Gatos y Respeto

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Gatos, cocinas y cocineros

Foto de Ferdinando Scianna

Hoy en día no es muy habitual ver a gatos en las cocinas; es más, en numerosas casas tienen derecho a dormir en el sofá del salón, pero no pueden pisar la cocina, y si se les permite la entrada, saltar a una encimera es totalmente impensable. Sin embargo, hasta bien entrado el siglo XX, el gato formaba parte íntegra del paisaje de la cocina, aunque probablemente le estuviera vetado el sofá del salón.

Las primeras imágenes de gatos en la cocina datan del siglo XIV y son parte del Tacuinum Sanitatis, un manual medieval sobre salud basado en el tratado médico árabe Taqwim al‑sihha (Tablas de salud), de Ibn Butlan. Existen varias versiones latinas en manuscritos profusamente ilustrados.

Tacuinum Sanitatis

Dos siglos después, el pintor alsaciano afincado en París y considerado un maestro del bodegón en su época, Sébastien Stoskopff, pintó por lo menos un cuadro con un gato en la cocina. No sabemos si son truchas o lucios, pero nos inclinamos por lucios dado el tamaño del pez que el gato está a punto de disfrutar.

Sébastien Stoskopff (Siglo XVI)

También del XVI, concretamente de 1591, es el magnífico cuadro del italiano Vincenzo Campi titulado “La cocina”. Dos de las cocineras parecen estar muy interesadas en el gato que defiende las entrañas de pollo que una de ellas acaba de darle. Claramente, tanto el gato como el perro faldero eran habituales del lugar.

La cocina (Vincenzo Campi, 1591)

Detalle

Volvemos a saltar dos siglos para irnos a la cocina de un palacio valenciano trasladada a la cuarta planta del Museo de Artes Decorativas de Madrid. Además de una foto, añadimos el enlace para realizar una visita virtual a este maravilloso lugar donde se encuentran representados nada menos que ocho gatos. Excepto dos, el autor no confirió a los demás un comportamiento ejemplar. http://www.culturaydeporte.gob.es/docroot/contenido-estatico/museos/mnartesdecorativas/visita-virtual/cocina.html

Cocina valenciana (Siglo XVIII)

Ya en el XIX, no podíamos omitir a Carl Reichert ni a Charles van den Eycken, dos pintores muy dedicados a los gatos, de acuerdo con la moda imperante en la segunda mitad de ese siglo. Pero nos parece mucho más representativo el naturalista francés Joseph Bail con “El cocinero y su gato”. Este apasionado de la gastronomía realizó toda una serie sobre cocineros y pinches de cocina sin omitir al gato en numerosas escenas.

Carl Reichert (1836-1918)

Un gato en la cocina (Charles van den Eycken, siglo XIX)

El cocinero y su gato (Joseph Bail)

El último lienzo es de Ivan Albright (1934) y se titula “La cocina de la granjera”. Detrás de la mujer que pela lo que parecen rábanos, vemos a un gato sentado en el suelo, no lejos de la estufa de leña. El gato sigue aceptado en la cocina, al menos en el campo.

La cocina de la granjera (Ivan Albright, 1934)

Más reciente, pero haciendo referencia a una generación anterior, está la viñeta de Linda Benton “La abuela en la cocina”. La artista realizó una serie de dibujos de una abuela que vive con numerosos gatos y no podían faltar en la cocina.

La abuela en la cocina (Linda Benton)

A finales de los años cincuenta aparece una mujer que rompe con todos los moldes de una época en Estados Unidos. Entre los enormes cambios que produjo la posguerra en Estados Unidos en cuanto a limpieza, salud, etcétera, estaba la prohibición de que el gato entrara en la cocina. Nos referimos a la cocinera Julia Child, (https://gatosyrespeto.org/2015/01/03/julia-child-buena-cocina-y-gatos/) que hizo auténticos milagros para educar el paladar norteamericano. No solo era una magnífica cocinera, también adoraba a los gatos y solían acompañarla mientras ponía a punto sus recetas.

Julia Child

Minette en la cocina de Julia Child

El renombrado y lamentado chef Anthony Bourdain, de apellido francés, pero nacido en Nueva York, amaba a los gatos. Consideraba que la columna vertebral de los restaurantes estadounidenses eran los inmigrantes latinoamericanos. En su opinión, muchos poseían un gran talento, pero no recibían el reconocimiento ni el salario que merecían. También alzó la voz contra el acoso sexual en la restauración.

