Gatos y Respeto

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Los gatos del pacifista David McReynolds

Callejeros en azotea (principio de los ochenta)

El 17 de agosto de 2018, no hace ni cuatro años, murió uno de los grandes pacifistas estadounidenses. Su primera protesta fue contra la guerra de Corea; la última, a favor del desarme nuclear total. Durante 65 años, David McReynolds no dejó de creer en la paz y de luchar para que los gobiernos entendieran que era la única solución.

Delante del hotel (Bagdad, octubre 1981)

David Ernest McReynolds nació en Los Ángeles el 25 de octubre de 1929, exactamente un día después de la caída de la Bolsa que dio pie a la Depresión. Hijo de una enfermera y de un teniente coronel de las Fuerzas Aéreas estadounidenses, ambos pertenecientes a la iglesia baptista, de adolescente formó parte del Movimiento de Abstinencia de Alcohol (Temperance League).

David McReynolds (Foto de Alvin Ailey, 1952)
Gato callejero (1957)

Ingresó en la Universidad de Los Ángeles (UCLA) en 1949 y se licenció en Ciencias Políticas en 1953. Entretanto se unió al Partido Socialista de América (SPA) en 1951 y asistió a una conferencia de Bayard Rustin (1912-1987), el carismático objetor de conciencia durante la II Guerra Mundial encarcelado en numerosas ocasiones por sus creencias políticas, por negro y por gay. Rustin se convirtió en su “héroe existencial”, según dijo después.

(Febrero 1980)

Es muy posible que McReynolds llamara la atención del FBI incluso antes de sus días de universitario, cuando estaba en el Instituto y se unió al World Fellowship Club (Club de la Fraternidad Mundial) en contra de la Guerra Fría. Por cierto, el FBI llegó a compilar un dosier de 400 páginas sobre él.

Gato en tienda (1979)

Pero antes de seguir, quizá deberíamos decir que además de activista, David McReynolds fue un prolífico fotógrafo con más de 50.000 fotografías en su haber. Fotografió de todo, personas (famosas o no) que se cruzaban en su camino, amigos, protestas y gatos, los suyos, los de sus amigos, gatos en las calles de Nueva York, gatos en los países a los que viajaba en misiones de paz.

Gato europeo (1984)

Convivió con gatos hasta el último momento de su vida. Mephistopheles, un hermoso gato blanco y negro, fue el primero, como demuestra esta foto realizada en el barrio de Ocean View, San Francisco, en 1954.

Mephistopheles (Ocean View, San Francisco, 1954)

Poco tiempo después se trasladó a Nueva York al ofrecerle Bayard Rustin un puesto como periodista en el recién fundado periódico Liberation. Y aparece Mephistopheles 2, un gato negro asomado a la escalera de incendios del típico edificio de la Gran Manzana.

Mephistopheles 2 (Nueva York, 1957)

Adoraba a todos los animales, especialmente a los gatos, y sentía predilección por los siameses, que le acompañaron durante décadas. Siempre se paraba para ayudar a un animal herido, estuviese donde estuviese.

Sus primeros siameses (1967)

En 1960 dejó el periódico Liberation para unirse a la War Resisters League (WRL) (Liga de Resistencia a la Guerra) como coordinador de campo. Con el tiempo se convirtió en el rostro público de esta organización pacifista, en la que militó cuarenta años. No sabemos si en la sede de la WRL ya había un gato residente antes de su llegada.

El gato AJ (Sede de la WRL, noviembre de 1990)
AJ

Una de las acciones más controvertidas ideada por la Liga en los años sesenta fue la quema pública de cartillas militares, acto punible con cinco años de cárcel. David McReynolds y otros cinco jóvenes se reunieron el 6 de noviembre de 1965 y, subidos a una plataforma de madera, quemaron sus cartillas militares mientras un grupo de contraprotesta cantaba “Drop dead, red” (Moríos, rojos). La quema fue interrumpida por un hombre que les rocío con un extintor, pero consiguieron secar las cartillas con mecheros y quemarlas.

El gato Rusty (Sede de la WRL, 2006)

También fue miembro de la Bromeliad Society, un grupo botánico internacional dedicado al intercambio de semillas y esquejes. Llenó su piso del East Village con plantas exóticas y con estanterías cubiertas de diminutas botellas de perfume, ya que otra de sus pasiones era la creación de perfumes. Aquí vemos a Gandalf, uno de sus siameses, en una estantería abarrotada de frascos. Parece ser que Gandalf era capaz de subir y bajar sin tirar ninguno.

Gandalf entre frascos de perfumes (años noventa)

David McReynolds creía profundamente en la redistribución de la riqueza. En 1958 se presentó a congresista por el SPA y diez años después como candidato del Partido por la Paz y la Libertad en el distrito 19 de Nueva York, obteniendo 3.969 votos, o sea un 4,7%. En 1980 y en 2000 fue el candidato socialista a la presidencia de EE UU.

Gato literario (1978)

Siempre viajaba con su cámara, desde Los Ángeles a Nueva York y en sus peripecias por todo el mundo: se coló ilegalmente en Vietnam del Norte durante la guerra; estaba en Belgrado cuando la URSS entró en Checoslovaquia; se manifestó en la Plaza Roja de Moscú a favor del desarme nuclear; estuvo en Bagdad y en muchos otros lugares como parte de delegaciones pacíficas.

Gato tendero (noviembre 1990)

En su calidad de activista organizó y participó en un sinfín de manifestaciones contra la guerra de Vietnam, en protestas a favor del desarme nuclear, en acciones en defensa de los derechos civiles y de los derechos gay. Entre sus numerosos amigos estaban A.J. Muste, Bayard Rustin, Martin Luther King Jr., Grace Paley, Jeannette Rankin, Joan Baez, Allen Ginsberg y Ella Baker, entre muchos otros.

Gato en la Sexta Avenida (Nueva York, 1957)

Nunca se rindió, aunque la edad redujo su actividad en los últimos años. Su penúltima detención fue en 2002, en una protesta delante del edificio de Naciones Unidas en Nueva York, y la última en 2015, durante una protesta organizada por la WRL, cuando cortaron el paso a la misión estadounidense a Naciones Unidas.

Detenido el 28 de abril de 2015
Gatos iraquíes (1990)

En los últimos años se dedicó sobre todo a organizar y digitalizar su inmenso archivo fotográfico en compañía de su gato Shaman. El 15 de agosto de 2018, al no tener noticias suyas, unos amigos entraron en su piso y le encontraron en el suelo, inconsciente, con Shaman enfermo, sentado a su lado. Shaman murió al día siguiente y David al otro.

David McReynolds y Shaman (Foto de E. Hedeman)

Estas son todas las fotos de gatos realizadas por David McReynolds que hemos podido encontrar en Internet, la mayoría en su web (http://www.mcreynoldsphotos.org/socialist-party/mhr3op6iubmrynwzcux71ds5qtl67o). Estamos seguros de que hay muchas más.

Gatos en Babilonia

Acabamos esta entrada con la foto de un pequeño cartel hecha en 1991. Pegado a la vitrina de una tienda, reza: “Gato con instintos asesinos de guardia, prohibidos los perros”. Dedicamos esta entrada a todas las personas que creen en la paz.


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La gata Fifi Bigotesgrises y el lama

Una gata llamada Feefee Greywhiskers, en español Fifi Bigotesgrises, inspiró un libro titulado “Living With the Lama” (Vida con el lama). La contraportada de una de las ediciones inglesas dice así:

“Este libro prueba que los animales no son criaturas tontas como cree mucha gente. No se trata de un libro de ficción, su contenido fue transmitido telepáticamente a su autor”. Efectivamente, Fifi lo dice en el libro, todos los gatos se comunican telepáticamente entre sí y con otros animales; pueden hacerlo a una gran distancia, y si los seres humanos tienen esa capacidad especial, también se comunicarán con ellos.

Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad

Obviamente, el lama Lobsang Rampa tenía ese don y se limitó a escribir lo que le dictó Fifi cuando le contó su larga y ajetreada vida. Los primeros tres capítulos del libro están dedicados a describir en un tono bastante melodramático las desgracias vividas por Fifi hasta ser salvada por el lama y su mujer cuando ya era ciega, mayor y estaba a punto de morir.

Lobsang Rampa

A partir del capítulo cuarto, el tono empieza a cambiar gracias a los jocosos y atrevidos comentarios de Miss Ku (Lady Ku’ei), otra gata mucho más joven, llena de desparpajo y atrevimiento, capaz de usar un vocabulario de lo más descriptivo que le hace mucha gracia a Fifi. Hemos omitido decir que ambas gatas son siamesas de pura raza.

Edición española

Fifi pasó los primeros años de su vida – nunca se sabe realmente cuántos, aunque Miss Ku siempre habla de ella como “la abuela” – pariendo gatitos que le eran arrancados a las seis semanas para venderlos. Residía en un castillo en Francia, pero solo comía restos, sobre todo de ancas de rana (en los años 50 y 60 los británicos tenían el firme convencimiento de que los franceses se alimentaban básicamente de ancas de rana), y malvivía en un cobertizo.

Su única amiga era Madame Albertine, el ama de llaves. Fifi pertenecía a Madame Diplomate, mujer de un diplomático o algo parecido, que odiaba a todos los animales, y solo le interesaba por sus gatitos y para presumir de siamés delante de los invitados.

Edición francesa

Fifi viajó a Estados Unidos en pésimas condiciones, pero la Madame Diplomate nunca pudo presentarla a concursos porque la gata estaba casi raquítica. De vez en cuando alguien se apiadaba de ella y le daba bien de comer. Se quedó ciega por los maltratos recibidos; pero ella misma dice que los gatos poseen sentidos desconocidos por los humanos.

Edición rusa

Madame Albertine murió y su horrible dueña decidió colar a Fifi en Irlanda. Fue descubierta y los aduaneros la dieron por muerta. Por suerte, un trabajador se dio cuenta de que aún vivía y se la llevó a su casa. Allí se recuperó un poco hasta que el hombre se la entregó a su madre, que volvió a meterla en un cobertizo.

Edición española

Fifi dio a luz a dos gatitos y casi se murió de nuevo. Entonces apareció el lama Lobsang Rampa en su vida. Este la compró, junto a los dos gatitos. Los cachorros fueron regalados a una buena familia que prometió no separarlos Y Fifi, por fin, pudo ser feliz, muy feliz. Se habla de “mis 25 años con el lama”, pero nos parece algo exagerado.

Lobsang Rampa amaba a los gatos, de eso no cabe duda; habla de ellos y de su sabiduría en sus textos. Tuvo al menos tres, Fifi Bigotesgrises y la incansable Miss Ku, que le acompañaron cuando se trasladó a Canadá, y allí apareció Cleopatra, Cleo para los amigos. Ignoramos si también era siamesa.

Pero quizá deberíamos explicar quién fue el lama Tuesday (Martes) Lobsang Rampa, un hombre que se hizo famoso a finales de los años cincuenta por haber escrito “El tercer ojo”, una autobiografía. Al principio, ninguna editorial quiso publicar el libro, pero Secker and Warburg se arriesgó contra el criterio de varios expertos que habían expresado dudas sobre la autenticidad del manuscrito.

El tercer ojo

El libro se convirtió en un superventas a pesar de que muchos lo calificaron de fraude, lo que quizá sea una exageración. Es verdad que el lama Lobsang Rampa no era tibetano, ni siquiera hablaba tibetano. Probablemente no hablara más que inglés.

Edición francesa

En realidad se llamaba Cyril Henry Hoskin, había nacido en Plympton, condado de Devon, el 8 de abril de 1910, y ejercía de fontanero. Ahora bien, debió de ser todo un personaje. ¿Cómo se le ocurrió hacerse pasar por lama? El Tíbet ya era conocido en Europa gracias a los libros “Siete años en el Tíbet” (1952) y “Lhasa perdida” (1953), en los que el montañista Heinrich Harrer habla de sus aventuras vividas entre 1944 y 1951. También había otros escritos, pero no estaban al alcance de todo el mundo.

Edición portuguesa

De hecho, Harrer fue uno de los mayores detractores de Lobsang Rampa, que acabó reconociendo que no había nacido en el Tíbet, pero que su cuerpo estaba habitado por el lama de este nombre debido a la transmigración de las almas. Siempre mantuvo que aceptó de buen grado esta “ocupación” al no estar satisfecho con su vida anterior.

Edición rusa

Aunque nadie quiso apoyarle directamente, el mismo Dalai Lama reconoció que había hecho mucho en defensa del Tíbet y en dar a conocer el país. Tuvo cientos de miles de seguidores y llegó a escribir dieciocho libros, entre ellos las memorias de Fifi Bigotesgrises, publicadas en 1964.

Para entonces, el lama, su mujer San Ra’ab, su secretaria Sheelag Rouse (conocida por todos como “Buttercup” y a la que consideraba su hija), Fifi y Miss Ku se habían mudado a Canadá para huir de las crecientes acusaciones de charlatanismo aparecidas en la prensa británica. Falleció en Calgary el 25 de enero de 1981, a los 70 años.

Lobsang Rampa

En las numerosas mudanzas de la familia en Canadá, el lama publicó un anuncio en un periódico cuando buscaba casa. Decía así: “Se busca, por autor y familia, piso o casa amueblada o sin amueblar. Preferentemente cerca del mar. Contrato de un año para empezar. Familia compuesta por tres adultos y dos gatas siamesas (muy civilizadas)”.

La ciudad de Kémerovo, en Siberia occidental, dedicó un monumento a Lobsang Rampa y a la maravillosa Fifi Bigotesgrises.

Kémerovo (Rusia)


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Los gatos sorprendentes del pintor alemán Michael Sowa

Gato gordo

Existe un mundo donde los gatos vuelven a casa con la pata en cabestrillo, fuman con perros y polluelos, los cerdos nadan en platos de sopa o vuelan, los conejos llevan impermeable y hacen de las suyas, las gallinas de guinea se adornan con collares de perlas y las jirafas pasean en barco por tranquilos lagos.

Cuestión de suerte
Los callejeros

Es el mundo del pintor e ilustrador Michael Sowa. Sus obras surrealistas pueden divertirnos y hacernos sonreír, pero a veces son inquietantes, extrañas, incluso incómodas. Sin embargo, también realiza encantadoras ilustraciones para algunos de los libros infantiles de Axel Hacke. En español se ha publicado uno, “El pequeño rey Diciembre”.

Febrero

Entre los múltiples animales que pinta hay gatos, enormes conejos, osos que siguen a niñas como perros, perros amigos de gatos, aves de todo tipo, reales o no. Es posible que sus cuadros de gatos sean los más intranquilizantes, como “La tarea del gato”.

La tarea del gato

Michael Sowa tiene un gato o, al menos, se hizo una fotografía con uno precioso  – quizá sea gata – blanco y negro en lo que parece su taller.

Michael Sowa con gato
Remolinos en el salón

Además de ilustrar libros infantiles, participó en la maravillosa película de animación “Wallace y Gromit, la maldición de las verduras”, dirigida por Steve Box y Nick Park. El artista reconoce que se alegró mucho cuando Nick Park le pidió que formara parte del equipo de efectos visuales porque siempre ha sido fan del trabajo del estudio Aardman.

