Gatos y Respeto

©


Deja un comentario

Gatos, romanticismo y Eugène Delacroix

Eugène Delacroix está considerado uno de los mayores exponentes de la pintura romántica. Se interesó mucho por los animales e iba regularmente al “Jardin des Plantes” (Jardín botánico), donde también estaba instalada “La casa de las fieras”. De hecho, sigue existiendo hoy en día aunque ya no se llama así. El pintor decía: “La mayor felicidad de un hombre que siente la naturaleza es poder restituirla”. Pintó a numerosas fieras, caballos, perros y algunos gatos, pero sobre todo los describió en maravillosos y, a veces, extraños bosquejos.

1843

 

No sabemos si Delacroix tenía gatos, pero es muy probable. En la Francia del siglo XIX, los animales estaban muy bien vistos, no solo entre los artistas, sino también entre la burguesía y la nobleza. Se creó el cementerio de perros a las afueras de París (https://gatosyrespeto.org/2018/05/10/los-gatos-del-cementerio-de-perros/) y el gato era muy apreciado por los románticos por su aura de misterio. Aún no se había excavado el gran templo dedicado a Bastet en Bubastis, pero se sabía que los egipcios veneraban a los gatos, y los egipcios estaban de moda en el XIX. No sería raro que el pintor tuviera uno o más gatos en su casa. Tres defensores de su obra y amigos suyos, el poeta Charles Baudelaire así como los escritores Théophile Gautier y Alexandre Dumas eran grandes amantes de los gatos.

Autorretrato (1837)

El artista como gato (1831)

Eugène Delacroix nació el 26 de abril de 1798 en Charenton-Saint-Maurice, muy cerca de París, cuando sus dos hermanos y su hermana ya eran mayores. Su padre, Charles Delacroix, había sido ministro de Asuntos Exteriores y embajador en Holanda antes de ser nombrado prefecto de Marsella y luego de Burdeos, ciudad en la que murió cuando el joven Eugène solo tenía seis años. Su madre, Victoire Delacroix, era la hija de uno de los más grandes ebanistas de entonces, Jean-François Oeben. Su madre falleció en 1814.

Cabezas de gatos y desnudo

Gatos y leones

Su tío Henri-François Riesner le hizo ingresar, en 1815,  en el conocido taller del pintor Pierre-Narcisse Guérin, pero este no se dio cuenta del talento del joven Delacroix. Por suerte, conoció a Théodore Géricault, que le protegió y animó a seguir pintando. Incluso posó para el célebre cuadro “La balsa de la Medusa”.

Maullando

En el Salón de París de 1822, con solo 24 años, presentó un primer lienzo de grandes dimensiones, “Dante y Virgilio en los infiernos”. La crítica lo apreció y otorgó el calificativo de “romántico”. Pasaba largas horas en el Louvre, inaugurado en 1793, admirando las obras de los clásicos. Con “Escenas de la masacre de Quíos”, pintado en 1824, conquistó definitivamente a la crítica más avanzada, así como a Victor Hugo y Alexandre Dumas, pero los academicistas le acusaron de conmocionar las costumbres y las reglas establecidas.

Gatos y joven romano

En julio de 1830, el alzamiento del pueblo de París contra la Restauración de los Borbones inspiró a Eugène Delacroix su cuadro más famoso, “La libertad guiando al pueblo”, adquirido por el Estado en el Salón de 1831. Un año después acompañó al emisario del rey Luis-Felipe a Marruecos para tranquilizar al sultán alauí, preocupado por la reciente conquista de Argelia por parte de Francia. El recuerdo del periplo desde Tánger a Mequinez permaneció con él el resto de su vida. Gracias a sus notas, a las acuarelas que realizó durante el viaje y a los objetos que trajo consigo, realizó sesenta y dos pinturas relacionadas con Marruecos.

Gata y pelota de lana

Dedicó gran parte de su vida a concebir grandes murales para edificios civiles y religiosos en París. En 1834 decoró el Salón del Rey en el Palacio Borbón, sede de la Asamblea Nacional. En 1837 se ocupó del plafón de la biblioteca de dicho edificio. A mediados de los años cuarenta realizó el mural de la biblioteca del Palacio del Luxemburgo, sede actual del Senado. A principios de los cincuenta pintó el plafón central de la Galería de Apolo, concebida en el siglo XVII por el pintor Charles Le Brun, pero que había quedado inacabada. La Villa de París le encargó las pinturas del Salón de la Paz del Ayuntamiento, pero desgraciadamente fueron destruidas en el incendio de 1871.

