Gatos y Respeto

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Los gatos soñadores de Jimmy Tsutomu Mirikitani

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Hace menos de un año, en abril, publicamos una entrada sobre la pintora Miné Okubo (https://gatosyrespeto.org/2021/04/08/los-gatos-de-mine-okubo/), que fue encarcelada en 1942, a los 30 años, en un campo de internamiento para estadounidenses de ascendencia japonesa. Lo mismo le ocurrió a Jimmy Tsutomu Mirikitani cuando tenía 22 años.

Nació en Sacramento, California, el 15 de junio de 1920, pero cuatro años después, su familia regresó a Hiroshima, donde no tardó en mostrar un talento innato por el dibujo. A los 18 años volvió a Estados Unidos para evitar ser llamado a filas por el ejército japonés. El lema de Jimmy Mirikitani siempre fue “Soy pintor, no soldado”. Se trasladó a vivir a Seattle con su hermana mayor.

Jimmy Tsutomu Mirikitani y una gata

El 7 de diciembre de 1941, Japón bombardeó Pearl Harbor y a los dos meses, el 19 de febrero de 1942, el presidente Roosevelt firmó la Orden Ejecutiva 9066, permitiendo el encarcelamiento de todos los ciudadanos estadounidenses de origen japonés en campos totalmente aislados. Las autoridades separaron a Jimmy Mirikitani y a su hermana; tardarían más de 60 años en volver a verse.

Durante su encierro, la mayoría de la familia y amigos de infancia de Jimmy murió en el despiadado bombardeo atómico de Hiroshima. Durante esa horrible época, se le obligó a renunciar a la ciudadanía estadounidense y se convirtió en apátrida. Peor aún, cuando acabó la guerra, no se le liberó, fue enviado a Nueva Jersey con otras personas que habían renunciado a su ciudadanía y acabaron haciendo turnos nocturnos de doce horas en plantas de enlatado de verduras.

En 1945, el abogado Wayne Mortimer Collins, defensor de los derechos civiles, empezó a luchar para que estas personas no fueran deportadas y se les devolviera su nacionalidad. Tardó 23 años en conseguir que cientos de hombres y mujeres recuperaran la ciudadanía estadounidense. Jimmy Mirikitani estaba entre ellos. Pero se había ido a Nueva York en los años 50 y nunca recibió la carta del gobierno.

Al llegar a Nueva York, empezó a hacer dibujos de colores vibrantes con bolígrafos o lápices de colores y a venderlos en parques. Un profesor de arte le pilló durmiendo en la biblioteca de la Universidad de Columbia y le puso en contacto con la Iglesia Budista de Nueva York, que le ofreció cobijo.

Para sobrevivir, Jimmy trabajó en restaurantes de comida rápida. Incluso llegó a conocer al famoso pintor  Jackson Pollock. Fue el cocinero personal de un neoyorquino rico hasta que este falleció en los años ochenta y volvió a encontrarse en la calle. Cuando los años le impidieron seguir trabajando, no pidió ayuda porque estaba convencido de que era apátrida.

Se sentaba en la esquina de una calle del Soho de Nueva York y vendía sus cuadros a turistas y transeúntes. Nunca aceptó una limosna y siguió expresando su dolor, temores y tristeza a través de sus obras: las llamas de la bomba de Hiroshima, el campo de Tule donde le encerraron y gatos, gatos, gatos.

Gatos que, en muchos casos y a primera vista, parecen ser el mismo dibujo, pero los peces cambian, los gatos cambian, las plantas cambian… Jimmy decía que desde pequeño siempre le habían gustado los gatos.

Un buen día, la documentalista Linda Hattendorf pasó por su esquina y empezó a charlar con él. No tardó en descubrir que si llevaba una cámara, Jimmy era más propenso a hablar. Poco a poco nació la idea de hacer un documental sobre su vida, pero se derrumbaron las Torres Gemelas el 9-S de 2001. Unos días después, Linda volvió a la esquina y ahí estaba Jimmy, sentado como siempre entre sus cuadros, respirando polvo tóxico. Fue entonces cuando Linda tomó una decisión y le invitó a quedarse en su diminuto apartamento.

El documental “Los gatos de Mirikitani” (2006) se convirtió en el rodaje de un compañero de piso que nunca dejó de pintar y le contó su historia a retazos. El resultado fue galardonado con el Premio del Público en el Festival de Cine de Tribeca.

Pero la cineasta no se limitó a hacer un documental. Después de unir los trozos de vida que le contaba el pintor, indagó para ver qué pasaba con su nacionalidad. Consiguió varios documentos oficiales entre los que se encontraba la carta – nunca entregada – indicando que no había perdido la ciudadanía estadounidense. A partir de este momento fue fácil obtener ayudas sociales.

También descubrió que era primo de la conocida poeta californiana Janice Mirikitani. Localizó a su hermana, a la que no había visto desde que ambos habían sido encarcelados en 1942, y organizó un viaje a California en 2002 para que se reuniese con ella y con una pequeña comunidad de antiguos prisioneros. Incluso pudo volver a visitar el campo de internamiento de Tule.

Linda dio a conocer la obra de Jimmy Tsutomu Mirikitani. Después del estreno del documental, tuvo su primera exposición individual en el Museo Asiático Wing Luke de Seattle, a la que siguieron otras en la Universidad de Nueva York, en la Universidad del Norte de Texas, en el Nikkei Portland Legacy Center de Portland y más. En 2010 sus obras pudieron verse en la Galería Renwick del Smithsonian, y en 2011, en el Museo Nacional Japonés Canadiense.

Jimmy Tsutomu Mirikitani

Sus dibujos ilustran un libro infantil titulado “The Cat who Chose to Dream” (El gato que escogió soñar), de Loriene Honda, con prólogo del actor George Takei, el Sr. Sulu de la serie “Star Trek”, al que también le gustan los gatos.

El libro empieza así: “Jimmy el Gato se despertó una mañana convencido de que unos copos de nieve le caían suavemente en la cara, como si las esperanzas y los sueños bailasen en su nariz”. Pero Jimmy se despierta y recuerda dónde está: en un campo de internamiento para japoneses. Su familia le había colado a pesar de las prohibiciones.

Jimmy, para sobrevivir a las duras condiciones, para superar la tristeza, crea en su cabeza un lugar mágico solo para él, donde puede sentirse seguro de nuevo. Sueña con un templo budista; se siente valiente como un tigre de las nieves; se imagina como un dragón capaz de defender a su familia; siente el sol calentar su lomo… Jimmy escogió soñar para sobrevivir.

Jimmy Tsutomu Mirikitani autorizó a la editorial a usar sus dibujos, pero jamás llegó a ver el libro terminado porque falleció a los 92 años, el 21 de octubre de 2012, dos años antes de la publicación del gato que escogió soñar.

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