Anthony Bourdain y Lupetto

Un joven cocinero con tres canales en YouTube llamado Yun Yoshizuki siempre cocina con sus gatos Kohaku y Nagi. Ambos le observan mientras prepara deliciosos platos y jamás se atreven a estirar la pata para llevarse ese tentador trocito. Al parecer, Yun y su mujer Rachel tienen un tercer gato llamado Poki, pero no se le deja entrar en la cocina durante los rodajes porque su educación deja algo que desear. Por cierto, en ocasiones especiales, Yun prepara comida para gatos en directo: sushi y sashimi.

Jun Yoshizuki preparando sukiyaki con Kohaku y Nagi

No solo se cocinan platos suculentos para gatos, también se publican muchos libros de recetas actualmente. “The Secret of Cooking for Cats” (El secreto de la cocina para gatos), de Martin A. Garner, publicado en 1965, demuestra que pensar en recetas para gato no es una tendencia nueva. Algunos nombres de platos incluidos en el libro son “Pollo estilo Madrid”, “Pescado a la napolitana”, “Ensalada de mar”, “Interludio noruego”…

Incluso con la enorme selección de comida para gatos que se puede adquirir en la actualidad, se siguen preparando platos especiales. En la foto vemos a Deborah Robertson con Dixie ante la mesa de la cocina donde experimenta y prepara tentadoras recetas para su libro “Cooking for Cats: The healthy, happy way to feed your cat” (Cocinar para gatos: La forma sana y feliz de alimentar a su gato).

Debora Robertson y Dixie

La autora reconoce que cuando empezó a tener gatos, les compró el pienso más equilibrado del mercado, pero no eran felices. Pasó a la comida enlatada con un resultado positivo, aunque no del todo satisfactorio. Sigue diciendo, con cierta lógica, que si invita a alguien a su casa, cocina para esa persona. También cocina para su marido y para ella misma. Siendo así, ¿por qué no cocinaría para sus gatos?

Deborah Robertson


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Gatos y jazz

Jack Owens, su gato negro y Bud Spires.

A los músicos de jazz se les suele llamar “gatos”, sobre todo en inglés. Parece ser que la denominación remonta a los años veinte del siglo pasado cuando el jazz empezó a hacerse popular. Los músicos de jazz, al igual que los gatos, preferían la noche al día, dependían de sí mismos, se buscaban la vida, solían caer de pie y no encajaban con la sociedad “normal”.

Stan Getz

La primera fotografía de esta entrada no es de dos músicos de jazz, sino de blues. Son Jack Owens, su gato negro, y Bud Spires, los tres en el porche del primero donde solían tocar para los numerosos visitantes. Por cierto, los músicos de blues creían que los gatos negros traían buena suerte.

Louis Armstrong

A pesar de llamarse “gatos” o “cats”, no hemos encontrado muchas fotos de músicos de jazz con sus gatos. Uno de ellos es el pianista Cecil Percival Taylor, al que podemos ver en una instantánea realizada en los años sesenta por el fotógrafo Charles Rotmil. En principio, si un gato está sentado en el piano de un músico, parece indicar que vive con él.

Cecil Taylor y su gato (años 60) Foto de Charles Rotmil

Cecil Taylor fue uno de los pioneros del free jazz. Su carrera abarca más de 50 años con decenas de discos grabados. Nació el 25 de marzo de 1929 en Nueva York, la misma ciudad en la que falleció el 5 de abril de 2018. Fue un maestro de la improvisación a partir de estructuras armónicas fijas, algo nada habitual en los años cincuenta, pero no logró notoriedad hasta los años setenta.

Sabemos que el compositor, arreglista, poeta y músico Bob Downes tenía un gato siamés llamado Rolly gracias a la foto interior del álbum “Electric City” y por la contraportada del mismo LP, donde le vemos tocando la flauta, su instrumento favorito con el saxo entre los veinticinco que dominaba.

Open Music – Electric City (contraportada)

Nacido en Plymouth, Reino Unido, el 22 de julio de 1937, es conocido como líder del Open Music Trio, un grupo de jazz de vanguardia que formó en 1968, y por sus composiciones de rock y blues. Grabó su primer disco con Philips Records antes de fundar su propia discográfica, Openian.

