Gatos y Respeto

Por unos gatos felices

Los gatos de Reikiavik

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Nunca hemos estado en Reikiavik, pero todo el mundo que ha ido dice que es una ciudad llena de gatos. Gatos bien comidos, amables, educados, con collar y placa de identificación, que se pasean por las aceras, cruzan las calles e incluso miran mal a los conductores, andan por los muretes y vallas de los jardines, siguen a los paseantes y reclaman caricias. Obviamente no son gatos callejeros; suponemos que las casas de Reikiavik tienen una gatera instalada en la puerta trasera y que los gatos salen y entran a su antojo.

gatos_Reikiavik_2Por lo que hemos podido indagar, también hay gatos callejeros en Reikiavik, pero cuidan de ellos. Cuando el tiempo lo permite, incluso van a pasearse entre las rocas de la playa. Por todos los testimonios que hemos tenido acceso, hemos llegado a la conclusión de que Reikiavik es una ciudad donde los gatos, no diremos que son los reyes, pero sí que viven cómodamente.

Un dato curioso es que antiguamente estaba prohibido tener un perro en el centro de la ciudad porque se les consideraba “animales de granja”. Hoy en día, la población canina no supera los 2.000 ejemplares por unos 120.000 habitantes. Desconocemos la cifra de la población felina, pero parece ser bastante más numerosa. Siempre se permitió a los habitantes de la ciudad tener gatos.

En islandés, gato se dice “köttur” y, más cariñosamente, “kisi” o “kisa”.

Y ahora, unos cuantos dichos islandeses con gatos:

gatos_Reikiavik_4Að fara í kringum eitthvað eins og köttur í kringum heitan graut” que, traducido es algo como “Dar vueltas como un gato a unas puches calientes”, en otras palabras, “No ir al grano”.

Að fara í hund og kött”, “Como el gato y el perro”, es decir, “Todo salió mal”.

Að fara í jólaköttinn”, “Acabar como el gato en Navidad”, o sea, “Salir con las manos vacías”.

 Ese último dicho nos recuerda a un personaje del folclore llamado el Gato de Pascua (Jólakötturinn en islandés), un gato enorme y feroz, tal como lo describió el poeta Jóhannes Bjarni Jónassonn en 1932, que devora a los que no han trabajado duro y a los que no tienen una prenda nueva para Nochebuena. De hecho, todavía hoy muchos islandeses regalan ropa para Navidad y estrenan algo para celebrarla.

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Y por último, un estudio de los polimorfismos genéticos del pelo de los gatos islandeses demuestra que son bastante diferentes de los gatos del noroeste de Europa y que podrían ser los últimos supervivientes de una población felina desaparecida. Sin embargo, existen diferencias significativas entre los ejemplares rurales y los de la ciudad, probablemente debido al mayor contacto de estos últimos con otros gatos en años recientes.

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