Gato y Gallina de guinea con collar

También participó en la muy exitosa “Amélie”, del francés Jean-Pierre Jeunet, para la que realizó dos cuadros que aparecen colgados en la cabecera de la cama de Amélie (“Gallina de guinea con collar” y “Perro con collar isabelino”), así como el cerdito lámpara en la mesita de noche. En un momento de la película, los dos cuadros y la lámpara dialogan sobre el enamoramiento reciente de la protagonista. Además, como puede verse en la foto, el gato de Amélie dormía con ella.

Numerosos periódicos y revistas, como Die Zeit o New Yorker, le han encargado dibujos. Contribuye regularmente a las publicaciones de la revista satírica alemana Titanic. Tiene en su haber varias portadas de discos, entre otras la del álbum de 1994 “Miaow”, del grupo The Beautiful South. A pesar de titularse “Miaow” (Miau), la portada no incluye a ningún gato, sino a perros.

La primera portada se inspiró en la famosa foto de HMV, la empresa “La voz de su amo”, pero obligaron al grupo a cambiar la portada por “burlarse del perro terrier de la marca registrada”. Fue necesario sustituirla con una segunda portada, la de cuatro perros en un bote, también del pintor.

Michael Sowa nació en 1945 en Berlín y estudió durante siete años en la Universidad de las Bellas Artes de esa ciudad, la mayor de Europa y una de las más prestigiosas. Trabajó brevemente como profesor de arte antes de dedicarse totalmente a la pintura y a la ilustración. En 1996 publicó “Sowa’s Ark: An Enchanted Bestiary” (El arca de Sowa: Un bestiario mágico), con 50 cuadros, cuya segunda edición, en 2006, corrió a cargo de Image Connection en Estados Unidos.

Gatos de noche

En 1995 fue galardonado con el Premio Olaf-Gulbransson y en 2004 con el Premio Libro de Berlín en la categoría de Libro Infantil por las ilustraciones de “El príncipe Tamino”. En 2020 recibió el Premio E.O. Plauen. Expone de forma habitual en Japón.

La manicura

Michael Sowa dice que empezó dibujando paisajes un poco a modo de telones de fondo, pero que no tardó en comprender que necesitaba inyectarles vida. Los animales aparecieron naturalmente, como si fueran los habitantes idóneos para los escenarios. Luego, bastante más tarde, llegaron los seres humanos.

Leyendo con gato

Según el escritor Axel Hacke, es el artista perfecto para ilustrar sus libros. Michael Sowa explica que debido al humor de Hacke, no le cuesta encontrar escenas pictóricas para las historias y que, además, el escritor no le obliga a ceñirse totalmente al texto, puede “añadir cositas en las esquinas”.

Los días que pasé con Dios

Sin embargo, Michael Sowa tiene fama de retrasarse siempre a la hora de entregar las ilustraciones, como si le costara desprenderse de su obra. El artista se defiende; no se trata de querer quedarse con los dibujos, sino de un afán perfeccionista y de que tal vez el resultado no encaje exactamente con lo imaginado. Recuerda que en una ocasión, ilustrando el “El pequeño rey Diciembre”, la editorial Kuntsman mandó a alguien a su estudio a estar con él toda la noche para asegurarse de que las ilustraciones estarían listas al día siguiente.

Gatos heridos

Otra característica del artista es volver a pintar encima de un cuadro terminado. Es el caso del cuadro de una jirafa jugando a la pelota en un lago, que tristemente ya no existe porque pintó otra cosa encima. Según él, no lo piensa de antemano, sencillamente empieza a cambiar una “esquinita”, y antes de que se dé cuenta, el cuadro anterior ha desaparecido. También añade que en la gran mayoría de casos no se pierde nada.

Melancolía de una noche de verano
Los medios

Para acabar, incluimos dos cuadros que no tienen nada que ver con gatos, pero nos parecen muy graciosos. Se trata de unas patatas andando con gran decisión por la calle y de cuatro ovejas blancas con ordenadores y una negra ante un televisor.


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Los gatos llenos de humor de Ms. Cat

Mercado de hierba gatera

Hace ya bastante tiempo encontramos por casualidad un dibujo de Ms. Cat, no recordamos cuál. Nos pareció divertido, diferente y empezamos a buscar para dedicarle una entrada. Había más viñetas, aunque no tantas como hubiéramos querido, pero nos resultaba imposible obtener información sobre la autora. Hasta ayer, cuando tampoco sabemos muy bien cómo, nos enteramos de que era taiwanesa.

Bar de copas
Gatos

A partir de ahí descubrimos algunos artículo en chino, que a su vez nos llevaron a otro publicado por la editorial “Books from Taiwan”, encargada de traducir al inglés su último libro, “Cats of the Floating World” (Gatos del mundo flotante), además de vender los derechos a Corea y a Vietnam.

Comida en familia
Helados

Aun así, no hemos podido reunir mucha información sobre la autora, ni siquiera sabemos su verdadero nombre, solo el seudónimo con que firma sus libros, Ms. Cat. Al parecer es famosa en Taiwán, ha sido premiada en varias ocasiones, publica viñetas regularmente en periódicos y revistas, y tiene otros libros en su haber, entre ellos “Behind Your Cat’s Back” (A escondidas del gato) o “Kitty Instruction Manual” (Manual de instrucción del gato).

El baño público
La siesta

Algunos de sus dibujos son recuerdos de infancia, como “Retrato de familia”, una viñeta perteneciente a “Taiwan Cat Days” (Días de gatos taiwaneses) en la que todos los animales que conoció están sentados delante del “sanhueyan”, la casa de campo de triple patio donde vivió de pequeña.

Retrato de familia
Mercado de pescado vivo

Reconoce que es uno de sus dibujos preferidos y recuerda los nombres de los gatos con los que creció: Ami, Xiao A Mi, Xiao Mi, Xiao Mi Mi, Xiao Hei, Xiao Hua… Según Ms. Cat, nombres no muy inspiradores, pero muy propios de la zona donde vivía.

El emperador Ami
Limpieza

También está el día de la limpieza a fondo que se hace en cada casa antes de Año Nuevo y para lo que se moviliza a toda la familia, otro dibujo procedente de la misma colección.

Limpieza
La manicura

Siguiendo con este cómic, incluimos la fachada del cine Miaoguo, donde vio su primera película acompañada de su abuelo y que cerró sus puertas hace tiempo, pero que no ha olvidado. O el espectáculo de marionetas Amao, que adoraba cuando era niña mientas comía un helado. Según ella, siempre que los gatos pueblen los recuerdos, estos vivirán para siempre.

Cine Miaoguo
Marionetas chinas Amao

Ms. Cat, que se autodenomina una “esclava de los gatos”, erradica en la mayoría de los casos a los seres humanos de sus dibujos y los sustituye por gatos haciendo cosas de humanos al estilo de los gatos. Son dibujos divertidos, a veces irónicos y llenos de humor.

Bar de sushi
La oficina

Empezó a dibujar un diario gatuno en 2009. Entonces, el rey de la casa era un gato llamado Ami, seguro de sí mismo, arrogante, convencido de su importancia. Realizó una serie de dibujos titulados “El emperador y el pequeño eunuco” que acabó siendo publicada con el nombre de “A escondidas del gato”.

Fuente caliente

Después de publicar el primer libro, no tardaron en invitarla a crear una columna en un periódico de Taiwán, al que siguieron otros dos. Sus viñetas se poblaron de otros personajes. Además del gato Ami, que ya tenía 24 años, apareció el perro Xiao Hei, un empedernido glotón. Los lectores empezaron a conocer a Ms. Cat.

Comida en chiringuito callejero

Se quedó muy sorprendida cuando un día alguien le escribió diciendo: “Estoy pasando por un momento de grandes cambios y grandes tristezas, pero cuando veo los dibujos de Ms. Cat, me siento mejor, más alegre”.

