Gatos y Respeto

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“Yo + gato” y “Gato sin mí”, de Wanda Wulz

Wanda con gato desconocido

En 1932, la fotógrafa Wanda Wulz superpuso dos imágenes, la suya y la de su gata blanca y negra Mucincina. El resultado fue una increíble fotografía que tituló “Yo + gato” en la que ambas se funden hasta formar una auténtica “cat woman” como no se había visto nunca ni ha vuelto a verse. Creemos que para tener esta idea, Wanda Wulz debía amar profundamente a los gatos.

Yo + gato

También incluimos dos retratos, de la fotógrafa y de la gata, titulados “Autorretrato” y “Gato sin mí”, con los que consiguió un resultado final que requería un gran conocimiento técnico.

Gato sin mí

 

Autorretrato

Nació en Trieste en 1903 – la ciudad pertenecía entonces al Imperio austrohúngaro -, hija de Carlo y nieta de Giuseppe, dos famosos retratistas de la época cuyo estudio había sido fundado en 1883.

Con Plunci

 

Anna Maria Baldussi con el gato Pippo

Nada más nacer, Wanda se convirtió en el objetivo de la cámara de su padre, y un par de años después, con la llegada de su hermana Marion, las dos fueron las modelos favoritas de la familia. Su relación con la fotografía fue algo innato, primero delante de la cámara y luego, en cuanto tuvieron edad suficiente, detrás de la cámara y revelando.

Las hermanas Wulz

 

Pippo en palangana

A la muerte de su padre Carlo en 1928, las dos hermanas se hicieron cargo del estudio y siguieron con la tradición familiar: retratos, paisajes y encargos de fábricas y empresas instaladas en la entonces boyante ciudad. A pesar de que Marion se inclinaba más por la pintura, como lo demuestran las acuarelas y óleos suyos que se han conservado, no tuvo inconveniente en echar una mano a su hermana, sobre todo en lo que mejor se le daba: retocar fotografías en el cuarto oscuro.

Pippo jugando (1930)

Wanda fue el único miembro de la familia que intentó buscar un estilo propio. Fascinada por el dinamismo fotográfico de los hermanos Bragaglia, empezó a experimentar con fotomontajes y acabó creando imágenes de gran dinamismo y calidad.

Wanda adolescente con gato, fotografiada por Carlo

En 1932 participó en una exposición de arte futurista en Trieste donde conoció al famoso ideólogo del futurismo y editor Filippo Tommaso Marinetti, que la alentó a seguir experimentando y la ayudó a exponer en otras ciudades. A partir de entonces y hasta finales de los años treinta se dedicó a la fotografía vanguardista mezclando diversas técnicas y obteniendo resultados sorprendentes, convirtiéndose en la única fotógrafa italiana de la época de renombre internacional.

Wanda bebé, fotografiada por su padre

Un poco antes de la II Guerra Mundial abandonó la experimentación para dedicarse únicamente a la fotografía clásica, pero no ha quedado constancia del motivo de esta decisión, sobre todo porque su obra era muy conocida. ¿Pensó que el auge del fascismo en Italia podría acarrearle problemas si seguía en el camino vanguardista? Continuó trabajando con Marion hasta el año 1981, cuando cerraron el estudio y entregaron su enorme archivo fotográfico al Museo Nacional de Fotografía de los hermanos Alinari.

Wanda con Plunci

Wanda y Marion pertenecían a una auténtica dinastía de fotógrafos que desapareció con ellas. Y tenían gatos, como lo demuestran algunas fotografías. Además de Mucincina, cuya foto ha recorrido el mundo, estaban Pippo y Plunci. Pero hay muy poca información documentada acerca de las dos hermanas y de su vida, aparte de generalidades. Se sabe que Wanda nunca se casó y que falleció cuatro años después de que cerraran el estudio. Pero ¿y Marion? Si se casó, no tuvo hijos, ya que todo el legado fotográfico fue donado a los hermanos Alinari.

Sin embargo, la documentación gráfica suple ampliamente la carencia de documentos escritos. Como hemos dicho antes, las dos hermanas fueron fotografiadas por su padre desde su más tierna edad. Carlo documentó regularmente la vida de sus dos guapísimas hijas, empezando con la foto de Wanda en un cesto con el cartel “Paquete de cinco kilos”. Siguió fotografiándolas a medida que crecían, y aquí es donde encontramos la primera foto de Wanda adolescente con un gato blanco y negro. Hemos intentado descubrir si es la gata Mucincina que usó para el famoso retrato “Yo + gato”. Es posible que fotografiara a Mucincina años antes de crear la superposición.

Wanda y Marion

Hemos incluido algunas imágenes de Marion y Wanda, aunque no estén fotografiadas con gatos, sencillamente porque nos parecen muy bellas.

Pero pasando ya a los documentos gráficos gatunos, hay dos fotos de Wanda con un gato gris llamado Plunci, quizá hechas por Marion. Una foto realizada en los años cincuenta muestra a Ana Maria Baldussi con Pippo en brazos. Pippo también está fotografiado jugando y en una palangana. Está claro que Pippo vivió en casa con las dos hermanas. En otra foto se ve a Wanda con un gato desconocido, pero algo nos dice que quizá no sea ella. No hemos encontrado un fuente fidedigna con referencia a esta foto.


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Los gatos de Hong Kong

Marcel Heijnen es un fotógrafo amante de los gatos afincado en Hong Kong, ciudad a la que regresó después de una ausencia de 18 años: “Era la primera vez en 40 años que vivía sin la compañía de un gato, así que cuando descubrí a un gato sentado con gran dignidad en el mostrador de una tienda cerca de mi casa, decidí entrar a saludarle y, de paso, le hice unas cuantas fotos”.

Aquí añadiremos que Hong Kong es un lugar muy especial en lo que a gatos se refiere. En la mayoría de ciudades modernas hay leyes estrictas sobre la presencia de animales en tiendas, pero ni en la península ni en las islas de esa región se regula la presencia de los gatos, y campan alegremente en tiendas e incluso en restaurantes. Por eso se le ocurrió a Marcel Heijnen hacer una serie de fotos e incluirlas en el libro “Hong Kong Shop Cats” (Los gatos de las tiendas de Hong Kong), publicado en 2016 por Asia One Publishing. Además, las fotos se expusieron en la Blue Lotus Gallery en abril de ese mismo año.

Parece ser que los habitantes de Hong Kong creen que los gatos traen buena suerte, además de ser muy útiles a la hora de librar a las tiendas y trastiendas de roedores, por lo que forman parte íntegra de las familias dueñas de tiendas y pequeños negocios. Algunos son adoptados desde pequeños, pero otros llegan, se instalan y empiezan a “trabajar”.

Hay zonas con más gatos que otras; por ejemplo, los barrios de Sheung Wan y Sai Ying Pun cuentan con una elevada población felina. Marcel Heijnen explica que, en la mayoría de casos, encontró a sus modelos por casualidad, mientras recorría esas zonas. En una entrevista para el lanzamiento del libro, dijo: “Reconozco las tiendas donde hay gatos. Si viviese en un sitio más cercano a Central, probablemente nunca hubiera descubierto este fenómeno”. Sus amigos, al enterarse del proyecto, también le hablaron de tiendas en sus barrios.

