Gatos y Respeto

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Muchos gatos y Agnès Varda

Agnes Varda y Zgougou de mayor

Los gatos de Agnès Varda son muchos y de todo tipo. Sabemos que Zgougou ocupó un lugar importante en su vida, pero se cruzó con muchos más. Por ejemplo, en su primera película, rodada en 1954, “La Pointe courte”, los gatos entran y salen de los planos, van y vienen a su antojo durante la filmación en el pequeño pueblo no lejos de Sète, en el mediterráneo francés, donde había vivido de adolescente.

Quizá con uno de los gatos de “La Pointe courte”

Nada parecía inclinar a Agnès Varda hacia el cine, pero algo la empujó a rodar “La Pointe courte” con poquísimo dinero, seis millones y medio de la época, o sea 65.000 francos nuevos a partir de 1958 y en euros algo menos de diez mil, cuando una película media en Francia costaba diez veces más.

Pero como dijo la propia Agnès Varda: “Teníamos diez veces menos dinero, pero diez veces más descaro”. Era su primera película, tenía 25 años y no estaba muy segura de sí misma: “Lo había previsto todo, imaginado cada plano, preparado todo con dibujos y fotografías. Los habitantes del pueblo estaban encantados y nos prestaron sus barcas, sus herramientas, a sus hijos y a sus gatos”. Efectivamente, los gatos hicieron de figurantes para la película, como lo demuestran los cuatro fotogramas que incluimos aquí. Casi nos atreveríamos a decir que la fotografía en la que se ve a la realizadora en primer plano y a un gato negro sentado al lado de una escalera corresponde a ese rodaje. Y antes de pasar a otros gatos, mencionaremos que el montador de la película fue Alain Resnais, que pasó meses ante la moviola sin cobrar.

Agnès Varda y Guillaume en Egipto

En 2007, cuando estaba a punto de cumplir 80 años, rodó “Les plages d’Agnès”, un documental autobiográfico en el que escogió como entrevistador a Guillaume-en-Egypte (Guillermo en Egipto), el avatar de su gran amigo Chris Marker (https://gatosyrespeto.org/2014/09/01/guillaume-y-m-chat-los-gatos-de-chris-marker/).

“Las playas de Agnès”

En una entrevista realizada en el Festival de Cine Internacional de Toronto, la realizadora dijo: “Le pedí permiso para que su gato me apoyara y me entrevistara. Aún no ha visto la película, pero casi cada día me manda dibujos de Guillaume por correo electrónico. Es una forma de que Chris esté en la película a través de Guillermo en Egipto”.

Agnès Varda fundó la productora Tamaris Films en 1954 para producir su primera película; la compañía se convirtió en Ciné-Tamaris en 1975 y sigue llamándose así hoy en día. Si teclean el nombre en Internet, descubrirán que el fondo de la página está compuesto por estrellas y el dibujo de un gato atigrado.

Logo de la productora Ciné-Tamaris

Además, como puede verse aquí, el logo de la empresa es un gato. Los títulos de crédito de un documental de Agnès Varda, “Los espigadores y la espigadora”, de 2000, empiezan con la foto de este mismo gato atigrado apoyando las dos patas delanteras en un cartel que reza “Ciné-Tamaris presenta”.

En la exposición “La gran orquesta de los animales”, organizada por la Fundación Cartier en 2006, Agnès Varda realizó “la instalación más modesta de todas” – dicho por ella – titulada “La tumba de Zgougou”.

Agnès Varda y Zgougou

Consistía en la proyección de un corto (ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Di-ydd09qH4&list=PLx79aMV1qzXBJYmaVPzL8evsMYR1F4Wq-&index=2) en una cabaña al fondo del jardín de la Fundación donde se ve cómo se edificó con conchas de colores la sepultura de la gata de la familia Demy-Varda en la isla de Noirmoutier, donde la realizadora tiene una pequeña casa. La gata atigrada, de nombre Zgougou (que significa “piñón” en árabe tunecino), murió en 2005.

Jacques Demy sentado en el gato gigante para “Piel de asno”

 

Jean Marais sentado en el gato gigante para “Piel de asno”

La montadora Sabine Mamou se la había regalado a Jacques Demy, el realizador de “Los paraguas de Cherburgo” y marido de Varda. Se conocieron en 1958 en el Festival de Cine de Tours; tuvieron un hijo, Mathieu, y él adoptó a Rosalie, la hija de Agnès. Jacques falleció en 1990 a los 59 años. Entre 1991 y 1995, Agnès le dedicó una película, “Jacquot de Nantes” y dos documentales, “Les demoiselles ont eu 25 ans” (Las señoritas han cumplido 25 años) y “L’Univers de Jacques Demy” (El universo de Jacques Demy). También realizó un corto muy corto de dos minutos titulado “Hommage à Zgougou (et salut à Sabine Mamou), que pueden ver en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=2cggCfxMEMQ&list=PLx79aMV1qzXBJYmaVPzL8evsMYR1F4Wq- El vídeo está subtitulado, aunque con errores de traducción, pero mejor eso que nada. En este pequeño cortometraje, la realizadora menciona al gato gigante que Jacques Remy hizo construir para “Piel de asno”, rodada en 1970.