Los gatos sueñan con cajas

Su última creación, “Los gatos del mundo flotante”, es una descripción de la vida felina durante las cuatro estaciones en el estilo de los famosos ukiyo, los grabados japoneses en madera que se hicieron muy famosos en Occidente en el siglo XIX. Vemos a gatos viviendo, trabajando, aprendiendo, comiendo, jugando…

Sopa de pescado a medianoche

El libro está dedicado a Ami, que decidió irse de este mundo a los 25 años. Ms. Cat espera que este libro permita a las personas que no tienen contacto con gatos abrirse a conocerlos y a enamorarse de ellos. Bueno, no solo de los gatos, de todos los animales y organismos que conviven con los seres humanos.

Admirando la nieve

También quiere hacernos entender que “la vida es como un gato; mientras exista la curiosidad, se puede pasar bien y siempre habrá sitio para la sorpresa”.

Curiosidad

Acabaremos esta entrada con tres viñetas de su última publicación y los poemas que acompañan a cada una. Tristemente, es la traducción de una traducción, por lo que se pierde mucho.

Primavera

El primero es “Frutas Minino” y dice así:

Todos los gatos quieren trabajar en Frutas Minino,

incluso lo harán gratis.

Se presentan e intentan impresionar al jefe,

y todo porque quieren dormir en las cajas vacías.

Cerezas, mangos, sandías, pequeñas, medianas y grandes.

Pero cuando están vacías, se llenan de gatos felices.

Cierran los ojos, mecidos por voces desgranando precios.

Frutas Mínimo

El segundo es “La biblioteca a oscuras”:

La biblioteca gatuna no sabe de día ni de noche,

unas pocas lámparas la alumbran.

Los gatos no necesitan mucha luz para leer,

les basta con dejar que las pupilas se ensanchen.

En veranos, algunos solo quieren escapar del calor

y no demuestran interés por los libros.

Pero los pasillos son perfectos para jugar al escondite.

Otros solo se preocupan por las gatitas,

están demasiado ocupados mirando y no abren el libro.

En cuanto al personal, apenas si hacen rondas,

también tienen demasiado calor

y prefieren dormitar entre las estanterías.

Biblioteca a oscuras

El tercero es “Departamento de pesca”:

Los gatos del departamento de pesca conocen los siete mares,

las corrientes y los cambios de temporada como la palma de su pata.

Y eso porque afecta a la cantidad de pescado que se venderá,

así como al índice de felicidad gatuna.

Cuando se acerca el fin del verano,

los expertos se reúnen para diseñar el mapa anual.

¿Dónde estará la pesca más abundante?

¿Dónde estarán los mejores bancos?

Salivan solo de pensarlo.

Departamento de pesca


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Los gatos soñadores de Jimmy Tsutomu Mirikitani

Hace menos de un año, en abril, publicamos una entrada sobre la pintora Miné Okubo (https://gatosyrespeto.org/2021/04/08/los-gatos-de-mine-okubo/), que fue encarcelada en 1942, a los 30 años, en un campo de internamiento para estadounidenses de ascendencia japonesa. Lo mismo le ocurrió a Jimmy Tsutomu Mirikitani cuando tenía 22 años.

Nació en Sacramento, California, el 15 de junio de 1920, pero cuatro años después, su familia regresó a Hiroshima, donde no tardó en mostrar un talento innato por el dibujo. A los 18 años volvió a Estados Unidos para evitar ser llamado a filas por el ejército japonés. El lema de Jimmy Mirikitani siempre fue “Soy pintor, no soldado”. Se trasladó a vivir a Seattle con su hermana mayor.

Jimmy Tsutomu Mirikitani y una gata

El 7 de diciembre de 1941, Japón bombardeó Pearl Harbor y a los dos meses, el 19 de febrero de 1942, el presidente Roosevelt firmó la Orden Ejecutiva 9066, permitiendo el encarcelamiento de todos los ciudadanos estadounidenses de origen japonés en campos totalmente aislados. Las autoridades separaron a Jimmy Mirikitani y a su hermana; tardarían más de 60 años en volver a verse.

Durante su encierro, la mayoría de la familia y amigos de infancia de Jimmy murió en el despiadado bombardeo atómico de Hiroshima. Durante esa horrible época, se le obligó a renunciar a la ciudadanía estadounidense y se convirtió en apátrida. Peor aún, cuando acabó la guerra, no se le liberó, fue enviado a Nueva Jersey con otras personas que habían renunciado a su ciudadanía y acabaron haciendo turnos nocturnos de doce horas en plantas de enlatado de verduras.

En 1945, el abogado Wayne Mortimer Collins, defensor de los derechos civiles, empezó a luchar para que estas personas no fueran deportadas y se les devolviera su nacionalidad. Tardó 23 años en conseguir que cientos de hombres y mujeres recuperaran la ciudadanía estadounidense. Jimmy Mirikitani estaba entre ellos. Pero se había ido a Nueva York en los años 50 y nunca recibió la carta del gobierno.

Al llegar a Nueva York, empezó a hacer dibujos de colores vibrantes con bolígrafos o lápices de colores y a venderlos en parques. Un profesor de arte le pilló durmiendo en la biblioteca de la Universidad de Columbia y le puso en contacto con la Iglesia Budista de Nueva York, que le ofreció cobijo.

Para sobrevivir, Jimmy trabajó en restaurantes de comida rápida. Incluso llegó a conocer al famoso pintor  Jackson Pollock. Fue el cocinero personal de un neoyorquino rico hasta que este falleció en los años ochenta y volvió a encontrarse en la calle. Cuando los años le impidieron seguir trabajando, no pidió ayuda porque estaba convencido de que era apátrida.

Se sentaba en la esquina de una calle del Soho de Nueva York y vendía sus cuadros a turistas y transeúntes. Nunca aceptó una limosna y siguió expresando su dolor, temores y tristeza a través de sus obras: las llamas de la bomba de Hiroshima, el campo de Tule donde le encerraron y gatos, gatos, gatos.

Gatos que, en muchos casos y a primera vista, parecen ser el mismo dibujo, pero los peces cambian, los gatos cambian, las plantas cambian… Jimmy decía que desde pequeño siempre le habían gustado los gatos.

Un buen día, la documentalista Linda Hattendorf pasó por su esquina y empezó a charlar con él. No tardó en descubrir que si llevaba una cámara, Jimmy era más propenso a hablar. Poco a poco nació la idea de hacer un documental sobre su vida, pero se derrumbaron las Torres Gemelas el 9-S de 2001. Unos días después, Linda volvió a la esquina y ahí estaba Jimmy, sentado como siempre entre sus cuadros, respirando polvo tóxico. Fue entonces cuando Linda tomó una decisión y le invitó a quedarse en su diminuto apartamento.

El documental “Los gatos de Mirikitani” (2006) se convirtió en el rodaje de un compañero de piso que nunca dejó de pintar y le contó su historia a retazos. El resultado fue galardonado con el Premio del Público en el Festival de Cine de Tribeca.

Pero la cineasta no se limitó a hacer un documental. Después de unir los trozos de vida que le contaba el pintor, indagó para ver qué pasaba con su nacionalidad. Consiguió varios documentos oficiales entre los que se encontraba la carta – nunca entregada – indicando que no había perdido la ciudadanía estadounidense. A partir de este momento fue fácil obtener ayudas sociales.

También descubrió que era primo de la conocida poeta californiana Janice Mirikitani. Localizó a su hermana, a la que no había visto desde que ambos habían sido encarcelados en 1942, y organizó un viaje a California en 2002 para que se reuniese con ella y con una pequeña comunidad de antiguos prisioneros. Incluso pudo volver a visitar el campo de internamiento de Tule.

