Gatos y Respeto

Por unos gatos felices

Gatos de Connemara y el pintor Gerard Dillon

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Francis Gerard Dillon nació en la calle Lower Clonard del barrio de Falls, Belfast, en abril de 1916, aunque no se sabe qué día. Era el último de los ocho hijos de un veterano del ejército

Retrato del artista de joven

británico que trabajaba para el servicio de correos y de una madre ultracatólica. Abandonó los estudios a los catorce años y empezó a trabajar como aprendiz de pintor de brocha gorda y decorador. A pesar del enorme entusiasmo que demostraba por el dibujo y la pintura, solo estuvo una corta temporada en el Colegio de las Artes de Belfast, donde tal vez no asistió más que a unas pocas clases nocturnas.

Se trasladó a Londres en 1934 y realizó diversos trabajos manuales para sobrevivir y poder seguir pintando, además de visitar galerías y museos.

Cabaña amarilla

Estuvo en Connemara por primera vez en 1939 con George Campbell, otro pintor y escritor irlandés, y fue cuando nació su fascinación por los paisajes y la cultura del Oeste de Irlanda, que le empujaría a volver una y otra vez a esta región. Al estallar la II Guerra Mundial no pudo regresar a Londres y pasó los años bélicos en Dublín, una ciudad neutral, donde conoció a los artistas plásticos y escritores del grupo White Stag. Expuso por primera vez en la Country Shop de Dublín, y en 1943 en las Galerías de Arte Contemporáneo de Dublín, en la Royal Hibernian Academy y en la Exposición Irlandesa de Arte Vivo, antes de volver a Londres en 1945 y participar en exposiciones en el extranjero.

El gato de Connemara

 

Estudio de Suzy

 

Gato durmiendo

Retiró sus cuadros de una Exposición Irlandesa de Arte Vivo en Belfast para protestar por la forma en que el entonces gobierno unionista de Irlanda del Norte había tratado a unos manifestantes a favor de los derechos civiles en 1969.

Gato en silla de enea

 

Gato y pájaro

De regreso a Belfast, dos años después tuvo un infarto y murió en el hospital Adelaide el 14 de junio de 1971 a los 55 años. Está enterrado en una tumba sin distintivos, según su voluntad, en el cementerio Milltown. Se sabe que dijo: “Prefiero estar en una tumba descuidada en Belfast que en una tumba cuidada por un ejército de jardineros en Londres”. Tres hermanos suyos también habían muerto de problemas de corazón en los años sesenta.

Sus obras pueden verse en numerosas colecciones en Irlanda, entre ellas las del Museo del Ulster, la Universidad de la Reina en Belfast, Newtownabbey Borough Council y la Universidad del Ulster. En 2016, año del centenario del nacimiento del pintor, el Museo del Ulster organizó una exposición retrospectiva en la que se incluyeron veinte de sus obras más importantes.

A pesar de vender cuadros en vida, nunca llegó a ser rico, ni mucho menos. Sus intensamente coloridas obras, falsamente ingenuas, recuerdan a Chagall y a Matisse. Describe escenas aparentemente sencillas, acontecimientos diarios de la región de Connemara. Después de sufrir un primer infarto en 1967 y de estar tres semanas ingresado, su pintura cambió de rumbo y se hizo más simbolista, adentrándose en el reino de los sueños, como si presagiara una muerte temprana.

Kelly y La Grise, las gatas de O’Brien

Nos extraña que haya tan poca información en Internet acerca de uno de los pintores contemporáneos más famosos de Irlanda y, desde luego, no hay la menor mención a su relación con los gatos. Sin embargo, Gerard Dillon los pintaba. Añadía gatos a escenas cotidianas, como en el famosísimo cuadro “The Yellow Bungalow” (La cabaña amarilla), en el que se ve a un gato blanco con manchas grises durmiendo plácidamente en primer plano en el cojín azul de la butaca, o en “El gato de Connemara”, donde un gato vuelve a estar en primer término, tumbado en la hierba, mientras alguien se asoma por una puerta. Vuelve a verse a un gato sentado en “Gato en silla de enea” y a otro (¿el mismo que en “La cabaña amarilla”?) en el regazo de una mujer en el cuadro “Niña maravillada”.

Niña maravillada

También incluimos retratos y estudios de gatos, así como los curiosos dibujos “Gato y pájaro” y “Siesta de gato”. Gerard Dillon pintó más de cien obras, de las que diecisiete contienen gatos, una proporción pequeña, es verdad. Pero algo nos dice que los gatos gustaban a este pintor.

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