Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

El gato Donald, Benoît y John Patrick Byrne

“Érase una vez un chico llamado Donald que vivía en Fishertown (Ciudad de pescadores) con su mejor amigo, un gato convencido de que era un niño. Todo empezó cuando Jean-Kiki, el padre de Benoît, le dio unas monedas al capitán de un pesquero a cambio de un pequeño gato flaco con unos enormes ojos saltones. Cuando Jean-Kiki lo llevó a casa, Benoît lo llamó Donald”.

“Y antes de que se pudiera decir A-B-C, Donald se acomodó en su cama preparada en una caja de pescado mientras Benoît le enseñaba a leer, a contar hasta nueve y a disfrutar de un buen desayuno de tostadas con morcilla. La vida sonreía a los dos nuevos mejores amigos”.

“Una vez que Donald se vistió con unos pantalones cortos y unas botitas de cuando Benoît era pequeño, se lanzaron inmediatamente a explorar los lugares favoritos del chico, la Biblioteca Municipal John Dory en la callejuela Calamar, el Cine Anguila Eléctrica al final del muelle, y La Noche Oscura del Café Lenguado al Limón, pegado a su casa”.

Así empieza el cuento titulado “Donald & Benoît”, de John Patrick Byrne. El autor sigue contando que Jean-Kiki le compra un barco a Bucky MacKay, el dueño de La Noche Oscura, pero no tarda en descubrir que no hay un solo pez en las aguas cercanas al pueblo y no le queda más remedio que dejar a Donald y a Benoît para zarpar hacia mares más generosos. Bucky MacKay, que se siente culpable por no haberle dicho a Jean-Kiki que no había peces antes de venderle el barco, ofrece un trabajo como camarero a Benoît, pero el chico es muy patoso y sabe que pronto le echarán. Pasan los días y su padre no regresa.

Benoît y Donald deciden ir al cine a ver “Cantando bajo la lluvia”. Los dos se lo pasan de maravilla, y camino de casa, Donald interpreta cada uno de los números de baile para entretener a Benoît. Pero Benoît ve una noticia en el Diario Estrella de Mar: El barco de su padre ha desaparecido. Al día siguiente está demasiado triste para ir a trabajar y Donald decide sustituirle.

Pero es aún más patoso que Benoît, y Bucky MacKay acaba echándole. Es entonces cuando descubre su verdadera vocación al ver un anuncio pidiendo candidatos para unirse a los “Dancing Devil Dogs” (Endiablados Perros Bailones). Las pruebas tienen lugar en la sala encima del café Lenguado al Limón y el viejo Angus recibe a los candidatos. Al ver a Donald, el viejo Angus no acaba de decidirse a qué raza de perro pertenece el extraño recién llegado hasta que uno de los Endiablados le susurra al oído que se trata de un gato. Donald, en un desesperado intento por demostrar que sabe bailar, hace el ridículo, pero acaba ofreciéndose para tocar la batería. El único problema es que no tiene batería. A Benoît se le ocurre una idea brillante y corre a la Biblioteca para consultar el libro “Cómo construir una batería con lo que hay en casa”.

Dan las diez en el reloj de la Biblioteca, y los Endiablados Perros Bailones descubren que el ritmo hipnótico que les ha llevado hasta la casa de Benoît es obra del extraño gato vestido con calzones y botitas de bebé que ha hecho el ridículo esa misma mañana. A los pocos segundos de llegar, los Perros Bailones ya están rebotando contra las paredes, entregados a su endiablado baile.

Al alba, en medio del tremendo barullo, Benoît oye cómo llaman a la puerta con insistencia. Corre a abrir: ¡Es Jean-Kiki, su padre! El chico le abraza, loco de alegría y avisa a Donald. Este, exhausto después de tocar toda la noche, se hace un ovillo a los pies de la cama de su hermano y escucha a Jean-Kiki contar cómo el barco perdió el timón y dio la vuelta a África hasta llegar a Madagascar…

John Patrick Byrne inventó la historia de Donald y Benoît para contársela a sus dos hijos, los gemelos Xavier y Honor. Pero el autor no solo imaginó al gato Donald, también incluyó a gatos en algunos de sus cuadros.

El chico americano (1971)

Gato a la luz de la luna

Nació el 6 de enero de 1940 en Paisley, Escocia, en el seno de una familia obrera católica de origen irlandés. Es dramaturgo, escenógrafo, pintor, ilustrador y también ha dirigido capítulos de series televisivas. Para su obra de teatro más famosa, la trilogía “The Slab Boys”, se basó en su experiencia como mezclador de colores cuando trabajaba en la fábrica de alfombras AF Stoddard.

Arlequín y gato

El chico de la luna

Dejó el trabajo al cabo de un par de años para ingresar en la Escuela de Bellas Artes de Glasgow, donde estudió entre 1958 y 1963. Ganó una beca Bellahousten, que le permitió recorrer Italia durante seis meses. En 1967, ante el rechazo de las galerías londinenses, pintó un pequeño retrato de un hombre con un panamá en falso estilo naíf firmado por “Patrick” y lo mandó a la galería Portal, en Mayfair. Ante su sorpresa, le contestaron inmediatamente pidiéndole más cuadros, por lo que pintó otros seis u ocho y pudo exponer en solitario por primera vez. El retrato del gato Lionel probablemente corresponda a esa época.

Lionel (falso naíf)

Chico con gato

Entre 1964 y 1966 diseñó varias portadas de libros para la editorial Penguin. También ilustró portadas de álbumes de artistas como Beatles, Donovan, Billy Connolly y The Humblebums, y sobre todo de su amigo el cantante Gerry Rafferty, también natural de Paisley y que le dedicó la canción “Patrick”. Los dos coescribieron las letras de varios temas.

Luz de luna y música

Se casó en 1964 con Alice Simpson y tuvieron dos hijos en los años ochenta. En 1989 conoció a la actriz Tilda Swinton, con la que tuvo dos hijos en 1997, Honor y Xavier. Actualmente está casado con la técnica de luces teatrales Jeanne Davies y reside en Edimburgo.

Autorretrato (1971-73)

Jack y el gato atigrado

Expone regularmente en la Fine Art Society (Londres y Edimburgo), en la Galería Rendez-Vous (Aberdeen) y en la Galería Brown’s Art (Tain, Tierras Altas).

Deconstrucción


4 comentarios

Los gatos y sus monumentos (Parte 2)

El gato Vasilisa (San Petersburgo)

El sitio de Leningrado durante la II Guerra Mundial aisló a los habitantes durante dos años y medio. Los gatos empezaron a faltar y la población de ratas creció, poniendo en peligro la poca comida que quedaba. A alguien se le ocurrió traer más gatos de pueblos cercanos para combatir la plaga de ratas. En San Petersburgo, el gato Vasilisa está sentado en el alero del nº 3 de la calle Malaya Sadova, y el gato Yelisey le mira desde el nº 8 en recuerdo a los gatos que ayudaron a salvar la ciudad cuando se llamaba Leningrado.

El gato Yelisey (San Petersburgo)

En Samara, distrito del Volga, una ciudad bastante fría, hay un curioso monumento para conmemorar los 150 años de la invención del radiador. La composición de bronce en la que se ve una ventana, un radiador y un gato está instalada en una estación generadora de calor. El Ayuntamiento pidió a los habitantes que mandaran fotos de sus gatos durmiendo en radiadores. Y el 19 de octubre de 2005 se inauguró el monumento en el que aparece un modelo típico de radiador de principios del siglo pasado.

150 años del radiador (Samara)

A orillas de los ríos Volga y Kazanka se erige la ciudad de Kazán, capital de Tartaristán. En ella habita el famoso gato de Kazán (https://gatosyrespeto.org/2016/10/13/el-gato-de-kazan/), que salvó la vida al kan de Kazán cuando Iván el Terrible asedió la ciudad en el siglo XVI. En 2009 se inauguró una escultura de bronce de unos tres metros de alto y 2,8 de ancho, diseñada por el artista local Igor Bashmakof, con un gato tripudo tumbado debajo de un baldaquín acariciándose los bigotes con una pata y rascándose la tripa con la otra. En el zócalo, una inscripción reza: “Gato de Kazán, mente de Astrakán, inteligencia de Siberia”.