Además de los edificios civiles antes mencionados, pintó una “pietà” en la iglesia Saint-Denis y desde 1840 a 1861 decoró una capilla de la iglesia Saint-Sulpice.

La segunda Exposición Universal organizada en París en 1855 sirvió para dar a conocer a pintores como Jean-Auguste Ingres, Horace Vernet y el propio Eugène Delacroix. Se expusieron treinta cuadros suyos, escogidos por él, reafirmando su posición oficial como uno de los más grandes pintores franceses.

Jugando

Gatos, otros felinos y desnudo

A partir de la década de 1850 se interesó por la fotografía y fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad Heliográfica. En 1954 le encargó al fotógrafo Eugène Durieu una serie de fotografías de modelos masculinos y femeninos con criterios muy particulares: debían ser ligeramente borrosas y absolutamente sobrias, despojadas, para que pudiera volver a utilizarlas en sus cuadros.

Gato y dos leones

En 1857 decidió instalarse en la calle Fürstenberg con el fin de estar más cerca de la iglesia Saint-Sulpice. En esta nueva casa disfrutó de un jardín para él solo que hizo cambiar a su antojo. Jenny Le Guillou, el ama de llaves que empezó a trabajar con él en 1835, le siguió a la nueva residencia. Por fin, en 1861, consiguió acabar las pinturas de Saint-Sulpice, pero ya padecía de tuberculosis. Se refugió en la soledad en los últimos años de su vida.  Murió “agarrado a la mano de Jenny” en su casa el 13 de agosto de 1863 de una crisis de hemoptisis. Sus restos reposan en el cementerio del Père-Lachaise en un sarcófago imitando el modelo de la tumba de Escipión.

Sentado

Legó 50.000 francos, dos relojes y algunos cuadros a Jenny especificando que debía escoger los muebles que más le gustaban. Ella falleció el 13 de noviembre de 1869 y está enterrada al lado del pintor, según la última voluntad del mismo.

Durmiendo

Sus cuadros se vendieron en solo tres días en febrero de 1864 con un éxito inusitado. Los coleccionistas se habían interesado muy poco por su obra mientras vivía, obligándole a aceptar encargos del Estado y de la Iglesia para subsistir, pero cambiaron de idea a su muerte.

Aunque frecuentaba los salones y conoció a grandes escritores, a menudo se refugiaba en el campo, lejos del mundanal ruido. Admiró y fue amigo de Chopin y de Paganini. Baudelaire dijo de Delacroix que “es el pintor más original de los tiempos antiguos y de los tiempos modernos” y en 1963 publicó un libro dedicado a la vida y obra de su amigo.

Con los ojos cerrados

Anuncios


Deja un comentario

Gatos, palomas, peces de colores y Henri Matisse

El pintor Henri Matisse amaba a los gatos y a las palomas. Existen numerosas fotos suyas con Minouche, Coussi o La Puce, los tres gatos que tuvo cuando vivió en la villa “Le rêve”, en la Costa Azul. Minouche era un atigrado con una “M” dibujada en la frente y el pintor solía decir: “Eme de Matisse”. La Puce, que significa “La pulga”, pero también “La pequeña”, era negra y a menudo le acompañaba cuando no podía levantarse de la cama. Coussi era el más joven de los tres, quizá un hijo de La Puce, ¿quién sabe?

Con La Puce y Coussi (Foto de Robert Capa)

Año 1951

Matisse también tenía un gran interés por las palomas y los peces de colores, y tuvo varios perros. No es difícil llegar a la conclusión de que amaba a los animales en general. Sin embargo, solo pintó dos cuadros con gatos; el famoso “Gatos y peces de colores”, en el que vemos a un gato meter la pata en un bol en un intento de pescar algún pez, y el retrato de su hija Marguerite con un gato negro en el regado. El primero lo pintó en 1910, y el segundo en 1914. No se conocen otros cuadros suyos con gatos, y aunque aparecen dos o tres más en Internet, solo se trata de imágenes trucadas.

Gatos y peces de colores (1914)

Nació el 31 de diciembre de 1869 en Le Cateau-Cambrésis, una ciudad del norte de Francia donde su padre vendía grano. De joven estudió Derecho en París, desde 1887 a 1889, cuando regresó a su región natal para trabajar en un bufete, pero no tardó en asistir a clases de dibujo antes de ir al trabajo. Empezó a pintar a los 21 años mientras se recuperaba de una enfermedad y su madre le llevó lápices y un bloc de dibujo. Mucho más tarde dijo: “En cuanto tuve los lápices en las manos, supe que era mi vida”. Su madre fue la primera en aconsejarle que no siguiera las “reglas habituales”, sino que se dejara guiar por sus emociones.

