Gatos y Respeto

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Gatos y otros animales de la escultora Anne Arnold

Retrato de dos gatos (1969)

Anne Arnold y su marido, el pintor abstracto Ernest Briggs, compraron una casa con un pajar en Montville, a los pies del monte Hogback, en el estado de Maine, donde criaban cerdos, vacas y gallinas, y tenían numerosos perros y gatos. Anne solía fotografiarlos para crear las esculturas llenas de humor e imaginación que empezó a realizar en los años cincuenta usando materiales tan diversos como madera, cerámica, resina, tela, barro y una fibra sintética llamada Dynel.

1982

 

Anne Arnold y Christy (1987)

 

Catálogo de “Escultura de cuatro décadas”

La escultora nació el 2 de mayo de 1925 en Melrose, Massachusetts, ciudad en la que creció con sus dos hermanos. Era una descendiente directa del “infame” Benedict Arnold, un general del Ejército Americano Continental durante la Revolución que acabó pasándose a las filas británicas, por lo que su nombre se convirtió en sinónimo de traidor. También podía hacer remontar su linaje hasta el Mayflower, el famoso barco en el que llegaron los primeros 102 “peregrinos” procedentes de Gran Bretaña a las costas de Nueva Inglaterra.

Charlie (1969)

 

Christy

 

Con Bob Brooks y un gato (2001)

Se licenció en 1946 en la Universidad de New Hampshire y en 1947 obtuvo un máster de la Universidad Estatal de Ohio. Estudió Arte desde 1949 a 1953 en la Art Students League de Nueva York. En 1960 se casó con Ernest Briggs, con el que vivió primero en la calle 23 Oeste y a partir de 1977 en la calle 29 Oeste, los dos pisos en el barrio de Chelsea. Dio clases en el Brooklyn College desde 1971 a 1991. Su marido falleció de cáncer de esófago en 1984. Unos años después empezó a convivir con el fotógrafo Bob Brooks, un buen amigo de la pareja que sería su compañero hasta la muerte de este en septiembre de 2012.

El gato Stubbs y un conejo

 

Exposición 2012

 A mediados de los años cincuenta comenzó a hacer esculturas figurativas de cabezas de amigos y sobre todo de animales en madera e incluso piedra, y posteriormente en los años setenta, esculturas de gran tamaño estirando telas sobre armazones metálicos. En 1960 tuvo su primera exposición en solitario en la Galería Tanager de Nueva York. Entre 1964 y 1988 expuso algunas piezas en la Galería Fischbach, y en 1983, la Universidad de New Hampshire organizó una retrospectiva de su obra. Después del fallecimiento de su marido, Anne Arnold dejó de esculpir y se dedicó a las acuarelas y bocetos a lápiz.

Gato acostado

 

Gato naranja

En 2006, la galería Alexandre ofreció representarla y organizó dos exposiciones en 2012 y 2014. Un crítico, hablando de la exposición de 2012, dijo: “En los cincuenta, cuando el expresionismo abstracto arrojaba su triunfante sombra sobre el arte americano, Anne Arnold creaba inteligentes y humorísticas esculturas de gatos, perros y personas, y siguió haciéndolo durante treinta años. En esta maravillosa exposición donde podemos admirar piezas que van desde finales de los cincuenta a principios de los ochenta, el equilibrio reside en la aparente vivacidad de los animales y el material del que están hechos, madera, barro y bronce. Puede que tarden ustedes un par de segundos en ver que un ensamblaje de bloques de madera pintados de naranja es un gato tumbado de espaldas con las patas al aire. Y este gato totalmente artificial da la impresión de estar vivo, lo que divierte, pero también asombra”.

Gato sentado (1988)

 

Gato tumbado

Otra crítica publicada el 17 de mayo de 2012 en la revista City Arts fue incluso más entusiasta: “Las esculturas de Anne Arnold expuestas en la Alexandre Gallery son magistrales, inteligentes, matizadas y llenas de humor. Cabe preguntarse por qué han transcurrido 24 años desde la última exposición en solitario de la artista”. Y sigue diciendo: “Las personas que no se quedan prendadas instantáneamente de las obras de Anne Arnold deberían preguntarse si están vivas y si no han perdido el sentido del humor”.

León

 

Quijote

Anne Arnold esculpió y pinto muchos animales, cerdos, conejos, camellos, caballos, puercoespines y gatos. Quizá estos últimos no fueran los que más reprodujo, pero sí podemos estar seguros de que los amaba. Basta con ver las fotos incluidas en esta entrada para darse cuenta. Reprodujo a Christy, a la que vemos con ella en 1987, en varias ocasiones. También está la maravillosa foto del gato Stubbs con un conejo, pero probablemente la que más demuestre su afecto por los gatos es una de 2001, realizada en su piso de Nueva York, donde se la ve sentada con un gato en el regazo al lado de su compañero Bob Brooks, ambos rodeados de esculturas de Anne.

La artista falleció de causas naturales pocos meses después de su tercera exposición en solitario, el 20 de junio de 2014 a los 89 años.


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Los gatos de Ylla, la fotógrafa de animales

En palabras del fotógrafo Charles Rado, fundador de la agencia Rapho en París, Ylla fue “una de las fotógrafas de animales más hábiles y entregadas; eran su vida, los amaba a todos”. Y según un artículo de la revista The New Yorker publicado el 14 de febrero de 1942, con ocasión de una exposición en la galería Weyher que incluía 29 fotografías de Ylla, “nunca ha fotografiado a un ser humano”. El artículo también indica que la fotógrafa usaba una Rolleiflex con una velocidad de exposición de 1/100 en interiores y 1/300 en exteriores.

Pero ¿quién fue la mujer que dedicó su vida a fotografiar animales de todo tipo, gatos, perros, ratones, serpientes, pájaros, animales de granja, en la selva? Daba igual mientras fuera un animal.

Retrato de Ylla, por Ergy Landau

Camilla Koffler nació en Viena el 16 de agosto de 1911 de madre serbia y de padre rumano, ambos de nacionalidad húngara. Durante la Primera Guerra Mundial viajó a pie entre Hungría, Rumanía y Yugoslavia, con las joyas de la familia cosidas en el cuello de piel del abrigo de su madre y dinero metido en sus zapatos. En 1919 ingresó en un internado alemán en Budapest, donde permaneció seis años. Se reunió con su madre en Belgrado y estudió escultura con Petar Palavičini en la Academia de Bellas Artes. Al descubrir que Camilla significaba “camello” en serbio, decidió cambiarse el nombre a Ylla. Su interés ya quedó patente realizando un bajorrelieve con animales y por su empeño en encontrar hogares para gatos y perros abandonados.

Se trasladó a París en 1931 para estudiar en la Académie Colarossi, mientras trabajaba como ayudante y retocadora para la gran fotógrafa húngara Ergy Landau, lo que la impulsó a dejar la escultura por la fotografía. Al año siguiente, durante unas vacaciones en una granja de Normandía, hizo fotografías de animales. Ergy Landau, al descubrirlas, se quedó impresionada y le organizó una exposición en la Galería de la Pléiade que fue todo un éxito, animándola a abrir un modesto estudio dedicado a la fotografía de animales.

