Gatos y Respeto

Por unos gatos felices

Holly, una gata viajera

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La Nochevieja de 2012, una gata apareció de pronto en el jardín de la Sra. Barb Mazzola y de sus hijos. Estaba agotada, apenas tenía fuerzas para mantenerse de pie y maullar. Durante seis días le dieron comida y leche hasta convencerla de que entrase en casa. La familia se enamoró de la gata, una tricolor muy bonita. La Sra. Mazzola la llevó al veterinario. Le dijeron que la gata, a pesar de estar muy delgada (de sus 5 kilos originales, se quedó a poco más de la mitad), de tener las uñas de las patas traseras totalmente gastadas y la parte inferior de las patas en carne viva por andar en el asfalto, estaba en perfecta salud. Entonces, muy a pesar suyo, pidió que se comprobara si llevaba chip… y así era. La gata pertenecía a Jacob y Bonnie Richter, una pareja que vivía a kilómetro y medio de la casa de Barb Mazzola.

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Jacob y Bonnie Richter con Holly

Que una gata aparezca a kilómetro y medio de su casa no tiene nada de raro; algunos gatos recorren hasta 4 ó 5 kilómetros en sus excursiones diarias, pero Holly – así se llama la gata – había recorrido nada menos que 322 kilómetros. Dos meses antes, los Richter la habían llevado en su autocaravana a Daytona Beach desde Palm Springs. Holly se había escapado y, a pesar de buscarla por todas partes, no la encontraron. Al cabo de unos días se rindieron y volvieron a casa.

Los expertos en comportamiento animal no saben explicar cómo Holly, una gata doméstica, fue capaz de regresar casi a su punto de partida recorriendo más de 300 kilómetros de terreno totalmente desconocido. Existen pocos trabajos científicos acerca de la orientación gatuna; hasta ahora se han estudiado sobre todo los pájaros, las tortugas y los insectos migratorios.

Mapa del recorrido de Holly

Mapa del recorrido de Holly

John Bradshaw, director del Instituto de Antrozoología de Bristol, y Patrick Bateson, biólogo conductual de la Universidad de Cambridge, creen que los gatos pueden reconocer olores a grandes distancias. “Por ejemplo, asoció el olor a pino con el viento del norte, y se movió hacia el sur”, explicó el Dr. Bateson.

Peter Borchelt, experto en comportamiento animal, se preguntó si los sentidos del olfato y del oído de Holly le permitieron seguir la costa y reconocer la autopista 95, por lo que decidió “mantener la carretera a su derecha y el océano a su izquierda”.

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Holly en su cesta

Kitty Cams Project, una investigación conjunta de National Geographic y la Universidad de Georgia en la que 55 gatos llevaban pequeñas cámaras en sus collares, sugiere que su comportamiento es extremadamente complejo. Por ejemplo, descubrieron que cuatro gatos engañaban a sus dueños y pasaban tiempo en otras casas, en busca de comida y caricias. Kitty Cams también demostró que la mayoría de los gatos hacen cosas peligrosas, como cruzar carreteras, o comer y beber fuera de su hogar, por mucha comida que se les ponga.

Pero Holly no es la única gata que ha vuelto inesperadamente. Según Roger Tabor, un biólogo inglés especializado en gatos, se sabe a ciencia cierta que Murka, un gato pardo ruso recorrió unos 500 kilómetros desde Moscú hasta la casa de la madre de su dueño en Voronezh en 1989, y que Ninja regresó a Farmington, Utah, en 1997, al año de que la familia se mudara con él a Mill Creek, en el estado de Washington. Asimismo, citó el caso de un siamés que vivía en el pueblo de Black Notley en Inglaterra y subía regularmente al tren para regresar andando durante varias millas.

El Sr. Richter, supervisor mecánico jubilado de una línea aérea, dijo: “Obviamente, un sentido desconocido o una magia especial hizo que Holly no se perdiera. No sé cuántas de sus siete vidas habrá gastado; tuvo que cruzar muchas carreteras, eludir el tráfico, evitar las amenazas de otros animales…”

La Sra. Richter, que era enfermera, añadió que algo queda muy claro con la aventura de Holly: la importancia de microchipear a los gatos: “Espero que los propietarios de animales entiendan la importancia del microchip después de conocer la historia de Holly”.

La Sra. Mazzola lo pasó muy mal cuando supo que Holly tenía dueño, pero no pudo contener las lágrimas al devolver la gata a sus dueños y ver a la hasta entonces tímida Holly correr hacia Jacob Richer en cuanto le reconoció.

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