Linda dio a conocer la obra de Jimmy Tsutomu Mirikitani. Después del estreno del documental, tuvo su primera exposición individual en el Museo Asiático Wing Luke de Seattle, a la que siguieron otras en la Universidad de Nueva York, en la Universidad del Norte de Texas, en el Nikkei Portland Legacy Center de Portland y más. En 2010 sus obras pudieron verse en la Galería Renwick del Smithsonian, y en 2011, en el Museo Nacional Japonés Canadiense.

Jimmy Tsutomu Mirikitani

Sus dibujos ilustran un libro infantil titulado “The Cat who Chose to Dream” (El gato que escogió soñar), de Loriene Honda, con prólogo del actor George Takei, el Sr. Sulu de la serie “Star Trek”, al que también le gustan los gatos.

El libro empieza así: “Jimmy el Gato se despertó una mañana convencido de que unos copos de nieve le caían suavemente en la cara, como si las esperanzas y los sueños bailasen en su nariz”. Pero Jimmy se despierta y recuerda dónde está: en un campo de internamiento para japoneses. Su familia le había colado a pesar de las prohibiciones.

Jimmy, para sobrevivir a las duras condiciones, para superar la tristeza, crea en su cabeza un lugar mágico solo para él, donde puede sentirse seguro de nuevo. Sueña con un templo budista; se siente valiente como un tigre de las nieves; se imagina como un dragón capaz de defender a su familia; siente el sol calentar su lomo… Jimmy escogió soñar para sobrevivir.

Jimmy Tsutomu Mirikitani autorizó a la editorial a usar sus dibujos, pero jamás llegó a ver el libro terminado porque falleció a los 92 años, el 21 de octubre de 2012, dos años antes de la publicación del gato que escogió soñar.


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Gatos, el ajedrecista Alexander Alekhine y otros

Alekhine y Chess

Alexander Alexándrovich Alekhine, nacido el 19 de octubre de 1892 en Moscú, fue campeón mundial de ajedrez desde 1927 a 1935 y desde 1937 hasta su muerte en 1946. Fue el cuarto ajedrecista campeón del mundo, el primero en reconquistar el título y el único que falleció poseyéndolo.

Dominó ampliamente el mundo del ajedrez en los años 30 del siglo pasado, ganando todas las competiciones (campeonatos del mundo, juegos olímpicos y torneos) en las que participó entre 1929 y 1934, con excepción del torneo de Hastings (1933-34), donde acabó segundo.

Pero también era famoso por su gato siamés llamado Chess (Ajedrez). Cuenta la leyenda que al cruzar la frontera de Polonia en tren camino de un torneo, se negó a presentar su pasaporte, diciendo: “Soy Alexander Alekhine, campeón mundial de ajedrez, y este es mi gato Chess, no necesito más identificación”. Ignoramos si le dejaron pasar o si la anécdota es real.

Sea como fuere, el matrimonio Alekhine viajaba a todas partes con su gato o gatos. En una foto realizada en 1935 en Holanda durante el torneo que enfrentó a Alexander Alekhine y a Max Euwe (que le venció, arrebatándole el título de campeón del mundo), se ve a dos siameses de nombre Shamat y Lobeidah con un tablero de ajedrez, los gatos de la familia Alekhine.

Alexander Alekhine se casó en cuartas nupcias con Grace Norton Wishaar (cuyo apellido suele escribirse Wishart por error), nacida en Nueva Jersey el 26 de octubre de 1876 – tenía 16 años más que Alekhine –, naturalizada británica, artista, campeona de ajedrez y que ya había tenido cuatro maridos.

Grace Wishaar con las esposas de Kmoch y Flohr en Holanda

Después de ganar un pequeño torneo en Tokio, se enfrentó a Alekhine en una exhibición simultánea en esa ciudad y ganó un libro escrito por el gran maestro. La relación entre ambos empezó cuando le pidió que se lo dedicara. Se casaron el 26 de marzo de 1934 en Villefranche-sur-Mer, no lejos de Niza. Grace era la propietaria de un magnífico castillo, La Chatellerie, no lejos de Dieppe, en Normandía.

Holanda, 1935

Hacemos hincapié en la fecha de su matrimonio porque tenemos la impresión de que todas las fotos de Alekhine con el famoso gato Chess fueron tomadas más o menos en la misma época, es decir entre 1934 y 1940, o sea después de casarse con Grace. Es muy probable que ella tuviera siameses con pedigrí cuando se conocieron. Había vivido en Inglaterra, país en el que siempre gozaron de predilección desde que fueron introducidos en el siglo XIX.

Si nos fijamos en las fotos de Holanda (1935), uno de los gatos siameses tiene una marca negra en la cara más extendida que el otro. En una foto de Alekhine tomada con ambos gatos, casi podríamos afirmar que sostiene a un macho con el brazo derecho y a una hembra con el izquierdo.

Alekhine y Marcel Duchamp

En fotos algo posteriores, el jugador de ajedrez parece haber ganado peso y el gato que le acompaña puede ser el macho. Alekhine tal vez se cansara de llamarle Shamat y decidió que Chess era más sencillo y apropiado. Lo que está muy claro por las fotos es que quería a sus gatos y eran sus compañeros.

Alexander Alekhine pidió la nacionalidad francesa en 1924, pero no se le concedió hasta el 10 de agosto de 1927. El matrimonio residía en Francia, entre París y el castillo de Normandía, pero viajaban muchísimo y al menos uno de los gatos les acompañó al torneo de Sofía, Bulgaria, en 1936, como lo prueban estas fotos. Casi nos inclinaríamos por creer que no es Shamat/Chess en los brazos de Grace asomada a la ventana del tren, sino Lobeidah.

Llegada a Sofía, 1936

La muerte de Alexander Alekhine está rodeada de misterio. Se encontraba en Buenos Aires en 1939 cuando empezó la II Guerra Mundial. Consiguió regresar a Francia en febrero de 1940 y se ofreció como traductor en el ejército francés, pero al entrar los alemanes en Francia, el ejército dejó de existir. Obtuvo un permiso para irse a España en marzo de 1941 con la esperanza de salir hacia Brasil o Nueva York para jugar contra el cubano Capablanca, al que había arrebatado el título de campeón unos años antes.

Recibimiento en Sofía, 1936

Su esposa se quedó en Francia en un intento de salvar los bienes de ambos. Al parecer, para conseguir el permiso de viaje y proteger a su esposa, Alekhine escribió varios artículos en torno al ajedrez publicados en el Pariser Zeitung, el diario alemán de la ocupación, además de participar en torneos en la Europa ocupada.

Al final de la guerra fue acusado de colaboracionismo con los nazis. No negó haber escrito dichos artículos, pero se defendió diciendo que habían sido manipulados y que nunca dijo que “el ajedrez ario era agresivo y no defensivo, un concepto ajedrecista semita”. De pronto, varios grandes ajedrecistas rehusaron participar en torneos con Alekhine.

Sin haber podido regresar a Francia, el 28 de noviembre de 1945 se enteró de que no podría participar en el torneo de Londres por la protesta de Reuben Fine y Max Euwe. Alekhine contestó por escrito, lamentando no poder defenderse en persona. A finales de diciembre participó en un torneo en Cáceres, España, y desde allí fue a Estoril para disputar otro torneo contra Francisco Lupi.

Se hospedó en un pequeño hotel de Estoril y apareció en público por última vez el 9 de marzo de 1946 en una partida simultánea en Lisboa. A principios de ese mes había recibido la oferta de Mijaíl Botvínnik para organizar un campeonato mundial. El 23 de marzo, la víspera de su muerte, la federación inglesa había aceptado patrocinar dicho campeonato.