El gato de Kazán

No lejos de Kazán, unos 45 km. más al norte, está la ciudad de Yoshkar-Ola, que desde 2011 cuenta con un curioso monumento dedicado al gato macho en todo su auge, situado cerca de la Universidad Estatal Mari-El. La escultura de bronce, de unos 150 kilos, representa a un gato macho cruzado de piernas en actitud muy relajada. Es obra de los escultores locales Sergey Jandubaev y Anatoly Shirnin. Al parecer, la idea surgió por el eufemismo “yoshkin kot” (gato macho sin castrar), muy parecido al nombre de la ciudad. Por cierto, se supone que frotar las orejas del gato da buena suerte.

El gato de Yoshkar-Ola

La ciudad de Tiumén, en Siberia Occidental, a 1.725 km. de Moscú, es conocida por sus monumentos y esculturas, pero uno de los lugares más interesantes es la Plaza de los Gatos Siberianos, en la céntrica calle Pervomaiskaya. En noviembre de 2008 se instalaron doce composiciones escultóricas de gatos formando un paseo. Los gatos corren, saltan, duermen, se rascan… En la placa conmemorativa, la escultora Marina Alchibaeva dice que si la paloma es el símbolo de la paz, el gato lo es de la amabilidad y de la ternura. Añade que un gato siberiano (https://gatosyrespeto.org/2017/03/02/gatos-siberianos/) es un amigo fiel para toda la vida.

Tiumén (Siberia)

Tiumén (Siberia)

Odesa, situada en el Mar Negro, es una ciudad llena de esculturas de gatos. El 12 de septiembre de 2018 se colocó la última (de momento) de una larga serie de estatuas dedicadas a los gatos de las que hablaremos en otra entrada próximamente. Un gato duerme felizmente en la barandilla de las escaleras que llevan a la puerta de una oficina municipal. La escultora Tatyana Shtykalo explica que se inspiró en el inteligente gato Ryshik, que “trabaja” en esta oficina y es considerado por todos los empleados como un auténtico talismán.

Odesa

En Kiev, capital de Ucrania, hay una estatua dedicada al gato Panteleimon, un magnífico persa,que vivía en el restaurante Pantyusha. “Kotik” (Gatito) era el favorito de los empleados y de los comensales y paseaba por la sala, saludando a todos. Pero el restaurante se incendió y Panteleimon murió por inhalación de humo. La ciudad le dedicó un monumento delante del restaurante. Al principio, le acompañaba un pájaro, pero el empeño de los turistas en llevarse un recuerdo de la ciudad hizo que Panteleimon se quedara solo.

Panteleimon (Kiev)

En la capital de Azerbaiyán, Bakú, una ciudad con un magnifico barrio antiguo, hay otro curioso monumento. En la parte superior se ve a tres gatos asomados por una ventana redonda y en el piso de abajo a una pareja con un gato. La mujer parece que intenta mirar a los tres gatos de más arriba. No hemos conseguido saber si el monumento se llama “Monumento a los amantes de los gatos” o “Monumento a los gatos y a los amantes”.

Bakú

Bakú

De Bakú damos un gran salto y nos vamos a Kuching, capital del estado malayo de Sarawak, en la isla de Borneo (https://gatosyrespeto.org/2015/02/07/el-museo-del-gato-de-kuching-malasia/), una ciudad dedicada a los gatos donde siguen apareciendo más estatuas homenajeándolos. En septiembre de 2019 se inauguró la de un gigantesco gato blanco y negro en la glorieta Padungan, donde ya se encuentra la muy popular gata blanca. Se desconoce el origen del nombre de la ciudad, pero la pronunciación de Kuching es bastante similar a “kucing”, que significa “gato”.

Kuching

Kuching

De Malasia intentamos ir a Japón, pero no hemos encontrado monumentos específicos dedicados a los gatos. También nos ha sorprendido la escasez de esculturas en Canadá y Estados Unidos. En Toronto, concretamente en el barrio Kensington Market, hay dos curiosos monumentos con gatos. El primero es “Home Again, Home Again” y representa a un gato en una silla, simbolizando el calor del hogar. El segundo, “Jiggity Jig”, un gato en un globo terráqueo, es un homenaje a los emigrantes que se instalaron en el barrio.

Kensington Market, Toronto

Kensington Market, Toronto

Yendo hacia el suroeste, en Portland, Oregón, encontramos una escultura de piedra, obra de Kathleen McCullough, en el Portland Transit Mall. Fue instalada en 1977, mide 0,91 metros por 1,35 metros y los niños pueden subirse encima.

Portland, Oregón

En el campus de la Universidad Estatal de Carolina del Norte hay otro inesperado monumento dedicado al gato Cyrano L. Cate II, aunque el gato rubio de pelo largo era conocido como Ratty (Ratero). Fue el primer gato en recibir una prótesis de rodilla y también el primero sometido a un tratamiento de radioterapia estereostática que le permitió vivir varios años más.

Cyrano L. Catte 2 (Ratty) Universidad de Carolina del Norte

Acabaremos en Cali, Colombia, con El Gato del Río, obra del escultor Hernando Tejada, inaugurado en 1996. Diez años después, la Cámara de Comercio invitó a diversos artistas a diseñar gatas, quince en total. Desde entonces, el número de gatas ha seguido creciendo. Pero no diremos más de momento; algo así se merece una entrada en toda regla.

El Gato del Río y la Gata Siete Vidas


Deja un comentario

Los gatos y sus monumentos (Parte 1)

Tiumén (Rusia)

El país con más monumentos de gatos, de los muchos que hay en todo el mundo, es Rusia. Un estudio realizado en 2017 reveló que en el 57% de los hogares rusos había un gato, seguidos muy de cerca por los ucranianos, con el 49%. Estados Unidos es el tercero, pero apenas hay monumentos dedicados al gato. Otro país muy amante de los gatos es Malasia, donde el 17% de los habitantes tiene más de tres. El menos interesado en nuestros amigos felinos es Corea del Sur, donde solo el 9% de los habitantes posee un gato.

Gato de Fernando Botero en Venecia

Pero ya que hay tantos monumentos, más nos vale empezar. En alguna ocasión ya hemos hablado de Towser (https://gatosyrespeto.org/2016/05/19/towser-y-otros-gatos-en-destilerias-y-cervecerias/), la gata que trabajó veinticuatro años en la destilería del famoso whisky escocés Glenturret. Durante su larga vida atrapó a 28.899 ratones, siendo nombrada “Mejor ratonera del mundo” por el Libro Guinness. Ahora bien, nos preguntamos cómo se sabe con semejante exactitud el número de ratones que cazó Towser.

Towser y el nuevo equipo de la destilería

Hodge fue un gato famoso al que el escritor Percival Stockdale dedicó una oda cuando murió. Pertenecía a Samuel Johnson, el autor del primer diccionario de la lengua inglesa, publicado en 1755. Al parecer, el Dr. Johnson se encargaba personalmente de ir a comprar ostras para Hodge (https://gatosyrespeto.org/2014/10/21/hodge-el-gato-de-samuel-johnson/). En 1997, la ciudad de Londres encargó una estatua de Hodge al escultor Jon Bickley para colocarla en Gough Square, delante de la casa donde vivió.

Hodge, el gato de Samuel Johnson (Londres)

En La Haya podemos ver una estatua del Gato con Botas en un parque, obra del escultor Johan Keller y donada a la ciudad por su viuda. En el Jardín de las Tullerías de París encontramos otro Gato con Botas en honor al gran recopilador de cuentos de hadas Charles Perrault. Encargado por el Estado francés a Gabriel Pech en 1903 y terminado en 1908, en principio estaba diseñado para piedra, bronce y mármol, pero acabó siendo íntegramente de bronce.

El Gato con Botas (La Haya)

El Gato con Botas (París)

Un monumento que no está dedicado a ningún gato en particular, sino a los gatos callejeros es el de Brunswick, Alemania. En el “Kattreppeln” (Tropel de gatos), obra del escultor Siegfried Neuenhausen, que fue profesor en la Universidad de la ciudad y un destacado artista de la Baja Sajonia, se ve a varios gatos jugando, peleando… Desde 1981 está instalado en una zona peatonal de la ciudad.

Tropel de gatos (Brunswick)

Desde el año 2003, en la Rambla del Raval de Barcelona hay un enorme gato (https://gatosyrespeto.org/2015/06/07/el-gato-gordo-de-fernando-botero/) de dos toneladas de peso, obra del colombiano Fernando Botero. Durante 15 años, el Ayuntamiento trasladó al gato en no menos de cuatro ocasiones antes de ubicarlo definitivamente. El artista tiene varias estatuas de gatos repartidas por el mundo, entre ellas la de Venecia.

