba abajo. Es más visible cuando el gato se adormece o está enfermo. Esta membrana o tercer párpado sirve para proteger el ojo, humedecerlo y retirar el polvillo u otros trozos minúsculos.

Gatos a la luz de la luna (Tomoo Inagaki)

Y ya que hablamos de los ojos de los gatos, añadiremos que los de raza abisinia son propensos a una degeneración de los conos y bastoncillos, en consecuencia, a una displasia celular. Los siameses tienen un mayor riesgo de sufrir glaucoma y carencia de pigmentación en la retina con la consiguiente pérdida de visión. Los birmanos y los persas también son proclives al glaucoma. Los gatos braquiocefálicos o de cabeza plana, como el persa, birmano o himalayo, tienen ojos saltones menos protegidos y, por lo tanto, más secos. La forma del cráneo también afecta a la visión periférica del gato; cuanto más alejados están los ojos el uno del otro, mejor visión periférica.

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