Ahora bien, según el fotógrafo, la dificultad no residía en encontrar a los gatos, sino en fotografiarlos. La inmensa mayoría de felinos residentes en tiendas son amables, simpáticos y no dudan en acercarse al cliente para pedir caricias, pero no es tan fácil como parece sorprenderles “trabajando” o durmiendo la siesta. En palabras de Marcel Heijnen: “No tienen miedo de la gente, y en cuanto sienten que me fijo en ellos, se acercan en busca de atención. Adiós a la foto. Una solución es quedarme en la tienda el tiempo suficiente para que el gato y el dueño ya no se den cuenta de mi presencia; a veces llega un momento mágico, una especie de sincronía entre ellos dos”. Ya se sabe que es imposible conseguir que un gato pose.

El gato Dau Ding y su dueño

El primer gato al que Marcel Heijnen fotografió es Dau Ding, en la calle principal de Sai Ying Pun, con el que tiene una relación especial. Hablando del libro, comenta: “Espero que las personas que lo lean sonrían y descubran algo que no habían visto antes, la relación simbiótica y respetuosa entre humanos y felinos nacida de la necesidad práctica, pero construida sobre el afecto”.

Los gatos de Hong Kong no solo viven en tiendas, trastiendas y pequeños almacenes. Basta con recorrer a pie las zonas rurales de los llamados Nuevos Territorios para ver a gatos en cualquier esquina. También los hay en los mercados y alrededor de los puestos de comida, pero la mayoría de estos no tienen dueño y no se parecen mucho a los afables y bien alimentados gatos retratados por Marcel Heijnen.

Todas las fotos incluidas en este artículo fueron realizadas por Marcel Heijnen y aparecen en el libro “Hong Kong Shop Cats”, disponible en Amazon.


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Gatos de París y Robert Doisneau

París, la noche, los gatos (1954)

París, la noche, los gatos (1954)

Robert Doisneau fue uno de principales representantes de la fotografía humanista francesa con Willy Ronis, Edouard Boubat, Izis Bidermanas y Emili Savitry. De estos cuatro, solo Savitry parece que no se interesó por los gatos, pero sus tres compañeros retrataron a muchísimos.

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Doisneau nació el 14 de abril de 1912 en Gentilly, en la periferia de París. Perdió a sus padres siendo muy joven y se crió con una tía poco afectuosa. Estudió Artes Gráficas y se licenció como grabador y litógrafo en 1929. En 1931 trabajó para el fotógrafo modernista André Vigneau, que le hizo descubrir la Nueva Objetividad fotográfica. Un año después vendió su primer reportaje al Excelsior, un diario que dejó de publicarse en 1940. La empresa Renault le contrató como fotógrafo industrial en 1934, pero acabaron despidiéndole cinco años después debido a sus habituales retrasos.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial conoció a Charles Rado, fundador de la agencia Rapho, donde trabajó hasta la declaración de la guerra. Estuvo en el ejército francés como soldado y fotógrafo hasta 1940; a partir de entonces y hasta 1945 usó sus conocimientos de grabador para falsificar carnés y pasaportes para la Resistencia.

Una vez acabada la guerra, reanudó el contacto con la agencia Rapho, de la que pasó a formar parte en 1946 y donde permaneció hasta el fin de su vida, incluso después de que Henri-Cartier Bresson le invitara a unirse a Magnum.

El gato blanco de la portera (1945)

El gato blanco de la portera (1945)

Sus reportajes abarcaron los temas más diversos: la actualidad parisina, los barrios populares de la capital, las provincias; y realizó fotos en el extranjero, la URSS, Estados Unidos, Yugoslavia y otros países. Su foto más famosa quizá fue “El beso en el Ayuntamiento”, publicada por Life, que incluimos aquí aunque no tenga nada que ver con gatos.

El beso ante el Ayuntamiento

El beso en el Ayuntamiento

Conoció al escritor Robert Giraud en 1947 y trabaron una gran amistad. Juntos publicaron tres libros entre 1950 y 1955. En total, el fotógrafo publicó unas treinta colecciones de fotos, entre las que destacaremos “La banlieue de Paris” (La periferia de París) en 1949, con textos del famoso escritor Blaise Cendrars.

Blaise Cendrars

Blaise Cendrars

 

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

Nos permitimos un inciso para añadir que este autor tenía un gato blanco llamado Legión porque había luchado en la legión francesa durante la Primera Guerra Mundial. En la contienda perdió el brazo derecho, tal como puede verse en las dos fotos que incluimos.

El más bello de la exposición (1946)

El más bello de la exposición (1946)

La revista Vogue le contrató en 1948, convencidos de que aportaría un toque de frescura a las fotos, pero Robert Doisneau no disfrutaba fotografiando a bellas mujeres en ambientes elegantes y se escapaba a las calles de París siempre que podía.

El niño, el gato y la paloma (1964)

El niño, el gato y la paloma (1964)

En los años sesenta fotografió a celebridades de la talla de Alberto Giacometti, Jean Cocteau, Fernand Léger, Georges Braque y Pablo Picasso, amantes de los gatos todos ellos. Fue amigo del poeta Jacques Prévert, otro enamorado de las calles como él y que dedicó poemas a los gatos.

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La identidad de la pareja del famoso beso fue un misterio hasta 1992, año en que los Lavergne, convencidos de que eran ellos, demandaron a Doisneau por haberles fotografiado sin su permiso, y no tuvo más remedio que decir los nombres de la pareja. Se trataba de Françoise Delbart y Jacques Carteaud, pero no los fotografió en aquel momento. Les vio besándose y se acercó a preguntar si les importaba volver a hacerlo para fotografiarles. Ambos querían ser actores y aceptaron encantados. La relación de la pareja solo duró nueve meses. En junio de 1950, cuando la revista Life publicó la foto, Doisneau le regaló a Françoise un original firmado y sellado como pago por su trabajo. En abril de 2005, ella vendió la foto por 155.000 euros a un coleccionista suizo en una subasta organizada por Artcurial Briest-Poulain-Le Fur.

El niño del gato

El niño del gato

Se dice de él que era un fotógrafo paciente que siempre mantuvo cierta distancia con los temas que escogía. Sus fotos destilan nostalgia, ironía y ternura. Supo atrapar instantes de la vida de los habitantes de París y de la periferia, artesanos, gente en cafés, sintecho, enamorados, barqueros y los gatos que se cruzaban en la vida de toda esta gente. Empezó utilizando cámaras Rolleiflex de formato 6×6, antes de pasar a la Nikon y la Leica 24×36.

Dijo: “No fotografío la vida tal como es, sino la vida tal como me gustaría que fuese”.

Se casó con Pierrette Chaumaison en 1936 y tuvieron dos hijas, Annette, nacida en 1942, y Francine, nacida en 1947. Annette fue su asistente a partir de 1974. Su esposa falleció en 1993 de Alzheimer y Parkinson.

Los gatos de los sintecho (1950)

Los gatos de los sintecho (1950)

El fotógrafo murió seis meses después, el 1 de abril de 1994, a los 82 años, de pancreatitis aguda y problemas de corazón. En palabras de su hija Annette: “Ganamos el pleito (por la foto de ‘El beso’), pero mi padre no lo superó. Descubrió un mundo de mentiras y le dolió profundamente. Si a eso añadimos la reciente muerte de mi madre, creo que no es injustificado decir que murió de pena”.

El fotógrafo

El fotógrafo

Era un hombre tímido y humilde, que seguía revelando y entregando personalmente sus obras a pesar de la fama. En una ocasión riñó a su hija Francine por haber pedido unos honorarios “indecentes” por una campaña publicitaria. Él quería cobrar lo mismo que un fotógrafo normal. “Es posible que si tuviera veinte años, el éxito conseguiría cambiarme. Pero soy un viejo dinosaurio de la fotografía”.

