Hace 144 años y un día, el 28 de mayo de 1881, nació la pintora Olga Sacharoff en Tiflis, hoy capital de Georgia, entonces parte del Imperio Ruso. Su padre era Nikolai Sacharoff, médico y famoso microbiólogo, y su madre, Elizaveta Glotova, cuya progenitora había nacido en Persia. Su tío paterno, Alexander, era un conocido pintor militar y su tía dirigía la Sociedad Caritativa de Batumi. Olga formaba parte de la alta burguesía de la época.
No se sabe dónde estudió ni cuándo empezó a pintar, pero a los 25 años residía en San Petersburgo durante el apogeo del movimiento Art Nouveau ruso. Según un artículo de Ksenia Muratova publicado en la Revista de la Galería Tretiakov en 2021, vivía en casa de su prima Lydia Hoffman, donde conoció al cuñado de esta, Vsevolod Hoffman, un ingeniero militar con el que se casó en 1907.
En la mayoría de sus biografías se afirma que estaba en Múnich en 1910. Sin embargo, ni Ksenia Muratova ni Elina Norandi, que dedicó veinte años a estudiar a la pintora, han podido verificarlo. Parece ser que dejó Rusia en 1910, y si se fue a Múnich, lo hizo sola, sin su marido. En Múnich pudo coincidir con el movimiento expresionista alemán y el grupo “Der Blaue Reiter” (El jinete azul), al que pertenecían Franz Marc y August Macke (https://gatosyrespeto.org/2018/05/31/gatos-august-macke-y-franz-marc/). Probablemente viera la primera exposición del grupo, en la que también se incluían obras de Gabriele Münter (https://gatosyrespeto.org/2020/01/09/gatos-y-la-pintora-gabriele-munter/).
A ciencia cierta se sabe que en 1912 estaba en París porque sus pinturas se expusieron por primera vez en el Salón de Otoño de ese año, junto a obras de Francis Picabia, Albert Gleizes, Jean Metzinger, Matisse y otros. A pesar de no ser conocida, las críticas fueron muy favorables y sus cuadros entusiasmaron a Guillaume Apollinaire. Tuvo como maestro a Metzinger, era amiga de Marie Vassilieff (a la que dedicaremos una entrada pronto) y de muchos otros emigrantes rusos, como Chana Orloff, Sonia Delaunay, Serge Charchoune, Chaïm Soutine, Natalia Goncharova y Mikhail Larionov (https://gatosyrespeto.org/2019/08/22/gatos-vanguardistas-y-la-pareja-goncharova-larionov/), además de numerosos artistas francesas.
Su segundo marido, el aristócrata inglés Otho St. Clair (1885-1979), artista y fotógrafo, sobrino de Constance Lloyd, la esposa de Oscar Wilde, había estudiado Arte en Suiza, Múnich, Roma y París. Tal vez se conocieron en París en 1913 y pasaron unas vacaciones en Capri; ambos podían permitírselo. Al declararse la I Guerra Mundial regresaron a un París irreconocible y decidieron irse al Sur en contra de la voluntad de los padres de Otho, que les recomendaron refugiarse en Suiza.
Llegaron a Barcelona de la mano de un amigo catalán, el pintor y escultor Manolo Hugué. No fueron los únicos, también lo hicieron Picabia, Gleizes, Marie Laurencin, Serge Charchoune, Hélène Grunhoff, Jean Metzinger y el matrimonio Delaunay. No era de extrañar que estos artistas eligieran Barcelona para huir del clima bélico, ya que muchos de ellos habían expuesto dos años antes en la famosa Galeries Dalmau. Josep Dalmau publicó la famosa revista “391”, fundada por Picabia, entre 1917 y 1924, a la que también contribuyeron Lloyd y Olga, aunque esta siempre se inclinó más por el cubismo que por el dadaísmo.
En 1916, Olga realizó el retrato de Arthur Cravan (Joven con gato), actualmente expuesto en el Museo Reina Sofía de Madrid. Cravan era el hermano de Otho Lloyd y es muy probable que los tres compartieran un piso en Barcelona, lo que nos llevaría a deducir que un gato siamés también vivía bajo el mismo techo. Por cierto, el apuesto, serio y trajeado joven del retrato, el domingo 23 de abril de ese mismo año se enfrentó en un combate de boxeo a Jack Johnson, entonces campeón mundial, que no le dejó KO hasta el sexto asalto porque se había comprometido por contrato a hacer durar el combate. El excéntrico Arthur desapareció en el golfo de México en 1918, tenía 31 años.
En una excursión a Lloret de Mar, llegaron andando a Tossa de Mar, entonces un pueblecito de pescadores. El grupo de artistas no tardó en disfrutar de agradables baños en el mar, como atestiguan numerosas fotos. Alquilaron una casa allí. Pero en 1920 hacía dos años que había acabado la guerra, y Olga sintió la necesidad de regresar a París. Otho prefirió quedarse en Barcelona para seguir con el negocio de importación y exportación.
Durante aproximadamente veinte años, hasta 1940, cuando estalló la II Guerra Mundial, Olga vivió en París y solo regresó a Barcelona durante los meses de verano para reunirse con Otto e ir a Tossa de Mar e Ibiza. Para ella, fue una época muy fértil y la de mayor éxito.
La II Guerra Mundial acabó, pero Olga Sacharoff ya no volvió a irse de Barcelona, quizá porque sabía que el París que conocía había desaparecido para siempre. O también porque había cumplido los 65 años y tenía muchos amigos en Barcelona que consideraban su casa en el barrio del Putxet “un auténtico oasis”. Cuentan que preparaba galletas y bollos para los hijos de sus amigos. En 1947 pintó el monumental “La colla”, con todos sus amigos pintores e intelectuales y sus esposas en primer término a la izquierda. Están los hermanos Llimona, Monpou y Amat, Vila Arrufat, Llorens Artigas, Enric Monjo, Tomàs Seix y Luis Monreal, entre otros.
En 1924 pintó el famoso “Autorretrato con jaula” (Museu d’Art de Catalunya) y otros dos cuadros con gatos, “El paseo” y “Consuelo”. Quizá sea de la misma época “Autorretrato con gatos siameses”. Este último es muy curioso, como lo es “El paseo”, donde una elegante mujer protegida por una sombrilla lleva a un siamés en brazos. El gato sentado en el regazo de Arthur Cravan también es un siamés. ¿Tenía la artista predilección por esta raza?
En 1964, a los 83 años, tres antes de su muerte, Olga Sacharoff contestó al “Cuestionario de Proust” que le hizo el joven periodista Luis Permanyer para la revista “Destino”. Este juego inglés se puso de moda en 1860 entre chicas adolescentes. Se llama así porque Marcel Proust contestó a uno mucho antes de ser famoso. Las preguntas siempre son las mismas y, desgraciadamente, no incluyen a los gatos.
Dedicamos esta entraba a Maribel Bascarán, amante de los gatos y de la pintura.














