Gatos y Respeto

Por unos gatos felices

El gato que caminaba solo y Rudyard Kipling

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Rudyard Kipling escribió un relato titulado “El gato que caminaba solo”, publicado por primera vez en julio de 1902 en el “Ladies’ Home Journal”. Volvió a aparecer ese mismo año en la colección de relatos “Just So Stories” (traducido como “Precisamente así” o “Los cuentos de así fue” en español) con ilustraciones del autor.

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El relato es un poco largo (de hecho es el más largo de la colección) para incluirlo en este blog y hemos decidido limitarnos al muy buen resumen de la página web “The Kipling Society”, una sociedad abierta a las personas interesadas en las obras del autor. Cualquiera que desee leerlo en su totalidad no tendrá dificultad en encontrarlo en Internet, en inglés o en español, o publicado con otros relatos del escritor.

Y este es el resumen del relato: En un principio, todos los animales eran salvajes, pero sobre todo el Gato. Caminaba solo y cualquier lugar le daba igual. El Hombre también era salvaje hasta que conoció a la Mujer, que escogió una Cueva donde vivir, encendió un fuego y colgó una piel para cerrar la entrada. Preparó una comida con ingredientes silvestres.

Luego, mientras el Hombre dormía, la Mujer hizo Magia Cantada con el omoplato de un carnero y atrajo al Perro. La siguiente noche convenció al Caballo para que se acercara, y la tercera noche, a la Vaca. Los tres animales acordaron ayudar a la pareja, el Perro a cambio de carne asada, y los otros dos a cambio de heno que ella había secado a la lumbre. Cada noche, el Gato los había seguido, había escuchado y, antes de irse a caminar solo, los había tratado de tontos.

Ilustración de Niroot Puttapipat

Ilustración de Niroot Puttapipat

La cuarta noche, el Gato olió la leche de la Vaca, pero la Mujer se burló de él. El Gato, después de halagarla, le preguntó si podía pasar, sentarse cerca de la lumbre y beber la leche. La Mujer le contestó que si ella le elogiaba en tres ocasiones, le concedería sus tres deseos, pero inmediatamente juró que jamás lo haría. El Gato se fue, pero el Murciélago siempre le tenía al tanto de todo.

Ilustración realizada por el autor

Ilustración realizada por el autor

Cuando se enteró de que la Mujer había tenido un Niño, supo que había llegado el momento. Un día que el Niño lloraba mucho fuera de la Cueva, el Gato se acercó y se frotó contra él hasta hacerle reír. El Murciélago se lo contó a la Mujer, que bendijo a la criatura responsable. En ese momento, la piel que tapaba la entrada se cayó y el Gato entró. A la Mujer no le gustó. Empezó a hilar y el Niño volvió a llorar. El Gato le dijo que atara un trozo de lana al huso para que él lo cazara, y de nuevo el Niño rió. El Gato se le acercó y le durmió con su ronroneo. La Mujer le dio las gracias. El Gato fue a sentarse al lado de la lumbre y la Mujer, furiosa, entonó un encantamiento de silencio para no concederle el tercer deseo. Pero apareció un ratón y la Mujer gritó. El Gato mató al ratón, la Mujer volvió a darle las gracias, la lechera de barro se rompió y el Gato bebió.

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Ahora bien, el Gato no había hecho ningún trato con el Hombre ni con el Perro. El primero dijo que si el Gato no seguía cazando ratones, siempre le tiraría botas u otros objetos. El Gato aceptó a regañadientes, y el Hombre añadió que siempre le tiraría tres objetos. El Perro amenazó con morder al Gato si no se portaba bien con el Niño y, al recibir una contestación airada, prometió perseguirle siempre. Así hicieron el Hombre y el Perro, y así hacen la mayoría de hombres y perros, pero el Gato mantuvo su promesa, caza ratones y no hace daño a los niños. Eso sí, en las noches de luna recorre los bosques y los tejados, caminando solo.

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En 1955, Charles Carrington escribió una biografía de Rudyard Kipling, fallecido 19 años antes. La familia Kipling puso a su disposición la correspondencia y los diarios del autor. Según él, el relato sería “una amable sátira dirigida a Carrie Kipling”, la esposa del escritor, cuyos primos “le habían regalado un magnífico ejemplar de gato persa”.

Gata y gatito, de Sir Edward Burnes-Jones

Gata y gatito, de sir Edward Burnes-Jones

El mismo Rudyard Kipling ya había regalado un gato persa a su esposa en 1894, cuando aún vivían en Vermont, Estados Unidos. Según Carrington, los Kipling tenían al menos dos gatos. En 1898, sir Edward Burnes-Jones, el tío del escritor, hizo un dibujo de los tres hijos del matrimonio en el que Josephine, la mayor, tiene un gatito en brazos. No hemos encontrado el dibujo, pero incluimos un pequeño cuadro (Gata y gatito) del pintor prerrafaelita.

En nuestra opinión, Kipling escribió la colección de relatos para sus tres hijos (ver foto).

Josephine, John y Elsie, los hijos de Carrie y Rudyard Kipling

Josephine, John y Elsie, los hijos de Carrie y Rudyard Kipling

En la colección “Just So Stories” está el poema “Pussy can sit by the fire and sing” (Pussy se sienta al lado de la lumbre y canta), contado desde el punto de vista de un niño – su hijo John, quizá, que tenía cinco años a la sazón -, en realidad más halagador hacia el perro Binkie, que duerme en la cama del niño, al contrario de Pussy, que se va a recorrer el campo al anochecer.

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También escribió un cuento titulado “The Maltese Cat” (El gato maltés), que no tiene nada que ver con gatos, pues “El gato maltés” es un caballo que narra cómo ganó un partido de polo en la India.

En cuanto al autor, nos limitaremos a decir que nació en 1865 en Bombay, India, y que estudió en Inglaterra. Se casó en Londres a los 26 años con Carrie Balestier, una estadounidense de 29 años, y el escritor Henry James fue el padrino. Mientras estaban de viaje de novios en Japón, descubrieron que su banco había quebrado. Se fueron a vivir a Estados Unidos, donde permanecieron hasta 1896 antes de regresar a Inglaterra. En 1899, durante un viaje a Nueva York, él y sus dos hijas, Josephine y Elsie, enfermaron. Josephine no sobrevivió a la neumonía. Su hijo John murió a los 18 años en 1915 en la batalla de Loos durante la I Guerra Mundial.

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Kipling tenía un gran sentido del humor, como demuestra la siguiente anécdota: Un periódico publicó que había muerto rudyard-kiplingen una operación y escribió una nota dirigida al editor: “Acabo de enterarme de que he muerto. Le ruego que me borre de su lista de suscriptores”. Falleció pocos días después, el 18 de enero de 1936, a los 70 años. Fue galardonado con el Premio Nobel en 1907.

Como dato curioso añadiremos que en muchas de las primeras ediciones de sus libros aparece una esvástica impresa en la tapa, asociada a la imagen de un elefante con una flor de loto en la trompa, en referencia al simbolismo solar de esta cruz y a la palabra sánscrita para la buena suerte. Cuando los nazis subieron al poder en Alemania y se apoderaron de la esvástica, dio orden de que dejara de usarse en sus libros.

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