Los gatos de Bercy

Los gatos de Bercy

Fue galardonado con un sinfín de premios. En 1960 expuso en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago y en 1992 presentó una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Oxford.


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Los gatos de Wildcat Hill (Edward Weston)

Edward Weston

El libro “The Cats of Wildcat Hill” comprende fotografías realizadas por Edward Weston, así como textos suyos y de Charis Wilson, su compañera y colaboradora. Son fotos de los numerosos gatos que vivían en su casa situada a unos ocho kilómetros al sur de Carmel, California, y a la que llamaron “Wildcat Hill” (Monte gatos asilvestrados) por todos los gatos que decidieron asentarse allí. Hicieron construir la casa en una parcela perteneciente al padre de Charis en 1937. Es obvio que Edward Weston amaba a los gatos, y que su compañera compartía ese amor.

Portada del libro

Portada del libro

El libro fue publicado en 1947 por la editorial Duell, Sloan and Pearce. En circunstancias normales, antes de redactar una reseña sobre un libro, intentamos hacernos con él y leerlo. A veces solo conseguimos libros de segunda mano porque ya no se publican, pero algo encontramos. En este caso, solo existen ejemplares usados, pero nos detuvo el precio. Indagando en Internet descubrimos que el ejemplar más barato cuesta 125 dólares y el más caro, 2.500, sin gastos de envío. Pero después de mucho buscar, encontramos un enlace con unas pocas fotografías del libro que incluimos aquí, las enmarcadas con un título en inglés. Por cierto, el precio original del libro era de 3,75 dólares.

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“Wildcat Hill” consta de unas 90 páginas divididas en once capítulos, entre los que encontramos títulos como “Génesis”, el capítulo 1, claro. O también “Interludio aromático” (el cuarto), que casi no nos deja duda en cuanto a su contenido. Por las fotos deducimos que Edward Weston y Charis Wilson no esterilizaban a sus gatos. El sexto se llama “El fin de un tirano”, ¿uno de los gatos intentó dominar a los demás? Y el décimo, “Decadencia y caída”, que nos sume en un mar de dudas.

Nicky

Nicky

Reproducimos lo que quizá sea una de las primeras páginas del libro, con la foto de Nicky y una leyenda que reza: “Un personaje complejo y débil que padecía, entre otras cosas, de ofidiofobia”. A la izquierda de la foto, los axiomas de Nicky: 1. Cualquier gato nacido aquí está bien; 2. Hay que pelearse con cualquier gato que no haya nacido aquí, excepto si es muy grande, y 3. Hay que pelearse con cualquier gato que haya nacido aquí, pero que haya decidido irse aunque sea mi hermano, excepto si es muy grande.

Edward y Charis con gatos

Edward y Charis con gatos

También está la foto del “refugio” Frank Lloyd Wright, llamado así, suponemos, en honor al famoso arquitecto, a pesar de estar hecho de cajas de cartón. Hay que tener en cuenta que en Carmel no llueve mucho y tampoco hace frío.

Edward Weston está considerado uno de los maestros de la fotografía del siglo XX. Nació en Highland Park, Illinois, el 24 de marzo de 1886 y creció en Chicago. Tenía 20 años cuando fue a visitar a su hermana May a California y decidió quedarse. En 1909 se casó con Flora Chandler, que había heredado una suma de su padre y Weston pudo dedicarse completamente a la fotografía. Tuvieron cuatro hijos. Su estudio funcionaba bien y ganó varios premios profesionales. En 1913 conoció a Margarethe Mather, con la que mantuvo una intensa relación profesional y amorosa.

El refugio Frank Lloyd Wright

El refugio Frank Lloyd Wright

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En 1923 se trasladó a Ciudad de México y abrió un estudio con su asistente y amante Tina Modotti, que le sirvió durante varios años de modelo para sus desnudos. Allí conoció y fotografió a grandes artistas, como José Orozco, David Siqueiros y Diego Rivera. Regresó definitivamente a California en 1926 y expuso varias veces con su hijo Brett antes de dedicarse a lo que realmente le dio fama, la fotografía de objetos naturales, desnudos y paisajes.

Padre e hijo abrieron un estudio en San Francisco y al año siguiente se mudaron a Carmel, donde empezaron a fotografiar la zona de Punta Lobos. En 1932 fundó el grupo f/64 con Ansel Adams, Willard Van Dyke, Imogen Cunningham y Sonya Noskowiak.

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Johnny

Johnny

A principios de 1934 conoció en un concierto a Charis Wilson, cuya belleza y personalidad le cautivaron de inmediato, tanto que escribió: “Un nuevo amor ha entrado en mi vida, un maravilloso amor que, me parece, aguantará el paso del tiempo”.

Empezó a tener serias dificultades económicas a partir de 1935, año en que Charis Wilson consintió en vivir con él. Por suerte, en 1937 fue el primer fotógrafo que consiguió una beca Guggenheim, que ascendía a 2.000 dólares, lo que les permitió comprar un coche y pasar doce meses recorriendo Estados Unidos. Le otorgaron otra beca Guggenheim al año siguiente y usó parte del dinero para construir la casa de Wildcat Hill.

La casa

La casa

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La gatera

No se instalaron allí definitivamente hasta el ataque a Pearl Harbor en 1941, año en que se prohibió el acceso a Punta Lobos, donde había realizado la serie de magníficos desnudos de Charis. Entones se dedicó a fotografiar los alrededores de Wildcat Hill y a sus numerosos gatos.

Los gatos Bodieson, Sidney, Roger, Prince Kitt, John y Marco Polo (1944)

Los gatos Bodieson, Sidney, Roger, Prince, Kitt, John y Marco Polo (1944)

Los primeros síntomas de la enfermedad de Parkinson, que acabaría impidiéndole trabajar, aparecieron en 1945. Empezó a alejarse emocionalmente de Charis y se separaron. Edward Weston volvió a Glendale para trabajar en el estudio que compartía con su hijo Brett. Sin embargo, a los pocos meses, Charis Wilson le vendió el terreno, y el fotógrafo regresó a Wildcat Hill junto a sus gatos.

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Sus últimas fotografías fueron tomadas en 1948 en Punta Lobos con la ayuda de sus hijos Brett y Cole, y de su asistente Dody Thompson, que se casó con Brett en 1952. Falleció en Wildcat Hill seis años después. Sus cenizas fueron esparcidas en la playa Pebbles de Punta Lobos, que posteriormente fue rebautizada como playa Weston.


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Los gatos de Ferdinando Scianna, un fotógrafo siciliano

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ferdinando-scianna“Una fotografía no es la creación del fotógrafo. Él se limita a abrir una pequeña ventana y a captarla. Entonces el mundo se inscribe en el negativo. El fotógrafo está más cerca de la lectura que de la literatura. Los fotógrafos leen el mundo”.

Son palabras de Ferdinando Scianna, nacido el 4 de julio de 1943 en Bagheria, Sicilia. A los diez años le regalaron una cámara, un gesto que marcó su destino. El hombre que acabó en la Agencia Magnum, el “Olimpo” de los fotógrafos, como la llaman, empezó fotografiando a sus compañeros de colegio, lo que le hizo muy popular según él mismo cuenta en una entrevista concedida a Mónica Cuende, de la revista El Duende, en 2006.

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Mientras estudiaba Literatura, Filosofía e Historia del Arte en la Universidad de Palermo, realizó un sinfín de fotos de las fiestas, de los acontecimientos de la isla y de sus personajes. Parte de estas fotos se publicaron en 1965 en el libro “Feste Religiose in Siciliai”, ganador del Premio Nadar 1988, que incluye un ensayo del escritor siciliano Leonardo Sciascia, en lo que fue su primera colaboración con una larga lista de literatos. Se trasladó a Milán en 1967 y al año empezó a trabajar para la revista L’Europeo, primero como fotógrafo y a partir de 1973 como periodista.