Landau la introdujo en el entorno artístico de Montparnasse y conoció a Charles Rado, que empezó a hacerle publicidad para que tuviera encargos de editoriales.

Sus fotografías aparecieron en varias ediciones anuales de “Photographie”, en Francia, y de “Lilliput”, en Inglaterra. Publicó dos pequeñas colecciones de fotografías de gatos y perros en 1937, a las que siguió un año después su primer libro de importancia, “Petits et grands” (Pequeños y grandes), editado inmediatamente en Inglaterra y Estados Unidos. Ese mismo año colaboró con el biólogo Julian Huxley en su libro “Animal Language” (Lenguaje animal).

La Segunda Guerra Mundial y la invasión nazi interrumpieron momentáneamente su trabajo. Consiguió un visado para Estados Unidos con la ayuda del periodista Varian Mackey Fry, que logró salvar a numerosos judíos y militantes antinazis desde Marsella. Emigró a Nueva York en 1941; poco tiempo después abrió un estudio y reanudó su colaboración con revistas, zoológicos y editoriales.

Entre 1944 y 1954 publicó diez libros, entre ellos el clásico “Animals”, con un texto de Julian Huxley, titulado en francés “Des bêtes…” y acompañado por un poema de Jacques Prévert. Algunos libros suyos estaban destinados a niños, y dos de ellos, “The Sleepy Lion” (El león dormilón) y “Two Little Bears” (Dos ositos), se convirtieron en clásicos y fueron traducidos a numerosos idiomas.

Por Marie Dormoy, prefacio de Paul Léautaud

En 1948 se publicó “Le chat Miton” (El gato Miton), con texto de Marie Dormoy, una introducción de Paul Léautaud (https://gatosyrespeto.org/2017/09/28/300-gatos-y-paul-leautaud/) y fotos del gato Miton – el gran amor de Marie Dormoy – realizadas por Ylla. Queda pendiente una entrada acerca del libro si conseguimos encontrar bastante información.

Viajó a África por primera vez en 1952, recorriendo Kenia y Uganda durante tres meses para fotografiar animales salvajes en su entorno que formarían parte de su libro “Animals in Africa” (Animales en África), con texto del paleoantropólogo Louis Seymour Bazett Leakey. Hasta entonces había trabajado con animales en zoos, pero al descubrir la emoción de fotografiarlos en su entorno natural, jamás volvió a fotografiar a uno en cautividad.

El director de cine Jean Renoir la convenció para que viajara a la India, por lo que Ylla mandó una copia de “Animales en África” al maharajá de Mysore, que la invitó a presenciar el festival Dasara en 1954. Unos meses después, el maharajá de Bharatpur la invitó a otro festival. El 30 de marzo de 1955, mientas fotografiaba una peligrosa carrera de carros tirados por novillos subida a un todoterreno, se cayó y sufrió una herida mortal.

Las fotografías realizadas en India fueron publicadas en dos libros, “Animals in India” (Animales en la India) y “The Little Lion” (El pequeño león). Además, el interés generado por su trabajo permitió a Charles Rado, antes de fallecer en 1970, realizar otras siete colecciones de fotografías de Ylla.

Hablando de su gran amiga Ylla, Julian Huxley dijo: “Creo que nadie ha fotografiado animales como ella. Era muy especial porque en sus fotos captaba una cualidad esencial de los animales, algo que fotógrafos más ortodoxos tienden a ignorar al esforzarse en obtener una representación más realista y compleja”.

Ylla no tenía familia y legó sus bienes y todo su archivo fotográfico, este último bajo la supervisión de Charles Rado, a Pryor Dodge, que se convertiría en un gran coleccionista, hijo de su mejor amigo, el bailarín y coreógrafo Roger Pryor Dodge.

Su vida inspiró al director y productor Howard Hawks para la película “Hatari!” (1962), interpretada por John Wayne y Elsa Martinelli. El cortometraje “Les pigeons du square” (Las palomas de la placita), de Jean Painlevé, está dedicado a su memoria.


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Los gatos del grafitero C215

El grafitero C215, de verdadero nombre Christian Guémy, centra su arte en retratar a personas mayores, refugiados, mendigos, seres que viven en la calle y suelen ser ignorados. Entre ellos se encuentran los gatos. Probablemente sea

C215, junio de 2015

el artista callejero que más gatos haya pintado hasta la fecha. Los ha reproducido en el mundo entero sin limitarse a fachadas, también decoran buzones, puertas, esquinas recónditas, armarios eléctricos, así como numerosos objetos reciclables.

Nació en 1973 en Bondy, un pueblo al noreste de París. Al fallecer su madre cuando solo tenía seis años, le criaron sus abuelos y estudió en un colegio católico. Posteriormente se licenció en Historia, además de obtener un máster en Historia de la Arquitectura y otro en Historia del Arte en la Sorbona. Empezó trabajando como encargado de diseño en una empresa de muebles, antes de ser responsable del departamento de exportación en una compañía textil y acabar en una empresa financiera.

No realizó sus primeras obras hasta 2006, cuando ya había cumplido los 30 años. En el verano de 1989, a los 15 años, hizo algún que otro grafiti, pero enseguida lo dejó al no sentirse parte del movimiento hip-hop.

Alemania

En 2006 se instaló en Vitry-sur-Seine, donde empezó trabajando con la técnica del estarcido y se unió a la asociación M.U.R., acrónimo de Modulable, Urbano y Reactivo, y que significa “pared” en francés. El uso de plantillas le permitía trabajar rápidamente en lugares prohibidos, aunque actualmente, al ser conocido en todo el mundo y hacer algunos trabajos de encargo, también usa esprays.

En octubre de 2014 viajó a La Valeta, Malta, para visitar la concatedral de San Juan y ver el cuadro “La decapitación de San Juan Bautista”, de Caravaggio. Aprovechó para dejar varios ejemplos de arte callejero diseminados por la capital, pero Maltapost, o Correos de Malta, borró los dibujos al cabo de pocos días, lo que fue muy criticado por varias personalidades maltesas, el alcalde Alexei Dingli entre ellas.

Sus obras pueden verse en Nueva Delhi, Londres, Bristol, Estambul, Roma, Barcelona, Ámsterdam, Bristol, Oslo, Sao Paolo, Puerto Príncipe, Fez, Casablanca y otros lugares de Marruecos. Ha expuesto en solitario en museos y galerías de Europa desde 2009, concretamente en la galería Montana de Barcelona en 2012 y más recientemente, en 2015, en el Museo de Artes y Oficios de Montpellier, y del 7 de julio al 16 de septiembre de este año, en el Ayuntamiento del distrito XIII de París.