Fue hallado muerto en su habitación delante de una cena sin tocar. El fallecimiento se achacó primero a un infarto y luego, después de la autopsia, a un atragantamiento con un trozo de carne. También se dice que fue encontrado muerto delante del hotel y otras cosas… En 1956, sus cenizas fueron trasladadas al cementerio de Montparnasse, en París, donde Grace Wishaar se reunió con él a su muerte el 21 de febrero de 1956.

Grace en 1935

No fue el único gran ajedrecista al que acompañaba un gato. Mencionaremos brevemente a Vasili Vasílievich Smyslov, nacido en 24 de marzo de 1921 y fallecido el 27 de marzo de 2010, campeón del mundo de 1957 a 1958, que luchó por el título en ocho ocasiones y poseía diecisiete medallas olímpicas. Tenía una magnífica gata llamada Belka. Además de jugar al ajedrez, era un muy buen barítono.

Smyslov y Belka
Smyslov y Belka

También está Kirsán Iliumzhínov, nacido en Elistá el 5 de abril de 1962, ajedrecista, militar, político, multimillonario, expresidente de la República de Kalmukia, Rusia, y presidente de la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez) desde 1995 a 2018, que decidió felicitar a todos los ajedrecistas un 8 de agosto (no sabemos de qué año), día internacional del gato.

Kirsán Iliumzhínov

Para terminar, añadiremos que existen muchos juegos de ajedrez con las piezas en forma de gatos y perros.


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El gato korat y el Tamra Maew

El korat, también llamado Mallet o Si sawat, es un gato doméstico de pelo corto gris azulado, de tamaño mediano, más bien musculoso y con muy poca grasa. Sus rasgos más característicos son la cabeza en forma de corazón, grandes ojos verdes y patas delanteras algo más cortas que las traseras.

Es una raza totalmente natural, considerada una de las más estables y más antiguas, cuya apariencia no ha cambiado con el paso de los siglos. Originaria de Phimei, en Tailandia, su nombre occidental proviene de la provincia donde surgió, Nakhon Ratchasima, a la que los tailandeses suelen llamar “korat” familiarmente. En Tailandia se les conoce como Si sawat en referencia a su magnífico pelaje y el color de sus ojos.

El korat es el gato de la buena suerte y, tradicionalmente, se entregaba una pareja a los recién casados. Hasta hace muy pocos años no se vendían, solo se regalaban.

Yani y Chalama (años 60)

En 1995, Tailandia emitió un sello dedicado al korat. Dos años después, Cuba y Tuvalu siguieron su ejemplo; en 1999, la República del Congo, y en 2017, Yibuti, en África Oriental. Varios países más han hecho lo propio posteriormente.

Sello Tailandia

Los primeros korat llegaron a Gran Bretaña entre 1889 y 1896 bajo la denominación de “siameses azules”, pero tienen poco que ver con estos y fueron descalificados en los primeros concursos de gatos. En 1901 ya habían desaparecido. Reaparecieron en Estados Unidos a principios de los años cincuenta del siglo pasado y fueron aceptados como tal gracias a los esfuerzos de un criador de Maryland en 1966.

Es probable que se hiciera alusión por primera vez a esta antigua raza en el Tamra Maew (Tratado de los gatos o Libro de poemas de los gatos), que puede remontar al año 1350 y del que se encuentra un ejemplar más reciente en la Biblioteca Nacional de Tailandia.

Tamra Maew (Libro de poemas de los gatos)

Este tratado es un manuscrito del tipo “samut khoi” del periodo Ayutthaya (1350-1767), aunque la mayoría de ejemplares datan del siglo XIX. Contiene ilustraciones de diversos tipos de gatos y es probable que sirviera para marcar los estándares de las razas.

El manuscrito consiste en una larga tira de papel plegada en acordeón que se lee verticalmente. Suele incluir diecisiete razas propicias, además de otras seis consideradas portadoras de mala suerte. Las ilustraciones que describen a los gatos van acompañadas por descripciones versificadas en alfabeto tailandés, ya que el alfabeto khom se reservaba para manuscritos religiosos.

Los versos introductorios dicen así: “Me inclino ante vos con cabeza y manos, mas en vez de utilizar flores, incienso y velas doradas, / para vos describiré las formas de los gatos tal como se hizo en mitos y leyendas. / Todos los gatos fueron creados por dos eremitas: Ka-La-I-Ko-Te creó los que traen buena suerte…”

En los versos, breves y concisos, se describen los principales rasgos físicos de los gatos y los efectos (beneficiosos o negativos) que pueden aportar a su dueño. Algunos traían prosperidad y salud, mientras que otros, mala fortuna. Estos últimos seguían existiendo, pero suponemos que se evitaba tenerlos en casa.

Los tratados felinos eran comunes en toda Asia sudoriental, y muy especialmente en Siam, país donde algunos animales tenían un papel importante en la corte imperial y en los monasterios budistas. Los primeros eran los elefantes albinos, seguidos por los caballos y los gatos.

Algunos Tamra Maew incluyen hasta veintidós razas de gatos propicias. La lista siempre va encabezada por el ninlarat, el gato negro por excelencia, cuyos versos dicen así: “Un gato de raza negra tiene el cuerpo negro, los dientes, ojos, garras y lengua; todo es negro. / Su rabo es tan largo que le toca la cabeza”.

Después llegaba el wilat (belleza), de cuerpo negro y ojos verdes, seguido por el suphalak, de color cobre, renombrado por espantar el mal y que todavía existe hoy en día. El kao taern (nueve puntos) de manto blanco tenía nueve manchas circulares negras, y el ratanakamphol (ropa engalanada), también era blanco con un cinturón negro. Y así sucesivamente.

Pero la magia de los gatos de Siam inició su declive a mediados del siglo XIX cuando los británicos empezaron a llevarse a los sagrados animales a Inglaterra para criarlos y venderlos como “objetos” de lujo.

Durante cientos de años se creyó que el impresionante color azul plateado representaba la abundancia. Los brillantes ojos verdes son del color del grano de arroz aún sin madurar y simbolizaban una cosecha abundante. Como hemos dicho al principio, se regalaba una pareja a los recién casados para propiciar un buen y feliz matrimonio.

También existen korat de color lila en Tailandia, pero los criadores europeos los menosprecian en comparación a sus hermanos de manto azul. Sin embargo, en el antiguo reino de Siam ambos eran muy apreciados.

Curiosamente, el peculiar y único tono verde de sus ojos puede tardar hasta cuatro años en desarrollarse del todo. Los ojos de los gatitos son de color ámbar. También son conocidos por poseer un sentido del olfato, de la vista y del oído aún más desarrollados de lo habitual en un gato.

Gato korat y gato siamés

Son observadores, curiosos, siempre dispuestos a participar en lo que está ocurriendo y a investigarlo todo. Y como muchos otros gatos, no se echan atrás cuando se trata de ser el centro de la atención.


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Los gatos pop de Sebastiano Ranchetti

“Cuando miro a los ojos de un animal, no me siento superior, me siento vivo, como parte de la naturaleza”. Son palabras de Sebastiano Ranchetti, pintor, dibujante e ilustrador. Recientemente ha cumplido 60 años, y como agradecimiento a todas las personas que le han felicitado, ha publicado en las redes el dibujo de una gata naranja con el siguiente mensaje: “Gracias a todos por las felicitaciones. He cumplido sesenta años y tengo la sensación de haber empezado a vivir hace muy poco. Lo que me queda será difícil, pero maravilloso”.

Los gatos del artista nos miran de reojo, los hay de todos los colores (nunca mejor dicho), de todos los tamaños y edades, algunos bostezan, duermen o se estiran, no temen observarnos, otros parecen tímidos o altaneros, pero todos son bonitos, divertidos y muy positivos.

