Gatos y Respeto

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Los gatos del pintor estadounidense Will Barnet

Will Barnet falleció el 13 de noviembre de 2012 a los 101 años. En su larga carrera como artista – empezó a pintar en el sótano de la casa de sus padres a los 12 años – siempre incluyó gatos en sus cuadros, incluso durante el periodo en que abandonó la pintura figurativa por la abstracta.

Autorretrato

Después de conseguir una beca de la Art Students League (Liga de Estudiantes de Arte) dejó Beverly, un pueblecito en la costa de Massachusetts, para irse a Nueva York en 1931 con diez dólares en el bolsillo. Tenía 20 años recién cumplidos. Le acompañaba una carpeta llena de paisajes marinos y retratos del gato de la familia. Era verano, el país estaba sumido en la Gran Depresión. Alquiló una habitación por un dólar la noche y empezó a dibujar los desolados rostros con los que se encontraba en cada esquina.

Autorretrato

En 1935, cuatro años después de empezar a estudiar en la Arts Student League fue nombrado grabador oficial de la escuela con un salario de 15 dólares a la semana, y empezó a trabajar en el departamento de artes gráficas del Proyecto Artístico de la Administración Federal «Works Progress». A partir de 1942 y hasta 1979 enseñó grabado y pintura en la League; el famoso pintor Mark Rothko fue alumno suyo. Realizó grabados para el artista mexicano José Clemente Orozco, así como para el pintor y caricaturista William Gropper.

Dos gatos

Expuso por primera vez en solitario en 1935, y tres años después, la galería Hudson Walker de Manhattan le abrió sus puertas. Ese mismo año se casó con Mary Sinclair, una pintora y alumna suya, con la que tuvo tres hijos. A finales de los años 40 se dedicó al arte abstracto. Pertenecía al grupo conocido como «Indian Space Painters» (Pintores del espacio indio), que creaba complejos cuadros de formas geométricas basadas sobre todo en el arte amerindio.

El paseo

Sin embargo, a principios de los sesenta regresó a un estilo representativo más tradicionalista con influencias de los grandes grabadores japoneses e incluso del Pop Art. Se divorció y volvió a casar en 1953 con Elena Ciurlys, con la que vivió durante 59 años hasta su muerte. Elena y Ona, la hija de ambos, fueron el tema de numerosos retratos con gatos.

La lectora

Siempre debió haber uno o más gatos en el hogar de Will Barnet. Sabemos que Elena y él tuvieron un gato negro llamado Minou que probablemente conviviera con el perro Eon y el loro Polly. Minou aparece en numerosos cuadros, y a veces por partida doble.

Polly, Minou y Eon

¿Habría dos gatos negros? Luego está Madame Butterfly, retratada con Elena en el famosísimo cuadro «La lectora», una gata blanca que también acompaña al pintor en un autorretrato. Hay otra gata, casi totalmente blanca excepto por las manchas tricolor de la cabeza y el rabo, pero de esta ignoramos el nombre. Y en «Retrato de Martha», pintado entre 1982 y 1985, una mujer está con tres gatos, dos grandes a su espalda y uno más pequeño delante.

Retrato de Martha

Pero no sabemos quién es Martha; eso sí, debían gustarle los gatos. Por cierto, este cuadro se vendió por 55.500 euros el 18 de noviembre de 2015.

La escalera blanca

En 2003 volvió a cambiar de estilo inclinándose de nuevo por la abstracción, con colores fuertes y composiciones dinámicas que recuerdan sus obras de los años cincuenta. No sabemos si «El gato» abstracto que incluimos pertenece a esta época o a la anterior.

El gato

Sus principales obras, tanto abstractas como figurativas, pueden alcanzar los 400.000 dólares, y realizó nada menos que 80 exposiciones individuales. El Museo Metropolitano de Arte, el Guggenheim y el Whitney poseen cuadros suyos, aunque suelen estar almacenados. «No exhiben a artistas de mi naturaleza; el Whitney lleva 30 años sin mostrar un cuadro mío», dijo un par de años antes de fallecer, con su ironía habitual.

Moto

Mujer con gato negro

En el Museo Británico y el Museo del Vaticano también hay obras suyas. En enero de 2012, el Estado francés le nombró Caballero de las Artes y las Letras. Al mes siguiente recibió la Medalla Nacional de las Artes en la Casa Blanca de manos de Barack Obama, que le alabó por dejar «una marca indeleble en la cultura americana». El pintor, hablando de su larga carrera, dijo: «Siempre me he dedicado a la humanidad y a expresar la fragilidad de la vida en el arte».

Mujer en árbol con gato

Mujer y gata blanca

En una entrevista que le hizo el New York Times en 2010 dijo: «Lo he visto todo, pero quiero ver mucho más. No sabría decirle qué significa tener 99 años, solo que es diferente de tener 19. Antes trabajaba ocho, nueve o diez horas diarias, ahora solo pinto tres o cuatro horas cada día. Pero nunca transigí, jamás. Los viejos maestros siguen vivos después de 400 años, a eso aspiro».

Otra lectora

Nació el 25 de mayo de 1911 en el seno de una familia de emigrantes rusos y del este de Europa. Su padre manejaba una máquina en una fábrica de zapatos. Su primer contacto con el arte fue en la biblioteca de la pequeña ciudad de Beverly y en el cementerio, donde se fijó en las tallas de las tumbas de la época colonial. «Tenía 10 o 12 años cuando descubrí que ser artista me daría la posibilidad de crear algo que perduraría después de mi muerte».

 


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El gato negro (Le Chat Noir), un cabaret parisino

El tercer Le Chat Noir

¿Existió realmente el gato negro que dio nombre al famoso cabaret? Cuenta la leyenda que

Rodolphe Salis

Rodolphe Salis, al visitar el lugar donde abrió el primer Le Chat Noir, escuchó los maullidos de un gato negro hambriento encaramado en una farola y lo acogió. Otros dicen que el gato ya vivía en el local cuando Salis lo adquirió y que se convirtió en su mascota. Sea como sea, el minino sin nombre fue el emblema del establecimiento donde no tardaría en reunirse la crema de la intelectualidad parisina de finales del siglo XIX.

El primer Le Chat Noir

Salis abrió el primer cabaret en el 84 del bulevar Rochechouart el 18 de noviembre de 1881. El primer gato negro se alojó en una antigua y exigua oficina de correos de 14 metros cuadrados con un trastero de 4 metros cuadrados al que se accedía mediante tres escalones y que servía de escenario. Una de las peculiaridades del cabaret era haber apostado a un guarda suizo delante de la puerta para alejar a los burgueses y al clero, e invitar a entrar a artistas y poetas.

Las paredes del minúsculo local estaban sobrecargadas de dibujos y cuadros, algunos del propio Salis, que antes de ser propietario de cabaret se había dedicado a pintar viacrucis y otros motivos religiosos. El objeto más preciado era el «cráneo» de Luis XIII niño que todos podían acariciar respetuosamente. La llegada del cantante y humorista Aristide Bruant aseguró el éxito del cabaret. La ropa que escogió para aparecer en escena le siguió hasta la muerte: chaqueta de pana, botas altas negras, bufanda roja, sombrero de ala ancha y capa negra… Fue el autor de la famosa balada: «Busco fortuna / donde el Gato Negro / bajo la luna / en Montmartre de noche (en francés rima).