Gato de Botero en Barcelona

En Valencia, la artista Elena Negueroles donó el grupo escultórico “Callejeros” compuesto por el perro Tristán y la gata Soledad para mostrar el desamparo de los perros y gatos de la calle y homenajear a las personas que los protegen. El monumento, fundido en bronce con pátina para aparentar la piedra natural, fue colocado el 3 de marzo de 2018 en la concurrida plaza de Los Pinazo.

Valencia

El gato Tombili vivía en Estambul, la ciudad de los gatos. Estaba bastante gordo y le gustaba mucho descansar en un escalón de la acera en actitud pensativa. Se hizo famoso cuando alguien publicó su foto en Internet. Dos meses después de su muerte, el escultor Seval Sahin donó esta escultura para que se colocara en el sitio favorito de Tombili.

El auténtico Tombili

La estatua de Tombili

El gato de Van procede de las zonas montañosas que rodean el lago del mismo nombre, cerca de la frontera con Irán. La ciudad de Van no quiso quedarse sin dedicar un monumento al famoso gato blanco con un ojo de cada color. El gato de Van (https://gatosyrespeto.org/2014/04/03/el-gato-de-van/) tiene otra peculiaridad: le gusta el agua. No sabemos si debido al contacto con el mayor lago de Turquía.

Estatua al Gato de Van

Mrs. Chippy fue el gato del Endurance, el barco que llevó a Ernest Shackleton en su búsqueda del Polo Sur en la expedición de 1914-1917. Al quedar el barco atrapado en el hielo, Shackleton decidió sacrificar a Mrs. Chippy y a cinco perros. Harry McNeish, que sentía un profundo afecto por el gato y cuyo mote era “Chippy”, se lo reprochó abiertamente. Toda la tripulación fue galardonada con la Medalla Pollar, excepto McNeish, acusado de insubordinación por Shackleton. Casi cien años después, la Sociedad Antártica de Nueva Zelanda encargó una estatua de bronce de Mrs. Chippy y la colocó en la tumba de Harry McNeish en Wellington.

Mrs. Chippy en la tumba de Harry McNeish

Otro gato explorador fue Trim, que acompañó a Matthew Flinders en la primera expedición que dio la vuelta a Australia. De pequeño se cayó al agua y salvó la vida trepando por una cuerda. Cuando apresaron a Flinders en la isla Mauricio, Trim le acompañó, pero desapareció en la cárcel. Parece ser que el desconsolado Flinders prometió hacerle una estatua. No pudo cumplir su promesa porque falleció poco después de su liberación tras siete años de encarcelamiento. Pero Trim tiene dos estatuas, una en Port Lincoln, Australia Meridional, con el hombre que tanto le quiso, y otra en la Biblioteca Mitchell de Sídney realizada por el escultor John Cornwell en 1996.

Trim y Matthew Flinders en Port Lincoln

Trim en Sídney

En la ciudad de Brest, Bielorrusia, se inauguró en mayo de 2016 una curiosa composición escultórica llamada “Ciudad antigua”, pero que los habitantes de la ciudad han bautizado como “Gatos enamorados”. El autor es el escultor Ruslan Usmanov y, en realidad, su uso es de lo más funcional al tratarse de un respiradero.

Brest, Bielorrusia

La poetisa finlandesa Edith Södergran, una enamorada de los gatos, vivía en Raivola, ahora Roshchino, una localidad del distrito de Vyborgsky, en el óblast de Leningrado. Cuentan que cuando la escritora murió de tuberculosis, su gato Totti se sentó en su tumba y rehusó moverse, comer o beber. Otros dicen que un vecino mató a Totti de un disparo (https://gatosyrespeto.org/2014/05/26/edith-sodergran-poetisa-y-fotografa-enamorada-de-los-gatos/). La estatua se encuentra en un parque del municipio y su autora es la escultora finlandesa Nina Terno.

El gato Totti

Acabamos de llegar a Rusia, pero mejor dejamos los otros monumentos de este país para la semana siguiente, lo que nos permitirá dar a conocer algunos muy curiosos.

Los callejeros Tristán y Soledad (Valencia)


Deja un comentario

Gatos en la obra de Charles Maurin

Joven con gato (Charles Maurin, 1899)

Charles Maurin nació el 1 de abril de 1856 en Le Puy-en-Velay, departamento del Alto Loira, región de Auvernia. En 1875 obtuvo el Premio Crozatier, dotado con suficiente dinero como para permitirle trasladarse a París y estudiar en la Escuela de Bellas Artes. Participó en el Salón de los Artistas Franceses de 1882 con dos retratos, y cinco años después, en el Salón de los Independientes.

Autorretrato (Charles Maurin, 1883)

Era un excelente dibujante y un incomparable grabador en madera, por lo que contribuyó activamente en el “renacimiento” del grabado a finales del siglo XIX. Le interesaba todo y no se ceñía a un solo estilo; incluso inventaba nuevas técnicas, como pintar con vaporizador, logrando paisajes de gran contenido poético. Es conocido sobre todo por sus pinturas simbolistas y también por los espléndidos retratos a artistas de la época.

Mujer con gato (Charles Maurin)

Jamás dejó de pintar desnudos femeninos y, al igual que Degas y Mary Cassatt, le gustaba plasmar a la mujer en momentos íntimos. En algunas ocasiones la retrataba con un gato, como en el cuadro “El aseo”.

El aseo (Charles Maurin)

Alrededor de 1885 fue nombrado profesor en la Academia Julian, donde conoció a Félix Vallotton, el pintor suizo que fue su alumno y gran amigo, y que también dibujó desnudos femeninos con gatos. Su puesto de profesor le permitió vivir sin demasiadas penurias.

Dos gatos (Félix Vallotton)

La pereza (Félix Vallotton, 1895)

También gozó de la amistad de Toulouse-Lautrec, con quien compartió una exposición en la Galería Boussod de Paris en 1893. Unos años antes, en el Salón de los Independientes, Edgar Degas ya se había interesado por la otra de Charles Maurin, pero no logró convencer al coleccionista Henry Laurent hasta principios de los noventa para que empezara a comprar las obras de su joven amigo.

Toulouse-Lautrec, por Charles Maurin

Charles Maurin, por Toulouse-Lautrec (1898)

Otro gran amigo y admirador fue el escultor y ebanista François-Rupert Carabin (https://gatosyrespeto.org/2018/08/30/el-gato-en-el-modernismo-y-el-art-deco/), que decoró varios muebles con gatos. El retrato que hizo del escultor en 1892 está entre sus más célebres.

Silla (François-Rupert Carabin)

Los noventa fueron buenos años para el artista, que empezaba a disfrutar de un moderado éxito. El gran galerista Ambroise Vollard (https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) le organizó una exposición en 1895 y le pidió grabados. Por entonces, el Estado francés ya le había encargado “Maternidad”, considerado uno de los mejores cuadros del artista.

Maternidad (Charles Maurin, 1893)

Siempre durante la década de los noventa pintó tres paneles de gran tamaño, “Tragedia”, “Danza” y “Música” para el teatro municipal de su ciudad natal, además de diseñar los decorados y el vestuario de “La princesa lejana”, de Edmond Rostand, protagonizada por Sarah Bernhardt.

Las medias negras (Charles Maurin)

Recorrió Holanda, Bélgica e Inglaterra. Participó con varias obras en el Salón de “La libre esthétique” (La estética libre) de Bruselas en 1896 y 1897, y en la Exposición de Arte Internacional de Londres en 1898. Anarquista convencido, realizó ilustraciones para el diario “Les Temps nouveaux” (Los tiempos nuevos), y publicó retratos impresos de los famosos anarquistas franceses Louise Michel, la principal impulsadora de la Comuna de París, y François Koenigstein, conocido como Ravachol, guillotinado en 1892. Asimismo, la revista literaria “La Revue blanche” le encargó varios dibujos.

Mimi (Charles Maurin)

Sin embargo, después comenzar el nuevo siglo, la producción de Charles Maurin disminuyó mucho debido a sus problemas de salud. Pasó los últimos años en Bretaña y luego en Provenza, concretamente en Grasse, con grandes dificultades económicas. Falleció el 22 de julio de 1914 en esa última ciudad y sus obras cayeron en el olvido unos años después. En 1921 se celebró una retrospectiva en la Galería Berheim-Jeune y en 1922 se publico un trabajo monográfico sobre sus obras realizado por Ulysse Rouchon.