Nacida el 30 de mayo de 1928 en Bruselas y considerada la madre de la Nouvelle Vague, Agnès Varda dijo en una ocasión: “Ya me llamaban la madre de la Nouvelle Vague cuando tenía 30 años”. Fue la fotógrafa oficial del TNP (Teatro Nacional Popular) de Jean Vilar durante una década. Siempre ha reconocido no haber tenido ninguna formación cinematográfica y haber visto muy pocas películas antes de rodar “La Pointe courte”. No se ha dedicado únicamente al largometraje de ficción, su filmografía incluye numerosos cortometrajes y documentales. Entendió muy pronto que la independencia artística dependía de la autonomía financiera.

Fue una de las 343 mujeres que firmaron “El manifiesto de 343” el 5 de abril de 1971 en el que admitían públicamente haber abortado, exponiéndose a ser perseguidas y encarceladas porque entonces esta práctica era ilegal en Francia.

Obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia en 1985 por “Sin techo ni ley” y el César a la Mejor Película Documental por “Les plages d’Agnès” (Las playas de Agnès), además del César Honorífico (2001) y la Palma de Oro Honorífica (2015). Acaba de terminar el rodaje del largometraje documental “Villages, Villages”.

 

 

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El gato Orangey, un premiado actor

Rhubarb – Orangey, el director Arthur Lubin, y sus compañeros de reparto Jan Sterling y Ray Milland

Orangey saltó a la fama en 1951 cuando fue el primer gato en protagonizar una película, concretamente “Rhubard”, dirigida por Arthur Lubin, con Ray Milland, Jan Sterling y Gene Lockhart. El largometraje cuenta la historia de Rhubarb, un gato callejero atigrado de color naranja con mucho carácter al que adopta un millonario dueño de un club de béisbol profesional. Al fallecer, deja todo su dinero y el club al felino.

Gracias al éxito que obtuvo en su primera aparición en la gran pantalla, trabajó en numerosas películas, como la famosa “Desayuno con diamantes” (1961), de Blake Edwards, con Audrey Hepburn y George Peppard, donde interpretó al gato que recoge Holly Golightly. Comparten techo durante un tiempo, pero Holly nunca le da un nombre: “A pesar de ser algo incómodo, no tengo derecho a nombrarle hasta que pertenezca a alguien”.

La actriz dijo una vez que lo peor que jamás había tenido que hacer en una película era echar a Gato del taxi bajo la lluvia: “Fue lo más desagradable que jamás hice como actriz en una película”. No podemos afirmarlo, pero creemos que le gustaban los gatos.

Orangey tuvo el papel de Neutrón en “Regreso a la Tierra” (1955), de Joseph M.  Newman, una película de ciencia-ficción, como puede deducirse por el título. A continuación le vimos en “El increíble hombre menguante” (1957), de Jack Arnold, en la que interpretaba a Butch, el gato de la familia que amenaza al muy menguado protagonista.

Regreso a la Tierra

 

El increíble hombre menguante

Entre 1952 y 1956 interpretó a la gata Minerva en la serie “Our Miss Brooks”, protagonizada por Eve Arden en el papel de una maestra soltera con una gata. A principios de los sesenta apareció en uno de los episodios de “El Show de Dick Van Dyke”, concretamente en “¿Dónde has estado, Fassbinder”, como Mr. Henderson. También fue uno de los animales de Elly en la famosa serie “Los nuevos ricos” (1962) y participó en algunos episodios de “Mi marciano favorito” (1963).

El show de Dick Van Dyke

 

Gigot

Trabajó en otras tres películas, “Gigot” (1962), con el genial Jackie Gleason; “La comedia de los terrores” (1964), de Jacques Tourneur, con Vincent Price y Peter Lorre, en el papel de Cleopatra, y finalmente “El pueblo de los gigantes” (1965), una película malísima donde interpretó a un gato gigante.

Los nuevos ricos

 

Mi marciano favorito

En total, catorce años de estrellato. No está nada mal. Orangey pertenecía al conocido domador de animales Frank Inn y fue su primera gran estrella. La segunda fue Higgins, un perro callejero rescatado de la perrera que tuvo un papel protagonista en la serie “Expreso a Petticoat” (1963), y en los largometrajes “Mooch Goes to Hollywood” (1971) y “Benji” (1974). Adoraba a los animales y no soportaba que las perreras sacrificaran animales sanos, por lo que los adoptaba. Si tenían aptitudes interpretativas, se los quedaba; si no, se los regalaba a amigos. Parece ser que en una época llegó a tener hasta mil animales y a gastar unos 400 dólares diarios en alimentarlos.