1982

1982

En 1977 se fue a París y trabajó redactando artículos políticos para Le Monde Diplomatique y sobre literatura y fotografía para La Quinzaine Littéraire. Ese mismo año publicó en Francia “Les Siciliens”, con textos de Dominique Fernandez y de su gran amigo Leonardo Sciascia, y en Italia “La villa dei mostri”, con una introducción de Sciascia. En esa época conoció a Henri Cartier-Bresson, que le había influenciado mucho en su juventud. Cartier-Bresson le introdujo en Magnum Photos en 1982 y se convirtió en miembro oficial de la agencia en 1989, el primer italiano y fotógrafo de moda que lo conseguía.

1986

1986

En esos siete años conoció y colaboró con numerosos escritores, entre ellos Manuel Vázquez Montalbán, que se encargó de la introducción de “Le Forme del Caos”. Descubrió España, especialmente Andalucía, gracias a Sciascia. Contribuyó de forma esencial en las campañas de Dolce e Gabbana de la segunda mitad de la década de los ochenta. Según él mismo dice, la fotografía de moda “me ayudó a borrar mis prejuicios y a descubrir algo fundamental para mi carrera, que la diferencia entre los retratos y las instantáneas era menos radical de lo que pensaba. Por mucho que alguien pose, siempre ocurre algo que no se puede calcular, y eso es la fotografía…todo pasa en un instante”.

1993

1993

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Volvió a explorar los rituales religiosos con “Viaggio a Lourdes” (1995) y dos años después publicó una serie de fotos de personas durmiendo, “Dormire forse sognare” (Dormir, quizá soñar). Sus retratos del escritor Jorge Luis Borges se publicaron en 1999, el mismo año que realizó la exposición “Niños del mundo”.

Jorge Luis Borges (1984)

Jorge Luis Borges (1984)

En 2002 terminó “Quelli di Bagheria”, un libro en torno a su ciudad natal en el que intenta reconstruir el ambiente de su juventud mediante escritos y fotografías de la ciudad y de sus habitantes.

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Liguria (Italia)

Roma 1981

Roma, 1981

Actualmente vive en Milán, donde regresó a finales de los ochenta. Dejó Sicilia en 1967 y no ha vuelto a vivir allí desde entonces. Sin embargo, en una entrevista concedida en 2010 a Lucia Magi, del diario El País, dice: “Puedo ver el mundo solo por el prisma de Sicilia”. Y un poco más abajo añade: “El amor por esa tierra siempre es oscuro, atormentado. A menudo obliga a poner distancias. Es bipolar, una continua contradicción entre afecto y rencor”.

Villa Palagonia Bagheria (Sicilia 1972)

Villa Palagonia, Bagheria, Sicilia, 1972

Ferdinando Scianna no hace muchas fotografías últimamente; se dedica sobre todo a digitalizar su inmensa colección de negativos. Ha publicado más de cincuenta libros, el último, “El espejo vacío: Fotografía, identidad y memoria”, en 2015.

No sabemos si tuvo un gato, ni si le gustaban los gatos, o si simplemente fotografió algunos gatos que se cruzaron en su camino. En otra entrevista realizada por Angela Madesani en Milán en enero de 1998, la periodista le dijo que durante toda su carrera había fotografiado animales y él contestó: “Los animales participan en nuestra vida. Forman parte del mundo real, como todo lo demás. Por eso, también los capta mi objetivo”. Creemos que merece la pena publicar las fotos de gatos realizadas por Ferdinando Scianna por su sencillez, espontaneidad y belleza.


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Buzzer, el gato modelo de Arnold Genthe

Desnudo con el gato Buzzer

Desnudo con el gato Buzzer

Fue descrito como “el gato más fotografiado del mundo” por el periódico The Boston Herald, que llegó a dedicarle toda una página. Se llamaba Buzzer y su dueño, el fotógrafo Arnold Genthe, le hizo famoso. La clientela de Genthe estaba compuesta por pensadores, políticos, escritores, actores de teatro y de cine, y Buzzer no solo se codeó con todos ellos, sino que aparece fotografiado en compañía de una larga lista de actrices y mujeres de la alta sociedad.

El fotógrafo Arnold Genthe

El fotógrafo Arnold Genthe

El gato Buzzer y Ann Murdock

El gato Buzzer y Ann Murdock

El gato Buzzer y Audrey Munson

El gato Buzzer y Audrey Munson

Al parecer hubo cuatro Buzzer en la vida de Arnold Genthe, y en su autobiografía “As I Remember”, el fotógrafo dice: “Buzzer IV, que estuvo conmigo dieciocho años, era un gato grande atigrado de color amarillo, una mezcla de gato chino y persa, y más bien parecía un pequeño tigre. Era altivo, pero nada fiero; pocas veces condescendía a ser amable con extraños”.

Basta con fijarse en Buzzer posando en brazos de mujeres para darse cuenta de que no siempre estaba cómodo, pero era un gato bien educado y aguantaba estoicamente. En otras parece satisfecho. Hay fotos de Buzzer cuando no tiene más de un año, de Buzzer con diferentes expresiones, pero siempre es el mismo Buzzer, de eso no cabe duda.

Arnold Genthe sigue diciendo: “Buzzer ocupó un lugar importante en el estudio, e incluso hoy, años después de su muerte, jóvenes y ancianos le recuerdan con gran afecto. A veces me han acusado de prestar más atención al gato que a la gente. Es posible que disfrutara más con su ronroneo satisfecho que con la charla superficial de una visita inoportuna. No he encontrado otro gato que pudiera ocupar su lugar”.

“Con el paso de los años le hice un sinfín de fotografías, y algunas de estas fotos, sobre todo unas con las actrices Billie Burke, Jane Cowl, Martha Hedman y Marguerite Churchill, fueron publicadas en periódicos dominicales”, añade.

El gato Buzzer y Jocelyn Stebbins

El gato Buzzer y Jocelyn Stebbins

El gato Buzzer y la Srta. Whittaker

El gato Buzzer y la Srta. Whittaker

El gato Buzzer y Natalie Campbell

El gato Buzzer y Natalie Campbell

Marina Kaneti, la comisaria de una exposición de fotografías de Arnold Genthe celebrada en 2014 llamada “Visions of Beauty” (Visiones de belleza) en Washington DC, dice: “Arnold Genthe adoraba a los gatos. También tenía muchas amigas que estaban fascinadas por Buzzer. Retratar a mujeres con su gato significaba algo muy especial para él. Pero Buzzer era mucho más que una pieza de atrezo, era su verdadera musa. Siempre le interesó capturar el movimiento, y supongo que los movimientos y las poses que adoptaba el gato le intrigaban”.

La reflexión de la comisaria está respaldada por estas frases del mismo Arnold Genthe: “Parece ser que a los cuatro años, cuando la niñera me llevó a ver a mi hermano Hugo recién nacido, comenté con gran seriedad: ‘Me gustaría más tener un gatito’. Me gustan los perros, pero los gatos siempre me dicen mucho más, y han sido los sabios y amables compañeros de muchas horas solitarias”.