El segundo Le Chat Noir, calle Victor Massé

Una pelea con unos chulos que deseaban convertir Le Chat Noir en lugar de encuentros amorosos acabó con la muerte de uno de ellos, lo que decidió a Salis a encontrar otro local algo más grande para acoger a una clientela cada vez más numerosa. En mayo de 1885, Le Chat Noir se trasladó al nº 12 de la calle Laval, hoy calle Victor-Massé, a un edificio de tres pisos. La mudanza sirvió de excusa para una gran fiesta. Aristide Bruant adquirió el primer cabaret al que rebautizó como «Le Mirliton».

El cartel de Steinlein

El pintor Willette se encargó de la decoración, y cuadros de Steinlein, Chéret y Rivière llenaron nuevamente las paredes. En esa época, Steinlein pintó el famoso gato reproducido en camisetas, bolsos, tazas, llaveros, platos, calzoncillos y demás que tanto gusta a los turistas.

Estudio para La virgen del gato

 

Adolphe Willette por Marcellin Desboutin

La decoración hacía honor al célebre felino. Además de «La virgen del gato», de Willette, había una espectacular chimenea de Grasset con columnas bizantinas rematadas con sendos gatos, vigilados por otros dos sentados en unos misales. Un entrepaño lucía un terrible gato negro asustando a un ganso blanco, simbolizando a la burguesía aterrada ante la intelectualidad.

Número del 14 de enero de 1882 de la revista

Para promover el cabaret, Rodolphe Salis creó una revista semanal literaria y satírica cuyo nombre no podía ser otro que «Le chat noir». Apareció cada sábado desde el año 1882 a 1895 como una auténtica encarnación del espíritu de fin de siglo. Entre sus numerosos colaboradores mencionaremos a Alphonse Allais, Guy de Maupassant, Barbey d’Aurevilly, Victor Hugo, Huysmans y Edmond de Goncourt. Las críticas musicales estaban firmadas por Gounod y Massenet, y habituales como Steinlein, Willette y Léandre se ocupaban de las ilustraciones.

El establecimiento estaba dividido en varios ambientes. En el primero, el bajo, se bebía y se entablaba conversación con las mujeres galantes que acudían cada noche. El primer piso se reservaba a los espectáculos de cancioneros, poesía y sombras chinescas. Numerosos artistas participaron en la creación de los personajes recortados en zinc; los libretos eran obra de escritores de moda entonces, y la música se debía sobre todo a Charles de Sivry.

Comiendo en el segundo cabaret

El teatro de sombras chinas tuvo un enorme éxito, sobre todo con la obra «La epopeya», de 1888,  dedicada a Napoleón, con personajes del caricaturista Caran D’Ache. Pero con el tiempo se abrieron otros cabarets que copiaron a Le Chat Noir, e incluso fueron más innovadores. Poco a poco, el cabaret de Salis dejó de estar de moda. El último espectáculo de sombras chinas tuvo lugar en 1896. Cuentan que el empresario, presa de la desesperación, destruyó gran parte del mobiliario a hachazos. Pero no tardó en recuperar su espíritu emprendedor y decidió abrir un tercer Le Chat Noir. Abandonó Montmartre por los Grandes Bulevares, pero ya era demasiado tarde. Endeudado y enfermo, se vio obligado a ceder su obra a un burgués y murió algunos meses después, en 1897. Le Chat Noir desapareció con él.

Interior del segundo cabaret

El tercer Le Chat Noir abrió sus puertas en 1907, años después de la muerte de Salis, en el 68 del bulevar Clichy. Algunos dicen que la viuda del empresario autorizó a Jehan Chagot a usar el famoso nombre. Pero la magia se había ido con Salis, aunque el local aguantó hasta 1933, sustituido actualmente por un café que nada tiene que ver con el verdadero gato negro.

El tercer cabaret

Ya se sabe, los gatos tienen siete vidas. Sin embargo, el gato de Adolphe Salis vivió con tanta intensidad que solo tuvo dos.

 


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Gatos, Marie Laurencin y el «ninfismo»

Marie Laurencin, nacida el 31 de octubre de 1883 en París, está estrechamente unida al

Foto de André Kertész (1930)

nacimiento del arte moderno. Fue discípula de Georges Braque, musa de Guillaume Apollinaire, amiga de Pablo Picasso y amante de Nicole Groult, la famosa diseñadora de moda. Su muy particular estilo, descrito como «ninfismo», va más allá del fauvismo y del cubismo; de hecho, es totalmente personal. La fama que alcanzó en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales se vio ensombrecida por la vida mundana que llevó en París durante la ocupación alemana. Quizá esto explique que se celebraran tan pocas exposiciones suyas, incluso después de su muerte en 1956, y que casi se la olvidara. Por fin, en 2011, Bertrand Meyer-Stabley exploró los claroscuros de su vida en una biografía, y el museo Marmottan Monet de París expuso su obra entre febrero y junio de 2013.

Retrato de Marie Laurencin por Jean-Emile Laboureur

Desde muy pronto, cuando solo se dedicaba a pintar porcelanas en la manufactura de Sèvres, sentía predilección por los rostros femeninos y los gatos. No cabe duda de que le gustaban los gatos; lo demuestra una foto en su estudio con un gato negro en brazos. Además, el dibujante y pintor Jean-Emile Laboureur la retrató de pie con un gato a su lado. Sin embargo, solo hemos encontrado siete reproducciones de cuadros suyos que incluyen gatos, y uno de ellos es un autorretrato. También incluía perros, ciervas y caballos en sus composiciones.

La musa inspirando al poeta (Henri Rousseau)

A pesar de la oposición de su madre, Marie se dedicó a la pintura. A los 22 años, el propio George Braque la animaba a seguir y le presentó a Picasso en el taller del Bateau-Lavoir, donde conoció a Apollinaire en 1907 y no tardó en convertirse en su musa y amante. Al cabo de cinco años la tormentosa relación llegó a su fin, pero parece que les marcó profundamente a ambos y que les perseguiría hasta el fin de sus vidas. El famoso pintor Henri Rousseau «El aduanero» retrató a la pareja bajo el título «La musa inspirando al poeta».

 

Habría podido adoptar las corrientes artísticas del momento, pero prefirió emprender un camino propio, ingenuo, figurativo y único. Una de sus primeras grandes composiciones fue el cuadro «Apollinaire y sus amigos», del que hizo dos versiones. Gertrude Stein compró la primera, la segunda se colgó en el piso de su amante. En 1911, el galerista Wilhem Under consiguió vender una acuarela suya, «Las jóvenes», por 4.000 francos, un precio desorbitado para la época. La noticia recorrió París y los cuadros de Marie empezaron a venderse.

Autorretrato con gato

En 1914 se casó con el pintor alemán Otto von Wätgen, convirtiéndose en alemana y en baronesa con una renta anual de 40.000 francos. Alemania declaró la guerra a Francia muy poco después y se vieron obligados a huir. Von Wätgen no tenía la menor intención de servir como oficial en las filas prusianas, por lo que se trasladaron a Madrid y conocieron a la marquesa Cecilia de Madrazo. De Madrid fueron a Málaga y posteriormente a Barcelona. A principios de 1918, la pareja aceptó la invitación de Cecilia de Madrazo, que les cedió un piso enfrente del Prado donde se quedaron un año. Fue una época en la que Marie pintó poco, pero pasaba largas horas en el Prado contemplando los cuadros de Velázquez, El Greco y Goya, al que admiraba profundamente. En Madrid se enteró de la muerte de Guillaume Apollinaire. El poeta había fallecido el 9 de noviembre de 1918 bajo el cuadro que ella había pintado y que sus amigos colgaron encima de su cama en el hospital.