La comedia de los terrores

 

Our Miss Brooks

Pero volvamos a Orangey, ganador de dos premios Patsy, el equivalente del Oscar para animales, por “Rhubarb” y “Desayuno con diamantes”, las dos grandes películas de su carrera. Sin embargo, se rumorea que Orangey siempre tuvo dobles, aunque Frank Inn jamás quiso reconocerlo. Los gatos no se dejan amaestrar con tanta facilidad como los perros; tampoco imaginamos a un gato dispuesto a repetir la misma toma doce veces… Las malas lenguas dicen que para “Rhubard”, Frank Inn llegó a usar hasta 36 gatos anaranjados diferentes y doce para “Desayuno con diamantes”. Orangey existió, de eso no cabe duda, pero es muy posible que no fuera uno solo. Catorce años bajo los focos son muchos años para un gato; catorce años aguantando el ajetreo que supone un rodaje, las carreras, el ruido y los gritos hasta el famoso “¡Silencio, se rueda!”

Rhubarb

Orangey tenía, además, la reputación de ser un gato difícil. Según dicen, se comportaba modélicamente durante el rodaje, pero en cuanto oía “¡Corten”, podía arañar o morder a su coprotagonista, algo de lo que dudamos. Ningún estudio permitiría que un gato arañase o mordiese a una estrella del calibre de Audrey Hepburn, por ejemplo. Tristemente, cabe la posibilidad de que todos los Orangey estuvieran desungulados, una operación que por fin se ha prohibido en España.

Un ejecutivo de Paramount Studios describió a Orangey como “el gato más malvado del mundo”. Cuentan que aguantaba pacientemente mientras se rodaba, pero que entre toma y toma aprovechaba cualquier despiste para escaparse con la consecuente pérdida de tiempo mientras se le buscaba. Incluso dicen que Frank Inn apostaba perros en las salidas para impedirle que desapareciera. También dudamos que esto ocurriera a menudo; una o dos veces quizá… Pero Orangey era una estrella, y ya se sabe, todas las estrellas se rodean de una leyenda.

El pueblo de los gigantes

Dedicamos esta entrada a todos los gatos que han trabajando y siguen trabajando en el cine para entretenernos. Las leyes de protección animal han mejorado; ahora, al final de todas las películas con animales aparece un cartel garantizando que ninguno ha sido maltratado ni ha sufrido durante el rodaje. Pero basta con pensar en las horas que pasan metidos en un transportín – nos referimos a gatos -, al calor de los focos y a todo lo que supone un rodaje para echarse a temblar.

 


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La sombra del gato

El único testigo de un asesinato

El único testigo de un asesinato

Esta película británica de 1961, titulada originalmente “The Shadow of the Cat”, es una producción Hammer, aunque el nombre de la productora no consta en los créditos por razones contractuales. Normalmente, una película de terror al estilo gótico se habría rodado en color en esa época, pero no fue así. El realizador es John Gilling, un habitual de la productora, como lo es el director de fotografía Arthur Grant, y los protagonistas André Morell y Barbara Shelley. La película no llegó a estrenarse en España, pero sí en México, Brasil, Francia, Alemania Occidental, Suecia y Grecia, entre otros países.

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Ahora bien, hemos hablado de dos protagonistas, pero en esta película toda la historia gira en torno a una gata que ve cómo el marido de su rica dueña la mata con la ayuda de dos criados. La gata, de nombre Tabitha, decide vengar a su ama a pesar de que los asesinos solo desean deshacerse del único testigo de cuatro patas.

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Una noche de principios de 1900 en Inglaterra, Ella Venable es asesinada en el desván por Andrew el mayordomo, al que se unen el marido de Ella, Walter Venable, y la criada Clara. Entre los tres entierran el cuerpo sin vida de Ella en el parque de la mansión.

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Unos días después entran en escena el inspector Rowles y el periodista Michael Latimer para investigar la supuesta “desaparición” de Ella. Ninguno de los dos está convencido de lo que cuenta el marido; saben que Walter se casó con Ella por su dinero.

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Antes de asesinarla, Walter obligó a Ella a firmar un nuevo testamento dejándole como  único heredero de su fortuna. Sin embargo, el testamento original, en el que no le dejaba nada, está escondido en el desván. El asesino sube a buscarlo esa misma noche. El suelo del desván está en mal estado y una tabla cede bajo su peso, pero no le pasa nada. Baja y descubre a Tabitha. El mayordomo y el viudo se lanzan detrás de la gata, y esta se esconde en el sótano no sin antes arañar a Andrew y asustar a Walter, que sufre un amago de infarto.

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Ella tenía una sobrina favorita, Elisabeth Venable, a la que Walter invita a pasar unos días en la mansión preocupado por si pone en duda el testamento, pero a la joven no parece importarle que su tía no le haya dejado nada. Vuelve a encontrarse con Michael, el periodista, a quien ya conocía.

Walter debe mantener reposo por el amago de infarto y no puede seguir buscando el testamento, por lo que le pide a su sobrino Jacob Venable, un joven recién salido de la cárcel, y a sus padres, que se instalen en la mansión. Promete darles una parte de la herencia si encuentran el primer testamento y matan a la gata. Tabitha vuelve a ser testigo de la conspiración.

