Gatos y Respeto

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Gatos, Mendocino, California y Fran Moyer

Dos gatos negros (1980)

La artista Fran Moyer tenía una amiga llamada Margaret Reynolds que contaba lo siguiente: “Fran y yo nos hicimos amigas en 1938, cuando estudiábamos en el Instituto de Artes Manuales de Los Ángeles. Once años después, en 1949, yo vivía en un minúsculo apartamento de San Francisco. Fran estudiaba en la Universidad de las Artes de California, en Oakland. Me escribió diciendo que me faltaba un gato y que me había encontrado uno. Le contesté que no podía cuidar de un gato y que, además, tenía pirañas en el lavabo. A los pocos días apareció con el Tomcat (Gato macho), al que veo desde donde estoy”. (Boston 2008)

El Tomcat

Cuando Margaret escribió esto, Fran Moyer hacía un año que había fallecido. El Tomcat es la primera obra conocida de una artista que se dedicó sobre todo a la escultura pero que, curiosamente, nunca volvió a esculpir un gato. Ahora bien, compensó esa ausencia con decenas de pasteles dedicados a todos los felinos que conocía, callejeros, de sus amigos, los suyos propios.

A la luz de la luna (1989)

Fran Moyer nació en 1922 y siempre se sintió atraída por la escultura. Durante la II Guerra Mundial se alistó en el Cuerpo Femenino del Ejército de EE UU (WAC) y fue mecánica en una base aérea, lo que le permitió volver a la universidad gracias a un préstamo del Gobierno a muy bajo interés. En 1952 terminó los estudios de posgrado en Escultura en el California College of the Arts, donde después dio clases.

Autorretrato (1980)

La artista se centró en la escultura litúrgica a principios de los cincuenta trabajando la piedra, el cemento, la madera y el acero. Las 14 estaciones que componen su Vía Crucis, realizadas en acero, fueron galardonadas con diversos premios. En los años siguientes participó en numerosas exposiciones colectivas en el Museo M.H. de Young de San Francisco y el Museo Metropolitano de Nueva York, entre otros, y en solitario en el Museo de Arte de Oakland.

Gatos victorianos (1989)

A finales de esa década, el matrimonio Crotty, que tenía una casa en Mendocino, le hizo conocer la costa de la zona, y este pueblo no tardó en convertirse en el hogar de Fran Moyer. Empezó a dar clases en el Centro de Arte de Mendocino, creado por Bill Zacha. A partir de ese momento, el estilo de sus esculturas cambió y se hizo más travieso, más irónico, dos cualidades que caracterizaron todas las acuarelas de pequeño formato con las que se hizo famosa por segunda vez.

El tricolor de Mendocino (1987)

A partir de 1980 – transcurridos más de 30 años desde el Tomcat – Fran Moyer empezó a pintar gatos. ¿Por qué dedicó de pronto tantas acuarelas a gatos? Los suyos, Charlie (el de fuera) y el negro Buster (el de dentro) no aparecen hasta finales de la década de los noventa, como ocurre con Madge y Kate. Casi nos atrevemos a pensar que otra residente en Mendocino, Dorr Bothwell (https://gatosyrespeto.org/2018/08/23/gatos-y-la-pintora-californiana-dorr-bothwell/), influyó en ella, nunca se sabe…

Buster y Charlie (1996)

Kate y Charlie (1996)

Buster en el jardín (1997)

Madge en el jardín (1997)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero el primer cuadro con un gato es de 1979, un retrato de una mujer llamada Sandra Hawthorne con gatos callejeros. Sandra tiene un gato alrededor de los hombros, otro en los brazos y un tercero en el bolsillo de la blusa. Además, hay varios retratos de gatos en la pared.

Sandra Hawthorne y los callejeros (1979)

Los gatos de Fran Moyer demuestran que los conocía bien y los observaba. Son alegres, cómicos en ocasiones, pero siempre se comportan como auténticos felinos. También se nota que la pintora los quería y estamos seguros de que siempre tuvo, pero no había llegado el momento de retratarlos antes del año 80, cuando creó toda una serie de dibujos con todo tipo de gatos, incluso una mujer desnuda bailando con ellos.

