Gatos y Respeto

Por unos gatos felices

Luis XIV, el gato cosmopolita

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Luis XIV

Luis XIV

En realidad deberíamos decir “Louis XIV” porque ese era su verdadero nombre, pero los nombres de los reyes se traducen, por lo que le llamaremos Luis XIV. Era el decimocuarto gato en la vida de Beulah Roth, también su primer siamés, y aunque no era rey, se codeó con todo lo más granado de la sociedad artística de los años cuarenta y cincuenta. Al ver fotos de famosos de esos años, y con famosos nos referimos a pintores, músicos, actores, escritores, ¿no les sorprende el amor que todos sentían por los siameses? Hay una explicación muy sencilla: en la mayoría de los casos se trata de Luis XIV. Es fácil reconocerle, no solo por la máscara de color chocolate negro que le cubre la nariz y parte de las mejillas, sino por su expresión. Fíjense bien en las fotos que publicamos con esta entrada, en casi todas adopta un aire desdeñoso, de fastidio.

Cary Grant y Luis XIV

Cary Grant y Luis XIV

Luis XIV era el gato de Beulah y Sanford Roth, un célebre fotógrafo de famosos nacido en Brooklyn en 1906 y fallecido en Roma en 1962 de un infarto y cuyo trabajo publicaban regularmente revistas como Time, Life, Look, Fortune, Paris Match, Elle, Der Stern, Harper’s Bazaar, Vogue, Oggi y People. Fotografió a Albert Einstein, Alfred Hitchcock, Judy Garland, Joan Crawford, Pablo Picasso, Henri Matisse, Audrey Hepburn, Aldous Huxley, Noël Coward, Jimmy Stewart, Christopher Isherwood, Louis Armstrong, Paul Newman, Gino Severini, Blaise Cendrars, Alberto Moravia, Moise Kisling, Elizabeth Taylor, Rock Hudson, Grace Kelly, Danny Kaye, Romy Schneider, Anna Magnani, Jack Lemmon, Deborah Kerr, Igor Stravinsky, Dimitri Mitropoulos, Sophia Loren, Darius Milhaud, Irene y Frederic Joliot-Curie, Edwin Hubble, Jean Renoir, Alain Delon, John Wayne, George Antheil, Alberto Burri, Edward G. Robinson, Jean Cocteau, Peter Ustinov, Rossana Podesta, Darryl Zanuck, George Stevens, Colette, Groucho Marx, Tennessee Williams, Ava Gardner, Fred Zinnemann, Cary Grant, aunque no a todos con Luis XIV.

Beulah Roth y Luis XIV

Beulah Roth y Luis XIV

El matrimonio Roth compartía una pasión por los gatos, las compras, la ropa, París, Roma, los rastrillos, las antigüedades romanas y la gente. Muchos de los famosos fotografiados por Sanford acabaron siendo auténticos amigos, como Anna Magnani en Roma o James Dean en Hollywood. Para realizar su trabajo, Sanford Roth pasaba largas temporadas en Europa, donde siempre le acompañaban su esposa y, claro está, Luis XIV. Pero en aquellos años, viajar con un gato no era tan sencillo como hoy en día. En primer lugar, no abundaban las tiendas de mascotas ni había anaqueles repletos de comida en lata en los supermercados porque en Europa todavía no había supermercados. Al vivir en California, era necesario cruzar Estados Unidos en tren y luego embarcar en un trasatlántico. Beulah Roth escribió un libro maravilloso, “The Cosmopolitan Cat”, publicado en 1963 y que solo se encuentra de segunda mano en inglés, en el que describe lo que significaba viajar con Luis XIV. Por ejemplo, tanto en un tren como en un barco era (y sigue siendo) absolutamente necesario que el gato se quedase encerrado en el compartimento o el camarote, que solo podía compartirse con el marido o un amante.

Paul Newman con Louis XIV

Paul Newman con Luis XIV

En el libro, Beulah cuenta cómo su gato comía solomillo y langosta por solo diez dólares para un viaje de seis días en los trasatlánticos franceses, pero no pasaba lo mismo en el tren. Viajar en tren significaba llevar arena y comida, además de asegurarse de que nadie entrase en el compartimiento para abrir la cama. También viajaba algunas veces en avión, pero solo si estaba segura de que Luis XIV la acompañaría en la cabina.