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Elisabeth no entiende por qué todos se empeñan en perseguir a Tabitha, una gata fiel y dulce que siempre hizo compañía a su tía. Michael está convencido de que Tabitha sabe la verdad de la desaparición de Ella.

Por fin consiguen atrapar a la pobre Tabitha, y Andrew el mayordomo decide ahogarla en la marisma cercana a la mansión, pero la gata se escapa y el criado muere en las aguas pestilentes. Los conspiradores se preocupan al ver que Andrew no regresa y descubren huellas de barro que ha dejado Tabitha. En el rellano, la criada Clara se encuentra con la gata; esta se le tira encima, la criada cae por las escaleras y muere.

Jacob desconfía de su tío, y mientras este duerme, abre la puerta para que Tabitha entre. Cuando Walter se despierta y se encuentra con la gata sentada en su pecho, tiene un auténtico infarto y muere. Curiosamente, se lo deja todo a su sobrino.

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Sin el testamento original, el inspector Rowles, Elisabeth y Michael poco pueden hacer contra Jacob y sus padres. Están a punto de irse cuando Jacob ve a Tabitha en el tejado y se lanza detrás de ella a pesar de que todos le miran. Edgar, su padre, aprovecha para seguir buscando en el desván. Jacob pierde pie y cae, matándose. Edgar descubre el testamento, escondido detrás de un retrato de Tabitha, en el momento en que aparece la gata. Al querer matarla como sea, destroza el desván y una viga se le cae encima, acabando con él.

Tabitah guía a la policía hasta donde se encuentra el cadáver de Ella. Elisabeth no quiere quedarse en la mansión a pesar de ser la heredera de todos los bienes de su tía. Unas semanas después, una nueva familia compra la casa y Tabitha observa a los nuevos propietarios mudándose.

Cartel de la película

Cartel de la película

Curioso final. Al ver la película, cabe preguntarse ¿por qué no se lleva Elisabeth a Tabitha? La gata no solo ha salvado la situación, ha tomado la justicia en sus “patas” y ha vengado a su dueña asesinada. Merecería no ser abandonada a su suerte.

Como cualquiera puede ver por las fotos, Tabitha no tiene nada de horrenda, ni da miedo. Elisabeth, en la película, dice: “¿De verdad me están diciendo que una gata normal ha conseguido aterrar a tres adultos?” La criada Clara, un poco antes de caer por las escaleras, grita: “¡Es un demonio!” Y el marido Walter, desde su cama, concuerda: “¡Es mala, es mala!” Por mucho que se empeñen los “malos” de la película, Tabitha es una gata simpática. Pero además de simpática, es una excelente intérprete, como lo demuestra en algunas escenas bastante complicadas. El director John Gilling no consigue que Tabitha parezca amenazante, aunque escupa y arañe. No hemos sido capaces de saber si Tabitha fue interpretada por varios gatos parecidos, como suele ocurrir actualmente.

Por cierto, olvidamos mencionar al principio que el compositor de la banda sonora fue Mikis Theodorakis.


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James Dean, el gato Marcus y el gato Louis XIV

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¿Quién no ha oído hablar de James Dean? Su muerte prematura, a los 24 años, le convirtió en una leyenda y en el símbolo del sentimiento de desilusión que se apoderó de una parte de la juventud estadounidense en la década de los cincuenta. Solo rodó tres películas, “Rebelde sin causa” (1955), “Al Este del Edén” (1955) y “Gigante” (1955) antes del fatal accidente de coche el 30 de septiembre de 1955 mientras se dirigía a Salinas, California, en su Porsche 550 Spyder para participar en una carrera.

Foto de Sandford Roth

Foto de Sandford Roth

Se ha escrito mucho sobre el joven actor, pero en cuanto al tema que nos interesa, su amor por los gatos, hemos descubierto que existen numerosas contradicciones. Se encuentran fotos de Dean con un gatito y otras con un gato adulto, ambos siameses. Sabemos que el gatito era suyo y que el otro era Louis XIV, el siamés del fotógrafo Sanford Roth, un gran amigo del actor, y de su esposa Beulah Roth (https://gatosyrespeto.org/?s=el+gato+cosmopolita). Se dice que el gatito se llamaba Marcus en honor a su tío o a su primo hermano. Ambos se llamaban Marcus, pero dado que el primo tenía 11 años cuando falleció Dean, es lógico suponer que fue en honor a su tío, el hombre que le crió. Muchos blogs cuentan que Marcus fue un regalo de Elisabeth Taylor durante el rodaje de “Gigante”, pero Beulah Roth tiene una historia diferente… Y nos fiamos de Beulah. Le conoció personalmente y escribió un libro sobre él con fotos realizadas por su marido. Más aún, en otro libro suyo, “El gato cosmopolita”, le dedica cuatro páginas y habla del gatito Marcus, aunque nunca le llama por ese nombre. A continuación hemos traducido algunos pasajes del capítulo catorce titulado “James Dean”.