Después de una temporada en Zúrich, donde conoció a Archipenko y a Rainer Maria Rilke, y de estar en la casa de su suegra en Dusseldorf, decidió divorciarse y regresar a París. Durante la guerra, el gobierno francés había requisado y vendido su casa. Encontró una ciudad cambiada, la vida de bohemia había desaparecido, pero fue una etapa de trabajo intenso, de amigos y amantes. Pintó carteles, diseñó decorados para el escenario y firmó un contrato con el marchante Paul Rosenberg, con el que siempre trabajaría y que le proporcionó la fama. Los encargos de retratos no paraban de llegar y el periodo comprendido entre 1920 y 1937 fue, sin lugar a dudas, el mejor y más productivo de la artista.

En su estudio

En 1931 inauguró el Salón de las Mujeres Artistas Modernas, y su participación en este evento anual, al que la crítica masculina dio poca importancia, convenció a muchas otras pintoras, como Suzanne Valadon, para que también se unieran. Sin embargo, a pesar de reconocer la dificultad que tenían las mujeres para acceder a la vida pública, nunca adoptó una posición feminista.

Después de la derrota de Francia en 1940, la pareja formada por Marie Laurencin y Nicole Groult siguieron con su vida mundana en casa de esta última o de otra amiga donde recibían a escritores políticamente ambiguos como Marcel Jouhandeau y Paul Léautaud, oficiales e intelectuales alemanes, reencontrándose con conocidos de la época de su primer matrimonio.

Firmó la petición para que liberasen a su viejo amigo Max Jacob del campo de internamiento de Drancy, donde el escritor murió poco después. El 8 de septiembre de 1944, día de la Liberación, fue detenida y llevada a ese mismo campo, en el marco del proceso de depuración cívica. Liberada una semana después sin cargos, se refugió en casa de Marguerite Duras. No consiguió recuperar su piso, que había sido requisado durante la ocupación, hasta el año 1955.

Desde 1945 a 1956, año de su muerte, realizó tres retiros espirituales en conventos y siguió pintando en su taller de la calle Vaneau. En 1954 adoptó legalmente a la hija de 49 años de su antigua criada que ya ocupaba el lugar de su madre. Falleció el 8 de junio en su casa de un paro cardíaco.

De acuerdo con sus últimas voluntades fue enterrada en el cementerio Père-Lachaise, vestida de blanco, con una rosa y las cartas de amor de Apollinaire, que llevaba 37 años esperándola unos pocos metros más allá.

«El otoño ha muerto, recuérdalo, / no volveremos a vernos en la tierra / olor del tiempo brizna de brezo / y recuerda que te espero». (Apollinaire, 1912, escrito después de su ruptura)


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Los gatos del escultor Edouard-Marcel Sandoz

Edouard-Marcel Sandoz, nacido en Basilea (Suiza) el 21 de marzo de 1881, era hijo de Marcel

El artista con un gato y un perro

Sandoz, fundador de la empresa química y, posteriormente, farmacéutica Sandoz. Después de estudiar Química durante tres años en la Escuela de Artes Industriales de Ginebra, se trasladó a París en 1904 e ingresó en la Escuela de Bellas Artes. Sus maestros fueron el escultor Antonin Mercié y el pintor Fernand Cormon, entre otros. Se casó con Adèle Passavant en 1909 y la pareja no tardó en instalarse en el barrio de Montparnasse. Expuso en numerosos salones, lo que contribuyó a darle notoriedad.

Sus aficiones eran muy diversas: pintura, decoración, ingeniería, física, química (se interesó sobre todo por los tintes) y los inventos (se le debe un sistema de proyecciones luminosas para teatro), pero su gran pasión era la escultura y en especial, la de animales. En una ocasión dijo: «El arte debe interesarse por el amor, la naturaleza y la ciencia».

Durante la Primera Guerra Mundial, al ser cada vez más difícil obtener materiales como la piedra y el bronce, se decantó por la cerámica y se puso en contacto con los hermanos Théodore y William Haviland, entonces directores de una de las más importantes manufacturas de porcelana de Limoges. La colaboración entre los tres duró más de treinta años, hasta 1952, durante los que realizó numerosas representaciones animales. Además de gatos, la fábrica de porcelana Haviland produjo monos, aves, conejos, perros, peces y sus famosos zorros del desierto a partir de moldes diseñados por Sandoz. Entre los artículos más vendidos había cajas, frascos, botellas y otros objetos útiles de porcelana.

Bote

Cenicero

Circa 1926

Sus esculturas de animales se caracterizaron en un principio por líneas estilizadas con tendencias geométricas influenciadas por el cubismo, pero poco a poco fueron sustituidas por un estilo más naturalista, sobre todo para los pájaros y peces, basado en un estudio riguroso del animal mediante acuarelas y dibujos. Su catálogo incluye más de 1.800 esculturas, además de unos 200 modelos para porcelanas. Realizó algunas esculturas de la forma humana, pero sentía una clara predilección por reproducir a los animales. Era un experto en la fundición de bronce y le interesaban las aleaciones y las pátinas muy trabajadas.

Frascos

Gato de porcelana

Una de sus características era la concepción de objetos prácticos como lámparas, relojes, bandejas, sujetalibros, pisapapeles e incluso tapones de radiadores de automóviles. Sus fuentes son a menudo edículos bastante complejos en los que integra a los animales en una estructura más amplia.

Entre sus esculturas de mayor tamaño destacaremos «La encrucijada de la vida» (1967), actualmente en el jardín del Museo Oceanográfico de Mónaco. También están «La fuente de los monos» (1934), en el Parque Denantou de Lausana, o «La primera cabalgata de Baco» (1960), en Vevey.

Gato sentado

Fue miembro del Consejo de administración de Sandoz, S.A. desde 1932, así como presidente y director general de Sandoz France desde 1941. En 1935 se convirtió en uno de los accionistas y fundadores de la empresa de papel fotográfico Tellko, S.A. en Friburgo. Colaboró en dos ocasiones con el arquitecto Jean Tschumi en el Pabellón Nestlé de la Exposición Universal de París de 1937 y en la construcción de los laboratorios Sandoz en Orléans.

Está en la cúspide de los artistas animalistas del siglo XX con François Pompon y Rembrand Bugatti. Su amor por los animales es palpable en sus obras y se dice que llegó a tener varios gatos, perros, peces y aves viviendo en su taller, además de un mono e incluso un guepardo.

Reloj

Ocupó la presidencia de la Asociación Baron Taylor durante más de treinta años, dirigió la Sociedad Benéfica de Hijos de Artistas y apoyó activamente la fundación de la Cité des Arts de París. Fue elegido miembro de la Academia de Bellas de Artes de París en 1947, además de ser condecorado con la Legión de Honor francesa y de ser nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Lausana en 1959. Fundó la Sociedad Francesa de los Animalistas en 1933.

Era hermano del escritor, compositor y coleccionista Maurice Yves Sandoz, nacido en Basilea en 1892 y fallecido en Lausana en 1958, que también estudió Química antes de decantarse por las artes.

Después de documentarnos sobre la vida de Edouard-Marcel Sandoz, no deja de sorprendernos la dualidad de este hombre que se entregó a las artes mientras dirigía una importante filial de una de las mayores empresas farmacéuticas del mundo, hoy en día conocida como Novartis. Falleció en Lausana el 20 de marzo de 1971.