Si nos fijamos en la composición realizada en 1995 donde tres gatos intentan caber en una alfombra verde, veremos que el del centro ha ocupado el mejor sitio; el de más abajo no cabe, tiene la mitad del cuerpo fuera, y el de más arriba está sentado, intentando hacerse un hueco. Todos los que tenemos varios gatos (tres o más) sabemos que esto ocurre habitualmente si hay un sitio favorito.

Gatos en alfombra (1995)

Ese mismo año, 1980, el 2 de octubre para ser exactos, el periódico The Mendocino Beacon publicó un artículo firmado por Hilda Pertha acerca de los gatos de Fran Moyer. Incluimos algunos párrafos traducidos con cierta libertad:

Exposición en la Galería Cielo (1980)

“Cuando una artista habitualmente seria adopta un estilo más ligero, aparece algo inesperado, y esto es lo que ha pasado cuando Fran Moyer ha empezado a fijarse en los gatos”.

En la cuerda floja (1980)

“Su amor por los felinos abarca la alegría y el humor, así como todos los cambios que ha observado en estas misteriosas criaturas. Los medios usados son claros y concisos: tinta y pintura en papel de tamaño medio, incluso pequeño, pero que puede dar la sensación de ser colosal”.

Los gatos de Fran Moyer (1995)

“Las formas siempre son convincentes, esté el gato estirado, descansando o muy activo. Cada uno es totalmente diferente de los otros y es mucho más que un mero cuadro de gatos. Sus dibujos van más allá del concepto felino habitual explotado por tantos artistas”.

Preguntas (1995)

En los años setenta, Fran Moyer también escribió un libro de cuentos infantiles protagonizados por la irascible Honey Glumm (Miel Taciturna) en los setentas. Tenemos la impresión de que, a pesar de ser una artista muy seria, debía tener un gran sentido del humor y unas enormes ganas de vivir.

Reflejo acuático (1985)

Durante la retrospectiva que le dedicaron en 2002, en su octogésimo cumpleaños, dijo: “Antes tenía mucho que decir acerca del arte, tenía ideas, teorías, todas esas cosas, pero ahora mis reflexiones parecen haberse hundido bajo la superficie de un oscuro estanque interior. Lo que no ha desaparecido es el deleite en los elementos del arte: el Color, con todas sus tensiones y entusiasmos, y la Forma, las formas naturales en el mundo real, y las formas no naturales, esas que los artistas mueven en el lienzo, sacan de la madera o de la piedra, construyen con materiales diversos o moldean en el barro”.

Fran Moyer en 2002

Un aluvión de gatos (1980)

“No hay nada como la naturaleza en cuanto a la Forma y el Color, pero si tienes un buen día, no hay nada más agradable que estirar, cortar, formar o moldear la materia para que acabe casi en el sitio deseado”.

El regalo (1987)

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Gatos y la pintora californiana Dorr Bothwell

Snowball (Bola de nieve) y capuchinas (1974)

El 28 de septiembre del año 2000, el diario The Los Angeles Times publicó una nota necrológica anunciando el fallecimiento cuatro días antes de Dorr Bothwell bajo el encabezamiento “La pintora con una vida nómada”. Este título puede parecer un poco exagerado porque es cierto que viajó mucho, pero se asentó en Mendocino, al norte de San Francisco, en 1962, y siempre regresaba a la pequeña ciudad donde dio clases durante veinte años. También fue allí donde pintó más gatos e incluso les dedicó toda una exposición en 1977.

Exposición “Toda clase de gatos”

Nació en San Francisco el 3 de mayo de 1902, y siempre decía que recordaba que su cuna rodó por la habitación durante el gran terremoto de 1906, así como el caos que siguió. Ese mismo año, cuando ella tenía cuatro, anunció a su familia que había decidido ser artista.