James Dean en casa de los Roth

James Dean en casa de los Roth

Un día, mi marido me llamó desde Warner Brothers:

– ¿Te importa si traigo a un chico a cenar? Trabaja en “Gigante”. ¿Qué has preparado?”

– Pollo al curry. Si es joven, no le gustará. ¿Cómo se llama?

– Jimmy Dean.

Tragué saliva y me apresuré a ponerme una mascarilla facial de fresa.

Jimmy entró en casa por primera vez esa tarde de verano. Mi marido nos presentó; me dio la impresión de ser taciturno, arisco y muy joven. No sé comunicarme con los jóvenes, pero Louis sí supo qué hacer y me salvó saltando a su regazo. Me preocupó que Jimmy le abrazara con fuerza, pero Louis no protestó, se limitó a ronronear. Se hicieron amigos en ese momento.

Y menos mal, porque Louis estuvo en las rodillas de Jimmy durante toda la cena, que no tuvo nada de éxito. Jimmy no entendió cómo podía ponerse coco en la carne. Estaba acostumbrado a comer hamburguesas y chili con carne.

James Dean y Louis XIV

James Dean y Louis XIV

James Dean jugando con Marcus

James Dean jugando con Marcus

Beulah y Jimmy descubrieron que a los dos les gustaban las ciruelas, y el joven actor le mandó toda la abundante cosecha del ciruelo de su jardín. Beulah pasó varios días haciendo mermelada, tartas, etcétera. Pero volvamos al capítulo:

 A partir de ese día vino a menudo a casa, a veces porque le invitábamos y otras simplemente se presentaba, siempre era bienvenido. No sé si venía a ver a mi marido o a mí. Le caíamos bien, pero adoraba a Louis y acabamos por entender que era el invitado de Louis. Como buen anfitrión, Louis le dejaba sentarse en el trono, un sillón veneciano del siglo XVIII. Diseñado para aristócratas, tapizado con brocados, el sillón parecía ofenderse con la intrusión de las largas piernas revestidas de tela vaquera de James Dean. Y aquí, en una posición algo incómoda, se dormía con Louis en el regazo. Los dos soñaban.

A continuación dice que Jimmy Dean nunca se reía a carcajadas, como si la exuberancia le avergonzase, y que se entusiasmaba por cosas tan diferentes como las motos, la música clásica, el jazz, las corridas de toros, la tarta de manzana y los gatos. Le gustaban compositores como Bartok y Schoenberg, además de la música africana, y acababa de descubrir a Sartre, Genet y Malaparte, por lo que le entraron muchas ganas de visitar París, Roma y Venecia, pero no tuvo tiempo para hacerlo, y Beulah sigue diciendo:

James Dean y Marcus

James Dean y Marcus

James Dean, Beulah Roth y Louis XIV (foto de Sanford Roth)

James Dean, Beulah Roth y Louis XIV (foto de Sanford Roth)

Sé muy poco acerca de su vida personal (era el ser humano que menos hablaba de sí mismo que he conocido), como si hubiera un vacío, una extraña cortina de gasa entre el mundo y él.

Pero no había cortina entre los gatos y él. Y decidió que debía tener uno que se pareciese lo más posible a Louis. Me pidió que le ayudara a encontrar un siamés. Estudiamos los anuncios en los periódicos y por fin encontramos uno en Venecia, California, claro.

Venecia, California, es un lugar de lo más deprimente, diseñado por un constructor muy imaginativo y con muy poco gusto a principios de este siglo como una pobre imitación de Venecia, Italia. Ahora, los canales están vacíos y llenos de basura; las calles están pobladas de beatniks barbudos y chicas con medias negras.

Lavando su Porsche (Foto de Sanford Roth)

Lavando su Porsche (Foto de Sanford Roth)

Sigue diciendo que nadie reconoció a Jimmy Dean mientras paseaban por las calles de la falsa Venecia. Recogieron al gatito más precioso y perfecto, y antes de irse visitaron el hotel St. Mark, donde supuestamente había dormido Sarah Bernard.

Me llamaba tres o cuatro veces al día para saber qué debía hacer con el gatito; el mismísimo Dr. Spock no habría cuidado mejor de un niño.

Pesaba su comida, le tomaba la temperatura, le medía para saber si crecía adecuadamente, examinaba la caja de arena para asegurarse de que no tenía gusanos, le llevaba regularmente a visitar al veterinario, le sujetaba mientras le vacunaban, le hizo una camita, pero acabó dejándole dormir con él, le amaba, cuidaba, mimaba, toda su vida giraba en torno al gatito.

Podía haber tenido a cualquier chica, cenar en grandes casas, salir, pero prefería estar con un gatito siamés. Solo tenía una queja, le hacía madrugar.

– No me gusta madrugar, Beulah.

– Pues no madrugues, puedes permitírtelo.

– Pero es imposible con un gato. A veces me pregunto si vale la pena tener un gato, te obliga a madrugar muchísimo. Ojalá no me hubieras convencido.

– Puedes regalarlo.

– ¿Regalarlo?

– Conozco a alguien que se muere por tener un pequeño siamés. Son muy responsables, cuidarán de él.

