La escritora Patricia Highsmith, a la que dedicamos una entrada muy breve (https://gatosyrespeto.org/2014/07/25/patricia-highsmith-entre-gatos-y-caracoles/) el 25 de julio de 2014, unos siete meses después de empezar este blog en diciembre de 2013, nació el 19 de enero de 1921 y es conocida sobre todo por sus novelas, muchas de ellas perturbadoras y francamente originales.

Es probable que su libro más popular sea “El talento de Mr. Ripley”, llevado al cine en 1999, y a la pequeña pantalla en 2024 como serie de ocho capítulos. En esta última versión parece ser que un gato llamado King (Lucio en la ficción) se hace con todas las escenas en las que aparece.

El gato King

Además de escribir novelas y cuentos de lo más incómodos, el mismo año en que se publicó “El talento de Mr. Ripley”, en 1955, Patricia Highsmith tuvo un romance con Doris Sanders, y entre las dos escribieron e ilustraron un precioso libro llamado “Miranda la panda está en la veranda”. Ahora bien, algunos artículos afirman que los textos son de Patricia y las ilustraciones de Doris, otros dicen lo opuesto.

Cada dibujo va acompañado de un pequeño texto rimado que muchos tachan de “literatura sin sentido”, algo con lo que no estamos de acuerdo. Hemos escogido las ilustraciones relativas a los felinos, como por ejemplo “A cat on a hat and a rat” (Un gato en un sombrero y una rata), que en español no rima para nada. Pero sí funciona “A lynx on a sphynx” (Un lince en una esfinge). Sea como sea, y si les apetece ver todas las ilustraciones, pinchen aquí: http://wetoowerechildren.blogspot.com/2010/04/patricia-highsmith-miranda-panda-is-on.html.

Un gato en un sombrero y una rata
Un lince en una esfinge

En noviembre de 1986 se publicó “The Animal-Lover’s Book of Beastly Crimes”, traducido en español como “Crímenes bestiales” y publicado 20 años después, en 2006, por Anagrama. Se trata de trece historias protagonizadas por un animal, una elefanta, un camello, un cerdo buscador de trufas, una rata veneciana muy valiente, una yegua, unos pollos, una muy respetable cucaracha, un monito capuchino, unos hámsteres, el hurón Harry, una cabra y el gato Ming, entre otros.

Un tigre con un contador Geiger

Patricia Highsmith amaba a los gatos y a los caracoles muy especialmente, pero también a todos los animales, insectos, a cualquier ser vivo. Al que menos apreciaba era probablemente al ser humano. Hablando de caracoles, en una famosa anécdota se cuenta que asistió a una fiesta de postín en Londres. Una invitada, al ver una lechuga asomar en el bolso de Patricia, le preguntó qué llevaba ahí, y contestó textualmente: “Una lechuga para mis cien caracoles, son mis acompañantes esta noche”.

Un pastor en un leopardo

El tercer relato de “Crímenes bestiales” cuenta la historia del gato Ming y empieza así: “Ming estaba cómodamente instalado en la litera de su dueña, cuando el hombre le cogió por el pescuezo, le depositó sin miramientos en el puente y cerró la puerta de la cabina. La sorpresa y un atisbo de ira hicieron que Ming abriera sus ojos azules de par en par, pero enseguida volvió a cerrarlos por la potente luz del sol. No era la primera vez que Ming había sido echado con tanta mala educación, y se había dado cuenta de que siempre ocurría cuando Elaine, su dueña, no miraba”.

Una manopla en un gatito

Ming y Elaine viven en Acapulco, donde ella tiene una tienda de ropa. Ming entra y sale de la tienda al patio; cada noche los dos vuelven a casa. Y si Elaine viaja, Ming la acompaña sentado en su regazo, sea en coche, tren o avión. Ming no aprecia mucho a la gente que Elaine invita a veces a casa, pero el peor es Teddy, el amante de Elaine. Ming sabe que Teddy le odia y el sentimiento es mutuo.

Ese mismo día, volviendo hacia la cala en la que Elaine guarda su barco, Teddy intenta tirar a Ming al mar. Por suerte, Elaine aparece justo a tiempo, pero cree que Ming ha resbalado. Ya en la casa de Elaine, Ming sorprende a Teddy robando un collar de perlas. Durante la cena, Elaine y Teddy siguen discutiendo – empezaron en el barco – por culpa de Ming. Suena el teléfono y Elaine va a contestar. Es entonces cuando Ming se da cuenta de que Teddy tiene intenciones asesinas y que está borracho.

Pero Ming es muy inteligente y consigue hacer caer a Teddy por la escalera de la veranda. El amante muere. Viene la policía, una ambulancia, todos se van, Ming está solo en casa. Pasan las horas, oye volver a Elaine y a Concha, la criada. Elaine entra en el dormitorio y guarda el collar de perlas en el joyero antes de tumbarse al lado de Ming y decirle: “Ming, oh, Ming”. Ming reconoce la entonación del amor.

Este relato nos trae a la mente otro muy conocido titulado “La Chatte” (La gata), de Colette, donde Saha, una gata muy querida, consigue deshacerse de la novia y esposa de su dueño. Patricia Highsmith describe los pensamientos de Ming o humaniza a Ming, pero Colette solo deja entrever lo que le pasa a Saha mediante las acciones del hombre y de la mujer. Casi pondríamos asegurar que Patricia Highsmith había leído “La gata”.

Existe una recopilación titulada “Katzen” (Gatos) y publicada por primera vez en alemán por Diogenes Verlag AG, Zúrich, en 2005, diez años después del fallecimiento de la escritora. Hemos encontrado una traducción en francés titulada “Des chats et des hommes” (De gatos y hombres). Contiene tres relatos, “Lo que trajo el gato”, “Una amante para dos” o en inglés “Ming’s Biggest prey” (La mayor presa de Ming), que acabamos de describir, y “El nido vacío”.

Merece la pena traducir lo que dijo Patricia Highsmith de los gatos: “Un gato convierte una casa en hogar. Un escritor nunca está solo con un gato, pero sí lo bastante solo para poder trabajar. Más aún, da igual que se mueva o duerma, un gato es una obra de arte viva en continua metamorfosis”. La escritora llegó a tener hasta seis gatos a la vez, en su mayoría siameses. Como Ming, de ojos azules. Dormían y comían con ella, le hacían compañía y, probablemente, le inspiraron más de una intriga.

Deja un comentario