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Gatos de París y Robert Doisneau

París, la noche, los gatos (1954)

París, la noche, los gatos (1954)

Robert Doisneau fue uno de principales representantes de la fotografía humanista francesa con Willy Ronis, Edouard Boubat, Izis Bidermanas y Emili Savitry. De estos cuatro, solo Savitry parece que no se interesó por los gatos, pero sus tres compañeros retrataron a muchísimos.

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Doisneau nació el 14 de abril de 1912 en Gentilly, en la periferia de París. Perdió a sus padres siendo muy joven y se crió con una tía poco afectuosa. Estudió Artes Gráficas y se licenció como grabador y litógrafo en 1929. En 1931 trabajó para el fotógrafo modernista André Vigneau, que le hizo descubrir la Nueva Objetividad fotográfica. Un año después vendió su primer reportaje al Excelsior, un diario que dejó de publicarse en 1940. La empresa Renault le contrató como fotógrafo industrial en 1934, pero acabaron despidiéndole cinco años después debido a sus habituales retrasos.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial conoció a Charles Rado, fundador de la agencia Rapho, donde trabajó hasta la declaración de la guerra. Estuvo en el ejército francés como soldado y fotógrafo hasta 1940; a partir de entonces y hasta 1945 usó sus conocimientos de grabador para falsificar carnés y pasaportes para la Resistencia.

Una vez acabada la guerra, reanudó el contacto con la agencia Rapho, de la que pasó a formar parte en 1946 y donde permaneció hasta el fin de su vida, incluso después de que Henri-Cartier Bresson le invitara a unirse a Magnum.

El gato blanco de la portera (1945)

El gato blanco de la portera (1945)

Sus reportajes abarcaron los temas más diversos: la actualidad parisina, los barrios populares de la capital, las provincias; y realizó fotos en el extranjero, la URSS, Estados Unidos, Yugoslavia y otros países. Su foto más famosa quizá fue «El beso en el Ayuntamiento», publicada por Life, que incluimos aquí aunque no tenga nada que ver con gatos.

El beso ante el Ayuntamiento

El beso en el Ayuntamiento

Conoció al escritor Robert Giraud en 1947 y trabaron una gran amistad. Juntos publicaron tres libros entre 1950 y 1955. En total, el fotógrafo publicó unas treinta colecciones de fotos, entre las que destacaremos «La banlieue de Paris» (La periferia de París) en 1949, con textos del famoso escritor Blaise Cendrars.

Blaise Cendrars

Blaise Cendrars

 

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

El escritor Blaise Cendrars y el gato Legión

Nos permitimos un inciso para añadir que este autor tenía un gato blanco llamado Legión porque había luchado en la legión francesa durante la Primera Guerra Mundial. En la contienda perdió el brazo derecho, tal como puede verse en las dos fotos que incluimos.

El más bello de la exposición (1946)

El más bello de la exposición (1946)

La revista Vogue le contrató en 1948, convencidos de que aportaría un toque de frescura a las fotos, pero Robert Doisneau no disfrutaba fotografiando a bellas mujeres en ambientes elegantes y se escapaba a las calles de París siempre que podía.

El niño, el gato y la paloma (1964)

El niño, el gato y la paloma (1964)

En los años sesenta fotografió a celebridades de la talla de Alberto Giacometti, Jean Cocteau, Fernand Léger, Georges Braque y Pablo Picasso, amantes de los gatos todos ellos. Fue amigo del poeta Jacques Prévert, otro enamorado de las calles como él y que dedicó poemas a los gatos.

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La identidad de la pareja del famoso beso fue un misterio hasta 1992, año en que los Lavergne, convencidos de que eran ellos, demandaron a Doisneau por haberles fotografiado sin su permiso, y no tuvo más remedio que decir los nombres de la pareja. Se trataba de Françoise Delbart y Jacques Carteaud, pero no los fotografió en aquel momento. Les vio besándose y se acercó a preguntar si les importaba volver a hacerlo para fotografiarles. Ambos querían ser actores y aceptaron encantados. La relación de la pareja solo duró nueve meses. En junio de 1950, cuando la revista Life publicó la foto, Doisneau le regaló a Françoise un original firmado y sellado como pago por su trabajo. En abril de 2005, ella vendió la foto por 155.000 euros a un coleccionista suizo en una subasta organizada por Artcurial Briest-Poulain-Le Fur.

El niño del gato

El niño del gato

Se dice de él que era un fotógrafo paciente que siempre mantuvo cierta distancia con los temas que escogía. Sus fotos destilan nostalgia, ironía y ternura. Supo atrapar instantes de la vida de los habitantes de París y de la periferia, artesanos, gente en cafés, sintecho, enamorados, barqueros y los gatos que se cruzaban en la vida de toda esta gente. Empezó utilizando cámaras Rolleiflex de formato 6×6, antes de pasar a la Nikon y la Leica 24×36.

Dijo: «No fotografío la vida tal como es, sino la vida tal como me gustaría que fuese».

Se casó con Pierrette Chaumaison en 1936 y tuvieron dos hijas, Annette, nacida en 1942, y Francine, nacida en 1947. Annette fue su asistente a partir de 1974. Su esposa falleció en 1993 de Alzheimer y Parkinson.

Los gatos de los sintecho (1950)

Los gatos de los sintecho (1950)

El fotógrafo murió seis meses después, el 1 de abril de 1994, a los 82 años, de pancreatitis aguda y problemas de corazón. En palabras de su hija Annette: «Ganamos el pleito (por la foto de ‘El beso’), pero mi padre no lo superó. Descubrió un mundo de mentiras y le dolió profundamente. Si a eso añadimos la reciente muerte de mi madre, creo que no es injustificado decir que murió de pena».

El fotógrafo

El fotógrafo

Era un hombre tímido y humilde, que seguía revelando y entregando personalmente sus obras a pesar de la fama. En una ocasión riñó a su hija Francine por haber pedido unos honorarios «indecentes» por una campaña publicitaria. Él quería cobrar lo mismo que un fotógrafo normal. «Es posible que si tuviera veinte años, el éxito conseguiría cambiarme. Pero soy un viejo dinosaurio de la fotografía».

Los gatos de Bercy

Los gatos de Bercy

Fue galardonado con un sinfín de premios. En 1960 expuso en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago y en 1992 presentó una retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Oxford.


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Gatos siberianos

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El gato siberiano es una raza de gato doméstico que existe desde hace siglos en Rusia. Fue añadido a finales de los ochenta a la larga lista de gatos de raza reconocidos oficialmente. Tal vez sea el antepasado de todos los gatos modernos de pelo largo y está emparentado genéticamente con el Bosque de Noruega. También se dice que es hipoalergénico porque produce menos Fel d1, una proteína secretada por las glándulas sebáceas, que otros gatos, aunque de momento no está demostrado. Generalmente hablando, las hembras producen menos Fel d1, tanto si son de raza como callejeras.

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Son gatos grandes y fuertes, con poderosos cuartos traseros, patas bien redondeadas y un hermoso rabo. Al tener las patas traseras algo más largas que las delanteras, su espalda está un poco arqueada. Las orejas son grandes y los ojos ligeramente oblicuos. Los machos pesan entre 6,5 y 8 kilos, y las hembras entre 4,5 y 6 kilos.

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Para resguardarse del frío tienen tres capas de pelo, la primera es una especie de pelusa contra la piel, a continuación un pelo intermedio y, finalmente, el pelo que vemos y tocamos. En realidad, esas capas de pelo forman el pelaje de la mayoría de gatos, pero están mucho más desarrolladas en el gato siberiano. Mudan dos veces al año; a finales del invierno, no debido tanto al cambio de temperatura como a la creciente luz solar, y a finales del verano en mucha menor medida.