En abril de 2013 pintó un asombroso mural de 25 metros de altura representando un gato en la fachada lateral de un edificio del bulevar Vincent Auriol de París. El Ayuntamiento del distrito, que ya había encargado obras a famosos artistas callejeros como Shepard Fairey e Inti, entre otros, consideró que había llegado el momento de hablar con C215. En una entrevista dijo: “Decidí hacer un gato sencillo, me gustan las cosas sencillas. Es mi estilo de vida. Quería que el gato se convirtiera en el gato del barrio, que la gente se sintiera feliz al descubrirle saliendo del metro, que le quisieran. Ojalá pronto empiecen a decir: ‘Quedemos donde el gato'”.

 

Pero ¿qué le empujó a escoger un gato para este enorme mural? “Porque el gato simboliza la libertad y todo artista busca la libertad”. Añade que pintar en público, con varios fotógrafos plasmando la “performance”, no le pareció una experiencia de lo más interesante: “El grafiti no es una performance. Personalmente, prefiero ver a gente bailando o tocando música en vez de a alguien pintando una pared”, explica. “Pinto para mí mismo, aunque también para otros. Cuando pinto, no estoy en ninguna parte, no me fijo en lo que pasa a mi alrededor. Por eso prefiero hacer cosas más pequeñas, a escala humana, porque solo necesito centrarme durante unos minutos, y en ese espacio temporal estoy totalmente solo”.

Un mes después, en mayo de 2013, el artista volvió a pintar un gato de grandes dimensiones en la pared lateral de un edificio en Bristol, pero no hemos podido encontrar más información. Viendo el edificio, parece ser un gato más pequeño que el parisino.

En junio de 2014, la galería parisina Itinerrance, que representa a C215, lanzó una invitación a artistas callejeros del mundo entero para que se trasladaran al pueblo tunecino de Erriadh, en la isla de Djerba, para realizar 250 obras originales. El acontecimiento, llamado “Djerbahood”, equivale a un museo de arte callejero concebido de acuerdo con las normas clásicas de un museo en cuanto a luz, escenografía y recorrido. C215 participó con varias obras de las que incluimos dos gatos.

Además de gatos y algún que otro animal, C215 realiza retratos, y uno de sus modelos favoritos es su hija Nina, que empieza a darse a conocer en el mundo del arte callejero.

El 4 de enero de 2016, y mediante la técnica del estarcido, el artista realizó un doble retrato del policía Ahmed Merabet, abatido al enfrentarse a los asaltantes de la revista Charlie Hebdo. Fue un encargo del comandante Stéphane Motel, de la comisaría a la que pertenecía Ahmed Merabet. C215 hizo los dos retratos delante de la familia del policía y de unas cien personas; el primero representa a Ahmed de frente, con gesto solemne, mirando hacia el lugar donde cayó, y en el segundo se le ve de perfil, sonriente, vuelto hacia la calle.

Casablanca

Hablando de su trabajo, C215 dice: “Al fin y al cabo, detrás de los retratos siempre están la libertad y la dignidad frente a un sistema capitalista que nos aplasta día a día”. Dibuja todas sus plantillas, y cuando trabaja en su estudio de París es raro el día que no añade otras a la colección. Con un estilo único, está entre los grandes artistas grafiteros actuales.


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El gato Jones, Bob Dylan y Franco Matticchio

Gato en Mac

El gato Jones nació en 1985 y Franco Matticchio, su creador, se inspiró en una canción de Bob Dylan, “Ballad of a Thin Man” (Balada de un hombre delgado), del álbum de 1965 “Highway 61 Revisited”. En este tema se habla de un tal Mr. Jones, que hizo correr mucha tinta, pero nadie supo nunca a ciencia cierta quién era. Desde 1985 a 1992, Mr. Jones apareció regularmente en las viñetas de “Linus”, el famoso cómic italiano ahora desaparecido. A principios del verano de 2016, el autor publicó en Italia una recopilación de las numerosas aventuras de Mr. Jones y unas cuantas nuevas bajo el título de “Jones e altri sogni” (Jones y otros sueños).

Franco Matticchio está empeñado en dejar muy claro que Mr. Jones no es un gato. A pesar de llevar un parche en el ojo izquierdo, tampoco es un pirata. Viste camisa, tirantes y pantalón. Le gusta leer el periódico sentado en una confortable butaca delante de la chimenea encendida. Cuando no lee el periódico, suele tener las manos en los bolsillos y adoptar una actitud que va del más resignado asombro a la total decepción. Sale de paseo, dormita en prados, sueña mucho, juega al ajedrez; en otras palabras, lleva una vida de lo más normal, pero el mundo que le rodea parece poblado por criaturas inverosímiles, otros animales antropomorfos como él o mucho más realistas, y objetos con voluntad propia.

El gato Jones, que no es un gato, vive en un universo surrealista donde las almohadas huyen de las camas, el sol sale con estruendo, brotan los estampados de flores de las camisas y ocurren otras muchas cosas alucinantes. Él lo observa todo con gesto de incredulidad: su ojo se abre cada vez más, su boca forma una eterna “o” de asombro, recordándonos el estribillo de la canción de Bob Dylan:

Because something is happening here                       Porque algo pasa aquí,
But you don’t know what it is                                       pero no sabe usted el qué,
Do you, Mister Jones ?                                                  ¿verdad, Mr. Jones?

El padre de Mr. Jones es Franco Matticchio, un dibujante de cómic e ilustrador italiano nacido en Varese, que empezó trabajando en el periódico Corriere della Sera en 1979. Su primera colaboración con la revista Linus fue en 1986 y sus viñetas no tardaron en tener numerosos seguidores. A partir de este momento empezaron a aparecer dibujos suyos con regularidad en revistas como King, Linea d’Ombra y El Grifo. En 1987 publicó el libro “Sensa senso” (Sin sentido) con algunas historietas de Mr. Jones.

Al año siguiente ganó el primer premio de la iniciativa lanzada por la ONU “Cartoonists Against Drug Abuse” (Dibujantes cómicos contra las drogas). Fue el autor del storyboard y de los dibujos de una película publicitaria de animación para la asociación medioambiental Legambiente, ganadora del Premio al Mejor Film Publicitario en el Festival Internacional de Animación de Annecy en 1993. A continuación diseñó la secuencia de animación con el solitario bull terrier al principio del largometraje “El monstruo”, de Roberto Benigni.

Día de tren

The New Yorker le encargó una portada en 1999. Colabora habitualmente con la editorial Giulio Einaudi y en 2011 su obra se expuso en la Biennale de Venecia.

El peso pesa

 

El sueño de Mr. Jones

Mr. Jones quizá sea el más famoso, pero no es el único gato que aparece en las viñetas de Franco Matticchio, como se ve en las que incluimos en esta entrada. Además de gatos, el mundo de Matticchio está poblado por otros animales y personajes, entre ellos un extraño elefante que hace toda suerte de cosas con su trompa o un hombre cuya cabeza es un globo ocular. Todos viven en un mundo con fuertes reminiscencias de Magritte e incluso de Max Ernst donde abundan las pesadillas. Los dibujos del artista son ingeniosos, elegantes, llenos de fantasía, pero también muy sombríos y enigmáticos. El autor inventa personajes tan impredecibles como su entorno y suele colocarlos en situaciones más que inesperadas.

