Gatos y Respeto

Por unos gatos felices

Le Chat Noir, un cabaret parisino

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El tercer Le Chat Noir

¿Existió realmente el gato negro que dio nombre al famoso cabaret? Cuenta la leyenda que

Rodolphe Salis

Rodolphe Salis, al visitar el lugar donde abrió el primer Le Chat Noir, escuchó los maullidos de un gato negro hambriento encaramado en una farola y lo acogió. Otros dicen que el gato ya vivía en el local cuando Salis lo adquirió y que se convirtió en su mascota. Sea como sea, el minino sin nombre fue el emblema del establecimiento donde no tardaría en reunirse la crema de la intelectualidad parisina de finales del siglo XIX.

El primer Le Chat Noir

Salis abrió el primer cabaret en el 84 del bulevar Rochechouart el 18 de noviembre de 1881. El primer gato negro se alojó en una antigua y exigua oficina de correos de 14 metros cuadrados con un trastero de 4 metros cuadrados al que se accedía mediante tres escalones y que servía de escenario. Una de las peculiaridades del cabaret era haber apostado a un guarda suizo delante de la puerta para alejar a los burgueses y al clero, e invitar a entrar a artistas y poetas.

Las paredes del minúsculo local estaban sobrecargadas de dibujos y cuadros, algunos del propio Salis, que antes de ser propietario de cabaret se había dedicado a pintar viacrucis y otros motivos religiosos. El objeto más preciado era el “cráneo” de Luis XIII niño que todos podían acariciar respetuosamente. La llegada del cantante y humorista Aristide Bruant aseguró el éxito del cabaret. La ropa que escogió para aparecer en escena le siguió hasta la muerte: chaqueta de pana, botas altas negras, bufanda roja, sombrero de ala ancha y capa negra… Fue el autor de la famosa balada: “Busco fortuna / donde el Gato Negro / bajo la luna / en Montmartre de noche (en francés rima).

El segundo Le Chat Noir, calle Victor Massé

Una pelea con unos chulos que deseaban convertir Le Chat Noir en lugar de encuentros amorosos acabó con la muerte de uno de ellos, lo que decidió a Salis a encontrar otro local algo más grande para acoger a una clientela cada vez más numerosa. En mayo de 1885, Le Chat Noir se trasladó al nº 12 de la calle Laval, hoy calle Victor-Massé, a un edificio de tres pisos. La mudanza sirvió de excusa para una gran fiesta. Aristide Bruant adquirió el primer cabaret al que rebautizó como “Le Mirliton”.

El cartel de Steinlein

El pintor Willette se encargó de la decoración, y cuadros de Steinlein, Chéret y Rivière llenaron nuevamente las paredes. En esa época, Steinlein pintó el famoso gato reproducido en camisetas, bolsos, tazas, llaveros, platos, calzoncillos y demás que tanto gusta a los turistas.

Estudio para La virgen del gato

 

Adolphe Willette por Marcellin Desboutin

La decoración hacía honor al célebre felino. Además de “La virgen del gato”, de Willette, había una espectacular chimenea de Grasset con columnas bizantinas rematadas con sendos gatos, vigilados por otros dos sentados en unos misales. Un entrepaño lucía un terrible gato negro asustando a un ganso blanco, simbolizando a la burguesía aterrada ante la intelectualidad.

Número del 14 de enero de 1882 de la revista

Para promover el cabaret, Rodolphe Salis creó una revista semanal literaria y satírica cuyo nombre no podía ser otro que “Le chat noir”. Apareció cada sábado desde el año 1882 a 1895 como una auténtica encarnación del espíritu de fin de siglo. Entre sus numerosos colaboradores mencionaremos a Alphonse Allais, Guy de Maupassant, Barbey d’Aurevilly, Victor Hugo, Huysmans y Edmond de Goncourt. Las críticas musicales estaban firmadas por Gounod y Massenet, y habituales como Steinlein, Willette y Léandre se ocupaban de las ilustraciones.

El establecimiento estaba dividido en varios ambientes. En el primero, el bajo, se bebía y se entablaba conversación con las mujeres galantes que acudían cada noche. El primer piso se reservaba a los espectáculos de cancioneros, poesía y sombras chinescas. Numerosos artistas participaron en la creación de los personajes recortados en zinc; los libretos eran obra de escritores de moda entonces, y la música se debía sobre todo a Charles de Sivry.

Comiendo en el segundo cabaret

El teatro de sombras chinas tuvo un enorme éxito, sobre todo con la obra “La epopeya”, de 1888,  dedicada a Napoleón, con personajes del caricaturista Caran D’Ache. Pero con el tiempo se abrieron otros cabarets que copiaron a Le Chat Noir, e incluso fueron más innovadores. Poco a poco, el cabaret de Salis dejó de estar de moda. El último espectáculo de sombras chinas tuvo lugar en 1896. Cuentan que el empresario, presa de la desesperación, destruyó gran parte del mobiliario a hachazos. Pero no tardó en recuperar su espíritu emprendedor y decidió abrir un tercer Le Chat Noir. Abandonó Montmartre por los Grandes Bulevares, pero ya era demasiado tarde. Endeudado y enfermo, se vio obligado a ceder su obra a un burgués y murió algunos meses después, en 1897. Le Chat Noir desapareció con él.

Interior del segundo cabaret

El tercer Le Chat Noir abrió sus puertas en 1907, años después de la muerte de Salis, en el 68 del bulevar Clichy. Algunos dicen que la viuda del empresario autorizó a Jehan Chagot a usar el famoso nombre. Pero la magia se había ido con Salis, aunque el local aguantó hasta 1933, sustituido actualmente por un café que nada tiene que ver con el verdadero gato negro.

El tercer cabaret

Ya se sabe, los gatos tienen siete vidas. Sin embargo, el gato de Adolphe Salis vivió con tanta intensidad que solo tuvo dos.

 

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