Incluimos unas fotos del gato Syoma, un residente de Siberia, concretamente de la reserva natural de Kronotsky en la península de Kamchatka.

Syoma persigue a un zorro

Syoma persigue a un zorro

Syoma y el zorro

Syoma y el zorro

Cuando un zorro se acercó a la zona, Syoma le echó sin dudarlo. Pero Sergei Krasnoschekov, que hizo estas fotos, dice que más que alejar al zorro, los dos parecían estar jugando: «Me dio la impresión de que el zorro provocaba a Syoma y que los dos se lo pasaban muy bien».

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Añade que Syoma no es muy simpático con los desconocidos y que su primer contacto acabó con escupitajos, gruñidos y un arañazo. Al cabo de un tiempo, le aceptó y se dejó acariciar.

Alla Lebedeva vive con su marido Serguei en una granja del distrito de Prigorodny, en Osetia del Norte, muy lejos de Siberia.

Dos de los gatos de Alla Lebedeva

Dos de los gatos de Alla Lebedeva

Empezaron a tener gatos siberianos hace unos trece años cuando llegó la gata Babushka. Tuvo una camada de cinco en 2004 y entonces empezó todo. Alla dice, riendo, que vive en Koshlandia (el país de los gatos). Han acomodado un gallinero dividiéndolo en tres «habitaciones» aisladas y con el suelo elevado para que puedan dormir dónde y cómo les apetezca. La granjera añade que los gatos protegen a los pollos y a los conejos de los roedores.

Gato y gallo (Alla Lebedeva)

Gato y gallo (Alla Lebedeva)

Tres gatos siberianos de Alla Lebedeva

Tres gatos siberianos de Alla Lebedeva

Sigue explicando que en verano, los gatos se dividen en dos grupos. Algunos, como Ryzhik, Rych y Ludwig, desaparecen durante semanas y sobreviven cazando, mientras que otros, como Pukh, Papych y Tema, nunca se alejan mucho. Las hembras son muy tranquilas y se quedan en casa. Por lo que se ve, los gatos se llevan muy bien con el perro Nikki e incluso con los gallos.

Un gato nevado de Alla Lebedeva

Un gato nevado de Alla Lebedeva

Muchas de las fotos que Alla Lebedeva toma regularmente de sus gatos aparecen en Internet e incluso algunas se han convertido en virales. Casi nunca mencionan a la fotógrafa y aún peor, describen a los gatos como Bosques de Noruega.

En 1929, en Estocolmo, Sigurd Agrell recopiló una serie de leyendas eslavas y las hizo imprimir bajo el título de «Mitos e historias eslavas». Una de estas historias tiene como protagonista al gato siberiano y hemos querido resumirla aquí, se titula «El gato y el zorro».

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Érase una vez un granjero que tenía un gato muy travieso. El granjero se hartó, lo puso en un saco y lo abandonó en el bosque. El gato consiguió salir y encontró una casita vacía. Se instaló en el desván y sobrevivió cazando ratones y ratas. Un día se cruzó con una señorita zorra, que se quedó sorprendida al ver a un gato en el bosque y le preguntó quién era. A lo que el gato contestó muy ufano que se llamaba Kotofey Ivanovich y que le habían enviado desde los bosque siberianos para ser el edil del bosque. La zorrita le invitó a su madriguera y no tardaron a casarse.

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Al día siguiente, la zorrita salió a cazar y el gato se quedó en casa. La zorrita se encontró con un lobo y le anunció que se había casado. «¿Con quién te has casado, Lizaveta Ivanovna?», le preguntó, y ella respondió: «¿No lo sabes? Ha llegado el edil Kotofey Ivanovich de los bosques siberianos, y ahora soy su esposa». El lobo quiso conocer a su marido, pero ella le avisó: «Tiene muy mal genio, y si alguien le molesta, se lo come en dos bocados. Pero si te empeñas, lo mejor será que le lleves un presente, una oveja, por ejemplo, y la dejes sin hacer ruido delante de nuestra madriguera. Escóndete bien o irá a por ti». El lobo se fue corriendo a por una oveja, y la zorrita se encontró con un oso al que le contó lo mismo, pero esta vez le pidió un buey.

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Poco después, el lobo Levon y el oso Mishka coincidieron delante de la madriguera. Ambos hablaron en voz baja, temerosos de molestar al gato edil, intentando decidir cuál de los dos llamaría a la puerta. En ese momento llegó una liebre y le dijeron: «Hermana liebre, ve a la madriguera y di al honorable edil que sus hermanos Mishka Ivanovich y Levon Ivanovich esperan para presentarle sus respetos y que le han traído una oveja y un buey». La liebre se alejó a dar el recado. El oso trepó a un árbol y el lobo se metió detrás de un matorral debajo de unas hojas secas.

El gato y su joven esposa salieron con la liebre. El oso, al ver al edil, pensó que era muy pequeño, pero el gato arqueó la espalda, hinchó el rabo y se lanzó sobre el buey, desgarrando pedazos de carne con sus afiladas uñas mientras gritaba: «¡Más, más!» El oso se quedó impresionado, pero el lobo no veía nada debajo de las hojas y decidió moverse. El gato oyó un ruido y convencido de que era un ratón, se lanzó y clavó las uñas en el morro del pobre Levon. Este, desesperado, echó a correr. El oso se tiró del árbol, despavorido. La zorrita aprovechó para gritar: «¡Sí, corred, corred si no queréis que os pille!»

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A partir de ese momento, todos los animales del bosque temieron al terrible gato. Durante el largo invierno, ni Kotofey Ivanovich ni Lizaveta Ivanovna salieron a cazar, pues todos les traían carne. Tuvieron una vida maravillosa. ¿Quién sabe si no siguen comiendo?

En ruso, al igual que en polaco, «gato» es «kot»,  y «kotofey» es una forma cariñosa de llamar a los gatos.


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Gatos, Elsa Morante, María y Araceli Zambrano

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Elsa Morante conoció a María y a Araceli Zambrano durante la estancia de las hermanas en Roma, ciudad en la que vivieron desde el año 1953 hasta 1964. Las tres sentían un profundo amor por los gatos, y compartían las mismas inquietudes filosóficas y políticas. Araceli prestó su nombre al título de la última novela de la escritora italiana, inspirada en su gran amiga y ambientada en España.

Elsa Morante en Via dell'Oca 27, Roma

Elsa Morante en Via dell’Oca, 27 – Roma

María nació en 1904, Araceli en 1911 y Elsa en 1912. María y Araceli Zambrano vivieron en el exilio a partir de 1939 y recorrieron un sinfín de países, como dice la propia filósofa: «He escrito y vivido en España, Chile, Cuba, Puerto Rico, Francia, Italia y Suiza. De hecho era una locura. En 1939 comenzó mi exilio. Crucé la frontera francesa con mi madre y mi hermana, y tras vivir en París durante un breve periodo, residí en Nueva York, La Habana, México, y finalmente en Puerto Rico. Volví a París en 1946 para reencontrarme con mi hermana, al borde de la locura tras ser torturada por los nazis. Mi madre murió dos días antes de mi llegada. Mi hermana y yo decidimos volver a Puerto Rico y a Cuba juntas y en 1953 nos fuimos a vivir a Roma. (…) En 1964 me persiguió un vecino fascista al que le molestaban ¡mis gatos! Me fui con ellos a Suiza… En 1984 volví a Madrid, donde me quedé hasta el final de mis días».