Bob Downes, Bob Cockburn y el gato Rolly

Otros músicos de jazz no se limitan a que en las portadas de sus discos aparezcan gatos; por ejemplo, el músico argentino Leandro Barbieri se apodaba “Gato”. Este maestro del saxo tenor nació en Rosario, Argentina, el 28 de noviembre de 1932, y está considerado como uno de los pioneros del jazz latino. Sin embargo, en una entrevista realizada un año antes de su fallecimiento en Nueva York en 2016, dijo: “No tengo nada que ver con eso, los músicos de jazz no me consideran un músico de jazz y los músicos latinos no me consideran un músico latino”.

Además de una extensa discografía, fue el autor de varias bandas sonoras, entre ellas las de “El último tango en París”, dirigida por Bernardo Bertolucci en 1972.

Existen dos fotos muy famosas de Thelonious Monk con un gato siamés. Después de observarlas con detenimiento, nos atrevemos a decir que no fueron hechas el mismo día, aunque eso no significa que Monk tuviera gatos. Ese probablemente fuera uno de los 306 gatos de Nica Rothschild. Cuesta creer que Nica tuviera tantos a la vez, incluso repartidos en todos los años de su estancia en Nueva York, pero era una mujer muy especial.

Thelonious Monk

Fue la hija menor de Charles Rothschild, entomólogo por gusto y financiero por obligación, que se suicidó cuando su hija tenía 12 años. Su nombre completo era Kathleen Annie Pannonica, este último en honor a la Eublemma pannonica, una polilla muy poco común. Nica nació en 1913, estudió en Múnich, y con poco más de veinte años aprendió a pilotar un avión. Se casó en 1935 con el barón francés Jules de Koenigswarter y vivieron en un castillo en el noroeste de Francia. Tuvieron dos hijos.

Al estallar la II Guerra Mundial, Jules se unió al ejército de la Francia Libre de De Gaulle en África. Después de dejar a sus hijos en Nueva York, Nica trabajó como codificadora en Ghana, Congo y África del Norte. Al finalizar la guerra, el barón se convirtió en diplomático, tuvieron tres hijos más y vivieron en diversos países.

La relación con su marido se hizo difícil, y en 1953 dejó al barón y a sus cinco hijos en Ciudad de México para mudarse a Nueva York. Hacía mucho que a Nica le gustaba el jazz, y un día, en casa de un amigo, escuchó el famoso tema “Round Midnight”, de Thelonious Monk. La pianista y compositora de jazz Mary Lou Williams le presentó al músico durante el “Salón del Jazz 1954”.

Nica se instaló en una suite del hotel Stanhope, delante del Museo Metropolitan de Nueva York, y se convirtió en la protectora de numerosos músicos de jazz, como Miles Davis, Teddy Wilson y Charles Mingus, entre otros. Les compraba comida si hacía falta, les llevaba de un lado a otro en su Bentley y les apoyaba.

Charlie Parker no estaba entre sus más allegados, pero apareció en su suite en marzo de 1955 en mal estado y murió al día siguiente, creando un escándalo. El director del hotel la echó y Nica acabó comprándose una casa modernista en Nueva Jersey con vistas a Nueva York, del otro lado del río Hudson, a la que sus amigos rebautizaron “Catville” (Villagatos) por los 300 felinos a los que Nica abrió sus puertas.

Nica Rothschild

El músico con el que tuvo una relación amistosa inquebrantable fue Thelonious Monk. Puede decirse que cuidó de él desde 1954 hasta 1982, año en que el pianista falleció. Monk y su esposa Nellie se mudaron a mediados de los setenta a casa de Nica. Algunos dicen que a Monk no le gustaban los gatos, pero nos parece extraño que aceptara vivir en un lugar donde eran los reyes.

Thelonious Monk

Nica comparó a Thelonious Monk con Beethoven. El músico era inestable, padecía regularmente terribles depresiones, y Nica ayudó a Nellie a enfrentarse a estos episodios. El jazz cambió, la música evolucionó, pero Nica siguió fiel al bebop; incluso llegó a decir que Miles Davis “se había vendido”. Los Beatles, los Rolling Stones, Little Richard, Elvis Presley no la emocionaban. No menos de veinticuatro temas de jazz le fueron dedicados.

Thelonious y Nica

Hemos empezado con una foto de dos “bluesmen” con un gato negro y acabamos con la portada de una pareja con un gato blanco.