Mr. Jones

 

Gato y cortina lectora

La habilidad de Franco Matticchio radica en saber equilibrar la inquietud y lo escalofriante con el humor. Aunque las aventuras de Mr. Jones y otros no tienen un fin muy definido, el autor estructura la pequeña historia para comunicar emociones en medio de coyunturas imposibles de creer.

Sensa senso y Mr. Jones

Mr. Jones no entiende lo que pasa, se sorprende, pero no se inmuta y sigue viviendo en una realidad aparentemente normal si no fuera porque su almohada tiene tendencia a volar.


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Los gatos viajeros del pintor Romare Bearden

Romare Bearden no solo fue un artista, escritor, defensor de las artes, trabajador social, humanista y compositor, sino también un amante de los gatos. Se le conoce sobre todo por sus collages en los que a menudo describía escenas de la comunidad afroamericana.

Fue un artista prolífico, pero no hay muchos cuadros suyos con gatos, y estos suelen estar bastante escondidos a pesar de que fueron muy importantes en su vida y en la de su esposa, Nanette Rohan. Tuvieron cuatro gatos, tres de ellos con nombres ilustres algo transformados: Mikie, en honor a Miguel Ángel; Rusty, por el legendario héroe persa Ibn Rustom, y Tuttle, por Tutankamón. El cuarto, Gippo, quizá fue el más querido de todos y, desde luego, el que más viajó.

En 1967, Gippo acompañó al pintor y a su esposa de viaje al Caribe, tal como Romare Bearden le contó a Henry Ghent en una entrevista realizada en 1968: “Bueno, tenemos un gato, y no sabíamos dónde dejarle, así que decidimos llevarlo con nosotros. Cuando acabó el crucero, Gippo se había convertido en la mascota del barco, y no quería poner pie a tierra porque durante el viaje le daban casi medio kilo de hígado de ternera cada día. Claro que en algunas de las islas, como en Barbados por ejemplo, no podía entrar por la cuarentena que imponen a todos los animales. Era feliz a bordo del barco”.

Y sigue diciendo: “Es un gato muy guapo. Pronto cumplirá seis años. Sus rayas son perfectamente simétricas. Le encontramos en el bosque cuando era muy pequeño y debe de haber algo de gato salvaje en él. Tardó unos seis u ocho meses en acostumbrarse a la casa, pero ahora es feliz, se ha apoderado de mi estudio, es suyo”.

En otro momento de la entrevista, hablando de las numerosas fotos suyas con Gippo, comenta: “Siempre le digo a mi mujer que hubiera debido enseñarle a Gippo a posar; se habría convertido en la estrella de los anuncios de comida felina. Es tan bello que habría sido un modelo perfecto. Además, le encanta que le hagan fotos”.

Gippo fue el primer gato de los Bearden en hacer un crucero y ser tratado a cuerpo de rey, pero no el último. En los años siguientes, el matrimonio viajó a menudo al Caribe con todos sus gatos. Se cuenta que, en una ocasión, dos de ellos incluso tuvieron un camarote propio. Los Bearden compraron una segunda residencia en la pequeña isla de Saint Martin, mitad francesa y mitad holandesa, donde pasaron varios meses al año hasta 1980. Sus gatos, claro está, les acompañaban.

Romare Howard Bearden nació el 2 de septiembre de 1911 en Charlotte, Carolina del Norte. Su familia se trasladó a Harlem, Nueva York, cuando apenas sabía andar. Empezó a estudiar en la Universidad Lincoln, antes de trasladarse a la de Boston y, finalmente, a la de Nueva York, donde  se matriculó en dibujo. De 1935 a 1937 fue el principal dibujante humorístico del semanario “Baltimore Afro-American”.

A pesar de haber realizado dos exposiciones en solitario, por primera vez en Harlem en 1940 y en Washington DC en 1994, ambas con gran éxito, no pudo vivir de la pintura hasta entrados los sesenta. Desde mediados de los años treinta hasta entonces trabajó  en los Servicios Sociales de Nueva York, dedicándose casi exclusivamente a los gitanos, un pueblo al que llegó a conocer muy bien y a admirar profundamente.

El gato gris (1970)

 

Jóvenes universitarios (1964)

En 1954 se casó con Nanette Rohan, cuya familia procedía de Saint Martin. Entre sus amigos contó con artistas y músicos como James Baldwin, Stuart Davis, Duke Ellington, Langston Hughes, Ralph Ellison, Joan Miró (al que llevó a un partido de béisbol en Nueva York), George Grosz, Alvin Ailey y Jacob Lawrence.

Fue el primer director artístico del Consejo Cultural de Harlem, una organización de defensa de los derechos de los afroamericanos creada en 1964. Participó en la creación de varios centros artísticos, como The Studio Museum, en Harlem, y la Cinque Gallery, dedicada a apoyar a jóvenes artistas procedentes de minorías. También fue uno de los miembros fundadores de la Academia Negra de las Artes y las Letras en 1970 y miembro del Instituto Nacional de las Artes y las Letras desde 1972.

La paloma (1964)

Se le considera uno de los artistas visuales más creativos y originales del siglo XX. Experimentó con medios y estilos diferentes, pero quizá se le conozca sobre todo por sus magníficos collages, que aparecieron en las portadas de las revistas Time y Fortune en 1968. Asimismo, diseñó vestuarios y decorados para el Alvin Ailey American Dance Theater y para el Nanette Bearden’s Contemporary Dance Theater.

Falleció el 12 de marzo de 1988 a la edad de 76 años en Nueva York. Un amigo suyo dijo de él que había vivido nueve vidas (ya se sabe que en los países anglosajones los gatos tienen nueve vidas) todas en una.

Portada de la revista Fortune (1968)

 

Una mañana en Carolina (1978)

Dos años después de su muerte se creó The Romare Bearden Fundation, una organización sin ánimo de lucro dedicada al legado artístico del pintor. Hace poco ha empezado a desarrollar programas de becas para jóvenes artistas emergentes.


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300 gatos y Paul Léautaud

Fotografía de Robert Doisneau (1950)

El escritor y crítico de teatro francés Paul Léautaud, nacido en París el 18 de enero de 1872, firmó con el seudónimo de Maurice Boissard un sinfín de críticas mordaces y se dio a conocer por su espíritu subversivo y burlón. Su madre, cantante de opereta, le abandonó al poco de nacer, y su padre, actor y apuntador, un auténtico donjuán, tampoco se ocupó mucho de él. Dejó el colegio a los 15 años para trabajar y se autoeducó leyendo de noche a los grandes clásicos. Su colaboración con la revista literaria Mercure, cuya editorial le publicó una novela en parte autobiográfica, le dio a conocer en los círculos literarios, pero el gran público no le descubrió hasta el año 1950, gracias a sus charlas radiofónicas con Robert Mallet.