– Pero ¿tienes piedras en la cabeza?

– No, Jimmy, intento ayudarte.

– No me lo parece.

– Verás, si de verdad quieres deshacerte del gato…

– ¿Deshacerme de él?

Estaba horrorizado, y siguió diciendo:

– Antes me muero. Él es lo que más quiero en el mundo.

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Marcus equilibrista

Marcus equilibrista

Parece ser que la víspera antes de irse a Pasadena dejó a Marcus al cuidado de su amiga Jeanette Doty con una nota indicando cómo debía cuidarle. Esta es la traducción de la nota:

1 cucharadita de jarabe Karo

1 lata grande de leche evaporada

la misma cantidad de agua destilada o hervida

1 yema de huevo

Mezclar y enfriar

No le des carne o leche fría

1 gota de vitaminas diaria

Lleva a Marcus al Dr. Cooper en la calle Melrose la semana que viene, toca vacunarle.

Nota con instrucciones

Nota con instrucciones

Dirán que no nos fiamos de nadie, pero… ¿por qué iba a dejar James Dean a su gato con una amiga si Pasadena está al lado de Los Ángeles? Y si quería dejar el gatito a alguien, ¿no habría sido más lógico dejarle con Beulah Roth? Sobre todo porque Sanford Roth le acompañó en ese último viaje. Seguía al Porsche en otro coche y fue testigo del accidente. Y por último, la receta para la leche no parece adecuada para un gatito…


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Un gato en la gran pantalla: “Harry y Tonto”

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En 1974 se estrenó “Harry y Tonto”, dirigida por Paul Mazursky, que se había dado a conocer con “Bob, Carol, Ted y Alice” y “Blume enamorado”. En esta ocasión contaba la historia de un profesor retirado de 72 años que sigue viviendo en el mismo piso que había compartido con su esposa y sus hijos en el Upper West Side de Nueva York. Pero el edificio va a ser derribado y sustituido por un aparcamiento cubierto, y Harry no tiene más remedio que irse con su amado gato Tonto. Una serie de pequeños acontecimientos convierte un viaje a Chicago en un recorrido con su gato de costa a costa en el que descubre un mundo que nunca se había molestado en mirar, conoce a gente, hace nuevos amigos y se despide de otros.

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El actor Art Carney, que encarna a Harry en la película, dijo: “No me gustaban los gatos hasta hacer esta película, pero Tonto es un gato impresionante. Tenía dos dobles, otros dos gatos que se le parecían como dos gotas de agua, por si se cansaba o se ponía enfermo, pero es un profesional de pies a cabeza. Nunca requirió los servicios de los dobles”. (Revista Times)

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Tonto, un gato pelirrojo, es realmente el coprotagonista de la película, ya que aparece en más de la mitad de las secuencias. Art Carney ganó el Oscar al Mejor Actor en 1975, a pesar de la competencia: Jack Nicholson por “Chinatown”, Dustin Hoffman por “Lenny”, Al Pacino por “El padrino II” y Albert Finney por “Asesinato en el Orient Express”. El actor dijo en algún momento que media estatuilla pertenecía a su compañero de reparto. Tonto se llevó el Premio Patsy, el equivalente al Oscar para los actores de cuatro patas. Sin embargo, la decisión no fue bien vista por todo el mundo… Se puso en duda la legalidad de la votación, se habló de interferencia por parte de la productora, Fox Studios, y otros pensaban que el perro Higgins debía ser el ganador por interpretar a Benji en la película del mismo nombre. Pero cualquiera que haya visto “Harry y Tonto” estará de acuerdo en que Tonto se merecía el galardón. Además, nos parece mucho más complicado convencer a un gato que a un perro para que se comporte de cierta forma delante de una cámara.

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Según el director Paul Mazursky, se le ocurrió que Harry paseara a Tonto con correa por las calles de Nueva York porque su madre tenía un gato manx pelirrojo al que paseaba por el Village. En la película, Tonto es la razón por la que Harry acaba cruzando Estados Unidos. El hijo del profesor le lleva al aeropuerto para que vuele a Chicago, pero Harry se resiste a que Tonto pase por la máquina de rayos X y decide coger el autobús. Harry no consigue convencer a Tonto para que use el lavabo del autobús y pide al conductor que detenga el vehículo. Tonto se escapa, el autobús se va, Harry encuentra a Tonto y compra un coche de segunda mano para llegar a Chicago. Posteriormente, sigue camino hacia Los Ángeles.

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El realizador Paul Mazursky también dijo que su plano favorito es el de Tonto en el piso de Harry, al principio de la película, cuando la cámara está a la altura del gato andando. Para conseguirlo, la adiestradora de Tonto se tumbó en una manta con la cámara mientras dos personas tiraban de la manta delante del gato.

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Según el director, colocaban trocitos de hígado crudo alrededor de Art Carney para que Tonto se le acercara siempre que fuera necesario para la escena. Betty Schumacher, la adiestradora, dijo en una ocasión que el actor trataba al gato como a un igual y que por eso Tonto se llevaba bien con él.

