Gatos y Respeto

Por unos gatos felices

Gatos, Marie Laurencin y el “ninfismo”

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Marie Laurencin, nacida el 31 de octubre de 1883 en París, está estrechamente unida al

Foto de André Kertész (1930)

nacimiento del arte moderno. Fue discípula de Georges Braque, musa de Guillaume Apollinaire, amiga de Pablo Picasso y amante de Nicole Groult, la famosa diseñadora de moda. Su muy particular estilo, descrito como “ninfismo”, va más allá del fauvismo y del cubismo; de hecho, es totalmente personal. La fama que alcanzó en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales se vio ensombrecida por la vida mundana que llevó en París durante la ocupación alemana. Quizá esto explique que se celebraran tan pocas exposiciones suyas, incluso después de su muerte en 1956, y que casi se la olvidara. Por fin, en 2011, Bertrand Meyer-Stabley exploró los claroscuros de su vida en una biografía, y el museo Marmottan Monet de París expuso su obra entre febrero y junio de 2013.

Retrato de Marie Laurencin por Jean-Emile Laboureur

Desde muy pronto, cuando solo se dedicaba a pintar porcelanas en la manufactura de Sèvres, sentía predilección por los rostros femeninos y los gatos. No cabe duda de que le gustaban los gatos; lo demuestra una foto en su estudio con un gato negro en brazos. Además, el dibujante y pintor Jean-Emile Laboureur la retrató de pie con un gato a su lado. Sin embargo, solo hemos encontrado siete reproducciones de cuadros suyos que incluyen gatos, y uno de ellos es un autorretrato. También incluía perros, ciervas y caballos en sus composiciones.

La musa inspirando al poeta (Henri Rousseau)

A pesar de la oposición de su madre, Marie se dedicó a la pintura. A los 22 años, el propio George Braque la animaba a seguir y le presentó a Picasso en el taller del Bateau-Lavoir, donde conoció a Apollinaire en 1907 y no tardó en convertirse en su musa y amante. Al cabo de cinco años la tormentosa relación llegó a su fin, pero parece que les marcó profundamente a ambos y que les perseguiría hasta el fin de sus vidas. El famoso pintor Henri Rousseau “El aduanero” retrató a la pareja bajo el título “La musa inspirando al poeta”.

 

Habría podido adoptar las corrientes artísticas del momento, pero prefirió emprender un camino propio, ingenuo, figurativo y único. Una de sus primeras grandes composiciones fue el cuadro “Apollinaire y sus amigos”, del que hizo dos versiones. Gertrude Stein compró la primera, la segunda se colgó en el piso de su amante. En 1911, el galerista Wilhem Under consiguió vender una acuarela suya, “Las jóvenes”, por 4.000 francos, un precio desorbitado para la época. La noticia recorrió París y los cuadros de Marie empezaron a venderse.

Autorretrato con gato

En 1914 se casó con el pintor alemán Otto von Wätgen, convirtiéndose en alemana y en baronesa con una renta anual de 40.000 francos. Alemania declaró la guerra a Francia muy poco después y se vieron obligados a huir. Von Wätgen no tenía la menor intención de servir como oficial en las filas prusianas, por lo que se trasladaron a Madrid y conocieron a la marquesa Cecilia de Madrazo. De Madrid fueron a Málaga y posteriormente a Barcelona. A principios de 1918, la pareja aceptó la invitación de Cecilia de Madrazo, que les cedió un piso enfrente del Prado donde se quedaron un año. Fue una época en la que Marie pintó poco, pero pasaba largas horas en el Prado contemplando los cuadros de Velázquez, El Greco y Goya, al que admiraba profundamente. En Madrid se enteró de la muerte de Guillaume Apollinaire. El poeta había fallecido el 9 de noviembre de 1918 bajo el cuadro que ella había pintado y que sus amigos colgaron encima de su cama en el hospital.

Después de una temporada en Zúrich, donde conoció a Archipenko y a Rainer Maria Rilke, y de estar en la casa de su suegra en Dusseldorf, decidió divorciarse y regresar a París. Durante la guerra, el gobierno francés había requisado y vendido su casa. Encontró una ciudad cambiada, la vida de bohemia había desaparecido, pero fue una etapa de trabajo intenso, de amigos y amantes. Pintó carteles, diseñó decorados para el escenario y firmó un contrato con el marchante Paul Rosenberg, con el que siempre trabajaría y que le proporcionó la fama. Los encargos de retratos no paraban de llegar y el periodo comprendido entre 1920 y 1937 fue, sin lugar a dudas, el mejor y más productivo de la artista.

En su estudio

En 1931 inauguró el Salón de las Mujeres Artistas Modernas, y su participación en este evento anual, al que la crítica masculina dio poca importancia, convenció a muchas otras pintoras, como Suzanne Valadon, para que también se unieran. Sin embargo, a pesar de reconocer la dificultad que tenían las mujeres para acceder a la vida pública, nunca adoptó una posición feminista.

Después de la derrota de Francia en 1940, la pareja formada por Marie Laurencin y Nicole Groult siguieron con su vida mundana en casa de esta última o de otra amiga donde recibían a escritores políticamente ambiguos como Marcel Jouhandeau y Paul Léautaud, oficiales e intelectuales alemanes, reencontrándose con conocidos de la época de su primer matrimonio.

Firmó la petición para que liberasen a su viejo amigo Max Jacob del campo de internamiento de Drancy, donde el escritor murió poco después. El 8 de septiembre de 1944, día de la Liberación, fue detenida y llevada a ese mismo campo, en el marco del proceso de depuración cívica. Liberada una semana después sin cargos, se refugió en casa de Marguerite Duras. No consiguió recuperar su piso, que había sido requisado durante la ocupación, hasta el año 1955.

Desde 1945 a 1956, año de su muerte, realizó tres retiros espirituales en conventos y siguió pintando en su taller de la calle Vaneau. En 1954 adoptó legalmente a la hija de 49 años de su antigua criada que ya ocupaba el lugar de su madre. Falleció el 8 de junio en su casa de un paro cardíaco.

De acuerdo con sus últimas voluntades fue enterrada en el cementerio Père-Lachaise, vestida de blanco, con una rosa y las cartas de amor de Apollinaire, que llevaba 37 años esperándola unos pocos metros más allá.

“El otoño ha muerto, recuérdalo, / no volveremos a vernos en la tierra / olor del tiempo brizna de brezo / y recuerda que te espero”. (Apollinaire, 1912, escrito después de su ruptura)

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