El fotógrafo fue uno de los primeros en usar una cámara lo suficientemente rápida como para capturar momentos y personas en poses más naturales. Cuando hablaba de otros fotógrafos contemporáneos suyos, consideraba su trabajo como “tosco y falso, con todos los indeseables métodos del pasado”. Describió cómo trabajaban los fotógrafos tradicionales de la época: “El modelo-víctima era colocado ante un fondo y ‘posaba’, es decir, se le retorcía en una de las doce poses aceptadas – más o menos teatrales y grotescas – y se le fijaba la cabeza con una abrazadera (reposacabezas) que imposibilitaba cualquier movimiento. A continuación debía mirar a un punto. La foto resultante quizá tuviera algún parecido con el modelo, pero carecía de expresión y de todo mérito artístico”.

Decidió usar una técnica totalmente diferente en la que “descartó cada una de las sagradas reglas de la tradición fotográfica”, inventando un nuevo producto que revolucionó el arte fotográfico. Su innovadora técnica, conocida como “el estilo Genthe”, se convirtió en el distintivo de una prolija carrera que duró tres décadas. La mejor prueba del éxito de este nuevo estilo es la cantidad de personas a las que fotografió, incluso al principio de su carrera. Los registros de su estudio anteriores a 1906 incluyen unos ocho mil clientes, y en 1911 había realizado más de diez mil retratos. Al final de su vida se calcula que había hecho más de cien mil fotos y retratos.

El gato Buzzer

El gato Buzzer

“Estaba empeñado en demostrar que había otro tipo de fotografía, sin poses formales, es más, sin necesidad de posar. Intentaría fotografiar a los modelos sin que se diesen cuenta, sin que supieran que la cámara estaba preparada. Les mostraría fotos que carecerían de uniformidad, en las que se pondría el énfasis en el carácter de la persona en vez de entregar la imagen aburrida de una máscara fotográfica con ropa”, explica en “As I Remember”.

Arnold Genthe nació en Berlín, entonces Prusia, el 8 de enero de 1869, y siguió los pasos de su padre, doctorándose en Filología Clásica en la Universidad de Jena. Viajó en 1895 a San Francisco para trabajar como tutor y decidió quedarse. Fotógrafo autodidacta, empezó a fotografiar el barrio chino y a sus habitantes. Se cree que muchas de esas fotos fueron realizadas con una “cámara oculta” debido a que muy pocos vecinos deseaban ser retratados. Las 200 fotos que quedan hoy en día son las únicas muestras fotográficas del barrio chino de San Francisco antes del terremoto de 1906.

Isadora Duncan, fotografiada por Arnold Genthe

Isadora Duncan, fotografiada por Arnold Genthe

“Volvía al Barrio Chino una y otra vez hasta convertirme en una figura familiar. Muchos días me quedaba horas de pie en una esquina o sentado en un patio miserable donde, inmóvil y sin mostrar interés en nada, esperaba impaciente y alerta a que apareciera un grupo de personajes interesantes”, dice el fotógrafo en su autobiografía.

Unos periódicos locales publicaron algunas de estas fotos a finales de la década de 1890 y decidió abrir un estudio fotográfico que no tardó en ser frecuentado por mujeres de la importancia de Nance O’Neil, Sarah Bernhardt y Nora May French, así como por su amigo el escritor Jack London.

Retrato del gato Buzzer

Retrato del gato Buzzer

En 1911 se trasladó a Nueva York, ciudad en la que permaneció hasta su muerte de un infarto en 1942. Fotografió a políticos como Theodore Roosevelt, Woodrow Wilson y John Rockefeller, y a numerosas bailarinas, Anna Pavlova, Isadora Duncan y Ruth Saint Denis, entre otras. Se dice que sus retratos de Greta Garbo dieron un empujón a la carrera de la actriz.

La gran mayoría de su obra está compuesta por retratos, pero fue un pionero de la fotografía de la danza, y por eso acabaremos con unas palabras de Isadora Duncan, su amiga y amante, y una de sus modelos favoritas (además del gato Buzzer): “Arnold Genthe no solo fue un genio, también un brujo. Dejó la pintura por la fotografía, sus fotos son extrañas, mágicas. Efectivamente, apuntaba la cámara hacia la gente y la fotografiaba, pero nunca eran fotos de los modelos, sino de su imaginación hipnótica. Me hizo muchas fotografías, aunque no son representaciones de mi ser físico, sino representaciones de mi alma, y una de ellas encarna a mi alma”.


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James Dean, el gato Marcus y el gato Louis XIV

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¿Quién no ha oído hablar de James Dean? Su muerte prematura, a los 24 años, le convirtió en una leyenda y en el símbolo del sentimiento de desilusión que se apoderó de una parte de la juventud estadounidense en la década de los cincuenta. Solo rodó tres películas, “Rebelde sin causa” (1955), “Al Este del Edén” (1955) y “Gigante” (1955) antes del fatal accidente de coche el 30 de septiembre de 1955 mientras se dirigía a Salinas, California, en su Porsche 550 Spyder para participar en una carrera.

Foto de Sandford Roth

Foto de Sandford Roth

Se ha escrito mucho sobre el joven actor, pero en cuanto al tema que nos interesa, su amor por los gatos, hemos descubierto que existen numerosas contradicciones. Se encuentran fotos de Dean con un gatito y otras con un gato adulto, ambos siameses. Sabemos que el gatito era suyo y que el otro era Louis XIV, el siamés del fotógrafo Sanford Roth, un gran amigo del actor, y de su esposa Beulah Roth (https://gatosyrespeto.org/?s=el+gato+cosmopolita). Se dice que el gatito se llamaba Marcus en honor a su tío o a su primo hermano. Ambos se llamaban Marcus, pero dado que el primo tenía 11 años cuando falleció Dean, es lógico suponer que fue en honor a su tío, el hombre que le crió. Muchos blogs cuentan que Marcus fue un regalo de Elisabeth Taylor durante el rodaje de “Gigante”, pero Beulah Roth tiene una historia diferente… Y nos fiamos de Beulah. Le conoció personalmente y escribió un libro sobre él con fotos realizadas por su marido. Más aún, en otro libro suyo, “El gato cosmopolita”, le dedica cuatro páginas y habla del gatito Marcus, aunque nunca le llama por ese nombre. A continuación hemos traducido algunos pasajes del capítulo catorce titulado “James Dean”.

James Dean en casa de los Roth

James Dean en casa de los Roth

Un día, mi marido me llamó desde Warner Brothers:

– ¿Te importa si traigo a un chico a cenar? Trabaja en “Gigante”. ¿Qué has preparado?”

– Pollo al curry. Si es joven, no le gustará. ¿Cómo se llama?

– Jimmy Dean.

Tragué saliva y me apresuré a ponerme una mascarilla facial de fresa.

Jimmy entró en casa por primera vez esa tarde de verano. Mi marido nos presentó; me dio la impresión de ser taciturno, arisco y muy joven. No sé comunicarme con los jóvenes, pero Louis sí supo qué hacer y me salvó saltando a su regazo. Me preocupó que Jimmy le abrazara con fuerza, pero Louis no protestó, se limitó a ronronear. Se hicieron amigos en ese momento.

Y menos mal, porque Louis estuvo en las rodillas de Jimmy durante toda la cena, que no tuvo nada de éxito. Jimmy no entendió cómo podía ponerse coco en la carne. Estaba acostumbrado a comer hamburguesas y chili con carne.