Con el gato Bonbon

 

Fotografía de Henri Cartier-Bresson (1952)

Era un hombre solitario que recogía a cualquier animal abandonado en su casa de Fontenay-aux-Roses, un pueblo cercano a París, donde vivió sin el menor lujo, dedicándose a escribir su “Journal littéraire” (Diario literario), en el que contaba, día a día, los acontecimientos que se sucedían a su alrededor. Falleció el 22 de febrero de 1956; sus últimas palabras fueron: “Y ahora, dejadme en paz”.

La habitación de Paul Léautaud

De él se conserva la imagen de un viejo eremita desmedrado y desdentado, con mirada penetrante, carácter hosco y poco amigo de los seres humanos. Pero alguien dijo que “quien ama a los gatos amará a Paul Léautaud”. Se comportó con ellos de forma ejemplar y totalmente desinteresada. Era capaz de dejarlo todo plantado para ir a socorrer a un gato necesitado. En los años cincuenta, cuando ya era muy mayor, no era raro cruzarse con él cerca de la estación de metro de Luxembourg con dos bolsas cargadas de comida para sus animales, aunque él fuera el hombre más frugal del mundo.

La autora Marie Dormoy, que fue su amante entre 1933 y 1939, y siguió siendo su amiga hasta que el escritor murió, cuenta que le dijo sin dudar que prefería la compañía de gatos y perros a la de cualquier bípedo, fuese masculino o femenino. En la introducción del libro que recoge su correspondencia con Paul Léautaud también dice que la primera vez que llegó a la casa de Fontenay, el olor a pis de gato era tan fuerte que tuvo que salir, respirar y volver a entrar.

Nos hemos permitido traducir algunos párrafos de “Le Chat”, un breve ensayo de Paul Léautaud:

“¡Dios mío! Ya he escrito mucho acerca de los gatos. Aún puedo escribir más. He tenido tantos a mi alrededor. A día de hoy, cerca de trescientos, me parece. Cada uno con su fisionomía, sus modales, su carácter. Igual que nosotros los seres humanos, lo digo a menudo”.

“Lo mejor es que no escogí a ninguno porque todos llegaron por las casualidades de la calle, pobres animales perdidos o abandonados por dueños carentes de conciencia, esa gente que un día acoge a un animal, gato o perro, por capricho, y una vez el capricho desvanecido, le dejan tranquilamente en la calle, expuesto a cualquier riesgo y a todas las necesidades”.

“Mando al diablo a Descartes porque dijo que los animales solo eran máquinas – me parece que decía lo mismo de los seres humanos. Al diablo también Buffon, que tachaba a los gatos de traidores e hipócritas. Y al diablo la dichosa opinión de que el gato solo quiere a la casa y mucho menos al amo. Y yo, que escribo estas líneas y que, después de todo, aunque parezca presuntuoso, no soy más tonto que ellos, sé mucho más de lo que hablo. La razón no lo es todo a la hora de conocer y de juzgar. Un poco de corazón tampoco viene mal”.

Paul Léautaud delante de su casa

“Acabo de decir que alimento a los gatos abandonados. La mayoría de mis compañeros felinos proceden del jardín del Luxembourg, cerca de la revista Mercure. Me entristece cada abandono del que soy testigo, pero también me aporta un gran placer cada rescate. Mi querido Coco, por ejemplo. Qué aullidos dejaba escapar el día que le atrapé y le llevé en el cesto. (…) Qué miedo pasó al principio, escondido debajo del aparador donde le pasaba bocaditos especiales y leche. Pero si le vieran ahora, acostado conmigo, tumbado de lado como una persona, la nariz cerca de la mía, una pata sobre mi cuello. ¡Y pensar que unos sinvergüenzas pusieron en la calle a un animal tan encantador, a un ser tan afectuoso, que solo ofrece cariño y dulzura! Tristes imbéciles, crueles y malvados”.

Paul Léautaud dibujado por Henri Ibels

“Un poco después de que empezara la guerra de 14, me fui con cuatro perros y once gatos a una región a la que iba por primera vez. En la época aún era un lugar muy poco concurrido. Al atardecer salía a dar un paseo por el campo, siguiendo la costa y el mar. Los once gatos me seguían con los cuatro perros, y si me detenía, me tumbaba un momento en el suelo, todo el mundo se detenía, formando un círculo a mi alrededor”.

“No soy, para todos estos animales, el ‘amo’, sino un compañero, como cada uno de ellos lo es para mí. Me considero un animal de otro tipo, sin saber muy bien cuál de los dos es mejor. Viendo la necedad, la grosería y la crueldad de los hombres, cabe preguntárselo”.

Un cuadro de Izis Bidermanas

Paul Léautaud tuvo unos trescientos gatos y unos ciento cincuenta perros. Todos ellos están enterrados en el jardín de su casa.

 


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Un gato llamado Oso Polar y Cleveland Amory

Polar Bear (Oso Polar) fue el protagonista de los libros “The Cat Who Came for Christmas” (El gato que llegó en Navidad), “The Cat and the Curmudgeon” (El gato y el cascarrabias) y “The Best Cat Ever” (El mejor de todos los gatos), los tres de Cleveland Amory, escritor, humorista, periodista, comentarista y gran defensor de los animales. Sin embargo, Cleveland Amory no sentía una especial predilección por los gatos, pero una fría y nevada Nochebuena neoyorquina de 1985 conoció a un gato blanco hambriento, en los huesos y cojo al que su ayudante Margaret Probst había atrapado en un callejón.

No había nadie disponible para acoger al animal mientras se le buscaba un hogar definitivo, y Amory se lo llevó a casa. Pasadas las fiestas, cuando por fin una familia estaba dispuesta a adoptarle, era demasiado tarde. Polar Bear ya tenía nombre, había conquistado al escritor y estaba a punto de convertirse en su compañero inseparable. Recorrieron Estados Unidos juntos, y en el primer libro, el autor incluso transcribe las largas conversaciones que mantenían.

Como hemos dicho antes, Cleveland Amory fue uno de los grandes defensores de los animales. Él mismo contaba que empezó a interesarse seriamente por el bienestar de los animales cuando, siendo un joven reportero, alrededor del año 1945, le mandaron a Nogales, México, para un artículo sobre una corrida. Asqueado por lo que vio y el hecho de que cortaran las dos orejas al toro y se las entregaran al matador, no dudo en tirarle un cojín que le dio de lleno, haciéndole caer al suelo.

A partir de ese momento, se hizo miembro de numerosas organizaciones defensoras de los animales hasta que en 1967 fundó, con Margaret Probst, el Fund for the Animals, una organización dedicada a crear santuarios y a proteger a los animales de la caza.

Una de las acciones más sonadas del Fund for the Animals tuvo lugar en 1978 contra las matanzas por aporreamiento de los cachorros de focas en las Islas de la Magdalena, Canadá. El Fund compró un arrastrero que se convirtió en rompehielos para llegar hasta las focas. Una vez allí, los voluntarios las pintaron con un tinte orgánico de color rojo totalmente inofensivo para ellas, pero que hacía la piel inservible para la industria peletera. Las horribles matanzas fueron prohibidas en 1983, en parte gracias a los repetidos esfuerzos del Fund.