Un habitante de Mendocino (1977)

Empezó a estudiar arte en 1916 con Anna Valentien, una amiga de sus padres que había sido alumna de Rodin, y unos años después ingresó en la Escuela de Bellas de Artes de California, antes de seguir estudiando en la Universidad de Oregón, en Eugene. Tuvo un estudio en San Francisco desde 1924 hasta 1927 y fundó, con otros ocho artistas, la Galería de Arte Moderno de la calle Montgomery, donde expuso por primera vez en solitario. Además, la galería se convirtió en un centro neurálgico para los artistas de la ciudad californiana.

Weeny, el manx de Mendocino (1970)

Se llamaba Doris Bothwell, pero se cambió el nombre de pila por Dorr para defenderse del sexismo imperante y así facilitar su entrada en el mundo del arte. En 1928 falleció su padre y heredó un poco de dinero. Con 26 años se fue a Ta’u, la isla más oriental del archipiélago Manu’a (Samoa), aunque estaba muy mal visto que una mujer emprendiera sola un viaje tan largo, pero lo que pensaban los demás no era algo que detuviera a Dorr Bothwell. Durante su estancia de dos años en la isla, realizó xilografías, dibujos, acuarelas y óleos que consideraba sus mejores obras. Siempre se sintió unida a la gente de Samoa y añoró la isla, que consideró una fuente de inspiración durante toda su vida.

Regazo isleño (1980)

Gato isleño (1980)

Posteriormente estudió un año en París y Roma. En principio, Dorr Bothwell rechazaba el surrealismo, pero cincuenta y cinco años después era capaz de recordar los cinco primeros cuadros que vio en la Exposición Internacional del Surrealismo en la capital francesa. Parece ser que salió absolutamente “asombrada, transformada y marcada”, en sus propias palabras. También contaba que había visto “Un perro andaluz”, la película de Buñuel, en su visita a París.

El gato de Prímula (1938)

Regresó a San Diego y al poco se casó con el escultor Donald Hord, pero la relación no duró y se divorciaron a los cuatro años. Se mudó a Los Ángeles para realizar encargos de la fábrica de cerámicas Gladding McBean, formó parte del grupo postsurrealista que se había formado en torno a Lorser Feitelson y Helen Lundeberg, y abrió la galería Bothwell-Cooke. Trabajó en el departamento de murales del proyecto Artes Federales de Los Ángeles entre 1936 y 1939, periodo en que aprendió la técnica serigráfica, un medio que usaría frecuentemente.

1976

Durante la II Guerra Mundial, mientras estaba en Los Ángeles, compartió un modesto piso con la artista Tammis Keefe y empezó a describir su día a día el 9 de febrero, dos meses después del ataque a Pearl Harbor, en un diario ilustrado de lo más curioso y divertido.

El reto (1976)

Príncipe siamés (1939)

Al obtener la beca Abraham Rosenberg pudo estudiar en París entre 1949 y 1951.  Después de un año en Nueva York dando clases, se trasladó a San Diego y enseñó en la Escuela de Bellas Artes de California durante cinco años. Estuvo otro año en Europa, concretamente en Inglaterra y Francia. En 1962 empezó a dar clases en el Centro de Arte de Mendocino y siguió haciéndolo hasta 1983. En 1977 adquirió un estudio en Joshua Tree, una pequeña ciudad totalmente al sur de California, no muy lejos de San Diego. Vivió en ambos lugares hasta 1992, cuando se instaló en Apache Junction, Arizona.

Sherezade (1977)

Jessica escondiéndose (1985)

Estuvo algunos meses en Nigeria y en Túnez para aprender las técnicas de teñido con añil, tejido y cerámica. En 1968 publicó un libro que coescribió con Marlys Frey, “NOTAN The Principle of Dark-Light Design” (NOTAN El principio del diseño oscuro claro), reeditado en 1991. También viajó a Bali, Java y Sumatra para hacerse con la técnica del batik, y en 1995 pasó un tiempo en Japón.