James Dean y Louis XIV

James Dean y Louis XIV

James Dean jugando con Marcus

James Dean jugando con Marcus

Beulah y Jimmy descubrieron que a los dos les gustaban las ciruelas, y el joven actor le mandó toda la abundante cosecha del ciruelo de su jardín. Beulah pasó varios días haciendo mermelada, tartas, etcétera. Pero volvamos al capítulo:

 A partir de ese día vino a menudo a casa, a veces porque le invitábamos y otras simplemente se presentaba, siempre era bienvenido. No sé si venía a ver a mi marido o a mí. Le caíamos bien, pero adoraba a Louis y acabamos por entender que era el invitado de Louis. Como buen anfitrión, Louis le dejaba sentarse en el trono, un sillón veneciano del siglo XVIII. Diseñado para aristócratas, tapizado con brocados, el sillón parecía ofenderse con la intrusión de las largas piernas revestidas de tela vaquera de James Dean. Y aquí, en una posición algo incómoda, se dormía con Louis en el regazo. Los dos soñaban.

A continuación dice que Jimmy Dean nunca se reía a carcajadas, como si la exuberancia le avergonzase, y que se entusiasmaba por cosas tan diferentes como las motos, la música clásica, el jazz, las corridas de toros, la tarta de manzana y los gatos. Le gustaban compositores como Bartok y Schoenberg, además de la música africana, y acababa de descubrir a Sartre, Genet y Malaparte, por lo que le entraron muchas ganas de visitar París, Roma y Venecia, pero no tuvo tiempo para hacerlo, y Beulah sigue diciendo:

James Dean y Marcus

James Dean y Marcus

James Dean, Beulah Roth y Louis XIV (foto de Sanford Roth)

James Dean, Beulah Roth y Louis XIV (foto de Sanford Roth)

Sé muy poco acerca de su vida personal (era el ser humano que menos hablaba de sí mismo que he conocido), como si hubiera un vacío, una extraña cortina de gasa entre el mundo y él.

Pero no había cortina entre los gatos y él. Y decidió que debía tener uno que se pareciese lo más posible a Louis. Me pidió que le ayudara a encontrar un siamés. Estudiamos los anuncios en los periódicos y por fin encontramos uno en Venecia, California, claro.

Venecia, California, es un lugar de lo más deprimente, diseñado por un constructor muy imaginativo y con muy poco gusto a principios de este siglo como una pobre imitación de Venecia, Italia. Ahora, los canales están vacíos y llenos de basura; las calles están pobladas de beatniks barbudos y chicas con medias negras.

Lavando su Porsche (Foto de Sanford Roth)

Lavando su Porsche (Foto de Sanford Roth)

Sigue diciendo que nadie reconoció a Jimmy Dean mientras paseaban por las calles de la falsa Venecia. Recogieron al gatito más precioso y perfecto, y antes de irse visitaron el hotel St. Mark, donde supuestamente había dormido Sarah Bernard.

Me llamaba tres o cuatro veces al día para saber qué debía hacer con el gatito; el mismísimo Dr. Spock no habría cuidado mejor de un niño.

Pesaba su comida, le tomaba la temperatura, le medía para saber si crecía adecuadamente, examinaba la caja de arena para asegurarse de que no tenía gusanos, le llevaba regularmente a visitar al veterinario, le sujetaba mientras le vacunaban, le hizo una camita, pero acabó dejándole dormir con él, le amaba, cuidaba, mimaba, toda su vida giraba en torno al gatito.

Podía haber tenido a cualquier chica, cenar en grandes casas, salir, pero prefería estar con un gatito siamés. Solo tenía una queja, le hacía madrugar.

– No me gusta madrugar, Beulah.

– Pues no madrugues, puedes permitírtelo.

– Pero es imposible con un gato. A veces me pregunto si vale la pena tener un gato, te obliga a madrugar muchísimo. Ojalá no me hubieras convencido.

– Puedes regalarlo.

– ¿Regalarlo?

– Conozco a alguien que se muere por tener un pequeño siamés. Son muy responsables, cuidarán de él.

– Pero ¿tienes piedras en la cabeza?

– No, Jimmy, intento ayudarte.

– No me lo parece.

– Verás, si de verdad quieres deshacerte del gato…

– ¿Deshacerme de él?

Estaba horrorizado, y siguió diciendo:

– Antes me muero. Él es lo que más quiero en el mundo.

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Marcus equilibrista

Marcus equilibrista

Parece ser que la víspera antes de irse a Pasadena dejó a Marcus al cuidado de su amiga Jeanette Doty con una nota indicando cómo debía cuidarle. Esta es la traducción de la nota:

1 cucharadita de jarabe Karo

1 lata grande de leche evaporada

la misma cantidad de agua destilada o hervida

1 yema de huevo

Mezclar y enfriar

No le des carne o leche fría

1 gota de vitaminas diaria

Lleva a Marcus al Dr. Cooper en la calle Melrose la semana que viene, toca vacunarle.

Nota con instrucciones

Nota con instrucciones

Dirán que no nos fiamos de nadie, pero… ¿por qué iba a dejar James Dean a su gato con una amiga si Pasadena está al lado de Los Ángeles? Y si quería dejar el gatito a alguien, ¿no habría sido más lógico dejarle con Beulah Roth? Sobre todo porque Sanford Roth le acompañó en ese último viaje. Seguía al Porsche en otro coche y fue testigo del accidente. Y por último, la receta para la leche no parece adecuada para un gatito…


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El gato Blackie y el fotógrafo Gjon Mili

Blackie con la soprano francesa Jennie Tourel

Blackie con la soprano francesa Jennie Tourel

Gjon Mili nació el 28 de noviembre de 1904 en Korçë, en lo que entonces era el Imperio Otomano y actualmente Albania. Pasó su infancia en Rumanía y estudió en Bucarest antes de trasladarse a Estados Unidos en 1923 para estudiar Ingeniería en el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), donde conoció a Harold Eugene Edgerton, uno de sus profesores. Se licenció en 1927 como ingeniero eléctrico y empezó a trabajar en investigación eléctrica. Siguió en contacto con Edgerton, que desarrolló – pero no inventó – la luz estroboscópica.

Blackie en un desfilé de moda para novias

Blackie y modelo con traje de novia

Blackie mordisqueando el pie de una contorsionista

Blackie y una contorsionista

Su carrera como fotógrafo profesional no empezó hasta diez años después, en 1927, cuando la revista Life publicó varias fotos “stop-motion” suyas del famoso tenista Bobby Riggs, las primeras de una relación profesional que duraría 40 años, hasta su fallecimiento en 1984. Durante estas cuatro décadas recorrió el mundo fotografiando acontecimientos deportivos, conciertos, monumentos, a artistas, celebridades. Visitó a Picasso en la Costa Azul, a Pau Casals en Prades, a Adolf Eichmann encarcelado en Israel, entre otros… Se han publicado miles de fotografías suyas no solo en Life, sino en  otras muchas revistas.

Blackie con las patas cruzadas.

Blackie con las patas cruzadas

Blackie después de una jam session (1943)

Blackie después de una jam session (1943)

Fue uno de los primeros fotógrafos en usar el flash electrónico y la luz estroboscópica para captar movimientos a veces imperceptibles para el ojo humano. Desde que empezó como fotógrafo disparaba varias veces seguidas con gran rapidez, lo que le permitía captar una serie de imágenes en un solo fotograma. Era un formato ideal para el teatro, la danza y los deportes, pero lo realmente increíble es que sus fotos siguen siendo tan sorprendentes hoy, casi ochenta años después.