En 1979, la organización puso en marcha una operación a gran escala para rescatar a 580 burros que iban a ser sacrificados por el Servicio de Parques del Gran Cañón supuestamente porque destruían la flora del entorno. El rescate duró dos años y se realizó con helicópteros. Cleveland Amory no cesó en su empeño hasta conseguir los fondos necesarios.

Volvió a librar otra batalla para impedir que se sacrificara a las cabras de la isla de San Clemente cuando la Marina estadounidense las acusó de acabar con la flora local. En este caso, las cabras se quedaron en la isla porque la batalla se ganó en los tribunales.

El mismo año que se rescató a los burros, el Fund compró un rancho de 607 hectáreas no lejos de Dallas para poder albergar una parte de estos animales. El rancho Black Beauty acoge a todo tipo de animales maltratados y, en palabras de Cleveland Amory, su idea “fue crear un santuario donde los habitantes podrían vivir libres y sin sufrir el abuso de los humanos”. Actualmente sigue siendo el mayor santuario dirigido por el Fund.

Amory reclutó a muchos famosos para sus campañas contra el uso de la piel animal en la confección de ropa, entre los que estaban Doris Day, Angie Dickinson, Henry Fonda, Andy Williams, Grace Kelly o Mary Tyler Moore.

Cleveland Amory nació el 2 de septiembre de 1917 en el seno de una acomodada familia de Boston. Su tía Lucy “Lu” Creshore solía recoger a perros y gatos sin hogar, y ayudó al pequeño Cleveland a tener su primer perro, un acontecimiento que siempre recordó como “el momento más memorable de mi infancia”. Estudió en Harvard y fue presidente del periódico “The Harvard Crimson”.

Se hizo famoso a finales de los años cuarenta con la publicación de tres libros satíricos sobre las pretensiones de la clase alta, concretamente la de Boston, donde había crecido. El último de estos se publicó en 1960. Fue el autor de una columna para la revista “Saturday Review” durante veinte años, desde 1952 hasta 1972. También en 1952, la cadena NBC le contrató como comentarista del programa televisivo “Today”, el primero de este tipo en el mundo. Siguió haciendo comentarios ligeros y satíricos sobre la sociedad durante once años, hasta 1963, cuando la cadena le despidió por una controvertida afirmación acerca de los derechos de los animales.

En 2017, Cleveland Amory habría cumplido cien años. Su lucha empezó hace seis décadas y libró muchas batallas de las que salió victorioso en numerosas ocasiones. Sin embargo, hoy en Estados Unidos, las leyes de protección animal parecen retroceder: se arrea de forma despiadada a los caballos y burros salvajes; los osos pardos se cazan sin control; se conceden permisos para matar a lobos en varios estados… No se había visto una política tan agresiva hacia las especies en peligro desde los días del secretario de Interior James G. Watt en los ochenta. Detrás de todo están organizaciones como el Safari Club International (SCI), decididas a eliminar cualquier prohibición que les impida cazar especies poco comunes por diversión y para conseguir trofeos.

Cleveland Amory tenía un gran sentido del humor y se denominaba a sí mismo “un cascarrabias”. Libró una lucha sin cuartel contra la experimentación con animales en laboratorios, la caza, el circo, la peletería, entre otros abusos. Falleció a los 81 años en su casa de Manhattan. Su querido Polar Bear le había precedido unos años antes. Las cenizas de ambos están enterradas a un metro de distancia en el rancho Black Beauty. El epitafio en la lápida de Polar Bear reza: “Hasta que volvamos a encontrarnos”.


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Los gatos cretenses de John Craxton

Dos gatos (1960)

El pintor inglés John Craxton compartía su casa en Creta con numerosos gatos y decía: “Los gatos son un buen ejemplo de la Ley de Parkinson. Prosperan”. Convivía con ellos, los usaba como modelos y solía mandar felicitaciones de Navidad con dibujos de gatos.

A John Craxton no le gustaba, con razón, que le colgaran la etiqueta de “artista neorromántico”, pues no describe ni de lejos toda su trayectoria. Nació en 1922, el cuarto de cuatro hermanos y una hermana, hijo de Harold Craxton, profesor y musicólogo de la Real Academia de Música, y de su esposa, la violinista Essie Faulkner. Su hermana fue la conocida oboísta Janet Craxton. La música, la comida y las motos fueron tres de sus grandes pasiones.

Dos gatos jugando (1955)

 

El gato Marco (1948)

El hogar de los Craxton estaba abierto a todos: músicos famosos y pobres estudiantes se sentaban juntos a comer y a charlar. La autora Elizabeth Jane Howard, que conocía a los Craxton, dijo, recordando el caótico hogar donde creció el pintor: “Eran felices, y como el polen, algo de eso se depositaba en todos los que estaban en contacto con ellos”. Pero no tardó en ser enviado a varios internados en los que no se sentía particularmente feliz. Por suerte, en el colegio Betteshanger conoció a la profesora de arte Elise Barling, a la que describiría posteriormente como “inspirada”. Gracias a esta mujer, y con solo diez años, el joven Craxton y algunos de sus compañeros expusieron dibujos en la Bloomsbury Gallery, una idea muy aclamada por la prensa de entonces.

Gato en silla

 

Gato y caracol (1965)

Los padres de un amigo de colegio le invitaron a viajar a París para visitar la Exposición Internacional de 1937 y allí descubrió el “Guernica”, de Picasso, así como “El segador”, de Joan Miró. Volvió a Paris dos años después, esta vez para ingresar en la Academia de la Grande Chaumière durante un año, antes de regresar a Londres en 1940 para estudiar en dos escuelas de arte, la Central y la Westminster.

 

Gato y gallo (1957)

En 1941 fue rechazado por el ejército debido a una pleuresía. Más o menos en esta época, en plena guerra, conoció a Peter Watson, cofundador de la revista Horizon. Este sería su mecenas durante varios años y le presentó a otros dos pintores amantes de los gatos, Robert Colquhoun y Robert MacBryde. También en esta época conoció a Lucian Freud; los dos tenían 19 años y se les consideró como el futuro de la pintura inglesa. Estudiaron juntos en varias academias e incluso compartieron un diminuto piso.

En 1944 expuso por primera vez en solitario en la Leicester Galleries, un lugar clave para artistas londinenses conocidos y no tan conocidos. En 1945 realizó un viaje con Lucian Freud a las islas Sorlingas, donde ambos pintaron, y un año después visitó Grecia por primera vez. No se instaló de forma definitiva en Chania, Creta, hasta principios de los años sesenta. Hablando de Grecia, decía: “Aquí me siento como una persona de verdad, con gente de verdad, elementos de verdad, ventanas de verdad, sol de verdad encima de todo. En una vida hecha de realidad, mi imaginación funciona. Pero en Londres me siento como un emigrante, totalmente aplastado”.

