Gatos y Respeto

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Los alegres gatos del pintor sudafricano David Kuijers

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David Kuijers nació el 30 de marzo de 1962 en Vanderbijlpark, una ciudad de unos 95.000 habitantes situada un poco más al sur de Johanesburgo. Su padre se dedicaba a pintar en sus horas libres y firmaba los cuadros con el seudónimo B. Arteld. En 1978, al igual que su hermano, ingresó en la Escuela de Arte, Música y Ballet de Pretoria, donde se graduó en 1980 con una mención en Grafismo y recibió el Premio al Mejor Pintor de ese año.

Gato ángel

Cola con plumas

En 1981, con 19 años, fue por primera vez a Ciudad del Cabo a bordo de un tren de soldados con destino a la base militar de Youngsfield. Incapaz de soportar la mentalidad de sus superiores y el intento de socavar el sentido común, decidió fugarse a los tres meses con su primer salario. Sin embargo, regresó a los tres años para terminar el servicio militar en un puesto administrativo. No deja de ser irónico que acabara siendo premiado por un servicio destacado.

Cinco círculos

Los búhos son los gatos del cielo

El año 1986 fue de lo más frustrante al no poder abrirse camino como autor de canciones. Decidió matricularse en la Cape Technickon, actual Universidad Tecnológica de Ciudad del Cabo, para estudiar Bellas Artes, pero tuvo que conformarse con Diseño Gráfico al haber sido cancelada la especialidad. Se licenció en 1989 con un Premio al Mérito en Diseño e Ilustración, y en 1990 se casó con Dina, una compañera de universidad.

Los pájaros saben cuando un gato no tiene hambre

El gato, el perro y el búho

A continuación empezó a trabajar por libre como diseñador e ilustrador hasta conseguir unos encargos de cierta importancia de varios hoteles y de empresas de comida para animales que le permitieron dedicarse a tiempo completo a la pintura. En 2002 publicó un libro en torno a Ciudad del Cabo titulado “David Kuijers Paints the Town” (David Kuijers pinta la ciudad). Ese mismo año, en abril, expuso en solitario en la Hout Bay Gallery y vendió todos los cuadros.

En la presentación de una exposición en The Cape Gallery en 2017, David Kuijers dijo que tenía un gato y que había sido su compañero constante en el estudio desde hacía ocho años. Añadió que le observaba y que en algunos de sus cuadros reflejaba los pensamientos de su gato acerca de los perros, peces y otras cosas. Pero es un artista muy receloso de su vida privada y apenas hay fotos suyas en Internet; no hemos encontrado ninguna con su gato. También nos hemos dado cuenta de que pinta muchos más perros que gatos, además de numerosos búhos, algunos elefantes y otros animales.

 

Suele usar pinturas acrílicas, y una vez acabado el cuadro, lo invierte sobre una plancha de cristal. Sus obras son alegres, muy coloristas, divertidas, con un toque de ironía, aparentemente sencillas, como el de la niña sentada encima de un enorme gato pelirrojo con la frase: “Sé de una niña que adora a los gatos”. A menudo juega con el idioma, como por ejemplo en el cuadro llamado “Catfish”, cuya traducción literal es “Pez gato”, pero el significado real es “Bagre”. En un lienzo con dos caras femeninas, una muy al estilo cubista picassiano y la otra mucho más sencilla y sonriente, demuestra tener sentido del humor añadiendo la frase: “No soy Picasso”; y más abajo: “Sé dónde van los ojos”.

En la presentación antes mencionada reconocía que pintar le aporta placer y que se había convertido en una especie de trastorno obsesivo-compulsivo del que no pensaba curarse jamás. Seguía diciendo: “Me permite ser cada vez más atrevido y alegre, escabullirme por las grietas del lienzo (o del cristal) para escapar a una realidad que no está plagada de responsabilidades. Cada vez me preocupa menos si muchos piensan que mi arte, debido al estilo y contenido, no cabe en las categorías serias”.

Gato manchado

Siesta gatuna

Y añadía: “Un tema aparentemente tan arbitrario como lo que un gato pueda pensar de un perro se convierte en la fibra de la vida, como puede serlo el entusiasmo de un niño ante un pez de colores. El arte me permite, siendo adulto, volver a compartir emociones puras durante unos momentos y entrar en una caída libre creativa, al menos hasta que se rompe la lavadora. Pero siempre vuelvo y siempre volveré porque tengo la suerte de estar en una posición que me permite decir: ‘Disculpad, pero ahora debo ir a trabajar’. Lo que significa lo mismo que: ‘Ya puedo ir a jugar?’ Tengo licencia para escapar”.

Una gran siesta

Los gatos no suelen deprimirse

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