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Blackie de mal humor

Gjon Mili y Blackie

Gjon Mili y Blackie – Foto de Carl Mydans (1944)

En 1944 dirigió el cortometraje “Jammin’ the Blues” (https://vimeo.com/54355893), rodado en los estudios de Warner Bros. con músicos como Lester Young, Red Callender, Harry Edison, “Big” Sid Catlett, Illinois Jacquet, Barney Kessel, Jo Jones y Marie Bryant. El director de fotografía no fue Gjon Mili, sino Robert Burks, pero la película, en algunos momentos, usó una técnica muy parecida a las imágenes múltiples que conseguía el fotógrafo con luz estroboscópica. Algunos la han calificado de “la mejor película de jazz jamás filmada”. Clint Eastwood incluyó algunas imágenes del corto en su película “Bird” (1988), acerca de la vida del músico Charlie “Bird” Parker.

Blackie y la bailarina Katherine Dunham

Blackie y la bailarina Katherine Dunham

Gjon Mili's cat Blackie being hugged by nightclub entertainer Maune de Revel

La cantante Maune de Revel y Blackie

A estas alturas ya deben estar preguntándose qué tiene que ver todo esto con los gatos.  Pues bien, Gjon Mili tenía un gato llamado Blackie. Mucho más no se sabe, excepto que fotografió a Blackie innumerables veces solo o acompañado, como lo demuestran las fotos incluidas en esta entrada. Por lo que se deduce de estas fotos, Blackie no parecía molesto, e incluso podría decirse que era un gato de lo más sociable. Casi todas las fotos de Blackie parecen haber sido hechas en una iglesia desacralizada de Montclair, Nueva Jersey, que servía de estudio al fotógrafo. Bueno, de estudio y de lugar de reunión donde disfrutaba de las “jam sessions” de sus amigos músicos de jazz. Por lo que se ve, Blackie también participaba. Pero no se sabe nada más de Blackie, ni cómo llegó ni qué fue de él ni cuánto tiempo vivió con Gjon Mili. Solo que era un gato espléndido, y que debió ser muy amable.

Blackie y Saul Steinberg delante de un mural de este.

Blackie y Saul Steinberg delante de un mural de este

Blackie (1943)

Alfred Hitchcock (1942)

Alfred Hitchcock (1942)

En los años 40, Gjon Mili fue ayudante de otro famoso fotógrafo, Edward Weston, con el que compartió el amor por los gatos. Añadiremos que Henri-Cartier Bresson (otro gran amante de los gatos) (https://gatosyrespeto.org/2014/10/31/el-fotografo-y-el-gato-ulises/) dijo de él: “Admiro su sentido de la economía, su respeto por el oficio y su rechazo de las pretensiones”. Por cierto, la fotógrafa Martine Franck, esposa de Cartier-Bresson, fue la ayudante de Mili en 1964.


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Un gato cosmopolita: Luis XIV

Luis XIV

Luis XIV

En realidad deberíamos decir “Louis XIV” porque ese era su verdadero nombre, pero los nombres de los reyes se traducen, por lo que le llamaremos Luis XIV. Era el decimocuarto gato en la vida de Beulah Roth, también su primer siamés, y aunque no era rey, se codeó con todo lo más granado de la sociedad artística de los años cuarenta y cincuenta. Al ver fotos de famosos de esos años, y con famosos nos referimos a pintores, músicos, actores, escritores, ¿no les sorprende el amor que todos sentían por los siameses? Hay una explicación muy sencilla: en la mayoría de los casos se trata de Luis XIV. Es fácil reconocerle, no solo por la máscara de color chocolate negro que le cubre la nariz y parte de las mejillas, sino por su expresión. Fíjense bien en las fotos que publicamos con esta entrada, en casi todas adopta un aire desdeñoso, de fastidio.

Cary Grant y Luis XIV

Cary Grant y Luis XIV

Luis XIV era el gato de Beulah y Sanford Roth, un célebre fotógrafo de famosos nacido en Brooklyn en 1906 y fallecido en Roma en 1962 de un infarto y cuyo trabajo publicaban regularmente revistas como Time, Life, Look, Fortune, Paris Match, Elle, Der Stern, Harper’s Bazaar, Vogue, Oggi y People. Fotografió a Albert Einstein, Alfred Hitchcock, Judy Garland, Joan Crawford, Pablo Picasso, Henri Matisse, Audrey Hepburn, Aldous Huxley, Noël Coward, Jimmy Stewart, Christopher Isherwood, Louis Armstrong, Paul Newman, Gino Severini, Blaise Cendrars, Alberto Moravia, Moise Kisling, Elizabeth Taylor, Rock Hudson, Grace Kelly, Danny Kaye, Romy Schneider, Anna Magnani, Jack Lemmon, Deborah Kerr, Igor Stravinsky, Dimitri Mitropoulos, Sophia Loren, Darius Milhaud, Irene y Frederic Joliot-Curie, Edwin Hubble, Jean Renoir, Alain Delon, John Wayne, George Antheil, Alberto Burri, Edward G. Robinson, Jean Cocteau, Peter Ustinov, Rossana Podesta, Darryl Zanuck, George Stevens, Colette, Groucho Marx, Tennessee Williams, Ava Gardner, Fred Zinnemann, Cary Grant, aunque no a todos con Luis XIV.

Beulah Roth y Luis XIV

Beulah Roth y Luis XIV

El matrimonio Roth compartía una pasión por los gatos, las compras, la ropa, París, Roma, los rastrillos, las antigüedades romanas y la gente. Muchos de los famosos fotografiados por Sanford acabaron siendo auténticos amigos, como Anna Magnani en Roma o James Dean en Hollywood. Para realizar su trabajo, Sanford Roth pasaba largas temporadas en Europa, donde siempre le acompañaban su esposa y, claro está, Luis XIV. Pero en aquellos años, viajar con un gato no era tan sencillo como hoy en día. En primer lugar, no abundaban las tiendas de mascotas ni había anaqueles repletos de comida en lata en los supermercados porque en Europa todavía no había supermercados. Al vivir en California, era necesario cruzar Estados Unidos en tren y luego embarcar en un trasatlántico. Beulah Roth escribió un libro maravilloso, “The Cosmopolitan Cat”, publicado en 1963 y que solo se encuentra de segunda mano en inglés, en el que describe lo que significaba viajar con Luis XIV. Por ejemplo, tanto en un tren como en un barco era (y sigue siendo) absolutamente necesario que el gato se quedase encerrado en el compartimento o el camarote, que solo podía compartirse con el marido o un amante.

Paul Newman con Louis XIV

Paul Newman con Luis XIV

En el libro, Beulah cuenta cómo su gato comía solomillo y langosta por solo diez dólares para un viaje de seis días en los trasatlánticos franceses, pero no pasaba lo mismo en el tren. Viajar en tren significaba llevar arena y comida, además de asegurarse de que nadie entrase en el compartimiento para abrir la cama. También viajaba algunas veces en avión, pero solo si estaba segura de que Luis XIV la acompañaría en la cabina.

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Colette y Luis XIV

Una vez en Francia, solían ir siempre al mismo hotel, el Lutèce, en Montparnasse, donde les esperaba la habitación 25. Hay que tener en cuenta que los Roth no se desplazaban para estar una semana en París, sino varios meses. Beulah deja muy claro en el libro que para periodos cortos es mejor no llevar animales. Una vez en París había que encontrar arena y comida. Luis XIV se alimentaba principalmente de hígado, bazo y corazón de ternera, pescado y alguna que otra gamba, todo esto cocinado, lo que no era fácil residiendo en un hotel. Pero Beulah lo conseguía y Luis XIV vivía como un rey mientras se dejaba fotografiar (de mala gana) con Georges Braque, a quien no le gustaban los gatos, pero quiso una foto con Luis XIV, o con Colette, a la que arañó y a Beulah casi le dio un soponcio.

