El cantante y poeta estadounidense Rod McKuen adoraba a los gatos y dedicó un largo poema a una gata llamada Sloopy. En una entrevista realizada el 30 de diciembre de 1969 en el Mike Douglas Show, el presentador le preguntó por el poema y Rod McKuen contestó que, en realidad, era la combinación de dos gatos, un macho llamado A Marvellous Cat y una hembra totalmente sorda con un ojo amarillo y otro azul llamada Sloopy. Añadió que lo pasaba realmente mal en Nueva York y que en el poema introdujo el término «vaquero de medianoche», el mismo que unos años después daría título a la famosa película. El poema, de una desgarradora sinceridad, se publicó en 1967.

Durante un tiempo / la única tierra que conoció Sloopy / fue la del arenero. / Dos habitaciones en la calle 55 / eran todo su mundo. / Cada noche se sentaba en la ventana / entre las plantas de aguacate /esperando a que yo llegara a casa / (con latas de hígado y cariño). / Hablábamos hasta tarde, / satisfechos, / pero algo nos faltaba, / a ella, la tierra que no conoció, / a mí, las colinas donde crecía torcido. / Sloopy merecía ser gata de vaquero / con inmensidades que recorrer, / no un suelo de linóleo, / y comer ratones vivos de hierba gatera. / Dependiendo solo de sí misma. / No se lo dije nunca, / pero en mi cabeza / yo era un vaquero de medianoche. / Montando un caballo imaginario / por la calle 42, / yendo con extraños / para vivir una hora de vida vaquera, / pero siempre regresaba a Sloopy, / a la que más quería. / Durante una docena de veranos / vivimos contra el mundo. / Una isla en una isla. / Me consolaba con ronroneos, / la engordaba con sonrisas. / La confianza nos hizo ricos, / sin playas ni mariposas. / Tenía un amigo llamado Ben, / pintaba edificios como Rouault. / Se fue. / Lilian se cansó de mi risa / al cabo de un tiempo. / Encontró a uno que solo sonreía. / Pero Sloopy se quedó. / Invierno. / Mil novecientos cincuenta y nueve. / Ancianos paseando a perros. / Algunos pasean tanto / que sus patas dejan / pequeñas huellas rosadas / en la suave nieve grisácea. / Mujeres piel con piel / elegantes y fáciles / tan solo ligeramente puras / parando taxis para llevarlas / alrededor de la manzana. / ¿Quién no busca el amor / cuando llega diciembre? / Hasta los niños rezan a Santa Claus. / Mi amor estaba seguro en casa, / pero no volví en toda la noche, / el día siguiente tampoco. / Debieron tomarme por loco / gritando / Sloopy / Sloopy / mientras la nieve caía / a mi alrededor. / Cometí una locura / al tardar en regresar / un minuto más / de la hora habitual. / Ojalá un vaquero dorado / se la llevara del alféizar / y ella, a salvo en la alforja, / cabalgara hasta Arizona. / Ahora acecha lagartijas / entre los cactus, quizá haya / amargura, pero es libre. / También siento amargura / y ya no soy un hombre libre. / Hubo un tiempo, / en el árbol de la selva neoyorquina, / antes de entrar en el mundo / en busca de otro tipo de amores, / en que solo pertenecí a una gata / llamada Sloopy. / Mirando hacia atrás / quizá haya sido / la única cosa humana / que me devolvió amor.

Rod McKuen nació el 29 de abril de 1933 en Oakland, California. Se escapó de casa a los 11 años cansado de los abusos físicos y sexuales por parte de su padrastro alcohólico y otros miembros de su familia. Consiguió sobrevivir trabajando en ranchos, en el ferrocarril, de leñador, vaquero de rodeo, especialista de cine y pinchadiscos en la radio. En todos estos años, nunca dejó de mandar dinero a su madre.

A pesar de sus pocos estudios siempre escribió un diario. En 1951 consiguió trabajo como columnista y escritor propagandístico durante la Guerra de Corea. Afincado en San Francisco, leía su poesía en bares con Jack Kerouac y Allen Ginsberg. En 1960 decidió irse a Francia, donde conoció a Jacques Brel. Gracias a sus traducciones y adaptaciones, el cantante belga se hizo popular en Estados Unidos.

En 1978, cuando se enteró de su muerte, dijo: «Como amigos y colaboradores musicales viajamos, hicimos giras y escribimos – juntos y por separado – acerca de los acontecimientos de nuestras vidas como si fueran canciones, y quizá lo fueran. Cuando me avisaron de que Jacques había muerto, me encerré en mi habitación y bebí durante una semana. Él no habría estado de acuerdo con este tipo de autocompasión, pero solo era capaz de poner nuestras canciones (nuestros hijos) una y otra vez, y pensar en nuestra vida conjunta inacabada».

Curiosamente, Rod McKuen nunca recibió el beneplácito de la crítica, que siempre se dedicó a menospreciarle. Sin embargo, escribió más de 1.500 canciones, vendió más de cien millones de discos y unos sesenta millones de libros de poemas, según Associated Press; artistas de la fama de Barbra Streisand, Perry Como, Petula Clark, The Boston Pops, Chet Baker, Johnny Cash, Andy Williams, la Filarmónica de Londres y Frank Sinatra versionaron sus temas; ganó dos Grammy y un Pulitzer; escribió la música para numerosas películas, y fue nominado a dos Oscar por «Los mejores años de Miss Broadie» y «A Boy Named Charlie Brown», ambas estrenadas en 1969. Pero siempre se le tachó de «dulzón», «kitsch», «sensiblero» y «sentimentalista». Incluso en las necrológicas, la crítica volvió a decir que sus poemas eran fáciles, superficiales e irrelevantes, y eso después de haber ganado los premios Walt Whitman  y Carl Sandberg de Poesía.

Dejó de actuar en público en 1981, presa de una depresión contra la que luchó durante diez años. En 2001 volvió a publicar un libro con 160 poemas, «A Safe Place to Land». Vivía en el sur de California con su hermano Edward y cuatro gatos en una amplia casa de estilo español edificada en 1928 que contenía una de las colecciones privadas de discos más grandes del mundo. Falleció a los 82 años, el 29 de enero de 2015, de parada respiratoria consecuencia de una neumonía.

Siempre rehusó identificarse como gay, bisexual o heterosexual: «No puedo imaginarme escogiendo un solo sexo, me parece muy limitador. Sinceramente, no tengo preferencias». Participó activamente en el movimiento LGBT y ya en los años cincuenta era un importante miembro de la Mattachine Society de San Francisco, una de las primeras organizaciones que luchó por los derechos LGBT. Dio numerosos conciertos para recaudar fondos a favor de organizaciones LGBT y de la investigación contra el sida.

Para acabar, citaremos una frase suya acerca de los gatos: «Los gatos lo tienen todo: admiración, dormir cuanto quieran y compañía solo cuando les apetece». En las fotos incluidas en esta entrada, podemos ver que los gatos acompañaron al cantante a lo largo de su vida.

En este enlace pueden ver a Rod McKuen recitando «Una gata llamada Sloopy» en el programa The Mike Douglas Show en 1969: https://www.youtube.com/watch?v=MUvXHigDz9M

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