Gatos y Respeto

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Gatos de ojos rojos, de Iwao Akiyama

El pintor y grabador japonés Iwao Akiyama dedicó la mayoría de su obra a las lechuzas y a los gatos, además de representar a algún que otro animal y desnudos de mujeres. Su estilo deja entrever cierta ingenuidad y, en nuestra opinión, mucha alegría. Tanto los gatos como las lechuzas presentan un rasgo en común: los ojos rojos.

Nació el 21 de marzo de 1921 en un pueblecito de la prefectura de Oita y a los ocho años un monje budista le enseñó a dibujar. Empezó interesándose por un tipo de pintura con tinta llamado “suibokuga”. Hasta después de la II Guerra Mundial, cuando Japón empezó a notar la influencia cultural y artística de Estados Unidos y Europa, no se consagró en cuerpo y alma a la pintura.

En 1956, con 35 años, se licenció en la Escuela de Arte Taiheiyo, donde estudiaron numerosos artistas japoneses interesados en el arte occidental, pero no tardó en decantarse por el grabado en madera. Estudió con maestros grabadores como Shiko Munakata, desde 1959 hasta 1965, y también con Teijiro Fuse y Hanjiro Sakamoto.

Gato, de Shiko Munakata

Espero

Las obras de Iwao Akiyama se vieron por primera vez en la Exposición de Grabados del College Women’s Association of Japan (CWAJ), en 1966, y desde entonces participó en esta exposición cada año. En 1977 se unió a otros tres alumnos de Shiko Munakata para una exposición colectiva. Durante su vida realizó más de 250 exposiciones en solitario en Japón y quince en el extranjero, las dos últimas en Seattle y San Francisco en 2002.

Atrévete a morderme el rabo (1994)
Gato juguetón
Nuevos alumnos

Fue miembro de la Asociación de Artistas de Japón, del Club Arte del Pacífico y del Grupo Saku, especializado en el grabado en madera. Sus obras forman parte de las colecciones del Museo Nacional de Inglaterra, Museo Nacional de Escocia, Galería Nacional Victoria de Melbourne, Museo de Arte Japonés de Haifa y Museo de Arte de Cincinnati.

Contentos
El dueño

En los grabados de Iwao Akiyama hay muy poco color, casi todos son en blanco y negro, a excepción de los ojos, que suelen limitarse a un punto rojo en el centro de una pequeña raya negra. A pesar de esta escasez de colorido, sus gatos son muy expresivos. Basta con ver el grabado titulado “El asesino”. Imaginamos que el artista observó a un gato a punto de saltar sobre algo.

El asesino
En el filo
Sumi no neko

No hemos encontrado fotos de Iwao Akiyama con gatos. De hecho, hay muy poca información sobre él en Internet, como si fuera un hombre reservado, celoso de su vida privada; por lo que esta entrada es mucho más corta de lo habitual.

Gato perezoso
Rivales en el amor (1994)

Parece ser que quiso que sus obras se imprimiesen en un papel japonés sumamente fino de largas fibras que nunca llega a ser totalmente liso. Por eso, muchas de las imágenes que reproducimos aquí parecen tener “ondas”. Una edición suya oscila entre cien y doscientos ejemplares numerados y firmados.

Gato atigrado
Gato negro descansando
Me gustan mis zapatos

Quizá sea menos conocido que otros grabadores de su época por ese toque ingenuo en su obra. Como hemos dicho antes, nació en el campo, cerca de la ciudad de Taketa, en la isla de Kyusyu, un lugar con una naturaleza espléndida, pero que no influyó en que hubiera paisajes en sus grabados. Solo las lechuzas aparecen en una rama o al lado de algún árbol.

Luna que mira (2002)
Gato y mariposas
Gatos simpáticos (1994)

Desde que se decantó por el grabado en madera a finales de los años cincuenta, hasta su muerte, el 15 de septiembre de 2014, en Matsudo, a los 93 años, produjo un sinfín de gatos, lechuzas y desnudos de mujeres, como si estos tres temas le obsesionaran. También en la cultura occidental, el gato y la lechuza, o el búho, aparecen juntos. Por ejemplo, el poeta Edward Lear escribió un poema titulado “La gata y el búho” (https://gatosyrespeto.org/2020/06/11/la-gata-y-el-buho/).

Ha llegado la primavera


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Los gatos esenciales de Kiyoshi Saito

1985

Kiyoshi Saito nació el 27 de abril de 1907 en el pueblecito de Aizubange, prefectura de Fukushima, en el seno de una familia pobre. A los cuatro años se trasladaron a Yubari, en Hokkaido, donde su padre trabajó en las minas de carbón. Su madre falleció cuando Kiyoshi contaba con trece años y fue enviado como cuidador a un templo budista a 1.500 kilómetros de su casa. Intentó huir comprando un billete de tren, pero no tenía bastante dinero. Un monje se apiadó de él y pagó el billete para que regresara a su hogar.

Kiyoshi Saito

1953

No tardó en empezar a trabajar de aprendiz de un pintor de letreros en Otaru y se estableció por su cuenta a los veinte años. Decidido a no vivir en la pobreza como sus padres, pensó que el diseño de letreros era su salvación, pero la atracción por la pintura fue más fuerte y se mudó a Tokio en 1931. Siguió trabajando mientras estudiaba la pintura occidental con Okada Saburosuke y se unía al grupo de Munakata Shiko, uno de los pintores más importantes del movimiento “sosaku hanga” (grabados creativos).