Gato y mariposas

 

Gato y pecera

Aun así, nunca dejó de viajar regularmente a Inglaterra, aunque cada vez menos. Solo abandonó Grecia voluntariamente desde 1970 a 1976 durante la dictadura de los coroneles.

Antes de mudarse a Grecia, en los años cincuenta, el coreógrafo Frederick Ashton le pidió que diseñara los decorados y el vestuario del ballet “Dafnis y Cloe”, protagonizado por Margot Fonteyn, la gran bailarina de la que se dice que fue su amante durante algún tiempo.

John Craxton y Margot Fonteyn

Sus diseños fueron usados en numerosas reposiciones del ballet, pero acabaron por perderse. En 1966 diseñó los decorados del ballet “Apolo”, de Stravinski, para el Covent Garden. Muchos años después, en 2004, el Royal Ballet celebró el centenario del famoso coreógrafo, y a pesar de su avanzada edad, Craxton recreó sus diseños originales de memoria.

Gatos durmiendo (1956)

 

Gatos en el jardín de Veg

Pero poco a poco, el “chico de oro”, como le llamaban los críticos de arte en los cincuenta, empezó a caer en el olvido. Muchos de esos mismos críticos le trataban de “poco serio” y le acusaban de no dedicarse bastante a la pintura. Es verdad que Craxton siempre prefirió el arte de vivir al de pintar, y pasaba mucho tiempo en bares y tabernas u organizando excursiones con amigos. Uno de ellos era Patrick Leigh Fermor, para el que ilustró varios libros, marido de la fotógrafa Joan Leigh Fermor, otra gran amante de los gatos.

Volvió a exponer en solitario en la Galería Whitechapel en enero de 1967, época en la que Londres estaba dividido entre el Pop Art y el expresionismo abstracto, dos corrientes que no tenían nada que ver con los cuadros modernistas rebosantes de luz de Craxton, tachados de irrelevantes por la crítica.

Gatos, langosta y niña

 

John Craxton pintando dos gatos para Joan Leigh Fermor (1956)

Durante el tiempo que abandonó Grecia, viajó por África y pintó, entre otros cuadros, uno en el que se ve a viejo león bebiendo en una poza de Kenia que fue adquirido por el famoso tenor Peter Pears, compañero de Benjamin Britten. El cuadro se encuentra ahora en el estudio de la planta baja de The Red House, donde el compositor trabajaba cuando ya no podía subir las escaleras. De hecho, Peter Pears había empezado a comprar cuadros y dibujos de Craxton en los años cincuenta, y reunió una importante colección de bailarines y pastores griegos.

John Craxton pintó a muchos gatos durante su vida. “Gatos cretenses”, realizado en 2003, es una pequeña obra maestra en la que dos gatos negros juegan en una silla cuyo asiento de enea se parece extrañamente a la espina dorsal de un pez.

Gatos cretenses (2003)

Fue elegido miembro de la Real Academia de Inglaterra en 1993. Nunca se casó y falleció el 17 de noviembre de 2009 a los 87 años, acompañado por Richard Riley, su compañero de muchos años.

Tarjeta navideña

 

Ian Collins publicó la biografía “John Craxton” en 2011, y el Museo Fitzwilliams de Cambridge le dedicó una exposición desde diciembre de 2013 a abril de 2014. Actualmente, sus obras se conservan en la Tate Gallery, el Victoria and Albert Museum, la Galería de Arte Moderno de Edimburgo y el Museo Nacional de Gales en Cardiff, entre otras instituciones.


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Los gatos de “El amante doble”

Danton, Chloé y Louis

Acaba de estrenarse en España la última película del conocido realizador francés François Ozon, “El amante doble”, un thriller con un final de lo más inesperado, protagonizado por Marine Vacth y Jérémie Renier, este último en un doble papel, tal como deja entrever el título. El peso de la historia, además de recaer en actores de dos patas, también depende de dos espléndidos gatos llamados Milo y Danton en la ficción, y un tercero, disecado, llamado Luigi.

Chloé, Luigi y la vecina Rose

 

Chloé, Rose y Milo

Chloé, la protagonista, tiene un gato llamado Milo, un inteligente cartujo al que adora. Se enamora de Paul, que no siente una gran simpatía por Milo. Deciden vivir juntos y Chloé descubre que su nueva vecina, Rose, una mujer mayor algo extraña a la que da vida la magnífica actriz Myriam Boyer, adora a los gatos. Decide dejarle a Milo momentáneamente, convencida de que le cuidará bien. Rose tuvo un gato llamado Luigi que murió hace dos años, lo hizo disecar y ocupa un lugar de honor en la habitación vacía de su hija. El tercer gato, Danton, pertenece a Louis, y es un magnífico gato calicó. No nos hemos equivocado, es carey y macho, producto de una anomalía genética. Y esa anomalía genética es la clave de la película, pero no diremos nada más para no revelar el desenlace del thriller.

La vecina Rose y Luigi

 

Milo y Chloé

 

Milo y Chloé

Añadiremos que el director nos confió que para hacer el papel de Milo usaron a dos gatos idénticos; uno era perfecto para las escenas en que debía moverse y saltar, mientras que el otro no tenía problemas para quedarse en brazos de la protagonista. La gata – sí, en realidad es una gata carey – que interpreta a Danton está acostumbrada a participar en concursos felinos y, al parecer, tiene la capacidad de permanecer quieta en el mismo sitio sin inmutarse, pase lo que pase. Pero, por lo que nos contó François Ozon, hizo una excepción en este rodaje. En una escena clave, de gran tensión, el realizador no entendió por qué sus dos protagonistas empezaron a reírse a carcajadas hasta que Marine Vacth le señaló a la gata. Esta, probablemente harta de esperar en la misma posición encima de la perfecta chimenea de diseño, estaba defecando con total impasibilidad.

Milo y Paul

Pero volvamos a la anomalía genética que hemos mencionado antes. Todos los amantes de los gatos sabemos que los carey o calicó son hembras o, al menos, eso creemos. Pero aproximadamente uno de cada 3.000 es macho, y de estos, solo uno de cada diez mil es fértil. Los calicó casi siempre son hembras porque el cromosoma X contiene el locus del gen para el color naranja. En ausencia de otras influencias, como la inhibición de color que produce el pelo blanco, los alelos presentes en los locus naranjas determinan si el pelo es naranja o no. Las gatas hembras, como cualquier mamífero hembra, tienen dos cromosomas XX. Al contrario, los mamíferos machos tienen un cromosoma X y uno Y. Ya que el cromosoma Y no contiene el locus del gen naranja, no es posible que un macho tenga los dos genes (naranja y no-naranja) para ser carey.

Gato carey

Sin embargo, puede ocurrir que la célula sufra una división defectuosa y deje un cromosoma X extra en los gametos que producen al gato macho. Esto se reproducirá en cada célula y el animal tendrá tres cromosomas  XXY, el llamado síndrome de Kliefelter (una condición que también puede aparecer en el ser humano). Si es así, el gato será macho con un pelaje carey o calicó.