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Tonto es el protagonista, pero hay más gatos en la película. Cuando Harry y Tonto aún están en Nueva York y salen a hacer la compra, Tonto se fija en una gata de una tienda de ultramarinos. Hacia el final de la película, Harry está sentado solo en un banco en la playa de Venice, California, cuando llega una mujer mayor para alimentar a varios gatos callejeros que aparecen de pronto. En esa misma escena, Harry ve a un gato anaranjado en la playa y corre hacia él.


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Gatos, Vivien Leigh y Laurence Olivier

Los Olivier con New Boy

Los Olivier con New Boy

A pesar del título de esta entrada, solo hablaremos de Laurence Olivier en referencia a Vivien Leigh, bellísima mujer, magnífica actriz y gran amante de los gatos. Nació el 5 de noviembre de 1913 en Darjeeling, entonces India Británica. Subió siendo muy pequeña a un escenario con el grupo de teatro aficionado de su madre. A los seis años ingresó como interna en un colegio de monjas en Gran Bretaña: “Era la más joven de las internas y supongo que también la más mimada. Recuerdo que me permitían dormir con unos gatos. Los gatos siempre me han vuelto loca”. Unos años después acompañó a sus padres en un largo periplo por Francia e Italia, y no regresó a Inglaterra hasta 1931. Al cabo de poco tiempo conoció a Leigh Holman, un famoso abogado que tenía 13 años más que ella. Se casaron un año después y en 1933 dio a luz a su única hija, Suzanne. Aún no había cumplido 20 años.

Con New Boy

Con New Boy

Desde que tuvo uso de razón quiso ser actriz, y como le dijo a su amiga y compañera de internado Maureen O’Sullivan, que también tuvo una exitosa carrera como actriz, no había abandonado su sueño. Cambió su nombre a “Vivien Leigh”, buscó un agente y en 1935 consiguió el papel principal en la obra teatral “The Mask of Virtue”, por la que fue muy aplaudida en los escenarios londinenses. Laurence Olivier se interesó por ella y ambos protagonizaron en 1937 la película “Inglaterra en llamas”. A pesar de estar casados, empezaron una apasionada relación que duraría hasta 1960.

Los Olivier

Los Olivier

No tardó en conseguir el papel que la catapultaría a la fama internacional y por el que ganó el Oscar, el de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, producida por David O. Selznick. En 1940, Vivien Leigh y Laurence Olivier se divorciaron de sus respectivos cónyuges y pudieron casarse. Volvió a ser galardonada con un Oscar por su papel como Blanche Dubois en “Un tranvía llamado deseo”, con Marlon Brando, después de haber encarnado el mismo papel durante nueve meses en los escenarios del West End de Londres.

Con New Boy

Con New Boy

Se ha dicho que Vivien Leigh era una mujer caprichosa, con la que era difícil trabajar debido a sus bruscos cambios de humor, con una fuerte tendencia a la depresión, pero quizá no se sepa tanto que sufrió de un trastorno bipolar durante la mayor parte de su vida. La actriz tuvo tres pasiones, el teatro (prefería los escenarios a la gran pantalla), Laurence Olivier y los gatos. Casi nunca vivió sin un gato y, según su hija Suzanne, llegó a tener dieciséis siameses a la vez cuando vivía con Laurence Olivier.

Al poco de casarse, adoptaron un gatito callejero blanco y negro llamado Tissy. Cuando el ejército destinó a Laurence Olivier a Plymouth para aprender a volar, Vivien Leigh le siguió y se llevó a Tissy. En 1946, Laurence Olivier le regaló su primer siamés, New Boy, llamado así por el “New Theatre” de Londres (actualmente el teatro Noel Coward) donde trabajaba regularmente el actor. New fue uno de sus gatos más queridos, le consideraba casi como un amuleto y siempre le llevaba a su camerino cuando trabajaba. Posiblemente sea el más fotografiado de todos sus gatos con su elegante collar comprado en París. Por desgracia, New fue atropellado en Australia en 1948 mientras la pareja estaba de gira con la Compañía Old Vic.

A continuación llegó Armando, otro siamés muy parecido físicamente a New Boy que también llevaba el mismo collar y vivió hasta el principio de la década de los sesenta. Otro de los gatos más fotografiados de la actriz y que la acompañó hasta el último momento fue Poo Jones, un precioso siamés de ojos color violeta que dormía en su hombro e iba con ella a todas partes, incluso hizo una travesía en el Queen Elizabeth, donde salía a pasear por el puente con una correa. Poo Jones sobrevivió a la actriz y siguió viviendo con el ama de llaves, Mrs. Mac y, posteriormente, con el abogado Peter Hiley.

Con Poo Jones

Con Poo Jones

Otros gatos que vivieron con la actriz fueron Nicholas, Snow, la blanca Tiddly-iddly-iddly y Christmas, un gato rubio, entre otros.