Niña y gato

Expuso oleos en varias sociedades artísticas sin conseguir el esperado éxito, por lo que experimentó con los grabados en madera. Al principio producía una sola impresión con cada bloque, pero pronto descubrió que no solo podía lograr varios grabados con un bloque, sino usar varios bloques en el mismo grabado. En 1956 dijo: “Disfruto sobre todo creando el diseño, no tanto trabajando con los materiales, aunque cuando busco un complicado efecto nuevo, no me queda más remedio que hacerlo yo mismo”.

Empezó a crear sus grabados en 1936. Dos años después regresó a su pueblo natal y creó la serie “Invierno en Aizu”, que establecería su estilo único y fácilmente reconocible. En el transcurso de su vida realizó más de cien grabados sobre este tema, algunos numerados y otros en edición abierta. Cuando las consecuencias negativas de la II Guerra Mundial llegaron a Japón en otoño de 1942, Kiyoshi Saito lavó las telas para que su esposa pudiera hacer ropa para ellos, pero no se deshizo de los bloques de la serie Aizu. “Daba igual lo mal que lo pasáramos”, dijo, “ni cuántas veces tuvimos que mudarnos para tener un techo, no me deshice de los bloques”.

Mirada fija

En 1944 encontró trabajo en el periódico Asahi, probablemente como ilustrador, y permaneció en el puesto hasta 1954. Allí conoció a Onchi Koshiro, otro grande del movimiento “sosaku hanga”, que le abrió las puertas del mercado occidental de posguerra. Los estadounidenses llegados a Japón fueron los primeros en comprar sus grabados en una exposición en el hotel Imperial en 1945.

Conversación

Concurso de belleza

En 1951 fue galardonado en la Bienal de Sao Paulo por el grabado “Mirada tranquila”, en el que se ve a un gato hierático. En el mismo certamen también fue premiado su compatriota Tetsuro Komai por un aguafuerte, algo que dejó atónito al mundo artístico japonés, que siempre había despreciado todo lo referente al “sosaku hanga”. De golpe le empezaron a llegar pedidos de Occidente. En 1956 expuso en varias ciudades estadounidenses. El año siguiente viajó a París, Nueva York, Australia, India y Canadá para mostrar sus trabajos.

Mirada tranquila

Gato y gatos

Su fama creció y numerosas revistas le pidieron ilustraciones. Uno de sus grabados más populares quizá sea el del primer ministro japonés Eisaku Sato aparecido en Time en 1967. Sin embargo, el editor de la revista quiso explicar que a pesar de ser la primera vez que Time usaba un grabado en madera, ya habían publicado varias ilustraciones de Kiyoshi Saito. “La primera fue en 1951 cuando publicamos su famoso Gato”. En realidad, el editor se refería a “Mirada tranquila”. El artista no esperaba el efecto que tendrían esas palabras: “En cosa de días nos vimos inundados con pedidos del grabado, del que no quedó ni uno en Japón”.

Portada de la revista Time, 10 de febrero de 1967

Dos siameses

En 1970 pudo permitirse comprar una casa en Kamakura, a las afueras de Tokio, y diecisiete años después, otra cerca de Aizu, el pueblo donde solo vivió cuatro años, pero al que siempre volvió.

El pintor en Aizu, 1984

Por fin fue reconocido en su propio país cuando, a los 74 años, el gobierno le concedió la Orden Tesoro Nacional de Cuarta Clase, y a los 88 años fue nombrado “Bunka Korosha” (Persona de Mérito Cultural), un honor otorgado por el Emperador a hombres y mujeres cuya contribución al desarrollo de las ciencias y las artes haya sido notable.

La obra de Kiyoshi Saito puede dividirse en tres periodos: El primero dominado por los grabados de escenas nevadas en Aizu; un segundo más realista desde 1945 dedicado sobre todo a los retratos, y hacia 1950, con una clara tendencia a la simplificación. En este último mezcló elementos del cubismo, la abstracción y el impresionismo con la tradición japonesa dejándose influir por pintores como Mondrian, Picasso, Matisse, Kandinsky, Gauguin y Munch.

Sombras

Siamés

Sus temas eran muy variados, desde edificios, paisajes campestres, figuras en calles, escenas de sus viajes al extranjero, plantas y animales con una fuerte inclinación por los gatos. Gatos estilizados, con amplias manchas de un solo color, con textura, en todas las posturas posibles, solitarios, en grupo. Gatos que representan su constante búsqueda de lo esencial.

1955

Gato búho

Kiyoshi Saito creó más de mil grabados a lo largo de su vida. A medida que crecía el número de obras, no le quedó más remedio que tener ayudantes, sobre todo para la impresión de grandes ediciones. Kazuyuki Ohtsu, nacido en 1935 y ahora un grabador independiente, trabajó con él durante más de cuarenta años hasta la muerte del artista, el 14 de noviembre de 1997, a los noventa años.

Gata y gatito

Poco antes de fallecer se había clausurado una gran retrospectiva de sus obras en los grandes almacenes Wako de Tokio e inaugurado el Museo de Arte Kiyoshi Saito en Yainazu, que alberga 850 creaciones suyas. Kiyoshi Saito dijo una vez: “Siempre he hecho el trabajo que me apetecía hacer”. No hay mejor epitafio para tan larga y prolífica carrera.

 

Siamés

Una de las firmas del pintor