Marguerite con el gato negro (1910)

Matisse se entregó a la pintura en cuerpo y alma, hasta el punto de que en una ocasión le dijo a Amélie Parayre, la joven con la que se casaría a los tres meses de conocerla: “La amo de verdad, señorita, pero sepa que siempre más a la pintura”. Se trasladó a París en 1891 para ingresar en la Escuela de Bellas Artes y en la Academia Julian, dos centros muy academicistas, pero también se familiarizó con las obras posimpresionistas de Paul Cézanne y de Vincent van Gogh.

Con su esposa Amélie

Empezó a exponer sus cuadros a mediados de los noventa y, generalmente hablando, las reacciones fueron favorables. En 1898 se casó con Amélie y tuvieron tres hijos, Marguerite, Pierre y Jean. Fueron años difíciles y si no hubiera sido porque la Sra. Matisse diseñaba maravillosos sombreros, la joven pareja y su hija lo habrían pasado muy mal.

Autorretrato

El galerista Ambroise Vollard (https://gatosyrespeto.org/2018/04/26/un-gato-sin-nombre-y-el-marchante-ambroise-vollard/) le organizó su primera exposición en solitario en 1904. Ese mismo año viajó a Saint-Tropez y a Collioure, en la Cataluña francesa, donde pintó varios cuadros que se expusieron en el Salón de Otoño de París en 1905. Estos cuadros y algunos de otros artistas no gustaron y un crítico comparó a los pintores con bestias salvajes, “fauves” en francés, dando pie al estilo fauvista. El cuadro más vilipendiado fue “Mujer con sombrero”, un retrato de su esposa. Sin embargo, lo compraron los coleccionistas Gertrude y Leo Stein, lo que dio a Matisse una inyección de moral en medio de tantas críticas negativas.

Matisse empezó a ser famoso, y entre 1906 y 1917 vivió en París, en una espléndida mansión llamada “Hôtel Biron”, con Auguste Rodin, Jean Cocteau e Isadora Duncan de vecinos. Era un hombre de costumbres regulares: se levantaba muy temprano para trabajar hasta la hora del almuerzo, volvía a su estudio después de comer y a última hora de la tarde tocaba el violín antes de tomar una cena ligera (un plato de sopa, dos huevos duros, una ensalada y una copa de vino). Solía acostarse temprano.

Con La Puce

Viajó extensamente a España, Italia y Marruecos entre 1909 y 1914 huyendo de los fríos inviernos de París. En esta época, el coleccionista ruso Sergei Shchukin fue uno de sus compradores más fieles adquiriendo un total de 32 cuadros. “Siempre se llevaba los mejores”, dijo Matisse. En 1917, queriendo alejarse de la Gran Guerra que destruía el norte de Francia, se mudó a Niza con su familia y solo regresó a París unas semanas al año en verano. Gran parte de su obra fue comprada por coleccionistas americanos, además de rusos.

Se separó de su esposa en 1939, después de 41 años de matrimonio. A partir de ese momento, la rusa Lydia Delectorskaya se ocupó de todos los asuntos del pintor con absoluta meticulosidad. Después de sufrir una operación en 1941, pasó largas temporadas sin poder moverse de la cama, lo que no le impidió seguir trabajando en compañía de sus gatos. Cuando se trataba de obras murales, y al no poder subirse a un andamio, ataba un pincel a un palo largo como hizo para la decoración del hotel Regina. Pero esa técnica no era una novedad, ya la había usado en 1910 para pintar el mural “El baile”.

Trabajando en “El baile” (1910)

Trabajando con Lydia en el hotel Regina, Niza (1952)

Matisse siempre intentó permanecer alejado de las corrientes filosóficas y de la política. Le causó una enorme sorpresa enterarse de que su exmujer había trabajado para el Partido Comunista, que su hija estuvo encarcelada seis meses por los nazis y que su hijo Jean saboteaba trenes para la Resistencia.

Con Coussi

Hacia el final de su vida sintió un nuevo impulso creador que le llevó a introducirse en las artes gráficas y a ilustrar libros. En 1951 acabó un proyecto que le llevó cuatro años, la decoración de la Capilla del Rosario (Chapelle du Rosaire) en Vence, que escandalizó a la jerarquía católica y tampoco fue bien vista por el mundo del arte contemporáneo de la época, muy influenciado por el comunismo.

Henri Matisse murió de un infarto a los 84 años el 3 de noviembre de 1954, con su hija Marguerite y Lydia Delectorskaya a su lado. Esta última abandonó la casa inmediatamente con la maleta que tenía preparada desde hacía 15 años. Está enterrado en el cementerio del monasterio de Nuestra Señora de Cimiez.