Un amigo indiferente (Charles Maurin)

Actualmente, el Museo Crozatier en Le Puy-en-Velay cuenta con una importante colección de obras del artista, pero sigue poco representado en otros museos franceses y aún menos en el extranjero. En 1993, el Museo Quai D’Orsay organizó una exposición de cuadros y grabados firmados por Charles Maurin remarcando las similitudes con los trabajos de su gran amigo François-Rupert Carabin. En 2006, el Museo Crozatier le dedicó una gran exposición monográfica titulada “Charles Maurin, un simbolista del realismo”.

Hebilla (François-Rupert Carabin)

Mujer escribiendo (Charles Maurin)

Era un experto en el manejo del pastel, de la tiza y del carboncillo. Degas llegó a comparar su técnica a la de su admirado Ingres. Es posible que hoy en día se le conozca más por su faceta de grabador, al haber desarrollado innovadoras técnicas y procesos, sobre todo para las impresiones en color. Por desgracia, algunos de sus grabados solo se reprodujeron en diez o menos ejemplares y son muy difíciles de encontrar.

Mujeres con gato (Charles Maurin)

Creó algunas de las visiones más extravagantes y “socialistas” de fin de siglo; fue uno de los artistas más representativos de una época en que el arte, literalmente, explosionó y nació un verdadero afán por explorarlo y descubrirlo todo. Se dice a menudo que la mayoría del arte moderno surgió antes del comienzo de la II Guerra Mundial.

La gatita Minette (Toulouse-Lautrec, 1894)

Poco más se sabe de la vida de Charles Maurin. Ignoramos si vivió en Montmartre, pero es muy probable ya que era un lugar barato, radical y antiburgués por definición, donde la comunidad artística adoptó formas innovadoras para criticar la sociedad y la condición humana en general. Realizó varios cuadros y dibujos de Montmartre en la década de 1890.

May Belfort (Toulouse-Lautrec, 1895)

Debió conocer a intérpretes como Aristide Bruant e Yvette Guilbert; escritores como Émile Goudeau, Alphonse Allais y Alfred Jarry, y músicos y compositores como Erik Satie, Vincent Hyspa y Gustave Charpentier, además de numerosos pintores. Quizá frecuentara el famoso cabaret “Le chat noir” (https://gatosyrespeto.org/2017/03/30/le-chat-noir-un-cabaret-parisino/) y quién sabe si tuvo un gato, pero es algo que no hemos sido capaces de descubrir.

Mujer con gato (Charles Maurin)

(Detalle)


Deja un comentario

Muchos gatos y Ernest Hemingway

Ernest Hemingway dijo una vez que “la honradez emocional de un gato es total; los seres humanos esconden sus sentimientos por diferentes razones, pero un gato nunca”. No podemos estar más de acuerdo con las palabras del escritor – aunque lo mismo podría decirse de cualquier animal -, que siempre vivió con gatos, desde su infancia en Illinois y Michigan, pasando por París, Cayo Hueso, Cuba y su última residencia en Idaho.

En 1943 escribió a su primera esposa (Hadley Richardson) desde Finca Vigía en Cuba: “Un gato lleva a otro… Y este lugar es tan grande que no te das cuenta de que hay tantos gatos hasta que los ves llegar en masa a la hora de comer”. No cabe duda de que amaba profundamente a los gatos y a otros animales. También tuvo nueve perros, una vaca y un búho americano al que rescató pocas semanas antes de su muerte.

Los gatos de Finca Vigía

Decía que los gatos eran “fábricas de ronroneo” y “esponjas de amor” que se empapaban de afecto a cambio de consuelo y compañía. Todos tenían un nombre según su carácter, algunos más imaginativos que otros. Estaba F. Puss (F. Gatito), Fatso (Gordo), Friendless (Sin amigos) y Friendless’ Brother (El hermano de Sin amigos), Feather Kitty (Gatita pluma), Princessa, Furhouse (Casa de pelo), entre muchos otros.

Friendless’ Brother y Willy observando a un mono en Finca Vigía

Con Friendless

Escribió un cuento muy corto titulado “Cat in The Rain” (Gato en la lluvia), publicado en 1925 en la colección “Our Time”, que a posteriori hizo correr ríos de tinta. En ese cuento, una pareja de turistas estadounidenses en Italia se ven obligados a quedarse en el hotel por culpa de la lluvia. La esposa ve a un gato debajo de una mesa en la terraza y se empeña en tenerlo.

Con Boise

También menciona a los gatos en otras obras, todas escritas hacia el final de su vida, como en “París era una fiesta”, “Islas en el golfo”, “El jardín del Edén” y “Al romper el alba”, todas ellas bastante autobiográficas.

Con Cristóbal

Además, ¿quién no ha oído hablar de los famosos gatos de seis dedos de su residencia en Cayo Hueso? Llegó a la isla en abril de 1928 con Pauline Pfeiffer, su segunda mujer, y decidieron pasar los veranos en Wyoming y los inviernos en Florida. Escribió las novelas “Adiós a las armas” y “Tener y no tener” en la casa de estilo colonial que compraron y reformaron.

Cristóbal e Izzie

Hoy, la casa es un museo dedicado al escritor y el hogar de unos cuarenta gatos de seis dedos o polidáctilos. Durante su estancia en Cayo Hueso, el capitán de barco Harold Stanley le regaló una gata blanca polidáctila a Hemingway a la que sus hijos llamaron “Snow White” (Blancanieves). La gata no tardó en tener gatitos a los que se nombró por los amigos famosos del escritor. Los gatos que ahora viven en el museo (e incluso duermen en la cama de Hemingway) son los descendientes de esta primera gata.

La casa de Hemingway en Cayo Hueso

Conoció a Martha Gellhorn durante la Guerra Civil española. De hecho, escribió su única obra de teatro, “La quinta columna”, en un hotel de Madrid mientras las tropas franquistas bombardeaban la ciudad. A su regreso a Estados Unidos se separó de Pauline. En 1939, Hemingway alquiló Finca Vigía, en Cuba, una propiedad de más de seis hectáreas a unos 25 km de La Habana, y Martha se reunió con él un poco después. Al parecer, volvía periódicamente a Cayo Hueso para ver a sus hijos y gatos. En Cuba hubo muchos más gatos, un sinfín de gatos incluso, y su idilio con la isla duró muchos años, concretamente hasta el 25 de julio de 1960.

Good Will en Finca Vigía

Para entonces ya estaba casado con Mary Welsh, a la que había conocido en 1945. Su última residencia fue en Ketchum, Idaho, donde también le acompañó un gato llamado Big Boy Peterson (Chicarrón Peterson). Se suicidó con su escopeta favorita el 2 de julio de 1961, a los 62 años. Curiosamente, su padre, su hermana y su hermano también se suicidaron. A partir de 1954, la salud del escritor se deterioró después de dos graves accidentes.

Mary Hemingway con Boise

Big Boy Peterson en Ketchum, Idaho

Ganador del Premio Nobel, conductor de ambulancias en Italia durante la I Guerra Mundial, corresponsal de guerra en la Guerra Civil Española y en la II Guerra Mundial, aventurero y, desde luego, amante de los gatos. E incluso de otros animales, pero… cazador y pescador empedernido, además de aficionado a las corridas de toros.

Willy, Spendy, Shopsky y Ecstasy en Finca Vigía

Hemingway no se limitaba a cazar en Idaho o a pescar en las cálidas aguas del Golfo. Iba regularmente de safari a África, y los dos accidentes que acabaron con su salud (además del alcohol) tuvieron lugar con muy pocos días de diferencia en Uganda. La revista Life le encargó en 1959 un reportaje de diez mil palabras sobre las corridas, y aunque no estaba bien físicamente, se desplazó en dos ocasiones a España para escribirlo. Habían pasado más de treinta años desde que descubrió los encierros de Pamplona en los años veinte, pero le seguían gustando.

A pesar de la proliferación de gatos en Cayo Hueso y en Finca Vigía, Hemingway jamás consideró la posibilidad de esterilizarlos porque iba contra sus principios. Y nos preguntamos ¿qué fue de los numerosísimos gatos de Finca Vigía cuando Hemingway y su cuarta esposa abandonaron la isla para siempre?

Gatos y Respeto cree que no basta con amar a los gatos si no se respeta a todos los otros seres vivos del planeta. Nadie que realmente quiera a un gato puede empuñar un arma y disparar a un conejo o a un elefante, solo representa una terrible contradicción.

Gatito y pies de Hemingway


Deja un comentario

Gatos y la pintora Gabriele Münter

Gato en cojín (Gabriele Münter, 1909)

La pintora Gabriele Münter nació el 19 de febrero de 1877 en el seno de una familia de clase media alta de Berlín. Sus padres la animaron cuando empezó a dibujar de pequeña y muy pronto contrataron a un profesor. Asistió a clases en el estudio del artista Ernest Bloch en Düsseldorf antes de ingresar en la Damenschule (Escuela femenina) de Willy Platz. Aprendió la técnica del grabado en madera, pintura y escultura.

