Gatos y Respeto

Por unos gatos felices

Mike, el gato del Museo Británico

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Mike en el patio del museo

Mike en el patio del museo

Mike no fue el primer gato del famoso museo. De hecho, de no ser por Black Jack, su predecesor, Mike jamás habría llegado allí. Pero empecemos por el principio, tal como lo cuenta sir E.A. Wallis Budge, un egiptólogo, orientalista y filólogo que trabajaba en el Museo Británico desde 1883, y autor de un pequeño folleto de 16 páginas titulado “Mike, The CAT who assisted in keeping the Main Gate of the British Museum from February 1909 to January 1929” (Mike, El GATO que ayudó a guardar la entrada principal del Museo Británico desde febrero de 1909 a enero de 1929).

Mike dando su opinión del perro que acaba de echar

Mike dando su opinión del perro al que acaba de echar

Mike trayendo una paloma

Mike trayendo una paloma

Sir E.A. Wallis comienza diciendo: “En la época en que el famoso y erudito Dr. Richard Garnett dirigía el departamento de libros impresos del Museo Británico, le visitaba a menudo un gato conocido por el personal con el nombre de ‘Black Jack’. Era un animal muy hermoso, de color negro, con el pecho y las patas blancas, así como unos impresionantes bigotes. Le gustaba sentarse en las mesas de la sala de lectura y nunca dudaba en pedirle a algún lector que le abriera la puerta”. Sigue explicando que por algún descuido, Black Jack se quedó encerrado un domingo en una de las salas de periódicos y, aburrido, pasó el tiempo haciéndose las uñas en uno de los volúmenes encuadernados que contenía periódicos. La fechoría fue muy mal vista por el Oficial del Museo y se ordenó al encargado que se deshiciera de él, pero Black Jack ya había desaparecido misteriosamente. Al parecer, dos empleados del museo lo escondieron y cuidaron durante unas semanas hasta que el revuelo pasó. Black Jack reapareció como si nada, pero nunca volvió a echarse la siesta en la sala de lectura.

La sala de lecturas que tanto gustaba a Black Jack

La sala de lectura que tanto gustaba a Black Jack

Meses después, en febrero de 1909, sir Ernest Wallis se iba a casa cuando vio a Black Jack subir los escalones con algo en la boca que depositó a sus pies. Era un gatito. Los guardianes lo adoptaron  y llamaron Mike. Se hizo muy amigo del portero, que siempre le invitaba a pasar, tanto de día como de noche. Black Jack enseñó a Mike a cazar palomas al estilo “pointer”, es decir, mirándolas fijamente y obligándolas a retroceder hacia una esquina donde solían caer, mareadas. Los dos gatos llevaban sus presas intactas al ama de llaves, que les recompensaba con trozos de carne y leche, antes de volver a soltar a los pájaros. En palabras del escritor del panfleto, “Mike dormía en la casa”, donde se le había preparado un rincón en una estantería, lejos de las corrientes de aire. El custodio de las momias se encargó de alimentarle durante los duros años de la I Guerra Mundial: “Puede que algunos pasaran hambre, pero no fue el caso de Mike. Prefería el lenguado a la pescadilla, la pescadilla a las sardinas, y las sardinas a la caballa. Debe mucho a los tres generosos porteros, que le hervían la comida y le trataban como a un hombre y un hermano”.

El patio del museo tal como lo conoció Mike

El patio del museo tal como lo conoció Mike

La sala de las momias en la época de Mike

La sala de las momias en la época de Mike

En 1924, Mike se jubiló y el custodio de las Antigüedades Egipcias le concedió una “pensión”. Siguió interesándose por todo lo que ocurría en el inmenso patio y era especialmente útil a la hora de echar a los perros que se colaban de vez en cuando. Esos mismos perros que “se burlaban de los policías y los porteros, huían aterrados ante el ataque de Mike, que hinchándose hasta alcanzar el doble de su tamaño, se lanzaba sobre ellos”. Sir Ernest añade: “En estas ocasiones, era verdaderamente una ‘bestia salvaje'”.

Black Jack acaba de traer a Mike

Black Jack acaba de traer a Mike

Los perros que se burlan de los policías y de los porteros

Los perros que se burlan de los policías y de los porteros

Tenía pocos amigos y no apreciaba las manos de los extraños, y menos a las señoras, que solían empujarle suavemente con la punta de sus parasoles. En cuanto a las caricias, muchas fueron las delicadas manos enguantadas que acabaron “desguantadas” con un rápido arañazo de Mike. Su viejo amigo el custodio, que también se había jubilado,  pasó a verle en la portería antes de cenar en el museo con el Oficial de Guardia. Aproximadamente media hora después, durante la cena, un criado avisó al Oficial de que Mike estaba esperando fuera a que le dejaran entrar. Con el paso de los años, perdió los dientes y solo podía comer carne picada o pescado desmenuzado.

Portada del panfleto publicado a los 50 años de su muerte

Portada del panfleto publicado a los 50 años de su muerte

Mike vivió veinte años en uno de los museos más grandes (en todos los sentidos) del mundo y se hizo famoso hasta el punto de merecer un artículo en el diario Star en 1927, dos años antes de su muerte, donde se decía: “Contempla a los eruditos, hombres famosos venidos del mundo entero, con la misma filosofía que a los transeúntes; niñas de impecable uniforme escolar, niños pobres que juegan en la entrada, sacerdotes de sotana negra, damas indias de alegres saris, japoneses trajeados y turistas con anteojos, para él todos son iguales”.

Las últimas seis páginas del panfleto contienen un largo poema dedicado “A la memoria de MIKE, el gato del museo”, escrito por F.C.W. Hiley, que acaba así:

“¡Viejo Mike! ¡Adiós! Todos te añoramos;

y aunque no nos dejaras acariciarte,

de todos los gatos, eras el más sabio y el mejor,

ese será tu lema – ¡Requiescat!”

Mike, que acaba de cumplir 14 años

Mike, que acaba de cumplir 14 años

La tumba de Mike se encuentra cerca de la entrada de Great Russell Street y sobre la losa se lee: “Ayudó a guardar la entrada principal del Museo Británico desde febrero de 1909 a enero de 1929”.

En 1979 se publicó otro pequeño panfleto escrito por R.B. Shaberman para celebrar los 50 años de la muerte de Mike. Incluimos algunos de los dibujos de dicho panfleto.

Que sepamos, ya no hay gatos residentes en el Museo Británico, algo que lamentamos. Los gatos son silenciosos, discretos y encajan a la perfección en museos y bibliotecas. Pero Mike no fue el último gato del museo. Le sucedieron Belinda, llamado así a pesar de ser un macho pelirrojo; Suzie, una gata blanca y negra que seguía a los guardias en sus recorridos y que falleció en mayo de 1982 a los 15 años; Maisie y sus tres hijos, Pippin, Poppet y Pinkie, y finalmente Suzie II, que pasaba la mayor parte del tiempo en la sala de control. Posiblemente hubiera más felinos residentes antes de Black Jack y después de Mike, pero sus nombres no han quedado para la posteridad.

 

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