Gatos y Respeto

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Dos gatos, Adorno y Flanelle, y Julio Cortázar

Aunque suele atribuirse el nombre de Adorno al gato que se ve en las fotos con Cortázar, en realidad se trata de su gata Flanelle. Puede que el error se deba a que el escritor le dedicara el relato titulado “La entrada en religión de Teodoro W. Adorno” (https://libreriodelaplata.com/la-entrada-en-religion-de-teodoro-w-adorno-de-julio-cortazar/) en la colección “Último round”. En ese relato cuenta cómo conoció a un gato negro, delgado, hambriento, que vivía en un basurero de Saignon, pueblecito del interior de Provenza donde pasaba las vacaciones con su mujer. Le llamó Adorno en honor a Theodor L.W. Adorno, el conocido filósofo alemán.

En este breve relato, Julio Cortázar habla de un gato negro con corbata blanca que apareció durante tres años en la casa donde vivía los cuatro meses de verano. Al cuarto año no vino, pensó que habría muerto, pero al cabo de unos días, haciendo recados en el pueblo, descubrió a Teodoro hecho un ovillo delante de la puerta de la Señorita Sophie, la sacristana. De ahí el título del relato. Teodoro Adorno, gato filósofo, ni le miró, y creemos que el escritor se sintió ofendido. Pero ¿qué esperaba? ¿Por qué iba a mirarle Teodoro si no podía contar con él todo el año, si solo era un pasatiempo veraniego?

Al no encontrar fotos de Teodoro Adorno, y a pesar de que Cortázar dice haberle fotografiado, incluimos una de un gato negro del pueblo de Saignon.

Gato negro de Saignon

Julio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914 en la Embajada argentina de Bruselas por pura casualidad, “producto del turismo y de la diplomacia”, como él mismo decía. No llegó a Argentina hasta cuatro años después cuando sus padres se instalaron en Banfield, en la zona Sur del Gran Buenos Aires.

Se licenció como profesor en Letras en 1935 y ejerció primero en Bolívar y luego en Chivilcoy. Tres años después publicó con su propio dinero 250 ejemplares de la colección de poemas “Presencia” bajo el seudónimo de Julio Denis. Enseñó Literatura Francesa en Mendoza y más tarde, Literatura Europea en la Universidad de Cuyo, pero renunció al puesto por desacuerdos con el peronismo. Se instaló en París en 1951, a los 37 años, gracias a una beca otorgada por el gobierno francés.

A Julio Cortázar le gustaba mucho el jazz, sobre todo Charlie Parker, y tocaba el clarinete y el piano desde niño. En honor a su ídolo, se compró una trompeta, pero al principio los sonidos destemplados que sacaba del instrumento ahuyentaban a otros seres muy queridos por él, los gatos.

Sus amigos siempre decían que si no estaba pegado a la radio oyendo la retransmisión de un combate de boxeo, otra de sus grandes pasiones, tenía un gato en brazos. Ese amor le venía de la niñez; parece ser que en la casa de Banfield, lo que más abundaba eran los gatos.

Sabemos de dos gatos que ocuparon un sitio especial en la vida del autor, Teodoro Adorno, del que ya hemos hablado, y Flanelle, una gatita con la que vivió muchos años. La llamó Flanelle por la suavidad de su pelaje (significa “franela” en francés) y se cuenta que fue sumamente consentida. Un cuento que alude al profundo amor que sentía por Flanelle es https://www.literatura.us/cortazar/losgatos.html en “Queremos tanto a Glenda”, una colección de relatos publicada en 1980.

Con Osvaldo Soriano, Jorge Enrique Adoum y Alejandra Adoum, París, 1976

Osvaldo Soriano, otro escritor que pasó una larga temporada en París huyendo de la dictadura, cuidaba de Flanelle mientras Julio Cortázar y su segunda esposa, la canadiense Carol Dunlop, viajaban por Europa y Centroamérica. Ya que hemos mencionado al “gordo” Soriano, debemos añadir que también estaba loco por los gatos y que escribió “El negro de París” (https://gatosyrespeto.org/2014/07/31/osvaldo-soriano-y-los-gatos/), un cuento maravilloso.

En 1982, Julio y Carol emprendieron un viaje de 33 días desde París a Marsella en un Vokswagen Combi rojo al que llamaron “Fafner” (como el dragón de la Saga Volsunga o la Tetralogía de Richard Wagner), durmiendo en las áreas de servicio de la autopista, para coescribir “Los autonautas de la cosmopista”. En los agradecimientos, Cortázar dice lo siguiente: “A Luis Tomasello, que no sólo supo crear casi milagrosamente amplios espacios para la estiba de las provisiones y bastimentos en Fafner, sino que además se hizo cargo de nuestra gata Flanelle, evitándole así que tuviera que afrontar las duras condiciones de vida en la autopista, sin hablar del apoyo logístico que aportó al cargamento y arrumaje”.

Fafner

“Los autonautas de la cosmopista” fue lo último que escribió Julio Cortázar. Flanelle murió antes de que regresara a París, y su esposa Carol, el 2 de noviembre de 1982, al poco de volver. Los derechos de autor de las ediciones en español y en francés se donaron íntegramente al movimiento sandinista de Nicaragua.