Uno que nos gusta especialmente lleva el título de “Gato gordo” con el subtítulo “y feliz de serlo”. Reconocemos sentir cierta debilidad por los gatos gordos. Sebastiano Ranchetti explica que ya desde muy pequeño le gustaba dibujar, y que cuando tenía unos diez años hacía paisajes muy detallados, centrándose en los árboles y sus hojas.

En otra entrevista dice: “Siempre me han inspirado los animales y la naturaleza, prefiero expresarme a través de dibujos sencillos y de colores felices. Mi deseo es comunicar esta sensación a los otros seres humanos”. También pinta cuadros de perros y otros animales, pájaros, perros, iguanas, cangrejos… Pero sobre todo abundan los gatos.

Cada año crea un catálogo dedicado a los gatos para que estos nos acompañen cada día. Hijo de padre italiano y madre inglesa que adoraba a los animales, creció rodeado de gatos y perros. Sin embargo, no tuvo un gato realmente suyo hasta hace 12 años (desconocemos la fecha de la entrevista), cuando Tina entró en su vida. “En principio debía ser la gata de mis hijas, pero me escogió a mí y llevamos juntos desde entonces”.

Intuimos que Tina es esta preciosa gata carey fotografiada en 2018. Hay otra foto del artista con un gato atigrado en los hombros, pero creemos que es anterior.

Sebastiano Ranchetti

Sebastiano Ranchetti nació en Milán en 1961 y estudió Bellas Artes en esta ciudad. Se trasladó a Londres para seguir estudiando, y posteriormente a Wuppertal, Alemania, a principios de los años ochenta. Allí trabajó como ilustrador y director artístico antes de regresar a Italia e instalarse en Florencia.

En 2004 creó su primera obra como autor e ilustrador, una serie compuesta por cuatro libros titulados “Piensa en color”, cada uno dedicado a un color, azul, verde, amarillo y rojo. Estos libros sin texto juegan con formas naturales, aparecen animales, se vuelven abstractos y acaban transformándose en criaturas nuevas e inesperadas.

A continuación hizo dos series de varios libros dirigidas a lectores jóvenes. La primera, titulada “Conoce a los animales”, los presenta en su entorno, la selva, el mar, el Ártico… Después llegó “Aprende con los animales”, para mostrar sus colores, sus formas… Los libros se han publicado en Italia, Francia, México, Corea y Estados Unidos.

Actualmente vive en una granja cerca de Florencia. Y cuando decimos granja, nos referimos a una granja de verdad, con gente trabajando y muchos animales, además de los que conviven con la familia. Está casado con la diseñadora gráfica Laura Ottina, y tienen tres hijas, Michelle, Alice y Julia, la gata Tina y la perra Emma.

 Sus obras han sido publicadas en numerosas revistas y expone regularmente en galerías de Florencia y Milán. Con su esposa Laura fundó el estudio Popdesign y aceptan encargos de retratos de animales. La gata Tina y la perra Emma le sirven a menudo de modelos.

“Me encanta crear en solitario, pero disfruto mucho trabajando con mi mujer. Ella me ayuda con nuestra empresa y a organizarlo todo. A menudo trabajamos juntos en algunos proyectos; por ejemplo, libros infantiles y también algunos encargos de diseño gráfico”.

La información acerca de Sebastiano Ranchetti no abunda en Internet. Una biografía corta, alguna entrevista breve y poco más. Encontramos una larga entrevista (14 minutos) en YouTube, pero está en italiano y nuestros conocimientos del idioma son muy limitados. Incluimos aquí el enlace por si puede interesar a alguien. https://www.youtube.com/watch?v=fiB968ZlWbk.

Eso sí, a partir del minuto 6:28 hasta el final, al artista le acompaña un magnífico gato atigrado, el mismo de la foto anterior. Un gato muy cariñoso, un poco pesado, pero un gato genial.


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El gato Gilderoy y el loro Dudley

El libro “Dudley and Gilderoy, A Nonsense by Algernon Blackwood”, que traducido sería algo así como “Dudley y Gilderoy, un disparate por Algernon Blackwood”, fue publicado en 1929.

El autor es conocido sobre todo por sus cuentos cortos y libros en torno a lo sobrenatural. Que sepamos, solo escribió un “disparate” y no tiene nada de cuento, ya que ocupa doscientas veintinueve páginas. Algernon Blackwood nació el 14 de marzo de 1869 en lo que ahora es Londres, pero en esa época todavía era el noroeste del condado de Kent. Después de leer el libro de un sabio hinduista que alguien olvidó en casa de sus padres, se interesó por el budismo y otras religiones orientales.

Algernon Blackwood

Emigró a Canadá, donde trabajó de granjero y encargado de un hotel, antes de trasladarse a Nueva York para ser periodista del New York Times, camarero e incluso profesor de violín. De vuelta al Reino Unido. a punto de cumplir los cuarenta, empezó a escribir historias sobrenaturales con éxito. Publicó diez colecciones de cuentos que también narraba en la radio. Tiene en su haber catorce novelas, dos libros infantiles y varias obras teatrales que se representaron, pero nunca se publicaron.

Era un gran amante de la naturaleza y le gustaba mucho escalar. Para satisfacer su interés por lo sobrenatural, se unió a “The Ghost Club” (que aún existe) y a una de las ramas de la Orden Hermética de la Aurora Dorada. Falleció el 19 de diciembre de 1951 y fue incinerado. Unas semanas después, su sobrino llevó las cenizas a Saanenmöser, en los Alpes Suizos, para dispersarlas en las montañas a las que amó durante cuarenta años.

Además de ser un gran escritor, Algernon Blackwood debía de tener un enorme sentido del humor. La historia de la gran amistad que unió a Dudley, un loro gris de alta alcurnia y de muchos años, y a Gilderoy, un gato anaranjado superviviente de numerosas batallas, como lo demuestran sus orejas desgarradas y un ojo a medio cerrar que le da un cierto aire de pirata, está descrita con humor y gran ternura.

Cada capítulo va encabezado por una cita acerca de los gatos o los loros, y en algunas páginas hay pequeños dibujos de ambos amigos realizados por el autor. Dudley es un loro algo pretencioso, muy inteligente, convencido de su belleza e importancia; Gilderoy no es nada atractivo, pero también es inteligente y paciente con su amigo. Nunca discuten porque ambos son lo bastante prudentes como para cambiar de tema en cuanto surge un desacuerdo.

Gilderoy y Dudley viven en una mansión de estilo isabelino en Kent rodeada de césped y jardines. Son bien tratados, alimentados y queridos, pero una mañana de marzo que casi podría parecer mayo, deciden tener una gran aventura. Gilderoy abre la jaula de Dudley a las cinco de la mañana y se escapan. Para ir más deprisa, Dudley viaja en la espalda de Gilderoy.

Llegan a la estación y se cuelan en el tren que va a Londres. Allí consiguen meterse en el taxi de una señora de cierta edad y entrar en su casa, cada uno a su manera. Dudley se lanza de un salto al sombrero con plumas verdes, lo que casi le produce un infarto a la buena señora. Y Gilderoy simplemente pasa desapercibido siguiendo al portero, la señora, la criada y el loro.

Pasan unos días felices en el piso de la señora, una viuda algo tonta que vive por encima de sus posibilidades y a quien los criados engañan. Una noche, Gilderoy incluso hace visitar los tejados londinenses a su amigo, que no puede volar porque le cortaron las alas (horrible costumbre). Pero los dueños de la mansión de Kent ponen un anuncio en busca de Dudley (a Gilderoy nadie le busca) y el mayordomo llega para recogerlo.

