Gatos y Respeto

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Gatos y el poeta John Keats

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John Keats, la resplandeciente estrella del romanticismo inglés, murió en Roma el 23 de febrero de 1821, a los 25 años, y está enterrado en el llamado Cementerio Protestante – aunque el nombre correcto sea “Cementerio no católico” – de la capital italiana, un lugar que alberga un santuario para gatos. Se conoce sobre todo al poeta por sus “Odas”, y por obras como “Lamia”, “Endimión” e “Hiperión”. Unos diez años después de su muerte se publicó por primera vez un soneto lleno de humor que dedicó al gato de la Sra. Reynolds. ¿Y quién era la Sra. Reynolds? Sencillamente la madre del gran amigo del poeta, J.H. Reynolds, que también se dedicaba a escribir odas.

Cementerio no católico de Roma

El poema dice así:

Cat! who hast pass’d thy grand climacteric,
How many mice and rats hast in thy days
Destroyed? How many tit bits stolen? Gaze
With those bright languid segments green, and prick
Those velvet ears – but prithee do not stick
Thy latent talons in me, and upraise
Thy gentle mew, and tell me all thy frays,
Of fish and mice, and rats and tender chick.
Nay, look not down, nor lick thy dainty wrists –
For all thy wheezy asthma, and for all
Thy tail’s tip is nicked off, and though the fists
Of many a maid have given thee many a maul,
Still is that fur as soft, as when the lists
In youth thou enteredst on glass bottled wall.

Gato atigrado. Siglo XIX

Y ahora intentaremos traducirlo, a pesar de no ser tarea fácil

¡Gato! tú qué has dejado atrás el gran climaterio,
¿a cuántos ratones y ratas habrás destruido
en tus días? ¿Cuántos bocados habrás robado? Contempla
con esos lánguidos y brillantes segmentos verdes, aguza
esos oídos aterciopelados – pero te ruego que no me claves
esas uñas latentes, y enaltece
tu suave maullido para contarme todas tus refriegas
de peces y ratones, y ratas y tiernos polluelos.
No, no bajes la mirada, no te lamas las delicadas muñecas –
pues a pesar de tu resuello asmático, y de que hayas perdido
la punta de tu cola, y que los puños
de numerosas criadas te hayan asestado numerosos golpes,
tu pelo sigue tan suave como el día que penetraste
de joven el muro defensivo armado de trozos de vidrio.

Gato dormido y ratón. Siglo XIX

Los gatos del cementerio romano guardan la tumba de John Keats. Quizá sepan que solo alguien que los amó y observó podía dedicar un poema tan bello a un gato.

Gato en la tumba de Keats

John Keats nació el 31 de octubre de 1795 en Londres en el seno de una familia de clase media. Al carecer del dinero suficiente para mandarle a uno de los grandes colegios privados, ingresó en un internado progresista en Enfield donde tuvo la oportunidad de estudiar literatura clásica y renacentista. Su padre falleció cuando Keats tenía ocho años, y su madre cuando tenía catorce, quedando al cuidado de su abuela junto a sus hermanos. Al graduarse en 1815 trabajó como aprendiz de cirujano en el hospital Guy’s de Londres con la esperanza de que esta profesión le aportase seguridad económica. Un año después abandonó la carrera médica para dedicarse a la poesía, una decisión arriesgada. Ya conocía a los escritores y poetas James Henry Leigh Hunt y Percy Bysshe Shelley.

A partir de septiembre de 1817 se trasladó a la casa de sus hermanos en Hampstead para cuidar de uno de ellos, Tom, que padecía de tuberculosis, la enfermedad de la familia. Se sabe que cuando estaba escribiendo el tercer tomo de “Endimión” tomaba pequeñas dosis de mercurio para curar alguna dolencia desconocida a pesar de saber, por sus estudios de medicina, que era letal. Seguía tomándolo diez meses después mientras recorría parte de Escocia andando, viaje del que regresó con un dolor de garganta crónico. Durante los tres meses siguientes, cuidó de su hermano moribundo y contrajo la tuberculosis. Curiosamente, a pesar de estar físicamente débil, de ocuparse de su hermano y de tener grandes dificultades financieras, en ese periodo compuso cinco de las seis odas.

Wentworth Place, Hampstead, en 1900

Théophile Alexandre Steinlein

En 1818 se publicó su gran obra, “Endimión”, sin embargo no obtuvo el éxito esperado. Las críticas fueron muy duras, tachando el libro de “inmaduro”. Incluso Byron lo calificó de “poesía cockney”, dejando entender que el poeta usaba un idioma poco refinado. En una carta a James Hessey fechada el 9 de octubre de 1818, John Keats dijo: “Nunca me ha asustado el fracaso; antes prefiero fracasar a no estar entre los más grandes”.

Siglo XIX

Ese año conoció a Frances (Fanny) Brawne, que tenía 18 años entonces, y se enamoró de ella. Nada de todo se supo hasta 1878, después de la muerte de Fanny, cuando sus hijos publicaron las cartas de amor que Keats le escribió. Se prometieron el 18 de octubre de 1819, pero lo mantuvieron en secreto porque sabían que la Sra. Brawne, la madre de Fanny, jamás permitiría que su hija se desposara con un poeta que apenas podía mantenerse a sí mismo y con una salud tan delicada.

Miniatura de Fanny Brawne

A principios de 1820, el poeta fue de visita a Londres y regresó a Hampstead con fiebre, temblando de frío y muy debilitado. Esa misma noche empezó a vomitar sangre. A pesar de ser vecinos, Fanny apenas le visitó durante los meses siguientes por miedo a que su presencia empeorará la salud de su amado. Se limitaba a pasar por delante de la ventana de su dormitorio y a escribirle. Los médicos le alentaron a que viajase a Italia, temerosos de que no soportase los fríos y húmedos meses del largo invierno británico. A pesar de su inminente marcha, la madre de Fanny no dejó que se casaran. Fanny y John se vieron por última vez el 13 de septiembre de 1920.

La casa de Keats en Hamstead

Jean Bernard, 1808

John falleció en Roma el 23 de febrero, pero Fanny no tuvo la noticia hasta el 17 de marzo. Se cortó el pelo, vistió de negro y se puso el anillo que el poeta le había regalado. Guardó el luto durante seis años y no se casó con el francés Louis Lindo hasta el 15 de junio de 1833, más de doce años después de la muerte de John Keats.

John Keats, por Benjamin Robert Haydon

Gato delante de la tumba de Keats

El poeta pidió que en su lápida se grabaran las siguientes palabras: “Aquí yace uno cuyo nombre se escribió con agua”.
Sin embargo, sus dos amigos Joseph Severn y Charles Brown, que habían cuidado de él en sus últimos meses, añadieron: “Esta tumba contiene los restos mortales de un JOVEN POETA INGLÉS que, en su lecho de muerte, en la amargura de su corazón, por el malicioso poder de sus enemigos, deseó que se grabarán estas palabras en su tumba”. Al parecer, años después, ambos se arrepintieron de haber incluido esta frase.

 

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