Araceli y su madre, años cuarenta, París

Araceli y su madre, años cuarenta, París

Aracelí cruzó los Pirineos con su madre, su hermana y su marido Manuel Muñoz. Con la caída de París en 1940, Muñoz no se sentía seguro y se refugió en el Finisterre francés, pero la Gestapo le arrestó antes de poder huir a México. Fue entregado por la Gestapo a las fuerzas franquistas y fusilado en España el 1 de diciembre de 1942, después de pasar largos meses en la cárcel parisina de La Santé. Aracelí permaneció en la capital francesa para estar cerca de su marido, aunque sin poder verle.

Elsa nació en Roma, en el popular barrio del Testaccio. Hija ilegítima, fue reconocida por Augusto Morante después de casarse con su madre. Empezó a publicar cuentos, relatos y poemas a partir de 1933 en importantes diarios romanos. En 1936 conoció al famoso escritor Alberto Moravia, con el que se casó en 1941. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial se trasladaron cerca de Cassino, en el sur de Italia, para huir de las represalias nazis. Se separó de Moravia en 1961. A partir de ese momento siguió escribiendo de forma esporádica. Su última novela, la antes mencionada «Aracoeli», se publicó en 1982.

Alberto Moravia y Giuseppe

Alberto Moravia y Giuseppe

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Las tres adoraban a los gatos. Incluso en París, durante la ocupación nazi, Araceli y su madre tenían un gato, como lo demuestra la pequeña fotografía que incluimos. En una entrevista, María Zambrano dijo que «llegué a tener 24». Y efectivamente, tuvieron que dejar Roma después de que un senador de pasado fascista firmara una orden de expulsión por culpa de sus numerosos gatos. El 14 de septiembre de 1964, las dos hermanas y trece gatos emprendieron el camino a Francia. Eso sí, las autoridades italianas avisaron a la policía francesa de que eran «personas peligrosas». ¿Los gatos también?

Canto por el Gato Alvaro - El amor tiene forma de gato

Canto por el Gato Alvaro – El amor tiene forma de gato

Elsa Morante tenía sobre todo gatos siameses y llegó a decir que si los gatos eran ángeles, los siameses eran arcángeles. Su primer gato, Giuseppe (Useppe, Mandolino o Alvaro), que murió el 1 de agosto de 1952, fue muy importante para ella. En su diario afirmó que «era la mitad de mi alma». El mismo gato, bajo sus numerosos nombres, aparece en la novela «Menzogna e sortilegio» (1978) y en la colección de poemas «Alibi» (1978). Siempre hablando de este gato, en su diario escribió: «Sus ojos eran los más maravillosos que jamás había visto. Es imposible creer que se han apagado para siempre».

Elsa Morante y Giuseppe

Elsa Morante y Giuseppe

Según la escritora, todos los animales viven en estado de gracia. No solo desconocen el bien y el mal, también nos ofrecen «la más tierna de las amistades libre de juicios». Citamos el artículo de Luca Fontana «Elsa Morante: A Personal Remembrance», publicado en la revista PN Review: «Sentía una verdadera devoción por los gatos. (…) Los millones de gatos que habitan las ruinas de Roma la conocían personalmente, y ella a ellos. Siempre daba un nombre a cualquier callejero que se cruzaba en su camino, y le reconocía años después. Además de cuidar de sus gatos siameses, salía de noche para recorrer ruinas y foros con dos enormes bolsas llenas de callos, mollejas y otras exquisiteces para alimentar a los gatos. Pero no estaba sola, se encontraba con docenas de mujeres que practicaban el mismo ritual, en su mayoría viudas solitarias con exiguas pensiones, conocidas como ‘gattare’. Entonces sufría una metamorfosis, se transformaba en una más, hablaba el mismo dialecto romano que ellas y pasaban horas charlando. Conocía su vida y llevaba unos cuantos sobres en su bolso para las más necesitadas».

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María y Araceli Zambrano vivían muy cerca de Piazza del Popolo. Cuenta el escritor Jorge Guillén que a veces quedaban para cenar en un café en la plaza y que María, antes de acabar, se levantaba y decía: «Volveré». Y se iba a llevar comida a los gatos que la esperaban en alguna esquina.

Después de Roma, las hermanas Zambrano se trasladaron al Jura, a una casa llamada La Pièce, no lejos de Ginebra. Araceli falleció en 1971 en la clínica Belair, y poco antes de morir se preguntaba: «¿Sirvió de algo perder?»

Maria Zambrano

Maria Zambrano

En los últimos años que pasó la filósofa viajando entre Grecia, Roma y Francia, ya sin su hermana, su nombre comenzó a escucharse en España cada vez más y regresó el 20 de noviembre de 1984, después de 45 años de exilio.

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Siguió escribiendo rodeada de gatos. Murió en Madrid el 6 de febrero de 1991 y fue enterrada entre un naranjo y un limonero en el cementerio de Vélez-Málaga, donde luego se trasladaron también los restos mortales de sus «dos Aracelis», su madre y su hermana. Dicen que siempre hay gatos en su tumba.

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Elsa Morante, gran escritora y gran gattera romana, enfermó después de fracturarse el fémur e intentó suicidarse en 1983. La salvó in extremis su ama de llaves. Se sometió a una complicada operación que, sin embargo, no mejoró mucho su condición.

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Murió de un infarto en 1985, a los 73 años. Fue la primera mujer galardonada con el importante Premio Strega.

 


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Gatos y anuncios

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En realidad deberíamos titular esta entrada «Gatos y anuncios anteriores a los años sesenta» porque vamos a centrarnos sobre todo en la década de los cincuenta. En el anuncio del perfume «My Sin», de Lanvin, para su lanzamiento en Estados Unidos, se ve el dibujo de un gato negro con el eslogan: «My Sin… un perfume de lo más provocador». En principio no sorprende ver a un gato asociado a un perfume y se nos ocurrió buscar más anuncios de perfumes con gatos. Pero los gatos en la publicidad de perfumes de alta gama escasean.

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En perfumería, aparte de Lanvin, que también tiene otro anuncio posterior del mismo perfume con la foto de un gato persa negro, encontramos dos de colonias clásicas, uno para el talco francés Vivaudou, otro de una crema depilatoria que incluimos y tres de jabones, de los que uno es francés y los otros dos, estadounidenses.

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Después de una búsqueda más general nos quedamos realmente boquiabiertos. Nunca se nos habría ocurrido asociar al gato con el tabaco, pero sin esforzarnos mucho encontramos tres marcas que utilizaban al felino en sus cajetillas o en sus anuncios. La primera, desde luego, es la famosa Black Cat, del Reino Unido, una empresa fundada por José Joaquín Carreras, cuyo padre tenía una conocida tienda en la calle Wardour. Los clientes la llamaban «tienda del gato negro» por el gato común, negro como un tizón, que siempre dormía en el escaparate. Hoy no diremos nada más al respecto y reservaremos el resto de la historia para otra entrada. La marca SG en Portugal también usaba a un gato, pero este tiene un cigarrillo encendido en la boca, y el tabaco para pipa Meerschaum muestra a una gata madre con gatitos en un anuncio bastante incomprensible.

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Que un cacao se anuncie con un gato tiene cierta lógica; un chocolate caliente, el calor del hogar, etcétera… Incluimos un anuncio holandés y otro inglés de Cardbury donde se juega con la pureza del cacao y la blancura del gato. En Francia, la marca Poulain anunciaba sus tabletas con un gato, y en Alemania, la marca Trumf utilizaba a un gato con botas y el eslogan «A la conquista del mundo».

