Gatos y Respeto

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Los gatos del Museo Metropolitano de Nueva York

Amuleto egipcio (Siglo V a. C.)

Amuleto egipcio (Siglo V a. C.)

No, no hemos descubierto que en el Museo Metropolitano de Nueva York hay gatos como ocurre en el Hermitage de San Petersburgo (https://gatosyrespeto.org/2014/06/28/los-gatos-del-ermitage-san-petersburgo/), sería fantástico, pero no es así. Hace años, posiblemente en todos los museos habría gatos residentes para hacer frente a los ratones, pero eso ya pasó a la historia. Hoy en día, los museos se toman mucho más en serio que hace 70 u 80 años, y es probable que ahora estuviera muy mal visto tener a algún que otro gato residente.

Dinastía Ming (1368-1644)

Dinastía Ming (1368-1644)

 

el-sistema-de-votacion-con-lego

Sistema de votación con Lego

Lo que sí hay en el Met, como se llama coloquialmente al museo, es una enorme colección de obras de arte en torno al gato, que abarca desde la época faraónica hasta nuestros días. Hemos escogido algunas de las numerosísimas obras conservadas en el museo, pero no hay por qué limitarse a nuestra escasa selección; ahora cualquiera puede ver en Internet todas las obras felinas del Met. Basta con entrar en Meow Met, una nueva extensión Chrome repleta de felinos creada por Emily McAllister, una becaria del Media Lab del Museo Metropolitano. Al entrar en Meow Met aparece una selección de obras albergadas en el Met, incluso las no expuestas. Cada fotografía está etiquetada con la descripción de la obra y el nombre del artista, y al cliquear en la imagen se va a la web oficial del museo, que ofrece más detalles de la obra (la procedencia, por ejemplo). Ahora es posible explorar toda la colección gatuna del Met sin moverse de casa.

Emily McAllister

Emily McAllister

 

Estatuilla - Periodo Tolémico (664-30 a. C.)

Estatuilla – Dinastía ptolemaica (323-30 a. C.)

Reproducimos las palabras (traducidas) de Emily McAllister, la inventora de esta genial herramienta: “…empecé a fijarme en la presencia recurrente de perros en cuadros. Hay muchos perros en el Met, lo que inmediatamente hizo que me preguntara: ¿Habrá gatos? Me puse a contar empezando con Retrato de un joven; (anverso) Chica haciendo una guirnalda, de Hans Süss von Kulmbach, y encontré unas diez obras antes de darme cuenta de que era la tarea perfecta para “scrapi”, una aplicación que recopila información a partir de la Colección Online del Met”.

Hans Süss von Kulmbach (1508)

Hans Süss von Kulmbach (1508)

“Reconozco que mi curiosidad era tendenciosa, ya que soy una amante de los gatos, y no tardé en perder interés por los perros del Met cuando pensé que los gatos ejercen una curiosa fascinación sobre el ser humano desde tiempos inmemoriales. No sabía muy bien cómo acabaría esto, pero sí sabía que me parecía maravilloso ver a un gato jugar con el vestido de una mujer del siglo XVII o cazando una mariposa en un grabado japonés”.

Fernand Léger (1881-1955)

Fernand Léger (1881-1955)

 

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)

Emily McAllister sigue explicando cómo desarrolló la extensión a partir de fotos realizadas con un microscopio electrónico de barrido (MEB o SEM) que produce imágenes de alta resolución de la superficie de un objeto utilizando las interacciones electrón-materia. “Las imágenes escaneadas eran asombrosas, auténticas obras de arte, y un compañero becario sugirió que las usara para la extensión de Chrome. Hasta entonces no se habían publicado y ofrecían una perspectiva totalmente nueva. Empecé a colaborar con Marco Leona, David H. Koch y Federico Carò, y el proyecto se multiplicó por tres. Decidí desarrollar una versión de imágenes SEM, una versión abstracta detallada y una tercera con todas las imágenes de los gatos del Met que había estado recopilando de forma obsesiva”.