Georges Braque y Luis XIV

Georges Braque y Luis XIV

Pero es sabido que Colette era una gran amante de los gatos y no pasó nada. Entre las anécdotas que cuenta Beulah de sus estancias en París está la fila de gatos que se formaba delante de la puerta de la cocina del Dominique, un famoso restaurante ruso de la época. Al parecer, los cocineros alimentaban alegremente a todos los gatos del barrio a base de buey Stroganoff, esturión fresco y pollo a la Kiev.

Volviendo a Luis XIV, Beulah cuenta que tenía una manía muy particular, odiaba el timbre del teléfono y, con el tiempo, descubrió que si descolgaba el aparato con la pata, dejaba de sonar. Al parecer, llamar a los Sanford y conseguir que contestaran era una auténtica hazaña.

Anna Magnani y Luis XIV

Anna Magnani y Luis XIV

Luis XIV vivió durante un largo periodo en Roma, tan largo que sus dueños alquilaron un piso mientras esperaban que empezase el rodaje de “Cleopatra”. Allí, Luis XIV y Beulah se hicieron muy amigos de Anna Magnani.

James Dean y Luis XIX

James Dean y Luis XIV

Entre París y Roma, cuando los Sanford estaban en California, intimaron con James Dean, aunque según Beulah el auténtico amigo del actor era Luis XIV, que incluso le cedía su sillón favorito, un asiento veneciano del siglo XVIII, y se acurraba en su regazo para que ambos se echasen la siesta. Recuerda que Jimmy quiso un gato y recorrieron Venice (California) juntos en busca de uno y que nadie, absolutamente nadie, reconoció al ídolo del momento. Pero ya hablaremos de James Dean en otro momento.

Beulah también apunta, con mucho humor, que desde la llegada de Luis XIV, su vestuario se limitó al color del exterior e interior de un champiñón y que tenía la mayor colección del mundo de cepillos para ropa. Echaba de menos vestirse de negro o de azul oscuro, incluso llevar un suéter de cuello alto de color gris, pero estaba condenada a llevar ropa en diversos tonos de beige para que no se notasen los pelos de Luis XIV.

Paul Newman y Luis XIV

Paul Newman y Luis XIV

La única vez que Luis XIV no acompañó a Beulah y a Sanford Roth fue para evitar la famosa cuarentena obligatoria cuando tuvieron que ir a Londres durante varios meses. Luis XIV se quedó en un superhotel para gatos con todos los lujos y, según el dueño, no les echó de menos, aunque Beulah lo dudaba. Por suerte, cuando ya no podía más, se fueron a París para otro encargo y Luis XIV llegó en un vuelo de TWA. Para conseguirlo, hubo que recurrir a Howard Hugues (había asientos para personas, pero no había sitio para animales). El vuelo hacía una parada técnica en Nueva York, y Beulah le pidió a su tía Sadie que fuera al aeropuerto a hacerle compañía. La parada técnica duró siete horas y la tía Sadie se lo llevó a casa para que comiera gambas. Beulah fue a buscarle a Orly, donde conoció a una señora que tenía 36 gatos y viajaba con algunos de ellos, por lo que decidió que era una aficionada en lo que a gatos viajeros se refería.


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Doce retratos de un gato, de Walker Evans

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El magnífico fotógrafo estadounidense Walter Evans nació en 1903 en Saint Louis, Misuri, y falleció en 1975 en New Haven, El fotógrafo Walker EvansConnecticut. Es uno de los padres de la tradición documental en la fotografía estadounidense y supo plasmar el presente como si ya fuera el pasado. Durante cincuenta años, desde finales de los años veinte hasta principios de los setenta del siglo pasado, se dedicó a retratar Estados Unidos con tremenda precisión y sensibilidad, creando una colección de proporciones enciclopédicas. Sus fotografías de personas, casas de pueblos, iglesias rurales, barberías y cementerios transmiten un profundo respeto por los ciudadanos de a pie y le transformaron en uno de los más notables documentalistas estadounidenses.

12 Portraits of a Cat - Walker Evans (1903-1975)

Desde pequeño hacía fotos de su familia con una pequeña cámara Kodak. Después de trasladarse a Nueva York, empezó a trabajar en librerías y en la Biblioteca Pública de esta ciudad, lo que le permitió dar rienda suelta a su pasión por T. S. Eliot, D. H. Lawrence, James Joyce, E. E. Cummings, Charles Baudelaire y Gustave Flaubert. Después de pasar todo el año 1927 en París, regresó a Nueva York con la intención de ser escritor, pero la fotografía seguía atrayéndole y no tardó en cambiar de idea.

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Sus primeras obras están influenciadas por el modernismo europeo, pero pronto empezó a desarrollar un estilo más realista, más cercano. Trabajó sin cesar durante los años de la Gran Depresión y en 1935 aceptó la oferta del Departamento de Interior para fotografiar a una comunidad de mineros sin trabajo en el oeste de Virginia. Poco después, el Departamento de Agricultura le contrató como “especialista informativo” para fotografiar la vida en pueblecitos y así demostrar que el Gobierno Federal intentaba mejorar la vida de las comunidades rurales durante la Depresión. Eso le permitió recorrer el país y realizar fotografías únicas en compañía de otros grandes, como Dorothea Lange, Arthur Rothstein y Russell Lee, entre otros.

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En 1936 viajó a Alabama con su amigo el escritor James Agee, que debía escribir un artículo sobre los aparceros para la revista Fortune. De este recorrido nació el impresionante libro “Let Us Now Praise Famous Men” (Alabemos ahora a hombres famosos), publicado en 1941, de 500 páginas de texto y fotos en torno a tres familias de granjeros.

Siete retrato de chico y gato

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Entre 1938 y 1941 realizó una notable serie de retratos en el metro de Nueva York que no fueron publicados hasta 1966 en el libro recopilatorio “Many Are Called” (Muchos se llaman). Se trataba de 86 fotografías realizadas con una Contax de 35 mm que llevaba atada al pecho y con el objetivo escondido entre dos botones de su abrigo para que no se viera.

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Desde 1934 a 1965, más de 400 fotografías suyas ilustraron 45 artículos publicados en la revista Fortune, de la que fue editor; asimismo, escribió muchos de los textos que acompañaban a sus fotos. En 1965 fue nombrado profesor de Fotografía en la facultad de Arte de la Universidad de Yale.

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En 1973, debido a su frágil salud, empezó a usar la innovadora Polaroid SX-70 hasta su muerte, acaecida dos años después. Al igual que otros fotógrafos de la época, como por ejemplo Henri Cartier-Bresson, no solía pasar mucho tiempo en el cuarto oscuro y se limitaba a dar algún que otro consejo mediante notas adjuntas a la película.

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Pero quizá os preguntéis por qué hablamos de Walker Evans en nuestro blog. Simplemente porque realizó una serie de fotografías titulada “Doce retratos de un gato” en un corto lapso de tiempo a finales de los años cuarenta o principios de los cincuenta. Ignoramos el nombre del gato, que siempre es el mismo. En todos los retratos, excepto en uno donde es muy joven, tiene la misma edad, probablemente de diez a doce meses. Solo hemos encontrado diez fotos, y es probable que entre estas haya tres que no pertenezcan a la serie; serían la del gatito, una donde está a contraluz en la ventana y la de los niños. La undécima foto es del autor. Miden 5,70 por 7,70 centímetros y son auténticas instantáneas donde el autor capta un momento fugaz de la vida del gato. Y todas ellas, sin excepción, nos parecen maravillosas.

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