Los autonautas de la cosmopista

Hasta su muerte el 12 de febrero de 1984, su primera mujer, Aurora Bernárdez, volvió con él y le cuidó durante su enfermedad, convirtiéndose en la única heredera de su obra publicada y de todos sus textos sin publicar. Salvó los miles de libros en español de la biblioteca del autor y los donó a la Biblioteca Nacional de Nicaragua. Entre los textos inéditos, en 2009 se publicó “Papeles inesperados”, con un cuento titulado “Gatos” que nada tiene que ver con gatos ¿o sí? En 2014, el relato fue traducido al alemán.Julio Cortázar fue un traductor de gran prestigio internacional. De hecho, la traducción que hizo de la obra de Edgar Allan Poe se considera la mejor en castellano hasta el momento.

Hablando de los gatos en su infancia, dijo: “No estaba privado de felicidad; la única condición era coincidir de a ratos (el camarada, el tío excéntrico, la vieja loca) con otro que tampoco calzara de lleno en su matrícula, y desde luego que no era fácil; pero pronto descubrí los gatos, en los que podía imaginar mi propia condición, y los libros donde la encontraba de lleno”.

Para acabar mencionaremos un último relato corto, y muy divertido, acerca de gatos y teléfonos, “Cómo se pasa al lado”, del libro “Un tal Lucas”. Aquí está el enlace donde pueden oírlo con la voz del propio Cortázar. http://blog.santillana.com.ec/cuento-como-se-pasa-al-lado-en-la-voz-de-su-autor-julio-cortazar/


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Osvaldo Soriano y los gatos

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Osvaldo Soriano (6 de enero de 1943 – 29 de enero de 1997), escritor y periodista argentino, nació en Mar del Plata (provincia de Buenos Aires). Solía decir que no le interesaba la literatura, simplemente que él siempre había sido escritor. A lo largo de su carrera vendió más de un millón de ejemplares en todo el mundo. Se sabe que era un fumador empedernido, que militaba en partidos de izquierda de la época, que escribía hasta las ocho de la mañana, y dormía hasta las cuatro de la tarde.

Osvaldo Soriano se sentía fascinado por Internet, era un hincha fiel del San Lorenzo de Almagro y adoraba a los gatos.

Antonio Dal Masetto cuenta un episodio que le sucedió con su amigo:
Osvaldo_Soriano_1 “Un día, algo molesto, me dijo: Pero, che, qué cosa, a vos nunca te va a ir bien con los libros, no vas a vender nada. ¿Por qué?, le pregunté sorprendido. Porque en todos tus textos, respondió, ¡¡le pasan cosas horribles a los gatos!! ¡Los destrozás, los matás, sos muy cruel con ellos! Vos no querés nada a los gatos -seguía apostrofándome- y los gatos, aunque vos no lo creas, tienen poderes. Así que más te vale hacerte amigo de ellos. Si vos no los respetás, nadie te va a leer. Después de largar todo esto, Osvaldo se tranquilizó. Yo me quedé pensando en lo que me había dicho. Y, por un tiempo, cada vez que me topaba con un gato por las calles, de noche, me arrodillaba y, chasqueando los dedos de mi mano derecha, le decía michi, michi, michi.”
(Entrevista de Agustina Roca para La Nación, 1998)

Algunas frases de Osvaldo Soriano:

–         “Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo”.

–         “Yo no tengo biografía. Me la van a inventar los gatos que vendrán cuando yo esté, muy orondo, sentado en el redondel de la luna”. 

Osvaldo_Soriano_4

Y un pequeño cuento, “El Negro de París”, que empieza así:

“El Negro es un gato tranquilo, distante, tosco a veces, sin ser grosero. Mi papá y yo fuimos a buscarlo una tarde a la Sociedad Protectora de Animales de París. Habíamos llegado tiempo atrás a Francia, y yo me sentía muy solo, sin entender por qué habíamos dejado Buenos Aires con tanto apuro. Mi papá y mi mamá me explicaron muchas veces que corríamos peligro mientras los militares gobernaran en el país y que sería mejor que yo creciera y fuera a una escuela en un lugar donde me enseñarían a vivir en libertad”.

(Para seguir leyendo, pulsar el siguiente enlace: http://es.scribd.com/doc/7211044/El-Negro-de-Paris)

No podemos resistirnos a incluir en su totalidad el siguiente texto de Osvaldo Soriano:

“El día que nací había un gato esperando al otro lado de la puerta. Mi padre fumaba en Mar del Plata, en el patio. Mi madre dice que fue un parto difícil, a las cuatro y veinte de la tarde de un día de verano. El sol rajaba la tierra. Los jóvenes Borges y Bioy Casares paraban cerca de ahí, en Los Troncos alucinando las historias de don Isidro Parodi. A Borges lo seguían los gatos. En una de sus fotos más hermosas está junto a María Kodama, que tiene uno en brazos; Borges lo acaricia como a un amigo. Sigue leyendo