Gatos Netsuke (Siglo XIX)

Gatos Netsuke (Siglo XIX)

 

John Kay (1742-1826)

John Kay (1742-1826)

Llegó el día del lanzamiento de las tres versiones. Emily McAllister dice que mientras desarrollaba y refinaba cada extensión, pedía constantemente la opinión de sus compañeros, pero nunca consiguió llegar a un consenso definitivo. El gran día fue el 15 de mayo de 2015 en la MediaLab Expo, y se le ocurrió una solución para saber cuál tendría más éxito cuando se pusiera a disposición del público. “Creé un sistema de votación. Después de probar las tres versiones, Meow Met, Micro Met y The Met Magnified, los usuarios podían coger una pieza de Lego y añadirla a la torre empezada delante de la extensión que más les gustaba. Pensé que jugar con Lego aumentaría el interés del público”.

Sello minoico (1900-1600 a. C.)

Sello minoico (1900-1600 a. C.)

 

tambor-de-indios-dakota-finales-del-siglo-xix

Tambor de indios dakota (Finales del siglo XIX)

Y acaba diciendo: “Al final hubo muy poca diferencia. Ocurría lo mismo que durante el semestre que tardé en poner a punto las extensiones, nadie se decidía, pero lentamente Meow Met salió ganando”.

Vasija cosmética egipcia (1990-1900 a. C.)

Vasija cosmética egipcia (1990-1900 a. C.)


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Mike, el gato del Museo Británico

Mike en el patio del museo

Mike en el patio del museo

Mike no fue el primer gato del famoso museo. De hecho, de no ser por Black Jack, su predecesor, Mike jamás habría llegado allí. Pero empecemos por el principio, tal como lo cuenta sir E.A. Wallis Budge, un egiptólogo, orientalista y filólogo que trabajaba en el Museo Británico desde 1883, y autor de un pequeño folleto de 16 páginas titulado “Mike, The CAT who assisted in keeping the Main Gate of the British Museum from February 1909 to January 1929” (Mike, El GATO que ayudó a guardar la entrada principal del Museo Británico desde febrero de 1909 a enero de 1929).

Mike dando su opinión del perro que acaba de echar

Mike dando su opinión del perro al que acaba de echar

Mike trayendo una paloma

Mike trayendo una paloma

Sir E.A. Wallis comienza diciendo: “En la época en que el famoso y erudito Dr. Richard Garnett dirigía el departamento de libros impresos del Museo Británico, le visitaba a menudo un gato conocido por el personal con el nombre de ‘Black Jack’. Era un animal muy hermoso, de color negro, con el pecho y las patas blancas, así como unos impresionantes bigotes. Le gustaba sentarse en las mesas de la sala de lectura y nunca dudaba en pedirle a algún lector que le abriera la puerta”. Sigue explicando que por algún descuido, Black Jack se quedó encerrado un domingo en una de las salas de periódicos y, aburrido, pasó el tiempo haciéndose las uñas en uno de los volúmenes encuadernados que contenía periódicos. La fechoría fue muy mal vista por el Oficial del Museo y se ordenó al encargado que se deshiciera de él, pero Black Jack ya había desaparecido misteriosamente. Al parecer, dos empleados del museo lo escondieron y cuidaron durante unas semanas hasta que el revuelo pasó. Black Jack reapareció como si nada, pero nunca volvió a echarse la siesta en la sala de lectura.

La sala de lecturas que tanto gustaba a Black Jack

La sala de lectura que tanto gustaba a Black Jack

Meses después, en febrero de 1909, sir Ernest Wallis se iba a casa cuando vio a Black Jack subir los escalones con algo en la boca que depositó a sus pies. Era un gatito. Los guardianes lo adoptaron  y llamaron Mike. Se hizo muy amigo del portero, que siempre le invitaba a pasar, tanto de día como de noche. Black Jack enseñó a Mike a cazar palomas al estilo “pointer”, es decir, mirándolas fijamente y obligándolas a retroceder hacia una esquina donde solían caer, mareadas. Los dos gatos llevaban sus presas intactas al ama de llaves, que les recompensaba con trozos de carne y leche, antes de volver a soltar a los pájaros. En palabras del escritor del panfleto, “Mike dormía en la casa”, donde se le había preparado un rincón en una estantería, lejos de las corrientes de aire. El custodio de las momias se encargó de alimentarle durante los duros años de la I Guerra Mundial: “Puede que algunos pasaran hambre, pero no fue el caso de Mike. Prefería el lenguado a la pescadilla, la pescadilla a las sardinas, y las sardinas a la caballa. Debe mucho a los tres generosos porteros, que le hervían la comida y le trataban como a un hombre y un hermano”.