Ahora bien, ¿qué tienen que ver los gatos con la fruta? Encontramos dos anuncios de cítricos, uno español y otro estadounidense. No incluimos aquí el anuncio de las sardinas Miau que, al fin y al cabo, es el que tiene la relación más directa entre producto y felino.

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Y siguiendo con los alimentos, descubrimos cinco anuncios de quesos franceses con gatos. ¡Cinco nada menos! Aquí vemos dos de Camembert pero ¿los gatos y el Camembert?  Con la leche, de acuerdo, pero a muy pocos gatos les gusta el queso, y menos el Camembert si está muy hecho. ¿La asociación leche-gato? Puede que sea eso, ya que hacen falta muchos litros de leche entera para hacer un buen Camembert.

Para acabar con la sección alimentos y recopilando, las sardinas Miau, cinco chocolates, dos leches, cinco quesos y dos frutas, un almidón alemán y una levadura estadounidense usaban a un gato en su publicidad.

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Pero reconocemos que nuestra mayor sorpresa llegó con las bebidas alcohólicas. ¡Seis marcas con un gato! En el anuncio de la absenta Pontarlier se ve a un gato bebiendo en una copa, y en el licor de ginebra Old Tom de Boord & Son, el gato está sentado en un sillón como una persona. Este último tiene sentido ya que «tom cat» en inglés se refiere al gato macho entero, por lo tanto «Old Tom» es una forma cariñosa de llamar a un gato. ¿La absenta y el gato? Los poetas de finales del XIX bebían absenta y admiraban al misterioso animal nocturno. No se nos ocurre nada más. Otro anuncio uruguayo corresponde a un «cognac español»; otro a una cerveza; un quinto a un bíter, y el último al vino verde portugués Gatão.

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El gato también aparece en cuatro anuncios de calzado, de los que tres son franceses, y de esos, dos son pantuflas. El cuarto es una publicidad de betún. Aparece en numerosos anuncios de ropa, sobre todo de medias, donde suele verse a un gato frotándose contra las piernas de una mujer, pero el mejor de todos es el anuncio de las fajas Viso Gurtel que se ve aquí.

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Para terminar hay unos cuantos «varios», como las pilas estadounidenses  Eveready y sus nueve vidas, los televisores Philips y Ferguson, así como el esmalte para retocar estufas «Black Cat».

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Los anuncios de entonces, en muchos casos, tenían sentido del humor y se limitaban a carteles, anuncios en periódicos y revistas, y placas metálicas colgadas en tiendas y talleres. Quizá estemos equivocados, pero no recordamos haber visto campañas publicitarias con gatos, a excepción de las realizadas para su comida. Nos preguntamos si el significado del gato no ha cambiado desde los años cincuenta a hoy.

 


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El gato Jeppe y el pintor Bruno Liljefors

Gato cazando (1883)

Gato cazando (1883)

Bruno Liljefors nació el 14 de mayo de 1860 en Upsala, Suecia. Su padre era Anders Liljefors, un vendedor de 7a4ba25023f1961d48446874a15f365bpólvora, y su madre, Margaret Mary Lindbeck. Era un niño frágil que a menudo enfermaba, por lo que solía quedarse en casa y pasaba el tiempo dibujando. Sin embargo, en un intento de fortalecerle, los médicos recomendaron largos paseos al aire libre.

De adolescente ya dibujaba con trazo seguro animales en movimiento, sobre todo perros, zorros y pájaros. El ejercicio y las caminatas le convirtieron en un joven atlético e incluso se dice que él y sus dos hermanos menores actuaron en un circo, aunque no hemos podido comprobarlo. Su hermano mayor fue el compositor y director de orquesta Ruben Matthias Liljefors, pero no hay información acerca de dos hermanos menores.

El gato Jeppe (1884)

El gato Jeppe (1884)

El gato Jeppe (1889)

El gato Jeppe (1889)

Ingresó en la Real Academia Sueca de las Artes en 1879 y conoció al famoso pintor Andres Zorn, del que fue muy amigo. Pagó parte de sus estudios vendiendo dibujos a revistas y periódicos a costa de saltarse algunas clases gracias a que sus profesores hicieron la vista gorda. Sin embargo, y debido al fallecimiento de dos importantes profesores en un periodo de seis meses, el ambiente de la Academia cambió, ya no se toleraron las ausencias y Liljefors decidió abandonar los estudios.

Gato cazando pájaros (1883)

Gato cazando pájaros (1883)

 

Gato cazando un ratón (1892)

Gato cazando un ratón (1892)

 

Gato con pájaro (1885)

Gato con pájaro (1885)

Pasó algún tiempo en el extranjero, y en Francia conoció al defensor de las artes Pontus Fürstenberg, que le encargó varias obras. Vivió unos meses en Dusseldorf, donde estudió en el taller del pintor de escenas de caza Carl Friedrich Deiker. De vuelta a Suecia, recibió numerosos encargos que le permitieron vivir cómodamente desde 1880 hasta bien entrados los años noventa. Existe un curioso telegrama fechado en marzo de 1894 y dirigido al magnate Fürstenberg que dice así: «Oferta telegráfica Nueva York de 800 dólares por «Räfvar». Si está de acuerdo, venderé el cuadro y le daré otro. Liljefors». Se refiere al famoso cuadro «Zorros», de 1885, entonces colgado en la galería Fürstenberg. Este contestó inmediatamente, con gran generosidad: «Acepte la oferta. Llegaremos a un acuerdo por escrito. F».

Gato en la nieve

Gato en la nieve

 

Gato en prado veraniego

Gato en prado veraniego

Se casó a los 27 años con Anna Olofsson y al año siguiente fue nombrado director de la Escuela de Arte Valand en Gotemburgo. Su matrimonio no fue feliz y se divorciaron al cabo de seis años. Poco después, en 1895, volvió a casarse con Signe Olofsson, la hermana menor de Anna. Expuso en el Salón de París y en 1906 fue nombrado miembro de la Academia de las Artes de Berlín.

Falleció en Estocolmo el 18 de diciembre de 1939, a los 79 años.

Gato entre flores (1887)

Gato entre flores (1887)

 

Gato tomando el sol (1884)

Gato tomando el sol (1884)

El reino de la naturaleza era un tema perfecto para el romanticismo de finales del siglo XIX y Bruno Liljefors fue, sin duda alguna, el pintor que mejor supo retratar animales en su hábitat natural. Al contrario de los cuadros idílicos que se habían hecho hasta entonces, el pintor estaba empeñado en plasmar a los animales con realismo, enseñar cómo se movían realmente, así como su lucha por sobrevivir. Era un cazador y a menudo describía al depredador y a su presa, pero nunca exageraba la ferocidad del primero, ni el patetismo de la segunda. En general, sus obras carecen de sentimentalismo.

Jeppe durmiendo (1886)

Jeppe durmiendo (1886)

Si nos fijamos en las fechas de los cuadros dedicados al gato Jeppe, casi todos están pintados antes de casarse con su primera mujer, Anna, en 1887. Jeppe es fácilmente reconocible, es un gato atigrado común, y aunque no hemos podido encontrar las fechas de algunas de las obras que reproducimos, parecen pertenecer a la misma época. También vemos en un par de ocasiones a un gato blanco y negro que no tiene nombre. El cuadro «Gato cazando un ratón» es de 1892 y también parece ser Jeppe. Si es así, Jeppe tendría entonces nueve años.