El susto (Gabriele Münter, 1926)

Perdió a sus padres poco antes de cumplir los 21 años y viajó a Estados Unidos con su hermana porque en ese país vivían unos primos. Permanecieron allí dos años, recorriendo los estados de Texas, Arkansas y Misuri, e hizo toda una serie de fotos con una pequeña Kodak. Las hermanas habían heredado dinero suficiente para vivir de forma independiente. De niñas disfrutaron de mucha libertad y no estuvieron sujetas a las restricciones impuestas por la sociedad.

Niña con gatos (Gabriele Münter, 1927)

A su regreso de Estados Unidos en 1901 se matriculó en la Escuela La Phalanx de Múnich, una institución vanguardista que rechazaba las manifestaciones más académicas y conservadoras de la época, dirigida entonces por Vasili Kandinski. Gabriele Münter intentó estudiar en la Escuela de Arte oficial de la ciudad, pero estaba vetada a las mujeres.

Naturaleza muerta y gato (Gabriele Münter, 1930)

Kandinski, cuya carrera empezaba a despuntar, fue el primero que supo apreciar el talento de Gabriele Münter, y no tardó en ofrecerle participar en los cursos de verano que la Phalanx organizaba en los Alpes. La atracción entre profesor y alumna fue instantánea. Él tenía 36 años y ella 25. Al año se comprometieron en matrimonio a pesar de que Kandinski estaba casado en Rusia con su prima. El pintor pidió el divorcio, pero  no se le concedió hasta mucho después.

Gato (Vasili Kandinski, 1907)

En 1909, Gabriele Münter se compró una casa en Murnau, a unos 70 kilómetros de Múnich, en la que residió con Kandinski hasta el comienzo de la I Guerra Mundial. En verano les visitaban los pintores Aleksei von Jawlensky y Marianne von Werefkin, el escultor Moisés Kogan, que murió en Auschwitz en 1943, y el bailarín Alexander Sakharov. Todos ellos se unirían al famoso grupo Der Blaue Reiter (El Jinete Azul).

Gato (Moisés Kogan)

Moisés Kogan

Habían descubierto la vieja ciudad de Murnau un par de años antes. Creemos que las fotos de Gabriele y de Vasili con la gata Vaska fueran tomadas en Murnau y que la fecha está equivocada, tal vez sean de 1909. La gata parece estar muy cómoda con ambos y los dos la miran con cariño, sobre todo Gabriele. Da la sensación de ser un momento muy feliz en el que decidieron hacerse la misma foto.

Gabriele Münter y Vaska (Foto de Vasili Kandinski, 1907)

Vasili Kandinski y Vaska (Foto de Gabriele Münter, 1907)

Vasili Kandinski, Franz Marc y Gabriele Münter fundaron Der Blaue Reiter, aunque a la pintora pocas veces se la menciona, con la publicación del almanaque en mayo de 1912, el grupo precursor del expresionismo alemán. No cabe duda de que Gabriele influyó en la obra de Kandiski y en su uso de colores saturados, algo que tampoco suele reconocerse. Juntos recorrieron Holanda, Italia, Francia y el norte de África. En París tuvieron ocasión de visitar a Matisse, cuya obra repercutió de manera importante en la pintura de Gabriele Münter.

Portada almanaque Der Blaue Reiter

Henri Matisse y gato

Con la I Guerra Mundial, la pareja se trasladó a Suiza, pero Kandinski se vio obligado a regresar a Rusia. Gabriele Münter se fue a Copenhague, ciudad en la que vivió cinco años. Los dos se vieron por última vez en el invierno de 1915. Dos años después, Kandinski se casó con Nina Andreiévskaya, una mujer 26 años más joven, de lo que Gabriele se enteró al cabo de varios años.

Dos gatos (Franz Marc)

La artista dejó de pintar y tardó mucho en retomar los pinceles. Regresó en 1920 a Alemania y en 1927 conoció al filósofo e historiador del arte Johannes Eichner, con quien permaneció unida hasta la muerte de éste en 1958.

Johannes Eichner por Gabriele Münter

Después de una prolongada estancia en París, entre 1929 y 1930 empezó a pintar de nuevo y en 1932 regresó a su casa de Murnau. A partir de ese momento se dedicó sobre todo a pintar flores y cuadros abstractos. En 1937, los nazis le prohibieron que siguiera pintando. Como era de esperar, el nacionalsocialismo tampoco vio con buenos ojos las obras de Kandinski. Este había confiado numerosos cuadros suyos a Gabriele Münter para que los salvaguardara, y ella consiguió esconderlos en su casa de Murnau, de tal forma que, a pesar de varios registros realizados por los nazis, nunca los encontraron. En 1956, el entonces director de la Städtische Galerie im Lenbachhaus de Múnich pudo contemplar las obras de Kandinski y de numerosos pintores de Der Blaue Reiter. Al cumplir 80 años, la pintora donó una parte importante de la colección al museo.

Muñeca, gato y niña (Gabriele Münter)

Sus obras se expusieron en Estados Unidos por primera vez durante los años sesenta y en el Mannheim Kunsthalle en 1961. Se la siguió considerando la representante del expresionismo años después de la II Guerra Mundial cuando volvió a resurgir el interés por este movimiento.

Muñeca, gato y niña (Óleo sobre cristal, Gabriele Münter, 1914)

La Fundación Gabriele Münter y Johannes Eichner se estableció en 1966, a los cuatro años de fallecer la artista, tal como habían establecido en sus testamentos. Actualmente no solo es un valioso centro de investigación de las obras de Münter, sino también del grupo Der Blaue Reiter. Al morir Johannes Eichner, Gabriele vivió en su casa de Murnau, donde falleció el 19 de mayo de 1962 a los 85 años.

Tumba de Gabriele Münter y Johannes Eichner


2 comentarios

Gatos en el folclore ruso

El gato es importante en Rusia, no solo porque al parecer el  60% de la población tiene un gato doméstico, sino por el importante lugar que ocupa en el folclore. En el cuento de hadas épico “Ruslán y Ludmila”, escrito por Pushkin y publicado en 1820, los seis primeros versos, inmediatamente después de la dedicatoria propiamente dicha, se refieren a un gato: “Hay un roble verde en la orilla/ de la bahía azul; atado a una cadenita de oro/ el gato, conocedor de muchas fábulas,/ pasea alrededor del tronco sin cesar./ Si se mueve a la derecha, cantará una canción./ Si se mueve a la izquierda, contará un cuento”.

Ruslán y Ludmila

Este curioso gato cantante y hablador, conocido por todos los niños rusos, está relacionado con el gato Bajun, que significa “hablador”, del verbo “bayat” (hablar), también llamado Kot Baikun. Se trata de un gato negro de enormes proporciones capaz de contar maravillosas historias y cuentos durante horas hasta adormecer a quien le escucha y entonces comérselo. Pero… si el oyente consigue permanecer despierto y atrapar al Kot Bajun, este se convertirá en el más fiel de los compañeros y le ayudará a superar cualquier dificultad.

Bajun

Bajun

Algunos dicen que Kot Bayun vive con Baba Yaga en una isba sostenida con patas de pollo en el Reino Tres Veces Diez, en Ucrania, mientras otros afirman que mora encima de un poste de hierro en la Tierra Tres Veces Nueve, en Rusia, donde no hay ni animales ni plantas. El gran tamaño y el color de Baiyun nos lleva a Beguemot, el travieso y parlanchín gato que juega al ajedrez en la novela de Mijaíl Bulgákov, cuyo nombre viene del monstruo Behemot, del que se habla en el Libro de Job.

La isla de Baba Yaga

Beguemot

Beguemot tiene el don de convertirse en un hombre rollizo en ciertas ocasiones, y el autor lo describe así: “Gordo como un cerdo, negro como el tizón o como el mirlo, y con los bigotes de un oficial de caballería”. Además, es un auténtico glotón.

Beguemot

El Beguemot del Museo Bulgákov

En Rusia existe la tradición de que al mudarse a una nueva casa, el gato debe ser el primero en entrar e inspeccionar las estancias. La cama se colocará donde se haya sentado por primera vez porque será el lugar más seguro. Hace unos catorce años, uno de los mayores bancos de Rusia ofrecía prestar un gato a cualquiera que contratara una hipoteca con ellos. Incluso tenían un portafolio con fotos de gatos para que el cliente pudiera escogerlo.