Deja un comentario

Gatos en la pintura de Francis Picabia

1

Francis-Marie Martinez de Picabia fue un pintor, dibujante y escritor francés perteneciente al dadaísmo y al

Autorretrato (1919)

Autorretrato (1919)

surrealismo. Su padre, Francisco “Pancho” Picabia, era de origen cubano y trabajaba en la Embajada de Cuba en París, ciudad en la que nació el pintor en 1879. Su vocación se manifestó muy pronto e ingresó en la Escuela de Artes Decorativas en 1895. Sin embargo, prefirió ir a la Escuela del Louvre y a la Academia Hubert, donde trabajó con Georges Braque y Marie Laurencin. En 1897 descubrió el impresionismo a través de los lienzos de Alfred Sisley, y un año después conoció a la familia Pisarro.

Durante los siguientes diez años, una de sus épocas más fecundas, pintó cientos de cuadros. Su primera exposición en solitario tuvo lugar en 1905 en la galería Hausmann con un éxito absoluto. Poco después empezó a dudar de los valores plásticos que le habían hecho famoso y en 1908 conoció a Gabrièle Buffet, muy unida al movimiento dada, que le animó a seguir su camino. Picabia rompió con el impresionismo y con sus marchantes gracias a la fortuna que le dejó su madre.

2

3

4

Se casó con Gabrièle en 1909 y tuvieron cuatro hijos, Laure, Pancho, Jeannine y Vincente. Dos años después se unió al grupo de Puteaux, encabezado por Jacques Villon. Su primer éxito internacional le llegó con una exposición en el Armory Show de Nueva York. Poco después fundó con Marcel Duchamp (hermano de Jacques Villon) y Man Ray la revista “291” (llamada así por la galería 291 de Nueva York) y adoptó la estética del diseño industrial.

5

6

En 1916 lanzó la revista “391” en Barcelona poco antes de unirse al dadaísmo, pero dos años después jugó a sabotear el movimiento con André Breton. Polémico, iconoclasta, sacrílego, provocador, era anti todo, antiburgués y anticomunista, puede que incluso anti Picabia.

Conoció a Germaine Everling en 1917 y la siguió a Lausana. En los años siguientes viajó a menudo a Nueva York, a Normandía y a la Costa Azul, donde era un asiduo de los casinos no siempre con muy buena fortuna. Con Germaine tuvo un hijo, Lorenzo, y la pareja contrató a una joven suiza, Olga Mohler, para ocuparse del niño.

7

Francis Picabia no solo era un jugador empedernido, también un apasionado de los coches. Llegó a poseer 150 automóviles, lo que probablemente tuvo que ver con su ruina económica. También amaba el cine y escribió el guión de un cortometraje, “Entr’acte”, que dirigió René Clair y que se proyectaba en el intermedio de su ballet instantaneista con coreografía de Jean Börlin y música de Erik Satie. Realizó numerosos decorados para los Ballets Suecos, dirigidos por Rolf de Maré.

8

Germaine Everling acabó dejándole y en 1940 se casó con Olga Mohler en el centro de Francia, donde habían huido ante la invasión alemana. Una vez acabada la guerra, volvió a un estilo abstracto. Arruinado, por primera vez debió vivir gracias a la venta de sus obras. En esa época pintó numerosos cuadros más bien pequeños de todo tipo de estilo. En 1949 la galería René Drouin organizó su primera retrospectiva. Poco después, su salud empezó a deteriorarse y sus últimas pinturas tendieron al minimalismo, puntos de color sobre fondos monocromáticos. Murió el 30 de noviembre de 1953, después de haber sufrido durante dos años de una arterioesclerosis paralizante que le impedía pintar.

9

Hay una web dedicada al pintor (http://www.picabia.com/) con una biografía muy completa (en francés y en inglés), pero en ningún sitio se menciona que tuviera gatos. Picabia pintó cientos de cuadros durante su vida. Que hayamos encontrado nueve retratos de gatos no demuestra que le gustasen. En cuatro de estos cuadros representa al mismo gato blanco: dos magníficos retratos, un estudio con personajes y un cuadro con dos perros. En dos retrata al mismo gato negro y en otro vemos a un gato blanco; estos tres parecen pertenecer a la misma época. El octavo es un gato blanco y negro, y el noveno pertenece a la época de “transparencias” (1934). Casi nos atreveríamos a decir que al artista no solo le gustaban los gatos, sino que compartió su vida con alguno.