A pesar de una complicada vida personal, su afecto por los gatos nunca cambió, pero no cabe duda de que prefería a los siameses. En una ocasión dijo: “Cuando se ha tenido un gato siamés, no puede tenerse otro tipo. Son animales maravillosos, tremendamente inteligentes y capaces de seguirte como un perro”. Las delicadas facciones de la actriz y sus ojos de color cambiante, entre verde y azul, hicieron que muchos la compararan con un gato. Su compañera de reparto en “Lo que el viento se llevó”, Olivia de Havilland, con la que se llevaba muy bien, dijo que al verla por primera vez pensó en “una pequeña siamesa y en el tintineante encanto de una linterna china”. Rex Harrison, que coprotagonizó con ella “Tormenta a la vista” en 1937, también dijo que “era muy parecida a un gato. Podía ronronear y arañar. Y era divina haciendo ambas cosas”.

En casa con Armando

En casa con Armando

Después de divorciarse de Laurence Olivier, vivió con el actor John Merivale, con el que había entablado una relación en 1958. El actor reconoció que Vivien Leigh no solo le había enseñado a respetar a los gatos, sino también a amarlos.

El 7 de julio de 1967, Vivien Leigh murió de tuberculosis, enfermedad que le había sido diagnosticada veinte años antes. Esa noche se fue a la cama con su querido Poo Jones mientras John Merivale iba a trabajar al teatro. Se levantó para buscar un vaso de agua y se desplomó con los pulmones llenos de líquido. John Merivale la encontró a medianoche con Poo Jones maullando a su lado.

Vivien Leigh, Laurence Olivier y Tissy

Vivien Leigh, Laurence Olivier y Tissy

La noche del 8 de julio, día en que se anunció oficialmente que había fallecido, todos los teatros de Londres apagaron sus luces durante una hora. Las cenizas de Vivien Leigh fueron dispersadas en el lago donde tenía una casa de verano.


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Muchísimos gatos y la actriz Sandy Dennis

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Sandra Dale “Sandy” Dennis nació el 27 de abril de 1937 en un pueblecito de Nebraska. Fue a la Universidad de ese estado antes S_Dennis_2trasladarse a Nueva York a los 20 años. En la cima de su carrera como actriz, en los años sesenta, fue galardonada con dos premios Tony de teatro y un Oscar® por su interpretación en ¿Quién teme a Virginia Woolf?, de Mike Nichols.

Aparte de ser una talentosa y bellísima actriz de cine y de teatro, Sandy Dennis tenía varias pasiones en su vida: una era leer, la segunda cocinar, la tercera pintar acuarelas y la cuarta… los animales, sobre todo los gatos. Murió el 2 de marzo de 1992 con solo 54 años, dejando a 33 gatos y a tres perros para los que se creó el “Sandy Dennis Memorial Animal Care Fund”.

Hemos recopilado algunas reflexiones de la actriz acerca de sus gatos. En 1968 reconoció, en una entrevista a Life Magazine, que tenía 25 gatos y 6 perros. Unos años después dijo: “Tengo muchos, pero prefiero no decir cuántos. Algunas personas me traen animales porque creen que uno más no cuenta y otras me escriben cartas horribles metiéndose conmigo, preguntándome por qué no me dedico a la gente en vez de a los gatos”.

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En su casa de Connecticut, con hectárea y media de terreno, los gatos iban y venían a su antojo. A una periodista le explicó que “tienen sus costumbres. Se despiertan entre las 6:30 y 7:00 de la mañana y quieren comer. Si tardamos un poco, se levanta un auténtico coro griego de maullidos. Tardamos unas dos horas en darles de comer, lavar los platos y fregar el suelo. Si hace buen tiempo, salen a dar un paseo. A las 5:00 vuelven a por chucherías, y a las tres horas, a por la cena. A partir de esa hora, les echo de la cocina”.

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Siempre dijo que su sueño era poder fundar un refugio para animales. Le habría gustado comprar unas cinco hectáreas de terreno y abrir un refugio “para animales mayores, animales a los que se va a sacrificar”.

En el jardín con Minou

En el jardín con Minou

Tenía gatos favoritos, como Alexander, al que le encantaban los espárragos, y otro rayado que había encontrado en Londres, pero confesaba con una gran sonrisa que muchos de sus gatos eran unos antipáticos.

Su amor por los animales nació a una temprana edad. Contaba que su madre volvía un día de trabajar en la tienda Woolworth y, en un callejón, vio a un gatito encerrado en un gallinero. Pasaron los días y el gato adelgazaba. Por fin, su madre llamó a la puerta y preguntó qué pasaba con el gato. La mujer le contestó: “Ya no queremos al gato, así que lo estamos matando de hambre”. Su madre le dio un puñetazo y la dejó sentada. La mujer llamó a la policía, pero por suerte el jefe de policía era el tío de Sandy Dennis. El gatito, claro está, acabó en casa de Sandy y vivió muchos años.

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También contaba que con tantos gatos no era fácil pintar acuarelas: “Es un poco caótico, siempre hay un gato dispuesto a pisar lo que acabo de pintar. Se beben el agua en la que limpio los pinceles…”