Main Coon tricolor

Hay casos aún más excepcionales llamados “quimeras”. Son individuos producto de la fusión de dos óvulos distintos fertilizados a la vez. Si estos dos óvulos, tanto si ambos son masculinos (XY-XY) o uno femenino y otro masculino (XX-XY), se unen, el gato puede acabar teniendo el fenotipo de un macho tricolor.

Gata calicó de “doble cara”

Añadiremos que el pelaje calicó y carey se debe a una mutación del cromosoma X. Es totalmente imposible cruzar gatos con la esperanza de conseguir gatos calicó; incluso si se clonasen, nada garantiza que los gatitos fueran tricolor. Por eso, cuando el 8 de octubre de 2016, la protectora californiana The Cat House on the Kings (https://gatosyrespeto.org/2015/01/08/santuario-felino-en-fresno-california/) se hizo cargo de una camada compuesta por cinco gatitos tricolor ya les pareció algo poco común. Pero que, además, dos de estos gatitos fueran machos, es algo que va en contra de todas las probabilidades.

Uno de los gatitos machos

En mayo de 2013, Richard Smith y su novia llevaron a su gato Jake al veterinario para vacunarle. Al enterarse del nombre del gato, el veterinario les dijo que era una hembra, no un macho. Richard y su novia insistieron en que era un gato. Después de un breve examen, el veterinario no tuvo más remedio que rendirse ante la evidencia. Estaba delante del primer gato calicó macho que había visto en todos sus años de práctica. Richard Smith no tenía la menor idea de que Jake fuera un gato tan especial.

Jake

Sean hembras o machos, muchas culturas creen que los gatos tricolor traen buena suerte. En Estados Unidos, a veces se les llama “gatos del dinero” y el animal emblemático del estado de Maryland es una gata tricolor. Originalmente, el famoso maneki-neko japonés era calicó.


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El gato Erik the Red, del CSS Acadia

El CSS Acadia, un barco de vapor científico canadiense, fue retirado en 1969 después de 56 años de servicio y nombrado “lugar histórico” en 1976. Su botadura tuvo lugar en 1913, en Newcastle-upon-Tyne, Inglaterra, como la primera embarcación diseñada especialmente para vigilar las aguas del norte de Canadá. Después de su jubilación, se quedó amarrado en el Instituto Bedford de Oceanografía en Dartmouth, Nueva Escocia. Muchos exmiembros de la tripulación se ofrecieron para ocuparse de su mantenimiento y enseñarlo a curiosos hasta 1981, año en que recorrió la corta distancia que lo separaba del muelle que hay detrás del Museo Marítimo del Atlántico, en Halifax, para entrar a formar parte de la colección permanente del Museo.

Desde entonces, el Acadia ha albergado a cuatro oficiales controladores de roedores. El último de estos fue el muy querido Erik The Red.

Erik y Stephen Read

Como puede verse en las fotos, Erik era un gato pelirrojo, y Stephen Read, el encargado del barco, decidió llamarle Erik “El rojo” en honor al famoso vikingo. Según Read, una noche de 1999 volvía andando al barco y se dio cuenta de que le seguía un gato adulto, aunque joven. Hacía poco que Clare, la oficial encargada de roedores, se había jubilado y Erik ocupó su puesto inmediatamente. Al contrario de su antecesora, que no sentía una gran pasión por el trabajo, Erik se lanzó a la tarea y no tardó en tener el barco perfectamente controlado.

Era un gato amable que no solo patrullaba el Acadia, sino las tiendas y restaurantes del muelle. Se ganó la simpatía de todos, hasta el punto de que algunas personas le ofrecían jerséis para los duros inviernos de Nueva Escocia y el personal del Museo estaba convencido de que todo el mundo le daba de comer. No solo se hizo muy popular en el barrio, sino en toda la ciudad, en la provincia, y gracias a los medios sociales, en todo el mundo.

Stephen Read, que se encargó del Acadia desde su traslado a Halifax en 1981, dijo en una entrevista hace algunos años: “Es mi amigo y mi respetado compañero. He trabajado con tres oficiales controladores antes, pero Erik es el más eficiente de todos”. Parece ser que le llevaba “regalos” regularmente y los depositaba en sus botas mientras dormía.

Erik se jubiló oficialmente el 20 de septiembre de 2015, después de casi 16 años de servicio, aunque ya vivía desde hacía más de un año en casa de Stephen Read, que también se había retirado unos meses antes y solo pasaba unas horas a bordo del Acadia. El Museo decidió ofrecerle una fiesta, y pidió a los vecinos y visitantes habituales que escribiesen algo acerca de Erik. Una vecina dijo que Erik la había acompañado durante años camino del trabajo y que a menudo parecía esperarla cuando regresaba a su casa.

Durante su estancia en el Acadia, Erik sufrió tres intentos de secuestro que no llegaron a más gracias al personal del Museo y a los vecinos. También hubo que quitarle el ojo izquierdo por culpa de un melanoma.

Ya en casa de Stephen Read, el domingo 3 de agosto de 2015, Erik desapareció, y se colgaron carteles en todo el barrio. Siempre llevaba una medalla en forma de estrella colgada del collar con el número de teléfono del Museo en una cara y la frase siguiente en la otra: “Sé ir a casa, por favor, déjeme en el suelo”.

Tenía un problema de tiroides, solo podía comer cierto tipo de comida y debía tomar medicación dos veces al día. Por fin, el martes, Stephen Read recibió un sms de una vecina, Erik estaba en su casa. Según la niña, Erik no llevaba collar cuando lo encontró. Por suerte, la madre vio las noticias locales y se dio cuenta de que podía ser el gato al que todos buscaban.

Al parecer, Erik estaba como siempre hasta hace muy poco, cuando empezó a andar con dificultades. Stephen Read dice que todo ocurrió muy deprisa y Erik falleció a principios de agosto. Además de un libro de condolencias a la entrada del Museo y de una pequeña ceremonia, las cenizas de Erik se tirarán al mar, más allá de la isla McNabs, como se hizo con sus tres predecesores.

El Museo se despidió de él con estas palabras: “Erik fue el último de cuatro controladores de roedores que sirvieron con orgullo a bordo de este barco. Bien hecho, buen y fiel marinero, ve con Dios”.

Y para acabar, un breve poema de Carl Sandburg:

La niebla llega                                    The fog comes

con pasos de gato.                             on little cat feet.

Se sienta mirando                              It sits looking

el puerto y la ciudad                          over harbor and city

sobre patas silenciosas                       on silent haunches

antes de seguir adelante.                    and then moves on.

 

Nota final: También nos hemos enterado de que Stubbs, el gato que logró ser alcalde de Talkeena, Alaska (https://gatosyrespeto.org/2014/07/07/stubbs-un-gato-alcalde-en-alaska/), falleció el 21 de julio pasado. Que la tierra te sea leve.