Gatos y Respeto

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Gatos de todo tipo, por Tomi Ungerer

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En la localidad de Wolfarstweier, cerca de Karlsruhe, en Alemania, los niños menores de seis años van a una escuela llamada “Die Katze” (El gato). El edificio imita la forma de un gigantesco gato blanco agazapado, a punto de saltar. La boca sirve de puerta, los ojos son las ventanas y la tripa contiene las aulas. El rabo, en la otra punta, hace las veces de tobogán.

Además de aulas, cuenta con comedor, cocina, guardarropa y entrada. El edificio, que puede dar cabida a cien alumnos, encaja a la perfección con el sentido del humor de los niños, ofreciendo una alternativa a la idea del colegio clásico. El diseño del artista Tomi Ungerer y la arquitecta Ayla-Suzan Yndel fue inaugurado en 2011.

Jean-Thomas Ungerer, más conocido como “Tomi”, nació el 28 de noviembre de 1931 en Estrasburgo, a unos 90 km de la escuela felina. Publicó más de 140 libros, desde cuentos infantiles hasta relatos para adultos, pasando de la fantasía a la autobiografía. También se hizo famoso por sus viñetas satíricas y por sus carteles políticos y cinematográficos.

Tomi Ungerer

Tomi Ungerer realizó un sinfín de viñetas en torno a los gatos, además de dedicarles tres libros. En 1963 se le ocurrió, con William Rossa Cole, la idea del “A Cat Hater’s Handbook”, o “Manual del odia-gatos”, donde recopilaron diversos comentarios realizados por personas que supuestamente odiaban a los gatos, es decir ailurofobos. Actualmente, la ailurofobia se ve como una fuerte aversión hacia los pobres gatos.

Esta es la definición de S. Weir Mitchell, Médico, según una viñeta: “La verdadera ailurofobia: Algunas personas, al ver a un gato, sienten miedo, terror y asco. Esto puede ir acompañado de una sensación de frío, horror, debilidad, incapacidad de hablar o, en algún caso, imposibilidad de cerrar la boca, rigidez en los brazos, palidez, náuseas, en pocas ocasiones vómitos, pronunciadas convulsiones histéricas e incluso ceguera temporal”.

Otro comentario es de Mark Twain (https://gatosyrespeto.org/2017/12/07/los-19-gatos-de-mark-twain/), reconocido defensor de toda la raza felina, y dice así: “Los ignorantes creen que el ruido de dos gatos peleándose es muy molesto, pero no es así, lo molesto es la horrible gramática que utilizan”. A pesar de ser concebido en 1963, el libro no se publicó hasta 1981.

En 1973 escribió e ilustró “No Kiss for Mother”, publicado por Anaya en 2007 como “Ningún beso para mamá”. El protagonista es un gatito realmente malcriado llamado Toby (Toni Zarpas en español).

Finge lavarse los dientes, ensucia la ropa que su madre acaba de planchar, rechaza la comida que le prepara y, sobre todo, no permite que le dé besos. Toby no soporta que le besen. Su madre aguanta estoicamente hasta que ya no puede más y le enseña quién manda. El gatito decide portarse bien, pero… seguirá sin dar besos a su madre.

El tercer libro es “Cats as Cats Can”, título tan difícil de pronunciar como de traducir, por lo que ni lo intentaremos. Se trata de una pequeña colección de viñetas dedicadas únicamente a los gatos, de las que reproducimos alguna. Al final hay un texto de cinco páginas en el que Ungerer habla de sus gatos.

“Me encanta mirar y dibujar animales, pero los gatos son mis favoritos. Descansando o en movimiento, estas criaturas lánguidas, seductoras, sinuosas y sensuales, caprichosas y egoístas han sido una constante fuente de inspiración en mi vida, y la observación de su comportamiento ha resultado en cientos de ilustraciones. Para mí fueron especialmente importantes nuestros dos adorados birmanos, Piper y Heidsieck, que vivieron con nosotros en Canadá en los años setenta. Siguen apareciendo en mis grabados, carteles publicitarios y libros (Piper sirvió de modelo para Toby en “Ningún beso para mamá”)”.

A continuación añade unos pasajes del libro “Far Out Isn’t Far Enough” (1983) acerca de sus años en Canadá en homenaje a la memoria de Piper y Heidsieck.

Gatos de Wall Street

“Los gatos son inteligentes y lo saben. Pero también se les puede engañar, como a cualquiera. Entre la cocina y la entrada había una puerta acristalada en la que, durante mucho tiempo, faltaba un panel de vidrio. Los gatos tenían por costumbre usarlo como entrada y salida. El día en que se sustituyó fue muy doloroso para ellos. Estaban decididos a entrar por ahí, pero se daban contra el cristal”.

El gato Theo

Heidsieck murió, y escribe sobre él: “Le compré con Piper, su medio hermano algo más joven, en Nueva York, como regalo para Yvonne, al poco de conocernos. Era un gato muy orgulloso, clasista, que jamás se rebajó a tareas insignificantes como la caza. Le encantaban las caricias y bastaba con una pequeña muestra de cariño para que se derritiera como la mantequilla”.

“Piper, al contrario, es un insensato, un temerario que no se entrega a las caricias. Es un cazador nato, y pasa el día y la noche fuera. El mal tiempo no le detiene. Y es el único gato que conozco que no teme al agua. Era capaz de cazar tres ratas a la vez: dos con las patas y la tercera con la boca. Fuimos testigos. Pero al morir Heidsieck, la personalidad de Piper cambió de un día para otro. Se convirtió en amoroso y cariñoso, se queda en casa y ya no sale a cazar”.

Nueva Escocia, Canadá, 1973. Sin miedo al agua, Piper abre el camino
Música gatuna

La obra del dibujante Saul Steinberg (https://gatosyrespeto.org/2019/11/14/dos-gatos-hedda-sterne-sigrid-spaeth-y-el-dibujante-saul-steinberg/), sobre todo las ilustraciones de la revista The New Yorker, fue una inspiración para Tomi Ungerer, que se mudó a Nueva York en 1953. Profundamente antibelicista después de haber sufrido la ocupación nazi durante cuatro años, realizó una famosa serie de carteles contra la guerra de Vietnam a finales de los sesenta.

Muchas de sus ilustraciones apoyan la unidad de Europa, como la reconciliación francoalemana en su Alsacia natal y, sobre todo, valores europeos como la tolerancia y la diversidad. En 2003 fue nombrado Embajador de la Infancia y la Educación por el Consejo Europeo.

Vivía entre Irlanda, donde se compró una casa con su esposa en 1976, y Estrasburgo. Coleccionaba juguetes y se describía a sí mismo como “archivista del absurdo humano”. Hablaba perfectamente inglés con un impecable acento francés, como puede oírse en el documental “La historia de Tomi Ungerer” (2012). Falleció a los 85 años, el 9 de febrero de 2019, en Cork, Irlanda.

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