En el tren de vuelta, Dudley piensa en su gran amigo Gilderoy, al que nunca volverá a ver. Pero se equivoca. La noche siguiente, Gilderoy aparece como por arte de magia en la “nursery” diurna donde dejan a Dudley en su magnífica jaula. Está sucio, negro, en un estado deplorable. Ninguno habla, solo se miran. El loro tarda unas horas en comprender que Gilderoy ha viajado entre el carbón de la locomotora, y de ahí la suciedad.

Al día siguiente, Gilderoy ya está limpio, como si nada hubiera ocurrido, pero Dudley no se siente bien. Durante toda su vida, Dudley ha sabido que debía realizar una obra, y de pronto lo entiende. En ese momento deja caer un pequeño huevo blanco, perfecto. Gilderoy, atónito, se da cuenta de que su amigo es una amiga.

Después de una breve convulsión, su amiga se tumba en la arena del suelo de la jaula, y Gilderoy, temblando, pasa la pata por los barrotes hasta tocarla. Dudley, en un susurro apenas audible, dice: “Gilderoy, querido, pásalo bien. Adiós, de momento”. Cierra los ojos, Gilderoy retira la pata. Maúlla, se frota contra la jaula, pero Dudley no reacciona.

Después de observar el huevo durante unos minutos, “se da media vuelta, sale de la habitación, de la casa y vuelve a ser lo que era antes del principio de la Gran Amistad, un gato libre, lejano, independiente, que pasea solo por el universo”. Así acaba una historia preciosa, escrita por un hombre al que debían gustarle mucho los gatos y los loros.

Algernon BLackwood (1951, foto de Norman Parkinson)

Para terminar, hablaremos del loro y del gato de sir Lindsay Harvey Hoyle, presidente de la Cámara de los Comunes desde el 4 de noviembre de 2019, que suele nombrar a sus animales por algún “titán” de la política británica. Boris es un loro gris que se irrita con facilidad y habla mucho, “por lo que encajaba bastante bien con el primer ministro Boris Johnson”.

Sir Lindsay Harvey Hoyle

Sin embargo, Patrick, un Maine Coon bastante pijo, le recuerda al “gran” conservador lord Patrick Cormack. Los dos acompañan habitualmente a Hoyle desde su casa de Chorley, Lancashire, hasta Londres. “No creo que Patrick me perdonara si no le llevase a Londres, y tampoco Boris. Están convencidos de que son londinenses natos”, dice.


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Baby, el gato guía de Carolyn Swanson

Una seguidora mexicana de Gatos y Respeto publicó hace unos días en su Facebook la foto de un gato “lazarillo” con su dueña, Carolyn Swanson. Nos quedamos sorprendidos y decidimos indagar más; los gatos guía no abundan y parece ser un caso único. Al menos que esté documentado.

En 1946, la Sra. Carolyn Swanson, residente en Hermosa Beach, California, salió en los titulares de varios periódicos locales gracias a Baby, su gato lazarillo, al que había entrenado para guiarla por la pequeña ciudad.

¿Por qué se inclinó la Sra. Swanson por un gato en vez del tradicional perro guía cuando perdió la vista en 1945? Una pequeña reseña publicada en un periódico de Los Ángeles dice: “La anciana Sra. Carolyn Swanson, que vive en una casita en el cercano pueblo de Hermosa, se quedó ciega hace un año. Al no tener perro, optó por entrenar a su gato como mejor alternativa. Baby, un persa de gran tamaño, la guía durante sus salidas diarias y la avisa del peligro en los cruces dándole con el rabo en las piernas”.

Pero parece ser que Baby hacía más que eso. Según un artículo publicado en The Redondo Reflex el 13 de diciembre de 1946, además de guiar a la Sra. Swanson tirando de la correa, anunciaba los cruces con un maullido y se detenía si venía un coche. Mientras hubiera coches, seguía golpeado la pierna de Carolyn con su espléndido rabo. Añadiremos que posiblemente la Sra. Swanson no estuviera ciega del todo, que pudiera ver sombras.

Si Baby fue capaz de hacerlo, ¿por qué no hay más gatos lazarillos? Una respuesta puede ser que los animales guía deben ser grandes, por eso la mayoría de perros utilizados para este fin son labradores, Golden Retrievers o pastores alemanes. En tres razas de gatos, los Maine Coon, los bosques de Noruega y los siberianos, hay especímenes que pueden alcanzar los diez kilos, pero no son los treinta de un labrador.

También está la idea de que no se puede entrenar a un gato. Ya se sabe, los gatos son independientes, hacen lo que quieren, no aprenden, etcétera. Bueno, quizá haga falta más paciencia, pero hay muchos ejemplos de gatos entrenados para hacer ciertas cosas. Numerosas personas enseñan a sus gatos a andar con correa, a viajar en coche sin pasarlo mal e incluso a hacer algún truco que otro.

Lo de gatos guía parece complicado, pero sí podrían ayudar a detectar bombas, por ejemplo. Aunque los perros tienen el olfato más desarrollado que los gatos, estos diferencian mucho mejor los olores. Se meten en sitios inverosímiles; ya se sabe, si cabe la cabeza, entra el resto del cuerpo. Podrían ser magníficos rescatadores en catástrofes naturales.

Prevalece la noción de que el gato sigue siendo medio salvaje. Quizá porque el perro fue domesticado hace treinta mil años, mientras que las pruebas arqueológicas sugieren que el gato se “autodomesticó” hace diez mil.

La universidad estatal de Oregon lleva unos pocos años demostrando que los gatos hacen cosas totalmente inesperadas. Krystin Vitale, una investigadora de esta universidad, dedicada al estudio de la mente felina, rescató a un gatito blanco y negro en una carretera. Carl – así se llama el gato – hace algo que dos años atrás se creía imposible en un gato.

La investigadora está sentada en el suelo en un laboratorio delante de dos cuencos, uno a la izquierda, otro a la derecha. Su ayudante se ocupa de distraer a Carl hasta que la Dra. Vitale le llama: “¡Carl!”, y señala uno de los boles con el dedo índice. Niños de muy corta edad pasan este test con facilidad. Entienden que si señalamos algo, deben mirarlo, pero los chimpancés, como la inmensa mayoría de animales, ignoran el gesto. Carl no lo duda, va directamente hacia el cuenco señalado. Hace 20 años se demostró que los perros también lo entienden, lo que revolucionó la investigación en comportamiento animal.

¿Por qué lo entienden los animales domesticados? ¿Por qué la convivencia con el ser humano les hace comprender otras cosas? Si es así, entonces también nosotros hemos debido aprender algo de ellos.

En otro experimento en la misma universidad, una gata tricolor llamada Lyla entra en el laboratorio con Clara, su dueña. En cuanto la deja en el suelo, Lyla se aplasta, aterrada, desconoce los olores y el espacio. Se oye una puerta cerrarse de golpe, se asusta aún más. Entonces Clara se va. Lyla empieza a dar vueltas sobre sí misma, presa del pánico y acaba arañando la puerta por donde Clara ha salido mallando sin cesar.

Al cabo de dos minutos, Clara regresa y se sienta en el suelo. Lyla corre hacia ella y se frota contra sus piernas y se cara mientras la acaricia. Ya más tranquila, se aleja para explorar. “Mucha gente dirá que esto demuestra que a la gata no le importa la dueña”, dice Krystin Vitale, “pero es todo lo contrario”. Explica que Lyla se siente cómoda y calmada porque Clara está cerca. Clara le aporta la suficiente seguridad para que pueda indagar en su nuevo entorno.

Cualquier persona que tenga o haya tenido gatos y se haya fijado un poco en ellos sabe que nos echan de menos cuando nos vamos de viaje, o incluso si nos ausentamos unas horas. Algunos nos castigan ignorándonos; otros, al contrario, no nos dejan deshacer la maleta de lo contentos que están. Solo alguien que no haya convivido con un gato puede tacharles de egoístas e indiferentes.