Gato mexicano de cerámica (1962)

Gatos gemelos (1976)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dorr Bothwell falleció el 24 de septiembre de 2000 en Fort Bragg, California, no lejos de Mendocino, donde había vuelto a instalarse hacía poco tiempo desde Arizona. Ya no podía pintar ni dibujar al haber perdido la vista por una degeneración macular; sin embargo, y gracias al premio que le concedió la Fundación Pollock-Krasner en 1998, se dedicó a organizar sus obras, documentos y memorias para los Archivos Smithsonian de las Artes Americanas en la Biblioteca Huntington de San Marino.

Juego de sombras (1976)

No sabemos a ciencia cierta si Dorr Bothwell tuvo gatos, pero alguien que pintó tantos debió tenerlos. Las reproducciones que incluimos son una reducida muestra de los muchísimos gatos que le sirvieron de modelo. De todos ellos, alguno tuvo que compartir su hogar. Hay un autorretrato con gato de 1942, lo que implica la convivencia con uno. La primera obra con gato remonta a 1927 (“Gatos cazando”) y la última a 1985.

Autorretrato (1942)

Gato cazando (1927)

Hay un periodo comprendido entre el antes mencionado autorretrato y “Gato de palacio”, realizado en 1970, en que su obra no incluye gatos, como si no los hubiera vuelto a pintar hasta encontrar un lugar más estable, como fue Mendocino. Por mucho que hemos buscado, nadie la relaciona directamente con gatos, pero estamos seguros de que alguien que les dedicó una exposición, no solo los amaba, también los conocía muy bien.

Gato de palacio (1970)

A la memoria de Goldie (1986)


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Gatos en los retratos de Alice Neel

Alice Neel fue una pintora estadounidense nacida el 28 de enero de 1900. Entre los cientos de retratos que realizó solo hemos encontrado cinco en los que incluyó un gato. En uno de ellos, pintado en 1969, vemos a su hijo Hartley con un gato en brazos. Aparte de otros tres dibujos de siameses y el cuadro de un gato negro, no hay nada más.

Hartley y un gato (1969)

Creció en el seno de una familia muy estricta junto a tres hermanos y una hermana. Parece ser que en una ocasión su madre le dijo: “No sé qué esperas hacer en este mundo, no eres más que una chica”. Después de acabar el instituto en 1918, pasó un examen para funcionarios y consiguió un empleo muy bien remunerado, lo que le permitió ayudar a sus padres. Al cabo de tres años empezó a asistir a clases nocturnas de pintura y acabó matriculándose en el programa de Bellas Artes de la Escuela de Diseño para Mujeres de Filadelfia. Se costeó el primer año de estudios con sus ahorros y consiguió becas para los tres siguientes.

Mujer con gato (1932)

En 1925 se casó con el pintor cubano Carlos Enríquez y llegó a la isla en 1926. Allí fue inmediatamente adoptada por un grupo de artistas de vanguardia. Expuso por primera vez en el XII Salón de Bellas Artes de Cuba en 1927, el mismo año que la pareja decidió instalarse en Nueva York. Al poco de llegar, su hija Santillana murió de difteria cuando aún no había cumplido un año. A pesar del terrible golpe, Alice Neel encontró un trabajo en el National City Bank y se quedó embarazada de nuevo de su segunda hija, Isabetta. En 1930, cuando la niña tenía dos años, Carlos regresó a Cuba para dejarla con su familia y preparar el traslado de ambos a París, pero al final se fue solo. Alice cayó en una profunda depresión, intentó suicidarse en dos ocasiones y estuvo un año en un hospital psiquiátrico. Aun así, nunca dejó de pintar.

