Gatos y Respeto

Por unos gatos felices

Gatos, Elsa Morante, María y Araceli Zambrano

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Elsa Morante conoció a María y a Araceli Zambrano durante la estancia de las hermanas en Roma, ciudad en la que vivieron desde el año 1953 hasta 1964. Las tres sentían un profundo amor por los gatos, y compartían las mismas inquietudes filosóficas y políticas. Araceli prestó su nombre al título de la última novela de la escritora italiana, inspirada en su gran amiga y ambientada en España.

Elsa Morante en Via dell'Oca 27, Roma

Elsa Morante en Via dell’Oca, 27 – Roma

María nació en 1904, Araceli en 1911 y Elsa en 1912. María y Araceli Zambrano vivieron en el exilio a partir de 1939 y recorrieron un sinfín de países, como dice la propia filósofa: “He escrito y vivido en España, Chile, Cuba, Puerto Rico, Francia, Italia y Suiza. De hecho era una locura. En 1939 comenzó mi exilio. Crucé la frontera francesa con mi madre y mi hermana, y tras vivir en París durante un breve periodo, residí en Nueva York, La Habana, México, y finalmente en Puerto Rico. Volví a París en 1946 para reencontrarme con mi hermana, al borde de la locura tras ser torturada por los nazis. Mi madre murió dos días antes de mi llegada. Mi hermana y yo decidimos volver a Puerto Rico y a Cuba juntas y en 1953 nos fuimos a vivir a Roma. (…) En 1964 me persiguió un vecino fascista al que le molestaban ¡mis gatos! Me fui con ellos a Suiza… En 1984 volví a Madrid, donde me quedé hasta el final de mis días”.

Araceli y su madre, años cuarenta, París

Araceli y su madre, años cuarenta, París

Aracelí cruzó los Pirineos con su madre, su hermana y su marido Manuel Muñoz. Con la caída de París en 1940, Muñoz no se sentía seguro y se refugió en el Finisterre francés, pero la Gestapo le arrestó antes de poder huir a México. Fue entregado por la Gestapo a las fuerzas franquistas y fusilado en España el 1 de diciembre de 1942, después de pasar largos meses en la cárcel parisina de La Santé. Aracelí permaneció en la capital francesa para estar cerca de su marido, aunque sin poder verle.

Elsa nació en Roma, en el popular barrio del Testaccio. Hija ilegítima, fue reconocida por Augusto Morante después de casarse con su madre. Empezó a publicar cuentos, relatos y poemas a partir de 1933 en importantes diarios romanos. En 1936 conoció al famoso escritor Alberto Moravia, con el que se casó en 1941. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial se trasladaron cerca de Cassino, en el sur de Italia, para huir de las represalias nazis. Se separó de Moravia en 1961. A partir de ese momento siguió escribiendo de forma esporádica. Su última novela, la antes mencionada “Aracoeli”, se publicó en 1982.

Alberto Moravia y Giuseppe

Alberto Moravia y Giuseppe

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Las tres adoraban a los gatos. Incluso en París, durante la ocupación nazi, Araceli y su madre tenían un gato, como lo demuestra la pequeña fotografía que incluimos. En una entrevista, María Zambrano dijo que “llegué a tener 24”. Y efectivamente, tuvieron que dejar Roma después de que un senador de pasado fascista firmara una orden de expulsión por culpa de sus numerosos gatos. El 14 de septiembre de 1964, las dos hermanas y trece gatos emprendieron el camino a Francia. Eso sí, las autoridades italianas avisaron a la policía francesa de que eran “personas peligrosas”. ¿Los gatos también?

Canto por el Gato Alvaro - El amor tiene forma de gato

Canto por el Gato Alvaro – El amor tiene forma de gato

Elsa Morante tenía sobre todo gatos siameses y llegó a decir que si los gatos eran ángeles, los siameses eran arcángeles. Su primer gato, Giuseppe (Useppe, Mandolino o Alvaro), que murió el 1 de agosto de 1952, fue muy importante para ella. En su diario afirmó que “era la mitad de mi alma”. El mismo gato, bajo sus numerosos nombres, aparece en la novela “Menzogna e sortilegio” (1978) y en la colección de poemas “Alibi” (1978). Siempre hablando de este gato, en su diario escribió: “Sus ojos eran los más maravillosos que jamás había visto. Es imposible creer que se han apagado para siempre”.

Elsa Morante y Giuseppe

Elsa Morante y Giuseppe

Según la escritora, todos los animales viven en estado de gracia. No solo desconocen el bien y el mal, también nos ofrecen “la más tierna de las amistades libre de juicios”. Citamos el artículo de Luca Fontana “Elsa Morante: A Personal Remembrance”, publicado en la revista PN Review: “Sentía una verdadera devoción por los gatos. (…) Los millones de gatos que habitan las ruinas de Roma la conocían personalmente, y ella a ellos. Siempre daba un nombre a cualquier callejero que se cruzaba en su camino, y le reconocía años después. Además de cuidar de sus gatos siameses, salía de noche para recorrer ruinas y foros con dos enormes bolsas llenas de callos, mollejas y otras exquisiteces para alimentar a los gatos. Pero no estaba sola, se encontraba con docenas de mujeres que practicaban el mismo ritual, en su mayoría viudas solitarias con exiguas pensiones, conocidas como ‘gattare’. Entonces sufría una metamorfosis, se transformaba en una más, hablaba el mismo dialecto romano que ellas y pasaban horas charlando. Conocía su vida y llevaba unos cuantos sobres en su bolso para las más necesitadas”.

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María y Araceli Zambrano vivían muy cerca de Piazza del Popolo. Cuenta el escritor Jorge Guillén que a veces quedaban para cenar en un café en la plaza y que María, antes de acabar, se levantaba y decía: “Volveré”. Y se iba a llevar comida a los gatos que la esperaban en alguna esquina.

Después de Roma, las hermanas Zambrano se trasladaron al Jura, a una casa llamada La Pièce, no lejos de Ginebra. Araceli falleció en 1971 en la clínica Belair, y poco antes de morir se preguntaba: “¿Sirvió de algo perder?”

Maria Zambrano

Maria Zambrano

En los últimos años que pasó la filósofa viajando entre Grecia, Roma y Francia, ya sin su hermana, su nombre comenzó a escucharse en España cada vez más y regresó el 20 de noviembre de 1984, después de 45 años de exilio.

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Siguió escribiendo rodeada de gatos. Murió en Madrid el 6 de febrero de 1991 y fue enterrada entre un naranjo y un limonero en el cementerio de Vélez-Málaga, donde luego se trasladaron también los restos mortales de sus “dos Aracelis”, su madre y su hermana. Dicen que siempre hay gatos en su tumba.

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Elsa Morante, gran escritora y gran gattera romana, enfermó después de fracturarse el fémur e intentó suicidarse en 1983. La salvó in extremis su ama de llaves. Se sometió a una complicada operación que, sin embargo, no mejoró mucho su condición.

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Murió de un infarto en 1985, a los 73 años. Fue la primera mujer galardonada con el importante Premio Strega.

 

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