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Colette y Luis XIV

Una vez en Francia, solían ir siempre al mismo hotel, el Lutèce, en Montparnasse, donde les esperaba la habitación 25. Hay que tener en cuenta que los Roth no se desplazaban para estar una semana en París, sino varios meses. Beulah deja muy claro en el libro que para periodos cortos es mejor no llevar animales. Una vez en París había que encontrar arena y comida. Luis XIV se alimentaba principalmente de hígado, bazo y corazón de ternera, pescado y alguna que otra gamba, todo esto cocinado, lo que no era fácil residiendo en un hotel. Pero Beulah lo conseguía y Luis XIV vivía como un rey mientras se dejaba fotografiar (de mala gana) con Georges Braque, a quien no le gustaban los gatos, pero quiso una foto con Luis XIV, o con Colette, a la que arañó y a Beulah casi le dio un soponcio.

Georges Braque y Luis XIV

Georges Braque y Luis XIV

Pero es sabido que Colette era una gran amante de los gatos y no pasó nada. Entre las anécdotas que cuenta Beulah de sus estancias en París está la fila de gatos que se formaba delante de la puerta de la cocina del Dominique, un famoso restaurante ruso de la época. Al parecer, los cocineros alimentaban alegremente a todos los gatos del barrio a base de buey Stroganoff, esturión fresco y pollo a la Kiev.

Volviendo a Luis XIV, Beulah cuenta que tenía una manía muy particular, odiaba el timbre del teléfono y, con el tiempo, descubrió que si descolgaba el aparato con la pata, dejaba de sonar. Al parecer, llamar a los Sanford y conseguir que contestaran era una auténtica hazaña.

Anna Magnani y Luis XIV

Anna Magnani y Luis XIV

Luis XIV vivió durante un largo periodo en Roma, tan largo que sus dueños alquilaron un piso mientras esperaban que empezase el rodaje de “Cleopatra”. Allí, Luis XIV y Beulah se hicieron muy amigos de Anna Magnani.

James Dean y Luis XIX

James Dean y Luis XIV

Entre París y Roma, cuando los Sanford estaban en California, intimaron con James Dean, aunque según Beulah el auténtico amigo del actor era Luis XIV, que incluso le cedía su sillón favorito, un asiento veneciano del siglo XVIII, y se acurraba en su regazo para que ambos se echasen la siesta. Recuerda que Jimmy quiso un gato y recorrieron Venice (California) juntos en busca de uno y que nadie, absolutamente nadie, reconoció al ídolo del momento. Pero ya hablaremos de James Dean en otro momento.

Beulah también apunta, con mucho humor, que desde la llegada de Luis XIV, su vestuario se limitó al color del exterior e interior de un champiñón y que tenía la mayor colección del mundo de cepillos para ropa. Echaba de menos vestirse de negro o de azul oscuro, incluso llevar un suéter de cuello alto de color gris, pero estaba condenada a llevar ropa en diversos tonos de beige para que no se notasen los pelos de Luis XIV.

Paul Newman y Luis XIV

Paul Newman y Luis XIV

La única vez que Luis XIV no acompañó a Beulah y a Sanford Roth fue para evitar la famosa cuarentena obligatoria cuando tuvieron que ir a Londres durante varios meses. Luis XIV se quedó en un superhotel para gatos con todos los lujos y, según el dueño, no les echó de menos, aunque Beulah lo dudaba. Por suerte, cuando ya no podía más, se fueron a París para otro encargo y Luis XIV llegó en un vuelo de TWA. Para conseguirlo, hubo que recurrir a Howard Hugues (había asientos para personas, pero no había sitio para animales). El vuelo hacía una parada técnica en Nueva York, y Beulah le pidió a su tía Sadie que fuera al aeropuerto a hacerle compañía. La parada técnica duró siete horas y la tía Sadie se lo llevó a casa para que comiera gambas. Beulah fue a buscarle a Orly, donde conoció a una señora que tenía 36 gatos y viajaba con algunos de ellos, por lo que decidió que era una aficionada en lo que a gatos viajeros se refería.

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