La casa del gato

Los gatos son los guías hacia el Más Allá, y antes se decía que si un gato saltaba por encima de un muerto, este regresaría como un vampiro porque el Guardián del Otro Mundo le había rechazado. Se sigue diciendo que cualquiera que mate a un gato no se limitará a siete años de mala suerte, sino que sufrirá lo peor de lo peor durante estos años.

El gato de Kazán

En muchos cuentos, los papeles protagonistas corresponden a gatos, y aquí resumiremos dos de los más conocidos. El primero es el gato y la zorrita. Érase una vez un gato macho al que le faltaba una oreja y que no dejaba de pelearse. Su amo decidió deshacerse de él, lo metió en un saco y se lo llevó al bosque, donde le abandonó, pero el gato consiguió agujerear el saco y salir. Primero se aseó, luego encontró una cabaña abandonada y se echó la siesta para reponerse de las emociones. Al despertar, sintió hambre y cazó unos ratones. Siguió así durante un tiempo, aunque no le gustase especialmente cazar; estaba acostumbrado a que le trajeran la comida.

Un buen día conoció a una zorrita, y aunque ella nunca había visto a un gato, le pareció de lo más apuesto. Le preguntó quién era y él contestó: “Soy el nuevo Gobernador procedente de los bosque siberianos, me llamo Catafay Ivanovich”. La zorrita Lisa le invitó a su casa, y como los dos se llevaban muy bien y eran solteros, decidieron casarse.

Al día siguiente, la zorrita salió a buscar comida y se encontró con el lobo, que empezó a coquetear con ella, pero le detuvo diciendo que estaba casada. El zorro quiso conocer a su marido, claro. Ella contestó: “Cielos, mi Catafay Ivanovich es de lo más fiero. Trae un cordero como prueba de respeto y te presentaré”. Al oso que al poco se cruzó en su camino le pidió que trajera un buey.

Los dos volvieron al rato con los presentes y le ordenaron a la liebre que avisara a la zorrita. El oso trepó a un árbol y el lobo se escondió debajo de un montón de hojas secas. El oso vio llegar a la pareja desde su escondite y el fiero marido de Lisa le pareció muy pequeño, pero Catafay se tiró encima del buey y empezó a arrancarle trozos pidiendo más y más.

El lobo se movió debajo de las hojas para ver qué ocurría. Catafay le oyó y creyendo que se trataba de un ratón, se le tiró encima, arañándole el hocico. El lobo huyó, aterrado, y el oso se cayó del árbol. A partir de ese día Lisa y Catafay vivieron felices sin tener que preocuparse de la comida para el duro invierno.

Otro cuento es el del Gato, el Gallo y la Zorra. Un gato y un gallo vivían felices en la misma cabaña. Siempre que el gato salía a cazar, le recomendaba al gallo que no saliera ni abriera la puerta a nadie. Una zorra muy lista decidió hacerse con el gallo y le ofreció grano si salía, pero el gallo le contestó que estaba muy bien en su casa.

La vez siguiente, dejó el grano delante de la ventana y se escondió. El gato salió a cazar, el gallo vio el grano, se aseguró de que no había nadie y saltó fuera a comerlo. La zorra no dejó pasar la oportunidad y se lo llevó. Por mucho que gritó el pobre gallo llamando a su compañero el gato, este estaba demasiado lejos para oírlo.

El gato, a su regreso, entendió lo que había pasado y al día siguiente siguió las huellas de la zorra hasta su casa. La zorra tenía cuatro hijas y un hijo, y antes de salir les encomendó que pusieran agua a hervir porque a su regreso, matarían al gallo y lo hervirían.

La zorra se fue y el gato empezó a cantar. La hija mayor, llena de curiosidad, salió a ver quién cantaba tan bien. El gato le dio en el hocico, ella se desmayó y la metió en un saco. Lo mismo pasó con las otras tres y, finalmente, con el hijo pequeño. El gato colgó el saco de una rama, entró y liberó a su amigo el gallo. Desde ese día, el gallo jamás desobedeció al gato.

Dedicamos esta entrada a nuestro amigo Carlos, que creció en Moscú.


Deja un comentario

Los gatos de Andrew Lloyd Webber

Acaba de estrenarse la nueva versión cinematográfica del musical de Andrew Lloyd Webber “Cats”, dirigida por Tom Hooper, y nos ha parecido una buena excusa para hablar de los gatos de quien que puso música a los poemas del libro “Los gatos sensatos del viejo Possum”, del británico T.S. Eliot (https://gatosyrespeto.org/2018/12/20/los-gatos-sensatos-del-viejo-possum/) y (https://gatosyrespeto.org/2014/01/29/gatos-por-t-s-elliot/).

Hace unos años, y hablando de gatos en general, Andrew Lloyd Webber dijo: “Siempre he amado a los gatos, desde que tengo uso de razón. Mi madre me leía poemas de “Los gatos sensatos del viejo Possum”, de T.S. Eliot, cuando era muy pequeño. Mi primer gato fue un siamés llamado Perseus (Perseo). No sé por qué se llamaba Perseus, no es un nombre muy siamés. Es griego, más bien. Pero era un precioso gato seal point muy inteligente. Ahora tengo cuatro maravillosos turcos de Van, gatos nadadores. Vienen de un sitio llamado lago de Van, en Turquía oriental”. (https://gatosyrespeto.org/2014/04/03/el-gato-de-van/)

Nueva York, 1977

En diciembre de 2018, el compositor aceptó encantando que le nombraran presidente honorario del Club del Gato de Van. Ahora no tiene cuatro, sino tres gatos de Van, Mika, Oddy y Fez. El maravilloso Ozzy ya no está.

Con Mika, Oddy y Fez

En una entrevista reciente habló del libro de T.S. Eliot: “Los poemas que escribió para sus ahijados son extraordinarios. Pero creo que también pensó en los padres que iban a leérselos a sus hijos. Son observadores, brillantes, ingeniosos. Entendía al gato”.

Con Valerie Eliot

Andrew Lloyd Webber tiene en su haber veinte musicales, algunos muy famosos, como “Jesucristo Superstar”, que levantó un revuelo a principios de los años setenta; “Evita”, estrenado en 1976, acerca de la vida de Eva Perón, posteriormente adaptada a la gran pantalla, y “El fantasma de la ópera”, estrenado en el West End en 1986 y dos años después en Broadway, otro enorme éxito que sigue en cartel y recorriendo el mundo. “Sunset Boulevard”, de 1993, basado en la película “El crepúsculo de los dioses”, de Billy Wilder, a pesar del éxito y de numerosas giras internacionales perdió dinero debido al enorme coste del montaje y a varias batallas legales. Su último musical hasta la fecha es “School of Rock”, estrenado en 2015 en Londres y basado en la película “Escuela de rock”, de Richard Linklatter.

Ozzie

Andrew Lloyd Webber nació en Londres el 22 de marzo de 1948. Su padre William era el director del London College of Music (Escuela de Música de Londres), su madre Joan Hermione daba clases de piano y su hermano menor Julian es chelista. De joven tocaba el piano, el violín y la trompa, y soñaba con convertirse en el inspector jefe de “Monumentos antiguos de Gran Bretaña”.

Su padre William con Perseus

Ingresó en la facultad de Historia de Oxford en 1965, pero al año dejó la universidad para empezar a trabajar en el musical “The Likes of Us”, que no fue producido hasta 2005. Era su primera colaboración con Tim Rice, el letrista de “Joseph”, “Jesucristo Superstar” y “Evita”.

Con Otto

Antes de “Evita”, Andrew Lloyd Webber quiso hacer un musical titulado “Jeeves”, inspirado en el famoso mayordomo de los libros de P.G. Wodehouse, pero Tim Rice se negó. “Jeeves” se estrenó en 1974 con letras de Alan Ayckbourn y resultó un fracaso. Rice y Webber volvieron a unirse para el exitoso “Evita”, estrenado en 1974. Como casi todas sus composiciones, el musical fue acusado de plagio.

Ozzy, octubre de 2012

Pero el auténtico éxito no le llegó hasta “Cats” en 1981, con una puesta en escena del director de la Royal Shakespeare Company y decorados diseñados por Trevor Nunn. “Cats” es uno de los musicales que ha permanecido más tiempo en el West End y en Broadway. Se estrenó en el teatro New London en 1981, estuvo en cartel durante 21 años y fue galardonado con el Premio Olivier y el Premio del Evening Standard al Mejor Musical. En 1983, después de su estreno en Broadway, ganó siete premios Tony, entre ellos el de Mejor Musical, y se representó durante 18 años. Desde su estreno en Londres, el musical “Cats” ha recorrido el mundo, y ha sido visto por más de 81 millones de espectadores en más de cincuenta países y traducido a más de veinte idiomas. Se considera uno de los musicales más populares de la historia.