Mujer sentada con gato (1886)

Mujer sentada con gato (1886)

No hemos encontrado cuadros de gatos anteriores a 1883 ni posteriores a 1892, lo que nos lleva a pensar que Bruno Liljefors no convivió con gatos antes ni después de estas fechas… o quizá solo se interesó por ellos durante ese breve periodo de su carrera.


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Los gatos en la vida de Edward Albee

Con el gato Boy

Con el gato Boy

Edward Albee, dramaturgo conocido sobre todo por ser el autor de «¿Quién teme a Virginia Wolf?», y gran

1961, foto de Carl Van Vechten

1961, foto de Carl Van Vechten

coleccionista de pintura contemporánea y arte africano, amaba a los animales, pero sobre todo a los gatos. Casi nos atreveríamos a afirmar que no estuvo sin la compañía de un gato desde que se mudó al Village de Nueva York a principios de los años cincuenta.

Varios periodistas que le visitaron en su hogar mencionan a los gatos. Empezaremos citando a Lillian Ross, del New Yorker, que le entrevistó el 25 de marzo de 1961: «Encontramos al Sr. Albee en un piso de seis habitaciones en la calle Doce lleno de arte moderno, un tocadiscos estéreo, libros, un compañero de piso llamado William Flanagan, autor de la música de las obras «The Death of Bessie Smith» (La muerte de Bessie Smith) y «The Sandbox» (El cajón de arena), y tres gatos huérfanos rescatados por el escritor: Cunegonde, tres años y medio; Vanessa, dos años y medio, y un gatito siamés de trece semanas que aún no tiene nombre. Al irme a sentar en un sofá de aspecto muy moderno, pero que aparentemente tiene tendencia a cerrarse sin avisar, me indica un sillón menos peligroso del que aparta a los tres gatos con palabras firmes y tono cariñoso. «Me los da la gente de la Greenwich Village Humane League (Liga Humana del Greenwich Village)», explica.

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Con un gato en movimiento

Los miembros de la Liga recorren las calles de Nueva York para rescatar y salvar de los horrores que les acechan a los gatos sin hogar; por ejemplo, que unos chicos crueles les tiren a una hoguera. Son cosas que pasan en el Village, por mucho que me duela decirlo».

1961, foto de Philippe Halsman

1961, foto de Philippe Halsman

Años después, Charles McNulty, crítico de teatro del Los Angeles Times, también habla de los gatos del autor: «Cuando entrevisté a Albee en su loft de Tribeca en 2009, lo hice con cierta inquietud. Era famoso por su

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mordacidad y yo había realizado una crítica algo dura unos años antes de «The Goat or, Who Is Sylvia?» (La cabra o ¿quién es Sylvia?). Convencido de que se acordaría y me regañaría, me dediqué a alabar a un adorable gato mezcla de abisinio. Y antes de darme cuenta, me encontraba a cuatro patas flirteando con el amable felino. Albee estaba encantado. No podía haber hallado una forma mejor de romper el hielo. Albee amaba profundamente a los animales y su mirada se llenó de tristeza cuando me contó, al irme, que un gato suyo se había matado al caer por el hueco del ascensor».

Sus obras están llenas de animales domésticos y animales de granja, sin olvidar, claro está, a los dos lagartos de «Seascape» (Paisaje marítimo).

En septiembre de 2016, en la necrológica que dedicó el New Yorker a Edward Albee, el dramaturgo Will Eno escribió: «Hubo una época en que hacía de canguro para su gata. Se llamaba «Snow» (Nieve). Siempre me pareció encantador, e incluso conmovedor, que un maestro de la lengua inglesa llamara a su gata blanca con el mismo nombre que hubiera podido escoger un niño de ocho años. Snow se sentaba en su regazo y Edward le rascaba detrás de la oreja, como hacen millones de dueños de otras Snow».

Con la gata Snow

Con la gata Snow

La crítica de teatro Linda Winer, de Newsday, acabó siendo amiga del autor después de ver «La cabra» por segunda vez, cambiar de opinión y reconocer en un artículo que se había equivocado en su primera crítica porque era una obra genial. Edward Albee estaba acostumbrado a ser vapuleado por la crítica y apreció su honradez. La invitó a su casa de Montauk, al final de Long Island, el día que debía enterrar a uno de sus amados gatos. La periodista escribió: «El gato estaba en el congelador, el enterrador estaba en el jardín y la crítica estaba en la cocina. Era una obra de Edward Albee».

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Edward Franklin Albee III nació el 12 de marzo de 1928 y fue dado en adopción dos semanas después. Su padre adoptivo era Reed A. Albee, hijo del magnate del vodevil Edward Franklin Albee II, y su madre, Frances Cotter Reed, pertenecía a la alta sociedad neoyorquina.

Abandonó el hogar paterno en 1949 para vivir en el Village de Nueva York, donde se ganaba la vida como podía e iba a las salas off Broadway (que acababan de nacer y costaban un dólar) a ver obras de Pirandello, Samuel Beckett, Ionesco y Brecht. Escribía relatos y poemas, incluso publicó algunos. Cuando estaba a punto de cumplir 30 años y trabajaba de mensajero en Western Union, pidió prestada una máquina de escribir y en tres semanas acabó su primera obra de teatro, «The Zoo Story» (Historia de zoológico). Estrenada en Berlín con mucho éxito, tuvo más dificultades en Nueva York hasta que el Actors’ Studio aceptó montarla en una pequeña sala. Norman Mailer estaba entre el público el día del estreno y dijo: «Es la mejor obra en un solo acto que he visto jamás». Las tres siguientes obras, también en un solo acto, fueron éxitos en Broadway. Y entonces llegó «¿Quién teme a Virginia Woolf?», que tuvo una recepción mixta.

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Según el Daily Mirror era «Una obra enfermiza para enfermos». El jurado del Pulitzer le otorgó el premio, el consejo del Pulitzer aconsejó no dárselo, el premio quedó desierto y el jurado dimitió en bloque en señal de protesta. Luego se convirtió en una de las obras con más reposiciones en Broadway y fue llevada al cine.

También participó en uno de los mayores fracasos de la historia de Broadway, la adaptación musical de la novela de Truman Capote «Desayuno en Tiffany’s» o «Desayuno con diamantes», protagonizada por Mary Tyler Moore y Richard Chamberlain, que fue retirada de la cartelera antes de su estreno.

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Las obras «The Lady from Dubuque» (La señora de Dubuque), estrenada en 1980, solo tuvo doce representaciones, y «The Man Who Had Three Arms» (El hombre de los tres brazos), de 1983, tampoco duró mucho. Ambas recibieron ataques salvajes por parte de la crítica.

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Volvió a tener éxito a principios de los noventa con «Three Tall Women» (Tres mujeres altas). Durante los siguientes veinte años escribió nuevas obras e incluso dirigió alguna reposición de sus primeros estrenos.

Residió durante varias décadas en un loft del barrio de Tribeca con sus gatos, el escultor Jonathan Thomas, fallecido en 2005 y con el que convivió durante 35 años, obras de Vuillard, Kandinsky y Milton Avery, entre otros, y una maravillosa colección de esculturas africanas. Murió en su casa de Montauk el 16 de septiembre de 2016 a los 88 años.

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Entre sus numerosos galardones destacaremos el Premio Pulitzer por «A Delicate Balance» (Un delicado equilibrio), escrita en 1966, «Seascape» (Paisaje marítimo), de 1975, y «Three Tall Women» (Tres mujeres altas), de 1991.