Siameses (1951)

Siameses (1950)

En los años treinta, en plena Gran Depresión, Alice Neel se acercó mucho al Partido Comunista, aunque nunca estuvo afiliada al mismo, y retrató a numerosos líderes políticos de izquierdas. En mayo de 1931 participó en el primer Washington Square Outdoor Art Exhibit, organizado por Jackson Pollock. Ese mismo año conoció a Kenneth Doolittle, un marinero opiómano que en diciembre de 1934, en un ataque de celos, cortó y quemó unos 60 cuadros y 200 dibujos y acuarelas de la artista. En palabras de Alice Neel: “Fue un tremendo acto de chauvinismo machista, quería controlarme totalmente. Tuve que salir corriendo del piso o me habría cortado la garganta. Fue muy traumático para mí, ya que destruyó algunas de mis mejores obras, cosas que había hecho mucho antes de saber que él existía. Tardé años en superarlo”.

Gato negro (1965)

Poco después tuvo una relación con John Rothschild, que la ayudó económicamente, pero a finales de 1935 se enamoró de José Santiago Negrón, un guitarrista puertorriqueño que tocaba en un local llamado “La casita”. El flechazo fue mutuo y él dejó a su esposa e hija para vivir con Alice. En septiembre de 1936 terminó el famoso cuadro “Los nazis asesinan a los judíos”. Alice Neel se encuentra entre los pocos artistas estadounidenses que plasmaron la suerte de los judíos a manos de los nazis en Alemania. Negrón amenazó con dejarla cuando se quedó embarazada, y aunque ella se empeñó en tener el bebé, lo perdió unos meses después. Durante el embarazo se mudaron del Greenwich Village al Spanish Harlem, donde la pintora vivió veinticuatro años. Era un lugar maravilloso para su creatividad. Se dedicó a pintar a todos los vecinos y también en esa época empezó la serie de mujeres desnudas. En septiembre de 1939 dio a luz a su primer hijo, Richard Neel. El padre les abandonó tres meses después.

Hartley y Richard

En 1940 conoció a Sam Brody, un fotógrafo intelectual muy próximo al Partico Comunista. No tardaron en vivir juntos, pero Brody no le dijo en ningún momento que estaba casado y que tenía dos hijos. Él visitaba a su mujer cada tarde, y durante varios años ni Alice ni la esposa supieron de su respectiva existencia. Entretanto, Negrón iba a ver regularmente a su hijo Richard y entregaba dinero a Alice. En 1941 dio a luz a Hartley. Su relación con Sam Brody duró hasta 1958.

Niña con gato

Peter B. Kaplan con gato (1950)

En los años cincuenta, el FBI empezó a vigilar a Alice Neel por sus simpatías hacia el Partido Comunista y lo siguió haciendo hasta mediados de los sesenta, época en que dejó el Spanish Harlem para mudarse al Upper West Side. Como muchas mujeres artistas de su tiempo, tuvo que luchar para ser reconocida, y ese reconocimiento no se hizo patente hasta que unos pocos críticos en los sesenta se fijaron en ella, sobre todo Hubert Crehan, un escritor y pintor conocido por su defensa de las artistas.

Dos gatos (1942)

En agosto de 1970, la revista Times encargó a Neel que pintara un retrato de Kate Millet, la gran feminista, para la portada de la revista. Millet rehusó posar porque consideraba que una sola mujer no representaba a todo el movimiento. Los directivos de la revista no se rindieron y le pidieron a Neel que hiciera el retrato a partir de una foto. Por entonces también retrató a Andy Warhol y a muchos otros. En los setenta ya era famosa y el presidente Jimmy Carter le entregó el Premio National Women’s Caucus for Art. De hecho, había alcanzado la cima cuando murió en su piso el 13 de octubre de 1984 rodeada de su familia.

Fotografía de Lynn Gilbert (1976)

Eddie Zuckermandel con gato (1948)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alice Neel luchó toda su vida contra la depresión, pero siempre consiguió superar los golpes y adversidades. Pintó pocos gatos, es verdad, pero nunca dejó de hacerlo. El primer retrato con un gato es de 1932 y el último, fechado en 1981, se titula “Victoria con gato”, quizá una de sus nietas.

Victoria con gato (1981)