El considerable éxito de “Cats” en Londres y en Broadway se debe en gran parte a unos extravagantes decorados y a una grandiosa puesta en escena. Le siguió “Starlight Express”, un musical roquero protagonizado por una locomotora a vapor que intenta competir con las actuales. Representado 7.409 veces en Broadway entre 1984 y 2002, es el musical más exitoso en Alemania, país en el que puede verse en un teatro especial desde 1988. Todos los intérpretes actúan sobre patines. Y no olvidemos que Andrew Lloyd Webber era un apasionado de modelismo ferroviario en su juventud.

En 1986 se estrenó “El fantasma de la ópera”, ganador del Premio Olivier en Londres y del Tony en Broadway, donde fue el espectáculo con más representaciones, llegando a las diez mil el 11 de febrero de 2012.  También fue el musical con mayor recaudación (5,6 mil millones de dólares) hasta 2014, cuando le desbancó “El rey león”.

“Cats” – Londres, 2014

En los años ochenta, el compositor se centró en su compañía de producción Really Useful Theatre Group, Inc. En abril de 1990 anunció que dejaría de componer durante un tiempo y se dedicaría al cine, quizá a una versión de “Cats” con Steven Spielberg como productor a través de Amblimation, pero la idea se abandonó al cerrar el estudio.  A finales de 2013, Universal Studios anunció que el proyecto estaba en marcha con Working Title en la producción y Spielberg como productor ejecutivo.

Idris Elba en el personaje de Macavity (2019)

A pesar de anunciar que dejaba de componer, produjo “Sunset Boulevard” en 1993 y ha seguido estrenando un musical cada tres años de media hasta “Escuela de rock” (2015).

Judi Dench en el personaje del viejo Deuteronomio (2019)

En 2000 compró Stoll Moss, una de las más importantes empresas teatrales de Gran Bretaña por 85 millones de libras, convirtiéndose en uno de los principales dueños de teatros de Londres. Tiene siete salas en la ciudad, entre las que destacaremos el Theatre Royal, el Drury Lane y el London Palladium. Es el único propietario de teatros que reinvierte hasta el último penique de beneficios en sus locales.

En la piscina con Fez

Fue nombrado caballero por Su Majestad la Reina en 1992 y par vitalicio del Reino en 1997. Para celebrar su septuagésimo cumpleaños, HarperCollins publicó la autobiografía “Unmasked” en marzo de 2018, que se convirtió inmediatamente en un superventas.

“Cats” en Broadway, 2016


Deja un comentario

El gato, la casa y Mireille Havet

El Gato, de Guillaume Apollinaire

Mireille Havet nació el 4 de octubre de 1898 en Médan, una población situada a cuatro meandros del Sena al oeste de París. Era hija del pintor paisajista Henri Havet y de Léoncine Cornillier, y hermana de otro pintor, Pierre-Emile Cornillier. Su padre, que nunca tuvo mucho dinero, murió cuando ella tenía quince años.

Mireille Havet

Mireille Havet perteneció a esa generación de estrellas fugaces del París de entreguerras que murieron demasiado jóvenes, pero ella, al contrario que muchos otros, no dejó una novela mítica ni hizo mella en el movimiento surrealista. Si Dominique Tiry no llega a descubrir en 1995 el diario que escribió desde 1912 a 1929, y si Claire Paulhan no se hubiera atrevido a publicarlo, es probable que ahora nadie se acordase de ella.

La gata, de Théophile Steinlein

Fue amiga de Guillaume Apollinaire, que publicó sus primeros poemas en la revista “Soirées de Paris” (Veladas de París) en 1914; de Colette (https://gatosyrespeto.org/2018/12/13/los-gatos-de-colette/), que escribió el prólogo de la colección “La casa en el ojo del gato”; de Jean Cocteau (https://gatosyrespeto.org/2015/07/17/el-gato-karoun-y-jean-cocteau/), para el que interpretó el papel de la Muerte en “Orfeo”, vestida por Coco Chanel, y de muchos otros que la apoyaron.

Colette

Jean Cocteau

Colette la presentó a la estadounidense Natalie Clifford Barney y empezó a frecuentar su salón. Descubrió la obra de Renée Vivien y conoció a la escritora. Mireille Havet se mostraba abiertamente homosexual en su diario y en los salones, y reivindicó su libertad sin tapujos.

Renée Vivien

Mireille Havet

Pero ¿qué la empujó a entregarse a la morfina y al opio a pesar de ser considerada como una brillante escritora en ciernes por los que la quisieron y apoyaron? Murió el 21 de marzo de 1932 en el sanatorio de Montana, Suiza, a los 33 años. En su memoria, hemos traducido el cuento “La casa en el ojo del gato”, publicado en el número 19 de la revista “Les soirées de Paris” en 1913 y que Jean Cocteau describió como “una obra maestra abarrotada de geometría moderna y de torpeza infantil que me parece uno de los ejemplos más extraordinarios del “clima” intelectual de nuestra generación”.

La casa en el ojo del gato

Los objetos no son objetos, sino imágenes que solo existen cuando nos fijamos en ellas y que desaparecen en cuanto cesamos de pensar en ellas. No existen objetos pues, sino nuestra relación con ellos”. (Tolstói)

La casa estaba sola al borde del Vacío que había abrazado el pequeño jardín.

La casa estaba sola al borde del Vacío, como cualquier casa en la que nadie piensa y a la que nadie ve.

El Vacío ascendía hasta el cielo, que ya no era cielo, ¡sino Eternidad! Y quizá bastara con darse la vuelta con suficiente rapidez para ver, desde el umbral de la casa, toda la Vida precedida por el Pasado y seguida por el Futuro.

La casa, la Vida banal y particular seguía su curso.

Una familia (como todas las familias) se preparaba para ir a pasar el verano al campo, que esperaba fuera, infinito y tranquilo.

El padre, preocupado, consultaba el horario.

La madre colocaba más ropa en un baúl lleno.

El hijo cerraba las contraventanas.

Y la hija bajaba de su habitación con una bolsa de cuero amarillo que depositaba fuera, encima de los otros paquetes.

Abrió la puerta de la casa y el fiel jardincito regresó del fondo de la Eternidad y la Eternidad, también fiel, reflejó la imagen exacta del pensamiento de la joven en el pequeño jardín que amaba.

Esta se detuvo delante de la casa y unas flores crecieron de inmediato en los arriates de los caminos: capuchinas y algún que otro pálido tulipán.

Una lluvia muy fina caía en el césped verde, ¡y recuerdos! Los recuerdos subían en el alma de la joven: Fue aquí, este año, donde vio llegar la primavera. Una primavera un poco alocada que había cubierto la hierba de diminutas margaritas, la tierra de lirios, el muro de rosas caninas y de jazmín que aún perduraba. Aquí es donde había leído, en días de oro pálido, a Shakespeare, ¡que tanto le gustaba! A Balzac y a su primer Zola. Aquí es donde había visto tantos crepúsculos como grandes alas de ángeles, bordeadas de una sombra azul, rozar la tierra antes de irse hacia el cielo. ¡Y todo eso se había acabado!

¿Por qué? Porque había llegado el verano, un verano feo, lluvioso, que había ahogado las flores de la primavera… ¡Todas las florecillas! De pronto pensó en el campo que la esperaba, ¡un campo tan suave!, donde ÉL ya llevaba un mes. ¡Entonces se sintió feliz! ¡El jardín le pareció rebosar de sol! Salió a la calle… y el Vacío se cerró tras ella.

El hijo, después de cerrar todas las contraventanas, salió de golpe de la casa: miró el jardín, insignificante para él en su verde grisáceo monótono, y su mirada, yendo mucho más lejos, descubrió el mar, la playa, la red de tenis que había desgarrado y sustituido a su costa el año pasado. Regresó al jardín, se fijó un momento en el trapecio en el que por poco se mató y, cogiendo una maleta, salió corriendo a la calle. La puerta quedó entreabierta y un transeúnte vio el jardín, que le pareció “grande por ser París”, y la casa, que tachó de “fea”. Eso fue todo. – El Vacío.

El padre y la madre salieron juntos.

El padre cerró la puerta de la casa. La madre pensó que aún no había encontrado las tijeras en el césped. Vio el césped.