El patio del museo tal como lo conoció Mike

El patio del museo tal como lo conoció Mike

La sala de las momias en la época de Mike

La sala de las momias en la época de Mike

En 1924, Mike se jubiló y el custodio de las Antigüedades Egipcias le concedió una “pensión”. Siguió interesándose por todo lo que ocurría en el inmenso patio y era especialmente útil a la hora de echar a los perros que se colaban de vez en cuando. Esos mismos perros que “se burlaban de los policías y los porteros, huían aterrados ante el ataque de Mike, que hinchándose hasta alcanzar el doble de su tamaño, se lanzaba sobre ellos”. Sir Ernest añade: “En estas ocasiones, era verdaderamente una ‘bestia salvaje'”.

Black Jack acaba de traer a Mike

Black Jack acaba de traer a Mike

Los perros que se burlan de los policías y de los porteros

Los perros que se burlan de los policías y de los porteros

Tenía pocos amigos y no apreciaba las manos de los extraños, y menos a las señoras, que solían empujarle suavemente con la punta de sus parasoles. En cuanto a las caricias, muchas fueron las delicadas manos enguantadas que acabaron “desguantadas” con un rápido arañazo de Mike. Su viejo amigo el custodio, que también se había jubilado,  pasó a verle en la portería antes de cenar en el museo con el Oficial de Guardia. Aproximadamente media hora después, durante la cena, un criado avisó al Oficial de que Mike estaba esperando fuera a que le dejaran entrar. Con el paso de los años, perdió los dientes y solo podía comer carne picada o pescado desmenuzado.

Portada del panfleto publicado a los 50 años de su muerte

Portada del panfleto publicado a los 50 años de su muerte

Mike vivió veinte años en uno de los museos más grandes (en todos los sentidos) del mundo y se hizo famoso hasta el punto de merecer un artículo en el diario Star en 1927, dos años antes de su muerte, donde se decía: “Contempla a los eruditos, hombres famosos venidos del mundo entero, con la misma filosofía que a los transeúntes; niñas de impecable uniforme escolar, niños pobres que juegan en la entrada, sacerdotes de sotana negra, damas indias de alegres saris, japoneses trajeados y turistas con anteojos, para él todos son iguales”.

Las últimas seis páginas del panfleto contienen un largo poema dedicado “A la memoria de MIKE, el gato del museo”, escrito por F.C.W. Hiley, que acaba así:

“¡Viejo Mike! ¡Adiós! Todos te añoramos;

y aunque no nos dejaras acariciarte,

de todos los gatos, eras el más sabio y el mejor,

ese será tu lema – ¡Requiescat!”

Mike, que acaba de cumplir 14 años

Mike, que acaba de cumplir 14 años

La tumba de Mike se encuentra cerca de la entrada de Great Russell Street y sobre la losa se lee: “Ayudó a guardar la entrada principal del Museo Británico desde febrero de 1909 a enero de 1929”.

En 1979 se publicó otro pequeño panfleto escrito por R.B. Shaberman para celebrar los 50 años de la muerte de Mike. Incluimos algunos de los dibujos de dicho panfleto.

Que sepamos, ya no hay gatos residentes en el Museo Británico, algo que lamentamos. Los gatos son silenciosos, discretos y encajan a la perfección en museos y bibliotecas. Pero Mike no fue el último gato del museo. Le sucedieron Belinda, llamado así a pesar de ser un macho pelirrojo; Suzie, una gata blanca y negra que seguía a los guardias en sus recorridos y que falleció en mayo de 1982 a los 15 años; Maisie y sus tres hijos, Pippin, Poppet y Pinkie, y finalmente Suzie II, que pasaba la mayor parte del tiempo en la sala de control. Posiblemente hubiera más felinos residentes antes de Black Jack y después de Mike, pero sus nombres no han quedado para la posteridad.