“Si vuelve el gato, estropeará los último tulipanes”. Vio los tulipanes. Se fue.

El padre dijo: “Prefiero que haya dejado de llover, se estropean las bicicletas”. Se guardó las llaves en el bolsillo, no vio el jardín, cerró la puerta de la calle. Pero el jardín permaneció un momento más. Y regresó la Eternidad en la sombra infinita de la Soledad: Ya solo hubo un cielo, de abajo arriba, cuyos contornos eran el Infinito.

Encima de la tierra, habitada por el pensamiento de los seres humanos: un cielo claro, sembrado de estrellas. La tierra es muy luminosa. En el lugar donde la familia ha dejado la casa no hay nada. ¿Almas quizá? Y recuerdos… Pero hay algo, el Vacío se aparta, aparece un cielo admirable, de una pureza divina. Y la casa alta, ¡alta! como una catedral. Y el jardín con un césped como un prado, y los caminos como carreteras en el campo.

¿Qué hay? No hay nada. Sí. Allí abajo, un poco por encima del suelo, quedan suspendidas dos estrellas: Los ojos de un gato miran la casa. El gato está aquí y todo revive para él. El gato pasea: todo está en calma. Se acerca lentamente a un tragaluz: entra, las estrellas iluminan el sótano, blanco como el pasillo de una abadía. El gato ronronea mientras avanza. Está tranquilo, nada ha cambiado en su casa. Vuelve a saltar en la carretera de campo y da una vuelta por el prado. El gato pasa revista a toda la Noche. En las ventanas de las casas titilan vidrieras. El gato se tumba en un escalón de la casa. Sus ojos se hacen muy grandes, ¡ve en la Nada!

Queremos dar las gracias a mish Laura Valeria Cozzo y a su blog sobre Cocteau por habernos hecho descubrir este maravilloso escrito que quizá aporte alguna pista sobre la prematura muerte de su autora.

Mireille Havet


Deja un comentario

Gatos de cuento de Arthur Rackham

1911

El británico Arthur Rackham dedicó toda su vida a ilustrar cuentos y libros de los llamados “infantiles”. Su pasión por el dibujo empezó cuando era muy joven; solía irse a la cama con papel y lápices para dar rienda suelta a su creatividad debajo de las mantas, y acababa dibujando en la funda de la almohada cuando le quitaban el papel.

Solo había gatos (1897)

Nació el 19 de septiembre de 1867 en Lambeth, al sur de Londres, en el seno de una familia de doce hermanos. Su padre, un ayudante de notario, se llamaba Alfred Thomas Rackham, y su madre, Anne Stevenson. Su talento llamó la atención en el colegio, pero a los 16 años, supuestamente para mejorar su salud, fue enviado durante varios meses a Australia, donde no dejó de pintar acuarelas de los inmensos paisajes característicos de ese país.

Arthur Rackham con dos gatos

Su padre no aprobaba la tendencia artística de Arthur y, a su regreso de las antípodas, le convenció para que aceptara un puesto de administrativo en el parque de bomberos, lo que no le impidió asistir a clases nocturnas en la Lambeth School of Art. Siguió trabajando en el parque de bomberos hasta 1892, mientras dibujaba y pintaba por las noches.

1905

Pobre Cecco

En 1888 vendió su primera acuarela a la Royal Academy of Art por dos guineas, y cuatro años después empezó a trabajar como ilustrador en el desaparecido periódico Westminster Budget.  Los dibujos del principio eran bastante convencionales, pero algunos de los que vendió a otros periódicos mostraban su enorme imaginación. En esa época se interesó por la ilustración de libros, una especialidad en la que acabó centrando todos sus esfuerzos.

El gato Tomasso (1907)

Curiosamente, el primer libro que ilustró no fue un cuento, sino una guía de viajes de Canadá y Estados Unidos titulada “To the Other Side” (Al otro lado), en 1893, a la que siguió “The Ingoldsby Legends” (Las leyendas de Ingoldsby), una colección de leyendas, mitos e historias de fantasmas recopiladas supuestamente por Thomas Ingoldsby, pero en realidad obra de un pastor protestante experto en mitología, Richard Harris Barham. Aquí aparecen los primeros gatos negros acompañando a brujas malvadas o bondadosas, según la leyenda.

El año 1900 fue muy importante para Arthur Rackham: se casó con Edyth Starkie, una retratista con la que pasaría el resto de su vida, y las noventa y cinco ilustraciones realizadas para “The Fairy Tales of the Brothers Grimm” (Cuentos de hadas de los hermanos Grimm) le catapultaron a la fama. En los diez años siguientes se publicaron dos nuevas ediciones con más ilustraciones del artista. En la más notable, la de 1909, añadió otros cuarenta dibujos.

Gato y duende

Siguió ilustrando cuentos de hadas y fantasías con gran éxito, quizá por su profundo conocimiento de los textos a los que iban dirigidos los dibujos. A pesar de reconocer cierta influencia de Aubrey Beardsley, George Cruikshank y Richard Doyle en su obra, su estilo es único, diferenciándose claramente de sus contemporáneos.

1913

En 1905, las ilustraciones de “Rip Van Winkle”, de Washington Irving, le estableció de forma definitiva como el mejor ilustrado eduardiano, y las famosas Galerías Leicester empezaron a exhibir sus dibujos, que por cierto se vendieron como panecillos. Ilustró un sinfín de libros. Después de ver los dibujos en la galería, J.M. Barrie, el autor de “Peter Pan”, le pidió que ilustrara la primera edición de “Peter Pan en los jardines de Kensington” (1906), y al año siguiente se dedicó a la nueva edición de “Alicia en el País de las Maravillas”, para la que realizó fantásticas acuarelas, como la sonrisa del famoso gato de Cheshire (https://gatosyrespeto.org/2016/09/22/el-gato-de-cheshire/). A pesar de una gran acogida, estos dibujos fueron controvertidos debido al éxito de la anterior edición, ilustrada por John Tenniel.

El gato de Cheshire, de Arthur Rackham

El gato de Cheshire, de John Tenniel

Después de la I Guerra Mundial, el gusto de los británicos cambió y no se sentían tan atraídos por las ilustraciones de Arthur Rackham. Sin embargo, ocurrió lo opuesto en Estados Unidos, y la Biblioteca Pública de la Ciudad de Nueva York le encargó que creara una segunda serie de acuarelas para la segunda edición de “El sueño de una noche de verano”. A principios de los años treinta se publicaron en Estados Unidos numerosos libros con sus ilustraciones. El más exitoso, “Fairy Tales by Hans Andersen” (Cuentos de hadas de Hans Andersen), fue descrito por Hugh Wadpole como “el mejor libro de dibujos del año”.

Gato y gallo

En 1936, sus acuarelas y dibujos se exponían por toda Europa y el continente americano, pero el artista sufría de una enfermedad crónica que le impedía dibujar con tanta velocidad como antes. Ese año, el editor estadounidense le propuso ilustrar “El viento en los sauces”, de Kenneth Grahame. Casi treinta años antes, en 1908, había tenido la posibilidad de ilustrar el famoso libro, pero la había rechazado por haberse comprometido a realizar los dibujos de una primera edición de “El sueño de una noche de verano”. Existe una carta escrita por Rackham en 1909 contestando a unos niños en la que deplora profundamente no haber podido ilustrar “El viento en los sauces”.

Brujas, fantasmas, hechiceros, duendes…

Gato y ratón

Fue el último libro en el que trabajó antes de fallecer el 6 de septiembre de 1939, trece días antes de cumplir 72 años. La necrológica del diario The Times, de Londres, le describía como “uno de los ilustradores de libros más insignes de su época” con “un lugar especial en el corazón de los niños”. Pero Barbara Edwards, su única hija, prefirió decir que “su única ambición era hacer bien su trabajo para que disfrutara cuanta más gente mejor”.

La bella durmiente (1920)

Walt Disney, un gran admirador de Arthur Rackham, pidió a los dibujantes de su empresa que se adaptaran al estilo del ilustrador para el largometraje “Blancanieves y los siete enanitos”, de 1937. Pero por mucho que comparamos los dibujos de la factoría Disney (aunque todavía no lo era del todo) con los de Rackham, no vemos el más mínimo punto en común.

Arthur Rackham dibujó muchos gatos durante su vida porque abundan en los cuentos de hadas. Hay gatos simpáticos y no tan simpáticos, sonrientes, pensativos, gatos ejerciendo de gatos, gatos de todo tipo, de cualquier estilo.

El libro de las hadas de Arthur Rackham